La Astrología y la Cosmología de Ramón Llull

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Ars Brevis

La Cosmología de Ramón Llull

Marc Egea I Ger

Universidad de Barcelona

Resumen

Ramón Llull (1232-1316), esta figura tan curiosa y fascinante del medievo catalán, construyó una maquinaria inventiva –Ars Magna– cuyo fin era convencer a los infieles para que creyeran en el Dios de la religión católica. Sin enzbargo, esta maquinaria podia aplicarse a todo porque con ella se alcanzaba la verdad de cualquier ciencia en poco ilempo, de modo que también podía aplicarse a la astronomía. Veremos no sólo las concepciones astronómicas de Llull sino también cómo aplica su Arte a esta ciencia.

Φ

La originalidad principal de la cosmología de Ramón Llull se debe a que aplica su Ars Magna a dicha ciencia (como también la aplica a la medicina, al derecho, a la teologia, etc.) con la intención de criticar los postulados de los astrónomos tanto antiguos como de su época. Más allá de esto podemos decir, con Juan Vernet, que muchos procedimientos calculísticos propios de la astronomía de la edad media están ausentes a lo largo de las obras de nuestro autor. “Se puede afirmar -dice Vernet-, sin duda alguna (…) que los conocimientos astronômico-astrológicos del beato mallorquín distaban mucho de alcanzar el nivel científico que tenían los medios cultos de su época”. Además, parece que el mallorquín desconocía las polémicas que, tanto en su tiempo como en épocas anteriores, se dieron lugar en este terreno.

La intención de este trabajo será exponer las doctrinas cosmológicas de Llull siguiendo por orden cronológico diversas obras en las que el beato nos habla de astronomía1, concentrándome en el Tractatus novus de astronomia (1297, París), dedicado exclusivamente a esa ciencia, para ver como a ella aplica el Arte. Además mostraré el papel que ocupa la astronomía en una de sus versiones artísticas, esta es, el Art breu, en tanto que se inserta como pieza del engranaje del Arte mediante el sujeto coelum.

1 Hay otras obras, que no comentaré para no alargar demasiado este trabajo, donde el Barballorit habla, de manera directa o indirecta, de astronomía; en la Declaratio Raymundi per modum dialogi edita (1298, París) y en De ascensu et descensu intellectus (1305, Montpellier).

En la Doctrina pueril (1275, ?) nos encontramos con una definición de la ciencia de la astrología:

“Estrolornía es demostrativa ciéncia per la qual hom ha conexensa que los corses celestials han senyoría e operació sobre los corsos terrenals, a demostrar que la vertut qui es en los corses celestials vé de Déu, qui es sobirá als cels e a tot quant es”2.

2 “La astrología es la ciencia demostrativa por la cual se conoce que los cuerpos celestiales tienen poder y operación sobre los cuerpos terrenales, demostrando que la virtud que está en los cuerpos celestiales proviene de Dios, que está más arriba de los cielos y a todo cuanto es”.

De esta definición debemos tener en cuenta varias cosas. En primer lugar, en la época de Llull no se distinguía entre astronomía y astrología3, de manera que no podemos pensar en términos tales como ciencia y superstición. Sin embargo, como advierte Millás-Vallicrosa, en el Tractatus Llull emplea el término astronomía para referirse a la astrología, al contrario de otros autores. En segundo lugar, Llull cree que los cuerpos celestes influyen sobre los cuerpos terrestres, algo que aceptaría cualquier cosmólogo de su época. Podemos ver en esta definición refiejadas dos doctrinas que Llull repetirá a lo largo de toda su obra. El capítulo 94 de esta misma obra versa sobre los cuatro elementos. A ello volveremos más adelante, puesto que no puede entenderse la cosmología luliana desvinculada de la teoría elemental. En el capítulo 95, el doctor iluminado nos deja claro que los astros tienen poder sobre los cuerpos celestes, pero no sobre el alma humana que tiene libre albedrío. También esto es necesario retenerlo. Veremos que se repetirá hasta la saciedad.

3 La distinción entre ambos términos no se Ileva a cabo hasta Kepler (1571-1630).

Vayamos a otra obra, al Libre de meravelles (1288-9, París). Todo el libro tercero está dedicado al sujeto cielo de la escala de los seres4 y consta de dos capítulos. El primero habla del cielo imperial, que henchido de luz, glorifica a todos los cuerpos. El pastor que le explica a Félix todo acerca del cielo, hace un símil mediante el cual compara la luz con la sabiduría y las tinieblas con la pena y la ignorancia. El capítulo siguiente está dedicado al firmamento. Éste mantiene un constante movimiento circular gracias al cual puede sostenerse. De nuevo Llull nos advierte de la influencia de los cuerpos celestes sobre los terrestres. Además, los doce signos y los siete planetas tienen cualidades apropiadas -distintas de las cualidades propias, que son los atributos o dignidades de Dios-. Las cualidades apropiadas son calor, humedad, frialdad y sequedad; influyen sobre los cuerpos terrestres de la misma manear que influyen las dignitates o las cualidades propias, que emanando de Dios y siendo Dios mismo, se reflejan en cualquier elemento de la creación. He aquí reflejada la doctrina ejemplarista de Llull. El libro siguiente trata de los elementos. Éstos son simples pero están mezclados los unos con los otros. De ahí que se pueda hablar de simplicidad y composición de los elementos. Se asemejan a Dios en tanto que generan sin corromperse. Esta es la virtud que Dios ha dado a los elementos.

4 En esta obra ya se empieza a usar la escala de los seres como estructura que ordena y jerarquiza la realidad. En el Arte Llull la usa como pieza del engranaje a partir del Ars inventiva veritatis (1290, Montpellier).

“E per açò ha donada Déus virtut als elements, que per la virtut que han en la virtut de Déu, hagen cascun apetit a engendrar lurs semblances, les quals han en los corses composts, segons la disposició d’aquelles espécies”5.

5 “Por eso ha dado Dios virtud a los elementos, que por la virtud que reciben de Dios, se inclinan a engendrar sus semejanzas, las cuales encuentran en los cuerpos compuestos, según la disposición de aquellas especies”.

Dios crea las cuatro esencias, que son, ignitas, aeritas, aquetas y terrestritas. Las cuatro forman el caos o hyle. Cada una está en forma o pura acción y en materia o pura pasión. La forma se mueve gracias a la materia y viceversa. Como Dios es inmóvil, dota de movimiento a los elementos, el cual movimiento permanece en el interior de ellos conforme a su naturaleza.

Hasta aquí tenemos las características esenciales de la cosmología luliana: 1) los cuerpos celestes influyen sobre los cuerpos terrestres; 2) los cuerpos celestes no influyen sobre el alma humana, que tiene libre albedrío; 3) no puede entenderse la cosmología de Llull desvinculada de la teoría elemental; 4) los planetas y los signos tienen cualidades propias y apropiadas. No obstante, sigamos adelante con el Arbre de ciéncia (1295-6, Roma). Como sabemos, en esta extensa obra hay dieciséis árboles, cada uno de los cuales consta de siete partes. El primero de ellos es el árbol elemental. Veamos cada una de las partes de este árbol. Raíces: son los dieciocho principios, nueve absolutos (bondad, grandeza, duración, poder, sabiduría, vol untad, virtud, verdad y gloria) y nueve relativos (diferencia, concordancia, contrariedad, principio, medio, fin, mayoridad, igualdad y menoridad)6. Tronco: es la forma primera y la matéria primera, es decir, hyle o caos7. Ramas: son los cuatro elementos simples, que tienen cualidades propias (la del fuego, por ejemplo, es el calor) y apropiadas (el aire es caliente por el fuego). Ramos: son las cuatro masas compuestas de los elementos simples que podemos ver: el fuego con el que nos calentamos, el aire que respiramos, el agua que bebemos y la tierra con la que se forman los metales y las piedras. De ellas se derivan las sustancias individuales. Hojas: son los accidentes naturales o los accidentes aristotélicos que se giren e s’han a les condicions de les substáncies naturals8: cantidad, cualidad, relación, acción, pasión, hábito, situación, tiempo y lugar. Flores: son los instrumentos mediante los cuales algo se convierte en elemento o, dicho de otro modo, las condiciones que hacen posible que algo pase de potencia a acto: elementar u obrar. Frutos: son las cosas elementales: la pera, el oro, la manzana, el pez… Estas son las siete partes del árbol elemental. Tras su exposición, Llull enumera cien formas correspondientes a las ideas platónicas. Éstas no deben situarse en ninguna de las partes del árbol sino que están en el mismo árbol.

6 Recordemos que Arbre de ciència pertenece a la etapa terciaria (según la división de A. Bonner) del Arte luliano, por lo tanto hay nueve dignitates en lugar de las dieciséis de la etapa cuaternaria.
7 Enlaza con el Liber de chaos, donde Llull expone sus doctrinas físicas.
8 “se inclinan y se amoldan a las condiciones de las sustancias naturales”.

El Arbre de ciència, así como el Libre merevelles, presuponen la cadena de los seres o los nueve sujetos. Sin embargo, en el Arbre de ciència, el árbol elemental no parece ser uno de estos nueve sujetos sino más bien el mecanismo de toda la creación perteneciente al mundo sublunar en tanto que está formada por los cuatro elementos como cualidades apropiadas (y por las Dignitates Dei como cualidades propias)9. Esto demuestra hasta que punto es importante la teoría elemental en Llull, no sólo con vistas a la astronomia sino también al Arte. Esta importancia ya la advirtieron Francis Yates10 y Robert D.F. Pring-Mill posteriormente. Ambos mantenían la hipótesis según la cual el Arte cuaternario se sostenía sobre la base cuaternaria de los elementos.

9 De ser cierta esta hipótesis, lo seria sólo en el caso del Arbre de ciència, pues más tarde (por ejemplo en el De ascensu et descensu intellectus) Llull explicita que los elementos se encuentran inmediatamente debajo de la esfera de la luna, con lo que constituyen claramente un eslabón más de la escala del ser.

