El Engarce de la Astrología en el Pensamiento Medieval y Humanista: El Hilo Cortado

Luis Miguel Vicente García

Universidad Autónoma de Madrid

 Resumen

 Se pondera la importancia del pensamiento astrológico en los fundamentos del humanismo medieval y renacentista, y la dificuldad posterior para entender su legado al perder su lugar natural de estudio dentro del mundo académico.

 Introducción

 Consideraciones sobre la Transmisión e Interpretación del Pensamiento Hermético

No es posible entender cabalmente el pensamiento medieval, renacentista y áureo sin entender al mismo tiempo el lugar que las ciencias herméticas tuvieron y su repercusión en el entramado del pensamiento y las artes, especialmente en la literatura, pues ésta funciona como un crisol único de todos los demás saberes.

La tarea filológica, con sus múltiples herramientas, tiene como misión principal poder sintonizar con el contenido y propósito de los textos, con la mayor fidelidad posible al significado que les fue conferido.

Las lenguas y culturas tienen sus ciclos, su momento de origen, de expansión, de apogeo, de declive y de desaparición o trasformación en otra cosa. El diálogo con los textos del pasado sólo es posible en la medida en que, pese a esa evolución natural de las culturas, lo esencial de los textos siga siendo recibido y comprendido, pues la materia sutil del lenguaje permite preservar lo esencial, los significados, aunque hayan incluso desaparecido las lenguas originales de los textos. Así cuando nos zambullimos hacia atrás en las fuentes, podemos ver cómo hay ciclos que surgen de las cenizas de otros anteriores, como la Edad Media desde la decadente latinidad, en convivencia con formas de cultura más avanzada como la islámica, que permitió, a su vez, con su particular impronta, recuperar el legado clásico y otros aún más antiguos.

El ciclo medieval vuelve a trasformarse en el Renacimiento, cuya riqueza intelectual se debe fundamentalmente a la recuperación de los conocimientos clásicos enriquecidos y aumentados por el legado de esa otra cultura que antes de eclipsarse mostraba su apogeo, como era la cultura islámica durante la Edad Media, sin la cual, creo, no se hubiera dado el Renacimiento.

Mas lo esencial de lo humano no desaparece con los ciclos culturales: los fundamentos de la vida humana son siempre los mismos, y ello hace posible que podamos comprender textos producidos en lenguas, tiempos y culturas muy lejanas. Me acude a la mente una entrañable confidencia de Ramón Gaya en un bello documental para TVE, ya bastante anciano el entrañable artista, rememorando sus experiencias con los poetas del 27 y el exilio. Al preguntarle el documentalista sobre qué tipo de pintura le gustaba más, si la china, la occidental, etc., Gaya contestaba sabiamente que la pintura era solamente una. Lo mismo puede decirse de todas las artes.

Fue un impulso filológico, una pasión de traductores, lo que impulsó el prerrenacimiento en la corte alfonsí, y de igual modo fue un impulso filológico el que alentó al primer Renacimiento y luego también a la Academia Florentina, alrededor de Ficino, en busca de las traducciones más fiables de los clásicos y de los herméticos. Por la labor de los filólogos se han salvado textos esenciales para la humanidad, intentando que más allá de lo fósil, se sienta la palabra viva, con todo el colorido de significados y experiencias en ella cifrados, en la medida de lo posible, a pesar del tiempo transcurrido. Ello no sería posible si el hecho humano no fuera esencialmente el mismo, pues sin un germen de receptividad por afinidad, la comprensión de los textos del pasado remoto sería imposible. Por ello comparto plenamente la concepción de literatura que expresaba mi colega Carmen Valcárcel en su Proyecto docente:

“Nos enfrentamos ante el reto de desarrollar dentro de las llamadas filologías nacionales espacios y metodologías comparatistas lo suficientemente dúctiles y flexibles y no excluyentes. Así, el estudio de un autor, de una obra, de un movimiento literario, de una época o de una literatura no deben impedir esa perspectiva global y comparatista de interacción de las literaturas. Las fuentes en que beben las obras literarias no están limitadas por la frontera de las lenguas y de las naciones, ni tampoco por el tiempo.

Así un escritor puede reivindicar como sus inmediatos contemporáneos a aquellos escritores con los que se siente más afín, a aquellos escritores y obras que constituyen su propia tradición de escritor. Y esto sucede así, porque los escritores trabajan desde dentro de la lengua, desde dentro de la literatura; la literatura, como las demás artes, se nutre, en parte, de su propia tradición. En este sentido, un escritor actual puede reivindicar legítimamente a sus antepasados como contemporáneos.

Nuestra idea de la literatura no tiene constricciones espaciales ni tampoco temporales: es la memoria de la humanidad, en ella caben todas las obras escritas en cualquier parte por cualquier persona.”

Son artificiales en ocasiones las segmentaciones programadas pues se pierde la fluidez e interconexión entre diversos conocimientos. El tratamiento mismo de la materia mitológica se amplía y actualiza cuando se ve su relación con la filosofía natural que está detrás de los mitos, y que apasionó en el Renacimiento y en los Siglos de Oro, o la resonancia más moderna de los mitos en las investigaciones desde diferentes ramas de la psicología y la antropología. Entramos en la noción de arquetipos y comprobamos la versatilidad del Subconsciente Colectivo a la par que su esencialidad, pues suelen los héroes encarnar valores semejantes en las diferentes culturas; valores emanados de nuevo de la semejanza, en lo esencial, de la naturaleza humana. Idea que expresa con agudeza uno de los libros más fascinantes de la humanidad, el I Ching o Libro de las Mutaciones, bajo el hexagrama de “El Pozo” (48):

“Así el pozo es un símbolo de la organización social de la humanidad en cuanto a sus necesidades vitales primarias, e independiente de todas las formaciones políticas. Las formaciones políticas, las naciones cambian, pero la vida de los hombres con sus exigências sigue siendo eternamente la misma. Esto no puede modificarse. Asimismo esa vida es inagotable. No disminuye ni aumenta y está ahí para todos. Las generaciones vienen y se van y todas ellas disfrutan de la vida en su inagotable plenitud.”1

1 I Ching. El Libro de las mutaciones, Versión del chino al alemán con comentarios de Richard Wilhelm, Traducción al español, con presentación y notas de D. J. Vogelmann, prólogos de C. J. Jung, Richard Wilhelm y el poema «Para una versión del I King» de Jorge Luis Borges, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 2001, 1ª ed. 1977.

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Las mentes más claras del Humanismo buscaron la universalidad, desde Pico della Mirandola o Ficino a Erasmo, y ello posibilita que la erudición no se quede sólo en la visión descriptiva y parcelaria sino que permita otros entendimientos.

La cosmología medieval, heredada de la Antigüedad, se fundamenta en una observación muy aguda y sutil de la relación del hombre con la naturaleza (Cosmos), en una línea ininterrumpida desde Platón, Aristóteles y Ptolomeo, que a su vez se hicieron eco, con indudables lagunas, de los frutos de otro ciclo cultural que tuvo su acmé en el Antiguo Egipto y Babilonia, de cuyas raíces emana también la tradición de las culturas del Libro, remontadas todas a patriarcas como Abraham o Moisés. Nos sumergimos en la noche de los tiempos y efectivamente el pozo del que bebe la humanidad, como el del que bebe la literatura, parece inagotable y común, aunque luego cobre formas de identidades más concretas, una vez que se asocia a un determinado imperio, que por lo general corrompe la universalidad del conocimiento, al someterlo a sus fines políticos, que suelen ir acompañados de grandes esfuerzos por crear la identidad de unos frente a la de otros, olvidando el origen y la naturaleza comunes del ser humano. Incluso las fuerzas religiosas, que tienen fundamentalmente la función de recordar la procedencia común de todos los seres, se usan bajo ciertas configuraciones políticas pervirtiendo su función original.

En la Cosmología medieval encontramos no una ideología fósil sino un conocimiento profundo, cuyo fundamento está alentando obras de gran éxito y resonancia en el mundo acadêmico contemporáneo, como el libro de Richard Tarnas, Cosmos y Psique, o el de Joscelyn Godwin, Armonía de las esferas, traducidos recientemente para el público hispanohablante por la editorial Atalanta. En ambas obras puede verse la profundidad emanada de la Imago Mundi que tenían muchos hombres cultos en la Edad Media; imagen que contradice contundentemente el estigma de época oscura que tanto ha arraigado. Los textos de Ramon Llull, Villena, los del Escritorio alfonsí relativos a las ciencias herméticas y tantos otros, incluída la Divina Comedia, contienen una sabiduría perenne, a la que no se puede acceder superficialmente. La fluidez entre las distintas disciplinas es natural en un mundo como el medieval en el que todo está interconectado y eslabonado, y no precisamente de una forma arbitraria o caprichosa. Astronomía, Matemáticas, o Música son manifestaciones para la mente medieval del orden cósmico, que a su vez no puede dejar de traducir el Plan de Dios que ha hecho su Creación según número y medida. Las artes imitan igualmente la armonía impresa en el Cosmos, porque el hombre es un Microcosmos, y su Psique un espejo de ese mismo Orden.

