Arquitectura, Urbanismo y Astrología

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Jaime Salcedo Salcedo

Resumen

La ceremonia fundacional de una ciudad hispanoamericana en el siglo XVI tenía por objeto, además de la fundación jurídica, del reparto de tierras y de encomiendas y del trazado físico del poblado, la consagración de la nueva población, para lo cual se invocaba la protección divina. Según parece, las prácticas astrológicas formaban parte del ritual y estarían orientadas a asegurar que la nueva ciudad se insertara armónicamente en el orden cósmico. Estudio de un caso en el ámbito de la Audiencia de Quito.

De Buena y Felice Constelación del Cielo

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En el siglo XVI, la creencia en la validez de los principios y enunciados de la astrología estaba muy extendida en todos los estamentos de la sociedad. Si bien la doctrina católica sobre el libre albedrío y la responsabilidad personal sobre los actos excluía a la astrología judiciaria de todo reconocimiento – dado que implicaría dudar de la Providencia divina, aceptar la noción de predestinación y justificar cualquier acción humana como moralmente indiferente -, ni siquiera los Pontífices romanos escapaban a la fascinación del horóscopo, que interpretaban como influencia de los astros sobre las mutaciones del mundo sublunar, o como señales de la Voluntad Divina. Fue el caso de la batalla de Lepanto librada contra la armada turca el 7 de octubre de 1571 por la flota al mando de don Juan de Austria, en defensa de la Cristiandad. En esa ocasión, el Papa Pío V, que encomendaba la decisiva jornada a la Virgen mediante el rezo del rosario, creyó ver en el horóscopo del día en que había de librarse la batalla un anuncio de la victoria que aguardaba a los cristianos, lo que en efecto ocurrió. Dispuso el Pontífice entonces que, en adelante, se celebrase el 7 de octubre como el día de Santa María de la Victoria bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario, a cuya intercesión atribuyó el buen suceso. El 7 de octubre de 1571 el Sol se encontraba en la constelación de Virgo, en Conjunción con Spica, la estrella más notable del grupo; y, según el Tetrabiblos, el tratado de astrología escrito en el siglo II por Claudio Ptolomeo, el astrónomo de Alejandría considerado el príncipe de los astrólogos, Virgo es el Signo (la constelación) que corresponde a Grecia, donde está el golfo de Lepanto.

En esta dirección parece apuntar la recomendación incluída en las Ordenanzas de Poblaciones dadas por Felipe II para las Indias el 13 de julio de 1573 sobre que, al escoger el sitio para hacer una fundación, se atendiera a que fuese de buena y felice constelación el lugar, según expresa la ordenanza 34.

En su Tesoro de la lengua castellana o española, publicado en 1611, Sebastián de Covarrubias define constelación, así: La observación de las estrellas, así fijas como errantes, en la genitura o en cualquier otra ocasión, por la cual se levante figura. El término, según el Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico de Joan Corominas, está tomado del latín constellatio-onis, posición de los astros. En este sentido lo usa Titus Burckhardt, para quien constelación es una determinada situación cósmica.

Dadas las correspondencias y simpatías que la astrología había establecido entre el Macrocosmos y el Microcosmos, a la constelación se le atribuían las más variadas influencias. Ptolomeo había definido la doctrina según la cual cada estrella notable tendría características análogas a las de los planetas y en cada región y ciudad de la Tierra tendría mayor influjo una estrella, fija o errante, y una constelación. Consecuentemente, estableció un sistema de regencias estelares sobre ciudades y países.

Esta doctrina fue atendida hasta el siglo XVIII, por lo menos. Que la constelación fuese buena o mala podía ser la diferencia entre la felicidad y la desgracia, la salud y la enfermedad, o la paz y la guerra, idea que puede encontrarse en cronistas de Indias. Según la Recopilación Historial (Libro Tercero, Capítulo Duodécimo) de fray Pedro de Aguado (15131589), Jiménez de Quesada se decepcionó de la región de Neiva, en el Nuevo Reino de Granada, por no tener oro en abundancia y porque juntamente con la constelación o influencia de las estrellas y cielo y del sol, que arde con gran resplandor, la hacen enferma, de tal manera que pocos españoles de los que en ella entraron dejaron de enfermar, e indios Moxcas que con los españoles iban, de morir, por lo cual tornáronse a salir del valle de Neiva, a quien por su mala constelación y suceso llamaron el valle de la Tristeza. Lucas Fernández de Piedrahita (1624-1688) trae también a colación estos influjos estelares en su Noticia historial de las conquistas del Nuevo Reino de Granada (Libro Duodécimo, Capítulo III), cuando narra el alzamiento de Álvaro de Hoyón en 1553; dice: Conque persuadido de su mal natural, o instigado de la mala constelación que corría en las provincias de arriba, de donde salía fuego bastante para encender las imprudentes inclinaciones de Hoyón se resolvió por fines del año antecedente de cincuenta y tres a tiranizar la misma villa de la Plata de la que era vecino. Y de la muerte violenta que sufrieron el capitán Juan de Cabrera, el gobernador Pedro de Ursúa, el Mariscal Jorge Robledo y otros conquistadores, explica (Capítulo VIII): Éstos más perecieron a las influencias malignas de la Estrella del Sur, que a los templados aspectos de la de Norte. Al parecer, de buena y feliz constelación resultó ser, en su opinión, la villa de La Palma, fundada en 1559, de la que Piedrahita dice que es favorecida… de tan benigno influjo, que con saber que alguno ha nacido en ella, bastará para acreditarlo de virtuoso. Por su parte, Agustín de Zárate (1504-1589) narra en su Historia del descubrimiento y conquista de la provincia del Perú (1555) que en 1531, cuando la expedición de Francisco Pizarro llegó al pueblo de Coaque, en el Ecuador, se hallaron algunas esmeraldas, y muy buenas, porque están debajo de la línea (equinoccial), y que los españoles se cubrieron de berrugas, fenómeno que Pizarro persuadió a sus hombres lo causaba la mala constelación de la tierra (Libro II, Capítulo I).

En España, como en todas partes, había adeptos y escépticos de la astrología, el Destino y la adivinación. El autor de la obra De rebus gestis Ferdinandi Cortesii, la Vida de Hernán Cortés, atribuída a Francisco López de Gómara (1511-1564), manifiesta: Búrlense cuanto quieran los que piensan que las cosas humanas dependen del acaso; yo para mí tengo que de toda eternidad está señalado a cada uno por decreto inmudable el camino que debe correr. Sin embargo, en el capítulo CCXIX de su Historia General de las Indias, Gómara dice de los adivinos: Los que hablan por revelación y por espíritu de Dios profetas son, de los cuales creo enteramente cuanto escribieron. A los demás no creo, ni se han de creer, y en las consideraciones que hace en el capítulo CXC sobre las guerras civiles del Perú, comenta: Atribuyen los indios, y aun muchos españoles estas muertes y guerras a la constelación de la tierra y riqueza; yo lo echo a la malicia y avaricia de los hombres.

Otros cronistas manifiestan su posición, crédula o escéptica, ante la astrología, de que todos se servían para explicar cualquier cosa, desde el destino personal, como se lee en la Segunda Parte de la Historia general de las Indias, de Gómara: Llevó a Cuba Juan Suárez, natural de Granada, a tres o cuatro hermanas suyas con el pensamieto de casarse allí con hombres ricos, pues ellas eran pobres; y hasta una de ellas, que tenía por nombre Catalina, solía decir muy de veras que tenía que ser gran señora, o porque lo soñase, o porque se lo dijese algún astrólogo; hasta los conflictos sociales, como parece decir en burla Mateo Alemán, por boca de Guzmán de Alfarache: La gente villana – afirma – siempre tiene a la noble, por propiedad oculta, un odio natural. Que así como unas cosas entre sí se aman, se aborrecen otras, por influjo celeste (Primera Parte, Libro Primero, Cap. VIII).

No obstante, la fe en la influencia local de los astros, o constelación del lugar, y en la capacidad de la genetlíaca y de la astrología judiciaria para determinar tales influjos, parece aumentar durante el reinado de Felipe II y a lo largo del siglo XVII, y, de acuerdo con René Taylor, deja su impronta en la arquitectura del monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Según George Kubler, Juan Bautista de Toledo, primer arquitecto de esta memorable obra, estacó, en presencia del Rey, el cuadro del edificio de manera que quedara girado en el sentido de las agujas del reloj con una desviación de doce grados al noreste con respecto a los puntos cardinales, desviación justificada so pretexto de proteger los aposentos de los vientos del norte y de permitir mayor asoleación a la casa del rey. Doce grados es la declinación solar correspondiente al 10 de agosto en el calendario juliano, lo que significa que, en realidad – tal como lo señaló Taylor -, El Escorial fue orientado con el Sol del día de la festividad de San Lorenzo, conmemorativa de la batalla de San Quintín (10 de agosto de 1557) que consolidó, frente a Francia, la posición española en Europa durante más de un siglo.

En cualquier caso, a despecho de los escépticos del influjo celeste, lo cierto es que en las instrucciones dadas por Felipe II para nuevas poblaciones en Indias, en la escogencia del sitio donde habría de hacerse una fundación las Ordenanzas de Poblaciones de 1573 recomendaban atender a los astros, astrológicamente. Cómo se hacía Ptolomeo indica en el Tetrabiblos: Los grados concordantes con el nacimiento de las ciudades, que reciben el influjo del Zodíaco son los puntos en que se hallaban el Sol y la Luna al empezar su edificación, y la posición de los Ángulos, especialmente el Ascendente, como sucede en las natividades. Y en el Centiloquio, sentencia XXXVI, prescribe: Para edificar las ciudades, sírvete de las estrellas fijas que pueden traer ventajas. Pero para edificar las casas, sírvete de los planetas. En otras palabras, se levantaba el horóscopo de la fundación, atendiendo a la posición del Sol y de la Luna en relación con los Ángulos y con las estrellas fijas favorables, sin descuidar la situación de los demás planetas. Y no era para menos; la sentencia XXXVI concluye con una advertencia terrible: Los señores de la ciudad que tenga a Marte en el alto del Cielo, perecerán casi todos por la guerra.

Simbolismo Fundacional y Estructura Urbana

Monasterio Escorial - Pintor sevillano Jesús Fernandez

Jesús Fernandez

Mircea Eliade, el historiador de las religiones, y Gabriel Guarda, historiador del urbanismo hispanoamericano, han señalado que los elementos simbólicos presentes en la ceremonia fundacional de una ciudad indiana del siglo XVI remiten esa actividad a los ritos de consagración del espacio sagrado, la hierofanía, cuyos orígenes remontan a la Antiguedad. Según Eliade, para las culturas que tienen profundo sentido religioso la consagración del lugar es lo que le da estructura, pues el espacio sagrado, significativo, es el único que es real, que existe realmente, y todo el resto, la extensión informe que le rodea.

La estructura urbana de nuestras ciudades coloniales, fijada desde la fundación de cada una, constituye un tipo urbano: un conjunto de elementos – calles, plazas, templos, edificios de gobierno, casas y huertas de particulares, así como formas de gobierno y propiedad – cuyas relaciones tópicas y formales están definidas previamente en lo jurídico, y el todo, dispuesto en el espacio significativo, diferenciado, sacralizado, la ciudad.