10 En este artículo, la autora plantea una cuestión que será resuelta en un artículo posterior titulado Ramón Llull y Juan Escoto Eriúgena, que también está, como el anterior citado, incluído en el libro Yates, F. (1985) Assaigs sobre Ramon Llull, Barcelona, Empúries. Dicha cuestión es: ¿cuál es la conexión ente BCDEFGHIK, las dignitates, y ABCD, los elementos? Para responder a esto Yates recurre a Escoto de Eriúgena, quien cree que tuvo alguna influencia sobre Llull. Por mi parte creo que Llull no tuvo ninguna influencia del Eriúgena, como ya demostré en mi artículo Sobre la imposibilidad que Ramon Llull haya tenido influencia de Juan Escoto Eriúgena. Cierto es que todo lo creado en el mundo sublunar está formado por los cuatro elementos como cualidades apropiadas y por las dignitates como cualidades propias. La pregunta de Yates puede responderse diciendo que dicha influencia se explica mediante la doctrina emanatista que la tradición agustiniana recogió de los neoplatónicos. Es decir, los sujetos superiores influyen en los inferiores. Así, los atributos de Dios influyen sobre todos los sujetos de la escala del ser, incluso sobre los ángeles. Los elementos no, ya que por encima de ellos están los ángeles y el cielo, y más por encima, Dios. Por eso creo que el árbol elemental o el sujeto elementativa, al menos en Arbre de ciència, expresa el mecanismo de la creación que existe en el mundo sublunar debajo de los ángeles más que ser un sujeto más de la scala naturae. Y, a propósito del Arbre de ciència, podemos ver representado este emanacionismo luliano cuando nos damos cuenta de que los árboles se van presuponiendo los unos a los otros hasta el momento que dejan de ser expresión de un sujeto del mundo sublunar; así, el árbol vegetal presupone el elemental, el sensual presupone el elemental y el vegetal, etc.

Veamos ahora el árbol celestial, tal como es desplegado en el Arbre de ciência, que según los hermanos Carreras i Artau, es, en cierto modo, la continuación del árbol elemental11. Raíces: son los atributos de Dios y los principios relativos, presentes en la quinta esencia y en los cuatro elementos. Tronco: es la confusión de las raíces y el alma motriz. Ramas: son los doce signos del zodíaco los cuales responden a las ramas del árbol elemental, de modo que tres de cada uno de los doce signos pertenecen a un elemento: al aire le corresponden aries, taurus y géminis; al fuego, cáncer, leo y virgo; a la tierra, libra, escorpión y sagitario; al agua, capricornio, acuario y piscis. Ahí vuelve Llull a insistir en el error que comenten los astrónomos al decir que los signos y los planetas influyen en el alma humana:

“E per açò fan mal los astrolomians com tant se confisen en lo judici de les impremsions dels corses dessús fetes cajús, qui enaixi poden ésser destrdides sobre cors d’aquelles impremsions per Déu o per la voluntat franca de l’home, segons l’arbre oral, aixi com l’home pot destrovir les letres impremtes en la cera per I o grafi o per lo segell”12.

11 Véase la nota 88 de la edición citada. Aceptar que el árbol celestial, es la continuación del árbol elemental significa rechazar la hipótesis según la cual el árbol elemental refleja el mecanismo de la creación sublunar, puesto que presupondría decir que es uno de los nueve sujetos, situado debajo del sujeto cielo. No obstante, no rechazo la hipótesis de los hermanos Carreras i Artau ya que se puede interpretar diciendo que ambos árboles se presuponen mutuamente.

12 “Por eso se equivocan los astrónomos cuando se confían al juicio de las impresiones que los cuerpos superiores hacen en los inferiores, pues éstas pueden ser destruidas por las impresiones de Dios o por el libre albedrío del hombre según el árbol oral, así como el hombre puede destruir las letras impresas en la cera con una pluma o con un sello”.

Ramos: son los siete planetas, que según los filásofos13, cada uno de ellos tiene diversas propiedades que veremos más adelante cuando hablemos del Tractatus novus de astronomia. Hojas: 1) cantidad continua y discreta según el círculo, el cuadrado y el triángulo; 2) cualidades propias (el sol es bueno) y apropiadas (al sol le corresponde el calor, a la luna la frialdad); 3) relación: el sol es bondad y tiene bonificativo, bonificable y bonificar: he aqui reflejada la doctrina de los correlativos, con la que Llull explica cómo los accidentes superiores influyen en los inferiores:

“E en aquest pas pot hom conèixer la manera segons la qual los accidents dessús empremen lurs semblances en los accidents çajús, a la qual entenció és estrument lo moviment del firmament e de ses parts, qui és major lassús que çajús, per raó de la qual majoritat se fan les impremsions çajús per les dessús”14;

13 Cuando Llull habla de astronomía siempre remite a los astrónomos o a los filósofos de su época o de la antigüedad, aunque no cita a nadie en concreto. Llull es consciente de que su astronomía es la aceptada en su época. Sólo habla por cuenta propia cuando aplica su Arte a esta ciencia o cuando critica supuestos aceptados.

14 “Por este paso es posible conocer la manera según la cual los accidentes de arriba imprimen sus semejanzas en los de abajo, y a tal intención es instrumento el movimiento del firmamento y de sus partes, que es mayor arriba que abajo, por cuya mayoridad se hacen las impresiones abajo por las de arriba”. Con ello Llull también explica que la trinidad se refleja en cada elemento de la escala de los seres.

4) acción y pasión: los planetas reciben pasiones de arriba; una vez más, Llull insiste en que los planetas influyen en los fenómenos naturales pero no en las acciones libres de los hombres; 5) hábito: los cuerpos celestes operan de un modo u otro en función de sus cualidades particulares; así, el sol por su sequedad seca el barro y la cera; 6) la situación está significada según la cantidad de los cuerpos celestes y de sus raíces, troncos, ramas, ramos, hojas, flores y frutos; 7) tiempo: el árbol celestial tiene movimiento circular, por lo que no tiene comienzo ni fin15; 8) lugar: el firmamento está en sí mismo, nada hay fuera de él y no es infinito16, es decir, termina en la esfera de las fijas, más allá de la cual hay el paraíso. Flores: son los actos de los signos y de los planetas; por ejemplo, la flor de aries es marte; la flor del sol es el oro, el domingo, etc. Frutos: se entienden según dos maneras: por un lado están los frutos de su naturaleza, que son las cosas movidas; por otro lado están los frutos sobre su naturaleza, es decir, por razón de su fin; si el hombre sirve a Dios, en él se recogen los frutos de los planetas.

15 Llull, siguiendo la tradición aristotélica, relaciona el tiempo con el movimiento.

16 Cabe recordar que Llull está en contra de las posturas aristotélicas y averroístas según las cuales el universo es infinito en tanto que no tiene inicio. Aquí, no obstante, se refiere a que tiene su final en el octavo cielo. Hasta Giordano Bruno (1548-1600) no nos encontramos con que el universo sea infinito tanto em el espacio como en el tiempo.

Vayamos ahora al tratado que Llull dedicó exclusivamente a la astronomía, el Tractatus novus de astronomia, terminado en París el año 1297. El libro consta de cinco partes. La primera, a su vez, se divide en dos partes, una dedicada a los signos y otra a los planetas. En esta primera parte Llull se limita a exponer los conocimientos astronómicos de su época. Los signos, situados en la esfera de las estrellas fijas, tienen distintas caractertsticas: se relacionan con un elemento (por lo que les corresponde uma letra de la figura elemental), son diurnos o nocturnos, masculinos o femeninos, movibles o no movibles y, por último, les corresponde un planeta, una zona del cuerpo y una región. A los planetas, así como a los signos, también se les atribuye una característica. Tienen dos movimientos, el propio, que va de este a oeste, y el apropiado por el movimiento del cielo o esfera de los signos, que va de oeste a este. En esta parte se habla por primera vez de la aplicación del Arte a la astronomía:

“Los astronomians apropian a Seturnus moltes propiatats, sagons as conplacció e sagons la speriència que án agude d’eles, mas no les pròvan. E yo vul parlar de algunes d’eles sagons l’enserquement que fas ab los principis de la mia Art, e parlaré de aquelles propiatats que éls dían e quim paren vares”17.

17 “Los astrónomos apropian a saturno muchas propiedades según su complexión y según la experiencia que tienen de ellas, mas no las prueban. Yo quiero tratar algunas de ellas según la investigación que haré con los principios de mi Arte, y hablaré de aquellas propiedades que ellos dicen y que me parecen verdaderas”.

He aquí las propiedades de los signos y de los planetas, conocimientos populares en la época de Llull:

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En el segundo apartado de la primera parte, Llull quiere probar si lo que se dice tradicionalmente acerca de los signos y de los planetas es cierto según los principios de la Taula general (1293-4, Túnez-Nápoles) y las nueve cuestiones aristotélicas18. En primer lugar tratará de probar qué planeta es más bueno, más grande y cuál tiene mayor virtud a partir de las dignitates. Se trata de hacer una serie de combinaciones binarias con las letras de los planetas, es decir, con A, B, C y D. En segundo lugar, la investigación se hace mediante las nueve preguntas mencionadas: 1) ¿qué?, que responde a la diferencia entre signo y planeta; 2) ¿de qué?, que responde a la materia de la que están hechos los cuerpos celestes, a saber, de forma y materia celestial, substancial, no accidental; 3) ¿por qué?, que responde al motivo de los cuerpos celestes el cual es según causa y efecto, pues causa es el Creador y sus efectos son los cuerpos celestes; según la manera de formalidad, es decir, el cielo formalmente está compuesteo de materia y forma celestiales; y según la manera del fin, pues axí com l’oma qui às per so que membra e antene, am e sservasque Déu19, el cielo y las estrellas están para que puedan existir las substancias inferiores y haya generación, corrupción y privación en el mundo sublunar, así como estaciones, días y horas; 4) cantidad, que responde al número de signos (doce porque hay cuatro estaciones y tres meses, con lo cual se constituye un triángulo y un cuadrado) y de planetas (siete por haber siete días de la semana, por ser la suma de los lados del triángulo y del cuadrado, y para equilibrar sus propiedades); 5) cualidad; en el cielo hay cualidades propias e impropias; como las primeras son los principios absolutos y relativos, Llull habla ahí de todas ellas. De la primera cualidad propia dice:

“Granessa, an quant às un epart del cel e de les astrellas, és callitat pròpia de lors corses dessús, car ella às accident qui ix de lur granessa substancial. E lur granessa substancial mou sa accidental a donar sa semblance sajús, e lla accidental, donant sajús sa senblansa de la cellastial substancial, dóne la sua matexa senblansa accidental”20.

