A Astrologia e seus Conceitos Cosmológicos II

A Seta do Tempo

Observando o Céu II

São visivelmente obtusas e tendenciosas as críticas e os argumentos usados contra a Astrologia pelas pessoas que falam em nome da ciência, além das comparações incoerentes e argumentações superficiais, o contexto no qual o conhecimento astrológico fica inserido diante das análises dos cientistas é um contexto totalmente distorcido e alienado daquele no qual as questões astrológicas são desenvolvidas.

O juízo que o ‘macaco humano’ faz da Astrologia revela no nível de sua limitação intelectual aquilo que ele esconde detrás das coisas que vão além de seu entendimento, ou seja, além do enorme sentimento de inferioridade alimentado por um falso orgulho, os homens da ciência que desprezam a Astrologia, estão no fundo lutando contra sua própria mediocridade e necessidade de aceitação.

O verdadeiro homem sábio, culto e que possuí realmente entendimento sobre as coisas do universo compreende que todo o conhecimento, seja este baseado em mitos ou parábolas, traz consigo uma revelação sobre uma verdade universal. O universo material em toda sua extensão é apenas um reflexo do que reside na sua constituição íntima, quem não compreende a essência espiritual que reside no âmago da matéria não está apto para falar sobre o que é ciência.

E independentemente de todo o universo invisível que nos circunda, existe em nossa vida cotidiana ciclos e tempos determinados e tacitamente detectáveis que podem ser muito bem analisados e empregados como ferramentas de conhecimento astrológico na nossa vida diária. Estes ciclos são o que na realidade definem a Astrologia, e para entender isso o ser humano não precisa ser um gênio.

Logo, se os veneráveis doutores da ciência não são capazes de entender o que a Astrologia nos diz diariamente sob a luz do Sol e sob os ciclos da Lua, duvido que estes homens sejam dotados de alguma habilidade diferenciada ou capacidade superior a de um ‘macaco treinado’, porque o que mais diferencia o homem do animal é o seu poder de abstração diante do mundo, o que lhe confere a capacidade de desenvolver uma sensibilidade dirigida ao conhecimento.

Com argumentos fracos e analogias que chegam a ofender a inteligência de uma pessoa instruída, veremos nestes próximos parágrafos como o conhecimento científico é manipulado e distorcido a um nível abaixo de satisfatório, com a clara intenção de confundir as pessoas sobre a verdade da Astrologia. Estas são armas usadas pela comunidade científica contra a Astrologia.

César Augusto – Astrólogo

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Astrología, apuntes sobre la historia y evolución de un mito

César Esteban

Instituto de Astrofísica de Canarias

Desde el lejano pasado el hombre ha convivido con el miedo al destino y ha intentado encontrar una razón y un alivio para sus desgracias en el cielo. La astrología, como arte de adivinación, es una actividad humana de una extraordinaria antigüedad que, como cualquier otro sistema de creencias, ha experimentado periodos de transformación y reinvención a lo largo de las distintas épocas históricas. Muchos de los elementos principales de la astrología occidental los podemos rastrear desde muy lejos en el tiempo, entre los cielos y las religiones de las antiguas culturas del Oriente Medio, hace más de cuatro mil años.

Los Orígenes Mesopotâmicos de la Astrología Occidental

Mesopotamia (“la tierra entre los dos ríos”) tuvo un extenso periodo de importancia política y cultural desde hace cinco mil años hasta el comienzo de nuestra era cristiana. Los mesopotámicos creían que el mundo físico terrestre y el humano estaban íntimamente conectados con los reinos celestes divinos e intangibles formando una sola unidad. El medio natural se consideraba como el principal medio de comunicación entre la humanidad y un panteón complejo de dioses y diosas. El destino de todas las cosas se decidía mediante una asamblea divina que controlaba las fuerzas de la naturaleza. Su líder era Anu, dios del cielo, y por debajo de él se encontraba Enlil, dios de la tormenta. Thorkild Jacobsen nos proporciona una visión elocuente de lo que denomina “Estado Cósmico” mesopotâmico que define la relación entre los asuntos celestes y terrestres: “Los objetos y los fenómenos que rodeaban al hombre se personificaban en distintos grados (…). Se consideraban seres vivos, con personalidad y con capacidad de decisión (…). En un mundo así cobra sentido el considerar las relaciones entre los fenómenos naturales como relaciones sociales, funcionando como órdenes o deseos”.

En definitiva, este “Estado Cósmico” podríamos definirlo como una sociedad en que la esfera de los sucesos terrestres es inseparable de la de los sucesos celestes. Dentro de este contexto no resulta extraño que los mesopotámicos desarrollaran complejos sistemas de adivinación basados en distintas prácticas, como la observación de las entrañas de animales, la posición de los cuerpos celestes o el nacimiento de seres deformes.

Buena parte de los dioses babilonios estaban asociados a astros celestes: Samas con el Sol, Marduk con Júpiter, Nabu con Mercurio, Inanna con Venus. Al contrario de lo que ocurrió posteriormente con los griegos, los dioses y diosas mesopotámicos, aunque tenían cierta responsabilidad en unas estrellas o planetas determinados, ésta no era fija ni exclusiva.

Los primeros ejemplos de prácticas astrológicas pueden encontrarse en los textos cuneiformes del tercer milênio antes de Cristo (periodo babilônico antiguo) con la posible referencia a un eclipse ocurrido en el 2403 a.C. De esta época proceden los primeros presagios astrológicos. De la época del emperador Ammizaduga (1600 a.C.) proviene la primera evidencia del desarrollo de una astrología con un cierto grado de sofisticación en la Tableta de Venus. Esta tableta contiene 59 presagios basados en la primera y última visibilidad de Venus antes de la puesta o la salida del Sol en su periodo de 584 días. Estos presagios o señales anticipan intenciones divinas, predicen el tiempo atmosférico (y su repercusión en la agricultura) y ayudan a preparar posibles crisis políticas. He aquí un ejemplo de presagio: “En el mes noveno, día quince, Venus desaparece en el oeste por tres días, y en el mes noveno, día dieciocho, Venus vuelve a ser visible al este, las fuentes brotarán, Adad traerá la lluvia, Ea sus inundaciones, se enviarán mensajes de reconciliación entre los reyes”.

Durante casi toda la era mesopotámica, los presagios astrológicos concernían principalmente a cuestiones públicas y estatales y estaban diseñados para afrontar el futuro, preservando la estabilidad política y social con el fin de evitar crisis políticas.

Los textos con presagios astrológicos tienen generalmente una estructura prefijada, primero la prótasis: la observación del fenómeno y, a continuación, la apódosis: el presagio. Ejemplo:

Prótasis: Venus es visible al oeste, en el camino estelar de Enlil

Apódosis: entonces, el rey de Akkad no tendrá enemigos.

El nivel de lo absurdo de los presagios formulados por los antiguos babilonios se ejemplifica en el siguiente de la serie denominada Shumma Izbu:

Si un perro blanco te orina, la pobreza caerá sobre ti. Si es un perro negro el que te orina, la enfermedad se adueñará de ti. Pero si es un perro marrón, serás dichoso.

El alba de la astronomía Mesopotamia

Por lo que sabemos de la lectura de los textos cuneiformes que han sobrevivido hasta nuestras fechas, la astrología no fue una disciplina empírica ni mucho menos científica, pues no hay ninguna referencia a series de observaciones que diesen lugar posteriormente al establecimiento de los augurios. Según todas las evidencias el nacimiento de los presagios astrológicos fue una mezcla de imaginación, miedo y superstición religiosa.

Del periodo babilónico antiguo (época cassita, segundo milenio a.C.) proviene la compilación más extensa de presagios astrológicos: el Enuma Anu Enlil. Se encontró en la biblioteca del emperador Asurbanipal en la capital asiria de Nínive y consta de unos 7.000 presagios agrupados en unas 70 tabletas, veintidós de ellas dedicadas a la Luna, dieciocho al Sol, cinco a Venus, cuatro a Marte, dos a Júpiter, tres a los truenos y relâmpagos y una a las Pléyades. De especial importancia es el texto conocido como Mul Apin, de periodo asirio (principios del primer milenio a.C.) que constituye el primer gran catálogo estelar anterior a la introducción de los signos zodiacales.

