Artículos Astrológicos II

Schwarz

Un Contable Obsesionado por la Astrología

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Aunque las obras de arte con un mensaje astrológico son relativamente abundantes, no ocurre lo mismo con aquellas que muestran directamente un carta astrológica. Una de estas escasas y singulares pinturas con horóscopo fue realizada en el siglo XVI (concretamente en 1542) por el pintor Christoph Amberger, y hoy forma parte de la colección del madrileño Museo Thyssen-Bornemisza. En la sala 6 de dicho museo, el visitante puede contemplar el Retrato de Matthäus Schwarz, un adinerado contable y alto funcionario que trabajó para los Fugger, una poderosa familia de banqueros.

En la pintura se representa a Schwarz, en un lujoso interior y ataviado con ricos ropajes, apoyado junto a una ventana. Allí, en el alfeizar, se observa una copa de vino, pero destaca especialmente una hoja de papel en la que el artista anotó la fecha y hora de nacimiento del retratado (18:30 horas del 19 de febrero de 1497), la de la realización de la pintura (16:45 horas del 22 de marzo de 1542) y la edad de Schwarz en el momento de ser pintado: 45 años y 30 días. Se trata, sin lugar a dudas, de una tabla astrológica. El detalle más importante, sin embargo, aparece representado en el firmamento visible a través de la ventana. Allí, siguiendo las órdenes de Schwarz, Amberger pintó el horóscopo de su cliente.

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Detalle de la tabla astrológica representada en el alfeizar. Crédito: Museo Thyssen.

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Detalle del horóscopo de Matthäus Schwarz con fecha de 1542. Crédito: Museo Thyssen.

Originalmente la pintura iba acompañada de una segunda tabla a juego (hoy en manos privadas, en la colección Kisters), en la que el artista representó a Barbara Mangold Schwarz, esposa del contable, y que también cuenta con su propio horóscopo. Por desgracia, tan sólo he conseguido encontrar una imagen de esta otra pintura en blanco y negro, por lo que la calidad no es demasiado buena, y apenas se aprecia el horóscopo correspondiente. Si alguno de vosotros logra localizar una imagen en color, se lo agradecería enormemente.

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Retrato de Barbara Schwarz, por Christoph Amberger. Crédito: Colección Kisters.

En ambas obras, la presencia de los horóscopos obedece sin duda al notable interés que el poderoso contable manifestó durante toda su vida por la astrología. Un detalle que quedó inmortalizado para la posteridad en la obra de Amberger.

Astrología en el Arte

Haecht, Willem van - 1630 circa, Apelles schildert Campaspe, Mauritshuis

Ars Secreta

Desde los primeros siglos, la Iglesia mostró un profundo rechazo hacia la astrología. El mismísimo san Agustín, en sus escritos, arremetió duramente contra esta práctica, que él mismo había utilizado en su juventud, y que consideraba contraria a la doctrina cristiana. El santo de Hipona no fue el único y muchos otros padres de la Iglesia se sumaron a esta condena, atacando especialmente la astrología judiciaria (la encargada de estudiar los efectos de los cuerpos celestes sobre los hombres, así como el vaticinio de hechos futuros), pues se enfrentaba a la providencia divina.

Si los culpables del comportamiento humano (tanto pecados como buenos actos) eran los astros, las personas carecían de libre albedrío y por tanto los premios o castigos divinos perdían toda razón de ser. Esta circunstancia suponía un desafío a la omnipotencia de Dios, y no resulta extraño que la Iglesia se manifestara tan claramente en contra.

Sin embargo, las influencias que recibió la cultura cristiana eran muy fuertes, y muchos «nuevos cristianos» seguían acudiendo a astrólogos en muchas ocasiones, por lo que finalmente incluso parte de la Iglesia se vio obligada a aceptar que fe y astrología podían ser compatibles. Se argumentó que efectivamente los astros ejercían su influencia sobre el hombre, aunque sólo sobre su parte material, y nunca sobre su alma. Esta aceptación se incrementó en la Edad Media y de forma especial en el Renacimiento. En aquella época era común que personajes importantes, como nobles y monarcas, solicitaran la realización de un horóscopo personal. Esta costumbre, aunque pueda resultar asombroso, se aplicaba también a destacados miembros de la Iglesia, pontífices incluidos.

Este es el caso del papa Julio II quien, según todas las fuentes, fue un fervoroso creyente y un estudioso de la disciplina astrológica. Tanto es así, que esta pasión puede astrearse en algunas de las obras de arte que encargó. En 1508, el pontífice encargó a un joven Rafael la decoración de la Estancia de la Signatura, en la que trabajó hasta 1511, destacando especialmente el célebre fresco La Escuela de Atenas, una de las obras más visitadas de los Museos Vaticanos (con permiso de la Capilla Sixtina). Utilizada como sede del Tribunal Eclesiástico, cuenta además de con La Escuela, que alude a la Filosofía, con alegorías de la Teosofía, la Poesía o la Justicia y otros pasajes.

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Pero la que quizá sea la figura más interesante (al menos para nosotros) suele pasar desapercibida para los turistas, subyugados por La Escuela de Atenas. Se trata de una figura femenina, acompañada de una esfera celeste –en la que se aprecian claramente estrellas y constelaciones–, que representa a Urania, la musa griega de la astronomía y la astrología. Pero lo más curioso de todo es que no se trata de una simple alegoría, y las cuerpos celestes plasmados en la esfera no han sido escogidos al azar, sino que tienen un significado muy concreto.

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Las últimas investigaciones han revelado que el mapa celeste contiene un mensaje: llevado por su interés por la astrología, Julio II pidió a sus astrólogos que calcularan la fecha más propicia para su «coronación» como pontífice. Este día fue el 31 de octubre de 1503 y, precisamente, la esfera que acompaña a Urania está representando, fielmente, el aspecto del firmamento nocturno de aquel día, tres horas después de la puesta de sol. Entre las constelaciones representadas destaca Pegaso, un signo vinculado a la inmortalidad. Al estar presente en la fecha de su elección como Papa, indicaba que Julio II gozaría de un mandato próspero y fructífero.

El fresco de Rafael no es la única obra de arte encargada por el pontífice que posee influencias astrológicas. Julio II es recordado por haber dado inicio a la construcción de la nueva basílica de San Pedro del Vaticano y los historiadores saben hoy, tras diversos estudios, que el Papa solicitó a los astrólogos que elaboraran un horóscopo para determinar la fecha y hora más indicada en la que se debía celebrar la ceremonia de fundación del templo.

En la actualidad la astrología se reduce –por norma general– a los horóscopos que se publican a diario en multitud de periódicos y revistas, como un simple divertimento o curiosidad. Sin embargo, algunos estudiosos, como Aby Warbug (sobre quien ya dije que pienso dedicar un artículo monográfico) o Fritz Saxl señalaron la necesidad de prestar atención a la notable relación arte-astrología. Como sucede con otras muchas cuestiones que suelo tratar aquí, no importa si estas creencias son meras supersticiones, carentes de fundamento y sin el más mínimo respaldo científico. Lo importante es que muchas personas, a lo largo de la historia, si creyeron en ellas como algo real y efectivo, y esto provocó, entre muchas otras cosas, la creación de magníficas obras de arte que todavía podemos disfrutar.

La presencia de elementos astrológicos en la Historia del Arte es sumamente notable y abundante, así que poco a poco iremos viendo aquí algunos de los ejemplos más notables.

