Astrologia Antiga

Pseudepígrafos de la Astrología Antigua

astronomic-still-life-by-gennady-privedentsev

Aurelio Pérez Jiménez

Universidad de Málaga

Edición Javier Martínez. Mundus vult decipi.
Estudios interdisciplinares sobre falsificación textual y literaria.

Pseudepigrafia (do grego ψευδεπιγραφία) é o estudo dos pseudepígrafos ou pseudo-epígrafos, que são textos antigos, aos quais é atribuída falsa autoria.

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Si en otros géneros literarios los escritos de autoría falsa han sido importantes, en el de la astrología (y la alquimia) están extraordinariamente bien representados. A esto han contribuido dos razones especiales: 1) la necesidad de prestigiar con la autoridad de figuras míticas o ya prestigiosas en la época helenística y romana una doctrina que se sentía ajena en el occidente mediterráneo y cuyo origen se asociaba a Mesopotamia o Egipto. De ahí que la astrología cuente en la tradición grecorromana no sólo con iniciadores mitológicos como Prometeo, Atlas, Heracles, Hiperión, Minos, Orfeo, etc., sino también con autores que sistematizaron sus doctrinas, bien porque las recibieron directamente de la divinidad, por revelación, como Hermes Trismegisto o Nequepso y Petosiris, Adán, Seth, Henoch, porque su actividad o su filosofía tenía que ver con la adivinación y los astros (Abrahám, Daniel, Zoroastro, Ostanes, Pitágoras, Hipócrates, Demócrito, Platón,  Aristóteles, Galeno) o porque con su sabiduría estaban capacitados para el magisterio astrológico entre los griegos (Salomón, Manetón y el mismo Alejandro). 2) El otro motivo, difícilmente diferenciable del primero, es la intención de ocultar la práctica astrológica a la que responde la redacción de estos escritos; práctica que es discutida por los filósofos providencia listas (como los platónicos), por los escépticos e incluso perseguida por los decretos de expulsión que se dictaron en Roma desde la época republicana hasta los primeros siglos de oficialidad del cristianismo (IV y V), cuando toman el relevo las proclamaciones de anathema que leemos en los Concilios. Así, puesta bajo el nombre de autores respetados por todos  y, en el caso de los cristianos, de sus patriarcas y otros héroes bíblicos, los autores de estos saberes heterodoxos esperaban eludir su responsabilid y poner a salvo los contenidos que divulgaban. Y certamente lo consiguieron, a juzgar por la cantidad de tratados o fragmentos de ellos que conservamos en los manuscritos occidentales y bizantinos.

La forma en que se presentan las enseñanzas de estos apócrifos tiene mucho que ver con el espíritu novelesco de la época en que se configuraron, el período helenístico-romano. Unas veces hay revelación directa por divinidades cuyo carácter sapiencial las hace idóneas para ello: el dios dicta sus conocimientos al discípulo elegido (Hermes-Thoth) o lo hace a través de ángeles y démones (Seth); otras veces se trata de visiones extáticas (Nequepso) similares a la del Escipión ciceroniano o bien de ha llazgos fortuitos de un papiro o de una estela que contiene estos escritos (Ostanes-Demócrito), al estilo de Evémero y su historia de Panquea; pero lo habitual, com o señala Festugière, es la historia de un rey instruido por un sabio mediante la correspondencia epistolar (Nequepso Petosiris, Alejandro-Aristóteles).

Pues bien, en el caso de la astrología, si prescindimos del problema sobre los iniciadores legendarios (dioses como Prometeo o héroes como Heracles) de la adivinación astral, los tratados astrológicos cuentan con una buena cantidad de apócrifos o de pseudepígrafos griegos puestos bajo el nombre de personajes prestigios os de los cuatro grandes pilares de la cultura esotérica helenístico-romana: los egipcios, los persas, los judíos helenizados y los propios griegos.

1. Pseudepígrafos greco-egipcios

Una parte importante de la tradición literaria griega atribuía a los egipcios el origen de la astrología, lo que parece ser una reivindicación patriótica de los alejandrinos de época tolemaica.5 A ello debió contribuir, además del carácter astral de la religión de Isis y Osiris y de la proyección mitológica y religiosa de los antiguos indicadores celestes del calendario egipcio (los decanos), la sistematización, probablemente iniciada en época tolemaica, de lo de los dos corpora que sirvieron de fuente a prácticamente toda la astrología grecorromana a partir de mediados del II a.C. y que continuaron manteniendo su prestigio esotérico en la época medieval y moderna: los tratados de Hermes Trismegisto y de Nequepso6Petosiris.