18 Llull las empieza a usar en el Arte precisamente a partir de la Taula general.
19 “así como el hombre fue creado para que recuerde, entienda, ame y sirva a Dios”.
20 “Grandeza, en cuanto es una parte del cielo y de las estrellas, es cualidad propia de los cuerpos superiores, pues ella es accidente que baja de su grandeza substancial. Su grandeza substancial mueve su accidente a dar su semejanza abajo, y la accidental, dando abajo su semejanza de la substancia celestial, da su misma semejanza accidental”.

Vemos, pues, como las cualidades propias provienen de Dios y que influyen sobre todos los cuerpos que, además, tienen cualidades apropiadas gracias a los que hay encima de cada uno de ellos; 6) cuando, refiriéndose al tiempo, que se divide en cuatro partes respondiendo a las cuatro estaciones y éstas a los doce meses, a las cincuenta y cuatro semanas, etc.; 7) lugar, que para Llull es el accidente mediante el cual una substancia contiene a otra substancia en otra parte; como el tiempo, también el lugar es propiedad de sí mismo, pero en tanto que es accidente pertenece a la substancia y a los accidentes de la substancia, pues sin lugar ésta no podría contener a los accidentes; 8) manera, según la cual los cuerpos celestes obran abajo conforme a su naturaleza,

“e ab aquella manera a influir semblances de lurs natures sajús, e los corsses sajús sagons maneras de lurs natures reeben semblasses de la manera dessús”21;

21 “y de aquella manera influyen las semejanzas de sus naturalezas abajo, y los cuerpos inferiores, según los modos de sus naturalezas, reciben semejanzas según la manera de arriba”.

9) instrumentalidad: el instrumento es lo que hace que lo agente tenga acción y lo paciente pasión:

“E per aysó dían los astronomians que los astruments desús són los actus e les obras de los signes e dels planetas, e que .a.b.c.d. són lurs astruments, ab què obran sajús. Callor às astrument del foc a esclafar e astrument de calor (…)”22.

22 “Por eso dicen los astrónomos que los instrumentos superiores son los actos y las obras de los signos y de los planetas, y que ABCD son sus instrumentos, con los que obran abajo. Calor es instrumento del fuego para calentar y es instrumento del calor (…).

Esta primera parte del tratado se cierra con el alma celeste. El cielo tiene alma que es causa del alma vegetativa y del alma sensitiva. Mas no tiene alma vegetativa ni sensitiva habida cuenta que en él no hay ni generación ni corrupción, no hay apetito y no hay movimientos voluntarios propios del alma racional (recordar, entender y amar a Dios). ¿Cuál es el alma del cielo? Llull, siguiendo la tradición aristotélica, dice que es el alma motriz circular porque que en el cielo sólo existe este movimiento.

“Lo cel mou si matex de lavant a ponent ab sa forme motiva naturalment, e mou lo Sol e les altras planetes de ponent a orient. So lo cel fer no poria si Ila sua ànima no era forme motiva”23.

23 “El cielo mueve a sí mismo de levante a poniente de forma natural con su forma motiva, y mueve el sol y los demás planetas de poniente a oriente. Mas el cielo no podría hacer esto si su alma no fuere motiva”.

El cielo es el sujeto de su propio movimiento, que ni está sometido a ninguna división temporal y ni tiene comienzo, medio o fin. Al cielo Dios le dio la virtud de moverse en el momento de crearlo, es decir, no es movido por un Motor Inmóvil. Ese Motor Inmóvil, que sería Dios, ya no está en contacto con la esfera de las fijas24. Además, en el cielo no hay nada que no se mueva, nada que no sea movido y nada que no mueva a otra cosa. De no ser así, el movimiento circular sería discontinuo, lo cual es imposible. El apetito del cielo es el movimiento circular,

“e lo ceu rapós ás moura si matex sens ubi e ssentra; e per aysò cové que la sua ànima sia forme motive quis move per si matexa en ci matexa circullarment sens sucsació, instant e moviment de j. loc an altra dins son sobject, qui às lo cors del cel, lo qual mou sircullarment”25.

24 En este sentido, dice Llull en De ascensu et descensu intellectus: “Et ideo cognoscit, quod caelum mouet semetipsum circulariter et naturaliter; quia si non, non causaret effectiue motus in inferious naturales, eo quia motum non haberet naturealem”.

25 “y su reposo es moverse a sí mismo sin lugar ni centro, por eso conviene que su alma sea forma motriz que se mueve por sí misma y en sí misma circularmente, sin sucesión, instante o movimiento, de un lugar a otro dentro de su sujeto, que es el corazón del cielo, que mueve circularmente”.

Llull dedica la segunda parte del tratado a la figura de la astronomía, parecida a la cuarta figura del Ars generalis ultima o del Ars brevis porque consta de una serie de círculos concéntricos, los cuales rotan todos excepto el más externo, que es fijo. La figura tiene ocho círculos. En el más extenso están los doce signos del zodíaco. En cada uno de los restantes están los siete planetas. Con esa figura se pueden emitir juicios mediante la conjunción los planetas y los signos. Por ejemplo, un juicio sería poner a júpiter encima de saturno y éste debajo de aries. Están también los sujetos de los juicios, divididos en fortuna o infortunio, que no se convienen con la libertad del alma humana. En función de los juicios hechos con la figura, éstos pueden ser afortunados o no. Mas el alma humana puede hacer caso omiso de las predicciones. Su voluntad no está sujeta a ellas.

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En la cuestión cuarenta y nueve de la quinta parte, Llull plantea la utilidad de esta figura: 1) sirve para conocer cómo se conjuntan los planetas estando bajo una constelación u otra; 2) sirve para hacer figuras de las constelaciones; 3) sirve para conocer las consideraciones de las situaciones de los movimientos superiores.

La tercera parte, que parece ser una explicación detallada de la figura, se divide en dos: por una parte las conjunciones entre planetas y signos; por otra las consideraciones entre las mismas. Por lo que refiere a las conjunciones, Llull Ileva a cabo ahí una serie de combinaciones entre los signos y los planetas. Se trata de combinar un signo con el primer planeta, luego con el primero y el segundo y así sucesivamente hasta la luna. Luego se combina este mismo signo con el segundo planeta, con el segundo y el tercero, etc. hasta la luna. Esta operación se debe Ilevar a cabo con todos los signos, pero en el tratado sólo aparecen aries, tauro, géminis y cáncer:

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Tras todo ello vienen las consideraciones de las conjunciones entre los planetas y los signos, esto es, si un planeta permanece en una constelación, otro en otra, y así sucesivamente, habiendo una constelación principal, por ejemplo aries, todos los planetas se considerarán de una manera determinada e influirán de una manera determinada en un hombre que haya nacido bajo la constelación de aries.

Las críticas que Llull lleva a cabo contra los astrónomos ocupan la cuarta parte del tratado. Los astrónomos, según Llull, y no han dado razones necesarias ni tienen principios necesarios y generales27; 2) no han diferenciado entre cualidades propias e impropias28; 3) no se han percatado de que los planetas tienen propiedades primeras (Bondad, Grandeza…); 4) consideran una gran intensidad de instantes, poniendo treinta grados a cada signo para poder saber los movimientos de las fortunas y de las influencias; 5) no han conocido el alma del cielo, es decir, la potencia motriz (gracias a la cual existe movimiento en las partes inferiores), por lo que, ichnorade aquella subirane ànima motive són ichnorats los seus efectus (…)29; 6) no han demostrado porqué han atribuido los signos A a géminis, B a aries y C a tauro, con lo cual han errado poniendo C, que es contraria a A, a abril, a quien le corresponde la A; 7) no buscan las causas, sino que hacen uso de la experiência que falla en los juicios30. Pero los peores errores no son estos; son, en primer lugar, haber creído que Dios no tiene poder sobre los planetas, con lo que han hecho de la astronomía una ciencia necesaria cuando en realidad para Llull no lo es. Esto nos hace pensar que a él no le interesa la astronomía como ciencia en sí misma que puede predecir futuros o saber cuáles son las conjunciones favorables para los hombres, sino como ciencia que le permite estudiar a uno de los nueve sujetos -el sujeto coelum– siendo uno más de la creación divina, pues

“Déus ás prima cause dels signes e de les planetas simplament et obsoluta et de tot so qui ás sajús, car tot ás son afectu et sa creatura, e tot ás per Déu conservat et causat”31.

27 Llull aquí debe referirse a principios tales como las dignitates, que no son demostrables sino motivo de creencia. Como sabemos, el fundamento del Arte y del pensamiento luliano, son las dignitates, fundamento no racional.
28 Si, según Llull, los astrónomos no han partido de las dignitates, que son Dios mismo, no han tenido la necesidad de hacer tal distinción, pues los atributos están reflejados en todas las fases de la creación, en todos los sujetos de la escala naturae, como cualidades propias. Si Llull presupone dichos atributos, presupone también dos cosas, entre otras muchas: a) la cadena de los seres, la escalera del ser, la scala naturae, los nueve sujetos (Ilámese como se quiera); b) un emanacionismo más o menos de corte neoplatónico. Que Llull hubiese aceptado esto, puede significar que su doctrina es un tanto retrógrada: en su época todo esto se había abandonado, al menos en el terreno de la filosofía. Pero también puede significar que Llull recicló estas doctrinas porque le iban mejor para construir su Arte.
29 “ignorada aquella soberana alma movible, son ignorados sus efectos (…).
30 Poco antes que Llull, Robert Grosseteste (1175-1253) y Roger Bacon (ca.1210/1214-?) consideraron la experiencia como fuente del saber científico. Llull, en este punto, o se muestra retrógrado o está en contra de la experiencia por simple posición doctrinal. De hecho, siendo fiel a sus doctrinas, es coherente al ser reacio a considerar la experiencia como algo válido para el conocimiento: el entendimiento, en tanto que potencia del alma, es superior a los sentidos externos (que generan la experiencia) y al sentido interno o imaginativa.
31 “Dios es la primera causa de los signos y de los planetas simple y absolutamente, y de todo lo que hay debajo de Él, pues todo lo que es, es efecto de El y su criatura; además, todo es conservado y creado por Dios”.