Los encargados de la elaboración de los augurios eran los sacerdotes-astrónomos que constituían una clase política muy cercana al poder real, observaban la posición de los objetos durante la noche y su relación con otros hechos que tenían lugar simultáneamente, como fenómenos meteorológicos, acontecimientos políticos, y enviaban puntualmente informes periódicos al rey. Estos informes son los llamados “diarios astronómicos” que sobreviven intermitentemente desde 652 hasta 47 a.C. Un diario típico podía recoger información sobre la Luna, los planetas, solsticios, equinoccios, la estrella Sirio, meteoritos, cometas, meteorología, el precio de determinadas cosas, el nivel del río y diversos hechos históricos. Los observadores no hacían distinción entre la ocurrencia de fenómenos atmosféricos o geológicos y astronómicos, pues en aquellas épocas a la esfera celeste no se la consideraba físicamente desligada de la esfera de los sucesos atmosféricos o terrestres. El rey, dependiendo del signo del presagio, realizaba rituales dedicados a los dioses para anular los augurios negativos.

En el periodo denominado neobabilónico (612-539 a.C.) parece que surgió el concepto de zodiaco como doce signos ocupando 30º de extensión sobre el cielo. En el periodo persa (539-331 a.C.) se obtuvieron períodos precisos para el Sol, la Luna y los planetas así como una racionalización en la observación de eclipses. Parece que con la caída del imperio asirio acaba la elaboración periódica de los “diarios astronómicos” y las cartas dirigidas a los reyes con los presagios astrológicos. La posibilidad de predecir la posición de los planetas, el Sol y la Luna destruyó la premisa teológica que se ocultaba detrás de los “diarios astronómicos” de que los astros podían ser manipulados por la voluntad de los dioses, por lo que había que seguirlos continuamente. En el periodo persa, los astrólogos reales ya no cuentan con el apoyo de los emperadores y emerge una concepción más cercana a la que tenemos en la actualidad de la astrología: la predicción del destino de las personas sobre la base de la posición de los planetas en el momento de su nacimiento.

Según algunos investigadores, la invención de la carta natal fue una respuesta a la crisis de la astrología al perder su importancia política anterior y buscarse un nuevo puesto en la sociedad. Esta crisis es similar a la ocurrida en el siglo XVIII cuando la credibilidad intelectual de la astrología en Europa se derrumbó debido a la revolución astronómica y los aires racionalizadores de la ilustración. Su reaparición a finales del siglo XIX se debió en buena parte a la adopción del lenguaje de la psicología y su reubicación en un nuevo contexto esotérico y ocultista. Las cartas natales mesopotámicas se dedicaron a la elite aristocrática de la sociedad. La más temprana que conocemos fue realizada a un niño anónimo nacido el 29 de abril de 410 a.C. El texto recoge los nombres del padre y de la madre, datos astronómicos relevantes y una sola línea de lacónica interpretación astrológica: “Las cosas te irán bien”. Una indicación del papel poco importante de esta actividad durante dicho periodo es que el número de tabletas que recogen cartas natales sobre el número de tabletas referidas a datos puramente astronômicos es sólo de 32 frente a 1.800.

Es interesante comentar que mientras Egipto y Mesopotamia desarrollan muy pronto la escritura, en el caso del país del Nilo no tenemos referencias sobre el desarrollo de una astrología hasta el siglo IV a.C., y debido precisamente a la importación de la astrología mesopotámica a Egipto en plena época helenística. Este hecho es materia de debate en la actualidad. La diferencia más obvia entre ambas culturas es el diferente grado de seguridad física de sus territorios. Mesopotamia era una región esencialmente insegura, sin fronteras naturales, rodeada de enemigos y donde cada ciudad-estado podía ser una amenaza para sus vecinas; por otra parte sus principales ríos producían inundaciones erráticas que eran una amenaza constante a su agricultura y a la alimentación de su población. Por contra, Egipto se encontraba protegido por el desierto, sin vecinos poderosos frente a sus fronteras y gozando de la inundación anual y puntual del Nilo, que determinaba precisamente las cosechas. Estos factores ambientales bien pudieron definir una distinta “cosmología política”. En este sentido, la opinión de Kramer resulta muy interesante: “Los pensadores sumerios, fieles a su concepción del mundo, no tenían confianza en el hombre y su destino. Estaban firmemente convencidos de que el hombre estaba hecho de arcilla y de que fue creado para proporcionar comida, bebida y refugio a los dioses. La vida humana estaba acosada por la incertidumbre y la inseguridad y desconocía su destino debido a la impredecible voluntad de los dioses”.

La utilización masiva de artes adivinatorias por parte de los mesopotámicos pudo plantearse como una solución a las dificultades de la toma de decisiones políticas en un ambiente complejo e inseguro. La realeza sagrada es una característica de la sociedad de Egipto y Mesopotamia, pero la concepción del monarca era distinta. Mientras en Mesopotamia el emperador es un sirviente humano de los dioses, en Egipto el faraón es un dios hecho hombre. Ésta es una diferencia cualitativa de gran importancia. El monarca babilonio tenía la responsabilidad de servir a los dioses y a su pueblo, por lo que necesitaba de una sabiduría especial para afrontar estos retos a la vez para mantener la armonía natural y política. Debía, por lo tanto, aprender a navegar entre presagios, sueños y oráculos.

Desarrollo del Zodíaco

La introducción del zodiaco es una de las contribuciones más importantes de la astronomía mesopotámica a la astrología. De hecho, las constelaciones zodiacales

son los elementos más popularmente conocidos de la astrología en nuestros días. El origen de las constelaciones es todavía un tema muy controvertido y posiblemente nunca se resolverá en su totalidad, pero todos los investigadores están de acuerdo en otorgar a los mesopotâmicos la autoría de buena parte de ellas. El zodíaco se originó por la necesidad de un sistema de referencia para localizar los planetas y el resto de cuerpos celestes móviles sobre la esfera celeste. En el periodo babilónico antiguo (alrededor de 1800 a.C.) se utilizaba un sistema de tres grupos de doce estrellas situados en tres caminos o bandas a lo largo del cielo (caminos de Anu, Ea y Enlil). Un sistema de referencia celeste similar fue desarrollado por los egipcios alrededor del 2100 a.C. La evolución de este sistema babilónico de 36 estrellas dio lugar a la diferenciación de 18 constelaciones “que se sitúan en el camino de la Luna”, es decir, en la eclíptica. Muchas de estas constelaciones corresponden con las zodiacales que conocemos en la actualidad: Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario, Piscis, Aries, pero también Las Pléyades, Orión, Perseo, Auriga, parte de Piscis, la diosa Anunitu. La posición de los planetas en las constelaciones podía implicar presagios diferentes para los mesopotámicos: “Si Marte se acerca a Escorpio habrá una brecha en el palacio del príncipe”.

La creación posterior de doce signos zodiacales cubriendo 30º de cielo sin tener relación directa con la disposición y extensión exacta de las constelaciones a las que hacen referencia pudo ser una necesidad de proyectar sobre el cielo los doce meses del año astronómico, así como por su utilidad para la construcción de cartas natales u horóscopos. Por otra parte, este cambio pudo obedecer también a motivos religiosos debido a la importancia cada vez mayor de los dioses solares. La primera referencia a efemérides indicando la posición de planetas respecto al zodiaco proviene de 419 a.C.: “Nisannu: Júpiter y Venus, al extremo de Géminis, Marte en Leo, Saturno en Piscis. día 19: Mercurio como estrella de la tarde se pone en Tauro. Día 2 de Addaru: Júpiter en el extremo de Cáncer, Venus en Aries, Saturno, Marte y Mercurio invisibles”.

En definitiva, el zodiaco se establece como un sistema de referencia donde podemos tabular la posición de los planetas en términos de grados respecto al punto origen del zodiaco. A cada uno de estos signos zodiacales se les otorga unos ciertos “poderes” astrológicos.

Transmisión de la Astrología Mesopotámica a los Griegos

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Ningún investigador duda del origen mesopotámico de la astrología occidental. La ruta de esta transmisión fue desde Mesopotamia a Egipto, Grecia e India a partir de la época del imperio de Alejandro Magno (época helenística). Distintas leyendas nos dicen que la transmisión a Grecia de las prácticas astrológicas fue llevada a cabo por Beroso, un sacerdote babilonio que se trasladó a la isla griega de Cos fundando una escuela en el III a.C. En realidad no sabemos exactamente lo que ocurrió desde la elaboración de la primera carta natal en el 410 a.C. y el texto astrológico completo más temprano que se conoce, el Astronomicon, de Marco Manilio, escrito durante el reinado de Tiberio (entre el 14 y el 37 d.C.). Los únicos textos griegos sobre astrología que han sobrevivido son el Carmen Astrologicum de Doroteo de Sidón, escrito a comienzos del siglo I d.C. y el celebérrimo Tetrabiblos de Claudio Ptolomeo, del siglo II d.C. Este último libro presenta una técnica muy compleja de elaboración de las cartas natales que nunca se ha podido encontrar en los textos cuneiformes. Es posible que los fundamentos de las técnicas que describe Ptolomeo se originaran en Persia y que se desarrollasen posteriormente en Grecia, pero esto no es más que una hipótesis.

