Astrologia na Arte

Astrología y Melancolía en el Siervo Libre de Amor

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Enric Dolz Ferrer

Universitat de Valènçia
Actas del XI Congreso Internacional de la Asociación Hispánica de Literatura Medieval (Universidad de León, 20 al 24 de septiembre de 2005)
Editores:
Armando López Castro & María Luzdivina Cuesta Torre

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Al principio de la denominada ‘Segunda parte’ del Siervo libre de amor, se sucede una serie de alteraciones que afectan a las potencias del Auctor, narradas alegóricamente en forma de cambios profundos en el mundo natural situado en sus proximidades. Dichas transformaciones sólo alcanzan pleno sentido como medio para explicar el proceso de degradación del individuo, sometido a fuerzas que han escapado a su control.

Desde el comienzo de la narración, el Auctor del Siervo ofrece ciertas señales que permiten que el lector identifique los síntomas inequívocos de una dolencia progresiva. Cuando todavía el éxito parece sonreírle, muestra ya las señales de cierto desequilibrio, pasando sin solución de continuidad de la exaltación a la tristeza y de la osadía al temor.

Al ser rechazado por la dama, su situación se agrava. Se aparta de la sociedad y dominado por el temor, la vergüenza y la amargura, se deja llevar por la consideración obsesiva de los bienes perdidos. En esta situación se encuentra cuando comienza la que llama su ‘Solitaria e dolorosa contemplapión’.

La enfermedad que parece aquejar al protagonista del Siervo es la que la tradición médica medieval denomina habitualmente amor hereos. Esta patología se considera desde época bastante temprana y, al menos desde el siglo XII, como una manifestación peculiar de la melancolía1. Cesare Ripa (a.D.1593) la representa en figura de hombre sombrío, libresco y enmudecido, sobre cuya cabeza campea un pájaro solitario2.

1 La melancolía puede ser, según Rufus de Efeso, contemporáneo de Galeno, de dos tipos: «natural melancholy, cold and dry, formed routinely from the chilled dregs of blood, which in excess led to disease; and diseased black bile, formed from the overheating of yellow bile, and much more dangerous to the patient» (Villanova 1985: 17). La segunda es la que parece afectar al protagonista del Siervo.

2 Malenconico per terra: huomo di color fosco, che posandosi con il piede destro sopra di una figura quadrata, o cuba, tenghi con la sinistra mano un libro aperto mostrando di studiare. Haverà cinta la bocca da una benda, & con la man destra terrà una borsa legata, & in capo un passero uccello solitario ( 1988: 89-90).

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La etiología de esta enfermedad es la siguiente: la facultad estimativa controla la imaginativa y la permanencia de las imágenes mentales o phantasmata en la imaginativa depende de su grado de sequedad. Al inflamarse la estimativa, a causa por ejemplo del pensamiento obsesivo sobre una mujer, la imaginativa se reseca y el phantasma se graba con firmeza en la memoria, de tal manera que polariza la atención del pensamiento. Así, aquella imagen, en el caso que nos interesa la de la mujer amada, se convierte en el único referente de la conciencia del enamorado. Esta presencia obsesiva constituye la patología conocida por amor hereos. De esta enfermedad escribe el valenciano Arnau de Vilanova en su Tractatus de amore heroico:

(ii) lam nunc superius dictum est quod vehemens concupiscentia ab erroneo iudicio causatur estimative virtutis […] patet quod superius dicebatur, quod scilicet rationis imperium sensibilium virtutum delusionibus subiugatur erroneis, cum decretum estimationis sustineat nec informet […] Cum enim anime gratum seu delectabile presentatur, ex gaudio delectabilis apprehensi spiritus in corde multiplicati súbito calefiunt, et calefacti subito – prout in de motibus animalium inquisitum est ea parte qua de motu cordis agitur – delegantur ad membra corporis universa. Cum sint igitur calidi vel quasi ferventes, ad organum estimative virtutis adveniunt copiose, quod organum (quia siccum et inde exacuens, aut etiam calidum) nequit illorum caliditatein reprimere; tuno quasi motu mixtionis turbate volvuntur, quapropter confundunt virtuali iudicium; et velut ebrii tales iudicant cum fallacia et errore.