Por ello la astronomía no puede ser una ciencia necesaria. Si lo fuera, Dios no tendría poder sobre los cuerpos celestes. En segundo lugar, los astrónomos niegan la voluntad de los hombres al pretender que los cuerpos del cielo influyen en las almas de éstos. Un hombre puede estar en pecado bajo tal o cual constelación, pero puede confesarse por tener su alma libre albedrío.

“Esta es, la gran y cristiana enmienda que Llull hace en su nova astronomia, aparte de las más leves objeciones que hace fundándose en las leyes de combinatoria de su Arte General“.

La quinta y última parte está dedicada a las cuestiones, que pueden ser de tres tipos, a saber, con solución sin más, con solución referenciada (remiten a alguna parte del tratado), y con solución propia (por ejemplo, tiene solución propia la cuestión acerca de la utilidad de la figura de la astronomía).

Veamos ahora qué papel ocupa el sujeto cielo en el Art breu (1308, Pisa) para concluir diciendo que en Llull la astronomía no es una ciencia que merezca respeto por ser necesaria y por tener principios que le vengan dados por cuenta propia, sino que le sirve para tratar uno de los nueve sujetos, convertidos, dentro de la estructura del Arte (en concreto del Arte terciario), en elementos necesarios y alcanzar así una ciencia universal, un mecanismo que pueda aplicarse a cualquier elemento de la realidad que define y jerarquiza la escala de los seres. En primer lugar, veamos el alfabeto del Art breu para ver el lugar que ocupa el sujeto cielo:

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El Ars brevis contiene, además de la del alfabeto, doce partes más, es decir, en total trece: 1) alfabeto, 2) figuras, que son cuatro: la figura A de los principios absolutos, la figura T de los principios relativos, la tercera figura compuesta de la primera y de la segunda, y la cuarta figura, que permite combinaciones ternarias; 3) principios o definiciones de los dieciocho principios; 4) reglas; 5) tabla, debida a las combinaciones de la cuarta figura; 6) evacuación de la tercera figura, es decir, combinaciones de dos letras sacando doce proposiciones de cada una; 7) multiplicación de la cuarta figura, esto es, hacer cámaras mediante la cuarta figura; 8) mezcla de principios y reglas; 9) los nueve sujetos (Dios, ángel, cielo, hombre, imaginativa, sensitiva, vegetativa, elementativa e instrumentativa); 10) aplicación según tres modos: cómo es aplicada la cosa implitica a la explícita (si Dios es o no es), cómo lo abstracto es aplicado a lo concreto (la bondad a lo bueno) y cómo la cuestión es aplicada a las trece partes de este Arte, que son, a saber, primera, segunda, tercera y cuarta figura, definiciones, reglas, tabla, evacuación de la tercera figura, multiplicación de la cuarta figura, mezcla de principios y reglas, los nueve sujetos, las cien formas32 y las cuestiones; 11) cuestiones, según las partes del libro; 12) habituación según tres modos: según las trece partes del Arte, según el proceso del mismo y según la multiplicación de las cuestiones y las soluciones a una misma conclusión; 13) manera de enseñar el arte. El funcionamiento de todo este mecanismo consiste en hacer discurrir cualquier elemento por los principios, la Figura T y las reglas, haciendo combinaciones (fer cambres) para encontrar lo que Llull llama el término medio.

32 Éstas corresponden a las ideas platónicas. Las que Llull presenta en Art breu y en Ars generalis ultima (1305-1307, Lion-Pisa) son distintas a las de Arbre de ciència. Éstas, a su vez, difieren de las de Logica nova (1303, Génova).

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Pues bien, uno de los nueve sujetos es el sujeto coelum, el cual tiene que discurrir por los principios y las reglas para poder responder a cualquier pregunta que de él se quiera formular. Vale la pena reproducir integramente lo que Llull dice acerca del sujeto coelum en el Art breu:

“Lo cel ha natural bonesa, granesa, duració, etc. E és definti així: lo cel és primera substáncia movibla.

En ell no és contrarietat, car no és compost de principis contraris. Car en ell són instinct e apetit naturals, e per consegüent moviment, seus lo qual no poria haver natura e instinct e apetit.

Emperò eu ell és principi, car és eficient en les coses jussanes; e encara és constitüit de la sua forma e matèria específics, per ço que obre per la sua espècie.

Lo seu moviment és a ell fi e repós.

Lo cel és en son loc, així com lo cors en la sua superficie. Encara és en temps, car ell és nou. E és així mateix en temps, així com eficient en son efectu. E així dels altres seus accidents en sa manera”33.

33 “El cielo tienen natural bondad, grandeza, duración, etc. y es definido así: el cielo es la primera substancia movible. En él no hay contrariedad, pues no está compuesto de princípios contrarios. En él hay instintos y apetitos naturales, por consiguiente, hay movimiento, sin el cual no podría haber naturaleza, instinto y apetito. Sin embargo, en él hay principio, pues es causa eficiente en las cosas de abajo: además, está constituido de su forma y de su materia específicos, por ello obra debido a su especie. Su movimiento es, respecto a él mismo, fin y reposo. El cielo está en su lugar, así como los cuerpos están en su superficie. Está en el tiempo ya que se mueve. Así, está en el tiempo siendo, además, eficiente en su efecto, así como de sus otros accidentes en su manera”.

El cielo tiene, como cualidades propias, las dignitates procedentes de Dios, y es la primera sustancia movida (en esto Llull participa de las concepciones astronómicas de su época, que fundamentalmente son ptolemaico-aristotélicas). En el cielo no hay contrariedad, por lo que no se le podrá aplicar este principio relativo. Es principio en la medida que influye en los cuerpos inferiores respecto a él. Su movimiento siempre es en relación a él, es decir, es un movimiento infinito (jamás se detiene) y circular. El cielo tiene como principio y fin este movimiento circular. El cielo está en su lugar, en sí mismo es el lugar de todo; los cuerpos celestes están en su superfície conteniéndolos. Y como que se mueve, está sometido al tiempo, pues la concepción luliana del tiempo, al menos aplicado al terreno de la astronomía, es la misma que la aristotélica: el tiempo está relacionado con el movimiento, de manera que lo que está en movimiento se mueve en el tiempo.

Vemos que lo que aquí nos dice Llull sobre el cielo, no difiere demasiado de lo que nos dice en el Tractatus. Esto, expuesto de una manera más extensa en el Ars generalis ultima, es algo que el artista debe presuponer al manejar el mecanismo del Arte. El sujeto coelum es, dentro de la maquinaria de esta última versión del Ars Magna, una herramienta más, una pieza más de todo el engranaje. Una pieza distinta, por supuesto, a la figura A o de las dignitates; distinta, también, a las figuras relacionales del Ars compendiosa inveniendi veritatem (ca. 1274, Mallorca) y del Art demostrativa (1282, Montpellier) -las dos versiones del Arte cuatemario-, estas son, la Figura S y la Figura T. Para Llull la astronomía es, en la época terciaria del Arte, una herramienta o pieza más incorporada en sus mecanismos, a la que le aplica, a su vez, este mecanismo artístico. Ahora entendemos porqué no es una ciencia necesaria; entendemos que lo único que ofrece es ciencia infusa. Por lo tanto, no merece situarse en un estatuto elevado por el hecho de que los cuerpos celestes influyen en el alma humana. La astronomía luliana apunta a uno de los sujetos de la scala naturae al que se le aplica el Arte y que debe formar parte del mismo para que cumpla su fin: conocer la verdad acerca de cualquier estrato de la realidad. Para que el Arte sea una ciencia universal que en última instancia persigue una sola cosa: que todo hombre Ileve a cabo el fin para el que ha sido creado, este es, recordar, conocer y amar a Dios.

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Ars Combinatoria

Bibliografía

Fuentes

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LLULL, R.; Art breu, en BONNER, A. (ed.) (1989) Obres selectes de Ramon Llull. Palma, Moll, 1ª ed., 2 vols.

LLULL, R.; De ascensu et descensu intellectus, en LLULL; R. (1981) Raimundi Lulli Opera latina. Brepols, Turnholti typographi Brepols Editores Pontificii, 1ª ed., 20 vols.

LLULL, R.; Tractat d’Estronomia, en V.V.A.A. (1981) Textos y estudios sobre astronomía española en el siglo XIII (Ed. Juan Vernet). Barcelona, Facultad de Filosofía y Letras UAB, 1ª ed.

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Astrologia Medieval

Bibliogafía secundaria

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EGEA I GER, M. (1999) “Sobre la imposibilidad que Ramon Llull haya tenido influencias de Juan Escoto Eriúgena”. Revista agustiniana, 122, 533-546.

MILLÁS-VALLICROSA, J.M’ (1962) “El tractatus novus de astronomia de Ramon Llull”. Estudios lulianos, 6(3), 257-273.

PEREIRA, M. (1973) “Sulle opere scientifiche de Raimondo Lullo. I- La nuova stronomia”. Physis, 15, 40 y ss.

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YATES, F. (1959) “La teoría luliana de los elementos”. Estudios lulianos 9(3), 237-250.

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Wheel of Fortune in the idea of the filosopher Ramon Llull.

