Iniciación a la Astrología Clásica Reinterpretada a la Luz de la Ciencia Actual I

De volta ao Espaço_capa

José Luis Pascual Bláquez

Capítulo I

Breve Panorama Histórico de la Astrología

Introducción

Merece la pena que empecemos haciendo un bosquejo de cómo nació, se expandió y halló su declive la ciência astrológica, recurriendo a historiadores y fuentes fidedignos; entre las razones para que la Astrología suscite tantas suspicacias y sonrisas de autocomplacencia se encuentran la ignorância y las opiniones interesadas existentes sobre el tema, que en ciertos casos se mantienen por pura inercia.

La ciencia de los juicios de las estrellas – así la llaman algunas obras dedicadas a ella – ha sido parte notable y sustanciosa em el desarrollo del conocimiento humano; siempre se la considero como tal y gozó de gran prestigio, y no fue hasta los siglos XVII y XVIII cuando fue desalojada de las universidades europeas.

Como todo conocimiento humano há sufrido el devenir cíclico de la Historia, com sus altibajos, pero en los períodos de esplendor de las culturas que la desarrollaron fue cultivada por las elites intelectuales del momento. De ella, no lo podemos olvidar, nació la Astronomía tal como la conocemos en la actualidad, aun que no debemos olvidar que, en términos generales, tanto Astrología como Astronomía fueron términos sinônimos hasta el siglo XVII. No es una afirmación apriorística nuestra, así lo confirma los historiadores y puede comprobarse en las bibliotecas1.

1. Ver por ejemplo la opinión del historiador David Romano en La ciencia hispanojudía. O el Tractatd’astronomia de Ramon Llull,dedicado íntegramente a cuestiones astrológicas.

La Astrología trata básicamente de los influjos de los astros sobre la Tierra. La parte «natural», dedicada al estudio de la cronología, medida del tiempo,ciclo climático anual, etc., no ha sido puesta nunca en entredicho; San Isidoro de Sevilla, en sus Etimologías, la encuentra plenamente legítima y digna de estudio. En cambio, la que trata del destino de las personas, de los reyes y de las naciones, no ha dejado de contar con problemas, y ello por diversas razones.

Hacer predicciones para un gobernante siempre resulta comprometido, y más según de qué clase se trate éste; en los demás casos el problema del destino ha chocado casi siempre con cuestiones de tipo filosófico, teológico o religioso. El judío cordobés Maimónides, que la estudió y conocía al dedillo, previno contra este tipo de Astrología «adivinatoria» en su obra Sobre Astrología. Carta a los judíos de Montpellier2, dedicada exclusivamente a desacreditarla. Gémino, al filo de los comienzos de nuestra Era, ya clamaba en su Introducción a los fenómenos3 contra quienes atribuyen a las estrellas y no al efecto del Sol los períodos álgidos de calor y frío  que se producen en el ciclo anual (de esa creencia espúrea vienen los dias caniculares, o the dog days, de cuando se asociaba el calor del verano al momento en que salen juntos el Sol y el Can Mayor).

2. Existe edición reciente de esta obra. Moseh Ben Maimon. Maimónides. Sobre el Mesías. Carta a los judíos del Yemen. Sobre Astrología. Carta a los judíos de Montpellier. Notas biográficas, introducción, traducción y notas por Judit Targarona Borrás. Riopiedras Ediciones. Barcelona,1987.

3. También puede leerse esta obra en la actualidad (edición castellana en los clásicos de Editorial Gredos).

En todo caso, si queremos acercarnos al problema, lo mejor será recurrir a las fuentes escritas y a los hechos comprobables, y no a las meras hipótesis o a los prejuicios. Porque estos últimos, como decía Voltaire, son la razón de los necios.

Astrología Paleolítica

Grotte de Lascaux Hugo Grygkar 1954_

Puede parecer sorprendente hablar de ciencia de las estrellas en el período Paleolítico (-35.000 a -10.000 aproximadamente); pero, según las investigaciones y hallazgos arqueológicos e históricos van avanzando, los conocimientos de la humanidad en aquellos tiempos no dejan de sorprender a quienes, porignorancia, simpleza o mala fe, tenían a los hombres de esa época por unos brutos ignorantes.

No debiéramos hablar de ciencia astronómica paleolítica en el sentido que damos ahora a esta palabra, aunque de lo que no hay dudaes de que fueron tiempos en los que la Luna constituyó el gran cronómetro de la humanidad (cronología lunar). Las tribus paleolíticas, con una baja densidad de población, eran nómadas, por lo que la única referencia temporal válida para ellos era la Luna, tanto para elegir los momentos adecuados de caza y pesca, donde la luz de nuestro satélite es importante, como fijar las fiestas, encuentros con otras tribus para intercambios, y, por supuesto, para computar el tiempo.

La cronología lunar se basa en el ciclo de 27,5 días (aproximadamente 28) que tarda la Luna en recorrer el cinturón estelar que sirve de referencia para seguir su revolución; puesto que cada noche es visible sobre un grupo de estrellas y a la consecutiva se há desplazado hacia otras situadas más a la izquierda del observador, no hay duda de que el seguimiento diario de este «sendero» constituye el origen del primer Zodíaco o referencia estelar, que posteriormente se conoció con el nombre de «Moradas» o «Mansiones» lunares en Europa (Edad Media), introducido por los árabes, que lo tomaron de persas, indios y estos seguramente de China, nación con cómputos astronómicos muy antiguos.

Zodíaco es término griego que significa «camino de animales»; el Zodíaco griego, que constituye el nuestro actual, posee algunas figuras humanas (Géminis,Virgo y Acuario). El Zodíaco chino, en cambio, sólo consta de 12 animales, por lo que hemos de suponer es anterior, y posiblemente tenga su origen en el Paleolítico (importanciade la caza en la economía de esa época).

Más antiguo sin duda es el sistema de las «moradas» lunares, que son 28, las noches del mes lunar en que nuestro satélite es visible sobre el fondo de estrellas fijas. Teniendo en cuenta que el día de la luna nueva ésta no es visible en el cielo, tenemos un ciclo total de 29 días (el ciclo de las fases consta de 29,5 días muy aproximadamente).

Lascaux_

En la cueva de Altamira se cuentan hasta 27, 28 o 29 bisontes, que se hallan pintados sobre el techo y es preciso mirar hacia arriba como en la cúpula de una iglesia (donde también vemos representados soles, lunas y estrellas junto a ángeles y santos, Dios y la Virgen María, etc.). Unos bisontes están fuertemente coloreados en rojo y ocre, otros no tienen color (talvez lo hayan podido perder), sumando un total de 21 animales; los demás poseen color negro. No todos presentan el mismo tamaño, y hay uno más grande que el resto (talvez simbolizara la luna llena); si la interpretación resulta adecuada, los negros, oscuros y pequeños serían representativos de los días anteriores y posteriores a la luna nueva,cuando nuestro satélite es poco visible.

El lector interesado puede encontrar publicado sobre este apasionante tema la tesis doctoral de Luz Antequera en Arqueoastronomía hispánica. Prácticas astronómicas en la Prehistoria de la Península Ibérica y los Archipiélagos Balear y Canario. Altamira. Astronomía, magia y religión en el Paleolítico.

Esta autora interpreta el gran toro de la cueva de Lascaux (Dordogne, Francia) como la constelación de Tauro; en ella puede verse unos puntos en la misma posición que las Pléyades sobre el cielo. Si la interpretación resulta correcta, habríamos de suponer que, en tiempos de cronología lunar, debería tratarse de la época en que la primera luna nueva del año (solsticio de invierno) se producía junto a este grupo estelar. En comparación de ciclos, el invierno (mínima iluminación solar) es equivalente a la luna nueva.

Refuerza esta idea el hecho de que en el Egipto clásico se encuentre el recuerdo de que la estrella Sirio (Can Mayor) constituía el «hogar de la Luna», cuando actualmente, durante la luna nueva del solsticio invernal, nuestro satélite se halla muy lejos de esa estrella, la principal del cielo; hechos los cálculos (precesión de los equinoccios), la luna nueva cercana al solsticio de invierno se producía junto a Sirio en-11.500, aproximadamente la fecha de Altamira4.

