Artículos Astrológicos III

Frontispicio del Congreso de los Diputados, de Ponciano Ponzano

Johannes Kepler y la Astrología

Roberto Langella Faquin

Fue astrónomo y astrólogo, en tiempos en que ambas funciones no estaban reñidas; revolucionó el campo de la ciencia y legó un gran aporte a la astrología.

Johannes Kepler nació, según el calendario gregoriano, el 6 de enero de 1572, a las 14:37 horas, en Weil-der-Sradt, Suabia.

Astrónomo y astrólogo, en una época en que todavía la ciencia no estaba tan reñida con el ocultismo, tuvo su aporte supremo a la ciencia, al descubrir la mecánica de las órbitas planetarias, fijando las leyes para esa mecánica (que hasta la actualidad funcionan), y respecto de la astrología, el enunciar los aspectos planetarios así llamados “no ptolomeicos”, el quintil (72º), la semicuadratura (45º), la sesquicuadratura (135º) y el septil (51º 25’).

Vida de Johannes Kepler

Kepler nace en el seno de una familia económicamente venida a menos, luego de haber conocido la fortuna. Como hecho curioso, quizás, se destaca que su madre, hacia el final de su vida, fue acusada de brujería, y defendida elocuentemente por su hijo.

La visión del cometa de 1577 y de un eclipse de luna, en 1580, habría impresionado grandemente al joven Johannes, decidiéndolo por el estudio del espacio sidéreo.

En cuanto a sus estudios, luego de obtener un bachillerato en artes, en la Universidad de Tubinga, comienza con estudios de Teología, decidido a ser sacerdote luterano.

Allí se interesa por la Filosofía y las matemáticas, y toma contacto con las propuestas modernas de Copérnico, que revolucionaron las concepciones tradicionales científicas para siempre.

Sin abandonar nunca su fe profunda, Kepler comienza entonces a cultivar una independencia de criterio – dicen sus exegetas – cada vez más cercana al misticismo, antes que a la ortodoxia religiosa. Un año antes de terminar sus estudios se hace cargo de las cátedras de matemáticas y astronomía, en el seminario protestante de Graz. Es en ese tiempo que deviene científico, aún con preocupaciones metafísicas.

Curiosidades de sus estudios astrológicos

En el capítulo IX de su libro, El Secreto del Universo, titulado, sobre la distribución de sólidos entre los planetas: atribución de propiedades; demostración del parentesco mutuo entre los planetas a partir de los sólidos”, establece las siguientes correspondencias entre los planetas y determinados poliedros regulares:

Saturno: Cubo
Júpiter: Pirámide
Marte: Dodecaedro
Venus: Icosaedro
Mercurio: Octaedro

Luego hace una extensa reflexión analógica acerca de los ángulos de del tipo de poliedro que les corresponden, y las naturalezas especificas del modo de influencia que cada planeta ejerce. Los cuerpos correspondientes a Mercurio, Venus y Júpiter contienen triángulos, razón por la cual sus influencias resultarán “benéficas”.

Luego deduce que el pentágono de Marte se halla en el icosaedro de Venus, lo que justifica la atracción entre ambas influencias. Del mismo modo, el cuadrado de Saturno en el octaedro de Mercurio, asimila sus costumbres. Estos son apenas ejemplos de todas las correspondencias que pueden llegar a establecerse. Pero su detalle es minucioso, respecto de naturalezas planetarias y sus relaciones, y resulta del todo recomendable la lectura de este tratado, adornado además de una profunda belleza literaria.

Una muestra de esto que se dice, en la siguiente cita de un párrafo del capítulo que tratamos: “También Saturno es solitario y amante de la soledad, claramente porque la rectitud de su ángulo no admite ninguna desigualdad, por pequeña que sea, en virtud de la cual pudiera resultar múltiple. Júpiter, por el contrario, fruto de un ángulo de entre la infinita variedad de los agudos, resulta así más sociable, aunque moderadamente y con mesura. Y es por ello el causante de las más honrosas amistades. Y también Marte y Venus son ellos mismos sociables, pero en demasía. Pues su ángulo obtuso y pródigo significa intemperancia. Mercurio en razón de su ángulo es de la naturaleza de Saturno y Júpiter. Los hombres de letras aman, en efecto, la soledad, pero sin embargo no son misántropos. Gustan de aquellos que cultivan los mismos gustos, y practican la elegancia en las conversaciones, más que Júpiter, cuya entera actividad se realiza en las asambleas de los hombres y entre los purpurados”.

El juego astrológico

Es la forma en que Kepler denomina esta manera curiosa e innovadora de pensar la astrología, “el juego astrológico”, a partir de los cuerpos que les corresponden a cada planeta, observar sus relaciones, (y no-relaciones) a partir de cuantas veces un cuerpo o figura se ve contenida en la otra, y si ocurre; y para la propia naturaleza de cada planeta, el número de ángulos y de caras de cada figura.

Die Sonne als Mittelpunkt des Kosmos ist in einem inneren Kreis von Personifikationen der Tageszeiten

Psicología Astrológica

Cortesía de Rosa Solé

(Extracto del “Glosario Astrológico” de Bruno Huber, publicado en la revista suiza “Astrolog” nº 60, febrero 1991)

(Traducido por Lluisa Sallés y Rosa Solé, pag. 21 y 22 de “A Digest of Newsletters” English Huber School of Astrological Counselling. Dec. 1992)

La Psicología Astrológica es una rama de la psicología que utiliza la Astrología como una herramienta de diagnóstico. Se basa principalmente en las ideas de la psicología profunda, pero también en la psicología humanística y transpersonal. Por su concepto está muy cerca de la Psicosíntesis de Roberto Assagioli. La Psicología Astrológica parte del concepto de un ser vivo, que se auto regula y que está sano por naturaleza, al contrario de la mayor parte de psicologías, que parten del punto de vista de la patología. La idea de que “estamos enfermos sólo mientras pensamos que lo estamos” y el hecho de encontrar las causas de nuestras sensaciones de enfermedad son el principio fundamental de la Psicología Astrológica.

El objetivo básico de la Psicología Astrológica – mediante su enfoque terapéutico, de asesoramiento o de enseñanza – es el de aumentar nuestra comprensión y estimular nuestros propios procesos de pensamiento. No se trata de dar unas recetas ya preparadas, ni de ofrecer soluciones fáciles, sino que se trata de proporcionar un útil instrumento de conocernos a nosotros mismos, de forma que podamos aprender a aceptarnos por lo que somos y por lo que podemos llegar a ser, ya que esto nos permitirá vivir una vida más libre, más feliz y más creativa.

En primer lugar ofrece un enfoque holístico a nuestra condición humana. Esto no es aplicable únicamente a conceptos psicológicos, puesto que incluye nuestra selección de técnicas astrológicas. Por ello, la metodología de la Psicología Astrológica tiene que cumplir con el requisito previo de que todas sus partes constituyentes tienen que trabajar conjuntamente con el fin de formar un todo coherente. Se trata por tanto de un método completo en sí mismo, pero que no tiene porqué cerrarse ante desarrollos o mejoras posteriores.

Aún así, por este mismo motivo resultó inevitable que algunas técnicas de la astrología tradicional tuvieran que ser excluidas porque, aunque eran lógicas y válidas en sí mismas, no encajaban dentro del conjunto. Por ejemplo, algunas de las técnicas no utilizadas son aquéllas que describen al hombre como dependiente y sin libre albedrío, además de las que crean un efecto “espiral” y por tanto distorsionan toda la imagen.

Además de todas éstas, existen diversas técnicas para predecir el futuro que son muy limitativas y que, a menudo, tratan de acontecimientos que se perciben como si nos ocurrieran desde el exterior.

El estado de nuestro ser interior es el que determina la naturaleza de nuestra realidad y cómo nos afectan las energías disponibles, qué hechos externos nos causan una impresión y cómo los experimentamos, evaluamos y respondemos frente a ellos. Este mundo reactivo en la Psicología Astrológica es expresado e interpretado por el Punto de la Edad, o Progresión de la Edad. Se trata de una progresión constante a través del tiempo que muestra cómo avanzamos por nuestro camino a través de la carta y por ello, cómo experimentamos todas las facetas de nuestro carácter a lo largo de la vida.

La elección de las técnicas utilizadas se ha visto influenciada por un importante principio orgánico: la simplificación. El método actual de utilizar nuestro intelecto es básicamente lineal y lógico. Es el enfoque de causa y efecto que procede mediante unos pasos analíticos precisos. Tiene la tendencia de dividir todo un organismo en sus partes constituyentes particulares, por lo que conlleva una fragmentación y una complicación excesiva hasta que al final perdemos la visión, tanto de los medios como de los objetivos. En realidad, el hecho de que exista un gran número de técnicas no nos ayuda a llegar a una interpretación válida de la carta, sino que sólo consigue hacer que esta interpretación sea más difícil. Tanto en la enseñanza como en el pensamiento astrológico, a menudo se afirma que una interpretación sólo puede ser válida si ha sido confirmada por una cierta variedad de técnicas. En Psicología Astrológica pensamos lo contrario: si creemos que tenemos que hacer un cierto número de pronunciamientos con el fin de obtener claridad, ello significa que no hemos explotado suficientemente la información primaria de que disponíamos.