Fue en parte el culto renacentista de la personalidad y la fama lo que determinó el cambio hacia la actitud moderna que aborrece el anonimato y ansía reinventar constantemente la existencia, aunque se quede habitualmente sólo en un desmedido culto al diseño, o lo que es lo mismo, al cambio de apariencia de las cosas.2 Estamos en un momento álgido de culto de las apariencias, de ahí también que los criterios cuantitativos y la prisa predominen sobre los criterios cualitativos y la calma. Mas para los que leen con capacidad los textos del pasado es difícil no darse cuenta de que los antiguos ya habían hablado de lo que con tanta presunción y grandilocuencia creemos descubrir nosotros, a menudo con una visión más parcelaria y desprovista de la profundidad organicista de aquéllos. Y esa es la maravilla y la contemporaneidad que podemos encontrar en los textos clásicos, cuando no iluminaciones que no están en los textos de nuestro presente inmediato.

2 Sobre la fama dice Zhuang Zi: «¿Sabes por qué la virtud deja de ser verdadera, y por dónde se escapa la sabiduría? La virtud deja de ser verdadera por causa de la fama, y la sabiduría se escapa por culpa de las disputas. La fama es ocasión de que los hombres se avasallen unos a otros; la sabiduría, arma con que los hombres luchan entre sí. Una y otra son instrumentos nefastos, y con ellos no se puede llevar a la perfección la conducta del hombre» (Maestro Zhuang, Zhuang Zi, Traducción de Iñaki Preciado, Barcelona, Biblioteca de la Sabiduría Oriental, 2002, p. 58).

En gran parte la labor del prerrenacimiento alfonsí es una labor colectiva en la que la lucha por la fama o el protagonismo de las disputas cede terreno a la colaboración desprendida. En ese sentido la Edad Media está bastante lejos del ciclo de fuerte individualismo que comienza con el Renacimiento y que no ha hecho sino ir en aumento hasta nuestros días.

La Edad Media muestra esa plenitud de vitalidad que afirma el I Ching para todas las generaciones; pero es cierto que lo hace en un periodo fundamental entre el ocaso de grandes civilizaciones, la grecorromana, la árabe, y el surgimiento de un nuevo ciclo del que somos todavía fruto, en el que el Cristianismo se reinventa y se vuelve hegemónico y expansionista de una forma considerablemente distinta a su forma bajo el Imperio Romano, en la Europa feudal, que empieza a crecer sobre sustratos muy variados, que delatan sus herencias varias, y a la vez interactúan con dinamismo, creando en el Renacimiento otra vez la conciencia de gran civilización en marcha, nueva y mejor, como se sienten todas las civilizaciones cuando están en su plenitud y les acompaña un gran poder político y económico que les permite cambiar el mundo.

En la literatura está la huella viva de esa humanidad cambiante de la Edad Media. Y esa huella está cifrada en el código sutil de la lengua; sutil porque el significado es algo no material en sí mismo. Aunque existe el prejuicio contemporáneo a nombrar lo espiritual, en realidad el lenguaje por su esencial cualidad sutil, podría nombrarse como la primera y más evidente cualidad espiritual del ser humano, aquella por la que posee la facultad de moverse en una realidad no material, y disponer de un espacio interior, donde sucede el entendimiento; un espacio interior que será reivindicado con fuerza por Petrarca y la profusión de generaciones que lo siguieron, y que está también en la piedra angular de la Revelación cristiana, pues se insiste en que la venida del Reino de Dios no será espectacular, como piensan y temen algunos, sino que acontecerá en el interior, porque “está dentro de vosotros”. Así Petrarca despreciará en cierto sentido las magníficas vistas que se le ofrecen desde el monte Ventoso, comparadas con las que ofrece el mundo interior. Los apasionados personajes barrocos como Segismundo o Próspero en La Tempesta dinsisten en esa misma realidad sutil del ser humano, distinta de la realidad material: “Estamos tejidos de idéntica tela que los sueños, y la nuestra corta vida no es más que un sueño”. Esa tela que teje los sueños es la misma que teje la literatura y el pensamiento, pues es la tela sutil del lenguaje humano, que nos permite la comunicación con nuestros ancestros y con nuestros futuros descendientes, y por esa tela fina del lenguaje nos reconocemos como se reconocen algunos animales por el olor. Nos reconocemos en los textos clásicos; esa es la base para entenderlos y amarlos.

La Aparcición de la Astrología Medieval en Occidente: Desarrollo de uma Filosofía para Sostenerla

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 La Edad Media entendió y adoptó la Imagen de Mundo como lo contaba la Astrología. Un mundo de analogías, basadas en la ley de correspondencia, lo mismo abajo (en la Tierra) que arriba (en el Cielo). Esta analogía hermética resuena incluso en una de las siete peticiones-invocaciones del Padre Nuestro: “Hágase tu Voluntad así en la Tierra como en el Cielo”. El hombre es también un pequeño Cosmos, integrado en las leyes del Macrocosmos, a las que puede llegar a comprender, por su inteligencia, ya que se trata de leyes de la naturaleza, que presiden por igual, la armonía musical, la teoría astrológica de los aspectos, o la estructura armónica y geométrica del universo. Las leyes de la Astrología son leyes naturales, cuya profundidad ya había hecho al mismo Job exclamar: “¿Has enseñado tú a los cielos una ley y determinado su influjo sobre la tierra?” (Job 38.33). Job, como los escritores renacentistas, no puede dejar de pensar que sólo Dios pudo haber dado al Cielo unas leyes y una armonía semejante. La Astrología era la ciencia que daba mejor cuenta de esas leyes de correspondencia entre el movimiento del Cielo y las trasformaciones que se seguían en la Tierra y en el Hombre, y se afinó mucho durante siglos en la observación de esas leyes de correspondencia que permitían lo mismo predecir el tiempo que predecir qué complexión, carácter, propensión a unas enfermedades u otras, talentos, vicios y virtudes anunciaba el esquema del Cielo (La carta natal astrológica) en el momento en que el ser humano tomaba su primer aliento, pues con ese aire –éter, prana- empezaba verdaderamente su ciclo vital, hasta cumplirse con su última respiración.

La importancia de ese primer aliento ya está recogida en las representaciones egípcias como un haz de energía que entra por la nariz del recién nacido; un haz emanado del símbolo de la vida egipcio y que no apunta al corazón –que ya latía en el seno de la madre- sino a la nariz y al significativo momento del primer aliento.

Esa primera respiración sucede en un momento cósmico genuino, que es lo que refleja la carta astrológica de nacimiento; y las observaciones milenarias confirman que observando el estado del Cielo en el momento del nacimiento es posible saber mucho de las condiciones naturales del nativo; y es esa precisión asombrosa para quien estudia Astrología, la que hace exclamar a Job si ha puesto Dios en el Cielo leyes tan precisas. La Astrología culta es una ciencia muy compleja pues combina todas las demás – matemáticas, física, filosofía, psicología… y es la más antigua de todas. Y es muy frecuente que nuestros clásicos tengan conocimientos astrológicos mucho mayores que los nuestros. Así por ejemplo, las bellísimas epístolas renacentistas están imbuidas de estos conocimientos, desde las de Garcilaso, Fray Luis, Aldana, a las de Lope, a la hora de “volar” del suelo al cielo, todos tienen presente el viaje que hace el alma por las esferas en el Timeo de Platón, y todos tienen una idea más o menos profunda del significado arquetípico de esferas o planetas y signos, y de cómo el Gran Arquitecto gobierna regularmente su Creación gracias a ese mecanismo de perfecta relojería que es la Gran Máquina del Universo, con sus leyes cíclicas y matemáticas, responsables de todos los cambios.

Por su parte los filósofos hindúes habían seguramente aportado a la Astrología islámica la integración de una filosofía sobre el Cosmos en una más trascendente sobre la manifestación del Espíritu (Brahma) en su Creación. Manifestación que para la inteligencia es captada en forma de arquetipos, cuyo referente más dinámico es el propio Cosmos con sus leyes semejantes a las que constituyen la armonía musical o las representaciones geométricas.3 Hay un origen eterno, inteligente, inaccesible en último término, responsable del origen común de todas las cosas. La mente matemática lo representa con el Uno, pero su correlato filosófico y religioso acompaña a ese número desde el origen mismo de la conciencia de la humanidad: Dios, Tao, son formas de nombrar esa unidad suprema. El Tao te King expresa con toda claridad esa gradación desde el principio inefable del Cielo que no puede ser expresado en palabras (Tao) a la manifestación tangible orquestada por los números. Así el Tao crea el Uno, el principio Yang, Masculino y Creativo. Por subdivisión del Uno se obtiene el Dos, lo femenino, lo receptivo, la polaridad de la existencia en ying-yang, masculino y femenino. El dos más el uno permiten el Tres, la manifestación tangible en cuerpo sólido, el triángulo, el trígono, la trinidad. Así el ser humano se entiende también como criatura surgida de la acción de tres factores de planos diferentes: el material (cuerpo= cuatro elementos), el mental (alma) y el espiritual (espíritu).