4. Demetrio Santos. Altamira: Astrología paleolítica. XXI Congreso Ibérico de Astrología. Santander, 2004.

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Sin duda, la alternancia entre día/noche, actividad/descanso, fase ascendente del Sol/fase descendente, junto al ciclo de las fases lunares, infundió muy tempranamente en la humanidad la noción de la dualidad y de la naturaleza cíclica de la mayoría de fenómenos naturales observables. El Paleolítico fue una larga época presidida por la cronología lunar, de ahí la importancia de la divinidad femenina y de los cultos ctónicos asociados. La cuenta del mes empezaba por la aparición de la luna nueva (neomenia en griego, literalmente «nuevo mes»), como vemos actualmente entre musulmanes y judíos; la cuevas dedicadas a la observación y al culto lunar que aún perduran han de estar orientadas por tanto hacia el Oeste, que es por donde «nace» la Luna cada mes. Por analogía,el día empieza para los judíos con el ocaso (así lo hacía en muchos lugares de Europa durante la Edad Media); de ahí también que el rosario se rece a primera hora de la noche (la Virgen María, continuadora cristiana de los cultos lunares).

Podemos ver cómputos lunares en la «marcas de caza de Marshack», huesos con grupos de 7 muescas (fases lunares); en la Venus de Laussel, que muestra un cuerno (Luna) con 13 incisiones, y en la serpiente cascabel de los aztecas, con 13 anillos en la cola, etc. Se trata aquí de las 13 lunaciones anuales (en realidad 12 y pico, equivalente a un promedio de 354 días y fracción).

Pero el largo período paleolítico terminó con la catástrofe climáticade -10.000; Europa se desheló, y grandes cataclismos y alteraciones de la circulación atmosférica empezaron a desecar el Sahara. Empezaba la transición hacia el Neolítico, y con ello, a la cronología solar.

Nacimiento como Ciencia en el Creciente Fértil

Um dos lados do osso de Abri Blanchart_ Alexander Marshack_ traçado rítmico das inscrições seria um registro das fases da lua

Con la llegada del Neolítico las poblaciones se volvieron sedentarias, y el pastoreo y la agricultura fueron necesarios para la subsistencia. Tales actividades requieren la consideración de un calendario solar para guiarse en la fecha de las siembras, faenas agrícolas, épocas de inicio y final de la trashumancia, etc. Para elaborar una cronología pueden tomarse cada día como referencia los puntos de salida y puesta del Sol en las poblaciones de residencia fija (picos y crestas del horizonte montañoso, etc.), pues estos describen una oscilación anual. Los puntos extremos determinan los solsticios de invierno y verano; los equinoccios pueden conocerse con aproximación fácilmente, observando la sombra de una vara vertical a la salida y a la puesta del Sol, pues ambas forman entonces una línea recta (el resto del año la dan quebrada). Los meses seseguirán calculando por la Luna, al menos hasta comienzos de nuestra Era.

Tanto las poblaciones nómadas como las sedentarias pueden guiarse en el tiempo anual por otro reloj, el de los ortos y ocasos de las estrellas al oscurecer o al amanecer; repárese que aquí también se toma como referencia el horizonte, de ahí su importancia en Astrología. Orientarse viene de «oriente», de «buscar el Este», lo cual está de acuerdo con que el punto principal de un horóscopo sea el Ascendente (intersección de la eclíptica o camino del Sol con el horizonte oriental). Repárese también que horóscopo, término de origen griego, significa «calcular o analizar la hora».

El calendario de ortos y ocasos de las estrellas ha sido el tercer gran reloj de la humanidad para guiarse en el tiempo anual, y también en la navegación por mar, en todo tiempo y lugar. Hoy, en las grandes ciudades apenas puede contemplarse el cielo por las noches,e incluso en el campo la observación resulta difícil a causa de la tremenda contaminación luminosa, por lo que el ciudada no es ajeno al cielo y en absoluto consciente de lo sinflujos estelares. Nunca podría surgir la Astrología de una sociedad urbana como la nuestra; en cambio, el seguimiento obligado de las estrellas en el campo o en ciudades sin apenas iluminación nocturna, permitió a las poblaciones de la Antigüedad un conocimiento generalizado del cielo, despertando en ellas el sentimiento y la sensación de caminar unidas al movimiento y evolución de los ciclos cósmicos.

Las primeras estrellas que aparecen por el horizonte oriental o desaparecen por el occidental, al anochecer y al amanecer, son una referencia segura para orientarse en el tiempo anual; observado a la misma hora el cielo aparente gira un grado cada día hacia el Oeste, de modo que van apareciendo unas y desapareciendo otras. La que apareció hoy desaparecerá al cabo de seis meses justos y viceversa; unas aparecen con los días más cálidos, otras con los más fríos, las hay que coinciden con la llegada de las lluvias, de épocas de vientos o de calmas, otras con la época de celo o parto de ciertos animales, con la cosecha del trigo o de la uva,etc.

De ahí a sentir que el cielo influye en los acontecimientos terrestres y en el devenir humano (pensamiento astrológico) hay sólo un paso.

La transición al Neolítico forzó una mayor observación del cielo, del Sol y de la Luna, así como de un horizonte fijo. Cuando surgieron las primeras aglomeraciones urbanas en Mesopotamia, a la orilla de los grandes ríos Éufrates y Tigris, este conocimiento estelar fue sistematizado. La escritura fonética nació allí, y también el sistema de numeración posicional de base 12, en época sumeria, hacia -2900. Con ello se registraron las primeras observaciones astronómicas conocidas, Enuma Anu Enlil, procedentes del período casita.

Enuma Anu Enlil, tablet 5_ok

De 1100 a.C. tenemos listas de estrellas llamadas «de los astrolabios», en realidad un calendario de ortos y ocasos de las estrellas, con el «Camino de la Luna», posiciones del Sol respecto a los puntos cardinales a lo largo del año, movimientos de los planetas y sus ciclos, predicciones meteorológicas, etc.

El conocido actualmente como «teorema de Pitágoras» no es griego, sino mesopotámico, y lo mismo sucede con el ciclo metónico (repetición de las fases de la Luna el mismo día del año al cabo de 19 años), que lleva el nombre del astrónomo griego Metón pero está bien establecido que antes se determinó por los sacerdotes caldeos. La religión y la astronomía iban unidas de la mano en ese período histórico, de ahí que las observaciones y las conjeturas de tipo matemático y científico las llevasen a cabo colegios sacerdotales bien estructurados.

Son bien conocidas las predicciones que estos hacen para los reyes (omina) a partir de los eclipses, conjunciones planetarias, etc. Por ejemplo, la tablilla 63, que contiene una lista completa de observaciones de salidas y puestas helíacas de Venus durante 21 años sucesivos, con augurios, comienza como sigue:

Si el 15 Sabatu Venus desaparece por el oeste, permaneciendo invisible 3 días, y el 18 Sabatu aparece por el este, catástrofes para los reyes; Adad traerá lluvias, Ea aguas subterráneas; el rey enviará salutaciones al rey5.

5. W. L. van der Waerden.Las tablillas de Ammisaduka. Revista BEROSO nº 7. Barcelona, 20.

Venus tablet of Ammisaduqa. Enuma Anu Enlil. Tablet 63_

Venus tablet of Ammisaduqa

En esa época los astros eran tenidos por dioses, y, en realidad, la Astronomía sirve para interpretar la voluntad divina; en el poema citado se cuenta que los dioses, tras la creación del mundo, se hallaban fatigados y delegaron en los hombres la continuidad de su obra. De ahí que tanto en Sumeria, Acadia, Caldea y Babilonia, y también en Egipto, el rey o el faraón fuesen los responsables de ejecutar la voluntad divina (teocracias) y su mundo tratase de ser una reproducción del orden celeste.

Es esta mitificación lo que ha podido engañar a algunos investigadores (junto a lo que se tardó en descifrar las tablillas de barro escritas en alfabeto cuneiforme) llevándoles a atribuira los griegos y al genio lógico-filosófico de estos lo que legítimamente sabemos ahora pertenece a los creadores del patrimonio astrológico de la humanidad, los pueblos del Creciente Fértil.