Esta es la razón por la que manifestamos muy claramente los principios básicos de nuestro método, que ya fueron tratados por Ptolomeo. Estas son las cuatro herramientas fundamentales:

1. Las figuras de aspectos: todos los aspectos son múltiplos de 30; muestran la motivación.
2. Los 10 planetas y el Nodo Norte: las herramientas que tenemos a nuestra disposición.
3. Los 12 signos del Zodíaco: nuestro carácter genético, los arquetipos.
4. Las 12 Casas o campos: nuestros condicionantes, nuestro comportamiento aprendido.

Esta información fundamental se utiliza con gran detalle y con definiciones precisas según la posición en una de las cuatro grandes áreas de la carta, y todo ello para sacar el máximo provecho.

Boethius’ Rota Fortuna or wheel of fortune casting a shadow over a dog; engraving emblematic of the black plague, ca. 1650. (2)

He aquí algunos puntos específicos que enseña la Psicología Astrológica:

1. La carta se dibuja según unas normas precisas que facilitan el enfoque visual. La naturaleza individual y el trazado de la carta pueden evaluarse a primera vista. Tal y como ya mencionamos anteriormente, cada una de las cuatro grandes áreas de la carta tiene un significado específico, y utilizamos un esquema de color que hace que resulte muy fácil obtener una impresión inmediata de la ausencia o presencia de las cualidades expresadas por estos colores.

2. Restricción del significado otorgado a los planetas. Años de experiencia nos han impulsado a restringir la interpretación de los símbolos planetarios cada vez más alrededor de su significado fundamental, de forma que las interpretaciones ya no se superpongan. Este ha sido un paso muy útil para la investigación. Hace que resulte más fácil obtener resultados bien definidos y sin ambigüedades.

3. Las figuras de aspectos. Nos pareció que la interpretación individual de aspectos específicos era contraproducente porque las definiciones progresivas sistemáticas tendían a dar resultados contradictorios que eran difíciles de integrar. Con frecuencia un planeta será aspectado por otros planetas a la vez, razón por la que tienen que ser interpretados conjuntamente ya que cada aspecto modificará a los otros. Resulta prácticamente imposible unir las diversas interpretaciones específicas de forma que tengan significado. La solución a este enigma se encuentra en el hecho de que -incluso sin considerar los planetas individuales involucrados- una figura de aspectos como un triángulo, un cuadrado o un polígono ya tendrá de por si, un significado intrínseco que servirá de marco dentro del que los planetas individuales podrán ser interpretados con mayor facilidad. Por ello, en Psicología Astrológica decimos que la estructura de aspectos es la clave para descifrar la naturaleza de toda la carta. Los Planetas, los Signos y las Casas tienen una importancia secundaria. Dan más detalles acerca del cómo y el dónde, además del porque. Esto proporciona un método muy acertado para la delineación del carácter.

4. La Curva de Intensidad. Nuestras largas investigaciones han demostrado que el efecto de un planeta varía con su posición dentro de la Casa. Nos encontramos con una curva de intensidad que se parece bastante a una curva sinoidal. La efectividad máxima se presenta en las cúspides de las Casas, mientras que la efectividad mínima se encuentra en el punto medio, cercano al centro de la Casa. Esta curva nos permite evaluar con precisión la cantidad de energía disponible para que cada planeta realice y manifieste su potencial. Esta información es esencial para una valoración psicológica correcta.

5. La Carta de las Casas, los Cálculos Dinámicos y los Cuadrantes Dinámicos son conceptos nuevos en Astrología y añaden una comprensión más profunda a la obtenida con el estudio de la curva de intensidad. Aportan claridad a facetas de nuestra personalidad que incluso la psicología ortodoxa no había considerado hasta el momento. Se trata, por una parte, de la diferencia y, por tanto, de la tensión entre nuestras tendencias e inclinaciones heredadas e innatas y, por otra parte, del comportamiento aprendido y los condicionantes que nos han impuesto las influencias exteriores, la educación recibida y las esperanzas puestas en nosotros.

Por todo ello, este método proporciona una visión única de una de las mayores áreas conflictivas de nuestras vidas: la diferencia entre los esfuerzos más o menos bien intencionados del mundo de los adultos por amoldarnos a sus esquemas, en yuxtaposición a nuestras inclinaciones innatas. Otra visión muy útil es la que proporciona la visión de las tensiones y conexiones entre los miembros de nuestra familia. Además, podemos comprender los modelos de los roles que formamos nosotros mismos. La naturaleza e integridad de nuestra personalidad tripartita (cuerpo, sentimientos y mente) se moldea en la infancia según la forma en que el niño experimenta los diversos roles de la madre, el padre y el niño. Esto puede leerse a partir de las posiciones relativas del Sol, la Luna y Saturno y de sus aspectos dentro de la carta.

Actualmente, en Psicología Astrológica se tiende a trabajar con tres cartas: la natal, la nodal y la carta de las casas respectivamente. La carta nodal añade otra dimensión, la dimensión del inconsciente, a la que C. G. Jung llamó nuestra sombra.

Johann Doppelmayer features transits of Mercury and Venus in Atlas Coelestis while describing phenomena associated with the inferior planets

Los Signos Fijos en la Astrología Pré-Moderna

Giuseppe Bezza

bezza

Astrofaes

Los signos del zodíaco recibieron diferentes denominaciones según las diferentes naturalezas que los astrólogos reconocieron. Estas, o bien existen por ellas mismas en los signos o contrariamente existen en relación a cualquier otra cosa. En el primer caso, dependen únicamente del movimiento del zodíaco. En el segundo, dependen de las relaciones que el Sol, la Luna y los 5 astros errantes mantienen con los signos.

 La primera división de los signos se encuentra en Ptolomeo (Quadr. 1,11) y constituye la primera división cualitativa: los signos se dividen en móviles, sólidos y bicorpóreos que ahora llamamos cardinales, fijos y mutables. A esta división le sigue la de género: los masculinos y los femeninos. Esta primera división de los signos en primer lugar es una distinción cualitativa del tiempo, del que el Zodíaco quiere ser la medida y en segundo lugar, se puede aceptar en tanto que diferenciación cualitativa de las diferentes partes del zodíaco. Es preciso señalar que alrededor de 3 siglos antes del nacimiento de una literatura astrológica sabia, matemáticamente fundada, tenemos el testimonio del empleo de los signos del zodíaco en tanto que medida del tiempo en los “parapegmas” de Metón y Eutemon.

 Si se divide el año en 4 partes según los solsticios y los equinoccios, cada parte, a saber, cada estación, debe tener un temperamento propio  y este temperamento, puesto que engendrado en el tiempo, debe tener una aparición y una disolución: a más, entre estos 2 extremos, debe haber por necesidad un tercer término, equidistante entre esos extremos y que constituye la expresión más apropiada de la esencia misma de ese temperamento.

 Hay que recalcar que, de las 2 primeras divisiones de los signos que hablábamos en un principio, la que depende de otra cosa diferente de si misma constituye la parte más técnica del arte astrológico, pudiéndose dar que no sea aceptada por todos los sabios ni por todos los filósofos.

Por esto hasta el mismo Kepler, y Plácido de Tito, la rechazan. Contrariamente la división que se basa en una distinción cualitativa del tiempo no tiene necesidad de ser explicada por demostraciones que tengan que ver con la técnica astrológica. Un tratado médico, de inspiración pitagórica, declara que la parte mediana de cada estación expresa el temperamento más puro1 y en las glosas a las Aratea de Germanico, que no es un texto astrológico, podemos aprender la descripción de las naturalezas actuantes de estos diferentes temperamentos:

 Los signos trópicos significan a los países extranjeros y presentan, vez a vez, impulsos y propósitos diferentes; los signos biformes significan la repetición de toda cosa engendrada y a veces las vueltas y demoras;

Los sólidos trabajan con energía y ardor y conducen a concluir cada cosa, favorable u hostil, según el testimonio de los astros benéficos o adversos2.

1 Cfr. A. Delatte, Estudios sobre la literatura pitagórica. Paris, 1915, pág.185.

2 I. Th. Bule, Arati Solensis Phaenomena et Diosemeia. Scholla vetera quae supersunt ad Germanici Caesari prognostica, Lipsiae 1801, pag. 110.

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Como se sabe, los signos del zodíaco recibieron un gran número de denominaciones: la literatura griega pose algunas centenas. Cada denominación indica un comportamiento particular, una forma particular de ser, que puede ser atribuida al signo matemático e inmaterial, al signo material compuesto de estrellas y teniendo su propia figura, al signo en tanto que expresión de una naturaleza elemental y finalmente, a la naturaleza que el signo recibe a causa de su relación con los planetas. De todas estas denominaciones, las únicas que nos interesan aquí son las que provienen del tiempo: pertenecen al primer tipo y su comportamiento está descrito en el capítulo del Quadripartitum, donde Ptolomeo trata del alma humana.