3 En la filosofía védica se dice: “La verdad la lleva el hombre en su interior, porque no sólo contiene la correspondencia correlativa de todas las cosas del Universo, sino la misma fuerza Cósmica en toda su integridad” (Brahmacharin Bodhabhikshu, La filosofía esotérica de la India, Traducción y prólogo de B. Champasaur Sicilia, Valladolid, Editorial Maxtor, 2009, p. 18).

El Cristo, el Hijo, era el perfecto microcosmos que había venido a cumplir enteramente la voluntad del Padre (Cielo) que da vida a todo a través de su presencia en toda su infinita emanación (Espíritu Santo). Nada puede escapar a la Unidad. Lo que pretende escapar de esa unidad se sumerge en lo oscuro, la separación o caída (Infierno en muchas religiones). El principio separador es el egoísmo. Nada puede considerarse propiedad privada, pues todo es recibido, y al tiempo, recibido como carga de un destino, la vida conlleva responsabilidad, hay que dar los frutos que pide la voluntad del Cielo, so pena de ser maldecidos como hace Cristo con la higuera que no daba los frutos para los que había sido creada. Se es consciente de las posibilidades de elección, de acción, de intención. Se es consciente de la libertad del ser humano para configurar su destino, pero se trata de un libertad que sólo puede ser usada siguiendo lo que es recto, lo que es bueno. Toda la tradición platónica y neoplatónica se suma a esa misma concepción de una realidad organizada en planos de más groseros a más sutiles. De la filosofía natural se pasa a la teología con relativa frecuencia, pues la evidencia de una Creación hecha según número y medida, habla de un Creador de Suma Inteligencia. La armonía, la belleza de la Creación, es algo que se manifiesta con claridad al hombre por la parte divina que el hombre tiene. El hombre puede comprender los etéreos arquetipos, abstractos y eficientes a la vez, y puede por la música, como Fray Luis, comprender que el Universo está dispuesto con una armonía semejante, armonía de las esferas, y que toda la sinfonía universal procede de la Unidad o de la Causa Primera, como prefieren nombrarlo los escolásticos.

Tan sólo el hombre ha sido dejado, dice Pico della Mirandola, con libertad dentro de la Creación para configurar su destino, sustrayéndose a toda configuración determinista.

Pero lo cierto es que la cuestión del determinismo se ve avivada por el apogeo de la Astrología Judiciaria, y que la duda existencial resultante entre la libertad humana y el peso del destino, que a veces puede leerse en las estrellas, tomó especial importancia, como se refleja tempranamente en el Libro de buen amor. Las leyes de la astrología son ciertas, nos dice el Arcipreste, y la libertad será un asunto muy difícil de realizar, imposible para el hombre solo, sin la ayuda de la Iglesia, pues las leyes del destino, como son de naturaleza, atan al hombre a la rueda de la fortuna. No es posible salvarse sin la intervención divina, que ha dotado al hombre de memoria, entendimiento y voluntad para superar la ley del destino y alcanzar la salvación. El sacrificio del Maestro, el Cristo, aseguraba la Salvación para los cristianos si el hombre se gobernaba por su Ley, que había dado solución al destino de la humanidad en el plano más trascendental.

He explorado los aspectos filosóficos, religiosos y técnicos de la Astrología medieval y su relación con otras tradiciones herméticas de las que seguramente bebe, para poder entender mejor el contenido de las obras astrológicas del Escritorio alfonsí, y el calado que ofrece la polémica sobre las estrellas en muchas obras medievales, tanto literarias como de pensamiento en general, y lo he hecho además con la pasión de seguir el hilo ininterrumpido que estas cuestiones han suscitado hasta nuestros días, como puede verse en los excelentes trabajos de Richard Tarnas o de Joscelyn Godwin,4 por no mencionar la mucho mejor conocida obra de Eugenio Garín para la tardía Edad Media y el Renacimiento;5 lo hago participando de la vitalidad de estas cuestiones, y celebrando que los criterios de ciencia moderna (desde la psicología, medicina, meteorología, etc.) vuelvan la vista hacia aquellos libros y encuentren algo más que el pesado estigma que los sepultó como meras supersticiones.

4 Richard Tarnas, Cosmos y Psique. Indicios para una nueva visión del mundo, Traducción de Marco Aurelio Galmarini, Barcelona, Ediciones Atalanta, 2008 (Título original, Cosmos and Psique, 2006); Joscelyn Godwin, Armonía de las esfereas, Barcelona, Atalanta, 2009.

5 Eugenio Garín, El zodiaco de la vida, Barcelona, Península, 1981; o «Imágenes y símbolos en Marsilio Ficino», La revolución cultural del Renacimiento, Barcelona, Grijalbo, 1981 (Entre otros).

Resonancia de la Polémica sobre la Astrología en el Humanismo

He investigado en las obras literarias medievales en castellano para ver qué presencia tenía el problema de las estrellas. Quería analizar no sólo los testimonios a favor o en contra de la Astrología (la polémica) sino algo más relacionado con la literatura en sí misma: investigar cómo y con qué fines se apropia la literatura medieval del uso de arquetipos y símbolos astrológicos, de cuyo empleo el género de los dezires alegóricos del siglo XV está plagado, y sin embargo no había sido ese lenguaje estudiado a fondo ni comprendida su importância en gran número de obras señeras de la literatura medieval española. En realidad casi no había habido investigación en esa dirección en el hispanismo medievalista, aunque algo más en filología francesa, italiana e inglesa. En el hispanismo medieval faltan investigaciones sobre la relación de las obras medievales españolas con las diversas corrientes de pensamiento que culminan en el Renacimiento y que tienen en las obras literarias una presencia medular a veces, sin la cual la obra no puede ser entendida cabalmente. Domingo Ynduráin comprendió bien esta necesidad y dedicó sus mayores esfuerzos a alumbrar esa deuda de la literatura con el variado pensamiento humanista.6 Pero el legado medieval quedó un poco fuera de su visión, más centrada en el Renacimiento y el Siglo de Oro, y los contenidos astrológicos sólo los rozó pues no los entendía bien.

6 Domingo Ynduráin, Humanismo y Renacimiento en España, Madrid, Cátedra, 1994.

Hay que explorar a fondo las raíces medievales del humanismo. Entender cómo y por qué impactaron tanto las concepciones astrológicas en hombres como Pico della Mirandola, en Ficino y en tantos otros, hasta alcanzar a través de ellos a nuestros grandes escritores clásicos: Garcilaso, Fray Luis, Aldana, Arias Montano, Lope, Quevedo, Cervantes, etc. He ido reuniendo un corpus extenso, para mí nunca suficiente, de textos y de autores, y tal vez se ha hecho la primera incursión sistematizada en el análisis de esa presencia del pensamiento hermético en general y astrológico en particular en la literatura española.7

7 Véase nuestros trabajos sobre este tema en la bibliografía.

En Estrellas y astrólogosen la literatura medieval española he puesto mi atención sobre todo en la presencia del tema de las estrellas en la literatura medieval. Estrellas y astrólogos recoge además las otras líneas abiertas sobre la polémica de la Astrología desde el mundo clásico hasta la Iglesia contemporánea a Alfonso X el Sabio; la labor de este monarca y erudito en la difusión y defensa de la Astrología, con especial atención al contenido y difusión del Libro conplido y la resonancia de la Astrología en las obras literarias medievales desde el Mester de Clerecía hasta los dezires alegóricos del siglo XV.

En general los astrólogos no han leído demasiado a los autores clásicos y los filólogos han generalmente asumido que las alusiones astrológicas en las obras eran cuestiones insignificantes, de supersticiones de la época, como pensaron Menéndez Pelayo, o Millé y Giménez y tantos otros.

Incluso las alusiones aparentemente sólo mitológicas, como el uso de Venus o Marte, en Garcilaso, esconden o se refieren más al contenido astrológico que mitológico, ambos siempre bastante relacionados, aunque no siempre se sea consciente de ello. Es bastante probable que el origen de las características de los dioses principales grecorromanos tenga un origen en su significado astrológico, evidente en el caso de Júpiter que es rey del Olimpo porque también es el “rey” del sistema planetario, al tener una masa mayor que todos los demás planetas juntos.