Notas Sobre la Astronomía y la Astrología de Llull

Julio Samsó

(Universidad de Barcelona)

1. Generalidades

Las ideas astronómicas de Ramón Llull han sido objeto de un cierto número de trabajos durante los últimos treinta años. De entre ellos destacaré los artículos publicados por Vernet (1951-52 y 1979), la edición y estudio de la Nova Geometria, que contiene numerosos pasajes de interés astronómico, por Millás (1953), el importantísimo estudio de Yates (1954) y otros trabajos debidos a Millás (1962) y Pereira (1973 y 1976). Ahora bien, no disponíamos hasta hace muy poco de una edición de ninguna de las dos versiones conservadas (latina y catalana) del Tractat d’Astronomia que hoy podemos leer en el texto preparado por Jordi Gayá, con la colaboracion de Lola Badia (1981). Logicamente esta publicacion viene a facilitar enormemente la tarea tanto de los interesados por las ideas lulianas como de los estudiosos de la historia de la astronomia y así vemos que tanto Gaya como, muy recientemente, Bonner (1983) han hecho aportaciones al tema del lugar que ocupa el Tractat dentro del conjunto de la obra luliana. Ahora bien si cualquier pensador -y eso es particularmente cierto en el caso de Llull- puede ser objeto de múltiples lecturas, quizás no resulta inútil el que, siguiendo las huellas de mis maestros Millas y Vernet, intente hacer algunas consideraciones sobre el Tractat (y sobre algún otro texto luliano) desde el punto de vista de un historiador de la astronomia. Pretendo suavizar, en la medida de lo posible, dos afirmaciones muy provocativas de Jordi Gayá, refiriéndose al Tractat: “amb prou feines trobarem una observacio que ens posi en contacte amb els extensos coneixements sobre la materia que es tenien a l’època” y “L’historiador de la ciència, cn qualsevol cas, no trobarà en els textos lullians massa materials per a l’especulació”.

2. La importancia de la “devictio” para el análisis de un horóscopo

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En el siglo XIII hispano predominaba, sin duda, la astrología árabe que puede considerarse un desarrollo de la astrología helenística pero que tiene, asimismo, un indudable carácter sincrético: desarrolla, por ejemplo, el sistema de las doce casas, mientras Ptolomeo solo consideraba importantes las cuatro cúspides o casas cardinales; adopta las dos doctrinas helenísticas rivales de los domicílios y las exaltaciones planetarias; finalmente desarrolla el número de puntos sensibles en la esfera celeste: mientras Ptolomeo sólo consideraba la posición de los siete planetas y la pars Fortunae, el gran astrónomo oriental al-Birúni menciona noventa y siete partes o puntos que el astrólogo puede tomar en consideracion de acuerdo con la opinion dc Albumasar. Consecuencia de ello es que, en el siglo XIII, por una parte se ha resuelto el problema técnico-matemático del levantamiento de un horóscopo: determinar el ascendente y dividir las casas son tareas que se realizan, fácilmente, utilizando el computador analógico mas usual en la Edad Media, el astrolabio; además, desde el siglo XI se dispone de almanaques perpetuos y ecuatorios que permiten determinar facilmente las posiciones planetarias sin necesidad de recurrir a los engorrosos cálculos que exigia el uso de unas tablas astronómicas. Dados los medios de que se disponia, dos astrólogos que levantaran el mismo horóscopo de manera independiente pero utilizando los mismos medios, obtendrían exactamente los mismos resultados matematicos.

Ahora bien, un horoscopo no es más que una representación simbólica de la posición de los planetas en el horizonte de un lugar en un momento dado y levantarlo, en el siglo XIII, no es más que el resultado de una labor mecânica relativamente sencilla que no exige una excesiva preparación astronómica. Interpretarlo, en cambio, con el fin de sacar las conclusiones pertinentes que afecten a la vida de un individuo o de una comunidad, encierra una evidente dificultad dada la multitud de variables a tener en cuenta y a valorar. Salvando las diferencias, me atreveria a comparar el levantar un horóscopo con el hacer una radiografía para lo cual no es imprescindible la presencia de un radiólogo experimentado. El radiólogo, como el astrólogo, intervienen fundamentalmente a la hora de interpretar la radiografía, o el horóscopo, y de emitir un dictamen para el cual habrán debido tomar en consideración todas las variables posibles valorando unas por encima o por debajo de otras.

La astrología greco-arabe esta representada, en la Espana del siglo XIII, por el Libro conplido en los iudizios de las estrellas de Aly Aben Ragel, traducido al castellano por orden de Alfonso X. Ahora bien, en la corte del rey Alfonso sucede algo curioso: un monarca cuyo círculo de colaboradores conoce perfectamente la mayor parte de las obras astrológicas árabes de alto nivel técnico que habían alcanzado el Occidente Musulmán, ordena asimismo traducir una obra astrológica mucho más elemental y primitiva. Me refiero al Libro de las Cruzes, traducción castellana de un original árabe elaborado en el siglo XI sobre la base de un poema astrológico, también árabe que remontaria al ano 800, aproximadamente, el cual, a su vez, seria posiblemente la traducción de un texto astrológico bajolatino en uso en la España Visigoda y el Norte de Africa antes del 711. Sólo puedo encontrar una explicación a esta incoherencia aparente: el Libro de las Cruzes simplifica extraordinariamente la tarea de levantar y, sobre todo, de interpretar un horóscopo. Se basa, fundamentalmente, en el análisis de las posiciones que ocupan los dos máximos planetas (Júpiter y Saturno) en las cuatro triplicidades (de aire, agua, tierra y fuego). Estas posiciones se computaban, posiblemente, en función de los movimientos medios planetarios (no de sus movimientos verdaderos) y no se exigia una aproximación mayor de un signo zodiacal (lo que implica tolerar un error que podia alcanzar hasta treinta grados). Con estos presupuestos, el Libro de las Cruzes desarrolla, posiblemente de manera mecánica, una combinatoria en la que aparecen todos los casos posibles com su interpretación correspondiente. Nos encontramos, pues, frente al “vademecum del perfecto astrológo” o bien al “Aprenda Vd. Astrologia en quince dias”.

Creo que el Tractat d’Astronomia responde al mismo planteamiento del Libro de las Cruzes, traducción terminada el 26 de Febrero de 1259, treinta y ocho anos antes de que Llull terminara su obra en París, en Octubre de 1297. No pretendo, en modo alguno, sugerir una influencia alfonsí, ya que ambas obras son tecnicamente muy distintas, sino apuntar a soluciones similares del mismo problema en dos obras que no se encuentran, cronologicamente, muy alejadas la una de la otra.

El sistema astrológico expuesto por LIull en el Tractat resulta extraordinariamente simple. El autor no parece considerar para nada ni el ascendente ni la posicion de las casas: de hecho las casas se identifican, para Llull, com los signos zodiacales, algo que, en cierto modo, sucede también en el Libro de las Cruzes. Consideremos un solo pasaje del texto catalán:

“Lo cel, on són les stellas ficxes, àn los astronomians departit en XII parts, e cascuna part apellan cassa. E aquella cassa apéllan signe, so às, sayal de aquella part del cel. E lo signe és asayalat per les stales qui stan en aquélla casse”.

(Gayá-Babia)

Su sistema se basa, en cambio, en la correspondencia tradicional entre los signos zodiacales y las cuatro triplicidades, a las que atribuye una de las cuatro Ietras A, B, C, D:

B – Fuego: Aries, Leo, Sagitario.
C – Tierra: Tauro, Virgo, Capricornio.
A – Aire: Geminis, Libra, Acuario.
D – Agua: Cáncer, Scorpio, Piscis.

Conviene señalar que este sistema de correspondencias se establece en la descripción de las características de los signos zodiacales que aparece al principio del Tractat y que en ella hay un error manifiesto: C (Tierra) solo tiene dos signos, que son Tauro y Virgo, mientras que D (Agua) tiene cuatro (Cancer, Scorpio, Capricornio y Piscis). En la figura giratoria que acompana al Tractat en el manuscrito Add. 16434 del British Museum, a Capricornio se le atribuye correctamente la naturaleza C y no D.

Un segundo sistema de correspondencias, también tradicional, es el que establece las naturalezas de los planetas. Puede verse facilmente que el esquema luliano deriva de Ptolomeo com ciertas supresiones debidas a la necesidad de atribuir a cada planeta una sola naturaleza:

B – Fuego: Marte y Sol (falta Júpiter)
C – Tierra: Saturno (falta Venus y Luna)
A – Aire: Júpiter y Mercurio (falta Saturno)
D – Agua: Luna y Venus (falta Marte)

He establecido la tabla anterior siguiendo, fundamentalmente, la figura giratoria que acompaña el manuscrito catalán y la observacion de Llull de que Mercurio es de naturaleza de aire. No obstante, el mismo texto de Llull establece tambien el caracter ambiguo de la naturaleza de Mercurio, razon por la cual Yates, en su reconstrucción de la mencionada figura giratoria le atribuye cuatro posibles naturalezas: ABCD.

Directamente relacionado con lo anterior es el sistema de los domicílios planetarios, signos zodiacales en los que cada planeta alcanza su máxima influencia. El texto de Llull repite dos veces la lista de domicilios, al tratar de los signos zodiacales y al estudiar los planetas. Doy, a continuación, la lista de domicilios siguiendo el mismo orden de las cuatro triplicidades, para que puedan apreciarse claramente las coincidências con el sistema de naturalezas de los planetas que acabo de exponer:

B – Aries (Marte), Leo (Sol), Sagitario (Júpiter)
C – Tauro (Venus), Virgo (Mercúrio), Capricornio (Saturno)
A – Geminis (Mcrcurio), Libra (Venus), Acuario (Saturno)
D – Cáncer (Luna), Scorpio (Marte), Piscis (Júpiter)

Conviene indicar, en relacion con la lista de domicilios que el Tractat editado afirma, erróneamente, que Scorpio es el domicilio de Saturno al tratar de los signos zodiacales. Este error se corrige cuando el texto nos habla de Marte y nos dice que “às sanyor d’Àrias e d’Ascorpió”. Asimismo, al tratar sobre Saturno, se menciona, correctamente, que sus domicilios son Capricornio y Acuario.