Para comprender bien este capítulo, hará falta recordar la teoría griega del alma, o mejor dicho, lo que Ptolomeo recibe de dicha teoría. En su “Manual de Armonía”, Ptolomeo propone una distinción tripartita del alma que puede considerársela aristotélica en su estructura, las 3 funciones:

– nutritiva o vegetativa
– sensitiva o apetitiva
– racional o intelectual

La primera comprende las facultades que pertenecen a la planta, la segunda a las del animal y la tercera a las facultades que sólo posee el ser humano. Estas 3 funciones principales del alma son iguales en número a los acordes consonantes, tal como fueron codificados por las leyes de la armonía, de forma que las facultades de las funciones inferiores, siendo parciales, corresponden a las especies de los acuerdos parciales, a saber, la cuarta y la quinta. Según Ptolomeo, debe haber por consecuencia, una correspondencia íntima, es decir una analogía, entre los intervalos consonantes y las partes del alma: la octava debe corresponder a la función racional del alma, ya que en las 2 se encuentra lo que es simple, igual, indiviso; la quinta debe corresponder a las funciones sensoriales, la cuarta a las vegetativas. Analogías que Ptolomeo establece de la siguiente forma:

La octava conviene a las funciones intelectuales, porque aquí encontramos sobretodo lo que es simple, igual, indiviso; la quinta a las funciones sensoriales, la cuarta a las funciones vegetativas. El acorde de quinta está más próximo de la octava y es más consonante, ya que su parte excedente lo aproxima a la octava mas que a la cuarta, así como las funciones sensoriales están más próximas de las funciones intelectuales que las funciones vegetativas. En efecto, el ser no siempre es acompañado de la sensación, ni la sensación del intelecto. Contrariamente, la sensación siempre es acompañada del ser y ahí donde hay intelección, hay también, siempre, sensación y ser. De forma similar, en un intervalo de cuarta, la quinta no puede estar, ni la octava en la quinta; contrariamente, en el intervalo de octava hay siempre la quinta y la cuarta : las mezclas y las modulaciones de estas 2 primeras son imperfectas, pero inversamente son perfectas las de la primera.3

3 Die Harmonielehre des Kaludios Ptolemaios, a cargo de I. Düring, Göterborgs Högskolas Arsskrift n.35, 1930, III, 5.

Donde hay el ser, no hay siempre la sensación y donde hay la sensación, no hay siempre la intelección, es decir: la perfección del ser requiere de la acción específica de la causa, mientras que su universalidad lleva a la generación de seres simples y no-diferenciados. El hecho de ser, siendo la condición primera del vivir, la operación de los cielos que le conviene debe ser universal y no-diferenciada. Según una concepción extendida en el Medioevo, se estimaba que, por el juego del movimiento de la esfera más exterior, el primun mobile, el cuerpo recibía al alma vegetativa, mientras que por el concurso del movimiento de la octava esfera el cuerpo acogía las funciones del alma sensitiva. Estas opiniones son condenadas por Santo Tomás4, no siendo retomadas de forma positiva hasta el S. XVII.5

4 Summa Theologiae, I, 76, 7, c.

5 Cfr. Andrea Argoli, De Diebus Criticis et de Aegrorum decubitu libri duo, Patavii 1639, pág. 4.

No obstante se trata de una concepción que no es extraña a la tripartición ptolemaica del alma en esto: el círculo que en su movimiento engendra las distinciones cualitativas parciales, no puedo sino engendrar las funciones inferiores del alma. Este círculo es bien el primun mobile, que lleva al zodíaco en su rotación anual y diurna. Siempre en el “Manual de Armonía”, Ptolomeo nos dice que este círculo se mueve según un ritmo ternario en concordancia con el alma vegetativa y según un ritmo cuaternario concordante con el alma sensitiva. En efecto, las 12 partes del zodíaco recibieron sus cualidades solo por el juego de los intervalos de cuarta y de quinta: por el intervalo de cuatro, los signos son distinguidos como móviles, sólidos y de 2 cuerpos, por el intervalo de quinta en signos de fuego, de tierra, de aire y de agua. Por lo tanto, y esta es la primera conclusión, las funciones del alma vegetativa tienen 3 facultades, iguales en número a la primera distinción cualitativa de los signos: las facultades de crecer, la de ejercer fuerza y vigor, la de declinar y la de decrecer.

Contrariamente, las funciones del alma sensitiva tienen 4 facultades, iguales en número a la segunda distinción cualitativa de los signos: la vista, el oído, el olfato, el gusto (ya que el sentido del tacto Ptolomeo lo reconoce como común a todos los sentidos). Y estas facultades mencionadas en segundo lugar se cumplen, para emplear una expresión medieval, en la elementatio naturae, ya que a la vista responde el fuego, al oído el aire, al olfato, al gusto y al tacto, el agua y la tierra6.

6 Cfr. Ptolemaeus. De iudicandi facultate et animi principatu, ed. Fr. Lamment, Lipsiae, 1961, pagg. 19ss.

Giulio Romano

Crecimiento, fuerza, declinación, califican a los signos del zodíaco en cada una de las 4 partes del año: el crecimiento es propio al signo trópico, que constituye el comienzo del tiempo nuevo, el vigor, al signo sólido, que confirma el tiempo que comenzó, el declive al signo biforme, que se llama así porque ya forma parte del tiempo futuro. La significación de estos signos, Leopoldo la hace concisamente: “Los signos trópicos significan la rapidez, los sólidos la estabilidad y los bicorporales la alteración”.

Ptolomeo nos muestra las diferentes naturalezas de estos signos por medio del movimiento del Sol: Estos signos, -dice,- recibieron su denominación a causa del efecto que se produjo en ellos”, y el comentador Ibn Ridwan recalca este punto: “solo se puede conocer las virtudes de los signos por el cambio que el Sol hace cuando los recorre”.

De esta premisa, una conclusión: “En ellos mismos, los signos no tienen ningún efecto natural, ya que su efecto depende únicamente del cambio que el Sol efectúa cuando los recorre, así como de la virtud de los otros astros. Por lo tanto los signos, se nos aparecen en tanto que materia y los astros, en tanto que forma”.7 Como Ptolomeo, Al Qabisi y Abu Ma´sar recalcan la fuerza, el vigor del tiempo.

7 Liber quadripariti Ptholemei…, Venetiis 149 tibus mundi…, Venetiis 1489, cc 41a. 12 quadr. III, 12.

Además, el crecimiento, el vigor, el declive, son también los efectos propios de las 12 casas o lugares de la figura astronómica, a saber de la rotación diurna de la esfera, y del ciclo sinódico lunar, tal como nos aparece en la lectura del capítulo del Quadr., que trata de los signos masculinos y femeninos. Esto significa, y constituye la segunda conclusión, que las funciones del alma vegetativa residen en los períodos naturales del tiempo (sobretodo el año y el día) y se mueven en estos períodos siguiendo un ritmo discontinuo, a saber, según el intervalo de cuarta. Es entonces que podemos comprender la ecuación: signos = materia y astros = forma. En los signos del zodíaco, así como en los 12 lugares de la rotación diurna y en el ciclo sinódico de la Luna los astrólogos reconocieron las disposiciones propias de las funciones vegetativas y sensoriales del alma y los cambios que estas disposiciones mismas padecen a través del tiempo. Por lo tanto, lo que es propio al ser en sí, puede ser reducido a 3 funciones, todo lo que es propia a las diferentes modalidades de la sensación dada por 4 funciones. De lo que se deduce que el cuerpo mismo, si se lo partiese en 3 partes, podría muy bien adaptarse a la tripartición de los signos. A los signos trópicos el límite exterior de los miembros: la piel, la epidermis, las partes carnosas, de ahí el juicio de Ptolomeo8 que las enfermedades de la piel se declaran sobretodo cuando la Luna se mueve en los signos solsticiales y equinocciales a los signos sólidos las partes más sólidas y duras, como los huesos, y se ve que estos signos tienen fama de ser causa concomitante de gibosidades, cojeras, luxaciones, fracturas; a los signos biformes por su lado, les toca las partes más finas, tal como las venas, los nervios y el mismo movimiento de los humores, que son sutiles y cobran estados diferentes; por eso vemos que a estos signos se le atribuyen enfermedades tales como  la gota. Esta tripartición de los signos es rememorada por Separio de Alejandría en la ecuación: bicorpórea = nervosa, trópica = carnosa, ósea = sólida.9

8 quadr. III, 12.