La forma cuadrada de la ciudad y de su plaza, con el rollo-omphalos en su centro, así como otros indicios, permiten colegir que el modelo de la ciudad indiana durante los siglos XVI, XVII y XVIII fue una síntesis de la Nueva Jerusalén de la visión del profeta Ezequiel y de la Jerusalén Celestial del Apocalipsis de San Juan: una ciudad ideal cristiana, de inspiración divina, en la que reinaría la Justicia, la luz y el orden, en la que nada haría falta, pues todas las necesidades estarían satisfechas. Los símbolos sagrados – el cuadrado, el centro del mundo, la iglesia, la ciudad misma – recordarían a sus pobladores el orden ideal al que estaban llamados en su vida terrena y en sus relaciones comunitarias y de vecindad.

La ceremonia fundacional tenía por objeto no sólo dar origen jurídico y físico a la ciudad, sino, mediante la consagración del lugar, insertarla armónicamente – en su realidad profana – dentro del orden cósmico preexistente. Las analogías entre el modelo sagrado y la ciudad profana sugieren correspondencias entre el espacio y el tiempo terrenos, profanos, y el espacio y el tiempo celestes, sagrados, según la Imago mundi de la época. Consecuentemente, es lícito suponer que al Thema mundi correspondiera un thema urbis, es decir, que los símbolos astrológicos hayan de aparecer en el urbanismo indiano y en la arquitectura que le da forma. El presente ensayo intenta indagar sobre tales correspondencias en la ciudad indiana, tomando como caso de estudio la ciudad de Guadalajara de la Victoria de Buga, de la gobernación de Popayán, en el distrito de la Audiencia de Quito.

Guadalajara de la Victoria de Buga

praza buga

Las ciudades fundadas en el área de influencia de Quito presentan rasgos estructuradores y morfológicos comunes. Responden a una misma traza, que he denominado traza quiteña, similar a la que se dió a ciudades del Caribe desde la fundación de Santo Domingo en La Española (1503) hasta la de Santiago de Cuba (1515). Es la más antigua traza modelo empleada para fundaciones españolas en Indias, con geometría regularizada de manzanas y plaza cuadradas a partir de la fundación de Cali (1536) y Popayán (1537), y con su iglesia mayor orientada y situada en una esquina de la plaza, a la que no presenta su fachada principal sino la Puerta falsa, o Puerta del Perdón,11 tal como ocurre con la catedral de Quito.

A esta traza modelo responde la ciudad de Guadalajara de Buga en su última localización. La ciudad que había fundado en 1559 Alonso de Fuenmayor en la Sierra de los Pijaos (Cordillera Central colombiana), fue trasladada, por petición de los vecinos, al cálido y fértil valle del río Cauca en 1569 por el gobernador de Popayán Álvaro de Mendoza Carvajal, pues el sitio primitivo resultó inconveniente por ser páramo.

(…)

Hecha la fundación y trazada la ciudad, la mudanza del vecindario se hizo cinco meses después, el 4 de marzo de 1570, cuando los señores del Cabildo habiendo llegado todos juntamente con otras personas y vecinos, fijaron en medio de la plaza el rollo que alzaron de la vieja ciudad y llevaron a la nueva, y notificaron a los vecinos que debían comenzar a hacer sus casas dentro de los quince días siguientes y que no alzaran las manos de ellas hasta acabarlas.

De entre los datos fundacionales de la ciudad, se destacan como elementos simbólicos los siguientes:

a) La toma de posesión y la medición del sitio, que deja, así, de ser indiferenciado.

b) El trazado ortogonal de la ciudad, sobre dos ejes en cuya intersección – el mundus del urbanismo romano -, en la cabecera del solar de la iglesia, se habría hincado la cruz.

c) La situación del rollo sobre uno de los ejes, en medio de la plaza, como Árbol de la Vida y ombligo del mundo recreado en la ciudad.

d) La forma cuadrada de la plaza y de las manzanas, alusión a la Jerusalén Celestial.

El simbolismo astrológico de la fundación, como veremos, hará resaltar otros dos elementos simbólicos:

e) La fecha de la fundación, y

f) El nombre dado a la ciudad – Guadalajara de la Victoria -, en correspondencia con la advocación de la iglesia a Nuestra Señora de la Concepción de la Victoria.

Iconografía Celeste

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Miguel Claro

Muchas personas en nuestro tiempo han oído hablar, desde niños, de los signos y de las constelaciones del zodíaco. Pueden reconocer las figuras con que se los representa y saben que tales figuras están construídas a partir de grupos de estrellas, aunque ya pocos puedan identificarlas en el cielo, tan difícil de apreciar en nuestras noches urbanas, demasiado luminosas para mirar a las estrellas, y verlas.

En realidad, todas las estrellas que cubren el firmamento están convencionalmente agrupadas en constelaciones que representan alguna figura y que, en su mayor parte, cuentan con un mito asociado. En el cielo del hemisferio norte desfilan, por ejemplo, Perseo y sus compañeros de aventura; Hércules, el legendario hijo de Zeus; el barco de los argonautas; la Hidra, con el Cuervo y la Copa de la fábula; el gigante Orión con sus sabuesos, que se esconde en Occidente en cuanto aparece por Oriente el Escorpión que Artemisa envía para castigale por su soberbia petulante. Y una variada serie de personajes, animales y objetos mitológicos de la Antiguedad clásica. Mitos celestiales, muchos de ellos, que parecen historias contadas por las abuelas a los niños para entretenerlos en noches de insomnio y, de paso, enseñarles a ser valientes y fuertes como Hércules, abnegados y constantes en el amor como Perseo, y a no ser fanfarrones como Orión, ni embusteros como el cuervo.

En cada grupo estelar, las estrellas más brillantes recibieron un nombre que, en versión árabe o latina, ha llegado hasta nosotros y que denomina alguna parte o atributo de la figura mitológica original. Así, Algol -“el Demonio”- es la cabeza de Medusa; Denébola, la borla de la cola del león; Al Crab, el aguijón ponzoñoso del Escorpión.

La constelación de Virgo, la virgen – que posee una brillante estrella, Spica (a Virginis) y un grupo de estrellas de menor magnitud que describen un gracioso arco-, ha generado una amplia variedad de imágenes construidas sobre el boceto que sugieren sus estrellas y las de las constelaciones vecinas. La más común, la que representa una muchacha con alas en actitud de cosechar la mies, con una espiga en la mano, puede proceder de cuando el paso del Sol por las cercanias de Spica coincidía, en el mundo europeo del Mediterráneo, con la temporada de cosecha del grano en septiembre, o, posteriormente, con la vendimia en octubre (e Virginis es Provindemia, Vindemiatrix). Quizás en tiempos remotos se confiaba la siega a las jóvenes impúberes o solteras. Según Carole Stott, Higinio identificaba a Virgo como Tyche, la diosa de la fortuna, que lleva el cuerno de la abundancia.

En la Grecia helenística y en Roma, Virgo generó la imagen de Cibeles, la Magna Mater de los frigios, diosa de la fertilidad festejada con misterios orgiásticos, montada en un carro celestial tirado por los dos leones en que fueron transformados Atalanta e Hipómenes, que corresponden a las constelaciones de Leo y Leo Minor. Spica es, en esta imagen, una llave, o el tímpanon de Cibeles, o, en fin, un manojo de espigas que la Diosa Madre lleva en la mano izquierda, en tanto que en la derecha (Vindemiatrix) porta un cetro. Algunas imágenes de Deméter, la diosa maternal de la agricultura y del trigo – la romana Ceres -, también parecen seguir el asterismo de Virgo. A esta diosa se la suele representar de pie, apoyada en una antorcha – que manifiesta el calor estival – y con un manojo de espigas en la mano izquierda. Virgo ha servido también para construir la imagen de Temis, la personificación griega de las leyes sagradas, o la de la hija que Temis tuvo de Zeus, Astrea, representada, como la Justicia, vendada, portando en una mano una balanza – la vecina constelación de Libra -, y en la otra, una espiga o una espada. Y la imagen de Atenea, la virgen diosa de la sabiduría, protectora de las artes y de los tribunales, hija también de Zeus, venerada en Atenas con el sobrenombre de Partenos, “Doncella”, e identificada, según Falcón Martínez, con Niké, la Victoria.

Modernamente, Cesare Ripa utilizó imágenes derivadas de Virgo en su Iconología (1613). Propuso, por ejemplo, representar a las embajadoras del Sol, las Horas, hijas del Sol y de Cronos, como muchachas aladas; en particular la Hora Primera del día, una joven bella y sonriente, volando con el símbolo del Sol en su diestra y un ramo de flores en la izquierda.

El cristianismo, que surgió en medio del mundo helenístico y se expandió por él, heredó y desarrolló sistemas filosóficos y cosmológicos griegos, entre ellos la teoría de la Sphaera (cosmografía y astronomía teórica propiamente dicha), que, basada en los orbes planetarios propuestos por Ptolomeo en el Almagesto, concibe el universo como geocéntrico y ordenado en un conjunto de sucesivas esferas planetarias, inscritas una en la otra y todas en el firmamento o “esfera de las estrellas fijas” – o de las constelaciones (Aries, Tauro, Géminis) -, a su vez inscrita en el cristalino, en el Primum Mobile – o esfera de los signos -, y en el Empíreo, “esfera del Trono de Dios” y cielo de los elegidos. Las esferas novena y décima fueron agregadas para explicar el movimiento giratorio de las estrellas y el que produce la precesión de los equinoccios. El modelo completo llega a tener cuatro esferas elementales, diez astronómicas, cuatro esferas del alma y otras diez esferas del espíritu, por influencia de los escritos herméticos y alquímicos. De este sistema forma parte la conocida división helenística del camino del Sol (la Eclíptica) en doce partes iguales determinadas por el ciclo de Júpiter – el Zeus chronocrator de los griegos, que tarda doce años en dar una vuelta completa sobre el fondo de las estrellas fijas -, y la consecuente división de la eclíptica en doce constelaciones (el Zodíaco) en la esfera de las estrellas fijas, y en doce signos en la esfera del cielo sin estrellas. De la teoría astrológica correspondiente, expuesta por Ptolomeo en el Tetrabiblosacerca de cuya validez y alcance discutieron los Padres de la Iglesia y teólogos de distintas épocas, preservó el cristianismo la idea de que los astros, como los demás seres, pueden revelar el Plan Divino de la Creación y la Voluntad Divina, de la que son significadores o símbolos.

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En su expansión, el cristianismo asimiló antiguas deidades, en particular las diosas-madres y las diosas vírgenes, identificándolas con la virgen María, la madre de Jesús, y sustituyéndolas, finalmente, por María, en torno a la cual se mantuvieron, modificados, muchos de los atributos y ritos de las antiguas diosas paganas.

