La Astrología y el Judaísmo

Huesca by Eva Amorós

La Astrología Judía en Aragón

Alfredo Ballestín Serrano

Universidad de Zaragoza

La Astrología Judía en la Historiografía

Tzurat Ha-aretz

La investigación histórica sobre el judaísmo ha contado desde hace décadas con una importante nómina de investigadores en todas las áreas del  conocimiento, como lo demuestra el que la cultura y la ciencia judías cuenten con un extenso bagaje bibliográfico, posiblemente uno de los más ricos y extensos del panorama científico universal. En lo que al judaísmo hispano se refiere hay abundantes estudios de carácter histórico, filosófico, literario, etc.

Conocemos gracias a ello las reiteradas aportaciones de los judíos a la historia de la cultura y de la ciencia de la humanidad.

Es por eso motivo de extrañeza el déficit y, en su caso, la superficialidad del tratamiento que la historiografía general ha dado a las relaciones y, sobre todo, a las importantes aportaciones realizadas desde el ámbito judío a la Astrología, y por extensión a ciencias como la Astronomía, Matemáticas o la Medicina. Aportaciones que van no sólo desde la perspectiva de la práctica de la vieja ciencia mesopotámica, en sus versiones astrológica y astronómica, sino también desde el ámbito de la especulación en los campos científico, filosófico y religioso.

Posiblemente la explicación haya que buscarla en el temor, secular, no exento de misoneísmo, subyacente en diferentes ámbitos a la hora de tratar el asunto de la Astrología. En lo que al ámbito religioso respecta, porque la aceptación de la teoría y la praxis astrológica suponen un choque frontal con la esencia misma de la religión judía. En cuanto al ámbito científico, el tratamiento que recibe la astrología judía no difiere del que se le da a la Astrología en general: rechazo generalizado a lo que se considera simple superstición. Una actitud decimonónica basada  en  la  idea  racionalista  imperante que afortunadamente se está viendo superada por la investigación científica.

Una situación que, afortunadamente, queda parcialmente compensada, sobre todo en las últimas décadas, gracias a las aportaciones de autores con trabajos que, aún siendo en general de contenidos astrológicos específicos, no dejan de poner de manifiesto la fecundidad de la relación de los judíos con la Astrología en general.

Los Judíos y la Astrología

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Beit Alpha, Israel

La dimensión universal de la Astrología se pone de manifiesto en el hecho de que prácticamente ninguna religión ni corriente del pensamiento se haya sustraído, de una u otra forma, a su influencia. En el caso de las tres grandes religiones monoteístas semíticas, tal afirmación queda constatada entre abundante presencia de vestigios de índole astrológica, en sus correspondientes textos sagrados.

En el caso del judaísmo1, la relación de los judíos con la Astrología se evidencia en los propios textos sagrados, que, además de las propias referencias astrológicas, se hacen eco de la práctica de la Astrología por otros pueblos2. Todo ello pone en evidencia que los judíos, como los pueblos de su entorno, conocían y practicaban la Astrología3.

1. En el propio Génesis hay una referencia de claro tinte astrológico: «Haya lumbreras y sirvan de señales». Gn. 1.14.

2. En Jeremías se hace referencia a tales prácticas: «Ni de las señales del cielo tengáis temor, aunque las naciones lo teman». Jer. 10,2.

3. Pueden servir de ejemplo las abundantes referencias astrológicas contenidas en los Manuscritos de Qunrán.

Hay sin embargo dos circunstancias que configuran la larga e intensa relación de los judíos con la Astrología: la religión y la diáspora.

Respecto de la primera, porque la práctica astrológica tiene lugar en el contexto religioso característico del pueblo judío, siendo que el principio sobre el que se fundamenta su religión es la absoluta omnipotencia de Dios. Principio que, en rigor, sufriría un evidente menoscabado con la creencia y con la práctica de la Astrología.

Además, los límites, a veces difusos, entre Astrología y Astrolatría4, y las conexiones de la primera con la magia dará argumentos a los detractores de la Astrología, que en ocasiones mostrarán su hostilidad hacia su práctica5.

4. En el Deuteronomio, queda reflejado el rechazo hacia la astrolatría, el espiritismo o la magia, lo que no sucede con la Astrología propiamente dicha. La adivinación se condena también en el Levítico, XIX, 31, en el Deuterono- mio XVII, 10-11 y en Isaías XLVII, 13.

5. Es el caso de Maimónides, que ataca con virulencia todas las prácticas adivinatorias.

Sin embargo existen, en el propio seno del judaísmo, algunos condicionantes que influyen en las relaciones de los judíos con la Astrología:

Primero: En la literatura vetero-testamentaria, tiene lugar, frecuentemente, la incorporación del lenguaje astronómico.

Segundo: El cumplimiento litúrgico conlleva la necesidad de conocer con exactitud el calendario lunar.

Tercero: Algunos pasajes de los textos sagrados6 llevan implícita la aceptación de la Astrología.

6. Situación que se produce tanto en el Talmud como en la propia Mishnah y en algunos misdrashim, y que se traducirá en agrias polémicas a favor y en contra de la Astrología.

Cuarto: La inexistencia en el judaísmo de una jerarquía centralizada que dicte el dogma hará posible el que la teoría y la práctica de la Astrología sean realizadas con el beneplácito de los rabinos, que en ocasiones serán también astrólogos7, hasta el punto de configurar toda una tradición rabínica favorable a la Astrología.

7. Que para evitar la acusación de idolatría añadirán a sus predicciones alguna fórmula en la que conste que la voluntad de Dios está detrás de ella.

Con relación a la diáspora, hay que hacer hincapié en la biculturalidad que caracteriza las relaciones de los judíos con las diversas culturas8 con las que han convivido y cuyos saberes, además de asumir, transmiten.

8. Algo paradójico en un pueblo tan celoso de su tradición y que se adapte al contexto que le toca vivir, adoptando su cultura e integrándola en la suya propia. Cfr. FERNANDEZ VALLINA,  «La  huella  judía  en  la  cultura  española», en SÁENZ BADILLOS (ed), Judíos entre árabes y cristianos. El Almendro, Córdoba, 2000, p. 21. Señala también el autor el llamativo caso de Sefarad, ya que en ella permanecieron los judíos más de 15 siglos.

Así, el exilio babilónico9, permitirá a los judíos conocer la propia cuna de la Astrología, el solar en el que ésta había surgido como el sistema de adivinación más característico.

9. La estancia de los judíos en Babilonia encuentra diversos ecos en la literatura bíblica, por ejemplo la Biblia desarrolla una concepción lineal del tiempo, y una cierta idea de un destino escrito en el cielo; toda una idea característica de la astrolatría mesopotámica.

En época helenística, la importantísima colonia judía de Alejandría tendrá igualmente oportunidad de conocer in situel lugar donde la Astrología adquiere su carta de naturaleza, ya que es en esta ciudad donde la confluencia de las culturas egipcia, griega y mesopotámica harán posible la elaboración de las bases teórico-prácticas del saber astrológico. Los judíos helenizados se muestran favorables a la Astrología llegando a conciliar su tradición religiosa con ciertos aspectos del saber astrológico10.

10. FONTAINE, J., «Isidore de Séville et l´Astrologie», REL, 31 (1953), pp. 271-300.

Pero será siglos más adelante, en los territorios bajo dominio islámico, donde de produzcan una serie de circunstancias favorecedoras para la relación de los judíos con la Astrología.

La Astrología Judía en Sefarad*

Huesca san Pedro el Viejo capitel

* España ha sido la patria de los judíos durante más tiempo que cualquier país en el que han vivido, incluyendo su actual patria, Israel. ROTH, N., «Coexistencia y confrontación de judíos y cristianos españoles», SÁENZ BA- DILLOS (ed.), op. cit.,p. 87.