Veámoslo através de uno de los pioneros de la Historia de la Ciencia en España:

Hasta que en los presentes días, de especializada madurez de investigación, se ha podido constituir con todas las garantías de una disciplina científica, la nueva disciplina llamada Historia de la Ciencia, la visión que se tenía de la evolución y la génesis de ésta, así como del acervo científico de los diferentes pueblos, distaba mucho de poderse llamar justa. Sin que con ello queramos prejuzgar que nuestra visión sea definitivamente justa. En general, aquella visión era parcial, tanto por defecto de perspectiva histórica, como por influencias venidas del campo de la religión o de la política, con sus rivalidades y bandos, o de la filosofía con sus múltiples escuelas, todo lo cual perturbaba el recto enjuiciamiento de los hechos6

6. José Mª Millàs Vallicrosa. Estudios sobre historia de la ciencia española. Consejo Superior de Investigaciones científicas. Madrid,1991.Pág.1.

Esta parcialidad de juicio talvez tenga que ver con nuestra ascendencia cultural griega y romana (más bien de la primera, pues es conocido que Roma poco o nada contribuyó al desarrollo científico, aunque sí a la ingeniería), que, perdida tras el hundimiento de Imperio romano, fue reintroducida en Europa através de la expansión arábiga medieval. Hoy en día ya no pueden sostenerse tales visiones parciales y equivocadas, siendo preciso restituir a cada cual lo suyo:

…Esta interpretación exagerada del milagro griego y de la incapacidad científica de los otros pueblos de la antigüedad y de la Edad Media estuvo en boga entre la gente de la Enciclopedia francesa y del racionalismo ochocentista, y recibía alas, según antes hemos aludido, de interferencias filosóficas, religiosas y políticas, del todo externas al recto enjuiciamiento crítico7.

7. Ídem obra anterior, pág.3.

No sólo aparecieron por primera vez en el Oriente Medio la escritura fonética y el sistema de numeración de posición duodecimal y sexagesimal (éste último vinculado a la necesidad de cálculos astronómicos, y que sigue plenamente vigente); el florecimiento de las grandes ciudades, unido a intensos intercambios comerciales, favoreció primero la Aritmética mercantil, y posteriormente abstracciones de carácter puramente científico. La Trigonometría nació como un medio instrumental al servicio de los cálculos astronómicos.

Otto Neugebauer, profesor que fue de la Universidad de Brown, puso de manifiesto8 en la década de 1930 el alto nivel que las Matemáticas alcanzaron entre caldeos y babilonios; series aritméticas, raíces cuadradas y cúbicas, tablas de números recíprocos, problemas de interés simple y compuesto, problemas equivalentes a la resolución de ecuaciones de segundo y tercer grado, problemas geométricos de áreas y volúmenes, etc., se encuentran en las tablillas debarro cocido.

8. Millás aporta en la obra ya citada toda una serie de textos y escritos sobre el asunto, nota 6.

El sistema de numeración de posición, imprescindible para los cálculos y el desarrollo de la ciencia, se perdió entre griegos y romanos, con lo cual el desarrollo científico no dio ya grandes pasos; repárese en que los mayas también inventaron una numeración análoga, lo cual les permitió alcanzar precisiones calendáricas (matemáticas) comparables. Con su reintroducción en Europa (Abraham Ben Ezra fue el primer judío que lo usó en el siglo XII) pudieron avanzar de nuevo las medidas y los cálculos, y con ello, la ciencia volvió a echar a andar de nuevo.

La observación del cielo en el Oriente Medio estuvo ligada a la interpretación de la voluntad de los dioses, pero la necesidad de predecir fenómenos celestes estimuló la abstracción científica, y portanto las Matemáticas, como acabamos de ver. Uno de los mayores logros de los sacerdotes-observadores fue la determinación de los ciclos planetarios, así como su repetición en el cielo al cabo de un determinado período de tiempo. Dada la relativa estabilidad política y económica de las sociedades mediorientales en ese período, dichas observaciones se extendieron a lo largo de siglos, lo cual permitió dar los primeros pasos importantes en materia astronómica. Y, lo que para nosotros debe ser más importante, encontrar paralelismos (sincronismos de repetición, lo que equivale a decir sintonía) con acontecimientos terrestres de período similar (resonancia).

Si ya había una sensación intuitiva de ligazón al cosmos entre las poblaciones campesinas (ciclo climático anual, vegetativo, de la fauna, etc.), las largas observaciones astronómicas llevaron a los sacerdotes mesopotámicos a constataciones de orden superior, en los que sin duda debe buscarse el origen de la Astrología como ciencia, tanto en el tiempo como el espacio.

Fueron ellos quienes constataron que el ciclo de las fases lunares se repite con mucha aproximación al cabo de 19 años (y portanto el ciclo de las mareas oceánicas, etc.); lo mismo sucede con las conjunciones de Venus y el Sol, que se repiten cada 8 años con sólo dos días de retraso. Tales descubrimientos permitieron las primeras predicciones astronómicas sin grandes cálculos matemáticos, como hacemos ahora.

La Edad Media europea retomó estos ciclos traídos por los árabes y les dio el nombre de años mayores, medios y menores, según su grado de precisión; pero el origen de su conocimiento, nuevamente, lo hallamos en el Oriente Medio y no en Grecia. He aquí una lista de estos ciclos de repetición (revoluciones tropicales se refiere a una vuelta completa al Zodíaco del planeta, y los períodos sinódicos al tiempo transcurrido entre dos conjunciones sucesivas del planeta con el Sol):

Júpiter 71 años 6 rev. tropicales = 65 períodos sinódicos
Júpiter 83 años 7 rev. tropicales = 76 períodos sinódicos
Venus 8 años 8 rev. tropicales = 5 períodos sinódicos
Mercurio 46 años 46 rev. tropicales =145 períodos sinódicos
Saturno 59 años 2 rev. tropicales = 57 períodos sinódicos
Marte 47 años 25 rev. tropicales = 22 períodos sinódicos
Marte 79 años 42 rev. tropicales = 37 períodos sinódicos
Luna 19 años

Hasta ahora, el primer horóscopo disponible, hallado en una tablilla cuneiforme,es el del 12-13/01/-409. Demetrio Santos, traduciendo De nativitatibus, del árabe Albubather, se topó con otro que, analizados los datos astronómicos ofrecidos, los cálculos dan para él la fecha de -1114.9 Esto sigue retrasando en el tiempo la datación de conocimientos plenamente científicos, en una tendencia que no parece detenerse; dicho horóscopo proporciona las posiciones del Ascendente, Medio Cielo,última luna llena anterior al nacimiento del niño, Parte de Fortuna y los siete planetas visibles a ojo desnudo.

9. Demetrio Santos. Datación astrológica: un horóscopo de 2/05/1115 a.C. Revista Beroso nº7. Barcelona,2002.

Vemos por tanto que da las posiciones de los dos ángulos más importantes (oriental y meridiano, o sea, aproximadamente, puntos de salida y culminación de los astros), las de los siete planetas, la de la lunación previa al nacimiento y un punto complejo cuyo significado matemático actual es el de suma vectorial de dos ondas (Parte de Fortuna).

Otro gran logro de la ciencia medioriental fue el de la invención del Zodíaco de 12 signos iguales, que, pese a su nombre actual, tampoco es de origen griego; el Zodíaco babilónico era estelar, a diferencia del griego que tomó como referencia los puntos ficticios de los solsticios y equinoccios. Los conocimientos de la Geometría llevaron a los astrónomos griegos al descubrimiento del Zodíaco tropical, y, con los cálculos y medidas que ello les permitió, al del fenómeno de la precesión de los equinoccios.

Según B. L. van der Waerden, en su artículo Historia del Zodíaco, publicado en 1953 en Archiv für Orientforschung:

Los doce signos zodiacales aparecen por primera vez en el texto planetario VAT 4924 allá por el año 419 a.C. Los signos babilónicos son de igual tamaño… Las tablillas lunares y planetarias, en las cuales cada signo contiene 30°, confirman la conclusión de que los signos tienen igual tamaño.10

10. Existe traducción castellana en la revista BEROSO nº1, Barcelona 2000.

Se trata de signos y no de constelaciones, como lo demuestran los análisis de los investigadores que han estudiado el texto.

