Iniciación a la Astrología Clásica Reinterpretada a la Luz de la Ciencia Actual II

hombre cosmico

José Luis Pascual Bláquez

Capítulo IV

El Hombre Cósmico

El Principio de Analogía (o Ley de Semejanza)

Una de los textos fundamentales del hermetismo ,y portanto de la ciencia antigua, La Tabla de Esmeralda, comienza así:

Es real, sin mentira, cierto y muy verdadero.

Lo que está abajo es como lo que está arriba, y lo que está arriba es como lo que está abajo, para hacer el milagro de una sola cosa. Y así como todas las cosas han salido de una cosa por el pensamiento de uno, asimismo todas las cosas han nacido de esta cosa por adaptación1.

1. Textos básicos de Alquimia. Editorial Dédalo. Buenos Aires, 1976. Pág. 15.

Se trata de una cita desgastada de tanto citarla y retraducirla; es una de las más conocidas, pero aún así no resulta fácil desentrañar su significado,y a la vez,contemplarla desde nuestros conocimientos actuales.

Encontramos la versión judeocristiana equivalente en el Génesis bíblico:

Y dijo Dios:

-Hagamos a un hombre a nuestra imagen y semejanza; que ellos dominen los peces del mar,las aves del cielo, los animales domésticos y todos los reptiles.

Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó2.

2. Génesis, I, 26, 27. Nueva Biblia española. Ediciones Cristiandad, S. L. Madrid, 1975.

La Medicina moderna describe al hombre como un agregado de órganos y sistemas (Anatomía) con un funcionamiento (Fisiología) sin ir más allá del plano estrictamente físico-químico; por supuesto, el individuo acaba en su piel y para nada se tiene en cuenta la posibilidad de que éste pueda estar conectado al medio ambiente próximo y adaptado a los ciclos y ritmos externos. Menos aún se considera que el ser humano constituye el fruto de millones de años de evolución y adaptación en un entorno cósmico cíclico, y por tanto podemos esperar correlaciones entre sus sistemas y relojes biológicos con las señales que le llegan del Sistema Solar.

La Astrología es vista por la ciencia actual como una entelequia grotesca sin el menor fundamento racional, pese a no haber sido realizado hasta el momento ningún estudio serio y riguroso sobre el tema. Es cierto que algunos han dedicado su tiempo a la publicación de obras que tratan del asunto (e lastrónomo Paul Couderc em Francia, el físico Manuel Toharia en España),pero ni uno ni otro se tomaron el asunto con seriedad y menos aún siguieron la metodología científica. El lector puede comprobar lo que decimos en la obra Astrología, ¿ciencia o creencia? Manuel Toharia. McGraw-Hill, Madrid, 1993.

Y tal consideración, en primer lugar, constituye una anomalía histórica,y en segundo un tremendo desatino. Comprendemos que en el devenir del conocimiento se producen altibajos ypueden desaparecer colecciones enteras de obras y de autores (Europa, por ejemplo, perdió el legado griego tras la caída el Imperio romano y no lo retomó hasta que los árabes volvieron a traerlo en la Edad Media); algo similar ocurre con el legado de la ciencia antigua en estos momentos, comprensible de nuevo tras el hundimiento del mecanicismo newtoniano y el advenimiento de la Física cuántica relativista.

Las nuevas tendencias de los siglos XVI y XVII, inclinadas hacia la experimentación y la prueba objetiva, sumadas al materialismo creciente de los últimos siglos, y el hecho de que los astrólogos se aferrasen -junto a la Iglesia católica- a la Física de Aristóteles, causaron la ruina definitiva de la ciencia antigua y, con ella, del pensamiento astrológico, hegemónico desde el Paleolítico hasta bien entrado el Renacimiento.

Pero hoy soplan nuevos vientos.

El hombre ya no puede ser considerado por más tiempo un ente independiente de su entorno próximo y lejano; esta manera de contemplarlo, fruto de la tendencia analítica y separadora de la Mecánica newtoniana, así como de la ciencia a que dio lugar (que no de su propio iniciador), constituye un profundo error. Por ejemplo, no podemos estudiar un sistema tan complejo como es el ser humano con las mismas herramientas conceptuales que un gas, al igual que se hace en la Teoría Cinética de la Materia. Si el hombre tiene ojos es porque se halla rodeado de luz, si posee oídos es porque fuera de él hay ondas acústicas, etc.

Confundir el cuerpo humano con el ser humano es otra de las enormes lagunas del conocimiento actual, pues resulta evidente que poseemos también complicados sistemas emocionales (estudiados preferentemente por la Psicología) y mentales (a los que dedica su atención la Psiquiatría). Pero echamos a faltar una única rama del conocimiento que aborde el estudio integrado de esos tres componentes, y, sobre todo, las conexiones e interrelaciones existentes entre ellos.

La vida humana, como todo lo sujeto a la Física y a la Química, se halla subordinada a la coordenada tiempo (t), y, que nosotros sepamos, hasta ahora la única ciencia que ha abordado la cuestión es la Astrología. ¿Porqué la crisis adolescente se produce entre los 12 y los 16 años, y no antes o después? ¿Porqué el ciclo catamenial de lamujer se aproxima tanto al de las fases lunares? ¿Porqué algunas enfermedades tienen preferencias por momentos determinados del día o del año?

Que no se haya intentado dar respuesta a estas y otras preguntas similares vuelve a resultar tremendamente sorprendente, puesto que, si algo caracteriza al ser vivo, es su enorme facilidad para sintonizar sus propios ritmos a señales externas. Nadie nos discutirá en la actualidad que la música o la iluminación de una sala puedan tener efectos biológicos; incluso resulta conocido que las depresione saumentan en otoño, y no hay problema en admitir que es la disminución del fotoperíodo el factor desencadenante.

Pero, si hablamos de la luz de un planeta, incluso la de la Luna, el científico se previene y, contra los propios fundamentos de la Física, no dudará en afirmar convencido que se trata de señales muy débiles y portanto imperceptibles por los sistemas biológicos, una especie de «ruido de fondo». Una afirmación apriorística, sin ningún rigor experimental y, menos aún, de razonamiento lógico.

Conocido es el hecho de que las mujeres que viven juntas tienden a unificar sus períodos menstruales (término que, dicho sea de paso, proviene del latín mensis -mes- y del griego mene-Luna). Se supone que el hecho tiene por causa la emisión de feromonas, sustancias que, en bajísimas cantidades -bastan para ello unas cuantas moléculas-, através del olfato y sin que haya percepción consciente, provocan la sincronización.

Del mismo modo, para romper átomos, excitar electrones a niveles superiores o arrancarlos fuera de la influencia del núcleo, no son precisas grandes cantidades de energía, sino cuantos muy precisos de la misma (neutrones a velocidad «crítica» o fotones de determinada frecuencia). La lógica común del mundo macroscópico no resulta aplicable al mundo microscópico.

Un sistema mecánico sencillo, precisamente por serlo, no precisa de gran número de vínculos entre sus partes para que éstas puedan coexistir en equilibrio, y por ello está sujeto a menos errores y es menos sensible a cambios externos que un sistema más complejo. Este último, por su mayor complicación, necesita de más ajustes y vínculos internos para alcanzar un régimen de equilibrio, y, por lo mismo, presentará mayor sensibilidad frente a errores y variaciones del entorno.

El ser vivo es muchísimo más complejo que cualquier sistema mecánico, y por el mismo razonamiento tremendamente sensible a estímulos externos, incluso los que puedan parecernos despreciables a primera vista. Un caso lo tenemos en los cambios de tiempo, que muchos animales y sujetos sensibles detectan antes que el barómetro. Éste, por su sencillez, precisa de un cambio objetivo de la presión atmosférica para darnos a conocer la aproximación de un frente ciclónico; el ser vivo, mucho más susceptible, lo «presiente» con vários días de antelación a través de algún achaque o debilidad (también los niños y ancianos, sujetos críticos por definición).

No hay ninguna barrera conceptual que nos impida suponer, siquiera como mera hipótesis de partida, que el ser humano sea sensible a la radiación proviniente de los elementos del Sistema Solar (particularmente a sus cambios) y tenga capacidad para discriminarla y seguir sus variaciones cíclicas. Esta clase de influjo es extraordinariamente débil, pero, a cambio, ha estado ahí desde el surgimiento de la vida, ha acompañado a las primeras moléculas capaces de autorreplicarse, a las primeras células y a todas sus posteriores complicaciones, hasta constituir el mayor grado de complejidad que es el hombre.

Ciertamente la hipótesis inicial debe ser comprobada, y ahí está la única ciencia que hasta el momento ha abordado el problema para tratar de resolverlo.