Así sus efectos mitológicos protectores se corresponden con su valor de Fortuna Mayor en Astrología. Lo mismo el significado de Mercurio, Venus, Marte o Saturno, que conservan como dioses el significado esencial que tienen como Planetas, y de lo cual son ya conscientes los estudiosos de filosofía natural en los Siglos de Oro. Así León Hebreo en sus Diálogos de amor, explica los significados de Marte y Venus desde una lectura de filosofía natural:

Siendo pois la concupiscência venérea casada y conjunta con el calor natural, (Vulcano) se enamora de Marte, que es el ferviente deseo de la lascivia, porque él da libídine ardiente, excesiva y enamorada, y por esto dicen que no nació del semen de Júpiter, ni participo cosa buena de las suyas, sino que nació de la percusión de la vulva de Juno, que quiere decir la venerosidad del menstruo de la madre; porque Marte, con sus ardientes incitaciones, hace sobrepujar la potencia de la materia de Juno sobre la razón de Júpiter. Así que la concupiscente Venus suele enamorarse del ardentísimo Marte; por lo cual los astrólogos ponen grandísima amistad entre estos dos planetas, y dicen que Venus corrige con su benigno aspecto toda la malicia de Marte.8

8 León Hebreo, Diálogos de amor, Buenos Aires, Austral, 1947, p. 126.

Para los hombres del Renacimiento, y especialmente para los más imbuidos de neoplatonismo, los arquetipos tienen una semántica definida, aunque no cerrada. Pico della Mirandola en el “Discurso de la dignidad del hombre” explica cómo Dios, que es el supremo arquitecto, ha construido el universo según unos arquetipos básicos. El arquitecto universal enseña a través de imágenes y alegorías, así le enseñó a Jacob y así hay que llegar al fondo de las cosas a través de la interpretación de símbolos y arquetipos. Así se alcanza el objetivo más noble que consiste en contemplar la corte ultraterrena (Serafines, Querubines y Tronos). Con Pico culmina la fe en poder desenmarañar la estructura universal a través de distintos grados de iniciación. Pondera también el florentino la importancia secreta de los números y la necesidad de hacer una lectura simbólica de las grandes obras de la literatura y así establece un modelo para la literatura alegórica y filosófica. El objetivo del conde, en palabras de Garín sería:

El ojo docto acabará por descubrir las armonías ocultas que existen entre los diversos planos del ser, entre los cielos y la tierra, entre el hombre y el mundo, con lo que gozará de la capacidad de hacerse entender por todos los pueblos y todas las cosas (…) No es difícil detectar la notable influencia que ha debido ejercer sobre el pensamiento de Pico el Lulismo y la magia.9

9 (Garín, «Giovanni Pico della Mirandola» en La revolución cultural del Renacimiento, Prólogo de Miguel Ángel Granada, traducción de Domenec Bergada, Barcelona, Crítica, 1981. p. 178).

El uso arquetípico de los planetas, del cual se sirvieron primero algunos destacados hombres del Renacimiento italiano, pone las bases para utilizarlos literariamente. De modo que el lector moderno debe hacer un poco de esfuerzo para familiarizarse con la semántica de esos arquetipos, cuya presencia explica gran parte de la intención y del contenido de las obras literárias próximas en espacio y tiempo a este tipo de poética de imágenes celestes. Hay que investigar sobre estos arquetipos de origen astrológico, sus raíces culturales, su mezcla de dioses, planetas e ideales literarios; investigar sus raíces en la tradición hermética, en el enciclopedismo medieval, en la revitalización del neoplatonismo y en la creación de una poética de imágenes celestes en el primer Renacimiento europeo, pues ya hemos visto que el primer humanismo castellano, impulsado por el modelo de Dante, empieza a aplicar los arquetipos planetarios a la poesía alegórica y en lo sucesivo este tipo de referencias no hace más que crecer hasta el final del Barroco. En palabras acertadas de Ynduráin: “Estos símbolos, que funcionan como carismas, cumplen su efecto (…) Todo lo qual, en definitiva, y si se elimina el carácter sacramental, coincide con el concepto habitual de símbolo en la literatura.”10

10 Domingo Ynduráin, Humanismo y Renacimiento en España, Madrid, Cátedra, 1994, p. 268.

En realidad, más que de “carácter sacramental” hay que hablar primero de “carácter astrológico” como del sustrato original sobre el que luego el símbolo o el arquetipo cobra cierta independencia en su uso literario, o incluso sacramental en algunos casos, pero sin perder nunca su relación semántica con el significado astrológico original.

Es fundamental considerar que la Astrología es un modo organicista de entender el Universo, interrelacionado en todas sus partes como un ser vivo (anima mundi) que permite que lo que ocurre en una parte se refleje en otra, y que asume, por tanto, el principio hermético de Correspondencia: “arriba como abajo”, heredado desde las más antiguas cosmologías del mundo clásico y preclásico, consagradas por el prestigio de Aristóteles, Platón o Ptolomeo.11 Y ello para tener en cuenta lo poco acertado de enjuiciar la postura de Lope, Quevedo o de Cervantes frente a la Astrología como meras supersticiones, fruto del atraso científico de la época, de la debilidad de la vejez o de malos consejos femeninos, como a veces se ha dicho.

11 Un resumen de los siete principios herméticos puede verse expuesto didácticamente en Tres iniciados, El Kibalion. Filosofía hermética del antiguo Egipto y Grecia, Buenos Aires, Kier, 2000. Los siete principios herméticos son: el principio del mentalismo, el de la correspondencia, el de la vibración, el de la polaridad, el del ritmo, el de la causa y efecto y el de generación. De todos éstos, el más evidente en el método astrológico, es el principio de correspondencia, leído modernamente como principio de sincronicidad: Cfr., R. Tarnas, Cosmos y psique. Indicios para una nueva visión del mundo, Girona, Atalanta, 2008.

Ni para Lope ni para Cervantes ni para Quevedo se trata de supersticiones. Muy al contrario, hay una parte de la Astrología que fue asumida por la mayoría de los grandes escritores humanistas, y la tuvieron como evidente y contrastable con la experiencia. Desde Erasmo, Marsilio Ficino, a Cervantes o Lope de Vega, los arquetipos astrológicos tienen un carácter incuestionable en la configuración de la Gran Máquina Universal, animada por la voluntad e inteligencia de Dios, el gran Gran Arquitecto Universal, prueba visible (pues tienen un soporte físico o material en los cuerpos celestes) y evidenciable (pues tienen unos efectos en la configuración de los ciclos y de los cambios que se producen en todos los ámbitos de la tierra y todos sus reinos, desde el mineral al humano). Esa cuestión, hay que decirlo porque se olvida a menudo, no estuvo en tela de juicio para los grandes pensadores humanistas, sino en todo caso, y según los momentos y los autores, lo que se cuestionó siempre, o se matizó, fue el problema del libre albedrío y el determinismo. Las polémicas y cuestiones relacionadas con la Astrología fueron tan múltiples como su abierta semántica, como bien expresó Eugenio Garín:

Astrología y religión, Astrología y política, Astrología y propaganda, pero también Astrología y medicina, Astrología y ciencia: una filosofía de la historia, una concepción de la realidad, un naturalismo fatalista, un culto astral: la Astrología era todo esto y más aún. La polémica del Renacimiento tuvo el mérito de evidenciar la multiplicidad de temas que convergían, analizando los contrastes y revelando las insalvables disidencias internas, y esto precisamente en el momento en que los studia humanitatis, con el retorno del mundo antiguo, parecían pedir nueva vida a las infinitas divinidades astrales.12