El primer Zodíaco bien sistematizado y estructurado es por tanto de origen babilónico, y toma como referencias las estrellas fijas. Ello no implica que ignorasen el fenómeno de los equinoccios y de los solsticios; sin embargo, para aquella cultura no fue importante la determinación exacta de los mismos, y por tanto prefirieron referencias estelares, que eran las que mejor conocían por su larga experiencia en la observación del firmamento. Un error de 2 o 3 días en la observación del equinoccio lleva tan sólo a otro de unos 8 minutos en la duración del día o de la noche, algo que no debió preocupar demasiado a los sacerdotes babilonios de la época.

La importancia de la ciencia del influjo de los astros en esta época nos la resume Demetrio Santos en el siguiente párrafo de su Introducción a la Historia de la Astrología:

El período de -1200 a -400 podemos decir que marca la Edad de Oro de la astrología, cuando se consiguen sus más importantes avances y su plenitud.Empieza con la expansión de la metalurgia del hierro y la escritura fonética fenicia y con ello una intensificación de la evolución cultural. Pero el estado de ostracismo en que se ha visto sumida la astrología en el pasado Siglo (XIX-XX) en Occidente ha hecho que faltara su investigación en la eclosión científica europea, y no fue realizado un estudio serio de los textos antiguos relacionados con ella. Sin embargo, todos los datos que poseemos actualmente convergen a señalar su auge en el tiempo y lugar de las culturas mesopotámicas de este momento11.

11. Demetrio Santos Santos. Introducción a la historia de la Astrología. Edico-municación, S.A. Barcelona,1986. P. 141, pág. 71.

planeta x

Capítulo II

De Nuevo se Abren las Puertas

La ciencia antigua vista desde el presente

1. Unicidad de la naturaleza. La parte como reflejo del todo, y viceversa

Estos principios (de la astrología griega) pueden resumirse a fin de cuentas, en el que los contiene a todos, o sea, la idea de la unidad esencial del mundo y de la interdependencia mutua de sus partes1.

1. Auguste Bouchê-Leclercq. L’astro-logie grecque. Cap. I, pág. 2. Réimpression del’édition de Paris 1899. Scientia Verlag Aalen, 1979.

He aquí expresado con toda claridad no sólo el fundamento esencial de la Astrología de todos los tiempos, sino el de la ciencia antigua en general. Henri Poincaré, el gran matemático francés que se quedó a las puertas de dar con la relatividad antes de Einstein a finales del siglo XIX, no pensaba de manera diferente:

Observemos en primer lugar que toda generalización supone en cierta medida la creencia en la unidad y en la simplicidad de la naturaleza. Para la unidad no puede haber dificultad por ello. Si las distintas partes del Universo no fueran como los órganos de un mismo cuerpo, no actuarían unas sobre otras, se ignorarían mutuamente; y nosotros en particular no conoceríamos más que una sola. No tenemos, pues, que preguntarnos si la naturaleza es una, sino cómo es una2.

2. Henri Poincaré. La ciencia y la hipótesis. Introducción, págs. 14-15. Espasa-Calpe, S.A. Madrid, 1963.

Así pues, parece ser que las nuevas aguas vuelven a mover los viejos molinos y soplan Aires vivificadores para el pensamiento tradicional.

Una de las cosas que más sorprenden extramuros de la Astrología es la proliferación de técnicas interpretativas y prospectivas diferentes a la hora de enjuiciar un tema astral particular; al juicio ligero esto podría parecerle suficiente para concluir que todas ellas son falsas, pero se trata de una afirmación demasiado aventurada. Lo misma pasa con el hecho de que de uno solo o varios factores del horóscopo ya puede extraerse en muchos casos una parte sustancial de información, a veces sorprendente.

Los sistemas complejos poseen la llamada «propiedad holográfica», en analogía con los hologramas, fotografías tridimensionales que datan de los años 60 y presentan la curiosa característica de que si se rompen en dos partes resultando dos imágenes similares, sólo que con menos resolución que la primitiva. El proceso puede repetirse, con la misma consecuencia.

Muchos de estos sistemas complejos también poseen propiedades fractales (un fractal es una expresión matemática que, al ser representada gráficamente mediante computadoras, presenta la propiedad de que la parte es análoga al todo; es decir,si se ignora el efecto de la escala, no podemos distinguirlos). Propiedades fractales presentan el crecimiento de las nubes, los depósitos en las cubas electrolíticas, algunas formaciones vegetales, la generación de costas y perfiles montañosos, etc.

Esta propiedad de que una parte del ser humano refleja el todo y a la inversa es conocida de muy antiguo; hoy tenemos la Quirología como una ciencia racional en ciernes, la cual muestra a través de la observación concienzuda de las manos, claramente y con precisión, algunos aspectos esenciales de la genética del individuo, del estado de sus órganos y de la salud. Análogamente, el diagnóstico por el iris está siendo progresivamente utilizado por los médicos (en tan escaso espacio se encuentra también una preciosa información sobre el organismo completo); dentro de la Reflexología se detectan los órganos afectados a través de la pulsión de los pies, de las manos, de los oídos, etc., y al revés, pueden estimularse los órganos a distancia, desde esas mismas zonas del cuerpo.

La versatilidad del horóscopo como diagrama complejo que es refleja la propiedad holográfica del sujeto a quien pertenece; no podía ser de otro modo, dada la manera de construir propia de la naturaleza.

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2. Sintonía con el universo, resonancia

Si la naturaleza es una y sólo una, las partes deben estar unidas por algún principio rector, presente en todos los fenómenos que suceden ante nosotros; este principio no es otro que el de la resonancia, bien conocido de antiguo. Los osciladores intercambian energía de un modo significativo cuando vibran a la misma frecuencia (n=1, armónico fundamental), disminuyendo rápidamente para armónicos superiores (curva de resonancia en forma de campana de Gauss).

Hoy sabemos que los grandes cambios climáticos y las eras geológicas tienen en los ciclos astronómicos una causa de primer orden (Teoría de Milankovitch). Por otro lado, hemos expuesto a lo largo de nuestros trabajos (Planetas y clima. Un estudio astrometeorológico de las rachas climáticas) que el movimiento de los planetas lentos juega un papel importante en el desarrollo de las secuencias de años secos y lluviosos; su efecto cuantitativo es poco notorio (despreciable para la Mecánica Clásica), pero la solidaridad existente entre las partes y su barrido continuado se muestran efectivos, de modo que pueden ser utilizados en el pronóstico del tiempo a largo plazo.

 Hablamos de causas débiles, y más lo es aún en apariencia la luz de la Luna o de los planetas; pues bien, debemos recordar aquí que, por pequeña que sea la radiación de Júpiter, por ejemplo, está presente entre nosotros y es suficiente para excitar los niveles electrónicos de los átomos y moléculas (no es una cuestión de intensidad-cantidad-, sino de frecuencia-calidad). En particular, las moléculas orgánicas, de gran tamaño, son susceptibles de entrar en resonancia (y por tanto acumular energía) con un ancho espectro de frecuencias.

Otra característica de los seres vivos, debido a su complejidad, es la gran necesidad de vínculos internos que necesitan para la coexistencia en equilibrio de sus diversos componentes (tejidos, órganos y funciones), lo que los hace susceptibles a influjos más y más débiles conforme aumenta su grado de complejidad. Estas consideraciones abren las puertas, con nuevas perspectivas de la ciencia actual, a las antiguas concepciones.

harmonia beleza proporção

3. Armonía, belleza, proporción

Consecuencia de la resonancia y de la sintonía entre las partes de la Naturaleza es la de la armonía (matemática) entre ellas; cuando pensamos en «armonía» lo hacemos también en el sentido de «estética» y «belleza», de partes que ensamblan o conjuntan entre sí. Platón ya se refería a ello al hablar del «triángulo más bello» en el Timeo, un texto aparentemente oscuro si se ignoran los conceptos de la época (que siguen siendo conocidos y están plenamente vigentes).

La Astrología de todos los tiempos ha tratado de explicar el efecto de los astros mediante la música (música de las esferas de la que hablan la mayoría de autores clásicos, por «música» en la Antigüedad hemos de entender «Física del Sonido»), y los «aspectos» planetarios, comparándolos con las armonías musicales (Ptolomeo en Armónicas y Tetrabiblos, Nicómaco de Gerasa en el Manual de los armónicos, Kepler en Harmonices Mundi, etc.).