9 Catalogus Codicum Astrologorum Graecorum (CCAG) V/3 pág.97.10.

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Cuando Ptolomeo declara las significaciones propias de esta triple naturaleza de los signos respecto a las cualidades del alma, habla de virtudes que son lo propio del alma humana, a saber: da el carácter moral a las funciones del alma vegetativa y por lo tanto aparecen en tanto que virtudes:

En general, los signos trópicos hacen a los espíritus aptos para tratar los asuntos públicos, aspiran a las funciones civiles, son ambiciosos, se ocupan del culto divino, ingeniosos, activos, buscadores, hábiles para hacer conjeturas, adivinos, astrónomos. Los signos que tienen 2 cuerpos hacen a los espíritus multiformes, cambiantes, no se dejan conocer fácilmente, inestables, cambiantes de propósito, dobles, sensuales, con talentos varios, melómanos, haraganes y de percepción rápida, dados al pesar. Los signos sólidos hacen a los espíritus justos, no gustan de halagos, constantes, contenidos, aptos a comprender bien, pacientes, gustando del trabajo, rigurosos, maestros de sí mismos, rencorosos, prestos en concluir, querellosos, ambiciosos, sediciosos, ávidos, rudos, inflexibles.

 Todas las descripciones de las cualidades atribuidas a estos signos, de lo que la literatura astrológica es rica, tienen la misma estructura que este pasaje ptolemaico, es decir, no siguen la sucesión temporal de los signos, sino que presentan en principio los signos extremos y después el medio. Porque el signo sólido expresa la cualidad media y en los juicios que son propias de la astrología de las interrogaciones y de las iniciativas, resalta con evidencia que: el signo sólido debe expresar toda cosa con fuerza, debe confirmar, asegurar la solidez, la continuidad, el hecho de subsistir. Se puede citar como ejemplo un extracto de un pequeño tratado sobre la naturaleza de estos signos que nos fue transmitido bajo el nombre de Orfeo, pero que debería más bien pertenecer en realidad a la pluma de Teófilo de Edeso.

 “4 son los signos sólidos: Tauro, Leo, Escorpión, Acuario. En los signos sólidos las propiedades y las adquisiciones son seguras. En un signo sólido conviene casarse y tomar la dote. En los signos sólidos habría que presentar el resultado de tu trabajo, ya que tu deseo se cumplirá. En los signos sólidos la separación de las mujeres es cierta, quien se vaya no volverá, ni el ladrón será encontrado a tiempo y que se vaya del país es cosa segura. Quien se hace hostil en los signos sólidos, se reconciliará después de mucho tiempo, el juicio está asegurado y los justos no se revelan. En los signos sólidos la enfermedad es perniciosa: o concluye con la muerte o bien si no acaba en el séptimo día, se vuelve crónica. Es funesto ponerse fuera de sí  en el signo sólido, ya que quien monta en cólera, no se volverá atrás. Si en los signos sólidos alguien ofrece dinero, no lo dará. En los signos sólidos está bien escribir y estipular contratos, ya que serán honestos. Quien hace su servicio militar en los signos sólidos, seguro que quedará en su cuerpo y no servirá bajo otro general. En los signos sólidos, hay que comenzar una celebración, una fiesta, toda cosa conveniente y útil, como en los signos trópicos es bueno para comenzar algo enojoso y rutinario, ya que lo que nace en los sólidos queda estable, mientras que en los trópicos está sujeto a cambios. Todas estas cosas están significadas por los signos cuando se levantan o cuando transita allí la Luna.10

10 Orfeo intorno al duodici tropi: dei segni che sorgono all´oroscopo, in: Catalogus Codicum Astrologorum Graecorum (Codices rossici) XII, Bruselas, 1936, pags. 158-161, que da la transcripción del ms. Cod. Bibl. Publ. Graec. 575, Moscú. Estos pronósticos fueron publicados por O. Kem, Orphicorum Fragmenta, Berolini 1922, pag. 293, que le retiene una parte del poema perdido “sobre las iniciativas”. El ms. ruso le da una amplitud más amplia que la dada por Kern.

 La palabra griega para el signo sólido expresa la idea de estabilidad, compacidad, duración y por lo tanto tiene la acepción moral de robusto, vigoroso, enérgico, así como severo y cruel. En la astrología india esta palabra griega fue traducida con el equivalente sthira, que tiene, entre sus significaciones metafóricas, “lo que está desprovisto de duda” y por lo tanto, seguro, fiel.11 Mas raro es el término dhruva, cuya primera aserción  indica “lo que es fijo, inmóvil”. Es también el nombre de la estrella polar y del mismo polo celeste. En la astrología de lengua latina stereos es generalmente traducido por solidum, por lo tanto se puede considerar esta palabra en tanto que término técnico del léxico astrológico. Solo es a partir del Medioevo que se encuentra el adjetivo fijo, que es un calco del árabe thâbit, que no proviene de la aserción  primera de la palabra árabe, sino de la denominación árabe de las estrellas fijas Al Kawakib Al-thâbitât.

11 Cfr. Varahamihira, Brihajataka I, 11; Laghujataka, I, 8.

En lengua árabe, el término thâbit presenta una gran riqueza de aserciones, y todas convienen a las significaciones cualitativas que la literatura astrológica atribuyó a los signos sólidos. Significa lo que está establecido, es sólido, constante, y significa el hombre que tiene sangre fría, que marcha con paso firme. Thâbit es el adjetivo verbal de thabata, que significa el hecho de perseverar con firmeza en algo, consolidar, reafirmar, tener a alguien sin descanso, resistir a alguien o luchar en contra de alguien. Significa el hecho de establecerse, de fijarse en algún lado, de obrar lentamente, pero también de efectuar, de acabar algo.

Otras significaciones: estar atado, dado a algo, tener paciencia, longanimidad, hallar una cosa buena y verdadera. De otra parte, thabt es la dureza de corazón y athbât son los hombres seguros, sobre los que se puede contar. También podemos ver que uno de los rasgos de los signos sólidos, comentado por Ptolomeo en uno de los pasajes citados más arriba, a saber, el horror de la adulación, encuentra su paralelo en el término istithbât, que viene siempre de thabata, a saber la figura de retórica que consiste en que lo que parece ser dicho en forma de ofensa se vuelve en realidad en elogio.

Hay que hacer notar que las aserciones de “seguro” y “verdadero” que se encuentran expresadas en las significaciones de los signos sólidos son muchas veces mencionadas en los textos astrológicos. Entre las 11 condiciones que certifican la producción de los acontecimientos, la novena, – escribe Demófilo, – prevé que los astros se encuentren en un signo sólido; entonces los planetas benéficos consolidan el bien, los maléficos a su vez, el mal12. Muy a menudo se lee que la Luna y el ascendente en los signos fijos hacen las cosas verdaderas y ciertas, en los signos que tienen 2 cuerpos, hacen las probables y en los signos trópicos las cambiantes y mutables13.

12 CCAG V/4, pág. 227, 10.

13 Cfr. Hepahestio III, 11; ed. D. Pingree, pág. 267,5.

Por lo tanto parece que todos los juicios ligados a los signos sólidos, tanto como a los trópicos o a los biformes, tienen una analogía muy cerrada con la significación primera de esta tripartición de signos, significación que se la podría definir como de naturaleza física. No es siempre el caso para el conjunto de la literatura astrológica relativa a los signos del zodíaco. Una analogía muy estrecha con la significación primera se conserva cuando se dice por ejemplo que los signos masculinos convienen a los hombres y los femeninos a las mujeres. La analogía pasa a través de una metáfora, cuando se dice que los signos áfonos convienen a la discreción, los signos impúdicos al descorazonamiento14, los signos amputados a lo que se produce por violación y violencia y también a las acciones hechas por reparto, los signos que tienen un esperma abundante o escaso o nulo, a los clientes de los abogados, a los discípulos o a nadie, los signos que tienen cuernos a los jefes militares y a los pugilistas15. Pero el juicio es dado por contradicción cuando se dice que los signos áfonos convienen a los tocadores de trompa o flauta16.

14 Giuliano di Laodicea, CCAG V/1, págs. 187-188.

15 Cfr. Marcianus gr. 324 fo. 144r, Parisinus gr. 2501 fo. 196r, Laurentianus 28,13 fo. 214r.

16 Giuliano di Laodicea, ibid.

Hay que observar también que esta tripartición de los signos, porque está inscrita en una sucesión temporal, debe mostrar algo acerca del tiempo de los acontecimientos: la opinión común quiere que los signos trópicos significan los días, los bicorporales meses y los sólidos los años17.

17 Cfr. ad esempio Parisinus gr. 2425 fo. 50r, cap. 63; Parisinus gr. 2506 fo. 41r, cap. 62; Marcianus gr. 334 fo. 80, cap. 97; Marcianus gr. 335 fo. 184, cap. 259.

Finalmente, ya que la formulación del juicio astrológico no depende de un solo criterio, sino de muchos, la naturaleza del acontecimiento no puede depender solo de la movilidad o de la solidez del signo. Sahi Ibn Bisr escribió que entre los signos trópicos, los más móviles son Aries y Cáncer entre los sólidos18, Leo es quien lo es más, Escorpión el menos. También hay que observar además en qué parte de estos signos de hallan los astros que significan el acontecimiento. Como escribió Juan de Laodicea:

 Hay que observar también los términos de los signos, es decir, los planetas que son regentes de los términos y asociarlos en la formulación de los juicios. Sea como ejemplo el siguiente caso: vemos los signos trópicos y decimos por ejemplo que habrá un cambio; en los términos de Saturno, se dará con lentitud, en los de Júpiter o Mercurio poco tiempo después, en los de Marte serán rápidos y de manera inesperada, en los de Venus con cierto descorazonamiento. Y si los regentes se hallan en los signos sólidos o si estacionan, no podrá significar más que lentitud, pero si no estacionan, si están en signos trópicos significarán la rapidez19.