Bibliografía

* QUINLAN-MCGRATH, Mary. «The foundation horoscope(s) for Saint Peter’s Basilica, Rome, 1506: choosing a tima, changing the Storia». Isis magazine, 2001, vol. 92, nº 4. University of Chicago Press.

* YARZA LUACES, Joaquín. Formas artísticas de lo imaginario. Ed. Anthropos. Barcelona, 1987.

* ESTEBAN LORENTE, Juan Francisco. Tratado de iconografía. Ed. Istmo.

* MONTERO, Santiago. Cristianismo y astrología en los siglos IV-V d. C.: Oriente y Occidente. Universidad Complutense.

* GOMBRICH, E. H. Imágenes simbólicas. Ed. Debate. Madrid, 2001.

* MÂLE, Emile. El arte religioso del siglo XIII en Francia. Ediciones Encuentro. Madrid, 2001.

Un Enigma Celeste en Florencia

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Ars Secreta

En otras ocasiones he hablado aquí de la presencia de zodiacos, horóscopos y mapas estelares en diversas obras de arte. Ya expliqué en su día que, aunque la Iglesia se mostró contraria a prácticas como la astrología desde su nacimiento, con el paso de los siglos esa postura se fue suavizando, y los estudios sobre esta disciplina terminaron por ser muy populares a partir del siglo XI y, más especialmente, con la llegada del Renacimiento. Esta “explosión astrológica” que se produjo en época renacentista quedó de manifiesto por el enorme interés que suscitó entre nobles, monarcas, personajes adinerados e incluso miembros de la alta jerarquía eclesiástica. Una “fiebre” que, como era de esperar, dejó también su huella en la historia del arte.

Con anterioridad os hablé del papa Julio II y su decoración astronómica en la Stanza della Signatura, en los palacios vaticanos, y hoy vamos a ver otra pintura mural que guarda bastantes similitudes con ella. En este caso, sin embargo, tenemos que viajar a la espectacular ciudad de Florencia, y concretamente a la Sagrestia Vecchia (Sacristía Vieja) de la basílica de San Lorenzo, una obra realizada por Brunelleschi entre 1419 y 1422. Allí, sobre el espacio que ocupan el altar y una imagen de Cristo crucificado, el visitante se encuentra con una pequeña cúpula decorada con una imagen de la esfera celeste. Sin embargo, lo más sorprendente de todo es que esa imagen del firmamento no refleja estrellas y constelaciones al azar, sino el aspecto exacto del cielo en un momento determinado de la historia.

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Interior de la Sacristía Vieja. Crédito: WGA.

El primero que llamó la atención al respecto fue el historiador del arte Aby Warburg (a quien ya he mencionado en más de una ocasión y a quien algún día dedicaré una extensa entrada) hace ahora casi cien años, en 1911. Consciente de que aquella representación celeste no era casual, Warburg se puso en contacto con el Dr. Graff, del Observatorio de Hamburgo. Éste, en función de las constelaciones y astros reflejados en el fresco, dictaminó que aquel mapa astronómico reproducía el aspecto del cielo en algún momento de julio de los años 1422, 1423 o 1439. Con estos datos, y basándose en una guía de un peregrino del siglo XVIII, que aseguraba que el altar mayor de la Sacristía Vieja había sido consagrado el 9 de julio de 1422, Warburg concluyó que el fresco representaba precisamente la posición de los astros visibles desde Florencia en esfa fecha concreta, a modo de conmemoración de la ceremonia de consagración.

A primera vista, la hipótesis de Warburg parecía bastante razonable. Sin embargo, estaba equivocada. Gertrud Bing, directora del Instituto Warburg desde 1954, señaló la curiosa existencia de un fresco casi idéntico, también en Florencia, aunque en este caso en la Capilla Pazzi, dentro del conjunto de la basílica de la Santa Cruz. Bing desestimó la referencia a la fecha de consagración del altar mayor de la Sagrestia Vecchia por falta de evidencias sólidas, y señaló con acierto que esa hipótesis carecía de fundamento si se tenía en cuenta la existencia de un fresco con una representación gemela en la Capilla Pazzi, que comenzó a construirse en 1441. Apoyándose en unos cálculos del astrónomo Arthur Beer, Bing apuntó la fecha del 6 de julio de 1439 como la más probable, pero su hipótesis fue ignorada durante décadas.

En 1981 otra historiadora, Patricia Fortini Brown, publicaba un artículo en el que recuperaba la hipótesis de Bing. Apoyándose en cálculos del astrónomo John L. Heilbron, de la Universidad de Berkeley (California) Fortini insistía en la fecha del 6 de julio de 1439, a las doce del mediodía, como el momento exacto plasmado en el fresco de la Sacristía Vieja. ¿Por qué precisamente aquel día? En aquellas fechas la ciudad había acogido el llamado Concilio de Florencia y, precisamente, en la fecha señalada se procedió a la firma de un acuerdo –luego frustrado– con el patriarca de Constantinopla y otros legados de la Iglesia oriental, por el cuál se ponía fin al Gran Cisma.

La cuestión parecía resuelta tras la publicación del artículo de Fortini, pero el fresco aún guardaba otra sorpresa. En 1986 y con motivo de una restauración que pretendía devolver el aspecto original a los frescos de la Sagrestia Vecchia, la restauradora Isabella Lapi Ballerini descubrió la existencia en la pintura de otras “estrellas” que habían dejado de ser visibles como consecuencia de la pésima conservación de la obra.

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Detalle de las constelaciones. Crédito: Wikipedia.

Rápidamente, Lapi se puso en contacto con los investigadores del Observatorio Astrofísico de Arcetri (Florencia) por si ellos eran capaces de determinar qué astros eran aquellos. Y lo hicieron. Aquellas nuevas “estrellas” eran en realidad los planetas Venus, Júpiter y Mercurio, y su descubrimiento permitía a los astrónomos realizar un cálculo mucho más preciso de la fecha que el artista quiso reflejar en la cúpula.

En este caso los resultados parecían incuestionables: la pintura representa el firmamento visible sobre Florencia en la mañana del 4 de julio de 1442. Bajo estas líneas veréis una composición que he preparado a partir de una fotografía del fresco y una imagen del firmamento florentino en dicha fecha obtenida mediante el magnífico programa Stellarium. Como veréis la posición de los astros ES prácticamente idéntica, lo que viene a confirmar los últimos cálculos. Resuelto el interrogante de la fecha, quedaba por averiguar qué evento pretendia conmemorar. En este caso la respuesta sigue siendo poco rotunda, aunque la restauradora Lapi Ballerini sugiere en un trabajo de 1986 que, posiblemente, los frescos “gemelos” de la Sacristía Vieja y la Capilla Pazzi sirvieron para conmemorar la llegada a Florencia de un importante personaje: René d’Anjou.

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Comparación del fresco con el aspecto del firmamento el 4 de julio de 1442.

Por el momento, y mientras no se descubre una explicación mejor, la hipótesis de Lapi parece “la menos mala” de todas las planteadas hasta la fecha. Al menos parece haber un consenso definitivo sobre la fecha representada aunque, como pasó anteriormente, quién sabe si un nuevo estudio podría en un futuro sugerir una respuesta definitiva sobre el hecho que se pretendía conmemorar.