Traducción de José Luis Canet:

Se dijo antes ya que la concupiscencia vehemente es causada por el juicio erróneo de la facultad estimativa […] Queda, pues, claro lo que antes se decía, que el imperio de la razón se somete a los erróneos engaños de las facultades sensibles, al mantener y no informar la decisión de la valoración (hecha por la estimativa) […] Porque cuando lo grato o lo deleitable se presenta al alma, por el gozo de lo deleitable, embargados los espíritus que se multiplican en el corazón, repentinamente se caldean, y repentinamente caldeados, — como se ha investigado en [el libro de Aristóteles] Sobre el movimiento de los animales, en la parte que trata del movimiento del corazón — son enviados a todos los miembros del cuerpo. Siendo pues cálidos o casi hirvientes, copiosamente llegan al órgano de la facultad estimativa, el cual (por estar seco y por lo mismo deshidratado, o también él caliente) no puede contrarrestar su calidez; entonces dan vueltas con un movimiento como de turbina, por lo que confunden la facultad del juicio; y como ebrios, tales personas juzgan con falacia y error.

Los conceptos de calentamiento excesivo y sequedad se repiten en numerosos tratados médicos medievales, para explicar la sintomatologia de los estados melancólicos ligados a la aegritudo amoris.

Para Bernardo de Gordonio, el amor hereos es ‘solicitud melanconica por causa de amor de mugeres’. La descripción que hace de este síndrome resulta interesante, tanto por la precisión con que describe las causas y los síntomas de la enfermedad como por la semejanza que el vocabulario escogido, al menos en la traducción al castellano, muestra con el de ciertos pasajes en que el Auctor del Siervo describe su estado:

Mania e melancolía […] es humor melancolico que daña el celebro e perturba el espiritu e el anima escuresce e es causa de corrupción dela voluntad […] Las causas antecedentes son todas aquellas cosas que multiplican melanconia […] como temor e tristeza e cuydado […] Las señales escondidas […] son: quando alguno […] piensa que es bueno aquello que no es bueno […] todos los melanconicos […] fuyen la compañía délos ombres e son continuamente en tristeza […] no es marauilla sy ayan temor los melanconicos […] La anima tienen embuelta en escurídad tenebrosa e le siguen passiones del cuerpo; por esso temen.

La sinestesia: ‘anima embuelta en oscuridad tenebrosa’, que el traductor castellano de Gordonio utiliza para describir las causas del temor de los melancólicos, aparece, casi como una perífrasis, en diversas instancias del Siervo, desde la ‘escura selva’ por la que yerran los pensamientos del Auctor y la ‘tenebrosa vía’ que promete a la diosa Diana ‘no fallir’, hasta el descenso a los ‘sombrosos valles de mis primeros motus’ y la subida a los altos árboles de su ‘escura maginança’, que emprende ya hacia el final de la obra y le permite avistar a Sindéresis. Esto, por lo que respecta a la narración que podría decirse biográfica; también en la ‘Estoria’, la fabula caballeresca, se hallan presentes los ‘tenebrosos valles’ y la ‘selva escura’ que sirven de solitario refugio a Ardanlier y Liesa, y en donde se invierte, tras la muerte de los amantes, el orden de la civilización y los anímales, perdido el carácter doméstico por el que participaban de la humanidad, se asilvestran.

Los síntomas de esta dolencia se reconocen con facilidad en el retrato que el Auctor va componiendo de sus estados de ánimo y a su vez remiten a los que se describen en la ‘novella’ enmarcada . El ‘intrínseco fuego’ del Auctor tiene su correlato en el ‘fuego venéreo’ que consume a Ardanlier y a la ‘gentil Liesa’, que ‘no menos ardía de amor’. Las pasiones de los protagonistas de la ‘Estoria’ se encuentran dominadas desde el principio por las ‘furias del amor’ que acrecen las ‘fuerças del temor’, producto inmediato de la previsible oposición de Creos, padre de él , y Julia, madre de ella, y mediato de una especie de conciencia externa, perceptible por el lector pero no por los protagonistas, y aquelos amantes parecen ser en la fábula moralmente opacos.