Una de las contribuciones importantes atribuidas a la astrología griega fue el establecimiento del carácter de cada planeta. Aunque en el Enuma Anu Enlil ya se distingue entre planetas benéficos (Venus y Júpiter), maléficos (Marte y Saturno) y ambivalentes (Mercurio), parece ser que los griegos les proporcionaron el carácter que se puede encontrar en la astrología contemporânea.

Existe una diferencia fundamental entre la astrología babilónica y la posterior griega. La primera de ellas fue esencialmente reveladora, en el sentido de que los signos o presagios celestes nos proporcionan indicios sobre cuál puede ser la voluntad de los dioses. No hay un concepto de causa y efecto implícito. La posición de los planetas no causa los hechos sino que nos indica que éstos pueden producirse. No existe un determinismo. La posición de los planetas y los hechos que presagian están gobernados, en última instancia por la voluntad caprichosa de los dioses. Hay varios factores que pueden haber influido en la evolución de una astrología reveladora a otra determinista como es la griega. Por una parte los avances en la predicción de las posiciones planetárias a partir del siglo IV a.C. y, por otra, la aparición del estoicismo con Zenón de Citio. Esta corriente filosófica mantiene la naturaleza cíclica de la creación con periodos de muerte y destrucción del Universo y la ley del destino humano. De hecho, los estoicos consideran que todas las cosas del Cosmos obedecen una misma ley del destino y que las mismas leyes físicas gobiernan tanto a los objetos terrestres como a los de la esfera celeste. La vida humana está predestinada. La combinación de la filosofía estoica y la aristotélica impregna el Tetrabiblos de Ptolomeo, cosa que se demuestra en este pasaje: “Las estrellas así como los planetas, según recorren sus órbitas, producen muchas impresiones sobre el Ambiente. Generan calor, vientos y tormentas, una influencia a la que todos los objetos terrestres están sujetos. Más aún, la configuración mutua de todos estos cuerpos celestes, mezclando sus influencias individuales, produce una multiplicidad de cambios”.

Este pasaje revela ya un sentido determinista, una relación causa-efecto, concepción mecánica del mundo reinterpretada a partir del estoicismo que será también asumida por los únicos autores de los que tenemos textos astrológicos en latín: Marco Manilio, que escribió el Astronomicon y Julio Firmicio, que escribió la Mathesis. Ambos autores entienden que los indicadores celestes y los sucesos terrestres vienen determinados por un mismo antecedente: la mente divina.

Los astrólogos griegos atribuyeron también distintas propiedades a los signos del zodiaco, en buena parte basadas en las figuras que representan los signos. Otras propiedades adicionales son los cuatros elemento o “humores”: fuego, aire, tierra y agua que según Aristóteles constituyen el mundo sublunar. A cada uno de los signos se le asocia uno de estos elementos, lo que define una clasificación cuaternaria. Otra clasificación es la ternaria, con signos “cardinales”, “fijos” y “móviles”. Y una última polaridad en masculinos o activos y femeninos o pasivos. Los signos de tierra se consideran “prácticos”. los de agua “emotivos”, los de aire “intelectivos” y los de fuego “inspiradores”. Las propiedades de los signos se debilitan o aumentan según los planetas que se hallen en ellos. Se tiene una combinación especialmente intensa cuando un planeta se encuentra en un signo que domina. Según el Tetrabiblos de Ptolomeo, la influencia de cada planeta es más fuerte cuando está en un signo determinado, se dice que este planeta “domina” el signo: Sol-Leo, Luna-Cáncer, etcétera. Como los griegos eran muy aficionados a la geometría, también influye el ángulo que forman entre sí los planetas: conjunción (muy cercanos), cuadratura (a 90º), oposición (180º). Un horóscopo será entonces la interpretación de la combinación de las propiedades de los planetas y de los signos allá donde se encuentren sobre la bóveda celeste en el momento del nacimiento.

Astrología en  el Imperio Romano

La astrología fue ampliamente aceptada en el Imperio Romano y fácilmente incorporada a su religión. Se utilizó principalmente durante la época imperial y la ejercían dos clases de astrólogos: por una parte los itinerantes, que realizaban su arte al aire libre y públicamente, generalmente en el foro o el circo de las ciudades, estando algunos de ellos especializados en las apuestas de las carreras o los gladiadores y, por otro, los profesionales, con clientes pertenecientes a la élite intelectual y social; generalmente eran extranjeros (egipcios, babilonios y griegos) debido al atractivo de su personalidad exótica, quizás como ocurre en la actualidad en España con los adivinos de origen sudamericano.

Los astrólogos fueron muy utilizados por los emperadores, sobre todo Augusto y Tiberio. Fue tanta la fe que tenían algunos emperadores, que llegaron a prohibir su práctica (excepto por ellos mismos) debido al miedo que les producía que los astrólogos fueran consultados por sus enemigos. Hubo varios decretos imperiales prohibiendo estas prácticas. Por ejemplo, los emperadores cristianos como Constantino o Teodosio prohibieron su uso por considerarlo un desafío subversivo a la autoridad de Dios, que en la Tierra residía en la Iglesia. El colapso del imperio romano supuso el desuso de la astrología por largo tiempo en Europa occidental.

Durante el imperio romano la astrología estuvo íntimamente relacionada con la iconografía y los contenidos de las denominadas religiones mistéricas, como el hermetismo y el mitraísmo, originarias de Egipto y Asia Menor respectivamente. Estas religiones estaban profundamente influidas por la doctrina platónica de la encarnación del alma a través de las esferas planetarias.

De la Antigüedad a la Revolución Científica

Uno de los aspectos más nocivos de la astrología ha sido la denominada medicina astrológica, establecida desde los antiguos griegos y recogida en el Astronomicon de Marco Manilio. Se basa en la asociación de las distintas partes del cuerpo con signos del zodiaco y de que muchas de las enfermedades las causan los planetas. Restos de estas creencias supersticiosas los podemos observar en los idiomas modernos. Por ejemplo, en varias lenguas a la gripe se la denomina “influenza” esto proviene de la creencia antigua de que la enfermedad estaba producida por la influencia de los astros. Otra anécdota interesante es que en Italia, en el siglo XV, se creía que la sífilis (traída del Nuevo Mundo tras su descubrimiento) la había causado la conjunción, ocurrida en 1484, de Saturno con Júpiter en Escorpio, signo que domina los genitales, y Saturno, que es un signo maléfico. La Iglesia Cristiana, hostil a la astrología, intentó construir una medicina alternativa a la astrológica. En vez de los signos del zodiaco eran los santos los que gobernaban distintas partes del cuerpo. Así se debía rezar a santa Apolonia para los dientes, a San Erasmo para la barriga y a Santa Lucía para los ojos.

En la cosmología medieval Dios es el primum mobile, es decir el motor que mueve todas las esferas celestes y planetarias. Esta idea sustentó el convencimiento de que la influencia de las estrellas podía causar movimientos o acciones sobre la Tierra y por lo tanto también sobre la vida de los hombres. Paracelso, médico alemán del siglo XV, intentó racionalizar la influencia de los astros como debida a una especie de onda astral. Antes de suministrar cualquier medicina, los médicos astrológicos debían tomar en consideración la posición de los planetas. Si se quería que una medicina fuese eficaz había que esperar a que la Luna se alejara del planeta que favorecía la enfermedad en cuestión y se acercase a otro que la obstaculizara. La medicina astrológica empleaba asociaciones entre distintos metales y cuerpos celestes: oro-Sol, plata-Luna, hierro-Marte, etcétera. El uso abusivo de la medicina astrológica se ilustra en el texto del siglo XII De urina non vista escrita por Guillermo de Marsella. Esta obra se basa en el diagnóstico de enfermedades mediante el análisis visual de la orina de los enfermos. Este método tenía un problema que era cuando no se podía obtener la orina del enfermo. El autor resolvía el problema construyendo el horóscopo del paciente para conocer la apariencia que debía tener dicha orina. Resulta paradójico que el considerado primer tratado de medicina impreso en castellano, escrito por el médico y astrólogo Diego de Torres en 1485, llevara el título Eclipse de Sol. En esta obra además de predecir el eclipse de Sol ocurrido el 16 de marzo de 1485, ofrece “medicinas preservativas y curativas y remedios contra la pestilencia que significa el eclipse de Sol”.