Por otra parte, quedan aún otros dos interrogantes por responder, que se corresponden con las identidades del pintor del fresco de la Sagrestia y de la mente capaz de calcular el aspecto del cielo con un grado de exactitud tan notable. En el primer caso, todo parece indicar que fue el artista Giuliano d’Arrigo, il Pesello, ayudado por un segundo pincel desconocido que habría realizado parte de las constelaciones. En cuanto a la parte teórica, la mayoría de los historiadores han sugerido el nombre del astrónomo Paolo Del Pozzo Toscanelli, amigo cercano de Brunelleschi –recordemos que fue él quien erigió la Sagrestia– y conocido del clan Médici.

En todo caso, y aunque la cuestión parece resistirse a desvelar todas sus claves, los frescos de la Sagrestia Vecchia y de la Capilla Pazzi, con sus sugerentes mapas celestes, son un magnífico ejemplo de la fusión entre arte y astronomía/astrología que tanta relevancia llegó a tener en el Renacimiento. La ciudad de Florencia, por cierto, “esconde” muchos otros ejemplos de este tipo, pero tiempo habrá de detenerse en ellos con la calma que merecen.

Bibliografía

-FORTINI BROWN, Patricia.«Laetentur caeli: The council of Florence and the astronomical fresco in the Old Sacristy». Journal of the Warburg Institute. Vol. 44 (1981), págs. 176-180.

-SEZNEC, Jean. The survival of the pagan gods. Princeton University Press, 1953.

-WARBURG, Aby. El renacimiento del paganismo. Ed. Alianza Forma.

El Zodiaco de Cristo I

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En otras ocasiones ya he hablado aquí de la presencia de ciertos elementos paganos en templos cristianos de todas las épocas. Hoy quería hacer un pequeño análisis de las representaciones de zodiacos, que hallamos frecuentemente esculpidas en las fachadas de iglesias y catedrales, rodeando a la imagen de Cristo. En estos casos, no es extraño que el Salvador vaya acompañado también por las figuras de los doce apóstoles, de modo que la escena identifica a Cristo con el Sol, y a los 12 apóstoles con los 12 signos del zodiaco.

El uso de zodiacos en templos cristianos se remonta a los primeros tiempos del cristianismo, pues se han encontrado representaciones de este tipo en mosaicos y decoraciones de algunas basílicas paleocristianas. Esta misma iconografía, calcada símbolo a símbolo, la encontramos en obras de arte de fines de la antigüedad, en las que se representa a los dioses tardoantiguos Mitra, Fanes o Aiôn. Éstos aparecen enmarcados por la rueda del tiempo, con los doce signos del zodiaco representados en ella. En estos ejemplos paganos, el dios representado simboliza al «Señor eterno», que garantiza el movimiento sin fin y circular. En la antigua Roma encontramos la misma iconografía, aplicada incluso en simples mortales, tal y como explica el experto André Grabar en Los orígenes de la estética medieval (Ed. Siruela, 2007):

En el arte del fin de la Antigüedad, la imagen de la Eternidad (Aiôn) representa el retorno infinito del tiempo, de acuerdo con las doctrinas filosóficas y religiosas. El Dios eterno es el señor que, desde siempre y para siempre, garantiza este movimiento sin fin, es decir, circular. Mitra y Fanes, Zeus y Aión son vistos, pues, en medio o al lado de la rueda del tiempo, en la que se inscriben los doce signos del zodiaco. La aeternitas de un Augusto de Roma adopta esta misma iconografía, que en ocasiones, se aplica incluso a simples mortales cuando se les imagina gozando, después de la muerte, en la Eternidad del más allá.

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Dios Fanes representado en el interior del círculo zodiacal. Galería Estense, Módena.

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Cristo representado en el centro de la rueda del zodiaco. Manuscrito del siglo XI. Biblioteca Nacional de París.

Todos estos casos tienen como función recalcar que la eternidad se produce como consecuencia de la sucesión infinita de los “retornos incesantes”. En el caso de Cristo, por el contrario, esta rueda del tiempo no constituye, como en los ejemplos paganos, una alusión a un tiempo cíclico y circular, sino que supone una alusión a que el tiempo se mueve sólo hacia adelante, con la intención de alcanzar su objetivo: la llegada del fin de los tiempos y la segunda venida de Cristo.

¿Cómo se produjo esta copia de elementos paganos por parte del arte cristiano? En los primeros siglos del cristianismo, la nueva religión rivalizaba con doctrinas paganas de gran importancia y difusión. Así que la naciente Iglesia vio con buenos ojos la idea de apropiarse algunas de las características de las divinidades de estos cultos paganos, como ya hemos visto también con el caso de la psicostasis. Como afirmaba Emile Mâle, «la Iglesia no tuvo escrúpulos en tomar prestadas formas paganas y santificarlas haciendo de ellas una lecturacristiana ». En el caso de los zodiacos, los cristianos de la época primitiva adoptaron esta iconografía de Mitra o Fanes sin cambios notables. Y así terminó pasando a templos posteriores, siendo frecuente su representación en iglesias y catedrales de época medieval, tanto en esculturas como en vidrieras.

Algunos de los ejemplos más bellos y llamativos los encontramos en la espectacular catedral gótica de Chartres. En la fachada oeste, en la puerta de la izquierda, aparece representado Cristo en su segunda venida. Alrededor de su figura están esculpidos los signos del zodiaco. Se ha interpretado este grupo escultórico como una representación del tiempo, que toma un significado especial al estar junto a Cristo en su segunda venida y, por tanto, iniciando el Fin de los Tiempos.

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Cristo rodeado de signos del zodiaco en una de las fachadas de la catedral de Chartres.

Sin embargo, este ciclo zodiacal tiene una peculiaridad, ya que los signos no aparecen en el orden correcto, sino que están alterados. Así, por ejemplo, la Virgen (Virgo) está en el lugar más destacado, arriba del todo, junto a la figura del arquero (Sagitario). Esta variación podría explicarse porque la catedral está dedicada a Nuestra Señora, por lo que se habría modificado el conjunto para destacarla. Además, también llama la atención que se re-presentara a Virgo junto a Sagitario, ya que estos signos no están juntos en el calendario. Los defensores del origen templario de la catedral (una suposición carente de todo fundamento, por otra parte) han querido ver en este detalle una prueba de sus teorías: el arquero, Sagitario, es un símbolo militar, por lo que representaría a los caballeros templarios, supuestos promotores de las obras de la catedral.

Sin embargo, autores como Louis Charbonneau-Lassay (autor del clásico El bestiario de Cristo) proponen una explicación más convencional: en tanto que imagen de un centauro sagitario, este signo sería un símbolo de Cristo, que actuaría como conductor de almas, y se muestra ordenando el Cosmos, acompañado de Virgo (la Virgen), su madre.

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Además del caso que acabamos de comentar, en Chartres hay otros hermosos ejemplos de zodiacos, como las esculturas de Piscis y Géminis que se observan en la puerta sur de la fachada oeste, o en una de las luminosas y policromadas vidrieras que iluminan el interior del templo. Pero, tal y como ya avanzábamos antes, son muchos los templos que repiten este motivo iconográfico. En la gran mayoría de ellos, Cristo aparece rodeado por el zodiaco y los meses correspondientes a cada signo, y suele mostrarse como Cronocrator (señor y ordenador del Tiempo) o Cosmocrator (señor del Cosmos).