La minoría judía, oprimida bajo los visigodos, presta su colaboración11 entusiasta a los árabes para la conquista de la Península Ibérica12, pasando así a convertirse en minoría protegida. Muy pronto, en el Andalús califal, como sucedía en el califato de Bagdad, que siempre fue el referente a emular, tiene lugar el acceso de personalidades judías a los círculos culturales, científicos y políticos, en los que la Astrología estaba presente13. Una buena prueba de ello es el caso de Hasday Ibn Saprut14, que tuvo una importante actividad en la corte de Abd al Rahman III15, y que servirá de ejemplo para los judíos españo les, que pasan a desempeñar un papel cada vez más destacado en todas las áreas. En Córdoba, como en Bagdad, los califas tuvieron sus astrólogos personales, costumbre que se convertirá en una tradición secular, oficiada casi siempre por astrólogos judíos.

11. La situación de los judíos en la España visigoda era especialmente trágica. La legislación visigoda se caracterizaba por ser antijudía, siendo muy numerosas las leyes específicas contra la población hebrea española. Una población que se salvó de una extinción segura gracias a la llegada de los musulmanes. ROTH, N., «Coexistencia y confrontación de judíos y cristianos españoles», en SÁENZ BADILLOS, (Ed.), op. cit.,p. 87.

12. Conquista que leyendas árabes achacaban a los conocimientos astrológicos de los conquistadores, es el caso del caudillo Músá Ibn Nusayr, principal responsable de la conquista, el año 712, a quien Ibn Habíb le atribuye una reputación de astrólogo. CASTELLS, M., «Notas astrológicas y astronómicas en el manuscrito árabe 873 de El Escorial», Al-Qantara,XII (1991), pp. 19-58.

13. Al respecto cabe señalar la referencia del profesor Vernet, en el sentido de que «España fue en la Edad Media el mayor centro cultural del mundo gracias a los musulmanes y los judíos». VERNET, J., Lo que Europa debe al Islam de España. El Acantilado, Barcelona, 1999, p. 44.

14. Hasday Ibn Saprut tenía también la condición de médico, profesión que en la Edad Media estaba íntimamente ligada a la de astrólogo.

15. Bajo el califato de Abd al Rahman III, se dan una serie de circunstancias que favorecen el acceso de los judíos a los diferentes ámbitos culturales, científicos y políticos, siendo el señalado Hasday ibn Saprut un modelo paradigmático.

Tras la desintegración de Al-Andalus16 en reinos de Taifas17, los nuevos gobernantes siguen  contando con la colaboración  de los astrólogos judíos, quienes llegan prácticamente a monopolizar el ejercicio de este saber. Una situación que continúa en los reinos cristianos tras la Reconquista.

16. Anunciada por los astrólogos, así como la guerra civil subsiguiente. VERNET, op. cit.,p. 65.

17. Esta época es para el profesor Vernet la de máximo esplendor de la ciencia española.

La relación de los judíos con la Astrología se produce en todos los niveles. En las propias comunidades judías, se pretendían encontrar en ella los signos que indicaran la llegada de un mesías que los sacase de la incertidumbre generada por los cambios políticos.

Los judíos, como los miembros de las comunidades cristiana y musulmana, confiaban su futuro a la pericia de los astrólogos. En las áreas del poder político, la figura del astrólogo judío es común en todas las cortes.

En el ámbito cultural los judíos siguen ejerciendo su tarea de traductores18, vertiendo al latín y al castellano las obras de Astrología escritas en árabe19. Importantes son también las aportaciones técnicas que llevaron a cabo en instrumentos de observación y cálculo como astrolabios, relojes auxiliares, aparatos de observación y tablas astronómicas20.

18. Un buen ejemplo de ello lo tenemos en Yohanan ibn Daud, que tradujo más de una decena de tratados astrológicos del árabe al latín, y en el siglo XI un judío zaragozano, Chicatella, realizó traducciones del árabe al hebreo.

19. Una de las obras ideológicamente más importantes de la Baja Edad Media fue el Tratado de Astrología de Ali Abenragel, que Alfonso X mandó traducir al castellano al judío Yehudá Mose, bajo el título de El libro conplido de los iudizios de las estrellas.

20. El profesor Cantera señala que no hubo prácticamente ningún equipo de investigación astronómico en la España medieval que no contara con la presencia en mayor o menor medida de sabios judíos. Cfr. op. cit,,p. 69.

Los astrólogos judíos españoles conocían los tratados generales de astrología griega, traducidos al árabe en los siglos VIII y IX, generalmente por judíos, y al latín y hebreo desde finales del XI por miembros de la misma comunidad.

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Figuran, además, entre sus fuentes, algunas obras que conviene señalar, porque gozaron  de  especial  predicamento  entre las comunidades judías de Sefarad:

Clavicula Salomonis, obra judía que en época medieval se atribuyó al propio rey Salomón, que era una síntesis de Astrología y magia.

La Enciclopedia de los Hermanos de la Pureza, obra redactada posiblemente a comienzos del siglo X y que llegó a Zaragoza antes del año 1065, gracias a la influencia del judío Abul-Fad-ibn Hasday, ministro en la corte zaragozana de los Banu-Hud.

En la Edad Media, la ciencia tenía una consideración radicalmente distinta de la que hoy tenemos, ya que se contemplaba desde un punto de vista global, muy alejado por tanto de su actual especificidad. En ese contexto, la Astrología no sólo era considerada ciencia, era la ciencia por antonomasia21. Su amplio campo de aplicación, derivado de su carácter multidisciplinar, mantenía estrechos vínculos con la magia, la alquimia y la medicina, saberes que, en su praxis, precisaban del concurso de la Astrología22.

21. Un buen ejemplo lo tenemos en la primera mitad del siglo XII, en que la principal demanda de libros en toda la Cristiandad, era la de libros de Astrología.

22. La elección del momento más adecuado para la práctica mágica, para el trabajo alquímico y, sobre todo, para tratar las enfermedades del ser humano, se hacía utilizando diferentes métodos astrológicos.

La Astrología Judía en Aragón. Tres judíos paradigmáticos: Abraham ibn Ezra, Abraham bar Hiyya y Pedro Alfonso de Huesca

Bajo la denominación genérica de astrología árabe se encuentra toda una serie de sistemas astrológicos diferentes, cuya procedencia era persa, siria, griega e hindú. Estos sistemas tenían dos características comunes: la utilización de la lengua árabe como vehículo de expresión y haber sido practicados bajo la autoridad de monarcas musulmanes.

La religión islámica hace posible que los judíos23 puedan acceder a los círculos culturales y políticos en los que la Astrología tenía un lugar preferente.

23. Por tener la condición de protegidos.

Esta situación, que ya había comenzado en el siglo VIII, en el califato de Bagdad24 tendrá como hemos visto reflejo en el cordobés, y posteriormente en los reinos de taifas y cristianos, hasta el punto de que la Astrología será conocida por algunos autores como «la ciencia judía»25.

24. En su capital, Bagdad, un judío persa, Masha Allah, tradujo importantes tratados de Astrología del persa al árabe, llegando a ser director de la Biblioteca de Bagdad. Años más tarde otro judío, Rabban al-Tabari, sería el primero en traducir al árabe el Almagestode Ptolomeo.

25. Lo encontramos en la crónica de Ximénez de Rada, aunque el profesor Gonzalo Maeso remonta esta denominación a tiempos talmúdicos.

De la extensa nómina de judíos relacionados con la Astrología en la España medieval, destacamos tres de ellos, por estar vinculados con Aragón, tanto bajo época islâmica como cristiana26: Abraham ibn Ezra, Abraham bar Hiyya y Pedro Alfonso.