Una de las innovaciones astrológicas más importantes realizadas en la Edad Media la llevaron a cabo los astrólogos árabes, que incluyeron una complicación más a los horóscopos: el concepto de las casas. Como la Tierra gira sobre su eje cada 24 horas, los astros aparentan desplazarse diariamente sobre la esfera celeste. Los árabes idearon un sistema de doce husos inmóviles sobre la esfera de 30º de anchura, denominados casas y separados por meridianos denominados cúspides. Como era de esperar, cada casa está dominada por un signo del zodiaco y Aries domina la primera casa, que coincide con el horizonte este. Cuando un signo se encuentra en la casa que domina se intensifica su efecto en el horóscopo. La cúspide de la primera casa se denomina “ascendente”, mientras que la cúspide de la sexta es el “descendente”. Son muy importantes en el horóscopo actual. Todavía hay discusiones entre los astrólogos para definir el tamaño de las casas y la posición exacta de las cúspides.

La Iglesia, en sus intentos de luchar contra la astrología popular, creyó conveniente en el siglo XII aceptar los métodos de la astrología árabe para intentar “racionalizar” la lectura de los presagios celestes y ponerlos bajo control eclesiástico, así como controlar el cómputo del tiempo, la predicción de eclipses y la determinación de momentos importantes del ritual cristiano, como la pascua.

Con el renacimiento surge la ciencia moderna y la separación definitiva entre astronomía y astrología, aunque esta última era aceptada y utilizada en toda Europa. Dentro de la revolución científica de esta etapa se realizaron dos descubrimientos importantes en el sistema del mundo que alteraban de raíz las preconcepciones astrológicas: la redondez de la Tierra y el heliocentrismo.

La redondez de la Tierra plantea varios problemas graves a la astrología como la invalidez del sistema clásico de las casas para millones de personas que viven por encima del círculo polar ártico. Otro problema de los habitantes de esas zonas frías es que cuanto más cercanos al polo estemos, más son las constelaciones zodiacales que se encontrarán siempre por debajo del horizonte.

El horóscopo es, en definitiva, una aplicación de la cosmología ptolemaica geocêntrica en pleno siglo XXI. Podemos decir que la astrología todavía, en los tiempos que corren, no se ha adaptado a la cosmología copernicana, ya que son las posiciones geocéntricas y no las heliocêntricas las que influyen sobre los humanos. Por otra parte, el descubrimiento en el siglo XVIII del nuevo planeta Urano (por parte de la astronomía, no de la astrología) planteó un nuevo problema para los astrólogos. ¿Por qué no habían sido capaces de detectarlo? Por otra parte, en los siglos posteriores se descubrieron dos planetas más: Neptuno y Plutón. ¿Quiere esto decir que los horóscopos realizados antes de estos descubrimientos son erróneos?. Por otra parte, la órbita de Plutón tiene una inclinación de unos 18º y en parte de su órbita lo podemos encontrar fuera de las constelaciones zodiacales. Finalmente, en los últimos siglos se han descubierto miles de nuevos cuerpos celestes en el sistema solar como asteroides, satélites de otros planetas o cometas. Si el efecto astrológico de los cuerpos celestes no depende de la distancia ni de la masa que tienen, según defienden los astrólogos. ¿Por qué estos objetos no influyen? ¿Por qué no influyen objetos tan enormes como las galaxias externas, los cuásares o los agujeros negros, es decir, el resto de objetos del Universo?.

Tras la revolución científica de los siglos XVI y XVII, mientras los astrónomos admitieron los nuevos câmbios en la concepción del mundo, los astrólogos no se dieron por enterados y algunos de ellos continuaron haciendo grandes negocios llegando a ser muy célebres entre las sociedades de la época, algo parecido a nuestros adivinos televisivos de hoy en día. La venta de almanaques astrológicos y la astrología horaria (elaboración de horóscopos para hechos particulares que ocurrían en un momento determinado) eran los productos más solicitados. Uno de los astrólogos profesionales más famosos de la época fue el inglés William Lilly, especialmente conocido por su obra Christian Astrology, escrita em 1647. Una de las actividades más provechosas de Lilly fue la investigación astrológica de crímenes. Con el estudio del horóscopo del momento y lugar exacto del crimen, este adivino podía decir si un objeto había sido robado o había “desaparecido espontáneamente”, la edad y el sexo del ladrón, incluso la longitud y quizá la inicial del nombre de pila del ladrón, aunque no el nombre completo (Lilly era consciente del peligro que corría al proporcionar pronósticos cuya veracidad fuesen fácilmente comprobables). Como era de esperar, no se libró de ir a juicio por ejercer unas prácticas adivinatorias tan peligrosas como lucrativas.

La Precesión de los Equinoccios

El Sol el 15 de Octubre del año cero

Es interesante que la mayoría de los astrólogos todavia usen la posición de los signos zodiacales tal y como estaban situados hace dos mil años ignorando los efectos evidentes de la precesión de los equinoccios, por lo que los signos del zodiaco no corresponden con la posición de las constelaciones actuales a las que hacían referencia. El punto origen de posiciones sobre la eclíptica, el llamado punto Aries (que define la posición del Sol en el equinoccio de primavera) se ha desplazado atravesando, desde hace unos 2000 años, casi completamente la constelación de Piscis y parece que está a punto de entrar en la de Acuario. Resulta paradójico que la primera mención explícita sobre la existencia de la precesión de los equinoccios en textos astrológicos no aparece hasta 1879 en The Textbook of Astrology de A. J. Pearce, aunque el fenómeno astronómico fue descubierto oficialmente por los griegos en el siglo IV a.C. ¡más de dos mil años antes!

De cualquier forma, algunos astrólogos reconocen que la precesión crea dificultades y existe una minoría que sostiene que los signos deben mantenerse con la posición de las constelaciones originales y la consideran a la hora de construir sus horóscopos. Éstos son los partidarios de la denominada astrología sidérea frente a la tradicional astrología trópica, que es la mayoritaria. Sin embargo, la existencia de dos escuelas genera dificultades y contradicciones insalvables que resultarían inaceptables en cualquier disciplina científica. Por ejemplo, supongamos una persona nacida un 24 de marzo en la actualidad. La mayor parte de los astrólogos (trópicos) nos dirán que esta persona es Aries: tenderá a imponerse a los otros, será un pionero y preferirá actividades de dirección; a la minoría que emplea la astrología sidérea, esa misma persona será un Piscis: tendrá escasas ambiciones mundanas, no aspirará a cargos ni poder, preferirá estar en soledad, soñando, alejado de la competitividad, de la rivalidad y la lucha. Es difícil imaginar una diferencia de caracteres tan acentuada. Pues bien, estas dos deducciones astrológicas se basan en los mismos datos.

Astrología y Ocultismo. La Era de Acuario

Durante el siglo XIX nace una nueva concepción de la astrología que, sin lugar a dudas, es la más popular hoy en día. La astrología pasa a considerarse más como un vehículo de diseminación de ideas religiosas y filosóficas alternativas que como un método de adivinación preciso de los sucesos humanos. Dentro de esta interpretación, el astrólogo, más que una persona que domina una técnica, es una persona investida de ciertos poderes de percepción espiritual superior.

En este decantamiento ocultista tuvieron un papel destacado los teósofos, como Elena Blavatsky o el astrólogo-teósofo Alan Leo, los rosacrucianos y otros movimientos espiritualistas y esotéricos que crearon una nueva astrología diseñada como vehículo para facilitar la evolución espiritual hacia una Nueva Era. En su obra celebérrima Isis sin Velo, Blavatsky afirma que para elaborar una astrología efectiva es necesaria una percepción espiritual superior. Sus palabras son claras a este respecto: “La astrología es una ciencia tan infalible como la astronomía, pero es necesario que el intérprete sea igualmente infalible. Ésta es una condición sine qua non de muy difícil realización que ha sido siempre un gran obstáculo para su desarrollo. La astrología es a la astronomía como la psicología a la fisiología. En astrología y psicología uno tiene que ir más allá del mundo visible de la materia y entrar en el dominio del espíritu trascendente. Es la misma antigua lucha entre las escuelas platónicas y aristotélicas, y no es precisamente en nuestro siglo de escepticismo saduceo en que la primera vaya a prevalecer sobre la segunda”.