5 Cf. BOUCHE-LECLERQ 1899: 35-39. Sobre la ambientación tolemaica de los estadios más antigos de los textos astrológicos, sigue siendo útil el libro de Cumont 1934.
6 Adaptamos a las normas de transcripción propuestas por Fernández Galiano el nombre griego de este astrólogo (Νεχεψώ), conocido en la literatura moderna como Nechepso o Necepso.

Hermes Trismegisto, también llamado ‘Hermes el Tebano’ no es sino la helenización del dios egipcio Thot, tutelar de la ciencia, la escritura y, en particular, de la astrología y la astronomía. Habría dictado su saber a sus sacerdotes de Menfis y, según al gunos testimonios, la obra estaría escrita en secretos libros y estelas. La denominación Hermes Trismegistos remonta al siglo III a.C., a la época de Tolomeo IV Filópator (221-204). En la tradición posterior aparece como último dios y primer hombre.

La información más precisa sobre los Astrologoúmena (ἀστρολογούμενα)* de Hermes la debemos a Clemente de Alejandría que menciona 42 tratados, de los que se encargaban distintos grados de sacerdotes: treintiséis (el número corresponde a los decanos egipcios) contienen toda la filosofía egipcia y, de ellos, los 4 de astronomía (constelaciones, planetas, sol y luna) eran custodiados por el horoscópos. El resto trataba de cuestiones diferentes (cosmografía, corografía, justicia, religión, derecho y educación. Los seis que nos dan la cifra de 42, custodiados por los pastóphoroi contenían la iatromatemática: anatomía, enfermedades, instrumental médico, remedios curativos, afecciones de la vista y afecciones de las mujeres. Es probable que estos libros, tal vez conocidos por Clemente, procedieran de algún rollo conocido por los griegos desde el siglo IV (Eudoxo) y traducido al griego a comienzos del III, durante el reinado de Tolomeo II Filadelfo. La incorporación posterior de tratados teológicos, místicos y filosóficos, de orientación gnóstica (núcleo del Corpus Hermeticum), llegó a cifras exageradas como los 20.000 libros de que habla Jámblico (c. 330 d.C.) o los 36.52515 de Manetón. En época árabe Massala menciona sólo veinticuatro libros astrológicos: dieciséis sobre horoscopia individual, cinco sobre astrología catártica (predicción del momento oportuno para iniciar atividades), dos sobre monomoiríai (propiedades astrológicas de los grados de cada signo) y uno sobre la Sphaera Barbarica (constelaciones ajenas a la observación de los griegos). El material astrológico contenido en los fragmentos y libros atribuidos a Hermes Trismegisto incluye: 1) Tratados de astrología universal: Geniká entre los que destacan las Apokatastasis (ἀποκατάστασις) o doctrinas relativas a los ciclos astrológicos del mundo (en particular el Thema mundi ** u horóscopo del universo) y tratados sobre eclipses, brontología, cometas, terremotos y predicciones del nuevo año; 2) los Salmeschiniaka,20 libros en los que, según Porfirio, se recogían los nombres de los principales dioses astrales (planetas, Zodíaco, paranatéllonta, regentes de las horas y decanos), se describían remedios contra las enfermedades, y se hablaba sobre las ascensiones y ocultaciones delas estrellas y su importancia para e l conocimiento del futuro; 3) el Panáretos, un tratado citado sólo por Pablo de Alejandría (IV d . C.), que contiene la doctrina de las siete suertes (klêroi) de los planetas y que debió ser utilizado además por Fírmico Materno y por el astrólogo del 379; 4) tratados de medicina astrológica entre los que se incluyen: Iatromathematiká (citados por el astrólogo del 379, en ellos se indicaba la posición de ciertos planetas en determinados decanos como causa de enfermedades y se fijaba una melotesia decánica); Iatromathematica de Hermes Trismegisto al egipcio Ammón (con pronósticos sobre enfermedades: fue utilizado por el Ps.