26. El ambiente político que existía en Zaragoza, capital de la Marca Superior de Al-Andalus, propició que desde el año 1035 hasta 1118, en que Zaragoza cae en poder de Alfonso I, se diese en esta demarcación andalusí «uno de los momentos más brillantes culturalmente de la historia de Zaragoza y de la región de ella dependiente». LOMBA, J. La filosofía judía en Zaragoza, D.G.A., Zaragoza, 1988

En 1018 se instaura la dinastía de los Tuyibíes en Zaragoza, que permanecieron en el poder durante 20 años, hasta la llegada de otra dinastía, los Hudíes.

Al-Mustain, es el primer monarca de esta nueva dinastía que permanecerá hasta 1110, fecha en la que llegan los almorávides a Zaragoza, gobernando la ciudad hasta su conquista en 1118 por Alfonso I el Batallador.

El contexto político y cultural de esta época, impregnado por el talante abierto y tolerante de estas dos dinastías, así como por su labor de mecenazgo, hizo posible el auge de la ciencia y de la cultura en la taifa zaragozana.

Es en ese contexto en el que se sitúa la obra de los tres personajes que, además de su condición de judíos, tienen una serie de puntos en común:

– Sus actuaciones en el campo de la Astrología están presididas por un sentimiento profundamente religioso.

– Son conocedores de las bases teóricas que sustentan el saber astrológico y practican los diversos sistemas astrológicos de la Antigüedad, con las mejoras introducidas en época islámica.

– El pensamiento astrológico de los tres rebasará la frontera aragonesa, fructificando en la Europa medieval, llegando incluso hasta más allá del Renacimiento, época en la que alguna de sus obras, como sucede con la de Abraham ibn Ezra, será considerada básica para el estudio de la Astrología.

Abraham  ibn  Ezra,  nació  en  Tudela  en 1089, cuando esta ciudad pertenecía a la Marca Superior, o demarcación administrativa del norte de Al-Andalus, cuya capital era Zaragoza. Se le considera como el científico judío más influyente de toda la Edad Media, y el que más obras de Astrología escribió.

Tiene en su haber la recopilación y difusión del legado astrológico greco-árabe, en las comunidades judías de Europa.

La Astrología, propiamente dicha, ocupa un lugar relevante en la ingente obra de Abraham ibn Ezra como lo demuestra el elevado número de obras de esta temática27 que escribió. En ellas abarcaba tanto los planteamientos teóricos como los diferentes métodos astrológicos e instrumentos astronómicos, como son sus Tablas pisanas, de frecuente utilización hasta el siglo XVI.

27. En la obra de Araham ibn Ezra ocupa un lugar importante la astronomía, ciencia a la que, son palabras del profesor Millás, Abraham ibn Ezra aportó su magisterio. Escribió diversos tratados astronómicos y tablas que serían utilizadas hasta comienzos del siglo XVII.

Abraham ibn Ezra asume los postulados de la astrología helenística tradicional,  expuestos en el siglo II d. C. por Ptolomeo en su Tetrabiblos, y que básicamente consistían en afirmar la influencia de los astros en el ser humano, desde el mismo momento del nacimiento. Una influencia que perduraría hasta la muerte, y que se evidenciaría, sobre todo, en los momentos más importantes de la vida del individuo.

La praxis de esta corriente astrológica se plasma en diferentes sistemas astrológicos como son el de las interrogacionesy el de las iniciativas28, ya conocidos en la Antigüedad, y a los que la astrología islámica había aportado importantes mejoras.

28. Sistemas astrológicos mediante cuya utilización se pretendía conocer el momento propicio para la realización de actos importantes de la vida. Abraham ibn Ezra llega hasta el punto de aconsejar el sistema de las elecciones para elegir el sexo de los hijos.

El  pensamiento  astrológico de  Abraham ibn Ezra va más allá de la simple utilización práctica de este saber, ya que además de defender su uso científico, intenta conciliar la fe judía con la Astrología, atreviéndose a lo que ningún sabio judío ha hecho jamás: utilizar claves astrológicas para explicar algunas de las partes más enigmáticas de los textos bíblicos.

Sus escritos de Astrología más importantes son los siguientes:

El Séfer re’sit hokmah o Libro sobre el principio de la sabiduría, una enciclopedia en la que expone los principios teóricos de la Astrología y sus aplicaciones prácticas. Esta obra será manual básico durante la Edad Media y el Renacimiento, ejerciendo, además, influencia en autores de literatura profética como es el caso de Nostradamus.

El Séfer ha-mibharimo Libro de los tiempos elegidos, que contiene una de las aplicaciones prácticas más corrientes de la Astrología, conocida bajo el nombre genérico de las elecciones29, exponiendo los momentos propicios para comenzar cualquier actividad.

29. Bajo el método astrológico de las elecciones fueron fundadas ciudades como El Cairo, Fez, Bagdad y posiblemente Bizancio y Barcelona. El horóscopo de la ciudad de Bagdad fue «levantado» por dos astrólogos judíos: Nawbajt y Masaya el año 762.

El Séfer ha-se’ Eloyo Libro de las interrogaciones, también de astrología práctica, en el que expone otra práctica astrológica de uso corriente como es el sistema de las interrogaciones.

El Séfer yesod mora’o Libro de los fundamentos del temor de Dios, en el que intenta conciliar dos principios tan antagónicos como la fe y la ciencia. En esta obra Abraham ibn Ezra realiza una auténtica apología del saber astrológico, necesario según él en los dos ámbitos. En el religioso, es necesario para entender en profundidad la fe, cumplir la ley y los mandamientos. En el científico, para la comprensión de las matemáticas, la geometría, la física y la astronomía.

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Tiene también algunos opúsculos de astrología práctica referidos a horoscopia individual y al sistema de las elecciones.

Los postulados astrológicos de Abraham ibn Ezra son considerados esenciales para la práctica de la astrología política.

Abraham bar Hiyya

Fue nasí o príncipe de la comunidad judía de Barcelona, lugar donde pasó la mayor parte de su vida. Tuvo relaciones con la Casa Real de Aragón, sobre todo con Alfonso I, del que sería astrólogo y consejero, colaborando también con los condes de Barcelona en asuntos políticos

El pensamiento astrológico de Abraham ibn Ezra se basa en la pretensión de fundamentar el vínculo entre Dios, el Universo y la Humanidad, una idea que desarrolla para argumentar la no existencia de contradicción entre la Astrología y la religión judía. Dice al respecto que los astrólogos judíos tienen el deber de estudiar Astrología para poder defender su fe frente a cristianos y musulmanes.

Establece una clara distinción entre Astrología, astromancia y astrolatría.

De su obra escrita no conocemos su gran Tratado de Astrología, al que alude en sus escritos, y que posiblemente fuera el utilizado por los humanistas del Renacimiento, como Pico della Mirandola30, que alude al Tratado de Astrología de Abraham iudaeus.

30. BARKAI, R., «Significado de las aportaciones de los judíos en el terreno de la medicina, la Astrología y la magia» en SÁENZ BADILLOS (ed.), op. cit.,p. 81.

Han llegado hasta nosotros dos de sus escritos:

El Megillat ha-megalleho Rollo del revelador. En este texto pretende fijar la fecha de la llegada del verdadero mesías judío, basándose en textos de la Biblia, que analiza mediante claves astrológicas. Utiliza también la Astrología para referirse a los errores del «colgado» (Jesús de Nazaret), y del «loco» (el profeta Muhammad), para poner así de manifiesto la superioridad del judaísmo.

Carta dirigida a Yehudah ha-Nasi, alto dignatario judío de la comunidad judía de Barcelona, en la que defiende la legitimidad del uso de la Astrología31 en tanto que no va en contra de la omnipotencia divina. Afirma que la Astrología es un medio utilizado por Dios para gobernar el mundo sublunar.