En la mayor parte de los casos, estas representaciones aparecen en la puerta de los templos que, tal y como aclara Jean Hani: «son símbolos de las puertas solsticiales, las cuales son la imagen de la Puerta del Cielo, que no es otra que el propio Cristo». En estos ejemplos, es habitual que el zodiaco aparezca separado en dos mitades, representando el ciclo anual. Así, los signos ascienden desde el solsticio de invierno hasta el de verano, y luego descienden desde éste hasta el de invierno. En ocasiones, estos puntos de «cambio» aparecen simbolizados en la puerta mediante la representación de los dos «san Juan». No es extraño ver a san Juan Bautista y san Juan Evangelista,  cuyas festividades coinciden, «casualmente», con las de los respectivos solsticios. Esta representación de los «Juanes» adquiere entonces un mensaje claro. Ambos señalan dos momentos clave de la historia de Cristo: uno anunciando su venida –el Bautista–,  y otro anunciando la segunda venida –el Evangelista – .Y del mismo modo, su representación en los tímpanos –en ocasiones acompañando al zodíaco– anuncia la llegada de los solsticios, las dos fases del ciclo anual. Esta utilización iconográfica de los «dos Juanes» tampoco es casual. En los templos paganos se utilizaba la imagen de Jano, un dios de dos rostros (del que ya hablamos aquí en otra ocasión) cada uno de los cuales miraba en una dirección.

En definitiva, todos estos casos suponen un ejemplo del “viaje” que realizan los símbolos a lo largo de la historia. Las formas se mantienen, mientras que el significado va amoldándose en muchos casos a las nuevas creencias.

Bibiliografía

CHARBONNEAU-LASSAY, L. El bestiario de Cristo. Olañeta ed. (Palma de Mallorca, 1997).

ESTEBAN LORENTE, Juan Francisco. Tratado de iconografía. Ed. Istmo (Madrid, 2002).

GRABAR, André. Los orígenes de la estética medieval. Ed. Siruela (Madrid, 2007).

WITTKOWER, Rudolf. La alegoría y la migración de los símbolos. Ed. Siruela (Madrid, 2006).

VV. AA. Cristianismo primitivo y religiones mistéricas. Ed. Cátedra (Madrid, 2007).

Fotografía del comienzo del post: © Allison Stones.

El zodiaco de Cristo II

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Hace un par de meses escribí un artículo en el que mencionaba la presencia de zodíacos y símbolos astrológicos en algunos templos cristianos. En aquella ocasión ya tuvimos la oportunidad de ver cuál era el motivo y el significado de la aparición de tales signos paganos y su proceso de cristianización. Poco a poco iré publicando algunos ejemplos concretos (además de los que ya vimos en su día), iniciando así otra serie, comparable a la de El laboratorio del alquimista o la de El Príncipe de las Tinieblas.

En esta ocasión os presento un curioso ejemplo de zodíaco en un templo cristiano, presente en la hermosa Basílica de San Isidoro, en León. Este magnífico templo de origen medieval cuenta con numerosas joyas artísticas, pero en este caso nos interesan las presentes en la llamada Puerta del Cordero, el principal acceso al templo. Dicha entrada, de estilo románico, cuenta en el tímpano con una representación del célebre episodio bíblico del Sacrificio de Isaac, así como con un relieve del Agnus Dei rodeado por una mandorla que sostienen dos ángeles, uno a cada lado. A ambos lados del tímpano, y a mayor tamaño, las estatuas de San Isidoro y San Pelayo custodian el acceso al templo. Sin embargo, lo que más nos interesa a nosotros es la presencia, en la parte superior de esta puerta, de unos curiosos relieves que representan, ni más ni menos, que los 12 signos del zodiaco, comenzando con Piscis y terminando con el signo de Aries.

Los relieves están en la actualidad en un estado de conservación bastante malo, pero todavía pueden identificarse cada una de las figuras. Sin embargo, hay una de ellas que destaca especialmente. El signo correspondiente a Capricornio (el tercero comenzando por la izquierda, en la imagen que veis bajo estas líneas) no muestra la representación habitual, sino que en su lugar encontramos un relieve del dios Mitra dando muerte al toro. Seguramente, los artistas que realizaron el relieve eligieron esta representación del dios porque su nacimiento se celebraba el 25 de diciembre (fecha más tarde que se apropió el cristianismo), en el solsticio de invierno, que se producía durante el signo de Capricornio. No deja de ser curioso, igualmente, que en el interior de la Basílica se encuentren los restos de San Isidoro, responsable de la primera distinción entre astronomía y astrología. Si queréis saber algo más sobre la relación entre mitraismo y astrología, podéis echarle un vistazo al artículo que publiqué al respecto hace unas semanas (El secreto del dios Mitra).

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A continuación os dejo unas fotografías en blanco y negro con los signos de forma separada. Fijaros bien en el de Capricornio-Mitra. Podéis encontrar una descripción detallada de cada figura representada en la Puerta del Cordero en la siguiente web: San Isidoro de León.

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Piscis

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Acuario

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Capricornio

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Sagitario

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Escorpio

libra

Libra

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Virgo

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Leo

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Cáncer

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Geminis

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Tauro

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Aries

El secreto del dios Mitra

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Basilica di San Clemente

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Cada año, millones de turistas “armados” con cámaras toman las calles de Roma con el objeto de visitar los rincones más característicos de la ciudad: el Coliseo, la ciudad del Vaticano, las distintas piazzas, el Panteón, el Foro Romano. Sin embargo, a menudo otros enclaves de la urbe pasan desapercibidos a ojos del turista medio, a pesar de que cuentan con un interés histórico, artístico y religioso igual o mayor que el de los lugares más populares. Ese es el caso de la basílica de San Clemente, un templo del siglo XII situado a escasa distancia del célebre Coliseo y que por desgracia suele quedar eclipsado por éste. No obstante, algunos visitantes llegan hasta allí atraídos por los bellos mosaicos que representan escenas de la vida del pontífice que da nombre al templo. Pero curiosamente, algunos de los elementos más destacados de este enclave no son visibles a primera vista, sino que se encuentran “escondidos” en el subsuelo del mismo.

En 1857, el dominico irlandés Joseph Mullooly –en aquellas fechas prior de San Clemente–, decidió iniciar unas excavaciones para sacar a la luz el antiguo templo de época paleocristiana que, gracias a diversas fuentes históricas, se sabía descansaba bajo los cimientos de la actual basílica. El padre Mullooly logró su objetivo, pero además hizo otros hallazgos que nadie esperaba. Además de los restos del templo paleocristiano del siglo IV, los trabajos detectaron otros dos niveles inferiores, uno correspondiente a casas romanas destruidas durante el incendio de Nerón y otro, más importante, correspondiente al siglo II. En este estrato intermedio, aparecieron una mansión donde al parecer se celebraron reuniones de cristianos primitivos (conocida como Titulus Clemens) y también un bloque de “apartamentos”, en el que aguardaba una sorpresa aún mayor: un spelaeum o santuario dedicado al dios Mitra, en el que los miembros de este culto mistérico celebraban sus ceremonias secretas y sus ritos iniciáticos.

Mitra, el Dios de la Luz

De los variados cultos mistéricos que florecieron en época grecorromana (como los de Eleusis, Dionisios, la Magna Mater o Isis), el más singular y misterioso de todos ellos fue, sin duda alguna, el mitraísmo. Las llamadas “religiones de Misterios” se caracterizaban por ser cultos de carácter esotérico e iniciático, en los que se celebraban ritos secretos cuyas enseñanzas sólo podían ser aprendidas por los iniciados. Actualmente, la mayoría de los estudiosos tienden a creer que los secretos que descubrían quienes habían sido iniciados en los Misterios guardaban relación con la revelación de la supervivencia del alma tras la muerte, una salvación que se obtenía mediante la participación y la iniciación en los propios Misterios. Por desgracia, los detalles concretos sobre los rituales, iniciaciones y doctrinas de estos cultos son en la mayoría de los casos muy escasos, en gran medida a causa del carácter esotérico y secreto de dichas prácticas. En el caso del mitraísmo, esta ausencia de información es mucho más acusada, pues los especialistas únicamente cuentan con referencias difusas y poco fiables recogidas en muchos casos por autores cristianos que atacaban sin piedad las creencias y prácticas mitraicas, que se iniciaron en torno al siglo I a.C. y tuvieron su mayor apogeo a finales del siglo II y comienzos del III, para desaparecer por completo en las postrimerías del siglo IV.