Posiblemente, uno de los mitos astrológicos más populares en la actualidad es el de la llegada de la Era de Acuario, gracias en parte al famoso musical de los años sesenta Hair. No hay consenso entre los astrólogos sobre la fecha en que comienza dicha Era ni siquiera sobre su carácter. Estas disputas se deben en parte a que no existe un acuerdo sobre cuál fue la posición exacta del punto cero de Aries sobre el cual se comenzó a medir la posición de los signos, allá por el siglo V a.C. A esto hay que añadir que tampoco han existido fronteras exactas y fijas entre las distintas constelaciones zodiacales, que han sido tradicionalmente arbitrarias, hasta su fijación definitiva en una fecha tan tardía como 1928 por la Unión Astronómica Internacional.

Nicholas Campion, destacado historiador de la astrología, ha realizado un estudio comparativo acerca de las distintas determinaciones disponibles sobre la fecha de comienzo de la Era de Acuario recopilando los datos de 95 publicaciones. Las distintas propuestas recogen fechas que van desde 1457 hasta 3500 d.C. Las determinaciones recogidas se pueden clasificar en tres grandes grupos.

1) Las determinaciones basadas en la precesión de los equinoccios colocan el comienzo de la Era principalmente entre los siglos XXIV y XXV.

2) Otros astrólogos y videntes la fijan con relación a los movimientos planetarios. Por ejemplo, la clarividente Jeanne Dixon propone que comenzó a partir de la conjunción planetaria del 5 de Febrero de 1962, fecha em la que también se produjo el nacimiento del anticristo (que a estas alturas ya está un poco entradito en años el muchacho).

3) Finalmente, otros especuladores dan fechas simbólicas o la hacen coincidir con el año 2000, por simple tradición milenarista o como los fieles de la secta raeliana que sostienen que la Era de Acuario comenzó com el nacimiento de su profeta, Claude Vorilhon: Raël.

Según propone Campion, el mito de la Era de Acuario tiene su origen en el último cuarto del siglo XIX y se trata de una invención de los mismos ocultistas y teósofos, principalmente Alan Leo, que anuncian la llegada de una nueva época de armonía y evolución espiritual.

Una Pieza que no Encaja: La Astrología en la Actualidad

Durante el siglo XX los astrólogos han llevado a cabo algunos intentos, aunque escasos, para intentar adquirir una respetabilidad científica. G. E. Sutcliffe elaboró una teoría según la cual los cuerpos celestes tienen influencia sobre la vida en la Tierra mediante una espécie de ondas electromagnéticas, que nadie ha logrado probar. Sin embargo, la mayoría de los astrólogos intenta rehuir esta responsabilidad dando la espalda a la racionalidad (absolutamente necesaria en una disciplina científica) con comentarios de este tipo: “La astrología es una ciencia espiritual y siempre huirá del escrutínio de la ciencia”. Sin embargo, cuántas veces hemos visto a los astrólogos utilizar un ordenador para construir la carta natal, algo que proporciona un cierto halo “científico” a su actividad. Es una paradoja muy común en la pseudociencia: utilizar la ciencia cuando conviene y denostarla cuando contradice nuestras expectativas. En definitiva, los astrólogos han contribuido bien poco a la constitución de una base científica para su actividad. Lo único que podemos concluir después de un análisis histórico y racional es que la astrología, lejos de constituir una disciplina científica, ha sido un elemento relevante, aunque cada vez menos importante, en el devenir histórico del pensamiento humano.

Bibliografía

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Zoller, Robert [1998]: “Marc Edmund Jones and New Age Astrology in America”. Culture and Cosmos. Vol. 2 – Nº 2. 39-57.

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O zodíaco numa proposta histórica e pedagógica

Marcos Daniel Longhini
Alejandro Gangui

Resumo

Este artigo tem como objetivo apresentar elementos históricos que permitam ao leitor compreender o papel que as constelações do zodíaco tiveram e ainda têm na Astronomia, e como elas estão associadas aos signos. A partir disso, propusemos um modelo pedagógico que pode ser usado em sala de aula para explicar como tais constelações estão organizadas, e de que forma as mudanças associadas a elas ocorrem no decorrer dos anos.

As figuras usadas como modelo desta proposta de ensino podem ser vista neste link.

Introdução

Estudar o céu para compreender a vida, na Terra, parece ser algo que tem perpassado gerações. Na ânsia de buscar respostas para o desconhecido, e na ausência de meios materiais, o homem empregou como fonte de respostas a interpretação daquilo que ocorria no céu. Pode parecer que estamos nos referindo somente ao expediente de antigas culturas, mas numa análise dos atuais meios de comunicação, mesmo que superficial, vemos quão ainda presente isso se faz em nosso cotidiano.

São inúmeros os anúncios de astrólogos que prometem compreender as conjunções futuras, além de sermos, constantemente, bombardeados por previsões dos signos do zodíaco, que oferecem uma série de informações que, pretensamente, irá nos orientar por aquele dia, mês ou ano. Esta cultura se faz, de certa forma, tão presente em nosso cotidiano que, recentemente, a mídia divulgou que haveria a inserção de um novo signo no zodíaco, Ofiúco, e isso, supostamente, poderia alterar o que muitos tinham acreditado sobre o tema até então.

Nosso foco, nesse texto, não está, precisamente, em discutirmos sobre a veracidade dos pressupostos sobre os quais se apoia a Astrologia, pois ficará a cargo do leitor, ao final do texto, concluir se há ou não lógica nessa maneira de interpretar o céu. Antes, nossa proposta é trazer elementos históricos que permitam ao leitor compreender o papel que as constelações do zodíaco tiveram e ainda têm na Astronomia, e como elas estão associadas aos signos. Aliado a isso, propusemos um modelo pedagógico que pode ser usado em sala de aula para explicar como tais constelações estão organizadas, e de que forma as mudanças associadas a elas ocorrem no decorrer dos anos.

Para começar: Astro/nomia/logia

Tentaremos, aqui, trazer algumas reflexões sobre diversos fenômenos da Astronomia e questionar a radical divergência entre a ciência astronômica e as crenças astrais. Isso porque, é comum que para muitas pessoas pareça não existir grandes diferenças entre Astronomia e Astrologia. Talvez, para muitos, isso se deva à falta de atenção ao falar, mas não são poucas as pessoas que desconhecem a crucial discrepância entre as formas de compreender e explicar os fatos que estão por trás de dois vocábulos etimologicamente tão parecidos.

Pode-se definir a Astronomia como a ciência da natureza que explica os objetos celestes, dentre eles, a Lua, o Sol, os planetas, as estrelas, as galáxias, além das grandes estruturas do cosmo. Na medida em que é uma ciência no mesmo sentido em que são a Física, a Química ou a Biologia, ela procura entender a índole e o funcionamento do mundo natural, especificamente, dos corpos celestes. A Astronomia possui uma longa trajetória histórica e foi praticada por quase todos os povos, sendo que, hoje, é uma ciência que se apoia fortemente nas observações e medições, formula hipóteses e constrói teorias, ou seja, que gera conhecimento no marco da tradição científica moderna do Ocidente.

Por outro lado, a Astrologia é mais complexa de definir. Constituída por mitos e tradições, por relatos que exploram a condição humana, em cuja base encontra-se a crença, muito difundida na atualidade e em todas as épocas, de que as vicissitudes humanas, inclusive as personalidades de mulheres e homens, são influenciadas ou determinadas pelas posições dos astros.

A Astrologia é tão antiga na cultura humana quanto a Astronomia e, no passado, confundiam-se. Podemos dizer, assim como Feyerabend, que a Astrologia Moderna é, em muitos aspectos, similar à Astronomia Medieval: herdou ideias interessantes e profundas, mas as distorceu e as substituiu por caricaturas mais adaptadas ao limitado entendimento daquelas que a praticam. Segundo o mesmo autor, com o tempo, a Astrologia e a Astronomia foram se separando, sobretudo a partir do Renascimento, e hoje, é claro, quase nada tem em comum.

Parentes naturais da Astrologia são a Astrolatria, que é a adoração dos astros, e a Astromancia, que trata da adivinhação pelos astros. A primeira não ocupa lugar de destaque no mundo atual, mas a segunda continua sendo parte da tradição literária e, no âmbito popular, gera superstição ou propicia o simples entretenimento, o que anima a próspera indústria dos horóscopos.

Além das definições, ressaltamos as diferenças entre os conceitos de literatura, ciência e crença. A literatura reside no reino da imaginação. Uma ciência é uma construção racional que evolui, equivoca-se e se corrige, e nisso encontra-se em contínuo processo de aperfeiçoamento. Uma crença, ao contrário, mantém-se inalterada. A Astrologia é, hoje, idêntica a de dois mil anos atrás, quando foi inventada, ainda que as posições dos astros que fundamentam suas previsões tenham mudado por razões que a Astronomia é capaz de explicar.