31. Bay Hiyya utiliza la Astrología en su ministerio como rabino. Lo cuenta en esta misma carta aludiendo a celebraciones matrimoniales que él lleva a cabo siguiendo principios astrológicos.

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Moisés Sefardí

Sabio judío oscense convertido en 1106 al cristianismo, la nueva religión triunfante en el Aragón de aquellos momentos, y sustentadora del nuevo poder político, encarnado por Alfonso I el Batallador, monarca que actuará de padrino en su bautismo.

Moisés Sefardí, o Pedro Alfonso, nombre que adoptó como cristiano, es uno de los personajes más singulares de toda la Edad Media europea.

Fue sobre todo en un contexto cultural musulmán, donde se forjó la personalidad literaria y científica de Pedro Alfonso gracias sobre todo a su conocimiento de la lengua árabe, lo que le permitió el acceso a las traducciones realizadas a este idioma, de tratados griegos, persas e hindúes, entre los que se encontraban los relacionados con la Astrología. A todo ello hay que añadir el profundo conocimiento que tenía de su propia cultura, la judía. Todo ello hace posible que Pedro Alfonso, heredero de la tradición científica greco-oriental, sea pionero32, en el siglo XII, en la consideración de la Astrología.

32. Epíteto del profesor Millás en su encendido elogio a la actividad científica de Pedro Alfonso, que serviría de acicate para que una Europa anclada en la tradición latino- eclesiástica, adoptara posiciones más científicas al conocer, gracias a Pedro Alfonso, el legado científico oriental.

Pedro Alfonso es un personaje comprometido com la Astrología, ciencia cuyo estudio y uso recomienda desde una perspectiva científica y racional, mediante la utilización de las matemáticas y la astronomía. Para ello se basa en autoridades como Aristóteles, que había probado la influencia de los cuerpos celestes en la tierra, y Ptolomeo, que había concretado la influencia de cada planeta en los fenómenos terrestres.

Desde su punto de vista religioso, defiende el uso de la Astrología afirmando que no contradice los principios de la religión cristiana sino que ésta justifica el uso de aquélla.

De su obra astrológica escrita muy poca ha llegado hasta nuestros días y, además, en estado fragmentario. Sin embargo, su magisterio es trascendental como podemos ver por la influencia de algunos de sus discípulos como son Walcher de Malvern y Adelardo de Bath. Pero es sobre todo en su Carta a los peripatéticos franceses, donde mejor se plasma su pensamiento astrológico.

Esta carta es el proemioa una obra astronómica33 que Pedro Alfonso escribió en forma epistolar en 1120. En ella recomienda el estudio de la geometría, música, medicina y Astrología, siendo esta última la más útil, ya que hasta la medicina depende de ella.

33. Esta obra se encuentra en dos manuscritos: el Arundel(270, fol 40v-44r, siglo XII), en el British Museun y el n.º 1283 del Corpus Christi Collage de Oxford. Ambos estudiados y publicados por el profesor Millás Vallicrosa.

Se distancia de la Astrología vulgar34, y rechaza las críticas provenientes del clero cristiano hacia la utilización de la Astrología.

34. Heredero de una tradición astrológica culta que hunde sus raíces en la cultura sumeria y a la cual los griegos aportaron las matemáticas y la geometría y los árabes importantes conocimientos teóricos, matemáticos y técnicos, basados en la utilización de cuadrantes, relojes y sobre todo el astrolabio. Pedro Alfonso rechaza las prácticas fraudulentas de la astromancia realizadas por pseudo-astrólogos.

En esta carta Pedro Alfonso desarrolla su defensa de la Astrología en tres partes. En la primera de ellas hace referencia a su utilización y dignidad de su uso en tanto que era la más digna de las siete artes (gramática, retórica, dialéctica, aritmética, geometría, música y Astrología). Se refiere, igualmente, a la necesidad de utilizar la Astrología en la práctica de la medicina. En la segunda parte Pedro Alfonso insiste en la necesidad de profundizar en los principios teóricos de la Astrología, cuya única forma de lograrlo sería mediante la práctica. Finalmente, en la tercera parte, pretende convencer de que la voluntad de Dios estaba tras la influencia de las estrellas en los acontecimientos terrestres, por lo que la Astrología no va en contra de la religión35.

35. Como Ibn Ezra, Pedro Alfonso apoya sus tesis en pasajes bíblicos como el de Job, 38,31-3.

De su obra astronómica, que inserta sus propias tablas astronómicas, únicamente se conoce el prólogo y cuatro capítulos, y sus fuentes principales fueron al-Jwarizmi y Maslama.

La existencia de la figura del astrólogo como «asesor» del rey de Aragón aparece ampliamente documentada durante toda la Edad Media. Los monarcas aragoneses utilizaban la Astrología como una herramienta importante en el ejercicio de las actividades de gobierno. Las predicciones de sus astrólogos, todos ellos destacados miembros de las aljamas judías, eran muy tenidas en cuenta a la hora de tomar decisiones políticas, siendo el caso más llamativo el de Pedro IV el Ceremonioso36. En su corte barcelonesa los astrólogos judíos jugaron, además, un importante papel que trascendía del contexto político citado, siendo protagonistas del auge científico y cultural que experimentó el reino de Aragón durante esta etapa.

36. El clima científico y cultural del reino de Aragón y el papel jugado por los judíos, lo pone ampliamente de manifiesto el profesor Millás, que hace hincapié en la importancia de la Astrología y menciona importantes astrólogos judíos aragoneses.

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Mosaic floor from Byzantine era synagogue in Hammath Tiberias featuring zodiac motif

La Astrología según el Judaísmo

Rabi Jades nos cuenta sobre los Caldeos: “Los astrólogos son los que observan las estrellas” (Shabbath 156b).

Rabi Akiva tenía una hija, a la que los astrólogos predijeron que seria mordiada por una serpiente y moriría el día que entrara en la cámara nupcial. El Rabino estaba muy preocupado por esa predicción. El dia de su boda, ella tomo su broche y lo clavo en la pared, y tubo la suerte de atravesar el ojo de una serpiente. Ala mañana siguiente, cuando saco el broche, la serpiente (muerta) estaba adherida a el. Al ser informado del incidente Rabi Akiva le pregunto que había echo y ella le contesto: por la tarde vino un pobre pidiendo ala puerta: todos estaban ocupados con la ceremonia nupcial, por lo cual nadie le oyó. Pero yo subí, cogi el regalo de boda que tú me habías echo y se lo di. Y el Rabino le dijo: llevaste a cabo una acción meritoria.

Entonces salio y predico: la caridad libra de la muerte, no solo de una muerte espiritual sino también de la muerte física (Shabbat 156b).

El Ritba, agrega una explicación alas palabras diciendo que en muchas oportunidades dicen los astrólogos la verdad, con repecto ala futuro como cita el versículo (isleiaha 47:13). Parte del futuro, ellos saben, por eso los judíos piadosos deben repartir caridad, hacer buenas acciones y pedir piedad y compasión del altísimo, para que aquellos malos edictos pronunciados, sean anulados, ya que Israel, nuestro Ari”zal, están por arriba de los Mazal (Las leyes del Zodiaco) ya que por medio de la oración o de una buena acción pueden anular, lo que fue fijar por la astrología.