También asimiló el cristianismo el simbolismo astrológico del mundo helenístico, desde los primeros tiempos. La Estrella de Belén anuncia el nacimiento del Mesías; un eclipse solar simboliza la muerte de Cristo en la cruz; en la letanía lauretana, a María se la invoca como Stella Matutina, y en la visión apocalíptica de San Juan, la mujer cubierta del Sol, con la Luna bajo sus pies y coronada de doce estrellas, a la que le fueron dadas dos alas para que pudiera huir del dragón, recuerda a la imagen de Virgo alada, que en los siglos posteriores inspiraría una extensa iconografía mariana, rica en alusiones que emanan de sus atributos celestes.

De la Virgen Apocalíptica, o Virgen Preexistente, cuya iconografía quedó fijada en el siglo XV, se deriva una serie de imágenes de María que culmina con la Inmaculata Conceptio, que llega a reunir como atributos de María las alas, la corona de estrellas, el Sol (como astro o como aureola), la Luna (en forma de creciente lunar, bajo los pies de la Virgen), y una espada flamígera (Spica) con la cual vence al Demonio, representado éste con figura antropomorfa o como un dragón alado que la Virgen sujeta con una cadena mientras lo pisa, en alusión a la promesa del Génesis.

Pertenece a la serie de imágenes inspiradas en la Virgen Apocalíptica, entre otras, la de Nuestra Señora de la Victoria. En ella, la Virgen amenaza al Demonio con una palma, transposición de la “palma de la victoria”, atributo de la diosa griega Niké y de su equivalente diosa romana de la Victoria, representada ésta como una muchacha muy bella (por lo tanto, deseable), joven (por lo tanto, veleidosa), alada (por lo tanto, huidiza) y con una corona de laurel en una mano y la palma en la otra. La Virgen de la Victoria no tiene alas, como no las tenía Niké en Atenas luego de la victoria sobre los persas, cuando los atenienses le quitaron las alas y las sandalias para que la voluble deidad permaneciese siempre con ellos.

Astronomía en el Descubrimiento, Conquista y Poblamiento de América.

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Aunque son escasas las referencias documentales que hay sobre estos temas, se puede afirmar que los conquistadores y pobladores de América sabían lo suficiente de astronomía como para poder calcular posiciones de los astros, por ejemplo, y que manejaban los instrumentos necesarios para ello, como astrolabios, sextantes, cartas y tablas estelares y de declinaciones del Sol, etc. (es decir, que conocían la teoría de la sphera y que sabían hacer uso de ella) y que utilizaban el saber y el simbolismos astrológicos concientemente en sus vidas y en la construcción de las colonias.

En la España del siglo XVI, como en el resto de Europa, había diversos grupos humanos de los cuales se esperaba que tuvieran conocimientos astronómicos y astrológicos. En primer lugar, los navegantes y cosmógrafos. La astronomía era indispensable para la navegación de altura, y los monarcas españoles, que con la conquista y poblamiento de América tuvieron que resolver el problema de garantizar una navegación segura y regular, crearon, en 1508, el cargo de Piloto Mayor en la Casa de Contratación de Sevilla, organismo encargado del tráfico de personas y mercancías entre España y América. El Piloto Mayor impartía la cátedra de la Sphaera a todos los pilotos de embarcaciones que hicieran el viaje a América. Los pilotos eran también instruídos en el manejo y la fabricación de instrumentos de observación astronómica, tales como el astrolabio náutico y el sextante, con los cuales era posible establecer la latitud de un lugar y calcular la hora y la fecha. Estos instrumentos sirvieron no sólo para la navegación sino para la confección de cartas geográficas. Por lo demás, España produjo un importante grupo de tratadistas de la Sphaera y del “arte de navegar”, que incluían en sus libros tablas de declinación solar y de estrellas situadas mediante coordenadas en el firmamento, ya desde el siglo XI, cuando el rey de Castilla Alfonso X hizo elaborar las llamadas Tablas alfonsinas, que estuvieron en uso varios siglos. Martín Cortés, hijo del conquistador de México, escribió y publicó en 1551 uno de estos tratados, el Breve compendio de la esphera y arte de navegar.

En segundo lugar, los médicos. Una de las razones por las cuales perduró la astrología durante toda la Edad Media y el Renacimiento, es que la medicina se basaba en las teorías helenísticas de Hipócrates y de Galeno, que asignaban a los elementos y a los astros un papel primordial en la constitución humana, en la etiología de la enfermedad y en la preparación y administración de los medicamentos. Hasta el siglo XVIII, por lo menos, la medicina fue iatromatemática, medicina astrológica . Los almanaques y los Libros de las Horas incluirían el homo signarum, con las regencias de los signos en los órganos, y darían las indicaciones pertinentes para sangrías, etc.

En tercer lugar, todo bachiller en artes. Siguiendo la tradición helenística continuada durante la Edad Media y el Renacimiento, la educación de los jóvenes se basaba en el estudio de las Artes Liberales: el Trivium, nivel elemental, que comprendía la Gramática, la Retórica y la Dialéctica; y el Quadrivium, o nivel superior, que abarcaba la Aritmética, la Geometría (incluída aquí la Geografía), la Música y la Astronomía. En la Astronomía quedaba incluída la Astrología, aún la judiciaria.

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Finalmente, los arquitectos, con la autoridad de VitrubioLos diez libros de Arquitectura, Libro IX); los ingenieros militares y el clero. Y los astrólogos, el primero de los cuales, el campesino. Conocer por los astros los días de marea y el rumbo a seguir, las cualidades de las plantas y las horas para la administración de las medicinas, orientar un edificio en forma adecuada, calcular el calendario y establecer por la Luna y el Sol los días de la siembra, la poda y la recolección, son sólo aplicaciones diferentes de un mismo saber. Las “cabañuelas”, que todavía son atendidas por la gente del campo en nuestros días, son un modelo a escala solar reducida de la trayectoria o ciclo anual del astro rey: doce días – “pequeñas cabañas” microcósmicas, análogas a las doce Casas macrocósmicas que el Sol recorre en el año – que, según se supone, permiten anticipar cómo serán los cambios climáticos durante el año que comienza.

Gonzalo Fernández de Oviedo, el notable cronista, sabía mirar las estrellas, como se desprende de algunos comentarios suyos en el Sumario de la natural historia de las Indias, que publicó en Toledo en 1526. De Santa María de la Antigua del Darién, ciudad de la que fue justicia, dice (Capítulo X) que “está allí el norte muy abajo, y cuando las guardas están en el pie, no se pueden ver, porque están debajo del horizonte”. “Norte” es como se designaba en el siglo XVI a Polaris, la Estrella Polar. De las “Guardas del Norte” dice el Diccionario de Autoridades (1734) que así “se llaman dos Estrellas notables mui lucidas, colocadas en la espalda de la Ossa menor, por las quales se rigen los navegantes y la gente del campo para observar la hora de la noche, atendiendo al parage que se hallan, respecto de la estrella polar”. Se trata de Kochab y Pherkad. Que las guardas de la Osa estén “en el pie” significa que estén verticalmente debajo de Polaris. En latitudes por encima de los 30º, como en Europa, la Osa Menor es siempre visible en cielo despejado. En el Darién, en esa posición – “en el pie” -, desaparecen las guardas tras el horizonte, efectivamente. No obstante que sabía mirar el cielo, Fernández de Oviedo declara que la razón de que los días y las noches sean iguales allí, sólo la saben “los especulativos y personas que entienden el esfera”.

Un amigo de Fernández de Oviedo era persona que entendía el esfera: el Bachiller Martín Fernández de Enciso. Como alcalde mayor de la gobernación acompañó a Alonso de Ojeda a la conquista y poblamiento de Urabá en 1509, y como alguacil mayor de Castilla del Oro, a Pedrarias Dávila en 1515. Escribió una célebre Summa de Geografía que trata de todas las partidas y provincias del mundo, en especial de las Indias, y trata largamente del arte del marear, juntamente con la esfera en romance, con el regimiento del sol y del norte – dice el colofón -, dirigida al rey de Castilla Carlos I y publicada en Sevilla en 1519. La Summa de Enciso, práctica y útil como un moderno manual, fue impresa de nuevo en 1530 y en 1546, y traducida al inglés en el mismo siglo XVI.

En sus Elegías de varones ilustres de Indias, el soldado-cronista don Juan de Castellanos, Cura Beneficiado de Tunja, hace gala de erudición en el tema. Así, en la batalla que Belalcázar libró con Rumiñahui (Hruminavi) por la conquista de Quito en 1534, el cronista pone en boca de Belalcázar las palabras no temais contrario Marte, que lo mismo puede ser una metáfora pedante, que una referencia mitológica o una alusión astrológica. Y para indicar que ya era mediodía cuando se libró la batalla, dice: Al tiempo pues que el padre Faetone / demediaba su rápida carrera, / cuando la sombra del frondoso monte / cerca las plantas sin salir afuera / en aquel hemisferio y horizonte, / equinoccio perpetuo del esfera. También era el mediodía (Titan en la cuarta esfera / puso su resplandor en igual peso) cuando la mujer del cacique Pete arengó a los indios gorrones que perseguían a Ampudia desde Cali. En este episodio, los españoles lograron refugiarse en la villa de Ampudia, y Castellanos encuentra ocasión de denunciar un error de cómputo astronómico del calendario en que aquellos incurrieron: Llegaron martes de Semana Santa, / año de treinta y seis que ya corría, / pero por ser los curas ignorantes, / la celebraron ocho días antes (Tercera Parte, Elegía a la muerte de Sebastián de Benalcázar, Cantos Primero y Tercero).

Fuera del ámbito marinero no se encuentra mención de astrolabios, sextantes ni de ningún otro instrumento de medición astronómica, cuya falta, sin embargo, anota como algo inexcusable, aún para la navegación de cabotaje, Cristóbal de Salinas, tesorero de la gobernación del Río de San Juan, en su extensa relación de 1543 al Rey sobre la conquista y poblamiento de esa región a cargo de Pascual de Andagoya. En efecto, denuncia Salinas que don Juan de Andagoya, hijo y teniente del Gobernador, decidió despoblar el pueblo de San Juan en 1540, y que el barco en que mandó embarcar la gente no tenía velas que valiesen nada, ni jarcias, ni piloto, ni aguja de marear, ni carta de marear, ni piloto, ni astrolabio. No obstante, el caso de don Juan debió ser relativamente raro. Por lo demás, es evidente que los conquistadores tuvieron que usar del astrolabio por mar y tierra, como lo demuestra que las distancias que los conquistadores estiman entre las ciudades y accidentes geográficos en sus relaciones, suelan ser muy precisas a vuelo de pájaro, es decir, en línea recta, lo que implica que las habrían calculado astronómicamente con ayuda de un astrolabio o de un sextante, y de tablas de declinación solar.