-Galeno en sus Prognostica de decubitu; también se trataba la cuestión del macro cosmos y microcosmos, la melotesia planetaria y zodiacal y la importancia de la luna para de terminadas enfermedades; Libro sagrado de Hermes a Asclepio (que contenía otra melotesia decánica); Sobre los ojos (se indicaban en esta obra los grados del Zodíaco que condicionan las afecciones de la vista); Organon de Hermes Trismegisto (describía diversos métodos para predecir y conocer la salud de las personas y sivivirá o no el paciente); 5) tratados sobre horoscopia de los nacimientos, e influencias de las casas de la dodecátropos, utilizados por primera vez por Serapión y luego por Trasilo y otros autores; en el mismo grupo habría que incluir el tratado de horoscopia catárquica llamado Methodus mystica con el que se quieren responder cuestiones relacionadas con la naturaleza y condición de lo que va a nacer (humano, animal o monstruo) y con su profesión, carácter y formación; 6) Liber Hermetis Trismegisti: es la obra más completa que conservamos; está en un manuscrito de 1431, publicado por primera vez en 1936 y podría ser la traducción de un tratado griego de época de Hiparco,25 tal vez manejado por Fírmico Materno, entre otros astrólogos. Consta de 37 capítulos y se abre con un catálogo de los decanos (que incluye una melotesia y una corografía), único capítulo atribuible a Hermes Trismegisto, que fue utilizado en su versión primitiva tal vez por Teucro de Babilonia. Del conjunto destaca un catálogo de estrellas (cap. 3), cuya terminología e indicaciones corresponden al catálogo de Hiparco, y el cap. 25, De stellis fixis, in quibus gradibus oriuntur signorum, es decir, la doctrina de las monomoiríai, aunque el contenido es más amplio, ya que incluye pronósticos astrológicos de los grados zodiacales, referencias a los términos además de los paranatéllonta*** y sus influencias, coincidentes con Teucro de Babilonia; 7) tratados de botánica astrológica: bajo el nombre de Hermes Trismegisto circularon también relaciones de plantas o hierbas regidas por los planetas, los signos del Zodíaco o los decanos, casi siempre con indicaciones iatromatemáticas; en los códices astrológicos griegos se menciona en varias ocasiones el Libro de Hermes Trismegisto a Asclepio, sobre las plantas de los siete planetas y el Libro de Hermes Trismegisto a su discípulo Asclepio, sobre las plantas de los doce signos del Zodíaco, a los que remontan los catálogos de plantas que nos han llegado bajo los nombres de Alejandro, Tésalo, el rey Salomón, Tolomeo, Alexio, las Ciranides y otros anónimos; 8) además de las obras mencionadas, hay que citar la conocida por Fírmico Materno como Myriogenesis, dirigida también a Asclepio y que recoge las influencias de los 360 º de la eclíptica, así como una Sphaera Barbarica mencionada por Proclo): por último, con la astromagia tiene que ver el libro Pteryx (Ala) citado por un papiro mágico de Leiden (395 d .C.) que adscribe los perfumes a los planetas y el Anillo de Hermes al que hace referencia un papiro del British Museum. El Centiloquium Hermetis, conservado en la traducción latina de Antonio Lauro, es ya un producto medieval donde se mezclan doctrinas astrológicas árabes con los elementos antiguos.

* Terminologia mística que continha todos os ensinamentos importantes sobre astrologia helenística.

** La carta de la creación del mundo que tiene a Cáncer ascendiendo con Aries en el Medio cielo. Consecuentemente, Rhetorio llama a Cáncer el “Horóskopos del Cosmos” y a Aries el “Medio cielo del Cosmos”.

*** Además del Zodíaco y los Decanos, la importancia astrológica de la esfera celeste se completa con la descripción de los paranatéllonta, iniciada por Eudoxo y preocupación constante en los autores de catasterismos.  Pero la gran contribución helenística (en concreto de Teucro de Babilonia) fue atribuir significado astrológico a las constelaciones de la llamada sphaera barbarica, en especial a la dodecaoros egipcia, tratada además en el cap. 25 del Liber Hermetis.