Por otra vía similar, los antiguos lo atajaron del modo siguiente; conocemos la doctrina con bastante precisión através de los griegos, pero seguramente ésta es anterior y por lo menos puede proceder de las culturas del Creciente Fértil (Babilonia, y antes de caldeos y sumerios). Supusieron que el cosmos (que significa «bello»,  «ornato»), o, mejor aún, el macrocosmos, con su giro constante sobre la esfera de la Tierra, es la causa de todos los fenómenos que acaecen sobre ésta, y, entre ellos, la generación de la vida y de los seres vivos. Con este hilo argumental, al hombre, el ser más completo de todos, lo llamaron «microcosmos». Y dada la observación común de que los hijos se parecen a los padres, establecieron la unidad entre el microcosmos y el macrocosmos; dicho de otro modo, cada ser vivo es reflejo de la causa que lo engendró, debe contener dentro de sí las mismas partes que la causa generadora y hallarse subordinada a sus ritmos.

A este gran Principio (indemostrable, por tanto,causa última de la que sólo puede verificarse su veracidad) lo llamaron «de Analogía», de acuerdo también con el hecho de que la Naturaleza es una e inseparable. Podemos dividirla en partes para facilitar el estudio (Física -y dentro de ésta tenemos la Mecánica, el Electromagnetismo, la Termodinámica, la Óptica, etc.-, Química, Biología, etc.), pero en sí misma nada podemos separar de nada, la parte y el todo constituyen algo único e inseparable, y sólo cabe esperar entre ambos relaciones de semejanza.

El conocimiento actual avanza en este mismo sentido, como se ve en que las matemáticas de las últimas décadas del siglo XX hayan desarrollado los llamados «fractales». Un fractal constituye una expresión matemática que, cuando se representa gráficamente mediante computadoras, da una imagen en la que la parte se asemeja al total de la misma; es decir, salvo la diferencia de escala, la parte y el todo no se distinguen a simple vista. Lo más importante de ello es que muchos sistemas complejos en la naturaleza tienen un comportamiento o un crecimiento fractal; por ejemplo la forma de las costas, el relieve de las montañas y de las cuencas de los ríos, el crecimiento de cristales y depósitos electrolíticos, el desarrollo de algunas nubes, la propagación de las descargas eléctricas, etc.

Los hologramas (fotografía en tres dimensiones, un logro de la Física de los años 60) también tienen una propiedad parecida a la de los fractales, cuyo origen en contramos sólo unos años después, en la década de los 70; cuando se fracciona un holograma en dos partes se obtienen dos imágenes similares a la original, sólo que la definición de éstas disminuye. El proceso puede continuarse con los mismos rasgos.

Pues bien, nuestros campesinos aún conservan la creencia de que el tiempo que haga en unos determinados días, o durante ciertas fechas privilegiadas, dominará el resto del año o varias semanas, meses,etc. (cabañuelas de agosto, de octubre, de Navidad, etc.). Muchos meteorólogos lo consideran algo chusco y trasnochado, pasando por alto que, aunque no pueda esperase de estos métodos una certidumbre total, en el fondo, tienen un fundamento correcto (similitud entre la parte y el todo) cuantificable matemáticamente (relación de semejanza entre el período base de observación y el ciclo completo sobre el que éste se proyecta).

La técnica horoscópica de la Astrología posee un fundamento análogo; en ella se «congela» la imagen del cielo de nacimiento de un individuo -o una entidad cualquiera- y luego se la hace avanzar a un ritmo concreto (direcciones primarias, secundarias, profecciones, C-60, etc.).

Vemos por tanto que la ciencia antigua se basa en la unicidad e inseparabilidad de las partes de la Naturaleza y en el Principio de Analogía, contrariamente a la moderna que analiza, diseca, fracciona y considera independientes unas partes de otras (por ejemplo, el hombre del Cosmos). El mismo Séneca previno contra estos excesos que periódicamente asaltan al pensamiento humano:

Cuando del todo desaparece una parte, la estabilidad del resto peligra.

El aforismo se emplea actualmente al hablar de biodiversidad; para el razonamiento simplista, la desaparición o la extinción de una especie puede resultar anecdótica. Considerada la cuestión con mayor amplitud de miras, ése hecho apunta a un desequilibrio general con consecuencias inesperadas.

Lo mismo podemos afirmar al desconectar al hombre y a los ecosistemas terrestres (como hace la ciencia actual) del Sistema Solar; el conocimiento que obtenemos de ellos estan sólo una caricatura muy alejada de la realidad.

La Ley de Correspondencia

Jim Fitzpatrick

Hemos visto que los antiguos imaginaron el mundo como una inmensa fábrica constituida por una serie de esferas concéntricas, transparentes a la vista pero sólidas, conteniendo cada una de ellas un planeta, Sol y Luna incluidos, añadida la esfera de las estrellas fijas, la más externa. En el centro exacto de esta gigantesca maquinaria cósmica pusieron la Tierra y todos los seres que en ella habitan.

Esta visión aún tenía vigencia en Europa durante el siglo XVI y se adentró en los comienzos del XVII, hasta ser sustituida por el modelo heliocéntrico copernicano y la Física emergente de esa época (éxito apabullante de las teorías de Kepler, Galileo y Newton sobre los escolásticos y teólogos, anclados en las doctrinas de la Física aristotélica).

Podemos ver esa enorme fábrica del mundo (así la llaman quienes la describen en las obras de Cosmografía, Astronomía y Cronología) en muchísimos libros del Renacimiento, y por supuesto de la Edad Media y anteriores. El cristianismo la adaptó a sus necesidades doctrinales añadiendo en lo más profundo del esquema el lugar donde se encuentran las aguas del Génesis (causantes del Diluvio Universal, el cielo cristalino), así como el que habitan los santos y las almas de los bienaventurados. Más allá, inaccesible a los sentidos y al raciocinio humano, campea Dios presidiendo toda su creación.

Pero el modelo de las esferas planetarias, unido a la Ley de Semejanza, implica que lo que aquéllas han ido generando en la Tierra (tal como se expresa el Génesis y la Tabla de Esmeralda) debe poseer relación de analogia con ellas (ha sido seleccionado por sus influjos y guarda sincronismos recíprocos por la ley de resonancia física). Si nos centramos en el hombre, podremos describirlo en forma esquemática como una réplica de anillos tridimensionales (esferas), cada uno de ellos sintonizado (y portanto unido) a su correspondiente astro. El medio conector sería el Éter (la Quintaesencia o quinto elemento), un medio negado po rl aFísica tras la experiencia de Michelson y Morley (1887) pero que de nuevo llama a la puerta.

En efecto, el corrimiento hacia el rojo observado en los espectros de emisión de los elementos químicos constituyentes de las estrellas, se está intentando explicar por la llamada «expansión del universo», consecuencia de la teoría del bing-bang. Pero existen diversas explicaciones para dar cuenta del red shift; una posibilidad sería que el éter postulado por los antiguos tuviese un efecto de absorción de la energía de las fuentes luminosas estelares, observable en las largas distancias, el cual desplazaría las rayas espectrales hacia el rojo (menor frecuencia, y por tanto menor energía) a causa de la pérdida energética, y no por simple efecto Doppler-Fizeau. Realmente, hay diversas posibles causas generadoras del corrimiento hacia el rojo, no sólo la expansión, y entre ellas no puede descartarse a la ligera la absorción de energía del medio transmisor.

Volviendo al esquema del hombre cósmico, podemos ver una elaboración del mismo en el gnosticismo, no a través de sus seguidores, que mantuvieron las doctrinas en secreto, sino de sus detractores cristianos. Po rejemplo, en Contra Celsum, Orígenes describe cómo concebían los gnósticos al hombre, un reflejo de las esferas del macrocosmos. Podemos interpretar la doctrina suponiendo que cada esfera planetaria (o anillo tridimensional) ha construido en la especie humana una réplica de sí misma, hallándose conectadas ambas por medio del Elemento Éter. Tal filiación se basa en el hecho físico de la resonancia y ha venido conociéndose entre alquimistas y astrólogos como Ley de Correspondencia.

Esta manera de contemplar las cosas permite ensanchar el universo racional tridimensional y hallar conexiones entre hechos aparentemente independientes unos de otros, utilizando símbolos conocidos desde la Antigüedad y que, desde el punto de vista de la ondulatoria (Física) asociamos por comunidad de armónicos. Lo que Jung llamó «principios conectivos acausales» es llamado ahora por algunos astrólogos «constelación de hechos»3. La utilización de símbolos (omina) para interpretar la realidad resulta antiquísima; aún es práctica común en la India («omina» es término de origen babilónico por lo menos).

3. Ver a este respecto Investigaciones sobre astrología. Demetrio Santos Santos. Editora Nacional. Madrid, 1978. Reedición en Editorial Ciclos del Cosmos. Madrid, 1999.