A Astronomia nos conduz a compreender melhor como funciona o mundo material e a criar tecnologias para operar sobre ele. A Astrologia, ao contrário, estende-se para aqueles que veem interesses em alguns velhos mitos e tradições, cujo rico universo de imagens constitui uma forma inspirada de falar sobre nós mesmos e sobre nossas emoções, valores, motivações e objetivos.

Constelações do Zodíaco

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A Astrologia apoia-se, constantemente, em dados obtidos no céu, como a posição com relação às estrelas, em que se veem os planetas, a Lua e o Sol em determinados momentos, particularmente, no de nascimento de cada pessoa. Tais posições variam, uma vez que, no transcorrer do tempo, tanto a Terra quando os demais planetas deslocam-se ao redor do Sol. No entanto, eles mantêm-se dentro de uma faixa de céu dividida em doze porções, que tem como “cenário de fundo” algumas constelações, as quais determinam, cada uma, um signo do zodíaco.

Arato de Solos (310-240 a.C.) foi o autor do poema didático-astronômico Fenómenos, e nele o poeta explica o zodíaco, apelando para o conhecimento do leitor de alguns elementos simples, como o eixo de rotação da Terra, chamado “eixo do mundo”, e os três paralelos mais conhecidos do globo terrestre: os dois trópicos, Câncer e Capricórnio, e o Equador. Solos o faz da seguinte maneira:

O eixo do mundo dispõe em seu entorno três círculos de forma paralela, e é o centro de todos eles; mas o quarto está fixado de maneira oblíqua entre os dois trópicos, e os delimitam simétricamente por um e por outro lado, e no meio o corta em duas partes iguais.

Arato, Fenómenos (Madrid: Gredos, 1993), 110.

Arato apoia-se, nessa citação, à ideia de esfera celeste. Nesse sentido, o equador terrestre é projetado no céu, formando o equador celestre, que é interceptado pela eclíptica, conforme representa a figura abaixo.

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Para Arato, o plano do equador celeste e o plano da eclíptica não são paralelos, mas que se interceptam em dois pontos da abóboda celeste. O poeta continua dizendo:

(o quarto círculo) o dão o sobrenome de Zodíaco. Nele se acha o Carangueijo, na continuação, o Leão e depois a Virgem; também se encontram as Pinças e o próprio Escorpião, o Sagitário e o Capricórnio, e depois do Capricórnio, o Aquário; na continuação do qual se encontra o resplandescente asterismo dos dois Peixes; depois deles o Carneiro, o Touro e os Gêmeos.

É possível perceber, pela sua ideia, que as “pinças” são aquelas estrelas que foram extirpadas do Escorpião e que, hoje, formam a constelação da Balança ou Libra. Do antigo Escorpião, o diretor da Biblioteca de Alexandria, Eratóstenes de Cirene (século III a.C.), afirma que “devido a seu descomunal tamanho, ocupa duas zonas do zodíaco: suas pinças abarcam uma zona, e seu corpo e o aguilhão, a segunda.”

Eratóstenes, Catasterismos (Madrid: Alianza, 1999), 45.

No decorrer de um ano, estes signos do zodíaco funcionam como um pano de fundo por onde o Sol, aparentemente, move-se. Na verdade, isso se deve ao fato de que nosso planeta translada ao redor do astro-rei e completa uma volta em doze meses.

Quase todos nós conhecemos nosso signo de nascimento e, muito provavelmente, caso perguntemos a uma pessoa qual é seu signo, ela nos responderá de imediato. Podemos, então, solicitá-la que nos diga seu “verdadeiro” signo de nascimento, explicando-lhe que os signos habituais, que são publicados em jornais e revistas, geralmente, não são os corretos, a menos que a pessoa tenha nascido há dois mil anos atrás. Este fato é, relativamente, simples de explicar se conhecermos o fenômeno astronômico chamado de “precessão dos equinócios”, a cujos detalhes a atividade aqui sugerida irá se debruçar.

Muitos leitores de horóscopos não sabem que o signo astrológico de uma pessoa indica que, no momento de seu nascimento, o Sol, visto da Terra, estava (ou “residia”), no céu, entre as estrelas da constelação definida por esse signo. Caso nos perguntemos, então, qual é o melhor momento para observar, no céu, a constelação desse signo, a resposta usual será no mês em que a pessoa faz aniversário. No entanto, este é o pior momento, pois o Sol e as estrelas da constelação se encontram na mesma parte do céu, vista a partir da Terra. Logo, a referida constelação que dá nome ao seu signo será visível durante o dia, atrás do Sol, e, por isso, não poderemos vê-la. Por conta disso, o melhor momento para observar, no céu noturno, a constelação zodiacal de seu nascimento, é em torno de seis meses antes ou depois de seu aniversário.

No decorrer dos anos, devido à translação da Terra, visto de nosso planeta, o Sol vai deslocando-se entre as constelações zodiacais. Na verdade, ele não se desloca em relação às estrelas, pois seu caminho ou trajetória não é real. Trata-se, apenas, do um movimento aparente, percebido pelos observadores terrestres, como resultado da translação de nosso planeta ao redor do Sol. Como consequência, segundo o ponto de sua órbita anual em que nos encontremos, olhar na direção do Sol significa perceber o céu em distintas direções e encontrar diferentes constelações como pano de fundo.

Costumeiramente, conhecemos doze destas constelações. Mas, a região do céu por onde percorrem os cinco planetas visíveis a olho nu, além da Lua, muitas vezes, se distancia de maneira significativa do caminho aparente do Sol. Isso leva diferentes autores a proporem distintas interpretações a respeito do que seja “pasar sobre a constelação”, influenciando no número de constelações que fazem parte do zodíaco.

Comins e Kaufamann II nos lembram que, a partir de 1930, os astrônomos passaram a assumir que são treze as constelações zodiacais por onde passa o Sol em sua trajetória aparente anual. A adicional a que nos referimos chama-se Ofiúco, um personagem mitológico da Antiguidade: o serpentário ou portador de serpentes. O Sol “passa” por esta constelação logo após percorrer Escorpião e antes de entrar em Sagitário.

Na obra Catasterismos, Eratóstenes faz uma clara descrição desta constelação, quando afirma que:

(…) encontra-se de pé em cima do Escorpião, e em suas mãos segura uma serpente. Diz-se que ele foi levado ao céu pelo deus Asclepio, a quem o próprio Zeus fez também subir ao firmamento, em agradecimento a Apolo. Asclepio praticava a medicina com tal habilidade que ressucitava incluvise aos mortos (…) mas os deuses suportavam isso com notável desgosto, ante o temor de que seus próprios desígnios pudessem ficar sem efeito por causa da habilidade de Asclepio.

Com base em tais considerações, podemos questionar: por que o signo que anunciam nos jornais e revistas não coincidem com o verdadeiro? Por que, com o passar dos séculos, o cenário de fundo do caminho do Sol, ou seja, as constelações do zodíaco, aparentemente se deslocaram? Na verdade, a mudança se deu devido a um lento movimento do eixo de rotação da Terra, chamado de precessão dos equinócios.

Quando o Eixo do Mundo Gira: A Precessão dos Equinócios

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Na Astronomia, as quatro estações do ano, ou melhor, seus inícios, têm acontecimentos a eles associados, que chamamos de solstícios e equinócios. O solstício de dezembro chama-se “solstício de verão austral” e marca o início desta estação no hemisfério sul. Nesta ocasião, acontece o dia mais longo do ano nesse hemisfério; aquele em que o arco que o Sol descreve no céu, que no transcorrer dos dias vinha aumentando, chega a sua longitude máxima. A partir daí teremos a trajetória do Sol cada vez mais curta, até chegarmos ao “solstício de inverno austral” (em 21 de junho aproximadamente), o dia mais curto do ano. Isso tudo se inverte em relação ao hemisfério norte.

A palavra solstício vem do latim (solstitium) e significa Sol parado; não porque este astro deixe de surgir e de ocultar-se, mas porque as mudanças de altura sobre o horizonte ao meio-dia solar alcançam o máximo ou o mínimo e mudam de sentido neste dia. Por um instante, que é precisamente o solstício, essas mudanças são nulas, ou seja, o Sol deve “permanecer parado”.