18 Introductorium de principiis iudiciorum Zahelis Ysmaelitae, in: Liber quadripartiti Ptholemei… cit., cc. 138vb.

19 CCAG V/1 pag. 191,11.

 Hay que considerar la disposición de los astros bajo todos los aspectos: de la naturaleza que es dada por la solidez del signo, la cual es simple e indivisible y cuyo efecto no puede borrarse, hay que llegar a la determinación del acontecimiento a través de la mezcla de todos los elementos concurrentes.

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El zodíaco, Clave del Hombre y del Universo

Omraam Mikhaël Aïvanhov

La  Formación del Hombre y el Zodíaco

La formación del hombre se  ha producido paralelamente a la del universo. En el origen, el ser humano estaba constituido por una simple esfera fluídica. No tenía ni pulmones, ni estómago, ni miembros, sino solamente una cabeza que se des­plazaba como una medusa en un océano de fuego. Cuando una parte de este fuego se condensó para producir el aire, se formaron los pulmones. Más tarde, una parte del aire se condensó para produ­cir el agua, formándose el estómago, el vientre y los intestinos. Por fin, una parte del agua se con­densó para producir la tierra y los brazos y las pier­nas quedaron formados.

Pero estos cuatro elementos que constituían la sustancia del hombre y del universo, no eran los ele­mentos materiales que conocemos; eran de natu­raleza etérica, sutil; y el hombre así formado no existía aún en el plano físico. El hombre no comenzó a materializase hasta que se formaron sus pies y fueron precisamente los pies los que primero se materializaron; después las piernas, los muslos, los órganos genitales, el plexo solar, el estómago y así sucesivamente hasta la cabeza. La cabeza fue la última en materializarse, aunque la primera en formarse; y los pies, los últimos en formarse, fueron los primeros en materializarse. Estas dos corrientes la involutiva (aparición de los órganos en el orden: cabeza, pulmones, etc.) y la evolutiva (su materialización en el orden inverso), se encuentran en el zodíaco.

Cuando enumeráis los signos del zodíaco en el sentido: Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, etc. seguís el movimiento involutivo. Así se formó el hombre, empezando por la cabeza. Y Aries precisamente es la cabeza, ya que hemos visto que cada signo del zodíaco corresponde a una parte del cuerpo humano. Ya que el punto vernal* se desplaza en el zodíaco en sentido inverso, en el orden: Piscis, Acuario, Capricornio, Sagitario, Escorpio, etc. su trayecto corresponde al movimiento evolutivo; sigue el orden según el cual se materializaron los órganos. Si se considera el movimiento de los planetas en relación al zodíaco, se encuentra la misma oposición. Las constelaciones del zodíaco ascienden en el cielo, siguiendo el orden: Aries, Tauro, Géminis, mientras que los planetas giran en sentido inverso.

*Al no ser esta obra un manual de astrología, se supone que los elementos astronómicos básicos en relación al zodíaco son conocidos.

También se puede estudiar la oposición entre los planetas y el zodíaco desde otro punto de vista.

El zodíaco representa el lado estable, inmutable. A diferencia de los planetas que están siempre en movimiento, el zodíaco guarda un orden, una regularidad. Nunca se ha visto a Aries al lado de Libra, ni a Piscis entre Leo y Virgo. Las constelaciones del zodíaco conservan el mismo orden desde la eternidad  mientras que los planetas no están nunca en, el mismo lugar ni en el mismo orden los unos con respecto a los otros. Estos últimos representan el aspecto psíquico, que varía constantemente, en oposición al cuerpo físico que presenta siempre la misma disposición.

Ni la cabeza, ni el estómago, ni los pies han cambiado nunca de lugar. Los miembros, los órganos, conservan, como los signos del zodíaco, un lugar fijo desde la creación del mundo, mientras que en el interior del cuerpo todo es movimiento: movimiento de la sangre, de los humores y de las corrientes nerviosas que atraviesan el organismo. Exactamente como los planetas, que están siempre en movimiento.

Por otra parte, sabéis que los planetas reciben una gran potencia o, por el contrario, resultan debilitados, según sean los signos por los que pasan y que, a su vez, influyen sobre estos signos. Cuando Marte entra en Aries se fortalece, se vuelve potente, porque Aries le da toda su energía. Marte y Aries se tienen mutua simpatía, se comprenden y toman fuerza el uno del otro. Pero cuando Marte entra en otros signos, como Cáncer o Libra, por ejemplo, se debilita porque estos signos le son extraños. De la misma forma, lo que representan los planetas, es decir, los impulsos, las tendencias, los sentimientos, resultan más o menos exaltados o debilitados de acuerdo a los órganos, a los centros a través de los cuales se manifiestan. Si situáis vuestro amor en la cabeza, no actuará de la misma forma que si lo colocáis en el corazón. Y si colocáis la sabiduría en otra parte que no sea el cerebro, ¿qué hará allí? Sólo donde los órganos y las fuerzas se comprendan podrá producirse un intercambio energético importante. He ahí unos puntos que deben profundizarse. Así como en ciertos signos los planetas se encuentran exaltados o en exilio, de la misma forma nuestras facultades intelectuales, afectivas y psíquicas se refuerzan o debilitan, según sean los órganos a través de los cuales buscan exteriorizarse.

No basta contentarse con u estudio del zodíaco en sentido abstracto o teórico, sino que es preciso aprender a encontrarlo y a interpretarlo en todas sus manifestaciones de la existencia. Verdaderamente entonces se vuelve viva cuando la Astrología  se vuelve viva y útil para vosotros. El zodíaco es un libro de una extraordinaria riqueza y profundidad; todos los misterios de la vida están contenidos en él. Las múltiples combinaciones que forman continuamente los signos y los planetas entre sí son como hilos que se van tejiendo. Constituyen combinaciones que, día tras día, forman la trama de la vida.

La Piedra  Filosofal: el Sol,  la Luna y Mercurio

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Birth of the philosophers stone

Los alquimistas enseñan en sus tratados que para obtener la piedra filosofal simbolizada por Mercurio, el adepto debe empezar el trabajo en el momento en que el Sol entra en la constelación de Aries, y la Luna en la de Tauro, ya que el Sol está exaltado en Aries y la Luna exaltada en Tauro. El signo siguiente, Géminis, es el domicilio de Mercurio. Así, estos tres signos, Aries (el Sol). Tauro (la Luna) y Géminis (Mercurio), se suceden para demostrar que la unión del Sol a y la Luna da el fruto de un hijo: Mercurio. El símbolo de Mercurio está formado por el disco solar y la media luna, unidos por el signo + que es el de la tierra, pero también el de la suma en aritmética. Para los alquimistas, este símbolo también es una representación de los cuatro elementos: dos elementos masculinos y dos elementos femeninos. La luna representa el agua, el Sol el fuego, + la Tierra, y Mercurio representa el aire.

El Sol y la Luna dan, pues, nacimiento al niño, Mercurio, la piedra filosofal. Pero la piedra filosofal que buscan los alquimistas es, en realidad, un símbolo de la transformación del hombre. Cuando los alquimistas dicen que trabajan con el Sol y la Luna, sobreentienden los dos principios masculino y femenino de la voluntad y de la imaginación y, gracias a este trabajo, consiguen transmutar su propia materia y llegar a ser, simbólicamente, como el Sol y la Luna, es decir, resplandecientes (el Sol ) y puros (la Luna). Y no es una causalidad que Aries sea el domicilio de Marte, y Tauro el domicilio de Venus, pues hay que trabajar con el Sol y la Luna para sublimar la fuerza sexual (Venus) y la fuerza dinámica y activa de la voluntad (Marte); de esta forma, el alquimista obtiene todos los poderes espirituales simbolizados por Mercurio, el agente mágico.

En la Orden de los Templarios, el agente mágico está representado por «Bafomet», esta figura con apariencia monstruosa que ha hecho creer a algunos que los Templarios rendían cuito al diablo. Otros han llamado a este agente mágico «Azot», palabra formada con la primera letra de ios tres alfa-betos: latino (A), griego (Alpha) y hebraico (Aleph), y con la última letra de estos íres alfabetos: Z (latino), O (griego), T (hebraico). Esta palabra significaba que el agente mágico era el alfa y omega, el principio y el fin.

Para obtener este agente mágico, los alquimistas se esforzaron mucho y, a menudo, sin éxito, ya que no sabían que este trabajo con el Sol y la Luna no debe hacerse únicamente en el plano físico, sino también en el plano espiritual con los dos principios de la voluntad y la imaginación, trabajo que se puede también simbolizar con la expresión: “coger el toro por los cuernos». Coger el toro por los cuernos significa para el discípulo empezar un trabajo interno con el fin de dominar sus instintos.