12 E. Garín, El zodiaco de la vida, Barcelona, Península, 1981, pp. 48-49.

Alfonso X tuvo en sus astrólogos su particular era espacial. En poco tiempo acomete una vasta enciclopedia universal e incluye muchas obras de Astrología. En pocos años los astrólogos pasaron de ser considerados diablos árabes o judíos, como en el primer Mester de Clerecía, a ser respetados y tenidos como científicos: Santo Tomás acepta todo lo que no contradice el libre albedrío, y las inclinaciones producidas por las estrellas son reales para él como para el Arcipreste de Hita. La Astrología dice el Arcipreste, es como un fuero de leyes con las que el gran Señor ha decidido gobernar el Universo.13 Los astrólogos pueden estudiar esas leyes y Dios puede también cambiarlas si quiere. De modo que puedan quedar contentos astrólogos y clérigos. Pero a partir del siglo XV el poder de los clérigos y cortesanos no astrólogos sobre los astrólogos es aplastante y acabará por marginarlos.14 La astrología judiciaria de la que se sirve Alfonso X como la que aparece en el Libro conplido, empezará a ser sustituida por una astrología literaria, hecha por los poetas como Juan de Mena, Santillana o Francisco Imperial, siguiendo en parte el modelo de Dante, que en general condena la práctica de la astrología judiciaria, pero toma de ella sus símbolos y conceptos, para construir sus grandes poemas alegóricos. El primer Humanismo representado por poetas como Dante o Petrarca en Italia y por los autores de deziresalegóricos españoles liderados por Francisco Imperial suponen uma condena de la Astrología al tiempo que emplean poetizándolo parte de sus símbolos y arquetipos.15 Consejeros poetas frente a consejeros astrólogos.16 Poetas que para competir en esa labor de sabios debían articular poemas de altos vuelos, es decir, de la más alta ciencia según sus criterios, que culminaran en la lectura anagógica o teológica e integrara la astrológica, no como sistema predictivo judiciario, sino como adornos o signos de la Creación divina, que el poeta puede reinventar libremente para elaborar sus horóscopos poéticos, puestos al servicio de la ortodoxia y supremacía de la Iglesia o de los poderosos mecenas.17 El golpe asestado a la astrología judiciaria y al espíritu con que la cultivó Alfonso X fue así mortal en el primer Humanismo y se reforzó más tarde con los escritos antiastrológicos de Pico della Mirandola, aunque todavía le quedara a la Astrología el fuerte empuje surgido en otros pensadores de las Academias del Renacimiento italiano y europeo; empuje reforzado por la incorporación de la tradición hermética que llegó a Italia cuando Cosme de Medici se hizo hacia 1460, a través de un monje de Macedonia, con el manuscrito del Corpus Hermeticum, que encargó traducir a Ficino por delante incluso de la tarea de traducir a Platón,18 por el interés que despertaba lo egipcio y la Astrología en ese momento; interés que se incrementó hasta que el integrismo religioso, agudizado tras el cisma católico-protestante, consumara la persecución y el derribo de la Astrología y las ciencias herméticas.

13 Desarrollo ampliamente estas cuestiones en Estrellas y astrólogos en la literatura medieval española.

14 En Estrellas y astrólogos, en el capítulo dedicado a la difusión del Libro conplido, veíamos cómo este manual pierde interés en el XV, o mejor dicho, se tiende a copiar las partes del libro más relacionadas con la astrología natural (meteorología) y a perderse sus partes más estrictamente judiciarias.

15 Tiene toda la razón Eugenio Garín cuando afirma, refutando a Boll, que «la vigorosa aspiración antinaturalista y anticientífica del primer Humanismo suscitó una encendida polémica antiastrológica que se igualo con las argumentaciones de los Padres de la Iglesia.» (p. 50). Véase a este respecto el capítulo de Estrellas y astrólogos…,«Hacia una poética de metáforas celestes: la astrología en la poesía alegórica del siglo XV», pp.151-248.

16 S., Page, La astrología en los manuscritos medievales, A y N Ediciones y The British Library, 2006.

17 Véase especialmente nuestro artículo sobre la cristianización de la astrología en Fray Luis de León, además de los estudios en Estrellas y astrólogossobre el aprovechamiento de la imaginería astrológica por los autores de dezires alegóricos, como Francisco Imperial, el Cartujano, Mena, Santillana, etc.

18 Frances Yates, Giordano Bruno y la tradición hermética, Barcelona, Ariel, 1983, pp. 30-31.

Pero el propio Picco della Mirandola, referente para Lope como para tantos otros en todos los temas esotéricos,19 aunque condenó la astrología judiciaria, reconocía el valor arquetípico de los conceptos astrológicos y los empleaba de modo semejante a como lo hacía la astrología judiciaria, como cuando describe los planetas y aspectos astrológicos necesarios para producir un buen filósofo: “Es quizás por esta razón por la que los caldeos deseaban que Marte apareciera dispuesto en triángulo con Mercurio en el momento del nacimiento de quien había de ser filósofo, como si dijeran, faltando esta conjunción y esta lid, toda la filosofía quedará en el futuro en estado letárgico y somnoliento”.20 Esto es astrología judiciaria. El propio Erasmo dejaba entrever que la más aguda sabiduría, y por eso mismo la más incomprendida y atacada por la Estulticia o Locura, era la ciencia hermética, legada por el legendario Hermes o Tot, y esa era ciencia empapada de astrología judiciaria:

19 Véase nuestro trabajo sobre Lope frente a la astrología.

20 En Manifiestos del Humanismo. Petrarca, Bruni, Valla, Picco della Mirandola, Alberti, Edición de María Morrás, Barcelona, Península, 2000, p. 117.

Apremian los sofistas: “El conocimiento de las ciencias es cualidad peculiar del hombre, quien, con auxilio de ellas, compensa con el talento aquellas cosas en que la naturaleza le ha desfavorecido”. Como si tuviese algún asomo de verdad el que la naturaleza que veló tan solícitamente a favor de los mosquitos, y aun de las hierbas y las florecillas, hubiese sólo dormido en el caso del hombre, haciendo que le fuesen necesarias las ciências, inventadas por el pernicioso de aquel Teuto (Tot, Hermes Trimegisto) para sumo perjuicio del género humano, ya que no sirven para alcanzar la felicidad y estorban a aquello mismo para lo que fueron descubiertas (…) Por eso las ciências irrumpieron en la vida humana junto con tantas otras calamidades, y por ello a los autores de todos los males se les llama “demonios” (…) que significa “los que saben”.21

21 Erasmo de Rotterdam, Elogio de la locura o Encomio de la Estulticia, introducción de José Antonio Marina, Edición de Pedro Voltes, Madrid, Austral, colección Ciencias y Humanidades, 2007, 15ª ed (primera ed., 1953), capítulo XXXII, pp. 99-100.

Efectivamente Erasmo era consciente con su sarcasmo habitual de quiénes eran los que sabían y del peligro que corría su ciencia. Las ciencias herméticas siempre estuvieron perseguidas y el propio Ptolomeo era consciente en el Tetrabiblos, el libro canónico de referencia para la Astrología, de que ésta no era comprendida por muchos y era recibida con especial hostilidad:

Hay gentes que rechazan como falsas las materias difíciles de comprender: algunos son tan ciegos que rechazan la primera de ambas ciências (la Astronomia) y otros dicen que es difícil la segunda (la Astrologia), vituperando ambas a la vez. Acaso la razón de su alejamiento es que ciertas personas creen imposible aquello que no pueden entender, y piensan que no hay nadie tampoco que pueda comprenderlo. Otros creen que el hombre no debe investigar aquello que es de difícil comprensión, y desdeñan así esta ciencia, y no la estudian con interés, afirmando que es algo que el hombre nunca puede alcanzar.22

22 Claudio Ptolomeo, Tetrabiblos, Fundamento de la Astrología, Traducción de Demetrio Santos, Zamora, Ediciones Monte Casino, 2008, p.16. Recuerda Demetrio Santos que este libro de Ptolomeo de mediados del siglo II de nuestra era ha sido el fundamento de toda la Astrología hasta el momento actual. En ella bebieron los romanos, los árabes y los cristianos medievales, y todos los astrólogos, médicos, cosmólogos, científicos y religiosos de 1500 años de nuestra cultura occidental hasta el siglo XVII por lo menos (p. 10).

Era pues consciente Ptolomeo mismo del grado de dificultad con que se enfrentaba la Astrología, a la que diferenciaba de la Astronomía en que ésta: “es una ciencia pura – teórica -, de por sí, y aislada de las demás, conviene por ello que el estudioso profundice en ella, y la aprenda, y logre sus resultados y conclusiones aun cuando no llegue a estudiar la segunda.” Porque el estudio de esta segunda ciencia relacionada, la Astrología, consistía en algo mucho más difícil y menos exacto:

es el estudio mediante el cual se explican las influencias y transformaciones que tienen lugar por la figura de sus círculos, próprias de ellos, en la cosas que éstos circundan (…) en este libro segundo (Tetrabiblos)23 vamos a explicar la segunda parte de la materia, que no es de por sí perfecta y cerrada, pero que estudiaremos siguiendo las reglas de la filosofía. Es conveniente para quien trata de iniciarse en el tema comprender los métodos que se usan para llegar a descubrir la verdad, y éste ha de ser su propósito; y no puede seguir el mismo método en la segunda ciencia (Astrología) que el utilizado en la primera (matemático puro), ya que ésta era invariable y respondía siempre a principios y axiomas inalterables, lo cual, si tratara de aplicarse a la segunda ciencia, le haría creer que ésta es falsa. La razón de la diferencia es que los elementos que intervienen en esta última no son estables o invariables, con lo que resulta difícil llegar a comprender el sistema que en ello subyace. Y sin embargo, no debemos por ello desechar como inútil el estudio de los hechos de posible conocimiento mediante esta segunda ciencia, pues es patente que la mayoría de las transformaciones que nos afectan proviene de nuestro entorno.