15 Resultado de multiplicar por 25 los 1.461 años que contiene un período sotíaco.
20 El nombre, del que se ha discutido su origen babilonio, se ha demostrado (THIELE 1995: 53) que es de origen egipcio (significaría “marcha de las influencias”).
25 GUNDEL 1936: 3. GUNDEL 1966: 18, datación discutida por PINGREE que sugiere como terminus post quem el VI d.C. (1963: 227) e incluso data la compilación en el IX-X (1977: 219). Sin embargo, las longitudes estelares del catálogo del cap. 3 remontan al III/II a.C., mientras que las del cap. 25 corresponden en parte al V d.C. (FERABOLI 1994: XXI). El tratado ha sido ampliamente comentado por su primer editor GUNDEL (1936) y por HÜBNER 1995. Contamos ahora con una excelente edición nueva de FERABOLI (1994).

Muy ligado a Hermes Trismegisto, en cuyas obras astrológicas y teosóficas figura como discípulo suyo, el dios griego de la salud Asclepio (Imuthes/Imhotep)32 aparece como autor de tratados principalmente iatromatemáticos. Algunos libros los escribe por dictado de Hermes, como un catálogo de decanos y sus influencias en talismanes. Pero otras veces él mismo dicta su obra a otros, como ocurre con la experiencia mágico-religiosa de Tésalo en su templo, donde la divinidad le revela las propiedades curativas de las plantas.33

 32 Véase sobre el culto en época grecorromana a este dios egipcio, identificado con Asclepio, el estudio reciente de CIAMPINI 2009: 226-232.
33 Cf. PÉREZ JIMÉNEZ 2009 y, sobre el significado mágico-religioso de esta experiencia, SFAMENI GASPARRO 2009, espec. pp. 298-302.

La otra gran contribución del Egipto tolemaico a la historia de la astrología antigua es el tratado de Nequepso (nombre de un faraón del siglo VII) y Petosiris (‘Regalo de Osiris’, identificado erróneamente con un sacerdote del siglo IV, cuya tumba se ha encontrado en Hermópolis, en el Alto Egipto; ni si quiera la denominación del personaje como ‘sacerdote’ está documentada en los textos, se trata sólo de una hipótesis) redactado hacia 150-120 a.C. A veces se les cita como autores de un manual de astrología conjunto en 15 libros como mínimo, refiriéndose a ambos por su nombre o como ‘Los egipcios’ o ‘Los antiguos’ y, a veces, por separado, como autores de tratados especializados. El autor del papiro astrológico Salt sugiere que ambos (el nombre de Nequepso aparece como Nequeo) reunieron los astrologoúmena de Hermes y Asclepio. En cuanto a Nequepso como autor individual de tratados astrológicos, nuestra fuente principal es Vetio Valente (II d.C.) que le atribuye en e l libro XIII del manual una lengua mística y presenta su iniciación astrológica en forma de viaje celeste en el que se le revelan los movimientos de los planetas. Especialmente Valente le adjudica doctrinas sobre las suertes y la octátopos (esquema de ocho casas, en lugar de doce); el XIV trataba de iatromatemática y versaba sobre las veinti cinco piedras curativas y plantas; este libro lo consultaron en la biblioteca de Alejandría Harpocración (época de Augusto) y Tésalo (Claudio-Nerón). También Galeno se refiere a la iatromatemática de Nequepso. De Petosiris los peratas hacían un hijo de Thoth. Como Nequepso, recibió sus conocimientos astrológicos por revelación de Hermes, Hesiquio y la Suda le atribuyen obras teológicas y, según el Ps.-Manetón, recibió las enseñanzas de Hermes y Asclepio. Sus obras tratan de astrología universal, aparición de cometas, eclipses de sol y luna, ascensión de Sirio y pronósticos del año nuevo sotíaco. Frente a Nequepso y otros, concede un papel más importante a la luna que al sol en el destino individual (el signo en que está la luna en la concepción del individuo domina el nacimiento; también concede la mayor importancia a la luna en la horoscopia catártica); a él remonta igualmente una tipología y caracteriología de los hijos de los planetas y de los signos. Por último, se le atribuye una Esfera de Petosiris conservado en parte. De todos modos, la crítica moderna tiende a considerar la obra en su conjunto y los fragmentos conservados pueden clasificarse, siguiendo a Heilen,43 en 10 grupos temáticos: 1) forma literaria y método; 2) cuestiones astrológicas elementales, como el orden de los planetas, aspectos y términos, ascensiones de los signos, grados brillantes y estrellas fijas brillantes; 3) astrología universal basada en los cometas, eclipses, color del sol y ascensión helíaca de Sirio; 4) thema mundi; 5) genethlialogía; 6) horoscopia catártica; 7) iatromatemática (en especial botánica y medicina decánica: los fragmentos vienen de Tésalo y Aecio de Amida; según Galeno la iatromatemática se desarrollaba en el libro XIV del manual); 8) astromagia, contenida en e l libro XV; 9) aritmología (en este apartado debemos incluir también la Esfera de Petosiris, aunque no está claro que proceda de la redacción del siglo II a.C.); y 10) teología, teurgia y misterios.