Por este motivo, los historiadores de las religiones cuentan únicamente con la iconografía reflejada en las obras de arte encontradas en algunos mitreos para intentar desvelar el contenido religioso y las doctrinas del mitraísmo. Para complicar aún más el asunto, se da la circunstancia de que el primer estudio serio sobre el culto a Mitra no apareció hasta una fecha tan reciente como 1913, cuando el erudito belga Franz Cumont publicó Los Misterios de Mitra, cuyas conclusiones estuvieron vigentes durante buena parte del siglo XX. Pese a las dificultades, gracias a los distintos estudios realizados desde el trabajo de Cumont, los investigadores han logrado reconstruir, con cierta fiabilidad, el relato mitológico asociado a Mitra, y con él las posibles ceremonias realizadas en estos santuarios.

Altar con escena de la tauroctonía, conservado en el mitreum de San Clemente

Altar con escena de la tauroctonía, conservado en el mitreum de San Clemente.

Según dicha mitología, Mitra –representado como un joven tocado con un gorro frigio y provisto de un puñal– había nacido de una roca, tal y como representan numerosos relieves, como el conservado en uno de los nichos del mitreo de San Clemente. Siguiendo órdenes del dios Apolo enviadas por un cuervo (uno de los animales que aparece representado siempre junto a nuestro protagonista), Mitra recibió el encargo de encontrar y sacrificar a un toro que poseía el don de la fertilidad y la vida.

Cuando finalmente lo localiza, Mitra consigue dar muerte al animal, derramando su sangre vivificadora sobre la Tierra, llenándolo todo de vida. Al olor de la sangre, otros animales acuden al encuentro de la bestia moribunda: un perro, una serpiente y un escorpión (este último suele ser representado agarrando con sus pinzas los testículos del toro, un claro símbolo de potencia fertilizadora), que estarían simbolizando, según algunas interpretaciones, la entrada del mal en el mundo.

Esta escena de la muerte del toro, conocida como tauroctonía, aparece una y otra vez en todos los mitreos hallados hasta la fecha. Tras el sacrificio, Apolo se unió a Mitra para celebrar la victoria, festejándola mediante un banquete. Este punto del relato parece ser uno de los momentos importantes de los cultos mitraicos, pues en los santuarios –como es el caso del triclinium de San Clemente– suelen encontrarse bancos corridos de piedra a ambos lados del altar, que al parecer eran ocupados por los iniciados durante la celebración de un banquete ritual. Después de la celebración, las escenas de las piezas de arte mitraico representan a Mitra subiendo a un carro con Apolo, siendo transportado directamente a los cielos.

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Vista interior del mitreo de San Clemente (Roma).

Junto a este carácter fertilizador de Mitra, los especialistas coinciden en señalar que estos Misterios tuvieron un fuerte simbolismo cósmico. Esto es especialmente detectable en la forma y disposición de los propios mitreos, siempre recintos en forma de caverna subterránea, con techos abovedados, que aluden sin duda al Cosmos. Este mensaje está remarcado en muchos mitreos, como ocurre en San Clemente, pues la bóveda aparece decorada con estrellas –hoy muy difuminadas– que representan el firmamento. En otros casos, los astros aparecen plasmados en la túnica del propio Mitra. En el recinto descubierto bajo la basílica romana hay también otros detalles que refuerzan aún más este sentido cósmico: encontramos once aberturas en el techo que representarían a las siete esferas de los planetas de la cosmología platónica, además de las cuatro estaciones. Por otra parte, muchos relieves mitraicos muestran, además de la habitual tauroctonía, la representación de dos figuras masculinas que portan antorchas: Cautes y Cautopates. El primero sostiene la antorcha apuntando hacia arriba, simbolizando el “ascenso” del sol que se inicia con el solsticio de invierno, mientras que el segundo señala con su antorcha hacia abajo, representando el solsticio de verano y el comienzo del “declive” del sol, con el que Mitra –dios de luz– se identificaba. En otras ocasiones, Cautes y Cautopates van acompañados de un toro y un escorpión respectivamente, representando entonces las fechas de los equinoccios. A todos estos detalles hay que sumar que otras representaciones mitraicas incluyen también representaciones del sol y la luna, además de los doce signos del zodíaco.

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Cautes y Cautopates

En función de estas escenas y siguiendo la historia mitológica reconstruida gracias a la iconografía, los investigadores concluyeron que Mitra era considerado el dios responsable del movimiento de las estrellas, además de ser el Creador (algunas inscripciones aluden a él como “Padre Creador”) y que su hazaña del sacrificio del toro permitió la armonía, regeneración y revitalización del Cosmos, como parece demostrar una frase descubierta en otro mitreo, el de Santa Prisca: “Y él nos salvó mediante el riego de la sangre eterna”.

Un Mapa Estelar

Durante décadas, esa ha sido la interpretación defendida por la mayoría de lo historiadores. Sin embargo, en las últimas décadas del siglo pasado, varios profesores universitarios plantearon una hipótesis fascinante. En 1989 uno de ellos, el orientalista David Ulansey, publicaba un artículo en la revista Scientific American, en el que defendía que las representaciones de la tauroctonía, como la que puede contemplarse en San Clemente, eran en realidad un “mapa estelar” en toda regla.

Según Ulansey, el sacrificio del toro no representa un episodio puramente mitológico, sino un fenómeno astronómico cuya existencia se descubrió, precisamente, coincidiendo con la aparición del culto mistérico de Mitra: la precesión de los equinoccios. En la Antigüedad, se creía que la Tierra era el centro del Universo y que la llamada “esfera de las estrellas fijas” giraba en torno a ella, aunque se consideraba que su eje estaba fijo. La precesión de los equinoccios consiste en que el eje de rotación terrestre sufre una especie de “bamboleo” (similar al de una peonza), lo que motiva que el ecuador celeste se bambolee también, provocando un alteración de la posición relativa del ecuador y la eclíptica (la línea imaginaria que recorre el sol durante un año respecto del fondo de “estrellas fijas”). Por este motivo, la posición de nuestra estrella se “retrasa” a lo largo de la eclíptica, de modo que cada año, el equinoccio se produce un poco antes. Se trata de un proceso muy lento, que tarde en completarse algo más de 25.000 años, pero que cambia irremediablemente el aspecto del firmamento. Así, según Ulansey, aunque en la actualidad durante el equinoccio de primavera el sol se encuentra en la constelación de Piscis, en época romana estaba en Aries y, en torno al 2000 a.C., se encontraba en Tauro. Y ahí, según el estudioso estadounidense, está la clave de la tauroctonía representada en San Clemente y, por consiguiente, el secreto de los Misteriosde Mitra.