Desgraciadamente en nuestra época los humanos no cogen el toro por los cuernos, sino que le dan libertad para pisotearlo todo. Especialmente entre la juventud, ¡no podéis imaginaros todo lo que el toro es capaz de destrozar!

Coger el toro por los cuernos representa el trabajo de la voluntad sobre la imaginación; la ima-ginación va siempre unida a la sensualidad. Todos los que tienen una imaginación desbordada tienden a ser perezosos y sensuales; la Luna y Venus van siempre juntos.

Pero si, con su luz, el Sol interviene para dirigir correctamente esta fuerza, la Luna resulta de una gran utilidad, porque tiene el poder de concretizar las cosas. Yo os he hablado de ¡os diferentes períodos por los que ha pasado la Tierra: el período de Saturno, el período del Sol, el período de la Luna, y os he explicado que el período del Sol fue un período de dilatación, de expansión, mientras que en el período de la Luna, por el contrario, se produjo un proceso de coagulación, de concretización. Porque el Sol y la Luna son también los símbolos de los dos procesos alquimistas «solve» y «coagula»: disolver y coagular,

Así pues, en el símbolo Mercurio, el Sol está representado por un círculo, y la Luna por un medio círculo, como si fuera una costilla del Sol, lo que explica porque se dice en el Génesis que Dios formó a Eva de una costilla de Adán. Los Iniciados, para mostrar que esta combinación, esta fusión inteligente de los dos principios, producía Mercurio, representaron a Mercurio con el Sol coronado por la Luna, unidos con el signo que también es, como hemos visto, el símbolo de la Tierra. Por sí solo, este símbolo de Mercurio da testimonio de la profunda ciencia de los Iniciados. Una de sus numerosas variantes es el caduceo de Hermes, formado por una vara rodeada de dos serpientes, que ha quedado como símbolo de los médicos y de los farmacéuticos.

En nuestros días, este símbolo del caduceo aparece en los descubrimientos científicos  bajo la forma del láser. ¿Qué es el láser? Bajo su forma mas simple, es un cristal de rubí sintético en forma  cilíndrica, cuyas extremidades presentan: una de ellas  una superficie reflectante; la otra, una superficie  semi-reflectante. Este cristal está rodeado por un tubo de un flash verde que excita los átomos de cromo contenidos en el rubí (es lo que se llama bombeo óptico). Cuando la intensidad de bombeo del flash es suficiente, hay emisión de un haz de luz extremadamente   intensa por la extremidad semi-reflectante.

Maitani Lorenzo La creazione di Eva

El haz luminoso que aparece no es otra cosa que Mercurio producido por el trabajo de los dos principios. Pero la cuestión ahora es encontrar el láser en uno mismo, ¡esto sería lo verdaderamente prodigioso!

En realidad, desde la más lejana antigüedad, los iniciados realizaron en su vida psíquica y espiritual todo los descubrimientos que está haciendo actualmente la ciencia oficial: la radio, el teléfono, la televisión, la fisión del átomo. Los científicos no son más que obreros que deben aplicar, en el plano físico, leyes que existen en el mundo espiritual. Todo debe ser realizado algún día en la materia; por eso los inventores son a menudo antiguos iniciados, alquimistas, magos, cabalistas, que han regresado de nuevo para realizar en la materia todo lo que ya han conocido y realizado en el plano espiritual.

Si estos fenómenos no existieran en el plano espiritual, no habría ningún medio de descubrirlos en el plano físico. Pues todo lo que está abajo, es corno lo que está arriba; así todo lo que está arriba, en el mundo del espíritu, debe ser concretizado abajo, en el mundo de la materia.

Al crear el símbolo de Mercurio, los Iniciados han querido enseñar a los humanos a trabajar sobre la energía sexual a través de la voluntad y la imaginación para obtener los poderes mágicos, pues la verdadera «fuerza fuerte de todas las fuerzas», de la cual habla Hermes Trismegisto, es el amor. Sólo el amor da la vida, no hay nada por encima de la vida, es el origen de todo. Dios nos ha dado esta  fuerza del amor para que nosotros aprendamos a  sublimarla en vida, en vida intensa a fin de obtener los poderes mágicos, la omnipotencia. El símbolo de Mercurio está hecho del sol a la luna y de la Tierra, pero si se suprime la Luna, se obtiene el símbolo de Venus el amor. Todos estos aspectos contenidos en el signo de Mercurio, los volvemos a encontrar en las funciones del dios Hermes, cuya vara mágica, el caduceo, era el símbolo de los poderes que él poseía a todos los niveles.

En el signo de Mercurio, la Luna que representa  la imaginación, es como un recipiente lleno de agua; en efecto, la Luna, principio femenino, está relacionada con el agua.  Debajo se encuentra el Sol, el fuego, que activa la imaginación en una dirección determinada. Y aún más abajo, la Tierra, símbolo de la realización en el plano material.

El que llega a comprender completamente este símbolo se convierte en todopoderoso, y si se le dan las condiciones necesarias es capaz de conmocionar el  mundo entero, porque ha comprendido lo esencial el trabajo de la voluntad sobre la imaginación. De la misma forma que la mujer tiene la posibilidad de condensar la vida en su seno, la Luna posee el  poder de concretizar, de materializar las cosas, de transformarlas en tierra, es decir  de realizarlas en el plano físico.

El discípulo debe decidirse  a vencer el toro, es decir, a dominar esta fuerza salvaje, brutal, violenta de la sensualidad, a fin de extraer fuerzas de ella. Abatir al toro, no quiere decir matarlo; si se le mata, ya no podremos utilizar sus fuerzas. Es preciso coger al toro por los cuernos, es decir, empezar a dominar la Luna, la imaginación, que es inseparable de la sensualidad, excepto, precisamente, para aquellos que han cogido su toro por los cuernos, como lodos los verdaderos creadores: sabios, filósofos, artistas, Iniciados, que dan otra dirección a su imaginación. Todos los que no han conseguido coger al toro por los cuernos, dejan correr su imaginación por todas partes, y ésta, entonces, se prostituye. Hay que esforzarse en dar a la imaginación un trabajo determinado para que pueda producir siempre las creaciones más bellas, más brillantes, más nobles. Un discípulo no debe permitir que su «mujer», su imaginación, se pasee y se acueste con cualquiera, para traer al mundo gárgolas y monstruos; debe conservar a su mujer para sí.

Recordad de estas palabras que debéis aprender a trabajar con la Luna, la imaginación, pero manteniéndola pura (por otra parte la Luna, en su verdadero significado espiritual, está relacionada con la pureza de la imaginación), con la luz, el fuego del Sol, con el amor desinteresado de Venus y, por último, con la justicia de la cruz, la Tierra, para obtener la realización perfecta. Mercurio es el símbolo del ser perfecto, en el que la circulación de las dos corrientes se hace de una forma tan armónica y equilibrada que encuentra la paz, y se convierte en un centro radiante capaz de arrastrar las criaturas hacia el bien.

Beinecke Rare Book and Manuscript Library, Mellon MS 131, f. 80r. Federico Gualdi.

Cuando la Luna no está estimulada por Marte y el Sol, empuja a los humanos a la pereza; a la búsqueda de máquinas, de aparatos que les eximan de cualquier esfuerzo.

El símbolo de Mercurio nos enseña, por el contrario, que la actividad, los esfuerzos son absolutamente indispensables. No es que sea negativo poseer aparatos y máquinas, pero sólo con la condición de que liberen al hombre de las tareas materiales y le permitan una actividad nueva, espiritual, un trabajo gigantesco a través de la voluntad y la imaginación, a fin de crear obras divinas. Desgraciadamente, por el momento, los hombres no trabajan con esta finalidad: quieren eliminar al Sol y a Marte, es decir, la actividad, el esfuerzo, que son esenciales, y quedarse solamente con la Luna y Venus. Ignoran que es el medio más rápido para degenerar.

La Luna es accesible a cualquier influencia, no escoge; cualquier persona o cosa puede manifestarse a través de ella; es como el agua que toma la forma del recipiente en el cual se vierte. El agua, la Luna, la imaginación, son poco más o menos la misma cosa. Si el Sol no se ocupa de la Luna, de la imaginación, ésta puede incluso reflejar el infierno. Por eso los Iniciados no dejan que la Luna, es decir, su imaginación, su «mujer», vagabundee por cualquier parte, sino que cuidan, gracias al Sol, de que reciba un elemento de luz y de eternidad. En ese momento, la Luna se convierte en una mujer extraordinaria, adorable, y otras leyes divinas intervienen para realizar en el plano material lo que se forma en la imaginación. Es lo que simboliza la cruz colocada en la base del signo de Mercurio. La cruz es la piedra cúbica, expresión de la Tierra.

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* Sobre el símbolo de la cruz, ver «El lenguaje de las figuras geométricas».

Para los alquimistas, la cruz, la piedra cúbica, era la tierra virgen gracias a la cual podían empezar a construir el edificio.