El hombre accesible a los sentidos físicos corresponde a la esfera terrestre (mundo sublunar de la literatura clásica) y está sujeto al nacimiento y a la muerte; se halla constituido por materia y su marcador astronómico es el Ascendente (punto de mayor velocidad de giro, el que individualiza un horóscopo). De ahí que el parecido físico y los rasgos se deduzcan en Astrología del signo saliente en el momento de nacer (intersección del horizonte Este con la Eclíptica). Dicho ciclo tiene un período de 24 horas.

luna

La esfera lunar tiene su réplica dentro del individuo en la mente instintiva, el hemisferio derecho del cerebro, las funciones femeninas, hormonas,el papel de la mujer como esposa y madre y buena parte del universo afectivo y emocional del individuo. Desde un punto de vista simbólico se relaciona con el hogar, las tierras, el pasado, la infancia, los viajes por mar, etc. La comunidad de armónicos con Marte provoca que el influjo lunar aparezca a veces en forma de accidentes (faceta de Diana cazadora en la Mitología). Para un hombre, la Luna (y el Agua) simbolizan a la esposa y a lamujer en general.

mercurio

  La esfera de Mercurio ha construido la mente racional (hemisferio izquierdo del cerebro), los receptores sensoriales, la coordinación y la lateralidad, los procesos de desarrollo de la inteligencia y buena parte de la memoria. Simbólicamente Mercurio se relaciona con los hermanos, los viajes cortos, los escritos, el comercio, etc.; bajo el influjo mercuriano se pueden sufrir robos, engaños, errores de decisión, dificultad en el aprendizaje, etc.

venus

La esfera de Venus tiene resonancia con todo lo relacionado con el erotismo y el hedonismo; por eso se la relaciona con flechazos, contactos, asuntos de amor y todo cuanto resulta placentero y armonioso, especialmente la faceta estética del arte. Le pertenecen los perfumes, las prendas insustanciales, el tacto, las zonas erógenas, la gastronomía (junto a la Luna), el amor galante, todo lo regalado y amable,etc. Su buena fama hizo que se la conociera en el pasado como Pequeña Fortuna.

sol

La esfera del Sol supone un principio vertebrador y centralizador (por tanto rige el corazón y la columna en el cuerpo humano); socialmente el Sol simboliza el jefe de una comunidad (rey, presidente, jefe del Estado, alcalde o persona de mando, el más alto de la jerarquía). Se relaciona también con la profesión y el destino, los hijos y los recreos eróticos (velocidad angular próxima a la de Venus). Para una mujer el Sol simboliza al marido, o los hombres en general.

marte

La esfera de Marte corresponde a la defensa del organismo individual frente al exterior (agresividad, vigilância del propio territorio, sistema inmunitario) y también del colectivo (ciudad, nación, etc., mediante la guerra). Tiene que ver igualmente con la posesión de una pareja para la reproducción; también con el celo de la madre por la prole. De ahí que simbolice al miembro viril y al clítoris (comunidad de armónicos de la Luna y Marte, ya citada). El influjo marciano trae violencia o miedo, lucha o fuga, accidentes o errores fatales, precipitación, aceleración, etc. Fue denominado en el pasado Pequeña Infortuna.

jupiter

La esfera de Júpiter corresponde a un principio expansivo, desde la síntesis de las proteínas y el almacenamiento de energía en el hígado hasta el despliegue social del individuo y la organización de empresas de todo tipo. Nos hallamos ante una potencia optimista e integradora que se relaciona con la Filosofía, la Religión y la Ley (expansión de la conciencia individual), con el peregrinaje del individuo por el mundo como escuela de valores. Su buena fama le valió en el pasado el título de Gran Fortuna.

saturno

La esfera saturniana, última de los cielos visibles para los antiguos y «adyacente» al universo estelar, proporciona al individuo el desapego, la noción del valor real de las cosas y de su fugacidad. Saturno es el cielo más elevado, y portanto el más espiritualizado; de ahí el desprecio que muestra por las cosas del mundo y su visión pesimista de la vida, y por tanto su mala fama.Trae el fruto de las acciones del individuo durante la existencia, madura las situaciones y nos prepara para recoger lo sembrado (de ahí el término medieval de Gran Infortuna, incluso llegó a ser identificado con el diablo). Constituye el gran reloj de la vida, el gobernador del tiempo, el que nos despoja de todo lo acumulado en el mundo (por eso se lo representaba mediante un anciano decrépito portando un reloj de arena y una guadaña).

Paracelso (1493-1541), a quien la Medicina actual considera uno de los primeros médicos en aplicar la Química a la Terapéutica, expresó estas ideas con claridad a lo largo y ancho de sus obras:

Gran verdad que debes considerar seriamente es que nada hay en el cielo ni sobre la tierra que no exista también en el hombre, y Dios, que está en el cielo, también existe en el hombre, y los dos son Uno solo.

La Naturaleza (el Cielo) es el Hombre, y el Hombre es la Naturaleza; todos los hombres son un Cielo universal, y el Cielo es un solo Hombre universal. El hombre individual es parte del Hombre universal, y tiene su propio cielo individual, que es parte del cielo universal4

4. Citado por Hartmann, The Life and Doctrines of Paracelsus, p.6. Este autor fue un destacado miembro de la Sociedad Teosófica, pero, además, era médico.

Y también:

El cuerpo (del hombre) viene de los elementos; el alma, de las estrellas, y el espíritu, de Dios. Todo cuanto puede concebir el intelecto viene de las estrellas5.

5. Ídem obra anterior, pág.312.

Con la división y la disección del cuerpo exterior nada podemos aprender del hombre interior; simplemente destruimos la unidad del todo6.

6. Paracelso, Liber Paramirum, I,6. Citado por Hartmann, obra citada. Hemos cotejado el texto con la edición castellana del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (traducción de Estanislao Lluesma Uranga, Sevilla 1992) y no tiene nada que ver un texto con otro.

El cuerpo físico tiene la capacidad de producir órganos visibles como los ojos y los oídos, la lengua y la nariz, pero todos ellos tienen su origen en el cuerpo invisible, del cual la forma visible externa es sólo la representación exterior… Si conocemos la anatomía del hombre interior, conocemos la Prima materia, y podemos ver tanto la naturaleza de la enfermedad como la del remedio7.

7. Ídem obra anterior, pág.236.

Porque hay que saber que el hombre posee dos clases de vida: la vida «animal» y la «sideral»… Así también el hombre tiene un cuerpo «animal» y otro «sideral»; y ambos forman una unidad y no están separados. Ello ocurre de este modo: el cuerpo «animal», el cuerpo de carne y sangre, está siempre muerto por sí mismo. Sólo el «cuerpo sideral» hace que a ese cuerpo llegue el movimiento de la vida. El «cuerpo sideral» es fuego y aire; pero también está unido al cuerpo animal del hombre. Así que el hombre mortal consiste en agua, tierra, fuego y aire.

El hombre es hijo de dos padres: uno es la «tierra», el otro el «cielo»… De la tierra recibe el cuerpo material, del «cielo» su índole. Así aquella conforma su figura, y el cielo le regalala «luz de la Naturaleza». Todo hombre refleja la índole de su padre; puede hacer aquello que le es innato. Y se ha dado poder a los hijos para disponer sobre la herencia de sus padres.

La estructura del mundo está hechade dos partes: de una parte aprehensible y sensible y de otra invisible e insensible. La parte aprehensible es el cuerpo, la invisible el «astro»8.

8. Paracelso. Textos esenciales. Edición de Jolande Jacobi. Ediciones Siruela. Madrid, 1995. Pág. 71.

Lo que viene de la carne es todo animal y se rige por la naturaleza animal; el cielo tiene poca influencia en eso. Sólo lo que viene del «astro» es lo humano en nosotros; está abandonado a su acción. Pero lo que procede del espíritu, lo divino en el hombre, fue modelado en nosotros a imagen de Dios, y sobre eso no tienen influencia ni la tierra ni el cielo.

Debes contemplar al hombre como un trozo de Naturaleza encerrado en el cielo. Éste te lo muestra pieza a pieza; porque de él está hecho el hombre, y la materia con la que fue creado te mostrará también a qué imagen está hecho… La naturaleza exterior marca la figura de la interior, y si la exterior desaparece, pierde también la interior, porque el exterior es la madre del interior9.

9. Ídem obra anterior, pág. 89.

La Ley de Correspondencia nos abre los ojos no sólo a una nueva manera de contemplar el hombre, sino también el mundo; una de sus herramientas es el empleo de los símbolos y del lenguaje simbólico, pues la simple escritura o el discurso articulado (racionales) no bastan para moverse en el universo real. De ahí que Jesús de Nazaret, como tantos otros puntales religiosos, se expresase en parábolas, al igual que los alquimistas, pero también numerosos autores de cuentos y novelas que han recurrido a la alegoría. Un lenguaje muy apto para los niños, que aún no han sufrido la desvitalización de todo su universo intuitivo en la institución escolar, de vía exclusiva lógico-racional.