En cuanto al Auctor, sus marcas características son la exaltación ardiente unida a la tristeza, la incapacidad para juzgar correctamente y la búsqueda de la soledad. A estos rasgos se añaden el continuo temor y la desorientación que parecen afectar a su espíritu desde los inicios, aparentemente prometedores, de su aventura amorosa:

E sólo cuidado de no lo poder mostrar, el intrínseco fuego que ardía entre mím e contrastava; ni fallava quien a mi tristura remedio diese, ca no la osava descobrir a ningun a persona, vía ni fabla, de que por el tiempo andando entristeçía y en el mayor solaz , mayor tristor prendía; e quanto más favor sentía mayor dolor me quexava por sentir lo que sentía en no lo poder cumplir.

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Este ‘fuego intrínseco’, el amor de concupiscencia, lleva a la enfermedad y, si el proceso no se ataja, a la locura y a la muerte física. Este amor es un aafección especialmente peligrosa y de curación dilatada en el tiempo; y más para los melancólicos. Así se lee al final del De Amore, de Marsilio Ficino:

Id longum in omnibus requirit temporis spatium; in melancolicis vero longissimum, presertim si Saturni influxu fuerint irretiti. Adde et amarissimum, si Saturno/retrogrado vel Marti coniuncto vel Soli opposito mancipati sint . Egrotant illi etiam diutissime, in quorum nativitate Venus in domo Saturno fuerit, vel Saturnum Lunamque vehementer aspexerit.

Esto requiere en todos un largo período de tiempo; en los melancólicos, largísimo, sobre todo si cayeron en las redes bajo el influjo de Saturno. Además, ese tiempo es amarguísimo, si fueron subyugados en el momento en que Saturno era retrógrado o estaba en conjunción con Marte [… ] Este mal dura también muchísimo tiempo en aquéllos en cuyo nacimiento Venus se encontraba en la casa de Saturno o bajo el aspecto de Saturno y la Luna.

Los rasgos saturnianos, en lo poco de bueno y más de mal o que puedan tener, son típicos de la gente letrada. Juan de Mena dice ser consciente de lo inoportuno de haber nacido bajo el influjo del planeta, utilizando precisamente la misma construcción absoluta que veremos a continuación en el epitafio de Ardanlier y Liesa:

Ca bien tengo yo que nasci por penar,
reynante Saturno en el Cancro, mi sino.

(de Nigris)

El negro, color de las vestiduras del Auctor y por extensión de la dueña Sindéresis y sus doncellas, simboliza a Saturno y la tierra y significa, por un lado, prudencia y sabiduría; por otro, dolor y aflicción.

La melancolía saturniana no es característica únicamente del Auctor; en la ‘Estoria de dos amadores’ se encuentra una referencia ominosa a Saturno en el epitafio que en honor y memoria de Ardanlier y Liesa ha hecho labrar otro de los personajes de la fábula, la princesa Irena:

Exemplo y perpetua membrança con grand dolor sea a vos, / amadores, la cruel muerte de los muy leales Ardanlier y Liesa, / fallecidos por bien amar. / Reinante Saturno en la mayor espera, Mares con Venus junto en la segunda zona. / Declinante zodiaco a la parte haustral, coluro / pasando el punto de Libra, / el sol que locava la ursa del polo. / Cuyos enteros cuerpos / en testimonio de las obras perseveramos las dos ricas tumbas / fasta el pavoroso dia / que a los grandes bramidos de los quatro animales despierten del / grand sueño e sus muy purificas animas posean perdurable folganga.

No cabe duda de que estas letras encierran algún significado que el lector ha de desentrañar, como se nos dice que hacen las dueñas y doncellas que acompañan a la princesa. Saturno, la melancolía y el bien amar, la salvación en el cielo de amadores y la condenación eterna de los amantes en el universo cristiano se dan cita en este pasaje e iluminan irónicamente, no sólo la narración de la ‘Estoria’, sino la de la misma biografía espiritual del ‘siervo’, cuya trayectoria contribuyen tan enrevesados versos, una paradoja más, a aclarar. Para que estos motivos se nos vuelvan más inteligibles habremos de echar mano del caudal astrológico que tan generosamente vierte Juan Rodríguez en ambas partes del Siervo libre de amor, sin descuidar otros aspectos como la relevancia que para la ‘Estoria’ pueden tener las etapas del año litúrgico.