23 El primer libro al que se refiere Ptolomeo es el Almagesto, tratado matemático sobre Astronomía.

Y son estas sensatas palabras del propio Ptolomeo las que resuenan en el discurso de los dos imponentes astrólogos judiciarios, Mauricio y Soldino, en el Persiles cervantino, sobre la validez de la Astrología.

En Cervantes el tema de las estrellas toma, a diferencia de en Lope, dimensiones ajenas a su biografía, y sus reflexiones, aunque hayan pasado medio desapercibidas o malinterpretadas por la crítica, reflejan bien su profundo respeto por el saber astrológico, convencido de que las estrellas inclinan y de que los verdaderos astrólogos tienen una sabiduría especial que les permite entender a las personas y prever acontecimientos. 24 No es extraño que Cervantes elija a dos astrólogos judiciarios en el Persiles, a Mauricio y a Soldino, como los personajes que encarnan la sabiduría y el conocimiento psicológico profundo de los demás personajes y de las inclinaciones y preocupaciones que les mueven. Porque para un astrólogo era serio hablar del carácter basándose en arquetipos astrológicos; lo era sobre una base de datos milenaria y contrastable siempre con la experiencia. Por eso la lección principal de magos o astrólogos literarios como Próspero de La Tempestad de Shakespeare o Mauricio y Soldino del Persiles cervantino es enseñar a conocerse a uno mismo.

24 Véase nuestro trabajo sobre la actitud de Cervantes hacia la astrología.

Con las palabras y predicciones de Soldino, como con las anteriores del astrólogo Mauricio, el resto de personajes del Persiles va convenciéndose de que hay ciertos conocimientos sutiles a disposición de los astrólogos judiciarios: “Parecíales que andaban rodeados de adivinanzas y metidos hasta el alma en la astrología judiciaria, que a no ser acreditada por la esperiencia, con dificultad le dieran crédito”.

Pero efectivamente Cervantes quiere, como más tarde hace Villarroel, en momentos en que la Astrología está en peligro de extinción, dejar sentado que se trata de un saber nacido de la experiencia y contrastable con ésta, y no de superstición malsana. En el Persiles, en la Dorotea, o en La Tempestad, se persigue la comprensión de ese conocimiento de sí mismo después de enfrentarse al gran problema del amor y de sus facetas destructivas, y, en todas ellas, es la figura de un sabio astrólogo la que porta el conocimiento más profundo de la naturaleza humana, sincronizada y no desgajada del Cosmos o de la Naturaleza, porque ahí está la diferencia fundamental de la visión de esa astrología humanista con la tendencia contemporánea desde el Siglo de la Razón, que convirtió la Gran Máquina Universal animada (anima mundi) en una máquina sin sentido.

En realidad, tras el entusiasmo de la Academia Florentina por las ciências herméticas, la Astrología se hizo aún más presente en la literatura y en el pensamiento occidental.25 La Iglesia podía perseguir el arte del pronóstico pero no podía eliminar la dimensión arquetípica que ya había sido asimilada e incorporada a la cultura humanista y a la propia literatura religiosa.26 El tratado De amore de Ficino, que tanto inspiró a los humanistas, era un tratado sobre el amor de base ampliamente astrológica y la traducción del Corpus Hermeticumpor el mismo Ficino afianzó definitivamente la asimilación de los arquetipos astrológicos como entidades no arbitrarias y de ningún modo incompatibles con la idea de Dios:

25 Como bien reconoce Yates, los textos herméticos se fundamentan siempre en la Astrología: El mundo material se halla regulado por las influencias de las estrellas y de los planetas, los «Siete Gobernadores». Las leyes naturales en las que vive inmerso el gnóstico religioso son leyes astrológicas que constituyen el fundamento de la experiencia religiosa.

26 Véase nuestro artículo, «La astrología cristianizada en la poesía de Fray Luis de León.»

Alrededor del sol hay ocho esferas que dependen de él (Dios): la esfera de las estrellas fijas, las seis de los planetas y la que rodea a la tierra. De estas esferas dependen los démones, y de los démones los seres humanos. De este modo, todas las cosas y todos los hombres dependen en última instancia de Dios (…) Por tanto, el padre de todo es Dios; su artesano es el sol; y el cosmos constituye el instrumento de su labor creadora.27

27 Corpus Hermeticum y Asclepio, Edición de Brian P. Copenhaver, Madrid, Siruela, 2000, pp.186-187.

No había en principio razón para que el Cristianismo antagonizara con el saber astrológico, sino al contrario, permitía universalizarlo, como fue la aspiración del Humanismo más avanzado, incorporando todo lo que la ciencia y la razón venían a decir en último término sobre la existencia de un Dios único. En todos los órdenes del pensamiento y del arte la Astrología afianzaba sus raíces. Y aún en el espinoso tema del pronóstico su prestigio y utilidad, especialmente su vertiente médica, aún les garantiza la presencia en la corte, y se escribirán horóscopos como el de Felipe II por su médico-astrólogo Matías Haco (Traducción de Demetrio Santos),28 en el que sin miedo ninguno se habla de todas las potencialidades del monarca e incluso de la duración de su vida y del momento y causa de su muerte futura.29

28 Demetrio Santos, El horóscopo de Felipe II de Matías Haco, Valencia, Grial, 1995. Cfr. Luis Miguel Vicente, «El horóscopo de Felipe II por Matías Haco», Actas del Congreso Internacional «Centros de Poder Italianos en la Monarquía Hispánica (siglos XV-XVIII): Arte, Música, Literatura y Espiritualidad», celebrado en la Facultad de Filosofía y Letras de la UAM y la Fundación Lázaro Galdiano, Madrid, 10 al 12 de diciembre del 2008 (En prensa).

29 Sobre la «doble moral» de Felipe II respecto a los temas esotéricos véase el interesante libro de Juan G. Atienza, La cara oculta de Felipe II. Alquimia y magia en la España del Imperio, Barcelona, Ediciones Martínez Roca, 1998.

Necesidad de las Aproximaciones Interdisciplinares: Entender el Legado de la Astrología en el Pensamiento Humanista

Cada día soy más consciente de la necesidad de colaboración interdisciplinar que se requiere en los estudios humanistas y de la importancia de no perder la montaña milenaria de conocimientos astrológicos que siempre formaron parte de los studia humanitatis.30 El problema de las estrellas está muy presente en la obra de Lope, de Quevedo y de Cervantes porque lo está en el ambiente intelectual del Humanismo, de un modo medular, que se incorpora no sólo desde obras puramente astrológicas sino también desde los propios tratados como el De Amore de Ficino. Ya he señalado al hablar del horóscopo de Lope cómo César le contaba a don Fernando las maneras de sanar el amor según Ficino, sanación que implicaba contar con la Astrología:

30 Han de conocerse y reconocerse las maravillosas herramientas como los programas Kepler o Armon del profesor Miguel García Ferrández y toda la sabiduría astrológica del grupo de Astrólogos del Mediterráneo y Sirventa, de Demetrio Santos, Vicente Cassanya, Tomás Verdú, Tito Maciá, Carmen Ordóñez, José Luis Pascual, Adela Ferrer, Juan Estadella y cuantos astrólogos españoles, que son los que conozco más, trabajan por entender el gran legado astrológico medieval y áureo que hay en España y lo hacen además, sin el respaldo del mundo académico oficial, aunque en su mayoría sean físicos de energía nuclear y matemáticos como Demetrio Santos o Miguel García, médicos como Vicente Verdú, químicos como José Luis Pascual, etc.

Todo esto quiere espacio de tiempo, y en los hombres melancólicos mayor que en los joviales y alegres, y más si tienen a Saturno con Marte retrógrado o al Sol opuesto (…) Quien tuviere en su nacimento a Venus en la casa de Saturno, o mirase a la Luna vehementemente, tarde sanará de la enfermedad de amor.

Ficino planteaba desde luego la importancia de las causas astrológicas en los enamoramientos; eran las más destacadas para él junto con otras posibles:

Al reconocerse el amado en el amante, es empujado a amarle. Los astrólogos piensan que la reciprocidad del amor es preferente entre aquéllos en cuyo nacimiento hubo una oposición de los astros, estos es, del sol y de la luna. A saber, si al nacer yo, el sol estuviera en Aries, la luna en Libra, y al nacer tú, el sol en Libra y la luna en Aries. O entre aquéllos que tienen el ascendente en el mismo planeta y el mismo signo. O si planetas favorables miran hacia el ángulo oriental. O Venus situada en la misma casa del nacimiento y en el mismo grado. Los platónicos añaden aquéllos cuya vida está gobernada por el mismo o parecido demonio. Los físicos y los moralistas afirman que la causa de afectos semejantes es la similitud de carácter, de alimentación, de educación, costumbres y opinión. Y finalmente, allí donde muchas causas concurren es donde se encuentra una reciprocidad más vehemente.31

31 M. Ficino, De amore. Comentario a «El Banquete» de Platón, Traducción y estudio preliminar de Rocío de la Villa Ardura, Madrid, Tecnos, 1986, reimpresión 2001, pp. 45-46.