Samuel estaba hablando con Ablat (un astrólogo pagano) cuando acertó a pasar junto a ellos un hombre que se dirigía a un prado próximo al lugar en que ellos estaban hablando con la intención de recoger hierba. Ablat le dijo a Samuel: este hombre no volveré con vida del lugar a que se dirige, porque morirá de resultas de una mordedura de serpiente. Y siguieron hablando del tema que trataban antes del inciso, cuando he aquí que el hombre se les acerco con un gran saco lleno de hierba ala espalda. Ablat le acudió a descargar el saco, miro en su interior y hallo una serpiente, pero partida en dos. Samuel le pregunto: ¿Cual es tu merito para haber escapado con bien de esta? Y el hombre le contesto que aunque era muy pobre, era muy caritativo. Le dijo: yo y otro trabajador nos hemos asociado para separar cada dia una parte de nuestros alimentos para distribuirla luego entre los pobres. (Shabbat 156b). Sabias fallan, no hay que preguntar a los Caldeos (Pesajim 113:2), no hay que preguntar a los astrólogos sobre el futuro, o enigmas envueltos explica el Rabi que cierto es que esta prohibido a los astrólogos (pedirles respuesta)  pero si ellos sin preguntarle dijeron lo que dijeron hay que considerar sus palabras. En realidad cuando no tienen fuerza alguna otra razón porque cuando el ser humano mira las estrellas y vea que saldrá del buen camino puede y pierda su libre albedrío y deprimido diaria: “No tengo fuerza para enfrentarme contra el decreto de las estrellas aunque a decir verdad también después de los decretos fueron escritos son estas en manos del libre albedrío y es el individuo quien debe elegir su camino”.

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Los Judíos y las Ciencias Ocultas en la España Medieval

 Enrique Cantera Montenegro

Universidad Nacional de Educación a Distancia

La Adivinación del Futuro & La Astrología

La adivinación del futuro constituía otra de las ocupaciones más frecuentes de magos y hechiceros judíos, lo que obedece a la preocupación que em todo momento siente el ser humano por el porvenir. La inquietud se manifestaba, en ocasiones, ante circunstancias de la vida cotidiana, como la próxima realización de un viaje, lo que llevaba a consultar a algún «echador de suertes» o especialista en agüeros para determinar la fecha más apropiada para ponerse en camino. La partida del ser querido era acompañada por los familiares desde la puerta de la casa, en unos casos con una bendición, y en otros com conjuros o fórmulas supersticiosas que propiciaran un feliz retorno. En otros casos se recurría a los adivinadores para conocer lo que el futuro reservaba a los hijos; por ejemplo, de Donosa Besante, judeoconversa vecina de Teruel, quien en el año 1481 acudía a un judío de Sofen, de paso por Teruel, para que le informara si sus dos hijas contraerían matrimonio. El adivino le hizo saber que una se casaría en Teruel y la otra «en lugar do haya mar», predicción por la que recibió de la conversa medio florín1.

1 Manuel Sánchez Moya y Jasone Monasterio Aspiri, «Los judaizantes turolenses en El siglo XV», en Sefarad, XXXII (1972), pp. 105-140 y 307-340, y XXXIII (1973), pp. 111-143 y 325-356 (en concreto, XXXIII, p. 137).

Pero la preocupación por conocer el futuro iba bastante más lejos y abarcaba aspectos mucho más complejos de la realidad humana, tales como si se disfrutaría de una vida larga y feliz, si se padecería alguna enfermedad —por ejemplo la lepra, auténtica obsesión en los tiempos medievales por la mortandad y el rechazo social que comportaba— o, incluso, si en circunstancias especialmente difíciles se mantendría la fidelidad a la fe, llegando incluso hasta la aceptación del martirio. Para ello se acudía a diversos procedimientos, entre los que ocupa un lugar destacado la quiromancia, es decir la adivinación del futuro mediante la interpretación de las rayas de las manos.

Algunas representaciones de manos quirománticas que se han conservado en manuscritos hebreos de época medieval2, sirven como fuente de información sobre las técnicas quirománticas hebreas y, lo que es mucho más interesante, acerca de lo que constituían las preocupaciones inherentes al judío medieval: duración de la vida (larga: rayas de la muñeca y de la base del pulgar; breve: rayas del alto de la palma); salud y enfermedades (rayas del dedo índice y de la palma de la mano; padecimiento de la lepra: rayas del hueco de la palma); constancia o inconstancia de la felicidad; obtención de descendência masculina (rayas del dedo meñique); eventualidad de un largo viaje, que podia suponer una peregrinación a Jerusalén o, en el peor de los casos, un exílio en tierras lejanas (rayas del hueco de la palma); si se sufrirán torturas (rayas de la base del pulgar) o el martirio (rayas de la palma). La lectura de la mano permitiría también conocer aspectos íntimos de la conducta moral y espiritual de las personas, aspectos éstos que preocupaban sobremanera a quienes formaban parte de un grupo socio-religioso minoritario, y progresivamente rechazado, pues no cabe ninguna duda de que una de las garantías de su seguridad y de su pervivencia radicaba en el mantenimiento de su cohesión interna; así, pues, se creía que las líneas de la mano podían ofrecer también información del mayor interés sobre si el carácter de una persona era propenso a la castidad, a la conciliación o a la fidelidad a la fe, o si, por el contrario, lo era a la perversión, al odio, a la calumnia y a la delación, o al abandono de la Fe ante la menor dificultad que pudiera presentarse.

2 Es sumamente interesante la dibujada en un manuscrito hebreo francés de fines del siglo XIII, que se conserva en la British Library de Londres (Ms. Add. 11639, fol. 115 r.°), y que es reproducida en el libro de T. et M. Metzger, La vie juive au Moyen Âge illustrée par les manuscrits hébraïques enluminés du XIIIe au XVIe siècle, p. 221, ilust. 324. Se trata de una mano derecha, correspondiente a un hombre, ya que para la mujer se recurría siempre a la mano izquierda.

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Otro procedimiento adivinatorio utilizado con cierta asiduidad por los judíos en época medieval era el de la bibliomancia: se abría la Biblia al azar, y de la lectura del primer versículo que saltaba a la vista se determinaba si era un buen o un mal augurio, en función de que se tratara del relato de un acontecimiento histórico favorable o desfavorable para el pueblo de Israel3. Del mismo modo, si alguien recordaba un versículo bíblico al despertarse se consideraba también uma «profecía menor»; si era algo que pudiera entenderse como un mal augurio, se recomendaba a la persona abstenerse de tomar el desayuno, con el fin de alterar el oscuro porvenir mediante la práctica virtuosa del ayuno4.

3 Es éste un procedimiento utilizado también de forma habitual por sus contemporâneos cristianos, normalmente en las iglesias, pese a la tenaz oposición al mismo por parte de las autoridades eclesiásticas.

4 En torno al año 1477 Donosa Besante, judeoconversa de Teruel, tuvo un sueño «muy pesado» que consultó con el rabí, quien, a su vez, lo contrastó con los escritos de rabí Mewnfes, de Egipto, en los que se explicaba cómo debía actuarse ante sueños extraños. El remedio propuesto era el habitual en estos casos: «Fuerte ensueño es, faz dayuno; es el único remedio». El rabí turolense acompañó a Donosa a su casa y le mostró lo que debía hacer para conjurar el peligro que se cernía sobre ella; para ello, repitieron siete veces el siguiente diálogo: Donosa decía: «Sueño bueno vit, sueño bueno viste, sueño bueno vit», a lo que respondía el rabí: «Sueño Bueno viste, sueño bueno viste, sueño bueno vediste, el sueño tuyo bueno es, bueno para él, Nuestro Señor lo ponga por bien, por bien. Siete veces sean sentenciados sobre del cielo, que bueno es y bueno será» [Manuel Moya y Jasone Monasterio, «Los judaizantes turolenses en el siglo XV», em Sefarad, XXXIII (1973), pp. 136-137].