Acerca del uso de tratados de astronomía – teórica o aplicada – y astrología en Hispanoamérica, Irving A. Leonard transcribe un pedido de libros hecho por un librero de la Ciudad de los Reyes en 1583, que el proveedor debía llevarle de España a Lima, en que se piden ocho ejemplares del Regimiento de navigación de Pedro de Medina, y dos ejemplares de Judiciaria inquisicione, que Leonard no pudo identificar pero que debe tratarse de un libro de interrogaciones, como se denominaba la consulta sobre asuntos concretos – pasados y futuros – mediante la astrología judiciaria. En la Nueva España, Leonard documenta un envío de libros desde Sevilla el año 1600, entre los cuales se encontraban la Sphaera de Juan de Sacrobosco; la cosmografía de Petrus Apianus; la Introductiorum astronomicum de Jacques Le Fèvre; las Teóricas de planetas, de Peurbachius; De revolutionibus orbium caelestium, de Copérnico; la Astronomía e jeumetría de (Juan Pérez de) Moya; las Tablas astronómicas del rey don Alfonso; almanaques y efemérides para distintos años (1513-1531; 1532-1551; 1552-1562; 1554-1576; 1583-1606; etc.), de diversos autores; un tratado sobre el astrolabio, de Joanes Stoeffler, otro de Johann Engel, y otro más de Gemma, entre los libros de astronomía. Entre los de astrología, De peste y astrología, de Juan de Carmona; De astrología, de Levinus Lemnius; un tal Especulum uranicum, libro de astrolojía; El espejo de astrolojía judiciaria, de Francisco Junctino; el Centiloquio de Ptolomeo; unas Questiones y rrespuestas matemáticas por Francisco Bodino; De principios de astrología comentado por Balentino Nabot, de Alcabicio; obras de Fírmico Materno y de Marsilio Ficino, y una Reprobación de la astrolojía judiciaria. Puesto que muchas de estas obras estaban publicadas en latín, los potenciales compradores de las mismas debían ser miembros del clero, doctores, licenciados o bachilleres. Cabe mencionar aquí algunas obras americanas sobre estos temas: la Physica speculatio del toledano Alonso de la Vera Cruz, publicada en México el año 1557, en que este fraile agustino expone el De coelo, el De meteoris y el De generatione et corruptione de Aristóteles; el Repertorio anual de observaciones astronómicas (México, 1651 y 1652; Lima, 1654 a 1660) y el Tratado de los cometas (Lima, 1665) de Francisco Ruiz Lozano (1607-1677), catedrático de prima de matemáticas de la Universidad de San Marcos de Lima; y dos obras de don Carlos de Siguenza y Góngora (México, 1645-1700), el Manifiesto filosófico contra los cometas y la Libra astronómica y filosófica (1691), en que este catedrático de astrología de la Real y Pontificia Universidad de México rebate los prejuicios sobre la naturaleza del cometa de 1681 como temores supersticiosos.

El simbolismo astrológico – dentro de un contexto Cristiano – no estuvo ausente del arte hispanoamericano, como lo manifiesta claramente la bóveda de la capilla de la Virgen del Rosario en la ciudad de Santo Domingo, cuyas representaciones zodiacales identificó Santiago Sebastián con los Apóstoles, según las correspondencias propuestas por el alemán Julius Schiller para cristianizar las constelaciones, incluídas en su atlas estelar Coelum Stellatum Chistianum de 1627, acogidas por el astrónomo jesuíta español José Zaragoza en su Esphera en común celeste y terráquea , de 1675. Dentro de esta temática están también las series de pinturas del Zodíaco de las catedrales de Lima y del Cuzco, y las pinturas de la cúpula de la Compañia de Quito, doce ángeles alternados con doce medallones con retratos de cardenales jesuítas alrededor de la linterna-Sol, equivalentes místicos de los signos y de los meses en torno al Verdadero Sol, Cristo.

Es probable que sólo unos pocos integrantes de las huestes españolas de conquistadores y pobladores hayan tenido suficiente conocimiento de la Sphaera como para calcular latitudes y distancias – quizás solamente los cartógrafos y pilotos -, hacer cómputos de calendario o sacar un horóscopo. Menor aún sería el número de los hombres cultos capaces de inspirar, como mentores, programas de simbolismo astrológico como los citados – talvez debería mencionar al jesuita Juan Bautista Coluccini, autor de la traza del conjunto del colegio e iglesia de la Compañía en la capital del Nuevo Reino de Granada, de quien Juan Flórez de Ocáriz dice en sus Genealogías del Nuevo Reino de Granada (1674) que era gran Arquitecto, y con inteligencia de Astrología -. Pero entre los que hubiera y los que llegaron más tarde no parece haber faltado en cada ciudad, o en sus circunvecinas, quién la entendiera.

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“De Buena y Felice Constelación” Criterios Astrológicos Utilizados en el Urbanismo Hispanoamericano de los Siglos XVI Y XVII

Jaime Salcedo Salcedo

 Universidad Nacional de Colombia

Intento dilucidar el alcance de una recomendación incluida en las Ordenanzas de Poblaciones dadas por Felipe II en 1573, la ordenanza 34, en que se dice que, para la elección del sitio donde se ha de poblar, se tenga consideración a que el lugar sea “de buena y felice constelación”.

Esta enigmática guía para los fundadores de ciudades pareció tomar sentido a la luz de las relaciones entre la magia astral y la arquitectura que el profesor René Taylor dio a conocer en su estudio sobre El Escorial1. Como se recordará, de acuerdo con Taylor, en la construcción del palacio-monasterio los arquitectos de Felipe II – y el Rey mismo – habrían considerado las condiciones astrológicas más adecuadas para dar inicio a las obras, mediante la elaboración de horóscopos particulares para la colocación de las piedras fundacionales tanto del monastério como del templo; y la orientación del conjunto habría sido definida mediante su alineación con el Sol del ocaso del día dedicado a San Lorenzo, en cuya memoria se erigió el monumento. Este conjunto de acciones caerían, en opinión de Taylor, dentro de los procedimientos de la magia astral.

1 TAYLOR, René, “Arquitectura y magia: consideraciones sobre la ‘idea’ de El Escorial”, Traza y Baza, Universidad de Barcelona, Barcelona, núm. 6, 1976, pp. 5-62. Con el mismo título fue publicado en forma de libro por Ediciones Siruela, Madrid, 1992. El estudio de Taylor fue publicado originalmente en inglés en Essays in the History of Architecture in honor of Rudolf Wittkower, Phaidon, Londres, 1967.

Bajo esta luz, la recomendación de las Ordenanzas de Poblaciones parece referirse a criterios astrológicos de elección. Si es así, puede formularse esta hipótesis:

Dada una empresa fundacional, se levantaría previamente el horóscopo correspondiente para consultar sobre la conveniencia de la fundación o sobre la fecha y hora favorables para llevarla a cabo.

En 1996, puse a prueba esta hipótesis en el estudio de un caso, el de la fundación y traza de Guadalajara de la Victoria de Buga, pequeña ciudad de la Gobernación de Popayán en la jurisdicción de la Audiencia de Quito. A falta de soporte documental, la comprobación de la hipótesis consistió en constatar si el horóscopo de la fundación de Buga era propicio y si en la traza urbana o en sus edificios había alguna evidencia del horóscopo en cuestión. Pude comprobar que debió de hacerse un horóscopo previo a la fundación de Buga y que este horóscopo, con las consideraciones de él derivadas, determinó la orientación de la traza y la arquitectura de su iglesia matriz2.

2 SALCEDO, Jaime, “Arquitectura, urbanismo y astrología en Guadalajara de Buga”, Ensayos, Instituto de Investigaciones Estéticas, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 2000, núm. 5, pp. 177-209. La versión original del estudio fue preparada para el 49 Congreso Internacional de Americanistas, Quito, 7 a 11 de julio de 1998.

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Miguel Claro

Dado que el tema astrológico se presta a todas las especulaciones posibles, el método que seguí en este estudio de caso tuvo las siguientes precauciones:

a) Para trabajar con los mismos márgenes de error que tenía un observador de los astros en el siglo XVI, encargué un astrolabio para la latitud de Buga y para el año de su fundación, 1569; y con la ayuda de un programa de astrología para computador, hice mis propias observaciones.

b) Las fechas de las observaciones fueron las correspondientes a la fundación de Guadalajara de Buga (30 de septiembre de 1569, en el calendário juliano), al día en que se hincó el rollo de la justicia en medio de la plaza (4 de marzo de 1570) y a la fiesta de la Virgen bajo cuya advocación se puso la iglesia y la ciudad el día de su fundación, Nuestra Señora de la Victoria (7 de mayo de 1570).

c) Para las posibles interpretaciones de los horóscopos fundacionales utilicé las doctrinas astrológicas de autores que, por haber sido de uso en España (Ptolomeo, Albubather, Zahel, Ben Ezra, Messahallah, Bethen, Hermes, Almanzor, entre otros), pudieron formar parte del saber de los fundadores de Buga. Por la misma razón, dejé de lado libros de astrología de uso restringido, como el tratado atribuido a Enrique de Villena, o que no tuvieron difusión popular, como el innovador método de interpretación astrológica propuesto por Ramón Llull.

d) Puesto que en la fachada de los pies de la iglesia hay un ojo de buey que proyecta el disco solar en el interior de la nave y capilla, las observaciones fueron hechas tanto por fuera de la iglesia como dentro de ella.

Los resultados de este estudio fueron concluyentes:

1) La orientación de las calles de la ciudad está determinada por la sombra que, a la hora del ocaso, proyectaba el campanario de la iglesia el 7 de mayo, día dedicado a Nuestra Señora de la Victoria. Ese día corresponde, en el calendário gregoriano, al 17 de mayo.

2) Igual orientación tiene el eje de la iglesia. En el ocaso del 7 de mayo, el ojo de buey proyectaba el disco solar en el centro del retablo mayor, donde estuvo alojada hasta 1794 la imagen de Nuestra Señora de la Victoria. Este procedimiento coincide con el que se empleó en la orientación de El Escorial con la declinación del sol del día de la festividad de San Lorenzo a la hora del ocaso, si bien en El Escorial el sol, a esa hora, ya está oculto tras los cerros.

3) Las figuras labradas en la portada de la iglesia matriz de Buga pueden ser interpretadas en clave astrológica, y cobran sentido pleno.

Aunque la hipótesis se cumple en el caso estudiado, es necesario hacer una última comprobación, de la que me ocuparé en seguida: establecer si ocurre lo mismo en otras ciudades del Continente. Esto nos permitirá saber también si fue una práctica habitual, o sólo utilizada en casos excepcionales; y si seguir critérios astrológicos de elección es una particularidad de ciudades fundadas en tiempos de Felipe II o si se encuentran vestigios de esta costumbre en el urbanismo de Hispanoamérica antes y después del reinado del Rey Prudente.

Las Técnicas Astrológicas

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Para la buena inteligencia de lo que sigue hay tener en cuenta que por ‘constelación’ se entendía “la observación de las estrellas, así fijas como errantes, en la genitura o en cualquier otra ocasión, por la cual se levante figura”, tal como lo define en 1611 Sebastián de Covarrubias en su Tesoro de la lengua castellana o española; lo que ahora se denomina ‘horóscopo’ o ‘carta astral’.