Ficino y otros humanistas italianos y europeos fueron incorporando conocimientos de la astrología judiciaria que no podían dejar de avivar la polémica en torno a la influencia de las estrellas.32 El propio Ficino expande considerablemente los contenidos astrológicos en la segunda edición de su De amore, según iba incorporando a la tradición cristiana no sólo los textos platónicos sino otros de carácter hermético, a los que da preferencia en el orden de traducción sobre los textos platónicos mismos, siguiendo el dictado de Cosme de Medici y su interés por lo egipcio. El resultado más importante de su traducción del Corpus Hemeticum puede expresarse con las palabras del Dr. Verdú:

32 Véase nuestro libro Estrellas y astrólogos en la literatura medieval española, Madrid, Ediciones Laberinto, 2006. Especialmente los capítulos: «La iglesia medieval frente a la astrología» (pp. 43-72), «Una nueva astrología desde el Scriptorium alfonsí» (pp. 73-124) y «Hacia una poética de metáforas celestes: la astrología en la poesía alegórica del siglo XV» (pp.151-248).

Todos los humanistas desde Ficino hasta Bruno, pasando por Serveto, encontraron en Hermes la autoridad, el prestigio y la legitimidad necesaria para su reforma de la cultura. Así, Hermes Trimesgisto se convertirá en el más antiguo profeta de la humanidad, el que reveló el verdadero conocimiento a Moisés o a Orfeo, y a través de éste, a Platón; se trataría de la síntesis entre la sabiduría pagana y el dogma cristiano, el concepto de un nuevo hombre e incluso el concepto de una nueva ciencia pues Bruno invoca el CH XII 7 (Corpus Hermeticum) para demostrar el movimiento de la Tierra (op. cit., p.57).33

33 Verdú sufraga y amplia la clásica opinión de Yates sobre el contenido astrológico de los textos herméticos: «los textos herméticos son una recopilación de textos básicamente astrológicos, en el más profundo sentido del término, e íntimamente arraigados en las doctrinas tradicionales del alma. Entendiendo como astrológico el conjunto de ideas filosóficas, teológicas, astronómicas y mágicas que es como se entendía la astrología en la antigüedad (p. 53).

Venus se usa en Lope, por ejemplo, incorporando toda la relevancia que Ficino le ha dado como planeta clave en su emplazamiento en la carta natal de los amantes para explicar el grado de fusión o atracción entre ellos.34 Lope corroboraba la coherencia arquetípica entre su carta natal astrológica y su carácter y destino y esto era para él una evidencia que le permitía abordar la polémica sobre la astrología sin el furor antiastrológico que se desató en círculos más ignorantes de este saber, que no creencia, pues la astrología no fue nunca un asunto de fe sino la primera de las ciencias naturales, aunque evidentemente, como bien testimonia el pensador contemporáneo Richard Tarnas en Cosmos y Psique, lo contrario, un empecinado y a priori prejuicio antiastrológico impida todo entendimiento del fenômeno astrológico:

34 También Garcilaso es muy sensible a la semántica de este planeta. Véase nuestro artículo: «La Venus Urania de Garcilaso frente a la Venus Pandemo de Aldana y de otros petrarquistas españoles ».

Las correlaciones con las que me había encontrado en mi investigación anterior eran ya lo bastantes convincentes por sí mismas como para inducirme a dejar provisionalmente atrás mi inicial desprecio por la astrología y embarcarme en una investigación más a fondo (…) No es probable que uno descubra lo que está seguro de que no existe (op., cit., p.173).

El tema de la Astrología en Lope tenía un calado profundo, y como a muchos otros humanistas le había, sobre todo, llevado a Dios como ante el Artífice de la prodigiosa Máquina del Zodiaco y su asombroso orden. Y ese es, en suma, el aspecto en que Astrología y Literatura se enlazan y están presentes en las obras clásicas, de un modo tan evidente que es una pena desatenderlo. Desde Fray Luis a Espronceda la contemplación de la prodigiosa Máquina del Universo se constituye en la principal vía de acceso de la inteligencia a su Hacedor; la otra vía, la de la devotio, la mística, fue culminada por San Juan de la Cruz. En síntesis, había dos caminos para “comprobar” la existencia de Dios: uno intelectual, que pasaba por el estudio del Cosmos y su perfección que “hablaba” de Dios; y otro, emocional o espiritual puro, que consistía en la imitación y seguimiento del gran Maestro, El Cristo, cuyas palabras estaban por encima de toda manifestación material, pues había afirmado claramente que el Cielo y la Tierra pasarían pero no sus palabras. En Fray Luis hay una mezcla de las dos vías, intelectual y devocional. Pero la metafísica derivada del asombro de la contemplación de las leyes del Cosmos está en la base de todas las religiones, y se manifiesta profusamente en la literatura que hace un uso más o menos libre, o personal y poético, de esos conocimientos. Pero además, la Astrología fue la primera y más compleja de las ciencias naturales, y sus leyes precisamente porque son naturales y no arbitrarias fascinaron a nuestros autores clásicos lo mismo que seguirán haciéndolo a cualquiera que se dedique a su estudio, y someta el aparato teórico a su propia experiencia, que es lo que actualmente está haciendo Richard Tarnas con tanto éxito. Los estudios astrológicos y la polémica que les acompaña no acabaron con todo en el siglo XVIII, sólo se salieron de los círculos académicos oficiales. Ahora retorna el interés académico poco a poco, y es natural que lo haga si queremos recomponer con fidelidad el puzzle de los estudios humanistas en su origen, y permitirnos el diálogo presente con aquella pasión por el conocimiento que recogía a su vez una montaña milenaria de experiencias y conocimientos.

El Final de la Astrología en las Universidades

Es Torres Villarroel seriamente consciente, a pesar de su constante sentido del humor, de que estaba a punto de extinguirse con los comienzos de Neoclasicismo en el siglo XVIII una ciencia milenaria como la Astrología, y que su extinción no se debía a que no pudiera ajustarse a las exigencias de un método científico sino a la estrechez de visión que imponían las nuevas modas, supuestamente científicas, que perdían la visión holística de la ciencia astrológica, su capacidad para comprender la interrelación entre el Macrocosmos y el Microcosmos, aunque esa interrelación hubiera sido la base secular también de la física aristotélica, así como de la metafísica platónica, y por supuesto, de la medicina astrológica. Nadie como Villarroel se dio cuenta de que la visión desde el criterio positivista radical enterraba por ignorancia un legado también sufragado por la experiencia y observaciones milenarias.

Jung alertó mucho después contra ese reduccionismo de la ciencia positivista moderna y reaccionó articulando científicamente los arquetipos que contenía el Subconciente Colectivo, reivindicando las claves que para comprenderlo estaban en antiguas ciencias como la Astrología, cuyos arquetipos pueden estudiarse, observarse y comprenderse. Una sencilla estadística para comprobar que la química de los cuatro elementos funciona y que las personas se agrupan más fácilmente y con más frecuencia con las que comparten su mismo elemento (triángulos de Tierra, Agua, Aire y Fuego) demostraron para él que los arquetipos astrológicos no son entes arbitrários sino observables y contrastables en la experiencia. Y de igual modo el resto de arquetipos astrológicos pueden observarse y experimentarse, aunque se requiere dedicación, estudio y seriedad. A pesar de ello, la ciencia actual es heredera del Racionalismo que consagra el siglo XVIII y para ella, no hay conexión demostrada entre los astros y el ser humano. Un axioma éste que le parecía tan aberrante a Torres Villarroel que toda su literatura denuncia una y otra vez ese nuevo punto de partida como falso, pues la conexión entre los astros y el ser humano ha estado en la base de todas las ciencias desde la antigüedad: “Es cierto- respondí yo- que entre las ciencias todas hay una afinidad y concatenación en que precisamente están eslabonadas.” Y adopta el tono humorístico para poder tratar de una materia como la Astrología de la que ya no se puede hablar en serio en foros académicos y oficiales y que ha quedado relegada a la confección de almanaques, porque después de todo el deseo de la gente de conocer el futuro sobrevive a cualquier crítica. El mismo se va ganar la fama y la vida como autor fundamentalmente de esos calendarios, escribiéndolos en un registro literario de reminiscencias barrocas que le atrae las críticas de otros autores de almanaques más técnicos, los cuales le reprochan que mezcle Astrología y Literatura. En la primera carta de su libro Correo del otro mundo,la del astrólogo gran Piscator Sarrabal de Milán al gran Piscator de Salamanca (así se conocía a Villarroel como astrólogo) el primero le reprocha al segundo que haya vulgarizado la Astrología mezclándola con la literatura: “es matéria vergonzosa revolver astrólogos con poetas como si fuéramos todos uno” Consciente de que la Astrología há desaparecido de todo estudio oficial serio justifica el trasladarla al registro literario: “Si su facultad (la de Astrología) está en los últimos calabozos del desprecio, si los papeles que hablan de sola su profesión los arrinconan, ¿por qué han de poner (los astrólogos) al publico obras que desprecie nuestra ignorancia? ¿Por qué han de gastar caudales en sus impresiones? ¿Y por qué han de perder el tiempo?” (Prólogo de Torres al Viaje fantástico).