Isso implica que durante seis meses há em qualquer lugar da Terra menos de doze horas de luz solar por dia, e durante os outros seis meses mais de doze horas. Como se sabe, a duração do dia e da noite muda, gradualmente, dia por dia até alcançar um máximo (ou um mínimo) e reverter o sentido da variação. Por isso, forçosamente, haverá dois dias a cada ano em que a quantidade de horas do dia e da noite serão iguais em qualquer ponto da Terra: são os equinócios, do latim aequinoctium, ou igual noite. Nas palavras de Arato, quando o Sol se acha localizado sobre o equador celeste, “os dias se fazem iguais às noites duas vezes por ano: no final do verão e no começo da primavera”.

Estes dias são, aproximadamente, 21 de março e 21 de setembro, quando no hemisfério austral começam, respectivamente, o outono (os dias passam a ser mais curtos que as noites) e a primavera (com mais horas de luz do que de escuridão). A situação é inversa no hemisfério norte. Das constelações zodiacais a que melhor reflete estes momentos do ano é Balança ou Libra, cujo nome simbolizava o equilíbrio entre o dia e a noite no equinócio austral de primavera, pois, astronomicamente afirmando, ela estava em tal posição há dois mil anos.

Na atualidade, no solstício de inverno austral o Sol encontra-se na borda entre as constelações de Touro e Gêmeos; há alguns milhares de anos estava entre Gêmeos e Câncer (ou Carangueijo), e dentro de 20 séculos estará centrado sobre Touro. A causa de tal deslocamento é, justamente, a precessão dos equinócios, produzida por um lento movimento do eixo de rotação da Terra.

Precessão significa, precisamente, a mudança da direção do eixo ao redor do qual gira um objeto. O eixo da Terra está inclinado, aproximadamente, 23,5º em relação à reta perpendicular ao plano da eclíptica. O eixo da Terra possui um lento movimento circular, e, por conta disso, os polos descrevem uma circunferência de 23,5º de raio ao redor da perpendicular à eclíptica. Mas este movimento é muito lento, pois uma volta se completa, aproximadamente, a cada 26.000 anos (mais precisamente, a cada 25.765 anos).

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Isso ocorre porque a Terra não é uma esfera perfeita. Por efeitos de sua própria rotação, ela é mais protuberante no equador do que nos polos. Devido à atração gravitacional de outros corpos celestes, principalmente da Lua, esse bojo equatorial faz com que o eixo de giro terrestre mude lentamente sua orientação no espaço. O bamboleio é similar (ainda que muito mais lento) ao que sofre o eixo de pião quando diminui sua velocidade de rotação antes de cair.

Como consequência desta mudança de orientação do eixo da Terra, os polos Norte e Sul celestes movem-se em relação às estrelas do céu. Por isso, Polaris não foi nem será sempre a estrela polar norte, e os pontos solsticiais e equinociais (neste último caso, aqueles “pontos” da esfera celeste onde o equador “cruza” com a eclíptica), também, mudam, muito lentamente, sua posição zodiacal.

A explicação é simples de entender se empregarmos como recurso a observação “externa” de nosso planeta. É importante afirmar que a proposta didática que trouxemos para este artigo não é a descrição vivencial do fato, ou interna, mas, sim, aquela que descreve a Terra como um corpo cósmico, que rotaciona, precessa e se desloca em sua órbita ao redor do Sol.

Esta, no entanto, não era a imagen que os antigos astrônomos tinham em mente. Pelo contrário, os matemáticos-astrônomos da Antiguidade descreviam as observações a partir de seu referencial fixo em um lugar da Terra, o que complicava, em grande medida, a compreensão de fenômeno. Para compreendermos tais dificuldades, recorremos a fragmentos de textos de alguns pioneiros na área.

Citamos aqui, por exemplo, a explicação que Claudio Ptolomeo (século II) revela sobre este “movimento peculiar do céu”, a precessão, em sua obra Sintaxis, mais conhecida por Almagesto:

Que a esfera das estrelas fixas possui um movimento próprio no sentido oposto ao da revolução de todo o Universo (…) isso se faz evidente para nós, especialmente pelo fato de que as estrelas não têm mantido as mesmas distâncias com respeito aos pontos solsticiais e equinociais, em épocas passadas e em nosso tempo, respectivamente, senão que, a medida que o tempo avança, suas distâncias (deste pontos) crescem em forma constante e em direção para o leste.

Notemos que ao dizer “a revolução de todo o Universo”, Ptolomeo está se referindo, basicamente, ao movimento diário da abóboda celeste, dado que se pensava em uma Terra fixa e que não rotacionava; então, o movimento aparente do céu é equivalente a um movimento de toda a esfera estrelada na direção oeste, isto é, contrário ao do incremento das distâncias devido ao efeito da precessão que é na direção leste.

Na continuação, Ptolomeo menciona, explicitamente, a Hiparco de Nicea (século II a.C.). No libro VII do Almagesto, Ptolomeo narra os descobrimentos de Hiparco, cuja obra perdeu-se na atualidade. Baseando-se em observações de Timocares de Alexandria (século III a.C.) e de outros que o precederam, Hiparco anunciou o descobrimento da precessão dos equinócios:

Hiparco, em seu trabalho ‘Sobre o deslocamento dos pontos solsticiais e equinociais’, comparando os eclipses da Lua, sobre a base tanto das precisas observações realizadas em seu tempo, como daquelas efetuadas antes que ele por Timocares, conclui que a distância de Spica ao ponto equinocial de outono, medida em ordem inversa ao dos signos, era em seu próprio tempo de 6º, mas em época de Timocares era de 8º aproximadamente (…) E no caso de praticamente todas as estrelas fixas, cujas posições comparou, ele (Hiparco) mostra que houve a mesma quantidade de progressão em ordem direta a dos signos.

Sabemos que em suas observações, Timocares comprovou que a estrela Spica ou Espiga (a mais brilhante da constelação de Virgo) localizava-se a 8º para a direção oeste do ponto equinocial de outono. Um século mais tarde, Hiparco a observou a somente 6º para a direção oeste deste dito ponto no céu, o que o levou a concluir que as longitudes (eclípticas) das estrelas mudavam ao longo do tempo, deslocando-se para a direção leste em um arco paralelo ao da eclíptica.

Reforçando o já explicado em seções anteriores de seu Almagesto, Ptolomeo transcreve agora as próprias palavras de Hiparco. Diz Ptolomeo:

Esta parece ter sido a ideia de Hiparco, a julgar pelo que ele mesmo disse em seu trabalho ‘Sobre a duração do ano’: ‘Se por esta razão solstícios e equinócios tem mudado sua posição em ordem inversa a dos signos, em um ano, em um valor não menor a 1/100 de grau, seu deslocamento em 300 anos deveria ser não menos do que 3 graus.’

De fato, o cálculo proposto por Ptolomeo a Hiparco não estava tão distante dos dados atuais, pois, hoje, sabemos que a “corrida do céu” com respeito aos pontos equinociais devido à precessão é de, aproximadamente, 1,4º por século, apenas quarenta por cento acima do valor mínimo sugerido pelo astrônomo da Antiguidade.

Esta mudança nas posições dos solstícios e dos equinócios, com o decorrer dos séculos, claramente, afeta a época do ano em que o Sol se localiza sobre cada constelação zodiacal. Este fato é bem visível hoje em dia, quando os diferentes signos astrológicos já não coincidem com as constelações homônimas onde “reside o Sol”. Este deslocamento das constelações do zodíaco não é levado em consideração pela grande maioria dos astrólogos populares (cultivadores da chamada astrologia tropical), pois afirmam que há vários milhares de anos houve coincidência entre os signos e as constelações. Não interessam para eles as constelações, mas as posições que elas tinham na época dos babilônicos. Entretanto, um número reduzido de astrólogos preferiu atualizar-se e levar em conta a precessão e, com ela, também, o lento mas inexorável movimento das constelações. Eles praticam a denominada astrologia sideral, tão esotérica quanto a primeira, mas com a aspiração de levar em conta algumas conclusões científicas.

Proposta Didática

Monumento Marco Zero do Equador - Equinócio da Primavera

A proposta que apresentamos para a compreensão das constelações do zodíaco e sua relação com os signos emprega, em partes, uma forma de organizar a Terra no espaço, conhecida como esfera celeste citada anteriormente. Apesar de se tratar de uma ideia concebida na Idade Média, ainda se constitui numa forma útil de compreender os movimentos do Sol e demais astros em relação ao nosso planeta. Pela sua relativa simplicidade e poder explicativo, o modelo de esfera celeste foi empregado no ensino de Astronomia do século XIII até o final do XVII, através da obra de Johannes de Sacrobosco, conhecida por Tratado da Esfera.