43 2011: 25. PINGREE 1974 proponía cuatro grandes grupos: a) fenómenos astrales y meteorológicos, como los eclipses, la ascensión de Sirio y cometas en relación con los signos del zodíaco; b) revelación de Nequepso que sería la exposición en trímetros yámbicos de la horoscopia individual y catárquica: ciclos buenos y malos, viajes, descendencia, cálculo de la duración de la vida; c) iatromatemática incluyendo los decanos; d) numerología fundamentada en los signos.

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2. Pseudepígrafos bíblicos

La importancia cada vez mayor de los judíos helenizados en el mundo alejandrino y del Cristianismo en la época imperial tardía, favoreció la presencia de personajes bíblicos en la literatura astrológica griega apócrifa. En Palestina introdujo el culto astral Manasse (689-643), pero fue prohibido de nuevo por Josías (641-611). Aunque después se encuentran conocimientos astrales y puede asumirse la existencia de una creencia en los astros, su intensidad e importancia no es ni la sombra de la de Egipto y Mesopotamia en el IV a.C. La posibilidad de penetración de estas doctrinas entre los judíos se vio favorecida por la presencia de éstos en Alejandría, cuya literatura hermética grecohelenística tradujeron y refirieron ellos a sus personajes míticos: Abrahám, David, Salomón, Daniel, Esra, Seth y Moisés. Lo conservado son fragmentos en griego que probablemente remonten a originales de judíos helenizados.

Uno de los manuales más antiguos de astrología judeo-helenística se atribuye al sabio Abrahám, pseudónimo talvez de un autor de Alejandría o del Bajo Egipto. Había razones en la propia Biblia para relacionar al patriarca con la astrología. Su nombre hebreo significa ‘Padre que está en las alturas’, traducido en griego com o πατὴρ μετέωρος y su procedencia de Ur en Caldea facilitaba la asociación con el arte de las estrellas. Como dice Von Stuckrad “Abrahám valía como astrólogo no sólo para la tradición judía, sino también para la griega, egipcia (de él se cuenta que enseñó la astrología al faraón egipcio Pharethothes)48 y cristiana”. Valente cita, siguiendo a Hermipo (220 a.C.), sus teorías sobre horoscopia catártica referente a viajes y, con Fírmico Materno, le atribuye el desarrollo de la doctrina de los signos que se miran y se escuchan. El último, además, lo considera en el mismo pasaje una autoridad en el establecimiento de la suerte de la fortuna y del demon y lo pone en cuarto lugar de trás de Hermes, Nequepso y Petosiris y por delante de Orfeo y Critodemo. Algunos atribuyen su conocimiento astrológico a Henoch, del que habría sido discípulo, y otros a ángeles, patriarcas o profetas.

48 La fuente es Artápano, según el cual Abraham enseñó la astrología a los egipcios durante su estancia allí de 25 años. Después de instruir al rey Pharethothes regresó a Siria (VON STUCKRAD 2000: 307).