Asimismo se creía en los presagios y en el carácter premonitorio de los sueños (oniromancia). De este modo, si alguien sentía escozor en la planta del pie era presagio de un viaje; si lo sentía en el oído era porque iba a recibir una nueva; y si lo sentía en las cejas era porque iba a encontrarse con una persona que no veía desde hacía tiempo. El estornudo era signo de un mal presagio, por lo que siempre iba acompañado de una bendición divina para preservar a la persona de los espíritus malignos5. Por lo que se refiere a los sueños, existía la creencia de que los difuntos se aparecían en sueños a sus familiares y amigos más próximos a fin de aconsejarles, y de que también Dios utilizaba este medio para transmitir sus deseos a los mortales, normalmente a través de un ángel o, con mucha mayor frecuencia, del profeta Elías. La creencia en el carácter premonitorio de los sueños estaba generalizada en época medieval, y con los cabalistas la oniromancia se convirtió en uno de los medios más utilizados para obtener la revelación divina en cuestiones de naturaleza escatológica; a este fin, era habitual invocar a um ángel para que actuara como mediador en la revelación divina. Pero con la interpretación de los sueños había que tener sumo cuidado, pues se creía que también los demonios podían utilizar los sueños para confundir y dañar a los humanos. La importancia concedida a la adivinación mediante la oniromancia queda constatada en los diversos escritos redactados con el fin de ayudar a interpretar los sueños, entre los que puede ser destacado el titulado Pitrón halomot, de Shelomoh ben Ya’aqob Almoli, que fue publicado en Salónica, en 15156.

5 Enciclopedia Judaica Castellana, voz «adivinación», vol. I, p. 83.

6 Enciclopedia Judaica Castellana, voz «superstición», vol. X, p. 128.

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Con mucha frecuencia las artes adivinatorias entraban en estrecha relación con la astrología, ciencia que tiene como fin la predicción del futuro —de un individuo o de la sociedad en su conjunto— mediante el estudio de la posición y del movimiento de los astros7; la astrología conoció un considerable desarrollo entre los judíos a lo largo de la Edad Media8, lo que se sustenta en la creencia de que todo aquello que acontece en el mundo sublunar tiene su origen en la influencia recibida de los astros, que poseerían distintas cualidades que llegarían a la Tierra según diferentes ángulos. La astrología no se trata de una ciencia oculta, propiamente dicha, por cuanto se sustenta en realidades visibles que no necesitan de experimentación; pero sí puede hablarse de ciencia oculta, por la interpretación que el astrólogo hace de los fenómenos naturales. El interés por la astrologia obedece no sólo a que el judío medieval encontró en ella respuestas a sus inquietudes y angustias, en particular en tiempos difíciles, sino también, de forma muy especial, a la necesidad de profundizar en el conocimiento de determinados fenómenos astronômicos que permitieran fijar con absoluta fiabilidad el calendario litúrgico, lo que tiene una importancia fundamental en la vida religiosa judía.

7 Es lo que San Isidoro de Sevilla denomina en sus Etimologías«astrologia iudicaria», frente a la «astrología naturalis», que trataría acerca de las influencias de los movimientos de los astros sobre el cosmos y la naturaleza, y que, por tanto, se encuentra mucho más próxima a la astronomía.

8 Para una buena aproximación general al tema de la astrología judía en esta época, véanse los trabajos de Jacques Halbronn, Le monde juif et l’astrologie. Histoire d’un vieux couple, Milano, Arché, 1985, y de Ron Barkai «L’astrologie juive médiévale: aspects théoriques et pratiques », en Le Moyen Âge, XCIII (1987), pp. 323-348

Como queda de manifiesto a través de los numerosos ejemplos de calendários litúrgicos judíos de época medieval que se han conservado en libros de oraciones hebreos y en manuscritos de la Torá, no se trata de calendarios anuales similares a los de nuestro tiempo actual, sino que consisten en calendarios cíclicos, cuya finalidad primordial consistía en determinar las características de cada año con el fin de deducir las particularidades de su desarrollo litúrgico. Comprenden ciclos de diecinueve años, en los que el carácter de cada año viene dado por tres datos fundamentales: el día de la semana en el que se celebra el día 1° del mes de tishri, es decir la festividad de Rosh ha-shanáo Año Nuevo hebreo; el tipo de año de que se trata, abundante, regular o escaso; y el día de la semana en el que se celebra la festividad de Pesah(Pascua).

La fijación de cualquier calendario se basa, necesariamente, en fenômenos astronómicos. Siguiendo los modelos sumerio y babilónico, el calendario judio está marcado por la luna, de forma que los meses se inician cuando la luna creciente se observa por primera vez en el crepúsculo nocturno (neomenia, o rosh hodeshen hebreo). El año judío se compone de doce meses lunares y de trescientos cincuenta y cuatro días completos, más un tercio de cada día, por lo que el año solar se adelanta once días con relación al año lunar; por este motivo, se hizo necesario introducir cíclicamente un mes más. En ciclos de diecinueve años, los años tercero, sexto, octavo, decimoprimero, decimocuarto, decimoséptimo y decimonoveno tienen trece meses (son los denominados años embolísmicos), en tanto que los restantes se componen de doce meses. Estos siete meses suplementarios, añadidos a los diecinueve años lunares, los hacían coincidir con diecinueve años solares, corrigiendo el adelanto de las estaciones y permitiendo que el calendario judío sea fijo, de forma que se celebren siempre en la misma fecha las distintas festividades y, en particular, las tres «fiestas mayores» (yamin tobim): Pesah(Pascua) en la primera luna llena tras el equinoccio de primavera, Shavu’ot(Pentecostés) en verano, y Sukkot(fiesta de los Tabernáculos) en otoño. Los meses del calendario judío son de veintinueve o de treinta días; tres meses tienen unos años veintinueve días y otros años treinta, lo que obedece a complejas razones de carácter astronómico, que obligan a tener en cuenta el cambio anual del Sol y el mensual de la Luna.

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De este modo, a lo largo de toda la Edad Media la astrología estuvo íntimamente ligada a la astronomía, de forma que las observaciones y cálculos de los astrónomos servían como base para las predicciones y los horóscopos de los astrólogos; a su vez, la fe en la astrología sirvió como motor para el progreso de la astronomía, tanto o más que el puro interés científico. Si en la actualidad existe una nítida diferenciación entre los campos de atención de la astronomia y la astrología, no ocurría lo mismo en la Edad Media, cuando se hacía referencia a ellas como si se tratara de términos sinónimos; la astronomia sería entonces el contenido teórico de una ciencia, cuya aplicación práctica sería la astrología9. Incluso, en ocasiones, un mismo individuo reunía en su persona las condiciones de astrónomo y de astrólogo; así, la actividad científica del eminente astrónomo judeo-español Abraham ben Semu’el Zacut (1452 – c. 1515)10 resulta absolutamente indisociable de su labor como astrólogo, de forma que en el año 1496, antes de la partida de la expedición portuguesa capitaneada por Vasco de Gama, el rey Manuel I no sólo le encargó que instruyera a los marinos en el uso del astrolabio aplicado a la navegación, así como de las tablas astronómicas y de las cartas de navegación de las que era autor, sino que, además, le solicitó que predijera la suerte de la empresa.

9 David Romano, La ciencia hispanojudía, p. 19.

10 Entre otros estudios sobre la figura del célebre historiador, astrónomo y astrólogo salmantino, véase el de Francisco Cantera Burgos, El judío salmantino Abraham Zacut (siglo XV). Notas para la historia de la Astronomía en la España medieval. Madrid, 1931.