O modelo assume a Terra como um ponto de dimensão desprezível, localizada no centro de uma esfera de raio infinito, sobre a qual estão dispostos os demais astros, como o Sol e as estrelas, por exemplo. A partir disso, consideramos que nosso astro-rei, no decorrer de um ano, percorre esta esfera, ao passo que a Terra, sem translação, permanece parada em seu centro. Com o movimento diurno global da esfera celeste, é possível explicar os dias e as noites, as estações do ano e as mudanças no céu noturno, por exemplo.

Vale ressaltar que o emprego do modelo de esfera celeste não implica compartilharmos de uma concepção geocêntrica de universo. Continuamos a acreditar no modelo heliocêntrico, mas, provisoriamente, traremos a Terra para a posição central, num modelo com fins didáticos para compreensão dos fenômenos que ocorrem no céu.

Na esfera celeste há alguns elementos que serão necessários para o entendimento de como o zodíaco é organizado. Assim como no globo terrestre temos linhas imaginárias, no globo celeste também a teremos. Logo, a projeção do equador terrestre na superfície da esfera imaginária dará origem ao equador celeste. Da mesma forma, a projeção do eixo da Terra, que parte dos polos terrestres, atinge a esfera em dois pontos: polos celestes norte e sul.

O aparente caminho do Sol sobre a esfera é chamado de eclíptica, e não é coincidente com o equador celeste, como mencionamos antes. Eles formam, entre si, um ângulo de, aproximadamente, 23.5º. Vale destacar que estes dois planos se interceptam em dois pontos sobre a esfera celeste (γ e γ´). A disposição destes elementos sobre a esfera celeste é apresentada na figura 3, para a qual assumimos, arbitrariamente, a posição da eclíptica paralela ao plano de referência do leitor, e o equador celeste inclinado em relação a ele.

As constelações que formam o zodíaco compõem uma faixa no céu, que está disposta sobre a eclíptica. Isso é algo aparente e usado para fins didáticos em nosso modelo, pois sabemos que as estrelas estão a distâncias muito superiores a do Sol. Portanto, a partir deste modelo, o Sol “passa sobre” a faixa das constelações zodiacais no decorrer do ano, conforme citado anteriormente.

Para a proposta didática aqui apresentada, assumiremos trezes constelações; ou seja, além das conhecidas, acrescentaremos Ofiúco. Para representação de cada uma das constelações, empregamos uma pequena placa de papelão, sobre a qual colamos a representação imaginária da constelação e seu nome, conforme a figura 4.

Para representarmos o Sol, empregamos uma esfera de isopor pintada na cor dourada. A Terra é representada por um pequeno globo terrestre, o qual foi fixo em uma haste de arame para funcionar como seu “eixo do mundo”. Perpendicular a ele, na altura da linha do equador, perfuramos com outra haste, a qual demarcará a posição do equador celeste, conforme ilustra a figura 5.

No entanto, conforme citado anteriormente, o eixo terrestre, apesar de manter a mesma inclinação, não aponta sempre para o mesmo local do céu, variando, lentamente, sua posição. Tal movimento se assemelha ao de um pião.

Para obtermos um modelo no qual o pequeno globo pudesse girar desta forma, empregamos metade de uma garrafa pet como suporte para o eixo. Fizemos um pequeno furo em sua base, na posição central, onde o eixo do globo é acoplado. Em torno da borda da garrafa, fizemos pequenos sulcos, com largura suficiente para, também, encaixar a haste de arame. Ao total, fizemos 26 pequenos canais, cada um deles representando 1.000 anos, conforme representa a figura 6. É importante destacar que a ordem crescente dos anos obedece ao sentido horário.

O resultado de tal montagem implica que uma volta completa do eixo do globo em torno da borda da garrafa representa um ciclo completo do movimento de precessão da Terra.

Por fim, construímos um círculo em papel cartão, o qual representou o equador celeste, dividido em doze partes iguais. Em cada uma, inscrevemos cada mês do ano, em ordem crescente e no sentido anti-horário, conforme aponta a figura 7.

Este aro foi fixado à haste presa ao globo, colocada na altura do equador terrestre. Na sequência, a montagem foi colocada no suporte de garrafa pet. É importante destacar que este aro deve ser fixado à haste nas posições ocupadas pelos meses de março e setembro, dispostos de forma diametralmente oposta. Assim como ilustrado na figura 3, optamos para manter o equador celeste inclinado em 23º, aproximadamente, em relação à reta perpendicular ao solo, onde estará posicionado o plano da eclíptica, conforme revela a figura 8.

Após termos montado tais materiais, a ordenação obedeceu à ideia de esfera celeste, ou seja, dispomos as constelações do zodíaco em torno da Terra e num mesmo plano (o do piso), conforme mostra a figura 9. As constelações são dispostas de forma circular, na seguinte ordem: Capricórnio, Aquário, Peixes, Áries, Touro, Gêmeos, Câncer, Leão, Virgem, Libra, Escorpião, Ofiúco e Sagitário.

A partir da montagem elaborada, é possível simular o que ocorre com as posições aparentes das constelações zodiacais no decorrer dos tempos. Para a nossa proposta, partimos da distribuição das constelações próxima ao ano zero da era cristã.

Tomaremos a constelação de Sagitário como exemplo, e acompanharemos o que ocorre com ela. Primeiramente, alinhamos o Sol com tal constelação e com o equador celeste em meados do mês de dezembro. Nesta configuração, o mês de março, por exemplo, ocupa a posição em frente à constelação de Áries (ponto γ), conforme apresenta a figura 10.

Conforme explicitado anteriormente, o movimento de precessão da Terra faz com que seu eixo, no decorrer dos anos, varie sua orientação. Para nosso modelo, isso equivale a dizer que a cada mil “voltas do Sol em torno da Terra” o eixo terrestre salta para o sulco subsequente, no sentido horário, variando sua posição. Ao final de 26.000 anos, aproximadamente, ele retorna à posição do ano zero.

Se isso for feito empregando o modelo por nós sugerido, ou seja, deslocando o eixo da Terra no sentido horário, é possível verificar que o ponto γ, que marca o equinócio de março, vai se antecipando ou precedendo ano a ano (precessão dos equinócios). Como as estrelas fixas praticamente não alteram sua posição, no decorrer dos anos, com a mudança do ponto γ, os meses nos quais o Sol passa sobre as constelações de fundo vão se modificando. Logo, Áries, por exemplo, que por volta do ano zero tinha o Sol sobre si por volta do mês de março, em 2000 a posição do Sol desloca-se em direção à constelação de Peixes. Da mesma forma, o descompasso ocorre com todos os demais signos do zodíaco, que só voltarão a ter suas posições ajustadas aos meses, conforme prega a Astrologia, em torno do ano 25.800.

Na figura 11, ilustramos a representação da posição do equador celeste em função do plano da eclíptica, tomando cinco datas diferentes: ano zero, 7.000, 14.000, 20.000 e 25.800, quando, aproximadamente, completa um ciclo.

A partir das posições em que o Sol se encontra no zodíaco, devido ao movimento de precessão do eixo da Terra, verificamos que nosso astro-rei estará “sobre” Sagitário, por exemplo, em diferentes meses no decorrer do tempo. Isso implica que não se pode dizer que uma pessoa nascida em dezembro do ano 6.000, por exemplo, seja regida pelo signo de Sagitário, se entendermos que o Sol ocupará outra posição no zodíaco para aquele ano.

Considerações Finais

A atividade sugerida vem no sentido de auxiliar o professor na exploração de um tema que, recorrentemente, está presente na mídia e que perpassa a vida das pessoas: os signos do zodíaco. Nossa intenção não é travar uma discussão sobre qual ponto de vista é o mais correto; antes, é apresentar uma proposta didática que revele os mecanismos, do ponto de vista da Astronomia, que expliquem como os signos foram originados e as mudanças que ocorrem com a localização do Sol sobre as diferentes constelações no decorrer dos anos devido à precessão dos equinócios.

A partir disso, se o professor preferir pode desencadear uma discussão sobre a forma como a Astrologia obtém os dados, frente aos movimentos que a Astronomia explica.

O emprego de materiais, relativamente, simples proporciona que a montagem possa ser realizada até mesmo por estudantes, a partir da qual novas conclusões possam advir, como a orientação do eixo terrestre para diferentes posições no céu no decorrer dos anos, por exemplo.

Esperamos que a proposta didática possa atender aos professores na exploração deste tema e que novos olhares possam vir à tona, mostrando como a Astronomia se relaciona aos aspectos físicos e culturais que estão a nossa volta.

Cycle of Life (Armillary Sphere)