Con la observación de la ‘constelación’ en la fundación de una ciudad, los pobladores esperarían resolver los siguientes problemas:

a) Establecer si la fundación era conveniente, para lo cual podían utilizar la técnica de las interrogaciones. Esta técnica se basa en observar los astros en el momento en que se formula la pregunta; por lo tanto, si no hay registro escrito de la fecha y hora en que se hizo la consulta, no es posible reconstruirla a posteriori.

b) Establecer la fecha y hora adecuadas para llevar a cabo la fundación, mediante la técnica de las elecciones. Esta consulta puede ser reconstruida, aún sin un registro de que haya sido hecha, pues basta conocer la fecha en la que se llevó a cabo una acción, levantar el horóscopo y, si existen aspectos deseables y no hay impedimentos astrológicos, elegir la hora en la cual, por casas y aspectos, el horóscopo era propicio3. Si se cumplen ambas condiciones (aspectos deseables, ausencia de impedimentos), es posible – y aún probable, en ciertos casos – que el horóscopo en cuestión haya sido consultado.

3 Esta técnica permitía sortear posiciones planetarias de detrimento, mediante la escogencia de la hora favorable. Al respecto, según Zahel (Elecciones astrológicas), “Doroteus dijo: «Cuando veas que la Luna está impedida, y se separa de la cosa (asunto tratado), y que no se puede realizar, y no puedas diferirlo, no des participación a la Luna en el Ascendente, haz que (la Luna) sea cadente respecto a él, pon en él una Fortuna, refuerza el Ascendente y su gobernante»”. SANTOS, Demetrio (trad.), Textos astrológicos: Zahel, Hermes, Almanzor, Bethen, Madrid, Ediciones Teorema, 1985, p. 195.

c) Definir las bondades del sitio mediante la técnica de las natividades, o astrología genetlíaca. Con esta técnica se buscaba establecer también si el destino que le aguardaba a la nueva ciudad era de prosperidad o penuria, de perdurabilidad o destrucción, de manera similar a como se establecía para las personas4. Esta consulta astrológica también puede ser reconstruida.

4 Así, mediante el horóscopo fundacional, el astrólogo Valente predijo en el siglo IV que la nueva ciudad de Constantinopla “estaba destinada a vivir 696 años, es decir, hasta el 1026” (MONTERO, Santiago, Diccionario de adivinos, magos y astrólogos de la Antigüedad, Madrid, Editorial Trotta, 1997, p. 311, ‘Valente’).

Tanto las interrogaciones como las elecciones pertenecían al ámbito de la astrología judiciaria. Aunque la Iglesia reprobó esta rama de la astrología5, la doctrina de Santo Tomás de Aquino sobre que las estrellas inclinan pero no obligan permitió que se siguieran utilizando las técnicas de elecciones y de natividades para establecer a qué inclinaban los astros.

5 La astrología judiciaria y otras formas de adivinación fueron prohibidas por Sixto IV (14711484), Sixto V (1585-1590) y el Quinto Concilio de Letrán (1512-1517).

En el estudio de las cartas astrales he seguido el principio de Ptolomeo según el cual “los grados concordantes con el nacimiento de las ciudades, que reciben el influjo del Zodíaco son los puntos en que se hallan el Sol y la Luna al empezar su edificación, y la posición de los Ángulos, especialmente el Ascendente, como sucede en las natividades”. En consecuencia, en los horóscopos he procurado situar los luminares en lugares privilegiados de las divisiones del cielo, en particular, en casas angulares. De acuerdo con Zahel, los siete lugares más importantes de la bóveda celeste eran, en su orden, el Ascendente (Casa I), el Medio Cielo (Casa X), el

Descendente (Casa VII), el Ángulo de Tierra (Casa IV), y las Casas XI, V y IX. Las Casas II y III eran consideradas “lugar de exaltación de la Luna”. Lugares de impedimento podían ser los que no aspectan al Ascendente, es decir, la Casa VIII, o Casa de la Muerte; la Casa VI, o Casa de la Salud, “lugar de enfermedades y defectos”, y la Casa XII, “lugar de los enemigos, trabajos y tristezas”6.

6 Zahel, Sobre las interrogaciones, 15, “División del círculo y dignidades de las Casas” (SANTOS, ob. cit., p. 24). El Centiloquio de Hermes, aforismo 46, proporciona un orden de importancia de las Casas ligeramente diferente al de Zahel: “El primero de los ángulos es el horóscopo (Ascendente). El segundo el Medio Cielo. El tercero el Occidente (Descendente); el cuarto el Angulo de tierra (I. C.). Del resto de las posiciones, el primero es la 11a (Casa), después la 2a, después la 5a, a continuación la 9a, después la 3a y finalmente la 8a. La 6a y la 12a son las peores” (SANTOS, ob. cit., p. 273).

Además de la situación de los astros en las casas, la interpretación del horóscopo atendía a los ‘aspectos’ que los planetas formaban unos con otros. Por aspecto se entiende la distancia angular aparente que hay entre los planetas en un momento dado. Los aspectos considerados eran, de menor a mayor, la Conjunción (0°), el Sextil (60°), la Cuadratura (90°), el Trígono (120°) y la Oposición (180°). Debe tenerse presente que las cualidades atribuidas a los aspectos se basaban en la teoría de la armonía – la música de las esferas – determinada por las relaciones numéricas tanto entre las distancias que se suponían entre las órbitas de los planetas, como por las cualidades de los planetas mismos y por las figuras geométricas que formasen los astros de acuerdo con las distancias angulares que los separaran7. En su estudio sobre El Escorial, Taylor reproduce y comenta un grabado incluido en la edición Cesariano de Vitrubio, de 1521, que muestra las correspondencias armónicas de los aspectos y los tonos musicales, y un grabado de la edición Caporali del mismo tratado, de 1536, figura que ilustra los aspectos del horóscopo. A este último grabado me referiré, por comodidad, como ‘grabado Caporali-Vitrubio’.

7 PTOLOMEO, Claudio, Tetrabiblos (trad. de Blanca Hernández, Madrid, Las Mil y Una Ediciones, 1981), Libro Primero, cap. XIII; AGRIPPA, Cornelio, Filosofía oculta (trad. Héctor V. Morel, Buenos Aires, Editorial Kier, 4a. edición, 1994), Libro II, cap. XXIV, XXV y XXVI.

A cada planeta se atribuía un ‘orbe’ dentro del cual podía formar aspecto con otro. Así, al Sol le asigna Zahel el mayor orbe, 30°, de los cuales 15° delante y 15° detrás del cuerpo real del astro; a la Luna, 12° delante y 12° detrás; a Saturno y a Júpiter, 9° ; a Marte, 8°, y a Venus y a Mercurio, 7°. Estos orbes son los que he aplicado en este estudio para definir los aspectos entre los planetas.

Los horóscopos eran representados mediante la ‘cuadratura del círculo’, que hace confusas al profano las relaciones entre los astros. Usaré la forma moderna de representación mediante una rueda con las divisiones de signos y casas, que muestra lo que un astrólogo del siglo XVI podía ver en su astrolabio.

Astrología y Urbanismo

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La consulta astrológica sobre las ciudades y las construcciones es de vieja data. No sólo está incluida entre las consideraciones de Ptolomeo y Vitrubio, sino que se encuentra mencionada como acción memorable en historiadores antiguos.

Sobre Roma, de acuerdo con Santiago Montero, existía la tradición según la cual había sido fundada el 21 de abril del año 753 a. C., pero, según Plutarco, hacia el 44 a. C. el astrólogo Tarucio de Firmo determinó “la constelación bajo la cual Roma había sido fundada” por Rómulo y concluyó que el acontecimiento tuvo lugar el 4 de octubre “entre la hora segunda y la tercia”. El horóscopo de Roma para el 4 de octubre del 753 a. C. muestra a Saturno en trígono con la Luna, a la Luna en trígono con Marte, a Júpiter en sextil con Marte, a Marte en sextil con Venus y a Venus en sextil con Saturno. Los sextiles forman medio hexágono y al doble trígono se opone un doble sextil.

Una ciudad de la que se ha conservado su horóscopo fundacional, correspondiente al 30 de julio del 762 d. C., es Bagdad8. En el horóscopo para esa fecha y lugar puede verse medio hexágono configurado por los aspectos planetarios: al amanecer, Júpiter hacía oposición a Marte; Marte, sextil al Sol; el Sol, sextil a la Luna; y la Luna, sextil a Júpiter. Además, Marte estaba en trígono con la Luna; el Sol, en trígono con Júpiter; y Saturno hacía cuadratura al Sol.

8 SAMSÓ, Julio, “Introducción” al Tratado de astrología atribuido a Enrique de Villena, edición de Pedro M. Cátedra, Barcelona, Editorial Humanitas, 1983, pp. 55-56.

Las ‘figuras’ resultantes para Roma y Bagdad nos remiten al grabado Caporali-Vitrubio. Este grabado representa aspectos astrológicos entre signos zodiacales. Los signos de una misma triplicidad – en este caso, la de Agua, constituida por Cáncer, Escorpión y Piscis – están armónicamente relacionados por el aspecto de trígono. Las cuatro triplicidades forman, en los ángulos del Zodíaco, aspectos de cuadratura y oposición, que están indicados con el cuadrado que une los signos de Aries, Cáncer, Libra y Capricornio, y sus diagonales. El grabado indica también el sextil que se forma cada dos signos, aspecto que establece la armonía recíproca entre dos triplicidades que se complementan, este caso, las de Agua y Tierra; la figura resultante es un hexágono regular inscrito en el Zodíaco. Finalmente, un rectángulo que une los signos de Tauro, Virgo, Escorpión y Piscis pone de presente la combinación armoniosa de los aspectos trígono y sextil. En astrología, estos mismos aspectos determinan la armonía entre los planetas.

Las ‘constelaciones’ que veremos a continuación corresponden a ciudades y villas fundadas como tales en los siglos XVI y XVII, y de las cuales se tiene certeza sobre las fechas de fundación. Fueron excluidos del estudio, por ahora, los numerosos pueblos de indios entablados mediante visitas de jueces pobladores, con la única excepción del pueblo de San Lorenzo de Aburrá, hoy El Poblado, en Antioquia (Colombia), dada su relación con el poblamiento del sitio de Nuestra Señora de la Candelaria de Aná, precedente que fue de la erección de la villa de Medellín.

Referencias obligadas serán las ‘constelaciones’ de la construcción de El Escorial y de la fundación de Buga, y la ilustración de los aspectos del horóscopo del grabado Caporali-Vitrubio. La orientación de la traza de Buga respecto del sol del día de Nuestra Señora de la Victoria, según el mismo principio aplicado para orientar el monasterio de El Escorial respecto del sol del día de San Lorenzo, exige considerar también los horóscopos del día del santo patrono escogido por los pobladores para cada fundación.

La brevedad impone resumir a lo esencial las descripciones e interpretaciones de los temas astrológicos, a limitarnos al análisis de las ‘figuras’ determinadas por los aspectos planetarios y a hacer caso omiso de la ubicación de cada planeta en los signos y las casas.

Los párrafos que siguen deben entenderse como precedidos de una condicional: si los horóscopos correspondientes fueron consultados.