Es opinión común de los principales especialistas en la materia que la más importante aportación creadora de los científicos judíos de época medieval se dio en el terreno de la astronomía, tanto en Castilla como en los distintos territorios de la Corona de Aragón, colaborando activamente algunos de ellos en el perfeccionamiento de los instrumentos de observación y cálculo —principalmente, astrolabios, relojes auxiliares y aparatos de observación—, sobre los que elaboraron textos con instrucciones para su fabricación y uso, y en la confección de las llamadas tablas astronómicas. La fama justamente lograda por los judíos como astrônomos y astrológos tiene su más patente expresión en el hecho de que no hubo, prácticamente, ningún equipo de investigación astronómica en la España medieval que no contara con la presencia, en mayor o en menor medida, de sabios judíos.

Astrónomos judíos intervinieron de forma sobresaliente en la compilación de las más relevantes tablas astronómicas hispanas de época medieval, o es a ellos en exclusiva a quien corresponde su autoría11; son, entre otros: Moshe Sefardi (Pedro Alfonso de Huesca – ss. XI-XII), a quien se atribuyen diversas obras y opúculos de carácter astronómico, así como unas tablas consistentes en una traducción de algún tratado árabe; Abraham bar Hiyya (? – c. 1136), gran transmisor de ciencia y, quizá, astrólogo de reyes o familias nobiliarias, y autor de tres obras astronómicas y de unas tablas; Abraham ibn Ezra (1089- 1164), sin duda el más influyente de los científicos judíos altomedievales en territorio cristiano, autor de diversos tratados astronómicos y de unas tablas muy utilizadas durante varios siglos, y que sólo quedaron paulatinamente arrinconadas a partir del siglo XVI; Yehudah ben Mosheh ha-Kohén y Yishaq ibn Sayyid (segunda mitad del s. XIII), dos de los más activos colaboradores científicos de Alfonso X y coautores de las llamadas Tablas alfonsíes(1272), probablemente la obra científica alfonsí de mayor alcance y la más famosa, citada y utilizada profusamente hasta que Kepler la superó en 1627 con sus Tablas rudolfinas; Yishaq ben Yisra’el (o Yisra’eli – primera mitad del siglo XIV), autor de un importante tratado titulado Yesod olam(Fundamento del mundo, 1310), cuya finalidad consiste en la fijación del calendario judío; Yehudah bem Aser y Yosef ibn Waqqar (segunda mitad del s. XIV), autores de sendas tablas astronómicas; David Bonet Bonjorn (Bonjorn=Yom Tob) de Barrio (s. XIV), autor de las llamadas Tablas astronómicas de Perpiñán; Ya’aqob al-Corsino (segunda mitad del siglo XIV), autor de las Tablas astronómicas de Barcelona; y Abraham ben Semu’el Zacut (1452-c.1515), quien gozó de gran fama en Castilla y en Portugal como astrónomo y astrólogo, ciencias que enseñó a profesores del Estudio General de Salamanca, y autor de una obra llamada Hahibbur ha-gadol «Compilación magna», que comprende unos cánones y unas tablas astronómicas que, según algunos autores, fueron utilizadas por Cristóbal Colón en sus viajes a América.

11 Son muy interesantes a este respecto los trabajos, ya citados, de David Romano, La ciência hispanojudía, y de Ángel Sáenz-Badillos y Judit Targarona Borrás, Diccionario de autores judíos, (Sefarad. Siglos X-XV).

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También en la astrología sobresalieron los judíos, de forma que desde el siglo XIII se detecta la presencia de eminentes astrólogos hebreos en las cortes de los distintos reinos hispanos. Pese a que la astrología medieval hunde sus raíces en obras científicas griegas, persas e hindúes traducidas al árabe en los siglos VIII y IX, es habitual que esta ciencia se asociara con los judíos12, lo que tiene mucho que ver con la extraordinaria relevancia y difusión que adquirieron las obras astronómico-astrológicas de Abraham bar Hiyya y, principalmente, de Abraham ibn Ezra13.

12 En la Primera Crónica Generalde Alfonso X el Sabio, al hacer referencia a Mahoma y a la expansión de sus doctrinas, se relaciona a los judíos con el conocimiento de los astros, en un tono, aparentemente, despectivo. Así, se afirma que Mahoma había estudiado con un judío «estrellero», quien le había enseñado algunos principios de las religiones cristiana y judía que luego aprovecharía para dar cuerpo a la religión islámica; este judío habría vaticinado, mediante la observación de los astros, el importante papel que en el futuro habría de desempeñar Mahoma, antes incluso de su nacimiento: «Aquel judío estrellero que dixiemos cató et asmó la concordancia de las estrellas et de los planetas sobre la era del nascimiento del ninno, e entendió por ellas que avie de seer aquel ninno omne mucho esforçado et alçado et poderoso en regno et en ley». (Primera Crónica General de España, que mandó componer Alfonso el Sabio y se continuaba bajo Sancho IV en 1289. Edición de Ramón Menéndez Pidal, Antonio García Solalinde, Manuel Muñoz Cortés y José Gómez Pérez. Madrid. Gredos, 1955, 2 vols.; véase cap. 467, p. 261b).

13 Acerca de la contribución de Ibn Ezra al desarrollo de la ciencia astrológica, pueden citarse los recientes estudios de Mariano Gómez Aranda, «Teorías astronómicas y astrológicas en el Comentario de Abraham Ibn Ezra al libro del Eclesiastés», en Sefarad, LV (1995), pp. 257-272, y de Shlomo Sela, «El papel de Abraham ibn Ezra en la divulgación de los “juicios” de la astrología en las lenguas hebrea y latina», en Sefarad, LIX (1999), pp. 159-194.

En efecto, es a sus aportaciones astrológicas a lo que debe su mayor fama Abraham ibn Ezra (1089-1164); su influencia como astrólogo fue enorme entre sus correligionarios y aún mayor, si cabe, en el mundo cristiano, de forma que su obra figuraba en numerosas bibliotecas medievales y fue traducida al latín, así como a diversas lenguas romances y germánicas. Entre sus distintos tratados astrológicos merecen ser destacados los siguientes: el Séfer re’sit hokmah «El libro sobre el principio de la sabiduría», en el que expone los principios teóricos de la astrología y sus aplicaciones prácticas; el Séfer ha-mibharim «El libro de los tiempos elegidos», acerca de los tiempos idóneos para las distintas acciones del hombre; y el Séfer ha s’elot «El libro de las preguntas». Sus juicios o predicciones astrológicas alcanzaron gran notoriedad, en particular sus horóscopos o «natividades» (determinación del futuro de una persona a partir de la fecha de su nacimiento), sus «interrogaciones» o «elecciones» (averiguaciones acerca del momento más adecuado para realizar alguna acción con resultado positivo) y sus «mundiales» (predicciones acerca de lo que ocurrirá en un año determinado).

Por su parte, Abraham bar Hiyya se esforzó en conciliar astrología y fe religiosa, negando que la ciencia astrológica fuera en contra del principio de la omnipotencia divina; en su tratado Megillat ha-megallehllega a reconocer que en sus tareas de rabino de la comunidad hebrea de Barcelona utilizó la astrología para determinar los días más propicios para celebrar el matrimonio de algunas parejas. Bar Hiyya defiende la idea de que el sabio judío debe profundizar en el conocimiento de la astrología con el fin de demostrar a cristianos y musulmanes la superioridad de la fe judía, y se esfuerza en probar astrológicamente los que él considera errores de Cristo y de Mahoma, así como la verdad del judaísmo.

En la Corona de Aragón, Pedro IV el Ceremonioso (1336-1387) atrajo a su corte a varios astrónomos judíos, quienes elaboraron diversas tablas astronómicas con el fin de utilizarlas como base para levantar horóscopos; Jerónimo Zurita afirma que este monarca fue muy aficionado a la astrología y a la alquimia, ciencia ésta en la que tuvo por maestro al médico judío Menahem14. Asimismo, el judío de origen francés Cresques de Viviers (? – 1391) fue astrólogo del rey Juan I (1387-1395), muriendo asesinado en 1391 en medio de los levantamientos antijudíos que tuvieron lugar en dicho año.