Establecidas las bases anteriores solo me queda mencionar, de pasada, la distinción entre cualidades propias y apropiadas y el principio dc la devictio (vensiment), para obtener un sistema absolutamente preciso que nos permite analizar un horóscopo. Creo innecesario explicar aqui en qué consisten las cualidades propias y apropiadas de los cuatro elementos asi como la devictio, por tratarse de ideas sobradamente conocidas por los estudiosos de Llull que aparecen en gran número de obras del maestro mallorquin. Solo quisiera señalar que, si bien Yates establece claramente el origen aristotélico de la noción de cualidades propias y apropiadas y el hecho de que en la obra de S. Buenaventura se encuentra el germen de la devictio luliana, no conozco ningún antecedente del uso de concepciones similares en el analisis de un horóscopo. Se justifica, pues, el que Llull se considere original frente a los antiguos astrónomos que no aplicaban el metodo ABCD basado en las reglas de la devictio.

Veamos, ahora, un ejemplo simple de horoscopo interpretado por Llull. Se produce una conjunción de Júpiter, Marte, Sol y Venus en Aries. Tanto el signo Aries como Marte y el Sol son de naturaleza de fuego (B), mientras Júpiter es de naturaleza de aire (A) y Venus es de naturaleza de agua (D). Las naturalezas B son cálidas (cualidad propia) y secas (cualidad apropiada), mientras que las A son húmedas (c. propia) y cálidas y las D son frias (c. propia) y húmedas. Tenemos, pues:

– 4 cualidades cálidas
– 3 cualidades secas
– 2 cualidades húmedas
– 1 cualidad fría

Vistos de este modo los datos del problema, Llull debe plantearse qué influencia predominará en el horóscopo: la de Júpiter y Venus, que son planetas benéficos o la de Marte que es maléfico, dado el carácter ambiguo de la influencia del sol. A primera vista, el horóscopo parece claramente favorable a Marte dado el predominio de las naturalezas B. No obstante hay que tener en cuenta una cierta influencia de Júpiter que se ve favorecido por la presencia de cuatro cualidades cálidas, que es la cualidad apropiada del planeta, mientras que la humedad es su cualidad propia y se ve contrarrestada por la presencia de tres cualidades secas. La influencia de Venus es mucho menor ya que sólo se ve favorecida por la presencia de dos humedades (su cualidad apropiada), y en cambio el planeta se ve infortunado por cuatro calores (el frio es su cualidad propia). En conjunto, pues, se justifica el veredicto final de Llull según el cual “lla costil.lacio às més malle que bone”.

Puede, pues, observarse fácilmente que Llull intenta establecer unas reglas muy simples que permitan reducir el análisis de un horóscopo a algo puramente mecánico. Esto se puede facilitar aún más con el uso del móvil que aparece en el manuscrito del British Museum y que ha sido reproducido y transcrito por Gayá-Badia. Debe señalarse, no obstante, que la mencionada figura no corresponde a la descripción que de ella hace Llull y hay que remitirse a la correctísima reconstrucción de Yates. La figura consta de ocho círculos concentricos en el mayor de los cuales aparecen los doce signos zodiacales con indicacion de su naturaleza (ABCD). Los siete circulos internos son moviles y corresponden a los siete planetas llevando, asimismo, la mención explicita de la naturaleza (ABCD) de cada uno de ellos. Para analizar un horóscopo determinado nos limitaremos a hacer coincidir, girando su circulo, el nombre de un planeta con el del signo zodiacal en el que se encuentra. Obtendremos, asi, rapidamente una configuración gráfica del horóscopo y podremos anotar con facilidad la naturaleza y cualidades predominantes. Sospecho que a uma figura de esta índole alude Llull en su Nova Geometria cuando escribe el capitulo titulado “De figura duodecim signorum”.

Una última observación de carácter general nos permitirá acabar de valorar el interés de la técnica de análisis de un horóscopo dcsarrollada por Llull. Es bien sabido el interés que nuestro autor sentia por la mcdicina astrológica que, en su misma época esta siendo cultivada por Arnau de Vilanova. Yates señalo que algunos pasajes del Tractat muestran que su autor se proponia aplicar el método a la medicina astrológica con el fin de calcular complexiones elementales en el hombre y en las medicinas elaboradas con plantas, en relación a las estrellas. La observación de Yates es absolutamente correcta y el método de Llull ofrece muchas mas posibilidades de las que aparecen explicitamente desarrolladas en el Tractat: en efecto, las cuatro naturalezas básicas simbolizadas en las letras ABCD son aplicables no solo a los cuatro elementos de Empédocles, a los signos zodiacales y a los planetas, sino también a los cuatro humores del cuerpo humano, a un medicamento simple y a un compuesto. Evidentemente, frente a una situación de enfermedad, causada por un desequilibrio humoral, puede calcularse con relativa facilidad la naturaleza y el grado del medicamente a administrar teniendo en cuenta el analisis del horóscopo del paciente: Llull ha concebido un sistema que tiene la obvia ventaja de ser de aplicación universal.

3. Otros tópicos astrológicos

He señalado ya, en el apartado anterior, que la astrología de Llull esta llena de topicos derivados de la astrología tradicional greco-árabe. lnsistiré aqui en esta idea senalando, por ejemplo, que el intento, por parte de nuestro autor, de elaborar una astrología que no contradiga ciertos dogmas como el de la omnipotência divina y el del libre albedrío, no es, desde luego, original y se eneuentra en muchos otros pensadores tanto cristianos como musulmanes y judíos. Asimismo, al describir los signos zodiacales alude a la denominada melotesia zodiacal, es decir a la relación existente entre los signos y las distintas partes del cuerpo humano, desde la cabeza hasta los pies, con las consecuencias que ello tiene para la práctica de sangrias.

Al sugerir, más adelante, los posibles ecos de las ideas de Llull en el Tratado de Astrología atribuido a Enrique de Villena, mencionare ciertos tópicos astrológicos que son comunes al Tractat y al texto del pseudo-Villena. Por el momento me limito a senalar que el Tractat no solo se refiere a los signos sino tambien a los decanos, esto es a las treinta y seis divisiones de diez grados cada una que se encuentran en la Ecliptica de 360°: no obstante Llull solo menciona explicitamente los tres decanos del signo Aries. Asimismo indicaré que el Tractat alude a los “aspectos” a los que denomina cospectu o asguardament en biax, expresión esta última que traduce un término árabe ya que, en esta lengua, el verbo nazara significa tanto “mirar” como “estar en aspecto con”. Los asguardaments en biax o “miradas al bies” debieran ser aspectos distintos de la conjunción o la oposicion, o sea el trígono, la cuadratura y el sextil. No obstante, el apartado que trata de estos aspectos solo menciona explicitamente la oposicion.

De hecho, por mas que el metodo de Llull tiene caracter general y no se indica en el Tractat que sea preciso un tratamiento especifico de los distintos tipos de aspectos, el autor parece interesarse de manera muy especial por el análisis de las conjunciones planetarias. De esta manera dedica un largo aparlado de su obra, al análisis de todas (?) las conjunciones posibles en los cuatro primeros signos zodiacales. En realidad solo analiza 28 conjunciones para cada signo de acuerdo con el esquema siguiente:

tabela samsó

Este esquema se repite para los tres siguientes signos zodiacales y Llull parece creer que desarrolla todos los casos posibles ya que señala que “Cascú signe ab les planetas à en lo sel XXVIII conjuncions e cascune a son judici”.

La afirmación anterior plantea un problema: se ha dicho repetidamente que Llull era capaz de calcular el número de combinaciones de m elementos tomados de n en n aunque no parece estar claro el metodo que utilizaba: simple desarrollo mecânico o algún procedimiento de caracter general. El dato tiene un enorme interés ya que sabemos relativamente poco acerca del cálculo de combinaciones en la Edad Media. Por otra parte, obras astrológicas como el Tractat, que pretenden facilitar al maximo el análisis de un horóscopo, se ven forzadas a desarrollos mecânicos como el que acabamos de ver y que aparecen tambien en el Libro de las Cruzes. Lo curioso es que, en este caso, resulta manifiesto que Llull no ha sido capaz de resolver el problema de calcular el número de conjunciones posibles de los siete planetas en un signo zodiacal. Dejemos, de momento de lado, el hecho de que no hay conjunción cuando un solo planeta se encuentra en un signo y recordemos que la regla para calcular el número de combinaciones de m elementos tomados de n en n es:

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Tendremos, entonces, que para el caso considerado el número de combinaciones posibles seria:

tabela samsó 2

Cabe, por consiguiente, preguntarse si en este caso Llull no ha creido descubrir una ley falsa, de acuerdo con la cual, el número de posibles conjunciones de siete planetas en un signo zodiacal seria de:

7 + 6 + 5 + 4 + 3 + 2+1= 28.

4. Astronomia

Ningún texto astrológico suele estar totalmente ayuno de materiales astronómicos o, de modo más general, de caracter científico, y el Tractat no constituye una excepcion. De este modo vemos en él la aparición de una nueva referencia a la brújula que enriquece las que ya se han señalado en otros textos lulianos. Encontramos también referencias a los periodos sidéreos aproximados de los planetas, formulados de modo muy similar a los que aparecen en los tratados de cómputo contemporáneos. En efecto, podemos extractar los siguicntes datos de la descripción que da el Tractat de los siete planetas:

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De la relación anterior solo conviene subrayar el valor muy aceptable del período lunar y el error manifiesto para los periodos sidéreos de Venus y Mercurio. Este último no deja de ser significativo ya que, al igual que sucede en el texto de cómputo al que he aludido antes, revela que la última fuente del autor esta constituída por unas tablas de movimiento medio ya que en la Edad Media árabe es bastante común que para regular el movimiento del centro del epiciclo de Venus y Mercurio se utilicen unas tablas de movimiento medio del Sol.

Otro apartado de interés está constituído por las referencias que nos da el Tractat acerca de los tamanos relativos de los planetas. Hasta el siglo XIII se conocian, fundamentalmente, tres intentos de estimar el tamaño del Universo y de los planetas: el realizado por Ptolomeo en sus Hipótesis planetarias, que fue difundido en la Edad Media Latina a través de la obra de al-Fargáni; una segunda estimación, posiblemente de origen indio, recogida en el siglo VIII por Yacqúb b. Táriq; finalmente, la tercera se encuentra en un tratado anónimo conservado en el manuscrito Marsh 621 de la Bodleyana. Con estos antecedentes, pasemos a analizar brevemente las afirmaciones de Llull:

– El Sol es mayor que la Luna. Es una idea común a todas las fuentes antes citadas: se tiene conciencia de que los diámetros aparentes del Sol y de la Luna son aproximadamente iguales y siempre se ha considerado que la Luna se encuentra más proxima a la Tierra que el Sol.