Torres es consciente de que la única Astrología que interesa ya no es ni sombra de la ciencia maravillosa del pasado sino su vulgarización absoluta para satisfacer la curiosidad de ignorantes:

Yo bien sé – les volví a decir – que vuestras mercedes son hombres que tienen negócios por aquellos países, y quizá sus corresponsales les habrán escrito que se ha de morir medio mundo en este eclipse, y curiosos vienen a saber cómo miento yo, para cotejar después juicios. Es así, respondieron todos. Pues con el alma y la vida – dije yo – explicaré a vuestra merced lo poco que yo puedo haber observado, y lo que hubiere leído en tal cual librillo, que por roto, quizá se escapó de las espicierías.

Lo cierto es que su faceta literaria está indisolublemente unida a su faceta astrológica y ésta es tan medular en su obra literaria que nada puede entenderse de ella sin atender al gran astrólogo que la crea. Pues gran parte de su obra es en primer lugar toda una teoría del conocimiento contracorriente en su época pero de raíces hundidas en toda la tradición hermética, atravesando e interpretando correctamente a Platón, Aristóteles, o Hipócrates en un intento lúcido de alertar contra la ignorancia y el peligro de hacer borrón y cuenta nueva sobre los conocimientos milenários de la Astrología.

En el apartado cultural de El País del 19 de marzo del 2008 titula una breve reseña José Andrés Rojo sobre el libro del filósofo y psicólogo Richard Tarnas, Cosmos y psique: “Hay una íntima conexión entre las cosas de los hombres y los planetas”. Bueno es que desde la Filosofía y Psicología académicas contemporáneas se repare en la validez e importancia de los conocimientos astrológicos. Eso mismo reivindicaba Torres Villarroel, cuando la Universidad daba la espalda definitivamente a la Astrología; o Tarnas en nuestros días cuando la mirada positivista empieza a no ser suficiente para filósofos y psicólogos. Demetrio Santos también llegó a la Astrología desde la Psicología, aunque luego la fundamentara con su gran formación de físico y matemático también. Y su grandiosa obra Investigaciones sobre Astrología cumple con creces con la aspiración de comprender racionalmente la Astrología y demostrar la conexión con otras disciplinas como la psicología, la sociología, la historia, y por supuesto con la física y las matemáticas. Creo que la Universidad no tardará en reconocer la magnitud de esa aportación española que Vicente Cassanya lleva tantos años difundiendo y reconociendo con la creación, entre otras cosas, del “Premio Demetrio Santos” de investigación astrológica.

¿Cómo podría sonar nuevo ahora que se reivindique la estrecha conexión entre los astros y el hombre? Villarroel lo sabía en los momentos más críticos para la existencia de la Astrología y lo sintetiza el título de una de sus obras que puede leerse en la biblioteca feijoniana a través de Internet: Entierro del Jucicio Final y vivificación de la Astrología, herida con tres llagas, en lo Natural, Moral y Político; curada com tres Parches. Parche primero: la Astrología es buena, y cierta en lo Natural. Parche segundo: la Astrología es verdadera, y segura en lo Moral. Parche tercero: La Astrología es útil, y provechosa en lo Político.

Es por ese entierro que anunciaba impotente pero con ironía Villarroel frente a la arrogancia de los novatores por lo que el hilo que engarzaba a la Astrología con las demás ciencias y humanidades se ha roto, o mejor dicho, se ha vuelto invisible por desatención y desconocimiento, aunque era tan evidente para nuestros grandes escritores y pensadores.

Obras Citadas

 CERVANTES, M. de, Los trabajos de Persiles y Segismunda. Edición y estudio de Avalle-Arce. Madrid, Castalia, 2001.

Corpus Hermeticum y Asclepio, Edición de Brian P. Copenhaver. Madrid, Siruela, 2000. Traducción Jaume Pòrtulas y Cristina Serna del original: Hermetica. De greek Corpus Hermeticum and the Latin Asclepios in a new English translation, with notes and introduction. Cambridge Univesity Press, 1992.

ERASMO DE ROTTERDAM, Elogio de la locura o Encomio de la Estulticia. Introducción de José Antonio Marina. Edición de Pedro Voltes. Madrid, Austral, colección Ciencias y Humanidades, 2007, 15ª ed (primera ed., 1953).

FICINO, M., De amore. Comentarioa «El Banquete» de Platón. Traducción y estudio preliminar de Rocío de la Villa Ardura. Madrid, Tecnos, 1986, reimpresión 2001.

GARÍN, Eugenio, El zodiaco de la vida. Barcelona, Península, 1981.

ID., La revolución cultural del Renacimiento. Prólogo de Miguel Ángel Granada, traducción de Domenec Bergada. Barcelona, Crítica, 1981.

HEBREO, León, Diálogos de amor. Buenos Aires, Austral, 1947.

LAO TSE, Tao Te Ching. Barcelona, RBA, 1998.

LOPE DE VEGA, La Dorotea. Ed., José Manuel Blecua. Madrid, Cátedra, 1996.

MORRÁS, María (Ed.), Manifiestos del Humanismo. Petrarca, Bruni, Valla, Picco della Mirandola, Alberti. Barcelona, Península, 2000.

SANTOS, Demetrio, Investigaciones sobre astrología. Madrid, Ciclos del Cosmos, 1999 (Facsímil de la edición de Editora Nacional, 1978) 2 vols. (Obra ésta monumental: compendio de ciencia, humanismo y astrología, como su autor: matemático, físico nuclear, psicólogo, astrólogo…)

ID (ed.), Tetrabiblos. Trad. Demetrio Santos. Madrid, Barath, 1987, 2ª ed.

TARNAS, Richard, Cosmos y psique. Gerona, Atalanta, 2006.

VERDÚ, F. T., Miguel Servet. Astrología, hermetismo, medicina. UE, Erasmus Ediciones, 2008. (Una síntesis de la polémica entorno a la astrología en el Quinientos puede verse en esta obra del Dr. Verdú, a propósito de los defensores de la astrología como Miguel Servet, cuya Apologetica disceptatio pro astrología (Disertación apologética a favor de la astrología) ofrece Verdú en castellano dentro de su trabajo.

VICENTE GARCÍA, Luis M., Estrellas y astrólogos en la literatura medieval española. Madrid, Ediciones del Laberinto (Colección Arcadia de las Letras), 2006.

La Parte octava del Libro conplido en los juyzios de las estrellas, edición incluida en la tesis doctoral de Luis M. VICENTE GARCÍA, La astrología en el cristianismo y en la literatura medieval castellana. Edición de la octava parte inédita del Libro conplido en los juyzios de las estrellas, University Microfilms INC, Ann Arbor Michigan, 1990.

ID., «La astrología cristianizada en la poesía de Fray Luis de León», Revista Agustiniana, XLVIII, nº 146 (mayo-agosto, 2007), pp. 307-332.

ID., «La Venus Urania de Garcilaso frente a la Venus Pandemo de Aldana y de otros petrarquistas españoles », Edad de Oro, XXVI (2007), pp. 315-344.

ID., «La estructura del Persiles y su contenido astrológico y simbólico», en Tradition and Innovation. Early Modern Spanish Studies in Memory of Carroll B. Johnson. Ed. Sherry Velasco, Newark, Juan de la Cuesta, 2008, pp. 313-345.

ID., «Leer en el cielo: astrólogos literarios de Imperial a Cervantes», Edad de OroXXVII (2008), pp. 365-409.

ID., «Lope y la polémica sobre astrología en el Seiscientos», Anuario Lope de Vega, 15, 2009, pp. 219-243.

ID., «Cosmos y Psique. Indicios para una nueva visión del mundo de Richard Tarnas», SPICA, Boletín Informativo de la Sociedad Española de Astrología (SEA),nº 12 (marzo de 2009), pp. 31-37.

YATES, Frances, Ensayos reunidos, I Lulio y Bruno, Traducción de Tomás Segovia. México, Fondo de Cultura Económica, 1990, 1ª reim. 1996 (1ª ed., en inglés, 1982).

YNDURÁIN, Domingo, Humanismo y Renacimiento en España, Madrid, Cátedra, 1994.