 Entramos de lleno en una teoría matemática pura de la Astrología, pues el hecho de que una onda viaje siempre con sus trenes de armónicos resalta la importancia en la naturaleza de los números naturales (n=1,2,3,4,5,6,7, etc.) y de los fraccionarios sencillos (1/2,2/3, 4/5,etc.), como puede comprobarse en múltiples leyes físicas, donde aparecen números enteros (Ley de la Gravitación Universal, de Coulomb, Stefan, etc.) y lo mismo en los números cuánticos de los átomos, momentos angulares de las partículas, etc.

La teoría armónica está presente en la ciencia antigua y constituye uno de sus elementos más importantes; la única diferencia con la actual es que ahora tenemos un aparato matemático mucho más desarrollado y computadoras para tratar con ondas reales. La cábala judía, heredera de la babilónica, a falta de tales sofisticaciones, simplificó los términos confundiendo el número del armónico con el propio armónico (numerología cabalística).

Así que tenemos posibilidades inigualables para retomar la cuestión y explicar hechos conocidos de muy antiguo con las herramientas que nuestros antepasados para sí hubieran querido poseer.

Artist’s impression of the planet around Alpha Centauri B

Infinity Imagined

4. El hombre es un reflejo del universo

La Física del siglo XX ha concedido un papel fundamental no sólo al observador que hace las medidas durante un experimento, sino también a su especie como protagonista de una aventura excepcional, la de la vida. En efecto, la ciencia no sólo debe aplicarse a sistemas físicos relativamente sencillos (mezclas de gases, coloides, conducción eléctrica, etc.), pues nada impide, al contrario, resulta muy deseable, que se aplique a la comprensión del ser humano y de su existencia en la Tierra. Aspecto que, dicho sea de paso, se dejó durante los últimos tiempos en manos de sujetos y ciencias marginales como fueron en su día psicólogos y psiquiatras, la Psicología y la Psiquiatría.

Y sin embargo, ¿qué labor más noble puede haber que desentrañar ese misterio y poder responder a las preguntas de la esfinge? ¿Quiénes somos?¿ De dónde venimos?¿ A dónde vamos? «Conócete a ti mismo», se dice que rezaba un cartel a la entrada de la academia de Platón. ¿Será por haber dado la espalda la ciencia moderna a tales cuestiones, que la Astrología y materias afines comenzaron a levantar cabeza en la pasada centuria después de casi dos siglos de ostracismo?

¿Qué cosa más lógica, por otra parte, que los seres vivos sean el reflejo de su entorno inmediato? Las plantas encuentran sustento y alimento en el suelo, en el agua y en la luz; los animales dependen de ellas, y por supuesto la especie humana. Nuestro soporte físico está en la Tierra (alimentos), pero en cuanto a energía dependemos en última instancia del Sol, por lo que no puede resultar sorprendente que en las civilizaciones antiguas fuese adorado y tenido por dios (fuerza generadora y formadora de la naturaleza).

Tenemos ojos porque fuera hay luz, y oídos porque nos movemos en un medio acústico; nuestro olfato identifica las diversas sustancias, y el tacto su textura. Disponemos de huesos porque en la tierra hay rocas, de nitrógeno en las proteínas porque este elemento está presente en el aire y dependemos del agua estrechamente, el compuesto más abundante del globo terrestre.

Nada nos impide conjeturar, al contrario, resulta lo más lógico que, dado que la vida se caracteriza por disminuir la entropía en los seres, hemos llegado a ser como somos por sucesiva agregación y complicación, desde los primeros aminoácidos, las primeras proteínas capaces de autorreplicarse, las primeras células, organizaciones celulares, etc., evolucionando siempre en un ambiente cíclico (el cielo y la noche de cada día, de cada mes, de cada año, de cada ciclo planetario).Por eso no debe sorprender que una de nuestras características sea la de sintonizar con extrema facilidad una señal externa y acoplarnos a su ritmo.

Razonando a la inversa, si hay inteligencia racional en el hombre también debe haberla en el exterior (un principio ordenador, theos o dios); y, yendo más allá, puesto que disponemos de dos hemisferios cerebrales, uno lógico-racionalanalítico y otro intuitivo y sintético, también debe existir otra realidad externa no racional. La lógica no lo explica todo, la realidad es supraracional, y así vemos épocas y culturas en las que se ha priorizado la otra vía de conocimiento (misticismo, neoplatonismo, hermetismo, gnosticismo,etc.). De hecho la ciencia de las estrellas nació de las interpretaciones que los sacerdotes mesopotámicos hacían de la voluntad de los dioses (astros) en su observación sistemática del cielo (los planetas-dioses fueron considerados mensajeros de esa voluntad divina).

La ciencia de los «omina» (interpretación de la realidad a través de signos o señales que suceden a nuestro alrededor) se sigue practicando en la India mediante el uso de claves simbólicas, de las que la Astrología guarda un precioso legado; no debemos sonreír ante este tipo de «adivinaciones», de hecho, el conocido psicólogo suizo Carl Gustave Jung se topó con estos aspectos poco conocidos de la realidad actualmente, y los denominó «principios conectivos acausales» (hechos simultáneos aparentemente inconexos para la interpretación lógico-racional). En Astrología son de experiencia común y los llamamos ahora «constelaciones de hechos».

Podemos concluir que no somos otra cosa sino un trozo de universo que se ha desgajado de la corriente general,individualizándose en un ser organizado, pero no aparte del resto, ni de sus ciclos, ni de sus ritmos (regidos por el cielo, no lo olvidemos, que gira sin parar sobre nuestras cabezas). Que seamos un espejo vivo de la naturaleza, que el «microcosmos» humano constituya un reflejo del «macrocosmos», resultalo más lógico del mundo; lo aberrante es suponer lo contrario,cosa que, desgraciadamente, ha sido dado por hecho en las últimas centurias, generando los desastres medioambientales que hemos podido vivir en ese tiempo (el hombre considerado como algo ajeno a la naturaleza).

Pero hoy soplan otros vientos, y, por supuesto,se abren nuevas puertas.

Esquema cosmológico según la tradición aristotélica_

Capítulo III

La Fábrica del Mundo

La doctrina de las esferas planetarias

Los antiguos imaginaron el mundo como una inmensa fábrica constituida por una serie de esferas concéntricas, transparentes a la vista pero sólidas, conteniendo cada una de ellas un planeta, Sol y Luna incluidos, y también la esfera de las estrellas fijas, la más externa de todas. En el centro exacto de esta gigantesca maquinaria cósmica pusieron la Tierra y todos los seres que en ella habitan.

Esta visión aún tenía vigencia en Europa durante el siglo XVI y se adentró en los comienzos del XVII, hasta ser sustituida por el modelo heliocéntrico copernicano y la Física emergente de esa época (éxito apabullante de las teorías de Kepler, Galileo y Newton sobre los escolásticos y teólogos, anclados en las viejas doctrinas y la Física aristotélica).

Podemos ver esa enorme fábrica del mundo (así la llaman quienes la describen en las obras de Cosmografía, Astronomía y Cronología) en muchísimos libros del Renacimiento, y por supuesto de la Edad Media y anteriores. El cristianismo la adaptó a sus necesidades doctrinales añadiendo en lo más profundo del esquema el lugar donde se encuentran las aguas del Génesis (causantes del Diluvio Universal, el cielo cristalino) y otra en la que habitan los santos y las almas de los bienaventurados. Más allá, inaccesible a los sentidos y al raciocínio humano, campea Dios presidiendo toda su creación.

La conexión entre el Cielo y la Tierra podemos verla en el relato de la escalera de Jacob (Génesis, 28, 11-19),por donde transitan los ángeles hacia arriba y hacia abajo (mensajeros entre la humanidad y Dios y los santos). Se halla representada en muchas iglesias románicas y góticas, especialmente.

La creencia en la existencia de las esferas planetarias era artículo de fe en la Edad Media y puede verse representada también en el plan de algunas portadas de iglesias, en la cúpula románica, en los arcos de herradura árabes o mozárabes, etc. El Camino de Santiago está poblado en la actualidad con el símbolo de un petroglifo procedente de algunos megalitos, existentes no sólo en Galicia, sino a lo largo de la costa atlântica europea y norteafricana. La figura muestra siete círculos concéntricos, muy similar a otra cuadrada de los indios hopis americanos, o a la llamada losa de Narros, en Soria, emblemas todos ellos de los siete cielos. La figura alcanza portanto el Neolítico y culturas equivalentes.