– La Luna es mayor que Venus: todas las fuentes se muestran de acuerdo en lo contrario por más que, en la tradición ptolemaica, la diferencia es relativamente pequena.

– El Sol es mayor que Venus: esta afirmación está perfectamente de acuerdo con la tradición ptolemaica y con el ms. Marsh 621. El diámetro aparente del Sol es manifiestamente mayor que el de Venus y, en el sistema ptolemaico, Venus se encuentra mas proximo a la Tierra que el Sol. Sólo Yacqúb b. Tariq discrepa ya que considera que Venus, Sol, Marte y Saturno son del mismo tamano.

– El Sol es mayor que Marte: como en el caso anterior, afirmacion concorde con Ptolomeo y con el ms. Marsh 621.

– El Sol es mayor que Saturno: aquí la afirmación de Llull concuerda con Ptolomeo pero no con las otras dos fuentes. Resulta curioso señalar, aquí, que Llull parece apuntar confusamente al argumento que he utilizado antes al referirme a los diámetros aparentes y las distancias geocéntricas del Sol, la Luna y Venus: “Encara que si Saturnus era major que lo Sol, per so car às pus luyn a la tera, lo Sol no aparia més major que Venus, Mercuri e la Lune”.

En conjunto, pues, afirmaciones que, salvo en un caso, parecen derivar de la tradición ptolemaica.

Un tercer punto a subrayar son las vagas referencias que Ptolomeo hace al astrolabio y a las tablas astronómicas. EI primero es el instrumento que, en la iconografía medieval, aparece siempre asociado a la figura del astrólogo, dado que con él se puede, fácilmente, determinar el ascendente y dividir las casas. Las tablas astronómicas suelen utilizarse, por otra parte, para determinar las posiciones planetarias en un momento determinado y, de este modo, poder levantar el horóscopo. Llull es consciente de la utilidad de ambos instrumentos de trabajo pero no se interesa en exceso por el tema con el que entraríamos en una problemática muy concreta, radicalmente distinta de la de índole general que constituye el objeto propio del Tractat. De esta manera las referencias al astrolabio y tablas no pasan de ser meras alusiones y no creo en absoluto que, como sugiere M. Pereira, Llull esté aludiendo al Almanach de Guillaume de Saint Cloud, astrónomo que estaba activo en Paris por estos años. Todo ello no implica el que nuestro autor no tuviera conciencia de las aplicaciones de estos instrumentos: Lola Badia me señala un pasaje de la Doctrina pueril en el que Llull describe confusamente el uso del astrolabio para determinar la altura de una torre, tema que esta presente en Eiximenis y que dio motivo a un sonado fracaso de Enrique de Villena ante los muros de Balaguer.

El astrolabio es, también, un instrumento que sirve para determinar las horas: “car ab l’astralabra se proven les ores per ombra” y este es un tema que parece haber interesado notablemente a Llull ya que, por ejemplo, es el autor de una de las descripciones más antiguas conocidas del nocturlabio o astrolabio nocturno que aparecen en el Liber Principiorum Medicinae, y en el De Nova Geometria. Se trata de unos textos que han sido suficientemente comentados por los historiadores de la navegación y sólo quisiera llamar la atención sobre un pequeño detalle. La ilustración del nocturlabio que aparece en el Liber Principiorum Medicinae lleva una referencia al número de horas que dura el dia en los doce meses del año. Los datos numéricos consignados en la referida ilustración son los siguientes:

tabela samsó 3

El esquema resulta un tanto burdo: una progresión aritmética de razón 1. No obstante, contiene un dato que, posiblemente resulte fiable: me refiero a la duración del dia más largo del año. Se trata, evidentemente de las 15 horas que debieran corresponder al solstício de verano, por mas que aqui se hagan coincidir con el mes de Julio. Este dato se encuentra, por otra parte, confirmado, con el que aparece en el De Nova Geometria donde, asimismo, la máxima duración del dia citada es de 15 horas. El dato resulta significativo en cuanto nos permite calcular la latitud correspondiente a una duración del dia de 15 horas en el solstício de verano, aplicando la fórmula:

tabela samsó 4

Sustituyendo, en la ecuación anterior, M/2 por 15 h. x 15°/72 y dando a la oblicuidad de la eclíptica y un valor de 23;30°, podemos facilmente despejar la latitud, con lo que obtendremos, 41;21°, valor que podria muy bien corresponder a Barcelona o a alguna localidad situada en la costa catalana al norte de Barcelona. Si tenemos en cuenta que Llull en el De Nova Geometria parece aludir al uso de este instrumento en el mar (“et homo videat duas stellas que vocantur Duos Fratres per marinarios”, “Istud instrumentum… utilis est pro hominibus qui vadunt de nocte, sive per terram sive per mare”), cabe plantearse el que obtuviera su información de un instrumento real del que hubiera podido tener conocimiento en algún lugar de la costa catalana.

La problemática de la determinación de las horas se extiende también al establecimiento de la hora durante el dia en función de la altura del sol medida con un cuadrante. Este parece ser el propósito del capítulo de la Nova Geometria titulado De quadrante cum quo homo cognoscere potest horas diei, instrumento que no era precisamente nuevo en época de Llull. Ahora bien, mientras la descripción del nocturlabio realizada por Llull tiene una cierta coherencia y resulta comprensible, no ocurre lo mismo con la del cuadrante diurno. Llull es consciente de que estos cuadrantes se encuentran divididos en 90°, que con estas divisiones puede medirse la altura del sol sobre el horizonte y que existe una relación entre esta altura y la hora. Por otra parte, sabe también que la sombra proyectada por un gnomon es tanto más larga cuanto mas bajo se encuentre el Sol sobre el horizonte y que la sombra minima se alcanzara a mediodía. No obstante, parece incapaz de describir el trazado de las líneas horarias habituales en los astrolabios y en los cuadrantes de esta índole. Voy a considerar ahora los valores que da Llull para la altura del sol en las distintas horas del dia: intento, con ello, interpretar un pasaje luliano bastante confuso.

tabela samsó 5

Tabla I

Explicar la Tabla I requiere ciertas consideraciones previas: Llull afirma que uno de los circulos trazados sobre el cuadrante se encuentra dividido en veinticuatro partes, cada una de las cuales equivale a media hora (“qualibet parte vocata media hora”). Si aceptamos que las doce horas mencionadas en la tabla son, en realidad, medias horas, el esquema adquiere coherencia. La hora la es la primera media hora después de la salida del sol y la hora 12ª coincidirá con el mediodía, habiendo transcurrido seis horas desiguales o temporales entre la salida del sol y su paso por el meridiano. Por otra parte la altura del sol en la primera media hora después del orto y en la última media hora antes del ocaso serán iguales con lo que el esquema de alturas se repetirá, a la inversa, antes y después del mediodía.

La interpretación anterior está perfectamente de acuerdo con algunos pasajes de la descripcion de Llull quien habla, por ejemplo de un círculo con veinticuatro líneas: “in alio circulo sunt XXIIII linee, ad significandum horas per ipsas sicut a. que significat primam mediam horam diei, et ultimam mediam horam que est in occasu solis”. Ahora bien, si seguimos leyendo, el esquema lógico anterior se destruye ya que a la primera hora no le corresponde sólo el simbolo a. sino tambien el b. y encontramos en el texto de Llull: “b. significat secundam horam mediam matutinalem et penultimam mediam horam diei”. Et sic de aliis horis suo modo, quoniam a. est media hora in ascendendo et b. alia media hora in descendendo sunt a.b. de mane una hora que est prima diei et in descendendo sunt alia hora que est ultima hora diei”. Tenemos, pues, un esquema un tanto absurdo en nuestras latitudes en el que transcurren doce horas entre el orto del sol y su paso por el meridiano, asi como otras doce horas entre el mediodía y el ocaso. Esta interpretación puede, por otra parte, apoyarse en otros pasajes del texto en los que se afirma: “Oportet quod isti gradus dividantur secundum dies artificiales, cum ad diem competant XC secundum regionem Ethiopie, in qua dies artificialis in mense junii habet XXIIII horas”. Parece, pues, que Llull al hablar de Etiopía está pensando en el Ecuador y que ha confundido el Ecuador con el Polo, ya que, a una latitud de 90°, el día dura efectivamente veinticuatro horas el día del solstício de verano (referencia al mes de Junio).

Dejemos de lado estas contradicciones. Lo único claro es que, efectivamente, la hora 12ª corresponde al mediodía. Ahora bien, Llull nos da una medida en grados correspondiente a cada una de las doce horas. Estos grados forman una progresión aritmética decreciente de razón 1(13°, 12°, 11°, 10°…2°). Dos son las interpretaciones posibles de esta serie:

a) No se trata de alturas del sol sino de la sombra proyectada por el sol en cada hora al incidir sus grados en un gnomon de 12 digitos. El cuadrante estaria provisto de un cuadrado de sombras, muy usual en estc tipo de instrumentos, con el que podréamos medir automaticamente el valor de la cotangente de la altura del sol. Si esta interpretación es la correcta, tendríamos entonces que la cotangente de la altura meridiana para el día del solstício de verano seria de:

eq samsó 3

A esta cotangente le correspondería una altura meridiana del sol de 80;30° aproximadamente. Ahora bien, dado que el día del solstício de verano:

= 90° + — hm = 90° + 23;30° — 80;30° = 33°

que puede corresponder a una localidad del Norte de Africa.

b) La segunda interpretación posible es que la columna Grados corresponda a las diferencias existentes entre las sucesivas alturas del sol. A esta interpretación corresponde la cuarta columna de mi tabla (Altura del sol?). En este caso tendríamos una serie que acaba con una altura meridiana de, precisamente, 90° lo que podría explicar la misteriosa alusión de Llull a que “Et sic per huius divisionem intrant omnes XC gradus in XXIIII horis diei”. Podemos también calcular la latitud que corresponde a esta altura meridiana del sol en el dia del solstício:

= 90° + — hm = 90° + 23;30° — 90° = 23;30°

Con lo que tendríamos una localidad situada sobre uno de los trópicos. Si pensamos en el trópico de Cáncer que pasa por el Sur de Egipto, cerca de Asuán, nos encontramos en una zona muy próxima a Etiopia, por más que esto se encuentra, evidentemente, en contradicción con mi hipótesis anterior según la cual Llull habría confundido el Ecuador con el Polo.