Según las fuentes, Seth (hijo de Adán) fue instruido en la astrología por un ángel del Señor y así conoció que el mundo sería destruido por fuego y agua. Para evitar que estos conocimientos se perdieran para la Humanidad, él y sus sucesores los grabaron en dos columnas, una de piedra y otra de adobe; así se conservarí an, porque en la destrucción por agua se conservarí a la de piedra y en la de fuego la de adobe. Las dos columnas se enseñaban todavía (en tiempos de Josefo) en Egipto. Según el testimonio bizantino, también Seth escribió sus conocimientos (combinaciones de los planetas y nombres de los meses y años) en tablas de piedra en hebreo, al dictado de un ángel; tras la confusión de las lenguas, las amplió el griego Ammón y seguidamente otros. Por su parte Henoch, séptimo desde Adán, escribió en tablas de piedra la cólera de Dios y, tras el diluvio, éstas se encontraron en una montaña y fueron trasladadas a Palestina. La vinculación con la astrología de este patriarca está presente en la tradición literaria judía y judeocristiana. Según Eusebio, fue maestro en este arte de Abrahám. Se conservan astrologoúmena atribuidos a Henoch y a Adán. Ambos tienen que ver con la literatura apocalíptica y conservan muchos ecos del hermetismo. Más próximo en el tiempo está el sacerdote Esra (V a.C.), bajo cuyo nombre se escribieron tratados astrológicos precristianos; entre ellos se incluye un lunario donde los días del mes lunar se indican como días del nacimiento de personalidades y de sucesos del Antiguo Testamento. También se le atribuye un lunario iatromatemático, un brontologio y un calendologio igualmente con consideraciones médicas muy difundido en la Edad Media. En cuanto a Daniel, no podían faltar en la antigüedad tardía (sobre todo cristiana) pseudepígrafos de este exégeta de sueños judeo-babilonio. Se le atribuyen Apocalipsis en los que se mezclan cuestiones onirocríticas con lunarios, calendologios y predicciones basadas en truenos, rayos y terremotos. El autor del libro, como es habitual en otros pseudepígrafos, justifica la entrada de la obra del profeta en el mundo griego ambientándola en la Alejandría de Tolomeo II Filadelfo quien habría ordenado que setenta sabios griegos (hay una evidente referencia a los Septuaginta) tradujeran al griego el libro de Daniel. Después de muchas vueltas, se hizo una versión árabe hasta que en el año 1245 Alexio de Bizancio lo encontró y tradujo al griego. También al rey David se le atribuyó un brontologio que comienza con el mes de enero y en el que, además de los rayos y truenos, se toman en consideración los terremotos. Por último, se conserva un lunario atribuido a David y Salomón donde los 30 días del mes se relacionan con el nacimiento de personajes importantes y con sucesos bíblicos.

Este último es, junto con Abrahám, el autor de tratados astrológicos más importante del mundo greco judío antiguo. Modelo de sabio hermético, mago y astrólogo, bajo su nombre circularon varias obras de este género: 1) Hidromancia o Higromancia de Salomón a su hijo Rhoboam, prescripciones mágicas relacionadas con los días de la semana y las horas en clara dependencia de sus tutelas planetarias, que incluyen plegarias a los planetas, y textos de botánica planetaria y zodiacal y de lítica planetaria; 2) menos interés tienen para nosotros la llamada Sapientia Salomonis que no contiene elementos astrológicos, el Sello de Salomón, relacionado con la fabricación de amuletos mágicos y la Lecanomanteia Salomonis; y 3): sin duda la obra más interesante es el Testamentum Salomonis, importante sobre todo por su integración de los decanos en e l Zodíaco.