Saturno, en el Séptimo Cielo, es el planeta de la melancolía y de la corrupción. Saturno es, de acuerdo con la edición de 1594 del Lvnario de Jerónimo Cortés, frío y seco, melancólico, terreo, masculino, y diurno, es enemigo de natura humana […] Denota lloros, sospiros, cárceles, destruyciones, peregrinaciones y Muertes […] Acostumbra este Planeta causar en los que son de su naturaleza, aborrecimientos, tristezas, melancolías, ansias […] Tiene dominio sobre solitarios […] tristes, melancólicos […] hechizeros, mágicos.

Junto a Saturno, Marte y Venus, planetas que se hallan ‘en la segunda zona’, constituyen también datos de importancia para interpretar correctamente el epitafio.

Se llama zonas a las cinco grandes regiones en que los paralelos dividen la esfera terrestre. Se estipulan para la tierra cinco zonas, una tórrida, comprendida entre los trópicos de Cáncer y de Capricornio; dos templadas entre estos dos paralelos y los círculos polares y dos glaciares, entre dichos círculos y los polos Norte y Sur. El universo se describe de manera similar y se postulan para él un Ecuador celeste y dos polos, el Norte, boreal o ártico y el Sur, austral o antàrtico. En nuestra latitud Marte y Venus se hallan en la segunda zona celeste y nosotros nos encontramos, bajo ellos, en la segunda zona terrestre. El presumible valor simbólico de los versos del epitafio se encuentra en la reunión o conjunción de los planetas, en presencia de Saturno.

El planeta Marte es, según Jerónimo Cortés, caliente y seco, colerico, ígneo, masculino y nocturno , enemigo de natura humana [… ] de tan contraria y peruersa naturaleza y calidad que mueue los ánimos de los mortales a riñas, quistiones, vandos, guerras [… ] Tiene dominio [… ] sobre los coléricos, facinerosos, inconstantes y mentirosos [… ] sobre los acelerados e inuidiosos, locos , frenéticos [… ] Los que son de naturaleza de Marte suelen ser coléricos, llenos de yra, promptos a las manos, faltos de razón y de palabras [… ] enemigos de la paz.

Venus en cambio, señala Cortés, es frío y húmedo, algo flemático y amigo de la naturaleza humana. «Los venereos son de complexión caliente y húmeda, flegmática, acostumbran ser éloquentes, prudentes […] de dulçes palabras, amigos de músicas y passatiempos y muy pocas vezes se dan a las letras».

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El zodiaco, desde el punto de vista del observador situado en una latitud septentrional, declina a la parte austral en otoño3. En el hemisferio norte la declinación del sol empieza a disminuir desde el 23 de junio, solsticio de verano, hasta el 23 de septiembre, fecha del equinoccio de otoño que coincide con el paso del sol por el Punto de Libra. En ese instante, al hallarse el sol sobre el ecuador, la duración del día es idéntica a la de la noche: es el medio año, pues éste comienza en marzo, bajo el signo de Aries. A partir de entonces sigue disminuyendo la declinación del sol, ahora con valores negativos, por debajo del ecuador, es decir a la parte austral, hasta que el 22 de diciembre tiene lugar el solsticio de invierno, momento de máxima declinación. El coluro, que en el texto pasa el Punto de Libra, es el círculo máximo que divide la esfera celeste, a manera de meridiano, en dos partes iguales. A los coluros se los llama también líneas equinocciales, porque al llegar a ellas el sol, al comienzo de la primavera y del otoño, los días y las noches tienen la misma duración. El coluro toca los primeros grados del signo de Aries en marzo y de Libra en septiembre. El uso que Rodríguez del Padrón hace de la forma gerundio, a menudo con valor de pasado, no permite determinar categóricamente si cuando leemos ‘pasando el punto de Libra’ se refiere al momento del equinoccio o a cualquier momento entre la entrada del sol en Libra y el solsticio hiemal, opción que me parece la más factible por el cómputo de las fechas.

3 «En la novena esfera o cielo cristalino consideran los astrólogos un círculo ‘el qual corta la Equinocial en dos partes yguales, y la vna destas mitades declina a la parte del Septentrional, y la otra parte del Austro, y este círculo es llamado Zodiaco del verbo Griego, que es vida».