En un mundo cada vez más materializado y materialista, este lenguaje ha dejado de ser comprensible y se tiende a lo banal e inmediato, al recurso facilón y halagador, propio de los finales de ciclo histórico (C-800), en todos los órdenes de la existencia. Con ello viene también el empobrecimiento intelectual de la población y del lenguaje hablado y escrito, pese a los enormes esfuerzos económicos y pedagógicos desplegados por las administraciones para la enseñanza de los jóvenes.

La realidad es supra lógica, el simple razonamiento no lo resuelve todo, de ahí la importancia que tiene esta via intuitiva y el empleo de los símbolos en la interpretación de los fenómenos de la naturaleza.

The solar symbols on the Equinox of Loughcrew cairn T._+

The solar symbols on the Equinox of Loughcrew cairn T.

Capítulo V

El Laberinto de la Vida

Introducción

Además de tratar de explicar el carácter y el destino del individuo, la Astrología ha ido siempre más allá, y no por otro motivo sino por su condición varias veces milenaria, pues proviene de los tiempos en que Ciencia, Religión y Filosofía constituían un cuerpo único de conocimiento y experiencia humanos. Pese a las bisuterías astrológicas comerciales del presente y a los charlatanes que siempre se han aprovechado de ella, ha sabido conservar algunas esencias de carácter simbólico y místico, las cuales sobrevivieron a las modas y tendencias efímeras de los diversos momentos históricos; ahí está una de sus especialidades, la Astrología Kármica, como corroboración de lo que decimos. En ella se profundiza a través del ser y de sus experiencias en vidas anteriores, que pueden dar razón de algunos hechos en la actual. Cierto que entramos aquí en un terreno resbaladizo por el que se debe tantear con mucha precaución, pero sin duda resulta atractivo e interesante.

La Astrología constituye la única rama del conocimiento humano que se ha atrevido a abordar el problema de nuestro destino, tanto individual como colectivo, de modo racional; por en cima de opiniones, fallos y errores, se trata de la única tentativa realizada para aclarar este problema, que sin duda interesa y puede resultar útil a todo el mundo.

A la hora de tratar los plazos de la vida humana, hemos de volver a realizar algunas preguntas que ya nos planteamos anteriormente: ¿cuál es el objeto de la existencia del hombre? Y las clásicas de ¿quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? A la resolución de estos enigmas ya se aplicaban los filósofos de la Academia platónica, donde campeaba el lema «¡conócete a ti mismo!».

Pese al tiempo transcurrido la humanidad sigue ante las mismas interrogantes; resolverlas es una cuestión personal que nadie puede hacer para los demás ni comunicar la respuesta en términos objetivos, si se llega a la solución. Así que en este Capítulo echaremos una ojeada al carácter astral de las religiones antiguas y a su escatología, íntimamente ligadas a la cosmología astrológica; finalmente abordaremos el problema de porqué y para qué estamos aquí, y de la herramienta que la Astrología aporta para orientarnos en el laberinto de la vida, el tema astral de nacimiento y sus direcciones, aunque este asunto será especialmente examinado en el Capítulo VI.

Plan general de las religiones astrales antiguas

Newgrange Skies

Newgrange Skies

Entre 5000 a.C. y el comienzo de nuestra Era surgieron en Europa occidental sobre todo, en el Norte africano y en algunos puntos de las costas mediterráneas, unas formas de cultura que nos han dejado como elemento común los llamados megalitos (dólmenes, menhires, etc.).

¿Cuál era su función? ¿Religiosa, funeraria, astronómica? Se ha especulado mucho sobre ello, disparando la imaginación de más de un autor. Los avances de la moderna arqueoastronomía nos permiten pisar hoy un terreno más seguro que el de hace algunos años. De Stonehenge, por ejemplo, se ha dicho que fue un observatório astronómico, lo cual no es admitido hoy por los estudiosos.

Dado que en muchas de estas estructuras se han encontrado restos de enterramientos, podemos suponer que el uso funerario fue una de las razones para su construcción. Pero también hay enterramientos en la mayoría de iglesias cristianas antiguas, y no sólo se erigieron para este fin. El elemento religioso tuvo que ser otra de sus motivaciones, pero las evidencias señalan también factores astronómicos. No nos ha de resultar tan extraño después de constatar que la religión y la observación del cielo se entremezclan en ciertas etapas del desarrollo cultural humano.

Juan Antonio Belmonte y un equipo interdisciplinar de astrónomos y arqueólogos han estudiado recientemente la orientación de más de 300 dólmenes en España y Portugal, llegando a la conclusión de que …con poquísimas excepciones (sólo10, un 3%), miran a la salida del Sol en algún momento del año. Las excepciones quedan reducidas a menos del 1% si consideramos también el rango de los ortos lunares1.

1. Juan Antonio Belmonte. Las leyes de cielo. Astronomía y civilizaciones antiguas. Ediciones Temasdehoy, S.A. Madrid, 1999. Pág. 61.

Cuando los estudios osanalizan con más detalle el asunto encuentran una distribución estadística de orientaciones, pero casi siempre dentro del rango de salidas del Sol y de la Luna. Unos miran con bastante aproximación al equinoccio, otros al solsticio de verano, otros al de invierno. ¿Se erigieron así sólo por motivos astronómicos?

Uno de los dólmenes más notables que se conservan es el de Newgrange, en Irlanda, con un largo corredor de 19 metros orientado al solsticio de invierno (hacia el SE., portanto). La tumba debía permanecer sellada por una enorme losa, y sólo a través de una estrecha ventana entraba el Sol tibio del solstício a lo largo del corredor hasta iluminar sobre la pared del fondo una espiral triple grabada en la roca. Seguramente iluminó las tumbas en su día; hoy, los turistas se agolpan llenos de curiosidad para contemplar el fenómeno.

The Winter Solstice at Newgrange_2004

El sentido de estas orientaciones se nos puede aclarar si echamos una mirada hacia doctrinas religiosas tan antiguas como la metempsicosis o la transmigración de las almas. Una aclaración interesante acerca de este asunto lo encontramos en La República de Platón: el relato del armenio Er, que describe detalladamente el tránsito de las almas entre el Cielo y la Tierra. Las que van a encarnar bajan del Cielo al mundo terrestre por el punto donde se produce el solsticio de verano (signo de Cáncer) mientras que las que acaban de morir suben de la Tierra al Cielo por el punto opuesto, Capricornio, donde tiene lugar el solsticio de invierno. Esta idea se encuentra también en la religión egipcia, y desde luego en la hindú. La orientación al solsticio de invierno en las construcciones megalíticas y otras posteriores de la Antigüedad vendría a ser portanto una marca destinada a las almas, para señalarles el camino de salida en su trayecto hacia las regiones celestes.

El propio relato platónico alude a la Vía Láctea  como el gran río estelar que han de cruzar las almas en su tránsito de la Tierra al Cielo y viceversa:

Después que cada una de estas almas hubo pasado siete días en esta pradera, partieron al octavo, y en cuatro días de jornada llegaron a un punto desde el que se veía una luz que atravesaba el cielo y la tierra, recta como una columna y semejante a Iris, pero más brillante y más pura (la Vía Láctea). A esta luz llegaron después de otro día de jornada. Allí vieron que las extremidades del cielo venían a parar al centro de esta luz, que le servía de lazo y que abrazaba toda la circunferencia del cielo, poco más o menos como esas piezas de madera que ciñen los costados de las galeras y sostienen toda la armadura. De estas extremidades está pendiente el huso de la Necesidad, el cual daba impulso a todas las revoluciones celestes2.

2. Platón. La República. Espasa-Calpe, S.A. Madrid, 1983. Libro X, págs. 298-299.

La Vía Láctea, nuestra propia Galaxia en realidad, atraviesa el cielo de parte a parte y corta la eclíptica -la trayectoria anual del Sol- por la constelación de Sagitario en uno de sus extremos, y entre Orión y Géminis por el otro, cercana a la constelación de Cáncer (en el tiempo de vigencia de las religiones astrales lo hacía por esta constelación y por la de Capricornio, el cambio se debe a la precesión de los equinocios). En las cosmologías antiguas el mundo se renueva con la múltiple conjunción de los planetas en Cáncer (destrucción por el fuego) o en Capricornio (diluvio). Séneca nos transmite la doctrina en Cuestiones naturales:

Beroso, el intérprete de Belo, atribuye a los planetas la causa de estos desequilibrios. Y también se atreve a asignar la fecha de la conflagración y del diluvio universal .Todo lo que es térreo, prosigue, será abrasado cuando los astros, que siguen ahora diferentes caminos, se reúnan todos ellos en el signo de Cáncer y se coloquen en línea recta (conjunción)… El diluvio tendrá lugar también cuando estos mismos planetas lleguen al signo de Capricornio3.