Platón hablaba de estos siete cielos en el siglo V a.C. y fue uno de los que propuso la búsqueda de un modelo matemático que permitiese racionalizar el movimiento del Sol, de la Luna y de las cinco estrellas errantes (planetas). El primero en intentar una solución a dicho problema fue Eudoxo de Cnido, que vivió entre 408 y 355 a.C. Posteriormente vendría el modelo de Ptolomeo (sigloII), que estuvo vigente hasta ser sustituido por el de Copérnico (siglo XVI) y posteriormente el de Newton y los grandes desarrolladores de la Mecánica (Laplace, etc.).

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Lecturas comentadas

Para seguir ahondando en el tema podemos ceder la palabra a uno de los más genuinos representantes de la ciencia y de la filosofía medievales; veamos lo que dice Maimónides (Córdoba, 1135, El Cairo, 1204) sobre la concepción del universo en su época, en la Guía de perplejos:

Capítulo72 (primera parte). El «ser» y la «naturaleza» en general; el universo y el hombre:

Debes saber que este universo, considerado en su conjunto, constituye como una sola individualidad, y nada más; quiero decir, el globo del cielo supremo, con todo su contenido, es, a no dudarlo, un individuo, como Zayd y Omar, con el mismo título de individualidad… Dicho globo, en su totalidad, abarca las esferas y los cuatro elementos con sus componentes. No hay en él absolutamente ningún vacío: es un sólido lleno, cuyo centro radica en la bola terrestre; las aguas envuelven las tierras, el aire a las aguas, el fuego al aire,la quintaesencia (éter) al fuego.

Maimónides hace una observación que hoy suele pasar desapercibida al pensamiento científico; sólo hay un universo, una sola naturaleza, formando un todo orgánico e inseparable. Dicho de otro modo, la suma de las partes no es igual a su totalidad. La integración, la organización en una sola cosa supone algo más que la simple suma de las piezas descubiertas por el razonamiento analítico. Para los antiguos el Todo está en la parte, y la parte en el Todo, son inseparables, como expresa la misma raíz latina del término universo, de unus, uno, único. En griego equivale a Cosmos, opuesto al Caos, con una significación similar («bello», «ornato», o sea, «armónico»).

De ahí que tanto para el pensamiento antiguo como el medieval sean inseparables los acontecimientos celestes de los terrestres. Puesto que el movimiento de los astros es predecible, pueden conocerse con antelación los hechos terrestres ligados a ellos. Pero sigamos con la doctrina de las esferas  planetárias, a través de Maimónides:

Hay muchas esferas contenidas una dentro de otra, y entre ellas no existe hueco ni vacío alguno, sino que se ciñen exactamente, aglutinadas entre sí, todas en movimiento circular uniforme, sin aceleración… No obstante, algunas esferas están dotadas de una movilidad más rápida que otras, y la más veloz de todas es la que circunda el universo, es decir,la que imprime el movimiento diurno, que es la que arrastra a las demás simultáneamente con ella… Estas esferas tienen centros diferentes: en unas coincide con el del mundo, en otras no… Todos los astros se hallan integrados en una de estas esferas, fijos en su lugar, sin movimiento particular, y su movimiento aparente no es otro sino el propio del cuerpo al que pertenecen. La materia de todo ese quinto cuerpo (éter), dotado de movimiento orbital, no es como la de los cuatro elementos contenidos en su interior. El número de esas esferas que circundan el universo no puede en modo alguno ser inferior a18, si bien entra dentro de lo posible que sea superior… (Se atribuían 3 esferas a la Luna, otras 3 a Mercurio, y 2 a cada uno de los restantes planetas para explicar sus movimientos: 3+3+2×5+2=18).

Esta antiquísima doctrina se mantenía aún en la Universidad española en el siglo XVII, llegando a adentrarse en el XVIII. La encontramos en los textos de Astronomía del siglo XVII, por ejemplo en la Astronomica curiosa de Leonardo Ferrer (Valencia, 1677). Veamos cómo la expone Diego Torres de Villarroel, catedrático de Matemáticas de la Universidad de Salamanca, en su Cartilla Rústica (1727):

Y ahora arrímate más a mi mesa, que con este compás te explicaré el orden y figuras del mundo en estos círculos: y empezando por este pequeñito has de saber que es la tierra en que vivimos juntamente con el agua; síguese después el aire imaginado en este otro círculo,éste nos rodea, y es superior al agua y a la tierra (como lo sentimos); y luego se sigue otra región que llaman del fuego, la Luna que tiene su Cielo aparte como los demás Planetas, y por este orden llegamos hasta el Cielo Empíreo, mansión de los Bien aventurados, y Ciudad de Dios, lo que mejor percibirás mirando a tu gusto la figura, que es ésta.

Mostréle explicado en círculos este orden de esferas, mirólas un gran rato, mi buen Patán, y después me dijo: ¿Con que nosotros estamos dentro del Cielo? Sí, amigo (le respondí), y en el aire y el fuego, y por todas partes estamos rodeados y unidos estos elementos unos con otros, y luego los Cielos; y así como están juntos los cascos de la cebolla, se mantiene por virtud natural esta maravillosa máquina…

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Pero sigamos con Maimónides:

En el interior de la esfera más próxima a nosotros hay una materia diferente de los cuatro cuerpos: tierra, agua, aire y fuego, y cada uno de los cuatro tiene su lugar natural propio, que no se encuentra en ningún otro en tanto perdura su naturaleza. Son cuerpos inanimados, sin vida ni percepción, ni se mueven por sí mismos, sino que descansan en sus lugares naturales. No obstante, si alguno se ve forzado a salir del mismo, desaparecida la causa operante, se moviliza para volver a su propio lugar, porque tiene en sí el principio de la movilidad en línea recta, para regresar a su puesto…

Tales movimientos en estos cuatro elementos, que tienden hacia sus lugares, son de dos clases: hacia la circunferencia, en el fuego y en el aire, y hacia el centro, propio del agua y la tierra; llegados cada uno a su sitio, permanecen en reposo. En cuanto a los cuerpos que actúan circularmente, son vivos, dotados de un alma que los moviliza, no hay en ellos absolutamente ningún principio reposante, ni experimentan cambio alguno sino en la posición, por su movimiento circular. Sin embargo, si tienen o no una «inteligencia» mediante la cual «conciben», es una cuestión elucidable solamente mediante la especulación sutil…

Repárese en la distinción tan clara que hace entre el mundo superior -los astros y las esferas- y el inferior, formado por los cuatro Elementos y sus combinaciones, los cuales generan a través de la acción de los primeros todo lo que hay en la Tierra: mineral, vegetal, animal, etc. El cielo es activo y masculino; la Tierra pasiva, femenina y generadora. Lo superior gobierna lo inferior, hay una subordinación jerárquica.

Esta misma dualidad se advierte en la naturaleza de los Elementos, según la misma doctrina; Fuego y Aire se mueven circularmente, como los astros (activos); Agua y Tierra en línea recta, hacia el centro (femeninos). En castellano antiguo esta polaridad se distinguió con los términos erechos y erguidos (de pie, activos, masculinos), y iazientes (tumbados, femeninos, pasivos), tal como puede verse en el Libro de las Cruzes. Hemos de aclarar que los términos «masculino» y «femenino» no tienen aquí ninguna connotación sexual, sino que son la denominación clásica de lo activo o yang (masculino) y de lo pasivo/receptivo yin (femenino), principios que existen ambos en todos los seres y en todos los fenómenos.

Continuemos con la exposición de Maimónides:

Por lo que se refiere al quinto cuerpo en su conjunto y su movimiento circular (el éter), por su mediación se origina en los elementos un aactividad constrictiva que los obliga a salir de sus regiones; es decir, el fuego y el aire son empujados hacia el agua y todos penetran en el cuerpo de la tierra hasta sus profundidades, originándose una amalgama de elementos. Después comienzan a rebullirse para reintegrarse a sus regiones, y, debido a ello, se desplazan asimismo parcelas terrestres de sus lugares, que se juntan con el agua, el aire y el fuego. En todo este proceso los elementos actúan unos sobre otros, con influjo recíproco, y la amalgama experimenta una transformación, apareciendo primeramente las diferentes especies de vapores; a continuación, las de los minerales, y toda clase de especies vegetales y animales…

Todo lo que nace y desaparecet iene su origen en los elementos y a ellos vuelve al metabolizarse. Del mismo modo, los elementos nacen los unos de los otros y se trastocan de idéntica manera, dado que su materia general es única y ésta no puede existir sin forma, como tampoco ninguna forma física sujeta a nacimiento y transformación puede realizarse sin materia.