El trabajo con el Sol y la Luna, la voluntad y la imaginación, propio de los Iniciados, es valedero para la eternidad, puesto que la voluntad – como expresión del pensamiento – y la imaginación, son dos principios fundamentales en el hombre. Por eso, en los libros de alquimia, se encuentran a menudo estas imágenes: el Sol y la Luna, el rey y la reina. Bajo distintas formas, no hay más que esto: el Sol y la Luna, el hombre y la mujer que engendran un hijo regio, la piedra filosofal, el elixir de la vida inmortal, la panacea universal, la varita mágica, el caduceo de Hermes.

 La misión del hombre es realizar el Cielo sobre la tierra, parecerse a su Padre Celestial, el Creador. Pero para realizar brillantemente esta misión, debe conocer los factores indispensables para este trabajo: los dos principios activo y pasivo, emisivo y receptivo, masculino y femenino, el Sol y la Luna, la voluntad y la imaginación, infundiendo a la Luna todo lo que el Sol contiene de noble y de luminoso; de esta forma podrá reflejar y expandir las cualidades del Sol.

El discípulo debe dirigir cada día su mirada a los proyectos más nobles, más grandiosos, para poderlos realizar en la Tierra. En primer lugar trabaja con la imaginación, y después, con el corazón y la voluntad, haciendo que lo imaginado se convierta en realidad. Que no se regocije soñando, flotando y ufanándose de tener buenas ideas, pues esto no basta: debe materializar sus ideas en actos sobre el plano físico, a fin de que el mundo entero pueda ver que lo creado arriba ha descendido y ha enraizado en la tierra.

Tanto si nuestro espíritu trabaja sobre nuestra alma o la voluntad sobre la imaginación, como si el Sol fertiliza la Luna o el hombre fertiliza la mujer, el resultado siempre es la creación de un hijo. Y, ¿qué es el hijo? Cuando ponéis al fuego (el Sol) una cacerola llena de agua (la Luna), el agua se transforma en vapor, y este vapor es una fuerza fantástica. La fuerza fuerte de todas las fuerzas es este vapor, esta agua calentada, dilatada.

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 Así que, de este trabajo de la voluntad sobre la imaginación, del espíritu sobre el alma, del Sol sobre la Luna, del hombre sobre la mujer, nace una fuerza que es el hijo, Mercurio, que tiene la posibilidad de acometer realizaciones formidables. El Sol o la Luna separadamente no pueden realizar gran cosa separados el uno del otro, el fuego quema y el agua inunda; pero juntos producen una fuerza capaz de cualquier realización; la piedra filosofal que tiene el poder de transformar todos los metales en oro. De esta fuerza se ha dicho en la Tabla de Esmeralda: «El sol es su padre, la luna es su madre, el viento la ha llevado a su vientre (el vientre de la luna) y la tierra es su nodriza ». La tierra, es decir, la cruz, la piedra cúbica.

El discípulo debe pensar en el trabajo que tiene que hacer con su voluntad sobre la imaginación, y este trabajo concierne a las mujeres ¡o mismo que a los hombres. Es en el plano espiritual donde el discípulo debe fertiliza! a su propia mujer y tener hijos, millares de hijos angélicos que se esparzan en el espacio para trabajar como se les pide. Vosotros sabéis cómo acaban los cuentos: « Fueron felices y tuvieron muchos hijos». Pero tener muchos hijos no concierne sólo al plano físico. ¿Qué es un Iniciado? Es un padre de familia que tiene muchos hijos que están junto a él, que tiran de sus vestidos, hurgan en sus bolsillos, pero estos hijos sienten tanto amor por él, que no le importunan nunca. Cuando lo necesita llama a sus hijos y les dice: «Tú  irás a casa de fulano de tal, a llevar regalos. Tú irás a tirar de las orejas a aquél» y ellos lo hacen. Son sus hijos, nacidos de su propia carne, de su propia sangre.

Mientras que un hombre vulgar, es un solitario sin hijos: está triste y infeliz, puesto que debe trabajar completamente solo, nadie le echa una mano.

He aquí un campo desconocido para algunos, pero conocido y experimentado por otros.

Antes de descender a la Tierra, el hombre ha trabajado ya en su cuerpo físico, este cuerpo físico que no es otra cosa que el caduceo de Hermes, con las corrientes que bajan de los hemisferios derecho e izquierdo del cerebro y se entrecruzan a la altura de los órganos. El ser humano es el producto del trabajo de la voluntad y de la imaginación, del espíritu y del alma materializados en el plano físico. Como caduceo de Hermes, puede crear en los tres mundos. De momentos no crea mas que en el plano físico, pero debe aprender a crear en los otros mundos.

El caduceo de Hermes es la fuerza fuerte de todas las fuerzas, la vida en su grado superior de manifestación. Pues cuando el hombre llega a desarrollar en si mismo los poderes del caduceo de Hermes la vida circula y se difunde por todas partes, desde las criaturas hasta tos estrellas. Este grado superior de la vida es la verdadera fuerza, la vida que brota y que es muy superior a la vitalidad, esta vitalidad que constituye, precisamente, el «toro» al que hay que coger por los cuernos. Todos los hombres tienen la vida, por supuesto, pero en la mayor parte de ellos se manifiesta como vitalidad, como una fuerza devastadora. Esta vitalidad debe ser dirigida, intensificada, espiritualizada para transformarla en vida divina.

Así pues, desead día y noche espiritualizar vuestra vida para darla, con el fin de que atraviese el universo vivificando y alumbrando a las criaturas. Esta es la idea que los antiguos querían transmitir a través de la imagen de los pies alados de Hermes.

La vida sublime está contenida en el caduceo de Hermes. Cuando proyectéis esta vida, tendréis fuerzas formidables. Si vuestra vida no rebasa algunos centímetros más allá de vuestro cuerpo, seréis débiles, no podréis actuar. Pero si vuestra irradiación se extiende varios kilómetros a vuestro alrededor, podréis actuar sobre las criaturas. Así pues, cuanto más intenso sea lo que emana de vosotros y más lejos se proyecte, más poderes tendréis.

Es preciso que comprendáis la importancia de este trabajo. Dejad de lado otras ocupaciones inútiles que no os aportarán nada, salvo sufrimientos, y trabajad sobre vosotros mismos hasta que la fuerza fuerte de todas las fuerzas empiece a manifestarse a través vuestro.

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El horóscopo de Cristo

Javier García Blanco

En 1563, un pintor español – el manierista Luis de Morales, el Divino – llevó acabo un encargo de una pintura que, a simple vista, parece una representación convencional de una Sagrada Familia. Sin embargo el lienzo, hoy en los fondos de la Hispanic Society de Nueva York, esconde un singular y cautivador detalle.

En primer término aparece representada la Virgen María con el niño Jesús dormido entre sus brazos. A su izquierda (desde el punto de vista del espectador) se encuentra san José y, a la derecha, una muchacha que sostiene una cesta con varios huevos. En el fondo, Morales pintó un paisaje con colinas, donde se aprecia una torre con la inscripción latina Turris Ader (Torre de Ader), iluminada por una potente luz celestial. Hay, además, un rebaño de ganado. La escena completa parece estar recordando, por tanto, el nacimiento de Jesús. Sin embargo, un último elemento, en la esquina superior derecha, sobresale por sus extrañas características: se trata de una figura cuadrangular repleta de símbolos y líneas aparentemente incomprensibles, acompañadas por una larga frase en latín. Esta curiosa figura pasa desapercibida para la mayor parte de los espectadores, pero se trata, ni más ni menos, que de una carta astrológica. La pregunta es, ¿qué hace representada en una pintura de temática religiosa?

HoroscopodeJesucristoElDivino

Detalle del horóscopo de Cristo, camuflado en la pintura de Morales.

Aunque la presencia del insólito horóscopo ha llamado la atención de no pocos estudiosos, ha sido el historiador del arte español Juan Francisco Esteban Lorente quien más a fondo ha analizado el origen y significado del mismo. En el año 1554, apenas nueve años antes de la fecha de creación que se adjudica a la pintura, el científico y matemático italiano Gerolamo Cardano había publicado un libro comentando el Quadripartitus de Ptolomeo, y en el aparece, precisamente, un horóscopo idéntico al representado en la pintura de Luis de Morales. Dicho horóscopo, tal y como explica Esteban Lorente es, por extraño que parezca, la carta astral del nacimiento de Cristo.

En su libro, Cardano había tomado como referencia la fecha tradicional del nacimiento de Cristo (las 0 horas del 25 de diciembre del año 0), y con ella creó el horóscopo correspondiente. La identificación del cuadro astrológico representando en la pintura con el trazado por el matemático italiano queda fuera de toda duda por otro elemento, la inscripción latina que aparece en el cuadro, y que resulta sospechosamente similar a la recogida en la obra de Cardano: “Ésta es la situación de los cielos bajo la que Cristo Jesús apareció en el mundo hecho hombre, en el día seis y doce horas antes del principio del año astrológico, que es el inicio astral del año eclesiástico. En la latitud de 32 grados norte”.

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Comparación del detalle de la pintura y el horóscopo diseñado por Cardano.