3. Séneca. Cuestiones naturales. Libro XXX, 29.

Donde vemos además la procedencia de estas doctrinas, Beroso, la figura que encarnó la transmisión del saber científico caldeo a los griegos. Pero si este cruce de caminos entre el Zodíaco y la VíaLáctea resulta importante en los ciclos del mundo terrestre, no lo es menos en relación a la cosmología espiritual. El gran río celeste de luz y estrellas fue considerado por las mitologías antiguas (la mayoría de ellas de origen astral) como uno de sus principales símbolos (china, japonesa, nórdica, griega, egipcia, etc.). Macrobio, al igual que Platón, piensa que éstas provienen de la Vía Láctea y a ella vuelven tras la muerte física4. La transferencia cristiana de estas creencias es el Camino de Santiago como peregrinaje terrestre, proyección del peregrinaje celeste de las almas en el Más Allá («Camino de Santiago» es el término astronómico popular castellano de la Vía Láctea).

4. Ver el Comentario al sueño de Escipión, Cap. XII y XV. Existe edición inglesa actual: Commentary on the dream of Scipio, by Macrobius. Translated with an Introduction and Notes William Harris Stahl. Columbia University Press. New York, 1990.

Conocemos algunos detalles precisos a través de Macrobio, nacido sobre el año 360; en el Comentario al sueño de Escipión, Cap. XII, 1-3, se expresa del siguiente modo:

La Vía Láctea ciñe el Zodíaco, el gran círculo que la corta oblicuamente en los dos signos tropicales, Capricornio y Cáncer. Los filósofos naturales los denominaron «portales del Sol» ,ya que los solsticios tienen lugar cuando el Sol llega a ellos, invirtiendo su sentido de avance. Se cree que las almas pasan a través de estos portales tanto al venir del cielo a la Tierra como al volver de la Tierra al cielo. Uno se llama puerta de los hombres, porque por ahí descienden a las regiones inferiores; Capricornio la de los dioses, porque a través de ella las almas regresan a su legítima morada de inmortalidad para reconocerse entre los dioses…

Pitágoras cree que la región infernal de Dis comienza en la Vía Láctea y se extiende hacia abajo, ya que las almas caen desde ella, donde tenían reservado un lugar en los cielos…

Mientras las almas permanecen en Cáncer sin atravesarlo se considera que están en compañía de los dioses, ya que aún no han rebasado la Vía Láctea…

En el cruce del gran río de estrellas con la trayectoria del Sol, de la Luna y de los planetas, encontramos los guardianes que vigilan el tránsito de las almas; en uno de sus extremos, los dos Perros celestes, Canis Maior (Sirio) y Canis Minor (Procyon). Otros perros guardianes similares los tenemos en los puntos equinocciales o de inicio y fin de día: Ortros (nacimiento del día-Aries) y Kerberos (ocaso y Libra).

En el otro extremo de la Vía Láctea veremos a Sagitario, el centauro que lanza su flecha, a veces hacia delante (el futuro), o hacia atrás (el pasado). Su versión cristianizada es Santiago Caballero y talvez San Jorge; ambos acuden en ayuda de los cristianos durante algunos momentos críticos (apariciones en la batalla de Clavijo y Antioquía). San Jorge es abogado contra las picaduras de animales ponzoñosos (la constelación de Sagitario se encuentra junto a las de la Serpiente y el Escorpión).

Alien Planetoid by A GALAXY FAR, FAR AWAY…

La creencia en la supervivencia de alguna parte del hombre tras la muerte es general en todas las religiones; y portanto en un principio animador que se oculta a los sentidos y constituye su parte más esencial (el ba y el ka de los egipcios, psiqué y nous entre los griegos, «alma» y «espíritu» para el cristianismo, etc.). Pero también en las religiones astrales de la Antigüedad (todas lo eran en esa época) había un plan común para esa parte humana que sobrevive al cuerpo: su lugar natural de existencia está en los cielos. De ellos viene antes de nacer y a ellos vuelve después de morir.

Sobre las puertas de entrada y salida por las que transitan las almas en su paso de la Tierra al Cielo y viceversa, veamos lo que dice al respecto Réné Guenon en Símbolos de la Ciencia Sagrada:

Como hemos apuntado, las dos puertas zodiacales, de entrada y de salida de la «caverna cósmica», que ciertas tradiciones designan como la «puerta de los hombres» y la «puerta de los dioses» deben corresponder a los dos solsticios. Debemos ahora precisar que la primera corresponde al solsticio de verano, es decir, al signo de Cáncer, y la segunda al solsticio de invierno, o sea, al signo de Capricornio. Para comprender el porqué, hay que tener presente la división del ciclo anual en dos mitades, una «ascendente» y otra «descendente»: la primera es el período del curso del sol hacia el norte (uttarâyana), que va del solsticio de invierno al de verano; la segunda es el camino del sol hacia el sur (dakshinâyana),que va del solsticio de verano al de invierno. En la tradición hindú, la «fase ascendente» se halla en relación con el dêvayâna y la fase «descendente» con el pitri-yâna. Esto cuadra perfectamente con las denominaciones que acabamos de recordar: la «puerta de los hombres» es la que da acceso al pitriyâna y la «puerta de los dioses» es la que da acceso al dêva-yâna…

…Según la correspondencia del simbolismo temporal con el simbolismo espacial de los puntos cardinales, el solsticio de invierno es en cierto modo el polo norte del año, y el solsticio de verano su polo sur, mientras que los dos equinoccios, el de primavera y el de otoño, corresponden respectivamente, y de modo análogo, al Este y al Oeste. En el simbolismo védico, sin embargo, la puerta del dêva-loka está situada al noreste, y la del pitri-loka al suroeste5.

5. Réné Guenon. Símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada. Ediciones Paidós Ibérica. Barcelona, 1995. Cap. XXV.

Vemos claramente indicado el signo de Capricornio como dêva-loka (lugar o morada de los dioses) en la religión hindú. Por esa puerta subían las almas hacia los cielos tras la muerte, mientras que en el signo de Cáncer se halla la puerta por la que bajaban a la Tierra (el pitriloka, lugar o morada de los hombres).

El hecho de considerar la existencia de puertas de entrada entre el Cielo y la Tierra nos puede resultar extrañísima, y más ahora que el hombre ha pisado la Luna y llegado con sus sondas a diversos cuerpos del Sistema Solar. Pero podemos ver la concepción de otras muchas puertas en el cielo, incluso de ventanas, en el Libro de Henoc:

Esta es la primera ley de las luminarias: la luminaria Sol tiene su salida por las puertas del cielo que dan a oriente y su puesta por las puertas del cielo a occidente. Yo vi seis puertas por las que sale el Sol y seis por las que se pone. La Luna sale y se pone por estas puertas, así como los guías de los astros con sus guiados. Seis están a oriente y seis a poniente del Sol, todas ellas correspondiéndose unas con otras exactamente, y hay muchas ventanas a la derecha e izquierda de aquellas puertas…

…Así sale (el Sol) el primer mes por la puerta grande: sale por la que es la cuarta de esas seis puertas que dan al levante del Sol. En esta cuarta puerta, por la que se levanta el Sol en el primer mes, hay doce ventanas abiertas por las que sale la llama cuando se abren a su tiempo…6

6. Apócrifos del Antiguo Testamento. Tomo IV. Edición dirigida por Alejandro Díez Macho. Ed. Cristiandad. Madrid, 1984.

De manera que hay una correspondencia entre esas puertas y los 12 signos del Zodíaco, y de modo similar, las 12 ventanas de cada puerta (signo) son las llamadas «dodecatemorias» de la Astrología griega (división de cada signo en 12 partes iguales). Pero el término «puerta» y «ventana» va más allá; indica un tránsito, una separación. Se suponía que los astros, al salir por el Este, ascendían del mundo inferior (noche, muerte, simbólicamente) y recuperaban su luz, y por tanto su poder; al ponerse por el Oeste volvían a perder su luz pasando al mundo inferior. De ahí las analogías del día con lo activo masculino-calor-consciencia-vida y de la noche con lo pasivo-femenino-frío-inconsciente-muerte; del amanecer y del horizonte oriental con el nacimiento, la primavera y Aries, primer signo del Zodíaco; del crepúsculo vespertino y del horizonte occidental con la muerte, el otoño y el signo zodiacal de Libra.

Los ábsides de los templos cristianos están orientados preferentemente hacia el Este con arreglo a este critério simbólico. Podemos ver la explicación através de Orígenes, en el Tratado de la Oración:

Dado que hay cuatro puntos cardinales, el norte, el mediodía, el occidente y el oriente, ¿quién no reconocería en seguida que el oriente manifiesta evidentemente que debemos orar hacia ese lado, lo cual es símbolo del alma mirando hacia la aparición de la verdadera Luz?7

7. Citado por Jean HanienEl simbolismo del templo cristiano,  págs.41-42. José J. de Olañeta, Editor. Palma de Mallorca, 2000. Hasta el Concilio Vaticano II (1963) el sacerdote decía la misa de espaldas a los fieles, no por falta de consideración, sino para que todos mirasen hacia el Sol naciente (la misa se decía al amanecer -rito solar-, de la misma forma que el rosario era un rezo vespertino, dada su naturaleza lunar, puesto que la Luna «nace» al inicio de su mes tras la puesta de Sol).