Por consiguiente, el estado de las cosas en cuanto a generación y metabolismo de elementos y cuanto de éstos se origina y a ellos vuelve, previa corrupción, sigue un movimiento rotatorio similar al celeste, de manera que el movimiento de esta materia susceptible de forma, a través de las que en ella se suceden, puede compararse con el del cielo en su lugar, retornando cada parte a sus respectivas posiciones.

En esta doctrina, el mundo superior o espiritual es eterno e imperecedero (ciclos largos), en oposición al mundo inferior sometido al nacimiento y a la muerte, a la generación y a la corrupción, al ciclo rápido. De igual manera, así como en el cuerpo humano hay miembros dominantes y miembros dominados, que precisan para su sostenimiento de la dirección de aquel otro principal que los rige, análogamente en el universo existen partes preponderantes, como el quinto cuerpo, que todo lo envuelve, y partes supeditadas, que precisan de guía,como son los elementos y sus compuestos… Cualquier fenómeno que en el universo se origina tiene como primera causa el movimiento de la esfera celeste, y toda alma de cualquier ser animado del cosmos tiene su principio en dicha esfera. Has de saber que las facultades que la esfera celeste transmite a este mundo son cuatro: una, que ocasiona la mezcla de su composición y que sin ninguna duda basta para la producción de los minerales; otra, que infunde en toda planta un alma vegetativa; una tercera, que comunica alma vital a todo viviente,y por último,la que confiere a todo ser dotado de razón un alma racional. Todo esto se realiza por mediación de la luz y las tinieblas,resultantes del fulgor de los astros y su revolución alrededor de la tierra.

En este final de capítulo Maimónides insiste en la supeditación de los acontecimientos terrestres al movimiento de las estrellas, donde precisamente tienen su origen y causa. En cuanto a los seres vivos y en especial al hombre, deja claro que el cuerpo pertenece a los Elementos, a la Tierra, de donde viene y a donde va. Esto no es nuevo para la Ciencia moderna, ya que sabemos que cada átomo y cada molécula de cualquier ser vivo, no es más que materia organizada. Pero, ¿qué es lo que en un ser vivo organiza la materia mineral hasta formar un vegetal, un animal o una persona? ¿Qué impulsa al aire, al agua, a los minerales y a los alimentos, a organizarse en un ser completo? Hoy sabemos que la respuesta está en la Genética. Maimónides, como hombre de su tiempo, da la de los sabios de la Antigüedad: el agente organizador es el alma, la cual tiene su origen en las esferas planetarias. Y más concretamentea ún, en la acción de la luz de los astros.

Retomemos a Maimónides, quien nos va a mostrar ahora la peculiar Física de la Antigüedad. Donde la Ciencia actual habla de fuerzas y campos,los hombres de épocas pasadas concibieron entidades vivas:

Capítulo 4 (segunda parte). Las esferas celestes, dotadas de alma e intelecto. Dios, primer motor, actúa sobre ellas mediante las «Inteligencias separadas»; número de éstas.

La simple reflexión evidencia que la esfera celeste está dotada de alma. No obstante, quien lo oye piensa que es cosa difícil de captar,o lo rechaza de plano, imaginando que cuando decimos alma, se trata de una como la del hombre, la del asno o la del toro. Pero no es ése el sentido de tal expresión, sino que su movimiento local indica que posee en sí indudablemente un principio en virtud del cual se mueve, y es, con toda seguridad, un alma…

Alma o entidad espiritual que en la iconografía ha sido representada por un ser alado, desde el clásico ángel cristiano, al dragón con alas o la serpiente emplumada de los mayas. Las alas simbolizan lo sutil, pero también las ondas, los ciclos, la vibración provocando fenómenos sensibles. La Física moderna ha descubierto ya la doble realidad onda-corpúsculo en la luz y en el mundo microscópico. Realidad que alcanza también a lo sensible, a lo macroscópico; una concepción familiar a las mentalidades antiguas, aun que lo expresaran con otras palabras.

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Aristóteles, después de reconocer todo esto, lo reconsideró y descubrió por inferencia que son muchas las esferas cuyos movimientos difieren entre sí en velocidad o lentitud, así como en la dirección del mismo, aun cuando todas tengan de común el movimiento circular. A consecuencia de esta especulación física, se sintió impulsado a creer que la noción representada por una determinada esfera, en orden a la realización de su rápido movimiento en un día, no es idéntica a la representada por otra que efectúa un solo giro en 30 años. De ahí concluye categóricamente que existen Inteligencias separadas numéricamente iguales a las esferas, que cada una de éstas siente atracción hacia esa inteligencia, que es su principio, y que ésta le imprime su movimiento peculiar de manera que tal inteligencia moviliza tal esfera…

Si los filósofos modernos han afirmado que las Inteligencias separadas son en número de 10, es porque contaron los globos que tienen astros y la esfera circundante, aun cuando algunos de aquéllos contengan numerosas esferas, y el número de globos es 9: la esfera circundante universal, la de las estrellas fijas y las de los 7 planetas…

Síguese también… que Dios (¡ensalzado sea!) no realiza las cosas por contacto; así, cuando quema, es por mediación del fuego, el cual se mueve por obra de la esfera celeste, y ésta,a su vez, por la actuación de una Inteligencia separada. Éstas son los ángeles, que están cerca de él, y por mediación de ellos se mueven las esferas. Ahora bien, como las Inteligencias separadas, por ser incorpóreas, no son en modo alguno susceptibles de numeración en cuanto a la diversidad de sus esencias, se deduce,según él, que es Dios (¡ensalzado sea!) el Hacedor de la inteligencia primera, que es la que moviliza la primera esfera, en la forma que dejamos expuesta; la inteligencia que movilizó la segunda tiene como causa y principio la inteligencia primera, y así sucesivamente, de manera que la inteligencia que pone en movimiento la esfera más próxima a nosotros es la causa y principio del Intelecto activo. En él terminan las Inteligencias separadas, como, al igual que los cuerpos, empezando por la esfera superior, finalizan por los elementos y sus componentes. No sería procedente afirmar que la Inteligencia motora de la esfera superior sea precisamente el Ser necesario, pues dado que tiene un objetivo común con las otras inteligencias, cuales la moción de los cuerpos, y todas ellas se distinguen en algo de las restantes, cada una de las 10 consta de 2 elementos, y, por ende, necesariamente habrá una causa primera para todo.

Tal es la aseveración de Aristóteles, y sus argumentos al respecto han sido expuestos, en cuanto pueden serlo, en las obras de sus sucesores. El resultado de todas estas disquisiciones es que todas las esferas son cuerpos vivos, dotados de alma e intelecto, que se representan y aprehenden la divinidad, así como también sus primeros principios; que existen las Inteligencias separadas, absolutamente incorpóreas, todas emanadas de Dios (¡ensalzado sea!) e intermediarias entre Él y todos esos cuerpos celestes…

Respecto al mundo microscópico, la Física moderna ya no habla de órbitas para expresar el movimiento de los electrones dentro de los átomos, como hacía en los primeros tiempos de la atomística, sino de niveles de energía. En Mecánica Cuántica carece de sentido hablar de órbita electrónica, aconsecuencia del Principio de Incertidumbre de Heisemberg. Talvez en Astronomía aún quede pendiente llevar a cabo una revolución conceptual similar. La Mecánica Celeste calcula y describe las órbitas de los planetas con ecuaciones muy similares a las que antes se aplicaban a los electrones atómicos. Pero es posible describir la formación y evolución del Sistema Solar en términos de ondulatoria, considerando funciones de energía; en sus mínimos matemáticos se habría estabilizado la materia que ha dado lugar a los planetas.

Una descripción global y ondulatoria del Sistema Solar formulada en estos términos podría muy bien llegar a ser algún día el modelo físico-matemático correspondiente a la antigua doctrina de las esferas planetárias y sus ángeles o inteligencias, y sería capaz además de dar cuenta de algunos de los hechos observados por los astrólogos. Hechos de los que la Ciencia académica, como en su día hicieron los escolásticos del Renacimiento con algunas observaciones astronómicas, no quiere ni oír hablar. Pero sigamos con Maimónides:

Capítulo 6. Sobre el término mal’ak (ángel) y sus acepciones, especialmente la de «inteligencias separadas».