14 Acerca de la relación de los judíos con la alquimia es interesante el estudio de Raphael Patai, The Jewish Alchimists. Princeton University Press, 1994.

Por último, también Abraham Zacut se interesó por la astrología, escribiendo un tratado sobre astrología médica que tiene por título Tratado de las influencias del cielo(1486), que consta de una introducción y tres partes. En la primera parte trata de las nueve esferas astronómicas, así como de la correspondência de los doce signos del zodíaco con los cuatro elementos fundamentales (agua, aire, fuego y tierra) y con los distintos miembros del cuerpo humano; en la segunda se refiere a las aplicaciones médicas de la astrología; y en la tercera se centra en cuestiones de índole meteorológica, aludiendo también a las veintiocho «mansiones» de la Luna y a las doce «casas» astrológicas. En un apéndice trata sobre la manera de explicar los eclipses de Sol y de Luna, desde el punto de vista de la astrología médica15.

15 David Romano, La ciencia hispanojudía, pp. 181-184.

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Por tanto, y pese a la oposición de algunos intelectuales racionalistas16, la astrología tuvo una gran popularidad en el judaísmo español, tanto entre la gente sencilla como entre la clase culta y dirigente. Desde los tiempos talmúdicos, buena parte de los sabios judíos manifestaban su convencimiento acerca de la influencia de los astros sobre la personalidad de cada ser humano, que nacería, viviría y moriría bajo el influjo del conjunto de astros y de planetas y, en particular, de su mazzal, es decir el signo del zodíaco bajo el que había nacido y que marcaría su existencia. El término hebreo mazzal(suerte, ventura, astro) dio lugar a los adjetivos españoles «mazaloso» (dichoso, feliz) y «desmazalado» (desgraciado, infeliz); del mismo modo, en judeoespañol se utiliza la expresión «mazal claro» como sinónimo de «buena suerte», en tanto que «mazal iscuro» lo sería de «mala suerte»17. Muy expresivo es a este respecto el refrán judeoespañol que dice:

«Los unos nacen con mazal y ventura;

los otros con potra ( bocio) y crevadura (hernia)»,

y que recuerda mucho al refrán castellano que dice:

«Unos nacen con estrella y otros estrellados»18.

16 Es éste el caso de Maimónides (1138-1204) quien, en la epístola que en el año 1194 dirigió a los rabinos de Marsella sobre la astrología, se refería a los astrólogos de manera despectiva afirmando que «… la ciencia astronómica nos proporciona datos sorprendentes, pero ciertos sin duda alguna, como son el cálculo de las estaciones…; todo lo contrario de las quimeras de los astrólogos, que no son nada» (David Romano, La ciencia hispanojudía, p. 192).

En términos también muy duros se expresaba Yehudah ben Aser ben Yehi’el (1270-1349) quien, en sus Responsarecogidas con el título de Zikrón Yehudah, afirmaba escribir «… para llenar con piedras las bocas de los astrólogos. Porque a causa de nuestros numerosos pecados gran cantidad de judíos, especialmente los que no tienen letras, siguen los caminos erróneos de estos pecadores —los astrólogos—, y según el juicio de los astros se levantan y se acuestan, van y vuelven » (Ron Barkai, «Significado de las aportaciones de los judíos en el terreno de la medicina, la astrología y la magia», p. 83).

También el poeta Rabí Sem Tob ben Yitzhak Ardutiel, más conocido como Don Sem Tob o Santob de Carrión (c. 1290 – c. 1370), incluye en sus Proverbios Moralesalgunos versos que manifiestan un evidente desprecio por la astrología. Así, si los versos de la estrofa 14

«Que quando es del punto

A la rrueda justyçya

Non monta del mas justo

Ante la su maliçya»,

sugieren la vanidad de la creencia en el determinismo astrológico, y los versos de la estrofa 26

«Andar aquella rrueda

Del çielo e las estrellas

Que jamas nunca queda

E sabe cuenta dellas?»,

pretenden menospreciar la astrología y advierten la insuficiencia humana para comprender el cosmos, los de la estrofa 173

«Pues por rregla derecha

El mundo non se guia,

El mucho dubdar echa

A omre en astrosia»,

son también expresión de la absoluta increencia del poeta en la astrología, así como en que El mundo se rija por reglas fijas (Sem Tob, Proverbios Morales. Edición de Sanford Shepard. Madrid. Clásicos Castalia, 1985, pp. 86, 88 y 113).

17 Jesús Cantera Ortiz de Urbina, «El refranero judeoespañol», en Paremia, 6 (1997), pp. 153-162 (en concreto, p. 155).

18 Jesús Cantera, op. cit., p. 156.

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Algunos de los escasos horóscopos que se han conservado de época medieval nos permiten conocer cuáles eran los propósitos de las predicciones astrológicas. Una de las más importantes consistía en averiguar cómo los distintos cuerpos celestes afectarían al carácter y al destino de una persona, para lo que era fundamental conocer cuál era la posición de los astros en el momento de su nacimiento; a este fin, parece que era relativamente frecuente entre los judíos españoles, en particular entre los que residían en núcleos urbanos de cierta importancia, dibujar la carta astral de los recién nacidos. Pero a través de la posición de los astros podrían también los astrólogos vaticinar la conveniencia o inconveniencia de emprender un viaje, la oportunidad o inoportunidad de una operación económica o de una intervención quirúrgica, y, en general, el resultado de cualquier acción de relevancia en la vida de una persona, así como conocer el momento más adecuado para llevarla a cabo.

Particularmente expresivo de lo que acaba de señalarse es el caso relativo a la operación de cataratas del rey Juan II de Aragón, en 1468. En efecto, se conserva una carta autógrafa de Cresques Abnarrabí, médico judío de Lérida, fechada en esta ciudad catalana el día 28 de septiembre de 146819, en la que comunica al rey aragonés que, pese a que le ha operado con éxito de la catarata del ojo derecho «en aquel día elegidísimo de 11 de septiembre» de ese año, no le es posible fijar fecha para realizar la misma intervención en el ojo izquierdo, porque habrían de pasar doce años hasta que la conjunción astrológica fuera tan favorable como lo había sido en la anterior ocasión. Si no quisiera esperar tanto tiempo, Cresques informa a Juan II que el mejor momento para operar sería el día 12 de octubre, miércoles, a las tres y media de la tarde. Se trata, sin duda ninguna, de una predicción de «elección», consistente en averiguar el momento más apropiado para realizar una acción cualquiera con resultado favorable.

19 Publicada por David Romano, La ciencia hispanojudía, pp. 177-178.

Porque no cabe duda de que a lo largo de toda la Edad Media medicina, magia y astrología, como ciencias que tratan del hombre, de su cuerpo y de su mente, estuvieron estrechamente ligadas, de forma que el médico o curandero combinaba saberes médicos con prácticas mágicas y con predicciones astrológicas, tanto en la medicina culta como en la popular. De este modo, no cabe imaginar en la Edad Media ni el estudio de la medicina ni su aplicación práctica al margen de la astrología, por cuanto se consideraba que los astros tenían una influencia directa no sólo en el desarrollo del cuerpo humano, desde el nacimiento hasta la muerte, sino también en los procesos de enfermedad que le afectaban; por ello, la astronomía y la astrología formaban parte importante del curriculum de las escuelas y facultades de medicina. La estrecha vinculación entre medicina y magia queda también de manifiesto en la frecuencia con la que en los textos médicos, desde la Antigüedad hasta el siglo XVII, se recogen alusiones a prácticas mágicas.

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