La relación del Oeste con la muerte y Libra podemos verla en el mismo símbolo del signo, la balanza con la que Anubis, el dios con cabeza de chacal, pesa las almas de los muertos en la religión egipcia, en presencia de Thot, que anota el resultado. Escena que pasará al cristianismo en la figura de San Miguel, quien con Satán se disputa el alma del muerto para conducirla al Cielo o al Infierno. San Miguel, no lo olvidemos, se celebra el 29 de septiembre, justo cuando el Sol acaba de entrar en el signo de Libra. Así pues, en las cosmologías de la Antigüedad tenemos el mundo inferior, la Tierra, donde viven por un tiempo las almas encarnadas en sus cuerpos materiales. Rodeándolo, se hallan dispuestas una serie de esferas concêntricas y transparentes (cielos o carros planetarios) que arrastran consigo la correspondiente estrella errante (planeta); en el hermetismo encontramos como denominación para este sistema la Hebdómada, gobernadas cada una de las esferas por los correspondientes Arcontes. La más cercana a la Tierra es la de la Luna, y la más alejada Saturno. La esfera más externa es la de las estrellas fijas, con el Zodíaco como banda influencial principal (Ogdóada), donde se encuentran el coro de los dioses rodeados de las almas, las divinidades y los ángeles. La Enéada constituye el extramundo, una potencia superior a todas las restantes. Cuando el cuerpo muere el alma regresa a su lugar natural, el mundo de los dioses inmutables (la esfera más externa, Cielo Empíreo), si lo ha merecido su comportamiento en el tránsito terrestre. Caso contrario baja a los Infiernos, un lugar terrible. Las que suben al Cielo deben atravesar las esferas planetarias y experimentar en este paso una purificación previa, lavándose de todas las pasiones que se les han adherido en su paso terrestre.

Este tránsito a través de las 7 esferas podemos verlo en el Libro de los muertos egipcio, en el Capítulo de las Puertas (Arits), que son 7, cada una con su guardián y su heraldo. Se sabe sin embargo que el texto inicial no fue obra de libios, ni de africanos del centro ni de semitas; su origen hay que buscarlo en Asia, posiblemente en Mesopotamia.

La descripción del paso de las almas por las 7 esferas planetarias lo ha llamos en La República de Platón, al final del Libro X, en la religión astral más tardía y elaborada que fue el gnosticismo, y también en el hermetismo. Estas corrientes de pensamiento influyeron notablemente en el desarrollo de la teología Cristiana, de ahí que encontremos pergaminos de los siglos X y XI sobre todo en los que puede verse a las almas transitando por las esferas planetarias en su camino hacia Jesús-Cristo, quien preside el esquema cosmológico en la zona más elevada. Por vía místico-intuitiva Santa Teresa de Ávila debió llegar a ese mismo conocimiento, pues cifra también en siete el número de «moradas» del alma humana.

Los textos herméticos no dejan lugar a dudas:

…en primer lugar, cuando muere el cuerpo material, lo entregas a la alteración; la figura que tienes se vuelve invisible y confías al demonio tu inerte morada. Por su parte, las facultades sensoriales del cuerpo, retornan a sus fuentes, convirtiéndose en partes y restaurándose de nuevo para sus actividades. Mientras que la ira y el deseo se alejan hacia la naturaleza irracional.

Y así, lo restante, se eleva hacia las alturas, pasando através de la armadura de las esferas:

En el primer cinturón abandona la actividad de aumentar o disminuir.

En el segundo, la maquinación de maldades, ineficaz engaño.

En el tercero,el ya inactivo fraude del deseo.

En el cuarto, la manifestación del ansia de poder, desprovista ya de ambición.

En el quinto, la audacia impía y la temeridad de la desvergüenza.

En el sexto, los sórdidos recursos de adquisición de riquezas, ya inútiles.

En el séptimo cinturón, enfin, la mentira que tiende trampas.

Llega entonces a la naturaleza ogdoádica, desnudado de los efectos de la armadura, y por tanto sólo con su potencia propia. Y, con todos los seres, canta himnos al padre y todos se regocijan con su venida. Oye entonces, ya igual a sus compañeros, a ciertas potencias por encima de la naturaleza ogdoádica, que cantan himnos a Dios con voz dulce. Vienen al punto, ordenadamente, a presencia del padre, se confían así mismos a las potencias y, tornándose potencias, se hallan en Dios. Tal es la feliz consumación de los que poseen conocimiento, ser divinizados.8

8. Poimandres. Corpus Hermeticum (atribuido a Hermes Trimegisto). En Textos herméticos. Introducción, traducción y notas de Xavier Renau Nebot. Editorial Gredos. Madrid, 1999. Págs. 90-94.

Lo mismo se afirmaba en el gnosticismo, aun que sólo tengamos noticias del mismo a través de sus detractores cristianos:

En su periplo desde el Pleroma hasta el mundo inferior y vuelta, el Hijo del Hombre atraviesa los siete cielos planetarios y, de acuerdo con el tema gnóstico, no es reconocido por los arcontes que rigen cada cielo, como tampoco por los hombres9.

9. Hipólito de Roma. Refutación de todas las herejías. En Los gnósticos II. Introducción, traducción y notas de José Montserrat Torrents. Editorial Gredos. Madrid, 1991. Nota 83, pág. 47. El Pleroma es el cielo superior, la residencia de la divinidad.

La cristianización del esquema cosmológico pagano consistió solamente en poner a Cristo en sustitución del Pleroma gnóstico o Anima mundi de Platón y los cabalistas (la parte más alejada de la Tierra, la más espiritual).

En Contra Celsum Orígenes habla de la «contraseña» que el alma debe dar al arconte guardián de cada esfera para que éste la deje pasar a la siguiente. Esta transición más o menos larga del alma a través de las esferas planetarias pasará a la ortodoxia católica con el nombre de Purgatorio. Los niños son un caso aparte, pues no han completado aún su evolución en el mundo, no han actualizado aún todos los niveles planetarios (cielos interiores).

Según estas doctrinas, si el alma del adulto se halla purificada o se trata de un «iniciado» no sintoniza ya los niveles de las esferas planetarias; ha sublimado las pasiones terrenales y pasa de largo en su camino hacia el cielo superior, hacia el Pleroma. Para algunas sectas gnósticas Cristo no vino nunca a la Tierra, es una entidad espiritual no sujeta al gobierno de las esferas planetarias, y ésa es la meta a alcanzar por el discípulo.

El objetivo básico de estas religiones astrales era el de matar al dragón, o sea, romper la sujeción a los ciclos (mundo manifestado), escapar a la resonancia con las esferas planetarias (pasiones) y trascender la sucesión de subidas y bajadas del Cielo a la Tierra, permaneciendo definitivamente en aquél. Es el equivalente a la Idea astrológica de que «el sabio puede dominar los astros» y escapar a su acción, mientras el necio permanece dando tumbos al compás del destino que tiene marcado. De aquí la necesidad de conocer el horóscopo personal y la utilidad de su interpretación en las culturas tradicionales eurasiáticas.

Podemos ver el concepto simbolizado en la leyenda de San Jorge, el héroe cristiano que es capaz de matar al dragón (dragón=Luna=ciclo, matar la esclavitud de los ciclos, escapar de ellos y ganar el cielo, la eternidad, el mundo espiritual).

Volviendo a las orientaciones de los megalitos citada anteriormente: si la interpretación que hemos dado es correcta, la relación entre Religión y Astronomía vendría de mucho más atrás en el tiempo que la de los cultos astrales del Oriente Medio, adentrándose de lleno en el Neolítico. Y con toda probabilidad, en el Paleolítico.

Los Dólmenes de Antequera

Al comienzo de la Edad del Bronce, a finales del III milenio a.C., hubo un cambio de orientación de las construcciones megalíticas, con preferencia al SO.10 Tal es el caso de la cueva del Romeral, en Antequera (Málaga), con el corredor más largo de Europa. Si caemos en la cuenta de que por allí se oculta el Sol en el entorno de fechas del solsticio de invierno, nos encontramos con la misma explicación que en los casos anteriores, sólo que aquí se refuerza la analogía con lo escatológico (puesta de Sol, desaparición de la luz, muerte, solsticio de invierno=puerta de los dioses).

10. Juan Antonio Belmonte. Las leyes de cielo. Astronomía y civilizaciones antiguas. Ediciones Temasdehoy, S.A. Madrid, 1999. Pág. 62.