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3. Los Magos persas

Seguramente la posibilidad de que la astrología babilonia llegara a Egipto con la dominación persa explique el papel asignado en el mundo griego a los magos persas como iniciadores y difusores de las nuevas doctrinas en occidente. La vinculación de Zoroastro con la astrología cuenta con testimonios griegos ya en el siglo IV, con la etimología de su nombre como “Adorador de los astros” por Hermodoro, discípulo de Platón. Hermipo de Esmirna, a finales del III a.C., le atribuye numerosos escritos de astromagia. Sus astrologoúmena nos son conocidos por Proclo y los Geopónica, así como por los manuscritos astrológicos griegos. En el III a.C. debieron estar extendidos, puesto que los usa y a Bolos de Mendes en Egipto; luego los mencionan Praxídico, el astrólogo Timeo, Antíoco y Doroteo y se hacen eco de sus doctrinas astrológicas Plinio, Pompeyo Trogo, Nicómaco de Gerasa, Valente, Proclo y Lido. Parte de los fragmentos recogidos por Cumont-Bidez pertenecen a un tratado Sobre la naturaleza en cuatro libros, talvez redactado por un compilador en Egipto durante el III a.C. Según Proclo trataba cuestiones de astrología individual, como el destino de los sietemesinos y el problema de si hay que predecir por la posición de la luna en el momento de la concepción o del nacimiento. La Suda le atribuye también unos Asteroskopika o Apotelesmatiká de los que conservamos fragmentos relativos a la horoscopia catárqu ica, que tuvieron bastan te influencia en la Antigüedad tardía. El segundo astrólogo persa importante es Ostanes, que acompañó a Jerjes o a Alejandro y al que se atribuyen, además de un tratado sobre magia que se relaciona con la formación de Demócrito, botánica y lítica, fórmulas para invocar a los dioses pl anetarios y la doctrina que pone en relación la hebdómada planetária con las cuerdas de la lira. Por último Histaspes, un rey mago persa, es citado como autor de un Apocalipsis, probablemente obra de un griego oriental del siglo II, en el que se vierten doctrinas maguseas; a esta obra debe pertenecer la distribución de la semana entre los planetas que le atribuye Lido.

4. Pseudepígrafos Griegos

Aunque, como hemos visto, la mayoría de los pseudepígrafos astrológicos tienen que ver con el origen oriental de la astrología (caldeos, egipcios, judíos y persas), una vez afianzada ésta en Grecia, sus doctrinas y tratados se pondrán bajo la autoría de autoridades literarias, filosóficas y científicas cuyos escritos auténticos tuvieron alguna relación con los astros o brindaron el fundamento científico al nuevo arte adivinatorio. En cuanto a la ciencia, a Hipócrates por sus referencias a sueños astrales y, en especial, a la importancia de la meteorología para la salud y a Galeno, por sus alusiones a la importancia médica de la astronomía y la astrología, se les atribuyeron escritos puramente astrológicos. En efecto, el primero pasa por ser autor de un De hebdomadis conservado en traducción latina y de una carta al rey Tolomeo, donde se relacionan los cuatro humores del hombre con los cuatro elementos del Universo, de una Hermeneia Hippocratis, donde trata sobre melotesia y de un lunario con pronósticos de enfermedades que también se pone bajo el nombre de Platón o de Galeno en los códices astrológicos. A éste último, se le atribuyeron ya en la Antigüedad los Prognostica de decubitu ex mathematica scientia, una compilación tal vez hecha por Imbrasio de Éfeso con doctrinas iatromatemáticas anteriores al médico imperial.

De los filósofos, la mención de una Sphaera de Demócrito tiene que ver sin duda con la importancia de su filosofía de la naturaleza que, en la tradición posterior, lo convirtió en uno de los iniciadores de la alquimia y en mago (discípulo del persa Ostanes) y, de ahí, tal vez, en autor de obras astrológicas.71 Pero, sobre todo, los que no pudieron evitar que su nombre se utilizara en la literatura astrológica fueron Pitágoras, Platón y Aristóteles. El primero, por su teoría de la música de las esferas.72 Platón, en particular, por ser el primer autor griego que nos transmite la relación de los planetas con los dioses griegos, por el papel que desempeñaron éstos en la labor del demiurgo del Timeo, por su doctrina del annus platonicus, entendida luego bajo la perspectiva astrológica, y por los elementos astrales de algunos de sus mitos.74 Y Aristóteles, debido a sus disquisiciones sobre la materia, que aporta a astrólogos y alquimistas la doctrina de los cuatro elementos y las cuatro cualidades, sobre la astronomía y sobre la meteorología, desarrolladas en obras de autenticidad dudosa como el De mundo y De caelo.75 En fin, a tan prestigiosos filósofos hay que añadir otros personajes famosos, vinculados con la mística y la adivinación, com o Orfeo y Melampo o a los que –tal es el caso de Alejandro– la relación con su maestro, su cultura, su encuentro con los caldeos y la leyenda sobre su origen y sus virtudes curativas lo convertieron en modelo ejemplar para este tipo de literatura apócrifa.76 No faltan, por último, algunos personajes históricos en la cultura griega a los que la tradición hizo autores de escritos astrológicos, como Bolos de Mendes y el taumaturgo Apolonio de Tiana.77 Por lo demás, entre los tratados de astrología de época imperial conservados, aunque lo normal es que estén firmados por sus verdaderos autores, tampoco faltan pseudepígrafos. El más conocido es el poema atribuido al historiador de época tolemaica Manetón, una obra redactada entre el siglo I y e l V d.C. cuyas partes más antiguas, entre las que se incluye el prólogo, fueron puestas bajo el nombre de aquél. Lo certifica la dedicatoria que, al modo habitual de este tipo de escritos, hace el astrólogo (en este caso Manetón) a su rey (aquí Tolomeo):