Aproximadamente hacia el 125 a.C., Hiparco de Nicea descubrió la precesión de los equinoccios. Vio que la esfera de las “estrellas fijas” se “bamboleaba” y determinó que algo o “alguien” era el culpable. En opinión de Ulansey y los defensores de esta hipótesis, Mitra sería dicha fuerza: un nuevo dios tan poderoso que era capaz de “mover” el universo. Pero, ¿en qué se apoya exactamente Ulansey para defender la “teoría estelar”? Si nos fijamos en las imágenes de la tauroctonía con los datos ofrecidos por Ulansey, los animales y los objetos allí representados adquieren otra lectura: el toro, el perro, la serpiente, el escorpión, el cuervo,  el propio Mitra e incluso una copa y el león que también aparecen en ocasiones sería representaciones de las constelaciones de Tauro, Canis Minor, Hidra, Escorpio, Corvus, Perseo, Crater y Leo.

Excepto esta última, todas estas constelaciones se hallaban en el ecuador celeste cuando el sol se encontraba en Tauro durante el equinoccio de primavera, en torno al 2.000 a.C. De este modo, según Ulansey, la tauroctonía significaba “el fin del reino del toro (Tauro) como la constelación del equinoccio de primavera y el comienzo de una nueva era. Las otras figuras de la tauroctonía representan todas las constelaciones cuya especial posición en el cielo también terminó por la fuerza de la precesión. Matando al toro, Mitra estaba moviendo todo el Universo. Más aún, aquel poder permitía vencer las fuerzas del destino residente en las estrellas y garantizar al alma un paso seguro a través de las esferas planetarias después de la muerte”.

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Fresco con tauroctonía. El interior de la capa del dios está decorado con estrellas.

Aunque algunos autores, como el experto Walter Burkert, no ven clara esta interpretación, la hipótesis “estelar” cuenta con otras evidencias notables que la apoyan. De hecho, los estudiosos saben perfectamente que la astrología jugaba un papel importante en muchos iniciados en el mitraísmo. Así se desprende, por ejemplo, de varias inscripciones encontradas en distintos mitreos. En una de ellas un iniciado es recordado como studiosus astrologiae (estudioso de la astrología), mientras que en otra, un Pater (el grado más alto dentro de los Misterios mitráicos, ver anexo al final) llamado Nonius Olympius es descrito como “devoto del cielo y de las estrellas”.

En definitiva, lo más probable es que las distintas lecturas iconográficas de las obras mitraicas sean a un mismo tiempo correctas y complementarias, tal y como señala la historiadora italiana Luisa Musso: “Un intento por leer la tauroctonía revela una imagen con muchos significados, que puede ser entendida a distintos niveles. Desde la fase esencialmente esotérica, uno pasa a una interpretación en términos cósmicos (Mitra creador del Universo), y finalmente llega al nivel de exégesis astrológica, que es casi una nota al pie de página para eruditos”.

De una forma u otra, y mientras avanzan las investigaciones, lo único seguro es que este misterioso culto desapareció a finales del siglo IV, víctima de sus propias características y del creciente poder de su gran enemigo: el cristianismo. El éxito de los seguidores de Cristo terminó por sepultar –en el caso del mitreo de San Clemente de forma literal– a los Misterios de Mitra, cuyos secretos continúan hoy lejos de ser desvelados por completo.

Los 7 Grados del Mitraísmo

Al igual que en el resto de cultos mistéricos, en los Misterios de Mitra se accedía únicamente después de la participación en rituales de iniciación. Sin embargo, en el caso de los seguidores de Mitra se daba la circunstancia de que existían siete grados distintos, creando una compleja jerarquía no existente en otros Misterios. Los fieles de este dios –mayoritariamente legionarios, comerciantes y burócratas romanos– se sometían a distintos ritos iniciáticos (cuyo contenido es poco conocido, por su carácter secreto) para acceder a cada uno de los grados: Corax (Cuervo), Nymphus (esposo o novio), Miles (soldado), Leo (león), Perses (Persa), Heliodromus (emisario del sol) y, finalmente, Pater (el padre).

Bibliografía

* BOYLE, Leonard.  A short guide to St. Clement’s, Rome. Ed. Collegio San Clemente. (Roma, 1989).

* ALVAR, Jaime. Los misterios. Religiones “orientales” en el Imperio Romano. Ed Crítica. (Barcelona, 2001)

* BURKERT, Walter. Cultos mistéricos antiguos. Ed. Trotta. (Madrid, 2005).

* ULANSEY, David. The origins of the mithraic mysteries. Oxford University Press. (Nueva York, 1989)

* VV. AA. Cristianismo primitivo y religiones mistéricas. Ed. Cátedra. (Madrid, 2007)

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Astrología

La Astrología ha sido por mucho tiempo la gran olvidada en los círculos esotéricos. Muchos estudiantes de lo Oculto tienden a darle de lado ya sea porque, como toda cosa de valor, requiere de bastante tiempo y motivación aprenderla o, en otros casos, porque la consideran una generalización exagerada o una farsa total. Valdría la pena recordarles a estos últimos la frase de Sir Isaac Newton, una de las luminarias de la ciencia y el esoterismo por igual, cuando cuestionado por Sir Edmund Halley acerca de su adherencia a las doctrinas astrológicas, el gran matemático y físico respondió: “Yo he estudiado el asunto; usted, señor no”.

Cierto es que la Astrología se ha ganado un mal nombre, gracias a la proliferación en este último siglo de la charlatanería de los horoscopos de revista, y la mala imagen de supuestos astrólogos que tienen mucho más de show-man que de verdaderos cultivadores de este antiguo Arte. Por supuesto que este mal de la vulgarización y la impostura no ha sido exclusivo de la Astrología; el Esoterismo lo ha sufrido en todas sus vertientes.

Sin embargo, la genuina Tradición Esotérica de Occidente siempre ha considerado a la Astrología como una de sus más vitales disciplinas, una que permite al estudiante conocerse mejor a sí mismo y al mundo en el que vive, una Verdadera Llave Maestra que permite abrir el Libro Cerrado de la Naturaleza, y que muestra, para el ojo que puede ver, las conexiones internas entre las más disímiles ocurrencias de la vida, dándonos una idea del Plan Maestro que subyace tanto en las existencias individuales, como en los acontecimientos y ciclos colectivos. No por gusto muchos de los más conspicuos esoteristas de todos los tiempos la practicaron, y los más variados templos y logias de diferentes órdenes, y hasta de las religiones exotéricas, muestran en mayor o menor grado simbolismo astrológico.

Pretendemos con este pequeño artículo dar algunas pinceladas sobre el papel primordial que desde antiguo los sabios herméticos han asignado a la Astrología, y contribuir al mejor entendimiento de las bases filosóficas y esotéricas sobre las que se levanta la Ciencia Astral.

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Orígenes e Historia breve de la Astrología.

La mayoría de los estudiosos de la historia de la Astrología hacen remontar su origen a la civilización Babilónica. Según nuestro conocimiento histórico actual, los babilonios fueron los primeros en considerar el firmamento en busca de símbolos que se relacionacen con los acontencimientos de nuestro mundo sublunar, en una epoca tan temprana como 1600 AC. En particular, empezaron a correlacionar los eventos sociales y naturales con las posiciones planetarias y estelares, dando inicio así a la Astrología Mundana (rama que se ocupa del estudio de los ciclos astrológicos y su relación con el devenir humano y los eventos que afectan a la sociedad en general), evolucionando en un período más tardío hacia la Astrología Natal (rama relacionada con el destino y las características de una persona en particular).