Los Trígonos del Sol y la Luna y de la Luna y Saturno

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Los fundadores de un grupo de ciudades y villas habrían seguido, como criterio de elección, la presencia de trígono entre el Sol y la Luna o entre la Luna y Saturno, o alguna combinación de ambos trígonos. La armonía entre estos astros era deseable porque Saturno es “enemigo” del Sol y porque “lo que se realiza por el cielo de Saturno se deshace por el cielo de la Luna”, según Alí Ben Ragel9.

9 El libro conplido en los iudizios de las estrellas (Barcelona, Índigo, 1997), Libro Primero, cap. 4.

En el caso de Buga encontramos que, el día de su fundación, la Luna hacía trígono a Mercurio, a Saturno y al Sol, que se hallaban en conjunción en el Ascendente, al amanecer. Cuando se encuentra el aspecto trígono entre el Sol y la Luna, el Centiloquio de Bethen10 indica que es “día bueno para hacer todo (…), hacer obras en la tierra de cualquier clase (…); jurar la bandera; decretar la obligación de todo lo hecho” (aforismo 70), prescripciones aplicables a lo que se esperaba de una fundación. Sobre el trígono entre la Luna y Saturno, Bethen dice que es “día bueno en toda acción (…), benéfico para el rey, cultivar tierras y fundar edificios (…)” (aforismo 68).

10 SANTOS, ob. cit. Salvo indicación expresa, las citas de Bethen, Zahel y Hermes se referirán a esta obra.

Aspectos de trígono entre el Sol y la Luna y entre la Luna y Saturno aparecen con frecuencia en los horóscopos, sea en el del día de la fundación, sea en el del día del santo patrono cuya fecha caiga más próxima al día de la fundación. El Sol en conjunción con Saturno y en trígono con la Luna se encuentra en los horóscopos de las fundaciones de Nuestra Señora de la Asunción, Paraguay (15 de agosto de 1537) y de San Juan de la Frontera – Tucumán – en la Argentina (13 de junio de 1562). El trígono Sol-Luna se encuentra en el horóscopo del día de Santa Ana (26 de julio), previo a la fundación de Santa Ana de los Caballeros de Anserma (15 de agosto de 1539), en la gobernación de Popayán; en el de la primera fundación de la ciudad de La Palma, en el Nuevo Reino de Granada (17 de noviembre de 1561); y en el de la fundación de San Miguel de Cebú, por Legaspi, en Filipinas (10 de mayo de 1565).

Las dos fundaciones de Bogotá contienen también el trígono Sol-Luna. Si se sitúa el Sol en el Ascendente (el orto solar), en ambas cartas encontramos que el Sol hace trígono a la Luna; que la Luna se encuentra en la Casa 5, la Casa de los Hijos; y que la Parte de Fortuna coincide con la posición de la Luna. Si bien Zahel indica: “Tampoco has de preocuparte de poner la Parte de Fortuna en aspecto o conjunción con la Luna, en las interrogaciones o elecciones” (Zahel, Elecciones astrológicas), la coincidencia de la Luna con la Parte de Fortuna explica la importancia que se daba a la situación del Sol en el Ascendente, pues siempre que se lo sitúa allí, la Parte de Fortuna cae donde se encuentre la Luna. En la genetlíaca aplicada al urbanismo, este aspecto astrológico podría interpretarse como que el Sol apoyaba de buen grado la fundación de familias y prometía muchos hijos y heredamientos a los pobladores.

El 6 de agosto, Saturno hacía trígono a la Luna; el 27 de abril, el Sol hacía trígono a Saturno; en ambos temas, Saturno ofrecía aspectos favorables. Estas y otras coincidencias en los dos temas astrológicos permiten conjeturar que Jiménez de Quesada haya levantado – o hecho levantar – los horóscopos de ambas fundaciones, especialmente habida cuenta de que, en este caso, consta la creencia del fundador en la astrología.

El trígono Luna-Saturno está presente también en el horóscopo del 29 de junio de 1561, día de San Pedro, patrono de Mendoza, en Argentina, fundada en el valle de Rioja el 2 de marzo de ese año. Saturno hacía trígono a la Luna el día de la fundación de Arequipa (15 de agosto de 1540); el de la fundación de Santiago de Chile (24 de febrero de 1541); en Buga, el día en que los señores del Cabildo hincaron el rollo en medio de la plaza; y la Luna hacía trigono a Saturno el día de Nuestra Señora de la Victoria que siguió a la fundación de Buga, ciudad de la que era patrona.

Otras fiestas patronales inmediatas a la fundación de poblaciones en las que aparece el trígono Saturno-Luna son el día de la Candelaria, 2 de febrero de 1649, patrona del sitio de Nuestra Señora de la Candelaria de Aná, y también el día de la Candelaria, 2 de febrero de 1676, patrona de la nueva villa de Medellín erigida en noviembre del año anterior en la jurisdicción de Antioquia. Parece significativo el tema astral del trígono Saturno-Luna en estas poblaciones. El sitio de Aná fue poblado en 1646 con mestizos y blancos que ocupaban tierras del resguardo de San Lorenzo de Aburrá, pueblo de indios entablado el 2 de marzo de 1616, fecha en la cual aparece también el trígono Saturno-Luna. Posteriormente, los vecinos de Aná – que en 1649 adoptaron a Nuestra Señora de la Candelaria como patrona del lugar – solicitaron que el sitio fuera erigido en villa, lo que concedió la Corona en 1674. Erigida la villa con el nombre de Medellín el 2 de noviembre de 1675, el 20 de noviembre de ese año se reúnen por primera vez los señores de su Cabildo y eligen “por Patronos de esta Villa a la Virgen Santísima de la Candelaria y al señor San Juan Bautista y nombran así mismo la Parroquial dicha Santa Iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria”, cuya fiesta, el 2 de febrero del año siguiente, como vimos, tuvo en su cielo otro trígono Saturno-Luna.

El Trígono de Saturno y Júpiter

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Según se creía, Júpiter podía contrarrestar las malas influencias de Saturno, razón por la cual el trígono entre Saturno y Júpiter era considerado favorable para cualquier empresa. Como se verá, este aspecto aparece en la ‘constelación’ de varias fundaciones, v. gr., en la traslación de San Bonifacio de Ibagué el 7 de febrero de 1551.

Los Grandes Trígonos

La ‘constelación’ del día de Nuestra Señora de la Victoria que siguió a la fundación de Buga tenía a la Luna en trígono con Saturno, a Saturno en trígono com Júpiter y a Júpiter en trígono con la Luna, lo que se conoce como Gran Trígono, ‘figura’ astrológica favorable, particularmente en este caso porque estaban implicados la Luna, Saturno y Júpiter. Al mismo tiempo, Júpiter hacía cuadratura al Sol, el Sol cuadratura a Marte y la Luna sextil a Marte, de manera que el conjunto incluía casi todos los aspectos ilustrados en el grabado de la edición de Vitrubio por Caporali.

San Lorenzo de Aburrá, el sitio de Aná y la villa de Medellín tienen conformado, cada pueblo en en su tema astrológico, un Gran Trígono: San Lorenzo de Aburrá, el día en que fue entablado, el gran trígono Saturno-Luna-Júpiter, especialmente benéfico; Nuestra Señora de la Candelaria de Aná, el día de la Candelaria de 1649, un gran trígono formado por el Sol, Saturno y la conjunción de Júpiter y la Luna; y Medellín, el 2 de febrero de 1676, día de la Candelaria, un gran trígono entre Saturno, la Luna y la conjunción de Júpiter y Marte.

Un Gran Trígono aparece con significativa frecuencia en las constelaciones de ciudades y villas. El 28 de agosto de 1534, día en que se firmó el acta de fundación de San Francisco de Quito, había uno entre la Luna, el Sol y Júpiter. La Villaviciosa de la Concepción de Pasto, fundada en 1537 y trasladada en 1540, presenta otro el 8 de diciembre de 1537, día de la Concepción, entre el Sol, Júpiter, y Marte y Saturno; y el 8 de diciembre de 1540 otro más, entre el Sol, la Luna y Júpiter. La Ciudad de los Reyes de Valledupar, el día de su fundación, 6 de enero de 1550, un gran trígono entre Júpiter, la Luna y la conjunción del Sol y Saturno. La Villa de Santa Cruz y San Gil, en la Provincia de Pamplona, tenía a Venus en trígono con la Luna, que estaba en conjunción con Saturno, y ambos, en trígono con la conjunción de Marte y Júpiter, el 3 de mayo, día de la Invención de la Cruz, del año 1689 en que fue erigida en villa.

Combinaciones de Trígonos y Sextiles

El gran trígono del 8 de diciembre de 1540 de Villaviciosa de la Concepción de Pasto incluye un sextil doble entre Júpiter y Saturno y entre Saturno y el Sol, con el aspecto de oposición entre Saturno y la Luna. La misma villa había gozado, el 8 de diciembre de 1537, de otro gran trígono con sextil entre la Luna y Júpiter y entre Saturno y Venus, trígono entre Venus y la Luna y oposición entre Venus y Júpiter y entre la Luna y Saturno, un rectángulo de sextiles y trígonos con las diagonales igualmente activas. Un gran trígono Luna-Saturno-Marte, acompañado del doble sextil Luna-Júpiter y Júpiter-Saturno se encuentra en el cielo del día de la fundación de Cartago, el 10 de enero de 1541. Otro, entre Saturno, la Luna y Venus, con sextil Luna-Júpiter, y doble sextil Luna-Marte, Marte-Venus, en el horóscopo del 12 de agosto, día de Santa Clara, de 1691, año de fundación de la villa de Santa Clara, Cuba.

Sextiles y trígonos con frecuencia forman semihexágonos que recuerdan el horóscopo de Bagdad. En la carta de la fundación de Santiago de Quito el 15 de agosto de 1534, todos los aspectos, excepto la oposición Venus-Júpiter y la conjunción Mercurio-Marte, son de trígono y sextil. Parecida ‘figura’ semihexagonal se encuentra en el horóscopo correspondiente al día de la fundación de Pamplona, el 1° de noviembre de 1549, con trígonos Sol-Luna y Saturno-Júpiter, uma ‘constelación’ inmejorable. También lo es la del 11 de junio de 1580, cuando Garay fundó la ciudad de Buenos Aires: Saturno estaba en sextil con Marte, Marte en sextil con la conjunción múltiple de Mercurio, la Luna y el Sol; estos tres astros hacían sextil a Venus, que estaba en oposición con Saturno, y al mismo tiempo Saturno hacía trígono al grupo Mercurio-Luna-Sol, Marte hacía trígono a Venus, y Venus a Júpiter.

El 18 de septiembre de 1606, cuando se fundó San Miguel de Ibarra, Mercurio hacía trígono a Júpiter y sextil a la conjunción de Marte y Saturno, que hacían trígono a la Luna y sextil a Júpiter, y Júpiter hacía sextil a la Luna; como la Luna estaba en trígono con Venus y Venus en sextil con Mercurio, también se formaba un rectángulo de trígonos y sextiles entre la Luna, Venus, Mercurio y Júpiter – Aries, Leo, Libra y Acuario -, con oposiciones entre Mercurio y la Luna y entre Venus y Júpiter. En la ‘constelación’ del día 17 de septiembre de 1691, a cuyo sol poniente está orientada la traza de la ciudad de Cartago (gobernación de Popayán), trasladada ese año al sitio actual, Júpiter hacía sextil a la Luna, la Luna al Sol y el Sol a Saturno; Júpiter hacía trígono al Sol; y la Luna, trígono a Saturno.