De unos 2500 a.C. data una de las civilizaciones protourbanas más antiguas de Europa, la de Los Millares, con su principal yacimiento en la actual provincia de Almería; los monumentos funerarios de esta cultura son conocidos como tholoi, tumbas de falsa cúpula. Los trabajos de Michael Hoskin, de la Universidad de Cambridge, muestran que casi todos los accesos de estas estructuras se construyeron orientados a la salida del Sol em algún momento del año, pero especialmente a los puntos del otoño e invierno. Se repite por tanto la orientación SE., el camino de las almas hacia el cielo indicado por las religiones astrales.

Se atribuía por tanto a los astros una acción creadora y formadora (cosmológica), de ahí que en Astrología haya tratado de explicarse dicha acción (aspectos planetarios) relacionando las posiciones de los planetas en el círculo y las proporciones concretas que determinan sobre él con las notas de la escala musical (armonía en sentido físico-matemático).

Debido a esta atribución cosmológica, tanto las estrellas fijas como las errantes fueron consideradas dioses y se les rindió culto y adoración en la amplia época sabea. Esto dejó un notable poso en las religiones posteriores, incluyendo al cristianismo, que ha llegado hasta el mundo presente.

Encontramos un apoyo a estas afirmaciones en la lingüística: existe una raíz indoeuropea, *dy, que significa «brillar». De dicha raíz proceden varias palabras griegas, latinas y sánscritas. De ella viene, entre otras, el dies latino (el «día», cuando la luz brilla); Iuppiter (el padre de la luz, dieu-pater), y sobre todo deus (*deyvo-s, el «dios»). Deus (dios) procede por tanto del verbo «brillar». Al fin y al cabo, en la mentalidad antigua los dioses son las luces que brillan en el cielo; a su luz y a su calor se atribuirá el influjo que ejercen sobre la Tierra en la doctrina astrológica de todos los tiempos.11

11. Comunicación personal de Josefa Sanchis.

Moon, Milky Way and Zodiacal Light_

Zodiacal Light and Milky Way

Capítulo VII

Astronomía para compreender los Influjos Celestes

Introducción

Una buena parte de las personas que se interesan actualmente por temas astrológicos han observado pocas veces el cielo, tanto de día como de noche, o piensan que la Astronomía poco tiene que ver con su estimada Astrología; no creemos exagerado afirmar que los programas informáticos suplen en nuestros días ese desconocimiento bastante extendido del cielo real.

En esto se suman a los hombres modernos, los cuales, en su mayoría, viven en ciudades que enmascaran el clima, los ritmos de la flora y de la fauna y, por supuesto, impiden la observación nocturna de las estrellas com su desorbitada contaminación luminosa. Es éste un verdadero problema de polución, un problema ecológico, cómo ya durante el siglo XVIII lo fue el del ruido en las calles inglesas con la Revolución Industrial; entonces hubo pioneros que se adelantaron a los modernos movimientos ecologistas, y tal vez en el futuro la contaminación luminosa de las poblaciones y grandes urbes, así como las interferencias que en el fotoperíodo natural introduce la iluminación eléctrica de las casas y calles, sea reconocida entre los factores que alteran seriamente los ecosistemas humanos.

La constatación de que Cielo y Tierra forman un todo único indisociable no es percibido por los ciudadanos (o sea, por quienes viven en las ciudades); al contrario, sus descubridores fueron sin duda alguna los hombres paleolíticos, como atestiguan los actuales avances de la Historia y la Arqueología, según se van liberando de las cadenas de la Ilustración. Cualquiera que pretenda comprender la ciencia de lo sinflujos estelares ha de empezar por conocer bien el cielo, y, sobre todo, por dejarse bañar en las sensaciones que su contemplación sistemática genera en lo más hondo del ser humano. Esta capacidad de observación, o, mejor, de «contemplación», estaba muy desarrollada tan sólo unas pocas generaciones atrás, y es muy limitada en los ciudadanos actuales.

Zodíaco Lunar, Zodíaco Solar

Las Mansiones Lunares

Crescent Moon and Zodiacal Light_

Se trata de una antigua división del cielo que comprende una banda algo más ancha que el cinturón zodiacal, procedente de los primitivos calendarios lunares. Antes que el Zodíaco de 12 signos y el año de 12 meses se utilizó como referencia temporal el movimiento de la Luna, y también la sucesión de los ortos y ocasos de las estrellas a lo largo del ciclo anual.

La Luna, el astro más rápido del cielo, transita en 24 horas una determinada mansión, de modo que aproximadamente al cabo de 28 días (hay 28 mansiones) vuelve al punto de partida tomado como referencia. Su propia denominación y que tenga por base el número 7 nos habla de la cronología lunar.

Las mansiones (también llamadas moradas, lugares donde la Luna pernocta) se citan abundantemente en los textos astrológicos antiguos. Debemos decir que son referencias estelares, y portanto de dudosa utilidad actual.

Cuando los antiguos nos dicen que tal signo o parte del cielo es húmedo no hay que dudarde que, en su largas series de observaciones, hubiesen constatado que la presencia allí de ciertos astros, o la salida o puesta del grupo estelar de referencia al anochecer o al alba, coincidiese una y otra vez con períodos lluviosos. La observación es la primera etapa de todo proceso científico, y como conocemos a través de sus obras, nuestros antepasados fueron escrupulosos seguidores del cielo y de los fenómenos atmosféricos. Las Pléyades, una de las mansiones más conocidas, se la relaciona universalmente con lluvias, de ahí su fama de húmeda. Por universal queremos decir las culturas de los cinco continentes, así que algo de cierto debe haber en este sistema.

Como decimos, las mansiones son una referencia estelar, carente para nosotros de toda validez en el sentido de que no son las estrellas las causantes de los ciclos terrestres, sino la acción combinada del Sol con los demás planetas. La polémica no es de hoy, podemos verla ya acomienzos de nuestra Era:

Las estrellas, en efecto, ya estén compuestas de fuego, ya de aire, según la opinión de cada cual, participan todas de la misma esencia y del mismo poder, y no tienen ninguna simpatía respecto a lo que acontece en la Tierra. Así pues, la Tierra en su totalidad desempeña el papel de centro en relación a la esfera de las estrellas fijas, y ninguna emanación ni efluvio llega a la Tierra desde las mismas. ¿Cómo se puede pensar que éstas sean la causa de las lluvias, de los vientos y del granizo, cuando ninguna fuerza que emane de ellas nos alcanza?1

1. Gémino. Fenómenos. XVII, I, 15, 16. Introducción, traducción y notas de Esteban Calderón Dorda. Editorial Gredos. Madrid, 1993.

Dada esta premisa las citamos a continuación para poder contrastar la literatura que las trabaja o como vía de investigación (tener en cuenta el desfase entre el Zodíaco estelar y el fijo, puede haber discrepancias). La cualidad superior está tomada de Morin de Villefranche, la inferior de Antonio de Nájera.

mansiones luanres

Zodíaco Solar

cropped-cosmic-light

 Como vimos, la revolución neolítica trajo consigo un cambio de la cronología lunar a la solar; con el paso del tiempo se fue dando importancia creciente al movimiento y los ciclos del Sol, de modo que acabó por fijarse su camino en el cielo, también con referencia a las estrellas. El problema es en principio más difícil de resolver, dado que la luz solar ciega la de las estrellas; sin embargo puedo hacerse observando desde pozos, grutas o edificaciones diseñadas para ello (tal vez desde el interior de las pirámides o edificaciones similares), ya que, desde sus profundidades, en la oscuridad, las estrellas son visibles incluso a mediodía.

El primer Zodíaco de 12 signos iguales conocido (30° cada uno) procede de Babilonia, como vimos, y data del siglo V a.C. Con el paso del tiempo, los meses lunares pasaron a convivir con los solares, más aptos para usos agrícolas y ganaderos; en la reforma juliana del calendario llevada a cabo en 45 a.C., los meses romanos empezaban en día 25 (de ahí vienea ún la fecha de la Navidad actual). Porqué no lo hacían el día 1, a la entrada del Sol en un signo, tiene su origen en el desfase entre el Zodíaco estelar (babilónico, de gran prestigio aún en los comienzos de nuestra Era) y el griego, virtual, basado en los cortes del Ecuador celeste con la Eclíptica (Zodíaco tropical). Uno y otro se van desfasando progresivamente con la precesión de los equinoccios.

Podemos ver la cuestión a través de un autor romano del siglo III:

Hay dos tipos de meses, pues unos son naturales y los otros civiles. Hay dos tipos de meses naturales: unos se dicen que son solares y otros lunares. El mes solar es el tiempo que tarda el Sol en recorrer cualquier signo del círculo zodiacal. El lunar es a su vez un período que parte de la luna nueva.2

2. Censorino. De die natali. Revista BEROSO  nº6. Traducción castellana de Josefa Sanchis. Barcelona, 2001. Cap. XXII, pág. 111.