Parece adecuado describir las características del signo de Libra, expresamente citado em el texto, según el popular almanaque de Cortés:

Este Signo es figurado por vn peso de dos balanças yguales, significando la ygualdad que tienen los dias con las noches […] masculino, diurno y mobil, […] Entra el Sol en este Signo comunmente a 23 de Setiembre […] es casa diurna de Venus, cayda del Sol, exaltación de Saturno, y detrimento diumo de Marte.

Poco puede tener de casual la elección de estos tres planetas, Saturno, Marte y Venus por Juan Rodríguez del Padrón, en una de cuyas fuentes incontestables, la Genealogia Deorum Gentilium de Giovanni Boccaccio, Marte se describe como dios cruel y sanguinario, amante de Venus. En el capítulo XXII del Libro lll, se lee que:

Eam [Venerem] insuper dicunt summe Solis progeniem habere hodio propter adulterium eius cum Marte, ab eo Vulcano patefactum […] Mirtumque arborem illi sacram statuunt […] eam in domum Martis Furias hospitio suscepisse […] inter signa […] duo que Marti ab astrologis domicilii loco attributa sunt, aries scilicet et scorpio […] Si in scorpionem duxisse velimus, quoniam venenificum atque fraudulentum est animal, intelligo non nunquam amantum amaritudines anxias modice mistas dulcedini, ob quas sepissime miseri adeo vexantur ardentes, ut in se ipsos gladio, laqueo, precipitioque furentes vertantur. Seu ob susceptas iniurias, lusis amoribus […] ob mendacia, ex quibus autem desperatione torquentur, aut in rixas et.homicidia furiosi precipitantur. Et sic a Venere in scorpione suscepte sunt Furie.

Traducción:

 [Venus] mantiene enorme odio contra la estirpe del Sol a causa de su adulterio con Marte, delatado a Vulcano por aquél […] Le consagraron el mirto […] recibió como huéspedes a las Furias en casa de Marte […] [Dos signos] han sido designados por los astrólogos como casa de Marte, a saber Aries y Escorpión [..,] Si […] las llevó a Escorpión, puesto que es un animal venenoso y engañoso, pienso que alguna vez las angustiosas amarguras de los amantes están mezcladas con una pequeña dulzura, a causa de las cuáles muy a menudo los desgraciados enamorados son maltratados hasta tal punto que se enfurecen contra sí mismos con la espada, la horca o el precipicio. Pero a causa de las injurias recibidas por los amores burlados […] a causa de mentiras […] atormentados en la desesperación y enloquecidos se precipitan a las riñas o a los homicidios y así las Furias son recibidas por Venus en Escorpión.

El interés de la cita radica, además de la conexión entre Venus, Marte y la desgracia, en varios detalles significativos. Por un lado, la semejanza entre las palabras del italiano y la admonición de la ‘discreción’ al Auctor: ‘qué daño hazes de ti en trocar la libertad que en tu naçimiento te dio naturaleza por tan poco plazer que demostrar te quiso fortuna’, aunque se trata de un tópico muy extendido; por otro el suicidio, buscado por el Auctor en el Siervo y ejecutado a espada por Ardanlier en la ‘Estoria’.

Aunque inicialmente el lector no tiene manera de saber cuándo ha tenido lugar el suicídio del príncipe, el narrador nos informa de que Lamidoras, tras enterrar los cuerpos de los amantes, emprende el camino a la corte del rey de Francia, precisando que: «después de grandes cuitas, trabajos, desastres, al cuento de los días en complimiento del mes, entra a la noble çibdat de París, do el rey era a la sazón en las grandes alegrías qu’el primero de mayo se suelen hazer». Del palacio de Ardanlier hasta París, Lamidoras recorre una distancia de unos 1800 kilómetros. Si ha realizado el viaje a caballo, es razonable que haya empleado en él poco más de un mes, a una media de unos sesenta quilómetros por día. Lamidoras pasa dos días de duelo junto a los amantes muertos, antes de enterrarlos y presumiblemente consume algún día más en los preparativos del viaje, por lo que el suicidio de Ardanlier debe de haber tenido lugar hacia el 25 de marzo. Hay que sumar a estos treinta y cinco días los 21 que transcurren hasta su entrevista con el emperador en la ciudad de Colonia. Ello hace un total de cerca de dos meses, más los ‘seis meses o más’ de viaje marítimo hasta llegar a Padrón, es decir, a finales de noviembre o primeros de diciembre, coincidiendo con el principio del Adviento, tiempo que la Liturgia dedica a la reflexión sobre las postrimerías. Al desembarcar aparece ya dispuesta la sepultura que la princesa Irena ha mandado edificar en el palacio de Ardanlier, si bien es imposible decidir si lleva algún tiempo acabada o se termina de construir cuando Lamidoras desembarca, tras realizar en dirección opuesta el peregrinaje jacobeo, como una muestra más de la inversión axiológica que recorre y justifica el Siervo libre. La ironía y la paradoja son dos recursos retóricos que Juan Rodríguez utiliza ideológicamente con tanta frecuencia como habilidad.