La Astrología estaba fuertemente ligada a la religión en Babilonia, y los sacerdotes, al mismo tiempo fungían de astrólogos, augures y exorcistas. Se practicaba la magia planetaria extensivamente, como una forma de apaciguar las influencias adversas de las corrientes de luz astral, algo que actualmente ha caído en desuso en la Astrología Moderna, pero que fue muy popular entre los astrólogos medievales, y aún lo es entre los astrólogos hindues.

De esta fuente babilonica, la Astrología pasó a Egipto, Persia y Grecia. Fue justo en la ciudad de Alejandría, centro cultural del mundo antiguo y cuna del Hermetismo, donde alrededor del siglo III antes de nuestra era, hubo un auge de la Astrología, y se escribieron los tratados más antiguos que se conservan acerca de cómo levantar una carta astral y como interpretarla. La Astrología Helenística (asi se le llama por haber sido fruto de este período de oro del saber griego) nació marcada por las concepciones hermetico-filosóficas del momento, y esto se ve en conceptos como la división del Zodíaco en 4 elementos, las polaridades de los signos astrológicos, los planetas nombrados como las deidades arquetípicas griegas, más otros conceptos egipcios tales como los decanatos y el sistema de casas astrológicas, inspirado en el recorrido diario del Sol (Ra) por los cielos. Curiosamente referencias de escritos astrológicos de la epoca alejandrina mencionan como sus fuentes a ciertos libros escritos por Hanubios (Anubis), Hermes, Petosiris (gran sacerdote egipcio del 400 AC), Nechepso (Faraón egipcio) y Aesculapios, de los cuales nada ha quedado, como dejándonos a entender que fue de la fusión de las culturas y filosofías griega y egipcia de donde nació la Astrología.

En particular, se le atribuyen a Hermes Trismegisto la autoría de ciertos trabajos astrológicos del período alejandrino tardío. Sus títulos son: El Centiloquio (100 aforismos sobre astrología), Las Estrellas Bebenias, y Las Quince Estrellas (estos dos últimos sobre las influencias de las estrellas fijas). Otros escritos mágico-astrológicos son atribuidos a Hermes en los Papiros Mágicos Griegos, siendo principalmente listados de correspondencias entre planetas, estrellas, plantas, animales, piedras preciosas, etc., destinados a la práctica de la magia ceremonial y magnética. También, en los escritos de San Clemente de Alejandría, se menciona que los sacerdotes egipcios guardaban con gran veneración 42 libros herméticos, de los cuales 4 estaban dedicados a la Astrología y la Astronomía. Si bien sabemos que el nombre Hermes Trismegisto no fue llevado por una sola persona, o que más bien es una especie de figura arquetípica del Maestro Iluminado y Guia Sabio, no deja de ser relevante que estos libros llevaran el sello de autoría de Hermes, tal como el Corpus Hermeticum, donde si se lee con cuidado, se pueden hallar las llaves esotéricas de la Astrología. Todo esto apunta a que los estudiosos y practicantes de la Gnosis de Hermes entendían muy bien el Mensaje de las Estrellas, siendo este parte de su cosmología, curriculum de estudios y praxis.

Luego del ocaso de Alejandría, la Astrología fue conservada y desarrollada por los árabes durante la Edad Media. Fue a través de los astrólogos árabes que la Astrología volvió a entrar en Europa desde alrededor del siglo XIII. Luego, en el Renacimiento, vio un auge gracias a la proliferación de los estudios clásicos y la traducción de obras griegas tales como el Corpus Hermeticum y el famoso Tetrabiblos de Ptolomeo. En siglos posteriors siguió siendo cultivada aunque muy limitadamente. No fue hasta finales del siglo XIX y principios del XX que se volvio a popularizar el estudio de la Astrología, junto con el boom de la Teosofía, el Espiritualismo y las Ciencias Ocultas. En esta epoca se escriben también los primeros textos que enseñaron el arte astrológico a un mayor número de personas, ya que anteriormente muchos de los libros que existían habían tenido una tirada corta y habían terminado en las bibliotecas de estudiosos.

El siglo XX vio tanto la vulgarización de la Astrología, como su progreso y diversificación. Durante el mismo, se han creado organizaciones que reunen a astrólogos a nivel nacional e internacional, se ha hermanado con la Psicología para dar un mejor entendimiento de los procesos internos del ser humano (solo como ejemplo el famoso sicoanalista Carl Jung solía hacerle levantar una carta natal a muchos de sus pacientes), e incluso ha recuperado muchas de las técnicas de epocas pasadas, que se habían perdido, y que han reaparecido con las traducciones de autores medievales, latinos y griegos. Hoy en día contamos con una bibliografía extensa, y en bastantes casos, muy seria, sobre las diferentes ramas de la Astrología, sin contar los variados softwares que reducen las horas de cálculos necesarias para levantar cartas astrales a segundos, por lo cual este es un momento privilegiado para su estudio.

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Bases esotéricas de la Astrología. Destino.

“Como es arriba, así es abajo; y como es abajo, así es arriba”

 Kybalion

La Astrología está marcada profundamente por este axioma. Para los astrólogos, la primera y más importante relación oculta es aquella entre lo celeste y lo terretre, el mundo de arriba, los Astros, y el mundo de abajo, sublunar, nuestro planeta. Esta idea de correpondencia entre las posiciones astrales y los eventos terrestres ha sido vista de diferentes maneras desde la Antiguedad. Los antiguos se inclinaban por la teoría de la causalidad directa, o sea, pensaban que había una relación directa entre lo que acaecía en los Cielos, y lo que ocurría en la Tierra. Paracelso, el famoso medico, alquimista, astrólogo y esoterista, proponía que la influencia de los Astros era de naturaleza no física, mas bien sutil-eterica, la cual impacta al hombre en su cuerpo astral y crea las diferentes situaciones de su vida, incluso sus desarmonías físicas, tema este en el que Paracelso se especializaba.

Hoy en día muchos hay que se inclinan por el enfoque no-causal de Jung. El famoso sicólogo proponía el concepto de sincronicidad como explicación para los aciertos astrológicos.

La sincronicidad, a grosso modo, no es más que la ocurrencia de signos que nos hablan de nuestra situación, mas no son la causa directa de las mismas. Por ejemplo, un augurio, una carta de Tarot, un hexagrama del I Ching, no causa la situación del consultante, mas la refleja y la clarifica desde un punto de vista espiritual, debido a la conexión de todos con todos. Sea cual sea el enfoque, podemos ver que antiguos y modernos esoteristas hallaban significado y revelación a través de la Astrología.

En el Corpus Hermeticum, Primer Tratado, el Nous revela a Hermes: “La Mente el Dios, que es a la vez macho y hembra, y contiene en sí Luz y Vida, dió a luz por Nombre a una segunda Mente Creadora, la cual, siendo dios del fuego y del espíritu, creó a su vez siete gobernadores dueños contenedores del cosmos sensible, cuyo gobierno se llama Destino.” Aquí, los siete gobernadores a los que se refiere son los Siete Planetas Sagrados conocidos por los antiguos, que esotéricamente son considerados como los órganos del Sistema Solar, los Logoi de la Doctrina Secreta, los centros de irradiación y reflexión de la Luz Astral, o fuerza cósmica en la que vivimos y tenemos nuestro Ser, cuyas mareas están marcadas por los ciclos de estas esferas. Hermes menciona aquí la palabra Destino, y este es un tópico candente en Astrología y Esoterismo en forma general.