Estelar o tropical, el Zodíaco constituye el origen de nuestros meses actuales (antes fueron los meses lunares, de luna nueva a luna nueva o de luna llena a luna llena), así como de los parapegmas griegos, de los menologios romanos, de los calendarios medievales y de los almanaques, con sus repertorios de labores agropecuarias, descripción del clima de cada época del año, consejos higiénicos y dietéticos, etc.

Pero nuestro interés está centrado en que el Zodíaco constituye una pista para las estrellas errantes; por esa banda de 8,5° arriba y abajo del Ecuador celeste circulan los planetas y los luminares, los verdaderos actores de la ciencia astrológica. El fondo, el escenario, lo constituye el Zodíaco, con sus signos, que no son elementos mágicos, como creen algunos científicos llenos de soberbia, sino componentes de un campo ondulatorio de influjos cósmicos. Portanto la idea de alternancia, de fases opuestas o similares, de zonas críticas y estables, de partes que armonizan o desarmonizan con tal o cual planeta (influjo),o entre sí, deben estar presentes en Astrología; y lo están, aun que las denominaciones que aún se usan puedan parecernos arcaicas y precisen de una actualización.

La naturaleza ondulatoria que los antiguos daban al Zodíaco salta a la vista cuando consideramos las divisiones de los signos en la literatura astrológica:

Signos masculinos, diurnos o erguidos (+): Aries, Géminis, Leo, Libra, Sagitario, Acuario.

Signos femeninos, nocturnos o yacientes (-): Tauro, Cáncer, Virgo, Escorpión, Capricornio, Piscis.

Se trata por tanto de cualidades alternantes, o, si se prefiere, de las fases (+) y (-) de una onda. Si tenemos en cuenta las triplicidades clásicas:

Fuego: Aries, Leo, Sagitario.

Aire: Géminis, Libra, Acuario.

Agua: Cáncer, Escorpión, Piscis.

Tierra: Tauro, Virgo, Capricornio.

En seguida vemos que los signos (+) son los de Fuego y Aire, y los (-) de Agua y Tierra. Se trata por tanto de una división similar a la de los planetas:

Masculinos: Sol, Marte, Júpiter, Saturno.

Femeninos: Lua, Venus.

Dependiendo de sucondición: Mercurio.

En lenguaje simbólico significa que signos y planetas masculinos son los de acción más profunda y energética (más ligados a la energía que a la masa), mientras que los femeninos están subordinados a ellos y se manifiestan de un modo más material (ligados a la masa más que a la energía).

Dicho de otro modo, en Astrología los signos (+) se relacionan con la parte activa formadora de la onda zodiacal, mientras que los (-) están ligados a las partes no activas (generadoras).

Otra clasificación de los signos a tener en cuenta es la siguiente:

Signos móviles (cardinales), o sea, los de comienzo de estación astronómica: Aries, Cáncer, Libra, Capricornio.  Simbólicamente se relacionan con lo inmediato, con lo que se expresa rápidamente. Corresponden al inicio de una manifestación, al cambio brusco, al comienzo de un nuevo tiempo, al paso de una estación a otra, de un cuadrante a otro.

Signos fijos, o sea, los centrales de cada estación astronómica: Tauro, Leo, Escorpión, Acuario. Simbólicamente están relacionados con el proceso que ha alcanzado la plenitud y se estabiliza por un tiempo más o menos largo. Corresponden a la parte central de un fenómeno y a las características genuinas del mismo.

Signos de dos cuerpos o comunes, o sea, los finales de cada estación astronómica, en los que el tiempo comienza a adquirir las características de la siguiente: Géminis, Virgo, Sagitario, Piscis. Se corresponden con la fase descendente de un fenómeno, en la que se gestan las condiciones para el desarrollo del que le sucederá en el tiempo.

Signos Antiscios y Contraantiscios

Signos antiscios son los que igualmente distan de los trópicos (simétricos); los días del año que les corresponden tienen por tanto duraciones del día y de la noche idénticas.

Por ejemplo, son antiscios Tauro y Leo, debido a su simetría respecto a 0° Cáncer. Y los contraantiscios son lo mismo que los Imperantes y Obedientes de Ptolomeo (Tetrabiblos); por ejemplo, Aries es contraantiscio de Libra, Tauro de Escorpión,etc.

Signos antiscios: Cáncer y Géminis – Leo y Tauro – Virgo y Aries – Libra y Piscis -Escorpión y Acuario – Sagitario y Capricornio.

Signos contraantiscios: Aries contra Libra – Tauro contra Escorpión – Géminis contra Sagitario – Cáncer contra Capricornio – León contra Acuario – Virgo contra Piscis.

Los paralelos o antiscios, grado a grado, han de sumar 30° entre ambos; por ejemplo, 1° Cáncer es antiscio con 29° del signo de Géminis; el 2º con el 28º, el tercero con el 27º y así los demás, y los minutos con los minutos del signo, pero como cada grado consta de 60 minutos, el primer minuto de Cáncer le envía al 59´de Géminis, y así de los demás.

Es en tanto extremo lo que los Astrónomos cuidan de los signos Anticios o Paralelos, que dice Argolio que son de tanta eficacia en los juicios de los tiempos, que cuando un planeta está por Anticio en un signo, obra allí como si estuviera por presencia, como si Júpiter estando en 10°15´del signo de Libra enviara su Paralelo o Anticio al signo de Piscis y obrara en 19°45´del mismo, igual que si allí estuviese presente.

Los contra Anticios obran como las oposiciones, pero no tan fuertemente, como si el mismo planeta estando en 10°15´de Libra se halla por contra Anticio en 19°45´de Aries. Así hay que filosofar acerca de los planetas en los signos, para no errar en los juicios de los tiempos.3

3. Leonardo Ferrer. Astronomica curiosa. Tratado IV. Capítulo XVIII. Valencia, 1677.

Términos

Dentro de una onda, no todos los puntos son equivalentes, y del mismo modo pasa con los signos del Zodíaco. Los puntos más notables son 0° Aries y 0° Libra, con un entorno de algunos grados; ahí tienen lugar las mareas más importantes del año al pasar por ellos los luminares.Y los ciclos que se inician ahí, especialmente las conjunciones de los planetas superiores, también son más notables que los demás. Las conjunciones Júpiter-Saturno cerca de los grados equinocciales constituyen el inicio del ciclo de 800 años sintonizado por las civilizaciones, lo que equivale a decir que son climatéricas; afectan al clima, tanto atmosférico como social, cultural, biológico, etc.

La Astrología nos transmite el concepto de término (Ptolomeo), consistente en la división de cada signo en cinco partes desiguales; no se utiliza mucho en la actualidad, pero el concepto es relevante. Damos los términos egipcios, que parecen más coherentes que otros que también proporciona Ptolomeo y han gozado de cierta confianza en Astrología Tradicional:

términos egipcios

Puede observarse que todos los finales de signo se asignan a Marte y Saturno, las dos Infortunas medievales (en esta época llegó a identificarse a Saturno con el diablo, como puede verse en su aparición bajo la forma de macho cabrío en los aquelarres por su regencia sobre el signo de Capricornio); actualizando el significado podemos decir que esas zonas del Zodíaco son críticas, es decir, resolutivas, de ahí su mala fama.

Las Fortunas medievales fueron Venus y Júpiter, es decir, se consideraron influjos benevolentes; Mercurio era indiferente, lo cual ha de tomarse hoy con mucha prudencia.

Respecto a los inicios de signo serían críticos los de Cáncer, Libra y Escorpión; particularmente Libra, por atribuirse a Saturno (la Gran Infortuna, junto a Marte, la Pequeña Infortuna).El entornode 0° Libra es el punto equinoccial, especialmente crítico; los antiguos (entre ellos Doroteo de Sidón) situaron aquí la llamada Vía Combusta, una región del cielo nada favorable para los influjos planetarios.4 Otros autores la colocan entre Libra y Escorpión, pero se trata de referencias estelares desplazadas con el tiempo por la precesión.

4. Así lo afirma en Carmen astrologicum, V 4-5: «la vía combusta está en medio del Ecuador, entre Libra y Scorpio».

Podemos ver inequívocamente definida la criticidad de los lindes de los signos en el Libro de las Cruzes:

Et sepas que Saturno et Jupiter quando alguno dellos fuere en alguno de los signos et significa las sus significationes, mientre atura aquel signo quando se para en la fin de aquel signo que sen quiere sallir, estonçe se apodera et se afforça aquella su signification que los mas que parece la signification de cada una destas planetas dos en el signo es quando en quiere sallir et que quiere entrar en el otro, estonçes es el su poder embeuido en el signo, et apoderado en el, etestonçe pareçe et se mostra en la terra aquella su signification mayormente et mas apoderada.5

5. Libro de las Cruzes. Capítulo 57, Fol 195 r. Edición de A. Kasten y Lawrence B. Kiddle. Madrid-Madison, 1961.

the modern sky