Curiosamente, todo parece indicar – aunque no hay pruebas definitivas – que la pintura realizada por Morales había sido un encargo de Juan de Ribera, obispo de Badajoz y más tarde arzobispo de Valencia, cuya afición por las cuestiones astrológicas era más que notable, a juzgar por la nutrida colección de títulos sobre la cuestión que formaban su biblioteca. El encargo del obispo Ribera habría tenido lugar en torno a 1562, cuando la Iglesia de Roma todavía no había dictado prohibiciones específicas sobre ciertas prácticas astrológicas – y en especial sobre horóscopos relacionados con Cristo -, y por lo tanto la representación astrológica de la naturaleza humana de Jesús aún no se veía como sospechosa de herejía. De haberse producido tan sólo unos años más tarde, es posible que la pintura nunca se hubiese realizado.

Quién sí sufrió la condena eclesiástica fue Cardano pues, aunque había tenido la precaución de incluir un significativo texto en su análisis del horóscopo de Cristo (“Y no pienses que yo quiero decir que la divinidad de Cristo, o sus milagros, su santidad de vida o la promulgación de la ley dependen de los astros”) fue detenido por la Inquisición en 1570, y el fragmento de su obra relativo a esta cuestión fue suprimido por orden del papa Sixto V en 1586.

Análisis: Mercedes Foronda

Ahora vamos a levantar ese horoscopo representado en la pintura del Divino y  ver en los programas modernos de software de astrologia que diferencias encontramos (soy una fan de los pintores, estoy rodeada de pintores en mi casa).

Mirando con una lupa ya que los numeros no se ven muy claros vemos que el Asc se lo coloca a 2º 43’ de Libra; después establece 3 grados para las siguientes cúspides, por lo tanto utiliza cúspides iguales para la division de los Arcos ( de CI a CIV , de CIV a CVII y etc.).

Pero para los angulos principales utiliza  una hora de nacimiento de Tiempo Universal de 21h 46m 42 s del 24 de diciembre que no son realmente los datos dados en el centro de la figura; dice: 6 dias +12 horas antes del comienzo del año litúrgico. El año comienza en dia 1 de Enero  del año 0 Juliano al amanecer  6 de la mañana que nos traslada al 26 de diciembre menos 12 horas se corresponde con las 6 de la tarde, las 18h del dia 25 de diciembre.

Ese Asc se corresponde con una hora local de 00h 07m 30′ del dia 25 Diciembre del 0 Juliano o 1 a.c. o 0001 BC.

No sabemos que Tabla de casas está utilizando Cardano en este tema concreto, que es la figura que copia  Luis de Morales del tema de Cardano.

Pero si podemos investigar por otros caminos que ya han hollado otros.

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Ahora la vemos en cuspides Iguales: Horoscopo del Cristos por El Divino, hora 21h 46m 42 s en TU del 24 de Diciembre para que nos dé ese Ascendente.

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Esta es la Natal mas aproximada con el dibujo.

Vemos que tanto en el Asc como en la Cuspide VII coloca dos estrellas (ningun astrologo serio del siglo XVI habria soñado con interpretar un horoscopo desoprovisto de estrellas inerrantes; los planetas eran las estrellas errantes).

Mercurio, marte y saturno son los mas desviados, están errados en varios grados sobre todo el primero como solia suceder con las efemerides de aquellos años.

No puedo dar aquí una clase sobre las ephemerides y tablas de casas que se utilizaban en el siglo XVI; como eran las de Stadius, Leowitz, Stoeffler, las Alfonsinas.

Las natales se daban en tiempo local que ya no se usa, muy diferente del actual que involucra a GMT y comienzos en el meridiano 180º; ademas por supuesto estaban basados en el calendario Juliano.

Muchos horóscopos de famosos de mediados del siglo XVI fueron hechos por astrologos que usaban las efemérides de Regiomontano.

Después aparecieron Tablas pruténicas de Erasmus de Reinhold que reconoció la necesidad de usar unas efemérides más exactas derivadas del modo copernicano; las efemérides de Stadius estuvieron vigentes desde 1551 (1554) al 1570.

En 1555 en Paris habia toda una plétora de basura astrologica, como hoy en dia, y mucho mas se agudizó con el desarrollo de la imprenta; en aquellos años eran importantes Alcabitius (las revoluciones, los ingresos), Albumasar, Ben Ezra, (Regiomontano era un forofo de éste último, tenía un enfoque diferente de los demas sobre la interpretación de las cuspides).

Las principales corrientes de pensamiento esoterico astrológico surgían en ese tiempo de otros lugares lejanos de Paris, Turrel, Cardan era italiano, Garcaeus era aleman, Luca Gauricus italiano tambien, Paracelso suizo, excepto Oronce Finé.

Nostradamus tuvo conocimiento y usó todas estas efemérides; de Stadius se le encontraron varias efemérides. Johannis Garcaeus y su obra dedicada a la astrologia fue quizás la mas influyente de su siglo y era un forofo del sistema de casa de Campanus.

Volviendo al dibujo vemos que al sol lo representa en la cuspide de la CIV, parece ser a 2º 53’ de Capricornio conjunto al Nodulo a 28º 28’ de Sag.; si os fijais en el dibujo los planetas colocados en casas cardinales los coloca dentro del cuadrado interior, en el lugar de la casa que le corresponde; que la la Luna la situa a 28º 28’  de Aries conjunta a la Estrella Algol a 28º 26’ Aries en aquellos años y cercana a la cuspide de CVIII; no sabemos si, como dicen algunos, Cristo existió o no de verdad, o era una alegoría de la parada del Sol en su cuarta puerta, en el solsticio de invierno, del enterramiento de la semilla.

 Pescador y Virgen, en sentido retrogrado, que es la  marcha del Sol que parecemos olvidar, es la marcha del Sol por la Ecliptica, no solo la Precesion de los Equinoccios: el bamboleo de la Tierra; la figura del pescador/piscis  del Cristo estuvo en la mente del hombre – fuera real o no – y que dirigió sus pasos a todos los niveles durante todo un Eon, en lo fisico, ADN , filosofico, sócio-cultural, artístico, religioso, politico etc.

La Tierra sigue al Sol y a toda su cohorte, el Sol la arrastra con él y a todos los demas; el Sol tambien tiene su Preccesion, o no?! eso es lo que estan investigando los cientificos actuales. Pues ¡claro!

(…)

De todas formas tambien sabemos que Cristo, de haber encarnado, su Horoscopo sería mas parecido a éste, un genotipo Piscis puro que se dió el 1 de Marzo del año 6 a. c., o 7 BC en terminologia moderna del solar fire;  que coincide con las sagradas escrituras , con parte de la historia, con la mitologia, con el inconsciente colectivo; figura de Demetrio Santos  de Cristo: genio que ha quedado como jarron chino, en el mundo astrológico.

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El secreto de los Reyes Magos en San Pedro el Viejo de Huesca

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Javier García Blanco

 Al calor del día de Reyes parece una buena idea analizar alguna de las abundantísimas representaciones artísticas de la Adoración de los Magos en busca de curiosos secretos. Y precisamente, una de las escenas de este tipo más singulares que se conoce se encuentra en la ciudad de Huesca.

 En la actualidad los cristianos celebran el nacimiento de Cristo el 25 de diciembre, una fecha que la Iglesia de Roma institucionalizó en el siglo IV para cristianizar la celebración pagana del Sol Invictus y la festividad de Mitra, vinculadas con el solsticio de invierno.

 Aunque desde entonces esa ha sido la fecha tradicionalmente atribuida al natalicio de Jesús, sabios de distintas épocas se cuestionaron acerca de la fecha real del nacimiento, así como sobre la auténtica naturaleza de la célebre “estrella” que guió a los magos hasta Belén.

 En la Edad Media se popularizó en ciertos círculos de eruditos del momento -especialmente astrólogos – que Jesús había nacido en primavera, y muy posiblemente en el año 7 a.C., pues en aquellas fechas se había producido un stellium: una llamativa conjunción de Júpiter, Saturno, Venus, la Luna y el Sol en el signo de Piscis (el pez era el símbolo que los cristianos primitivos emplearon para representar a Cristo).

 Para estos estudiosos, la conjunción más importante de este stellium – la estrella de Belén del Nuevo Testamento – habría sido la de Júpiter y Saturno con el Sol y esto es, en opinión del profesor Juan Francisco Esteban Lorente, lo que aparece representado en el tímpano del claustro románico de San Pedro el Viejo de Huesca.

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 Si nos fijamos en la escena representada en dicho tímpano, vemos que entre las figuras de los magos y las de la Sagrada Familia aparece un gran círculo (el Sol) en cuyo interior aparecen dos “estrellas” de siete puntas. Dichas “estrellas” son en realidad Júpiter y Saturno, que se solapan sobre el disco solar, representando la llamativa conjunción.

 No es extraño que los escultores que tallaron esta epifanía conocieran esta teoría sobre el stellium que guió a los magos pues, en las fechas de su construcción, un judío converso aragonés, Pedro Alfonso, había dejado escrito un importante tratado de astrología.

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