Muchos años antes, cuando Hernando de Tapia fundó Querétaro, encontramos una notable ‘figura’ de este tipo: el 26 de julio de 1531, Marte hacía sextil a Saturno, Saturno hacía sextil al Sol, que estaba en conjunción con Mercurio, y ambos hacían sextil a Júpiter que estaba en oposición a Marte; Marte hacía trígono al Sol y a Mercurio, y Saturno, trígono a Júpiter; la ‘constelación’ de Querétaro completaba un pentágono simétrico, no regular, con las cuadraturas que Júpiter hacía a la Luna y la Luna a Marte.

Cuadraturas

A la cuadratura entre la Luna y Saturno le atribuían virtudes parecidas a las del trígono entre el luminar y el planeta. Se encuentra esta cuadratura el día de la fundación de Santa Fe de la Veracruz, Río de la Plata, 15 de noviembre de 1573, con Saturno en conjunción con el Sol. También había esta cuadratura el 22 de diciembre de 1572, cuando fue hincado el rollo en medio de la plaza de Villa de Leyva, provincia de Tunja, villa que había sido fundada el 12 de junio de ese año. Y en otras cartas astrales relacionadas con la fundación de ciudades y villas.

La doble cuadratura es el aspecto dominante en los temas de varias fundaciones. En estas figuras, los planetas extremos se encuentran, por lo tanto, en oposición. El 12 de abril de 1557, día de la fundación de Santa Ana de los Ríos (Cuenca, Ecuador), la Luna y Marte, que estaban en conjunción, hacían cuadratura a Júpiter, y Júpiter estaba en cuadratura con Mercurio, que hacía oposición a la Luna y Marte; el día dedicado a Santa Ana, 26 de julio del mismo año, Saturno hacía cuadratura a la conjunción del Sol y Venus, y estos dos astros hacían cuadratura a Marte; en ambos temas, Saturno hacía oposición a Marte; como el 12 de abril Júpiter estaba en trígono con Saturno, y como el 26 de julio Saturno estaba en trígono con la Luna y la Luna en trígono con Júpiter, si fueron consultados los horóscopos de estas fechas, la ‘constelación’ de Cuenca debió ser interpretada como ‘buena y felice’.

En el horóscopo de la segunda fundación de Santafé de Bogotá domina también una doble cuadratura: de Venus a Júpiter y de Júpiter a Saturno, que hace oposición a Venus; el aforismo 87 del Centiloquio de Bethen indica que la cuadratura de Júpiter y Saturno “transforma de infortuna a fortuna”; y el aforismo 89, que la cuadratura de Júpiter y Venus significa “un final agradable”. El día de la fundación de San Bonifacio de Ibagué, 14 de octubre de 1550, Júpiter estaba en cuadratura con Venus y Venus en cuadratura con la Luna, que hacía oposición a Júpiter, “día benéfico en toda acción” según el aforismo 51 de Bethen.

La combinación de doble cuadratura y gran trígono está presente en el horóscopo del día de la Candelaria de 1649, en el sitio de Aná, mencionado ya; los aspectos negativos de este tema estaban compensados ampliamente por los trígonos Luna-Sol, Saturno-Luna y Saturno-Júpiter. La doble cuadratura Saturno-Sol y Sol-Luna del día de la Concepción de 1537, año de la primera fundación de Villaviciosa de la Concepción de Pasto, también estaba compensada por los trígonos Júpiter-Saturno y Venus-Luna (“con la Luna en trígono con Venus, el día es bueno en todos los actos”, aforismo 72 de Bethen). Y la doble cuadratura Júpiter-Luna y Luna-Marte del tema de la fundación de Querétaro, complementan favorablemente los otros aspectos de esta carta astral, síntesis de los aspectos que la astrología clásica consideraba.

Las cuadraturas combinadas hasta configurar un cuadrado o un rombo se encuentran en el horóscopo del 22 de abril de 1519, día de la fundación de Veracruz, en México: Júpiter hace cuadratura a Saturno, Saturno a Mercurio y Mercurio a Marte; el orbe no alcanza para que Marte haga también cuadratura a Júpiter, pero sí para que en las diagonales se den las oposiciones Marte-Saturno y Júpiter Mercurio; en este horóscopo, Júpiter hace trígono a la Luna, que aún no há llegado al Cuarto Menguante, y Saturno hace trígono al Sol.

La figura de cuatro cuadraturas completas aparece en el cielo de Santa Águeda, ciudad que Jiménez de Quesada fundó en 1574 por encargo de la Audiencia. Consta que la ciudad ya estaba fundada el 1° de marzo; el 5 de febrero, día de Santa Águeda, al mediodía, con el Sol en el Medio Cielo, la Luna llegaba al plenilunio en el Ángulo de Tierra; en el Ascendente, Júpiter hacía cuadratura a la Luna y la recibía del Sol; la Luna estaba en cuadratura con Marte, que hacía cuadratura al Sol; también Saturno, desde la Casa 7, hacía cuadratura al Sol; había planetas en cada Ángulo del horóscopo, en cuadratura y oposición, aspectos que conformaban una cruz11, y cuadraturas favorables a la Luna; completan el tema Venus, señora del Ascendente, que hacía trígono a Saturno y a la Luna, y Mercurio a Júpiter; una ‘constelación’ evidentemente buena.

11 Según Agrippa de Nettesheim, “los egipcios y los árabes aseguraban que la figura de uma cruz es grandemente poderosa (…); decían que estaba compuesta por la fuerza de las cosas celestes, porque su fuerza llega a través de la rectitud de los ángulos y rayos, y que las estrellas tienen grandísimo poder, cuando en la figura celeste tienen cuatro ángulos principales, y componen una cruz proyectando respectivamente sus rayos” (AGRIPPA, ob. cit., Libro II, “La magia celeste”, capítulo XXIII).

Conjunciones y Oposiciones

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Las figuras astrales que contienen sólo aspectos de conjunción y oposición no son frecuentes, pero no faltan. El 18 de enero de 1535, cuando Pizarro fundó la Ciudad de los Reyes (Lima), la Luna estaba en conjunción con Saturno y ambos se oponían a la conjunción múltiple de Marte, Venus, Mercurio, el Sol y Júpiter; al día siguiente, a las 4:45 de la mañana, fue el plenilunio. De nuevo encontramos la Luna Llena en conjunción con Saturno, el día de la erección de la villa de Medellín el 2 de noviembre de 1675: la Luna y Saturno estaban en oposición a la triple conjunción de Venus, Marte y el Sol. En ambas constelaciones, cuando el Sol alcanzó el Medio Cielo al mediodía, la Luna y Saturno se encontraban en el Ángulo de Tierra; los astros formaban el eje vertical que unía la Tierra y el Cielo, disposición que parece muy adecuada para erigir una población.

Algunas ‘constelaciones’ contienen sólo el aspecto de conjunción. La del día del “patrón y abogado” de Mendoza, San Pedro, el 29 de junio de 1562, tiene los planetas reunidos en tres conjunciones, en un arco de 44° 1/2; y la del día de la Invención de la Cruz de la primera población de Santa Cruz (San Gil), jurisdicción de Pamplona, el 3 de mayo de 1620, los siete planetas en dos conjunciones que abarcan 49°.

Las Conjunciones de Júpiter y Saturno en Cáncer de 1503 y 1563

Las conjunciones de Júpiter y Saturno, que ocurren cada veinte años, eran consideradas acontecimientos capaces de transformar la historia. Ibn Jaldún (1332-1406) atribuye a conjunciones de Júpiter y Saturno el cambio de imperios y dinastías, la aparición de líderes religiosos y el progreso y devastación de las ciudades12; Abraham Ben Ezra (1092-1167) relaciona conjunciones de Júpiter y Saturno con la salida de los judíos de Egipto y con los nacimientos de Cristo y de Mahoma, y Juan Stoefler (1452-1531) pronosticó, para descrédito de la astrología, un nuevo diluvio que se abatiría sobre la Tierra a consecuencia de la Gran Conjunción de todos los planetas en Acuario en 1524.

12 Citado en SANTOS, Demetrio, Introducción a la historia de la astrología, Barcelona, Edicomunicación, s. d. (1986?), p. 202.

La conjunción de Júpiter y Saturno en Cáncer del año 1563 no pasó inadvertida en Nuevo Reino de Granada, a juzgar por la fundación de la ciudad de La Palma. Esta ciudad fue fundada tres veces, en 1561, 1562 y 1563. El horóscopo que corresponde al día de la primera fundación, 17 de noviembre, presenta aspectos propicios familiares: al abrir el día, el Sol en el Ascendente estaba en trígono con la Luna, situada en la Casa 5 en cuadratura con Saturno. El 13 de noviembre de 1562, día de la segunda fundación, con el Sol en el Medio Cielo, la Luna estaba en la Casa 5 en conjunción con Júpiter y ambos en trígono con Marte, en tanto que Saturno hacía trígono al Sol; una constelación igualmente favorable. La tercera fundación fue el 16 de junio de 1563, cuando Júpiter (14° Cáncer) inició su conjunción con Saturno (20° Cáncer), con estos planetas separados por 6° de arco; al amanecer, el Sol (3° Cáncer), en conjunción con Mercurio, participaban de la conjunción.

En su tercera fundación La Palma recibió el nombre de “Nuestra Señora de la Asunción de La Palma” y fue puesta bajo la protección de dicha advocación mariana. El horóscopo correspondiente al 15 de agosto de 1563, día de la Asunción, muestra a la Luna en el Medio Cielo (25° Cáncer), en conjunción con Júpiter, y a Júpiter (27°11’ Cáncer) en conjunción con Saturno (28°02’ Cáncer), separados ya por menos de 1° de arco. De la misma conjunción participaba Venus, por lo cual poco importaba la cuadratura que Marte le hacía, con mayor razón si Marte hacía trígono al Sol y a Mercurio, que estaban en conjunción en la Casa 11, la Casa de los Protectores.

No consta expresamente que se haya sacado horóscopo alguno para la ciudad de La Palma. Sin embargo, un testimonio tardío parece indicar que tuvo en cuenta el aspecto del cielo para la fundación y construcción de la ciudad: el cronista Lucas Fernández de Piedrahita (1624-1685) dice en su Noticia historial de las conquistas del Nuevo Reino de Granada que la ciudad de La Palma “es favorecida de tan benigno influjo, que con saber que alguno ha nacido en ella, bastará para acreditarlo de virtuoso”.

Sesenta años antes, Nicolás de Ovando había fundado la ciudad de Santo Domingo en La Española. El día dedicado a Santo Domingo de Guzmán, patrono de la ciudad, 4 de agosto de 1503, había comenzado ya la conjunción de Júpiter (6°02’) y Saturno (12°53’), que se encontraban separados por menos de 7° de arco. Esta conjunción duró más de un año: el 4 de agosto de 1504, Júpiter (1°56’ de Leo) se había apartado apenas 6° y 1/2 de Saturno (25°25’ Cáncer); Venus (1°34’ Leo) participaba de la conjunción. Un año astrológicamente propicio para fundar la colonia.