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De acuerdo con el Liber Sancii lacobi, el apóstol Santiago, «padeció martirio el 25 de marzo, fue llevado de Iria a Compostela el 25 de julio y fue sepultado el 30 de diciembre. Porque la obra de su sepulcro duró desde el mes de agosto hasta el de diciembre», es decir, un total de cinco meses y una semana. En la fábula, Irena dispone de unos siete meses, del principio de mayo a finales de noviembre o aun principios de diciembre para erigir el túmulo, a los que hay que restar los dos meses invertidos en el viaje de París a los alrededores de Santiago, si ha hecho el recorrido a la velocidad de los peregrinos, entre veinte y veinticinco quilômetros por día. Descontado el tiempo del desplazamiento, le quedan a la princesa hasta cinco meses para edificar el sepulcro de Ardanlier y Liesa. A la similitud entre las fechas del martirio de Santiago y la muerte de los amantes se une previsiblemente la que existe entre el tiempo dedicado a la erección del sepulcro del apóstol y el que emplea Irena para levantar el monumento a los desgraciados amantes. Si bien tales coincidencias no son perfectamente verifícables y, caso de existir, pueden deberse a la casualidad, los paralelos entre las circunstancias de ambos acontecimientos son tan abundantes que sospecho que responden a un designio voluntario por parte de Juan Rodríguez del Padrón.

La muerte de los amantes coincide con la entrada del Sol en Aries, casa diurna de Marte y equinoccio de primavera. Así como las iglesias deben estar orientadas, es decir, con el abside mirando a Jerusalén, hacia el signo de Aries, al romper el día de la Pascua, también el epitafio, y en cierto sentido la ‘novella’, tienen una dirección, pero en este caso occidental, hacia el ocaso; del equinoccio de primavera, Año nuevo, índice de alegría que se trunca con la muerte de los amadores, al equinoccio de otoño. Examinado así, el itinerario de Lamidoras está dotado de uma fuerte carga simbólica.

En un mundo como el que se describe en la ‘Estoria’ este dato tiene una importancia trascendental. Para el cristiano, tal como el solsticio de invierno anuncia días más largos, coincidiendo con el nacimiento del Mesías, la primavera la renovación del mundo por el bautismo y el verano la luz brillante de la caridad y la vida eterna, el otoño es la estación de la cosecha en la que simbólicamente recogemos el fruto de aquello que hemos sembrado y nos sometemos al juicio en el que se nos recompensará de acuerdo a nuestros merecimientos. La liturgia dedica el primer domingo de Adviento a la consideración del Apocalipsis y el Juicio final. Es difícil pasar por alto la relación del tiempo litúrgico con la conmemoración del sepulcro de los amantes, cuyo juicio demora la inscripción hasta el momento del despertar en el fin de los tiempos: «cuyos enteros cuerpos / en testimonio de las obras perseveramos las dos ricas tumbas / fasta el pavoroso día / que a los grandes bramidos de los quatro animales despierten del / grand sueño».

El gran sueño de los enamorados tiene su correlato en el sopor, como un sueño, proclama la voz narrativa, del Auctor: el problema reside en el despertar, en la inevitable asunción de las responsabilidades, cuando el sueño propiamente dicho es el del pecado y la muerte. Afortunadamente para el protagonista, en su caso no despierta sino que sale ‘como de un sueño’, todavía capaz de reconducir su existencia por la vía dificultosa del verdadero amor.