Salve, oh Tolomeo, afortunado con la dignidad regia
de nuestra tierra, de Egipto, alimentador del Universo.
Este regalo tetraigo, digno de tu real corona.
[ . . . . . . … .. .. .. … .. .. … .. .. .. .. … .. .. .. … .. … .. .. .. .. … .. .. .. ..]
tras haber pasado noches en vela y numerosas fatigas durante el día,
[ . . . . . . … .. .. .. … .. .. … .. .. .. .. … .. .. .. …]
para, cuanto de forma breve el propio Petosiris
ha dicho, exponértelo con la mayor veracidad posible,
en ritmos heroicos y en hexámetros épicos,
a fin de que sepas que siempre so mos hombres expertos
quienes tuvimo s la suerte de habitar el sagrado suelo de Egipto.

71 THORNDIKE 1923: 682. La Sphaera Democriti, a juzgar por referencias en los papiros mágicos (PGM II 81, 351 ss.), fue muy prestigiosa en la Antigüedad. En cuanto a otros pseudepígrafos, Massala (CCAG, I: 82) le atribuye catorce libros relacionados con aspectos técnicos de la astrología (genethlialogía, interrogaciones y conjunciones). Bajo nombre del abderita circuló también una Dodecaéteris, de la que tenemos alusiones en Geop. 1.1223 (5, 11, 17, 19, 28, y 40).

72 Bajo su nombre circularon numerosos apócrifos relacionados con los astros en la Antigüedad (ya Eudemo, en el IV a.C. habla de unos Placita de los pitagóricos sobre los cometas y de un Método de Pitágoras) y en época bizantina (en CCAG VII: 66, se le atribuye un lunario de nacimientos que en otros lugares aparece como de Orfeo). Pero la obra más popular fue el Psephos de Pitágoras, que relaciona astrología, onomatomancia y numerología y también aparece a veces bajo su nombre la ya mencionada Esfera de Petosiris. En los códices griegos y en escritos medievales figuran como suyas unas Divinationes Pythagoricae y un Libro de los paranatellonta.

74 Cf. PÉREZ JIMÉNEZ/CABALLERO 2002: 12-13. Massala (CCAG, I: 82) le atribuye 5 obras sobre horóscopos y 2 sobre interrogationes y Picatrix latinus se hace eco igualmente de escritos de magia y astrología.

75 También Massala (CCAG, I: 82) hace el catálogo de los pseudepígrafos astrológicos del Estagirita, entre los que encontramos tres tratados sobre horóscopos, dos sobre interrogaciones y cinco sobre la influencia de los astros y del Zodíaco. Albumasar nos dice que su Apotelesmatica podía consultarse en el palacio de Bagdad (CCAG, I: 83). Cf. PÉREZ JIMÉNEZ/CABALLERO 2002: 13.

76 Bajo su nombre figuran tratados iatromatemáticos o de botánica astrológica como el Virtutes septem herbarum et septem planetarum secundum Alexandrum imperatorem (cf. CCAG, IX2: 129), conocido en la versión latina en el Medievo y citado por Alberto Magno (cf. THORNDIKE 1923, II: 233).

77 Al último su biógrafo Filóstrato (Vida de Apolonio de Tiana, 3.41) le atribuye una obra Sobre la adivinación por los planetas en 4 libros. Según él tenía como amuleto siete anillos con los símbolos de los siete planetas, un regalo de Jarbas, el gimnosofista más importante. Con ello podía cambiar a cada día de la semana y convertir en su defensor al dios del planeta correspondiente (Filóstrato, V.Ap. 3.41). En los manuscritos astrológicos se le atribuye también un tratado de horis diei et noctis (CCAG VII: 174-181).

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