Las Estrellas Fijas

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La sentencia de Ptolomeo: “Para edificar las ciudades sírvete de las estrellas fijas que pueden traer ventajas. Pero para edificar las casas, sírvete de los planetas” (Centiloquio, XXXVI), otorga a las estrellas fijas papel importante en el origen de las ciudades.

Las estrellas fijas ‘que pueden traer ventajas’ tenían valor astrológico reconocido. En el Pronóstico de Felipe II, Matías Haco concede importancia a Cor Leonis, la estrella Régulo, la más brillante de la constelación de Leo. Entre las “radiaciones óptimas” que encuentra en el horóscopo del futuro monarca, Haco incluye las de esta estrella porque Venus y Júpiter le hacían sextil, y trígono, Saturno, y comenta: “Observa el corazón del león en la décima casa, en la radiación benéfica de Júpiter y de Venus; observa también que el punto culminante del cielo está a la vista de su regente. Todos estos datos indican el más grande dominio e imperio, de tal modo que no habrá otro igual ni mucho menos superior”. Estas estrellas notables son denominadas beibenias en los tratados de astrología, y de ellas dice Hermes que “cuando estén en el mismo grado que el Ascendente, o en la (Casa) 10ª ó 7ª, o con el Sol en el mismo grado, o con la Luna, aunque los Planetas fueren infortunados en una natividad, o cadentes o mal dispuestos, y haya alguna estrella de las antedichas en los citados lugares, significan la elevación del nativo, si Dios quisiere” (Hermes, Sobre las estrellas fijas).

El “corazón del león” se encuentra en lugar privilegiado en las ‘constelaciones’ fundacionales de algunas ciudades. En la primera fundación de Bogotá, la “ciudad nueva de Granada”, el 6 de agosto de 1538, el Sol se encontraba en 22° del signo Leo, en conjunción con Régulo, de la cual dice el tratado Sobre las estrellas fijas, atribuido a Hermes, que es una estrella de la naturaleza de Júpiter y Marte, y que el nativo que la tuviere en el Ascendente “será jefe de soldados, es decir, militar, y será grande en sus acciones, renombrado en tierras distantes, conquistador de tierras y ciudades y posesiones mientras estuvieren en su poder, y le obedecerán”. Puesto que la fundación de las ciudades se asimila a las ‘natividades’, la nueva ciudad de Granada, con Régulo en el Ascendente, parecia destinada a ser la capital del reino. Quizá por esta razón la ciudad celebró siempre el 6 de agosto como su fecha fundacional, según dice Juan Rodríguez Freyle en El carnero. La presencia de Régulo en el Ascendente definiría la hora del orto solar como el momento propicio para hacer la fundación de Bogotá.

Quizá también por esta razón la ciudad de Tunja haya sido fundada un año justo después de la ciudad nueva de Granada, el 6 de agosto, en la nueva conjunción del Sol con Régulo. Recuérdese que, a la llegada de los conquistadores, Tunja (Hunza) era la sede del Zaque, cacique que emulaba con el Zipa de Bacatá. Y que en el siglo XVI, los vecinos de Tunja pidieron que la Audiencia despachara en su ciudad la mitad del año y la otra mitad en Santafé. Si fueron consultados los horóscopos, la emulación entre Tunja y Santafé habría tenido paralelo y justificación en los aspectos astrológicos de la fundación española de la ciudad, que reiteraba la vieja pugna de los zipas y zaques.

Otra estrella, Antares, considerada de la naturaleza de Júpiter y Marte y con las mismas virtudes que Régulo, estaba en conjunción con el Sol el 15 de noviembre de 1573, cuando Garay fundó a Santa Fe de la Vera Cruz.

De la naturaleza de Júpiter y Saturno eran consideradas Aldebarán y Alhena, entre otras. El Sol estaba en conjunción con Alhena el día de la fundación de La Palma, el 16 de junio de 1563; y con Aldebarán, el 24 de mayo de 1612, cuando se fundó Neiva. Si en una natividad se encontraba alguna de estas beibenias en el Ascendente, la estrella prometía muchas riquezas y propiedades al nativo.

Con la estrella Spica – la más notable de la constelación de Virgo -, estaban en conjunción el Sol y Saturno el día de la fundación de Guadalajara de Buga. Sobre las estrellas de la naturaleza de Venus y Mercurio, como Spica, Bethen comenta que “cuando Saturno estuviere con alguna de ellas, pero no en el Ascendente, al nativo le agradarán los banquetes, alegrarse y beber y estar con mujeres”, indicación que sugiere que la fundación de Buga se haya llevado a cabo hacia media mañana, con la Luna en la Casa 7 y Saturno, el Sol y Spica en la Casa 11, la Casa de los Amigos.

No era preciso que el Sol o la Luna estuvieran en conjunción con la beibenia. Bastaba que ésta estuviera en el mismo grado del Ascendente, en el Medio Cielo o en el Descendente, para que su influjo se hiciera sentir. Si fueron consultados los horóscopos, las estrellas fijas que pudieran “traer ventajas” debieron ser observadas para elegir la hora más conveniente para llevar a cabo la fundación.

Alineaciones de Trazas e Iglesias

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La comprobación final de la hipótesis, a saber, que en la arquitectura o en el urbanismo haya quedado algún indicio de la supuesta consulta astrológica, es cumplida en el caso de la iglesia y la traza de Buga, alineadas con el Sol del ocaso del día de Nuestra Señora de la Victoria.

Hay trazas que no están orientadas según alineaciones solares. Bogotá tiene su catedral orientada hacia los 32° al sur del Este; Pamplona, su antigua iglesia matriz orientada hacia los 29° ó 30° al sur del Este; e Ibagué, su catedral, a los 35° al sur del Este. A estas iglesias no puede darles el Sol de frente. Pero no debe descartarse que se las haya alineado con alguna beibenia: el eje de la catedral de Bogotá coincide con la declinación de la estrella Fomalhaut, que aparecía sobre el horizonte del Poniente al amanecer del 6 de agosto de 1538, y de la cual dice el tratado Sobre las estrellas fijas de Hermes que si en una natividad está en esa posición, el nativo “será renombrado y rico” y “afortunado en toda ocasión”.

En otras, como la de Neiva, parece haberse aplicado la misma técnica de orientación de El Escorial. Después de varios intentos fallidos, Neiva fue fundada el 24 de mayo de 1612. La iglesia de la Inmaculada, situada en la plaza mayor, está orientada a unos 23° al norte del Este, es decir, parece alineada con el Sol del ocaso del día 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción, que alcanzó 22° 53’ S de declinación en 1612. En la ‘constelación’ de esa fecha, al mediodía, se formaba un cuadrado con planetas en los Ángulos: el Sol y Mercurio en el Medio Cielo, Saturno en el Ascendente, Marte y la Luna en el Ángulo de Tierra y Júpiter en la Casa 7; completaba la ‘constelación’ la Luna en trígono con Venus y Venus en sextil con el Sol. Sobre el trígono de la Luna con Venus, dice el aforismo 72 del Centiloquio de Bethen: “El día es bueno para todos los actos, mejor es en él las cuestiones de contratos conyugales; y es apto para estrenar nuevos vestidos; prepararse a ir a tienda y juicios; esponsales, comprar animales y esclavas; tratar con personas maduras; observar convites y nupcias; ocuparse de imágenes y cosas de amores”. Si los fundadores de Neiva consultaron los horóscopos, el 8 de diciembre debieron de hacer fiesta en grande.

A Modo de Conclusión

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Parece evidente que las ‘constelaciones’ de todas estas ciudades fueron consultadas, y que los fundadores tuvieron a la vista un dibujo similar al grabado Caporali-Vitrubio. Los horóscopos estudiados ofrecen evidencias de haber sido consultados:

1) La frecuentes relaciones armónicas entre el Sol y la Luna, la Luna y Saturno, y Júpiter y Saturno, que la doctrina astrológica consideraba propicias.

2) La configuración de aspectos o conjuntos de aspectos que coinciden con el esquema del grabado Caporali-Vitrubio que ilustra las relaciones geométricas entre los signos, según fueron establecidas en autores antiguos como Manilio, Ptolomeo y Doroteo de Sidón; en varios horóscopos la combinación de trígonos, sextiles y cuadraturas es demasiado compleja como para considerarlos casuales.

3) Los horóscopos corresponden invariablemente a las fechas fundacionales o de los santos patronos de las ciudades.

4) La coincidencia de relaciones geométricas de horóscopos hipotéticos con horóscopos históricos (v. gr., el de la fundación de Cartago el 10 de enero de 1541, similar al de la fundación de Roma, 4 de octubre de 753 d. C.; o el de Santiago de Quito el 15 de agosto de 1534, que sigue el tipo hexagonal de ‘constelación’ de Bagdad), coincidencia que no se explica por el azar y que, por el contrario, permite conjeturar que se usaba un elenco de figuras astrológicas como pauta para la elección del día propicio para fundar y para escoger el santo patrón bajo cuya protección se pondría la nueva población.

Una comprobación indirecta de la hipótesis propuesta es la siguiente: Taylor señaló el papel destacado de los astros dominantes del horóscopo de Felipe II, Júpiter y Saturno, en la obra de El Escorial, al punto que la fecha de la conjunción de estos planetas fue la escogida para colocar la primera piedra del templo. Pues bien, el día de la batalla de San Quintín , festividad de San Lorenzo, había Luna Llena; Saturno hacía trígono al Sol; el Sol, trígono a Júpiter y cuadratura a Marte; Júpiter, sextil a la Luna; y la Luna, sextil a Saturno. Una ‘figura’ similar tuvo la ‘constelación’ del día 2 de marzo de 1616: era víspera de Luna Llena, Saturno hacía trígono a la Luna; la Luna, trígono a Júpiter; Júpiter, sextil a Marte y cuadratura al Sol; y Marte, sextil a Saturno; ese día, el licenciado Francisco de Herrera Campuzano, oidor de la Audiencia de Santafé y Visitador General de la provincia de Antioquia, entabló el pueblo de San Lorenzo en el valle de Aburrá. ¿Qué outro nombre pudo ponerle al poblado?

Propongo estas conclusiones: a) que la magia astral, lejos de ser un secreto celosamente guardado, era una costumbre extendida en la cultura española del siglo XVI y que se aplicaba a la arquitectura y al urbanismo, no en forma excepcional sino frecuente; b) que la preparación de una nueva fundación debía tomar varias semanas o meses hasta encontrar el sitio habitable, las condiciones favorables y la fecha adecuada para la fundación; c) que los fundadores de ciudades utilizaban tablas de declinación solar y de efemérides planetarias, además de astrolabios o sextantes para sus observaciones; y d) que la recomendación de la ordenanza 34 de Poblaciones de 1573 recogía tradiciones antiguas que no requerían explicaciones adicionales.

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