Respecto a la existencia de los ángeles, es cosa que no necesita demostración, pues consta en numerosos pasajes de la Torá. Ya sabes que Elohim es un término que designa a los jueces (o gobernantes), v.g.: «Será llevado por ambas partes ante los jueces» (ante Dios). Por eso este nombre se ha aplicado metafóricamente a los ángeles, y también a Dios, como juez (o dominador) que es de los ángeles, razón por la cual se dice: «Porque Yhwh vuestro Dios -dirigiéndose a todo el linaje humano- es el Dios de los dioses -es decir,de lo sángeles-, y el Señor de los señores -o sea, de las esferas y de los astros-», que son los señores de todos los demás cuerpos. Tales el sentido, no que los Elohim («dioses») y Adonim («señores») pertenezcan a la raza humana, la cual se sitúa muy por debajo de ellos… Lo que se ha significado es que Él (¡ensalzado sea!) es el dominador de los dominadores,es decir, de los ángeles, y señor de las esferas celestes.

Ya anteriormente dedicamos un capítulo a exponer que los ángeles no son cuerpos, como también afirma Aristóteles, pero con una diferencia en la denominación, puesto que él llama Inteligencias separadas a lo que nosotros ángeles. En cuanto a su teoría de que éstos son también intermediarios entre el Creador (¡ensalzadosea!) y los demás seres y que por su mediación se movilizan las esferas -causa de la generación de lo que nace-, eso mismo consta en toda la Escritura, pues nunca encontrarás que Dios (¡ensalzado sea!) realice acto alguno sino por ministerio de un ángel. Bien sabes que el significado de mal’ak es «mensajero»; por consiguiente, todo aquel que ejecuta una orden es un mal’ak; y así, los movimientos del animal, incluso irracional, se realizan, según la Escritura, cuando se cumplen de conformidad con el propósito de Dios, que en él puso una fuerza ejecutora de tal movimiento. Dícese p.e.: «Mi Dios ha enviado a su ángel, que ha cerrado la boca de los leones, para que no me hiciesen ningún mal» (Daniel,6), y todos los movimientos de la burra de Balaam son por obra de un ángel. Hasta los mismos elementos reciben igualmente la denominación de mal’akim («ángeles o mensajeros»), v.g.: «Tienes por mensajeros a los vientos, y por ministros, llamas de fuego» (Salmos,104)…

En el Beresit R. leemos: «Se ha enseñado que un solo ángel no efectúa dos misiones, ni dos realizan una misma». Tales el carácter de todas las fuerzas. Esto te reafirmará en que todas las energías individuales, tanto físicas como psíquicas, se denominan ángeles, como el los afirman en múltiples lugares…

Este párrafo encierra un contenido que no puede pasar por alto ningún conocedor de la ondulatoria.En lenguaje moderno, equivale a decir que los trenes de ondas planetarias no se mezclan en su acción, como no lo hacen dos emisoras de radio o televisión, puesto que con frecuencias diferentes, resuenan sobre conjuntos diferentes. La resonancia es un hecho básico en Física, pero también en Cosmología: los osciladores sólo intercambian energía de un modo significativo si son capaces de vibrar a la misma frecuencia, y en menor escala en frecuencias armónicas próximas. La esfera planetaria, o sea, el nivel de energía de un planeta, el diapasón activador, sólo puede hacer vibrar al diapasón pasivo (conjunto terrestre sintonizador) de su misma frecuencia.

Hoy sabemos que la afirmación de Maimónides no es completamente cierta, ya que los distintos armónicos de las frecuencias fundamentales pueden superponerse al tener comunidades de frecuencias, y por tanto de influjos. Es un hecho observado por los astrólogos de muy antiguo. No obstante, se sigue aceptando que cada planeta tiene su propio espectro de regencias, o, lo que es lo mismo, su influjo característico.

Sigamos con la doctrina de sus mismas fuentes medievales:

Dado que se ha contrapuesto a ese aserto otro texto, en el que se afirma que los ángeles son estables -y en efecto, se ha expuesto reiteradamente que son vivientes y estables-, la respuesta es que unos son permanentes, y otros perecederos. Y tal es la realidad, puesto que las fuerzas individuales nacen y mueren de continuo,en tanto que las especies correspondientes son perdurables, sin deterioros…

Por otra parte, siempre que el ángel aparece en una forma cualquiera, ya hicimos constar que se trata de visión profética… Advierte que cuando se hace clara mención de un ángel, ha de entenderse una acción, y que toda visión del mismo tiene lugar en visión profética y conforme al estado de quien la recibe.

En lo que Aristóteles dejó dicho sobre el particular, tampoco hay nada contradictorio con la ley; pero hay un punto en el que sí hay discrepancia, su creencia en que todas las cosas son eternas y provenientes necesariamente de Él (¡ensalzadosea!); nosotros, por el contrario, creemos que todo eso ha sido creado, que Dios creó las Inteligencias separadas y puso en la esfera celeste una facultad optativa hacia ellas, que Él fue en suma, quien creó las Inteligencias y las esferas, y quien las dotó de esas fuerzas directrices…

Capítulo 8. Opinión de los doctores judíos sobre las esferas; ídem de Aristóteles; superioridad de la ciencia astronómica de los sabios paganos.

Una de las antiguas opiniones muy difundidas entre los filósofos y la generalidad de las gentes es que el movimiento de las esferas celestes origina un estruendo formidable y violento en extremo. Como argumento aducen que, si los cuerpos pequeños situados junto a nosotros son movidos con rápida moción, producen un gran estrépito y espantoso retumbo, a fortiori, los cuerpos solar, lunar y estelares, dado su tamaño y velocidad.

Todos los seguidores de Pitágoras creían que emiten sonidos armoniosos proporcionados entre sí, a pesar de su fuerza, al estilo de las modulaciones musicales, y alegan las causas de porqué no percibimos esos sonidos tan fuertes y tremendos. Tal creencia se halla igualmente extendida en nuestra nación. ¿No ves cómo describen los Doctores el estruendo del Sol al recorrer cada día la esfera celeste? Lo propio se deduce respecto a los demás. Sin embargo, Aristóteles lo niega y demuestra que carecen de sonidos, en su libro Del cielo. No te retraiga la discrepancia entre la opinión de Aristóteles y la de los Doctores (¡bendita sea su memoria!) en este punto, pues tal sentir, a saber, la realidad de esos sonidos, es consecuencia de la convicción de que «la esfera está fija y los astros giran»…

Maimónides discute también a cerca del número de las esferas, variable según las concepciones a través de las épocas:

Capítulo 9. Sobre el número de las esferas.

Ya te expusimos que el número de las esferas no se precisó en tiempo de Aristóteles, y quienes en el nuestro contaron nueve, en realidad consideraron como único el globo que abarca varias esferas, según es notorio a quien estudió Astronomía…

En definitiva, de cualquier modo, todos los antiguos situaban a Venus y Mercurio por encima del Sol, y por tal motivo contaban cinco esferas: la de la Luna, que indudablemente está cerca de nosotros; la del Sol, necesariamente por encima de ella; la de los otros cinco planetas; la de las estrellas fijas; y por encima de todas, una esfera vacía, sin estrella alguna.

En consecuencia, el número de esferas figuradas, quiero decir con figuras, en las cuales hay estrellas, pues los antiguos llamaban a las estrellas «figuras», como es sabido por sus libros, esas esferas son cuatro: la esfera de las estrellas fijas; la de los cinco planetas; la del Sol, y la de la Luna; y por encima de todas, una esfera vacía, sin estrella alguna.

Este número de cuatro constituye para mí una base importante, en orden a uma idea que se me ha ocurrido y no he visto expuesta explícitamente en ningún filósofo. He encontrado, no obstante, en los escritos de éstos y en las palabras de los Doctores, indicaciones que despertaron mi atención sobre el particular. Voy, pues, a exponerte y elucidar la cuestión en el capítulo siguiente.

Iniciación a la Astrología Clásica Reinterpretada a la Luz de la Ciencia Actual II

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