Sea cual fuere la interpretacion que se prefiera, parece claro que la obra de Llull contiene uno de los escasos textos hispánicos que estudian y tabulan el problema de la determinación de la hora en función de la altura del sol.

5. Llull v el pseudo-Enrique de Villena

Quisiera terminar estas notas con una referencia a la posible influencia de Llull en el Tratado de Astrología atribuido a Enrique de Villena. Señalemos, en primer lugar, que ambas obras adoptan las mismas clasificaciones de los signos zodiacales: signos masculinos y femeninos, diurnos y nocturnos, móviles, fijos y comunes. Esta tercera clasificación llama la atención porque no utiliza la terminologia tradicional derivada de Ptolomeo. Llull y el pseudo-Villena denominan signos movables o movibles a los que implican cambio de estación (Aries, Cáncer, Libra, Capricornio), llamados trópicos o cardinales por la tradición ptolemaica: conviene señalar aqui que el pseudo-Villena omite Aries, mientras que Llull añade Scorpio al que olvida, en cambio, al tratar de los signos fijos. Tauro, Leo, Scorpio y Acuario, en cambio, son signos fixus, ficats o fixos ya que no implican cambio de estacion (Ptolomeo los denomina sólidos). Finalmente, Géminis, Virgo, Sagitario y Piscis son comuns o comunes porque se encucntran entre el final de una estación y el principio de otra: en la terminologia ptolemaica reciben el nombre de bicorpóreos o bifaces.

La referencia anterior carece, desde luego, de fuerza probativa dado que no disponemos de un número suficiente de estudios sobre el léxico astronômico hispanico medieval , latino, castellano o catalán. Pero constituye un dato más que puede añadirse a otros. De esta manera puede señalarse que la relación existente entre las cuatro esferas elementales es la de una progresiva densificación a medida que se desciende hacia la tierra:

“Quia ignis plus habet de virtute quam aer, sibi competit plus habere de forma et minus de materia quam aer, et idem de aere secundum composicionem aque et idem de aqua et terra, propter quod oportet quod olim sit corpus expansum et coniunctum, et sic de a.b. Oportet etiam secundum ordinem naturalem quod c. plus habeat de spissitudine quam b., et b. quam a., ut d. contineri possit per c., et c. per b., et b. per a.”.

La misma noción se encuentra desarrollada en el Tratado atribuido a Enrique de Villena aunque aparece aquí acompanada de unas curiosas referencias al número diez a cuya relación con Llull me referire a continuacion:

“la tierra lieva nonbre de tierra porque tiene más grados de tierra, es a saber diez grados de espeso más que’ell agua, e el agua es más rala que la tierra diez grados, e el ayre es más ralo que el agua diez grados, e el fuego es diez grados más que el ayre ralo”.

Tampoco podemos aquí sacar conclusiones dado que, en último término, tanto Llull como el pseudo-Villena están desarrollando una idea aristotélica (Meteorologica 1,3 y 11,2) que ordena los elementos en el cosmos en función de su peso: el fuego, que es el elemento más liviano, ocupa la capa más alta y le siguen, sucesivamente, el aire, el agua y la tierra. Más característico de Llull es, en cambio, la noción de cualidades própias y apropiadas de cada elemento y la identificación que nuestro autor lleva a cabo, en sus obras de divulgación, entre la tierra y la sequedad, el aire y la humedad, el fuego y el calor, el agua y la frialdad: por ejemplo el Libro de Maravelles IV, 19. Un lector de Llull como el célebre médico catalán Antoni Ricart (m. 1422) ya llama la atención sobre esta identificación que considera característicamente luliana. Asimismo, en la línea de los ensayos realizados por la farmacologia europea a partir del siglo XIII para estudiar el problema de los grados de los medicamentos, LIull desarrolla un sistema, en virtud del cual, un simple cálido en cuarto grado tendrá 4 grados de calor (o de fuego), 3 de sequedad (o de tierra) ya que la sequedad es la cualidad apropiada del fuego, 2 de humedad ya que se opone a la cualidad apropiada y no a la propia del fuego, y 1 de frialdad que es la cualidad que más se opone a la propia naturaleza del fuego. Alusiones especificas a este esquema las encontramos, por ejemplo, en la Nova Geometria, en el Liber Chaos y en el Liber Principioruin Philosophiae. Este mismo esquema se aplica a un simple húmedo, frio o seco también en cuarto grado y podemos esquematizarlo de la manera siguiente, siguiendo el Liber Principiorum Medicinae:

tabela samsó 6

Obviamente este esquema resulta, asimismo, aplicable a los cuatro elementos ya que el fuego es siempre cálido en 4° grado, la tierra seca en 4° grado, el aire húmedo en 4° grado y el agua fria en 4° grado. En apoyo de esta afirmacion me limito a citar un breve pasaje de la Nova Geometria:

“unde cum elementa sint IIII et quodlibet elementum habeat IIII species graduum in elementatis sicut ignis qui est in pipere gradatus in quarto gradu caloris…”.

Hemos obtenido, pues, un esquema aplicable a los cuatro elementos que casi constituye un cuadrado mágico ya que si sumamos las cifras en sentido horizontal o vertical (no en diagonal) obtendremos siempre 1 +2 + 3+4 = 10.

Ahora bien las dos características que he considerado lulianas, a saber, la identificación de un elemento con su cualidad propia y el esquema 1, 2, 3, 4, aparecen claramente, aunque con algún error, en el pasaje siguiente del Tratado de Astrología del pseudo-Viilena:

“Et para esto bien saber, avedes de notar que cada qual destos helementos conpuestos ha diez grados de conposiçion: la tierra tiene quatro grados de sequedat, que es su essençia, e tres de frialdat, que son agua, e dos de humedat, que son ayre, et uno de calentura, que es fuego. Esso mesmo agua, helemento conpuesto, tiene quatro grados de frialdat, que su essençia est, e tres de humedat, que es ayre, e dos de sequedat, que es tierra, et uno de calentura, que es fuego. Otrosi, el ayre tiene quatro grados de humedat, que es su substançia, e tres de fuego e dos de agua, e uno de tierra. Esso mesmo el fuego tiene quatro grados de calentura, que es su esençia, tres grados de tierra e dos grados de ayre e uno de agua. Todo esto dize Alano e Alberto Magno e el comentator Even Ruiz”.

El pseudo-Villena no cita, pues, a Llull sino a otras fuentes que poco tienen que ver con sus afirmaciones, al menos en lo que respecta a Alano y Alberto Magno, según señala Pedro Cátedra en su nota a la edición de este pasaje. Cátedra indica, no obstante que la progresión aritmética 1, 2, 3, 4 si se encuentra en Averroes (Even Ruiz). Ahora bien, dejando de lado el hecho de que parece que el uso de la progresión aritmética 1, 2, 3, 4 fue atribuída, um tanto abusivamente, por Arnau de Vilanova y la tradicción posterior a Averroes, está claro que ni Llull ni el pseudo-Villena se refieren al mismo problema que Arnau: en el caso de este último se trataria de la cuestión suscitada por al-Kindi sobre la relación que existe entre la graduación de un medicamente y el efecto que produce en el paciente. Nada tiene esto que ver con los planteamientos de Llull y el pseudo-Villena que, como hemos visto, son idénticos.

Señalemos, por último, con muchisimas dudas, que existe otro posible paralelismo entre Llull y el pseudo-Villena. Este último utiliza el número 10 (1+ 2 + 3 + 4) para establecer una progresión geomética que presida el tamaño del Universo. Así si el radio de la esfera de la tierra es r, el de la esfera del agua sera 10r, el de la esfera del aire 102 r, el de la esfera del fuego 103 r y asi sucesivamente hasta llegar al radio de la esfera de las estrellas fijas que seria de 1011 r. Es posible que en la Nova Geometria se aluda a un procedimiento similar para calcular el tamaño del Universo aunque en este último caso no se utiliza, evidentemente, una progresión geométrica de base 10.

6. Conclusiones

Creo que las páginas interiores pueden resultar de mayor interés para los estudiosos del lulismo que para los historiadores de la astronomia. No resultara nuevo para nadie el decir que Llull no aporta gran cosa a la astronomia de su tiempo y que sus conocimientos sobre la materia no estaban a la altura de su época. Pese a ello, algunas de sus ideas derivan claramente de la cultura astronomica que le rodeaba y su método, basado en la devictio, para interprelar un horóscopo pretende resolver un problema real al que también se había aproximado el rey Alfonso con el Libro de las Cruzes. En este sentido Llull es representativo y tiene un indudable interés para la historia de la astrología. En este trabajo he intentado realizar una valoración del Tractat, desde este punto de vista, así como sugerir posibles interpretaciones de algún pasaje de la Nova Geometria. Por otra parte he tratado también de señalar la posible influencia del pensamiento de Llull sobre el Tratado del pseudo-Villena, una obra escrita en la primera mitad del siglo XV. Es posible que las ideas de Llull se hubiera difundido, en los medios propiamente científicos del siglo XV, más de lo que habitualmente se cree. Antoni Ricart no tiene por quê ser un caso excepcional.

Nota de agradecimiento: no hubiera podido escribir este artículo sin la ayuda de Lola Badia, lo cual no implica el que ella comparta todas las ideas expuestas aqui. Ha tenido la paciencia de guiar a un principiante que daba sus primeros pasos a través de la obra de Llull. Quede aqui constancia de toda mi gratitud.

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