La datación permite otras especulaciones, cuya importancia radica en el nexo de unión que permiten establecer entre la ‘novella’, el marco narrativo biográfico y el calendario litúrgico. El prólogo de Santiago de la Vorágine a su Leyenda dorada es un auxiliar útil para este menester. Empieza el dominico su libro exponiendo la historia de la vida humana en relación com el año litúrgico y las cuatro estaciones. Hay cuatro etapas en la historia del hombre: la era de la desviación, de Septuagésima a Pascua, correspondiente al invierno y a la noche; la de la renovación, de Adviento a Navidad, que corresponde al otoño y la tarde; la de la reconciliación de Pascua a Pentecostés, correspondiente a la primavera y la mañana y la de la peregrinación, de la Octava de Pentecostés al Adviento, que corresponde al verano y mediodía. La duración de las estaciones litúrgicas poco tiene que ver con nuestra concepción de los meses solares. Así, el tiempo de Adviento dura cuatro semanas; de Septuagésima a Pascua hay siete semanas; el tiempo pascual comprende otras siete semanas entre la Pascua y la Octava de Pentecostés y finalmente el tiempo de Pentecostés abarca seis meses o más, hasta finales de noviembre, cuando comienzan las cuatro semanas de Adviento. La construcción del sepulcro cae dentro de la cuarta era, de Pentecostés a Adviento, de la cual se dice en La leyenda dorada:

La de la peregrinación abarca la vida presente, que es tiempo de incesante caminar y de lucha constante. La Iglesia conmemora litúrgicamente esta etapa em el ciclo que se inicia a raiz de la Octava de Pentecostés y concluye em Adviento. A lo largo de él se leen los libros de los Reyes y el de los Macabeos, que hablan de guerras, prototipos de nuestros internos combates espirimales.

Lamidoras inicia su viaje de vuelta al território de Ardanlier em la Octava de Pentecostés y llega a Padrón cuando comienza el tiempo de Adviento. El viaje de Lamidoras coincide plenamente com la cuarta y última era, la de la peregrinación. Estas elucubraciones pueden ayudar a explicar por qué Juan Rodríguez del Padrón es tan preciso al establecer la cronologia de unos hechos para los que la fijación de las fechas habría resultado de escaso interés si se hubiera pretendido tan solo narrar uma historia de amores desgraciados em un âmbito cortesano. El periodo escogido, que reúne orgánicamente el otoño, la tarde y la lucha interior conviene sin embargo a la experiência del ‘siervo’. El tiempo ficticio, de carácter simbólico, del relato caballeresco, enmarca y define el tiempo alegórico del angustioso peregrinaje del Auctor, em lucha consigo mismo. Si bien para los personajes de la ‘novella’ este período es el postrero, la narración del protagonista se prolonga lo suficiente para enlazar com la siguiente etapa, una vez que tiene lugar el encuentro con Sindéresis. Dicha etapa, que comienza en Adviento y acaba en Navidad,

Es [la era] de renovación o retorno. Comenzó con Moisés y se prolongo hasta el nacimiento de Cristo. Durante esta etapa los hombres fueron llamados a la fe y confirmados en ella por el ministerio de los profetas.

Com razón puede escribir el Auctor a Gonzalo de Medina: «Esfuérçate en pensar lo que creo pensarás: yo aver sido bien affortunado, aunque agora me vees em contrallo». Sin duda más que a nadie, o tanto como a cualquier hombre, le conviene al protagonista de la epístola marco esse oxímoron que resume las íntimas contradicciones y la perpetua tensión entre lo divino y la animalidad que son signo distintivo del ser humano.

En el Siervo, la indicación astrológica forma parte de la fábula y no de la biografia espiritual. Y aunque a lo largo de ambas narraciones queda clara la primacía del libre albedrío sobre cualquier forma de determinismo planetario, en la descripción caracterológica del ‘siervo’ podemos discernir numerosos rasgos saturnianos que refuerzan las citas astrológicas presentes em la ‘Estoria’. Todo ello, los rasgos melancólicos y las alusiones astrológicas, contribuye a dibujar un retrato bastante fidedigno del Auctor, cuyas virtudes no esconden nunca los riesgos existenciales ligados a su personalidad. La ‘Estoria de dos amadores’ representa la consumación mediante el sueño de lo que no puede ni debe acaecer em la vigilia, sin dejar de articular por ello tanto los deseos como los temores del protagonista y los signos que en ella aparecen nunca son, aunque velados por el integumentum de la poética ficción, gratuitos.

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Anatomía de la Melancolía (Seleción)

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