Hay un destino como tal? Esta es una pregunta acuciante. La respuesta dada por Hermes está en el medio de los dos extremos: En cierto sentido si, y en otro no. Dejemos que Hermes mismo nos ilustre: (…) A diferencia de todos los demás seres vivos de la tierra, sólo el Hombre es doble: mortal por el cuerpo, inmortal por el Hombre esencial. Por consiguiente, a pesar de ser inmortal y poseedor de plenos poderes sobre todas las cosas, está sujeto a la muerte y sometido al Destino. Siendo superior a la estructura se volvió esclavo dentro de la estructura. Siendo andrógino, de padre andrógino, y no sometido al sueño porque viene del que nunca duerme, sin embargo es vencido…

La Materia obece leyes, y por Materia me refiero tanto a la materia física como a la más sutil, etérica, astral y mental. La Materia está sometida a los ciclos del Destino, que no es más que la Ley Cósmica Invariable e Impersonal, la cual la Astrología personifica en las Esferas Celestes, sus posiciones y aspectos. En el Hombre, las chispas divinas han encarnado descendiendo desde el Reino del Incondicionado y libre Espiritu, hacia el Mundo de la Ley Karmica, la Rueda que no para, el mundo donde rige la ley del Ritmo, ciclos de crecimento y decrecimiento, tales como los marcados por los Astros en su deambular celeste. Hermes nos clarifica entonces, que en su parte Divina, en su Esencia, el Hombre es Libre, sin embargo, su Materia (entiéndase cuádruple realidad o cuaternario inferior) está sujeta a las Leyes Cósmicas. Mientras más desconectado de su naturaleza divina está el ser humano, más material es, más robótico se comporta, más sujeto está al Fatum Astrológico.

Paracelso, un convencido del poder de la influencia sidérea sobre los asuntos del mundo, nos da una clave acerca del accionar del Destino en el ser humano y cómo vencerlo: “El astro está sometido al sabio, ha de regirse por él, y no él por el astro. El astro sólo rige, gobierna, coacciona y fuerza al hombre que aún posee en si una fuerte naturaleza animal, y que no puede hacer más que seguirla, como el ladrón no puede rehuir a los galgos, el asesino a la rueda del tormento, el pescador a los peces, el pajarero a los pájaros o el cazador a la caza. Pero ello se debe a que un hombre así no se conoce a sí mismo y no sabe utilizar las energías que yacen ocultas en él, y no sabe que también lleva el astro en sí, que es el Microcosmos y guarda en sí todo el firmamento con todas sus potencias. Por eso con razón puede ser llamado necio y tonto y ha de estar sometido en dura esclavitud a todo lo terreno y mortal. El hombre sabio es el que rige su vida a partir de la sabiduría Divina y a imagen de Aquel según el cual ha sido creado. Este sabio gobierna ambos cuerpos: el “sideral”, etéreo y el elemental, material. A ambos tiene que servir el hombre, y deambular por cada uno de ellos para cumplir la ley del Señor y encontrarse en armonía con la Naturaleza, con la Voluntad de Dios y el Espíritu Divino”

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Nunca mejor dicho. El adagio “Sapiens Dominabitur Astris” (La Sabiduría domina los Astros) es la llave a mayor libertad. El hombre, en su evolucionar, eleva su rata vibratoria, y por lo tanto es libre de trabajar las influencias que se van a manifestar desde planos más sutiles. Sin embargo, la generalidad de los humanos, y eso nos incluye también a muchos de nosotros los estudiantes herméticos, debido a que estamos inmersos la mayor parte del tiempo en nuestra personalidad, y a que no hacemos espacio para que se manifieste el Espíritu, sentimos con fuerza los embates de la Ley. De tal modo que si en determinado momento se activa una influencia astrológica adversa para una persona X, es muy probable que dicha persona no pueda hacer mucho por balancearla, a no ser que haya desarrollado un equilibrio interno grande a través de la meditación y la elevación espiritual.

¿En que puede entonces ayudar la Astrología? ¿En que puede ser útil conocerla? Pues bien, en mi opinión hay múltiples ventajas de índole muy práctico:

Primero, nos permite conocernos mejor. A través de la Astrología Natal podemos conocer nuestras tendencias innatas, esas semillas kármicas que están prontas a florecer, aquellas pautas que a veces son inconscientes para nosotros, pero que debemos aprender a concientizar y trabajar. “Gnouthi Seauthon”, decía en el Oráculo de Delfos: “Hombre conócete a ti mismo”. La Astrología nos puede dar una mano grande en esta tarea. O sea, como primera ventaja es una herramienta que nos ayuda en el autoconocimiento profundo. Es el trabajo del Azufre o auto-estudio y auto-observación para el mejoramiento.

Segundo, nos permite saber qué ciclos e influencias están, han estado y estarán activos en nuestra vida, y de esa forma podremos comprender mejor el pasado, vivir más concientemente el presente, y plantar las mejores semillas para el futuro. El conocimiento de los ciclos o Astrología Predictiva, verdadera aplicación práctica del Principio del Ritmo, es la clave para el accionar conciente, pues nos dice cuándo estamos nadando contra la corriente, o cuándo la corriente está a nuestro favor, así como cuáles energías están o estarán impactando nuestra esfera personal, dándonos, si tenemos la Sabiduría, el Autocontrol y la Maestría necesaria, la oportunidad de trabajar concientemente con nuestras situaciones. Es el trabajo de la Sal, o la paciencia de vivir en el momento y trabajar poco a poco en la Gran Obra.

Por último, la Astrología también nos da una visión integradora del Cosmos. Con ella nos damos cuenta de la Unidad subyacente en Nuestro Sistema Solar, y cómo la Vida en todos los planos del mismo, fluye y refluye. La Astrología en su vertiente esotérica nos explica qué camino debemos seguir para evolucionar e ir sutilizándonos, como diría Paracelso, cómo dejar de ser hijos de Saturno (las deudas del destino, el Plomo), para convertirnos en hijos del Sol (la imagen viviente de la Oculta Divinidad, el Oro). Este es el trabajo del Mercurio, el verdadero conocimiento con alas en los pies, balance de la Sal y el Azufre, que nos permite ascender hacia realidades superiores.

La Astrología, junto a la Teurgia y la Alquimia, forman el Trivium Hermético, las tres disciplinas de los iniciados, su Alef-Mem-Shin. Alef –Astrologia es el aliento, el conocimiento que necesitamos tener de nosotros mismos y del Universo; Mem, es el agua de la Meditación o Teurgia, que disuelve la conciencia personal en la Conciencia Cósmica; Shin es la Alquimia, cuyo fuego diviniza, trasmuta y nos eleva a una Octava Superior.

Es hora ya de que salga del olvido la Astrología y nos brinde nuevamente sus más nobles herramientas para nuestra labor. La Piedra que desecharon los Arquitectos es ahora la Piedra Angular. Es mi parecer que la Astrología, vista con miras espirituales, tiene mucho que ofrecer a los iniciados en su trabajo. Ojalá este pequeño artículo despierte el interés por el estudio serio de esta antigua Clave. Sophia los bendiga a todos.

Artículos Leonel Ramón Verdeja Orallo

55a Horoskop RudolfaII., G. Hoefnagel-

Bibliografia consultada:

Posteado por Frater Aleph

La Influencia Planetaria

1- A History of Horoscopic Astrology, by James Herschel Holden, published by American Federation of Astrologers.

2- Corpus Hermeticum, Tratado I: Poimandres. Version online.

3- El Kybalion, Editorial Kier.

Libros

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El Kybalion

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Corpus Hermeticum de Hermes Trimegisto

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Artículos Astrológicos III