Astrologia na Arte

El Príncipe Predestinado por la Astrología

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Tradición y Fortuna de un Motivo Literario y Folclórico

Enric Mallorquí Ruscalleda

Universidad Autónoma de Barcelona

Actas del VIII Congreso Internacional de la Asociación Hispánica de Literatura Medieval

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Palacio de la Magdalena

Universidad Internacional Menéndez Pelayo

Al cuidado de Margarita Freixas y Silvia Iriso con la colaboración de Laura Fernández

Los cuentos se remontan hasta las primeras edades de la humanidad, hasta los tiempos fabulosos en que los hombres inventaban espontáneamente las ficciones y los símbolos, su única forma de expresión. A menudo, si se intenta trazar la ruta que pudo seguir una narración popular que parece nueva, se descubrirá su antigüedad. Y a se contaba en el siglo XVIII o en el XVII, y más atrás, en el Renacimiento, en aquellas recopilaciones que pretendían recoger toda la materia del saber humano. El Renacimiento debía esa vieja historia a la Edad Media. Pero la Edad Media no la había inventado, sino que la recogió de la Antigüedad clásica, la cual, a su vez, la había tomado de Oriente. Además, esa historia pulula por todos los países, bajo formas literarias ligeramente distintas, y al oírla el hombre se hace afín con lo más remoto de su raza. Érase una vez… Sí: una vez, en otros tiempos, en una época tan distante que ni se puede imaginar, hubo la misma historia.

Juan de Capua, en su Directorium humanae vitae, también llamado Parabolas antiquorum (1262) afirmaba que «los hombres inteligentes y sabios deben saber y creer que todas las cosas han sido dispuestas y ordenadas por la providencia divina, y que nadie puede por sí, buscar, para sí mismo, el bien, y alejar de sí, el mal; todo tiene su origen en Dios, y él hace lo que quiere en ellos y lleva a cabo lo que pretende. Po r ello todo el mundo debe confiar en Dios y creer esto, ya que es verdadero». Efectiva mente, la concepción de los dioses como seres superiores que controlan los destinos del hombre es un fenómeno universal que revela la inspiración cosmológica de la mitología desde antes de la civilización sumeria.2 Así lo señala el célebre etnólogo e historiador de las religiones Mircea Elíade:

Las regiones más allá del alcance del hombre, las regiones siderales, están investidas con la majestad divina de la trascendencia, de la realidad absoluta, de la eternidad. Tales regiones son la morada de los dioses. La naturaleza misma del cielo es una hierofanía inextingible. Por consiguiente, todo lo que ocurre en las estrellas o en las capas superiores de la atmósfera (el movimiento rítmico de las estrellas, las nubes corriendo, las tormentas, los truenos, los meteoritos, el arco iris) todo es un momento en esa hierofanía.3

2. A.R. Nemitz, Astrologia y crítica literaria. Arbor, Barcelona, 1987, p. 11.

3. M. Elíade, Patterns in Comparative Religion, Sheed and Ward, Londres, 1958, pp. 38-40. La traducción del fragmento es propia.

 A partir de este concepto cabe cuestionarse, y así lo hicieron las culturas antiguas, si es posible contravenir el destino prefijado por los dioses. Esta cuestión se plantea en uno de los textos escritos más antiguos que conservamos. Se trata de un cuento maravilloso o mágico, que lleva por nombre «El Príncipe predestinado»5 (o, según otros, «condenado» , «embrujado»). El único testimonio que nos ha llegado del mismo es un fragmento que está escrito en las páginas cuatro a ocho del verso del Papiro Harris 500.6

5. El texto aparece reproducido fotográficamente en Sir E. A. Wallis Budge, Facsimiles of Egyptian Hieratic Papyri in the British Museum, Second Series, Londres, 1923, Lám. XL-VIII-LIL La edición del texto corrió a cargo de A.H. Gardiner, «The Tale of the Doomed Prince», en Late-Egiptian Stories, Fondation Égyptologique Reine Elisabeth (Biblioteca Aegyptiaca, I), Bruselas, 1932, pp. 1-9.

6. El papiro, que recibe el nombre de su comprador, fue adquirido por A.C. Harris a mediados del siglo pasado en Alejandría. Actualmente se conserva en el British Museum.

EI orientalista G. Möller dató el manuscrito escrito en hierático, a principios de la dinastía XIX (segunda mitad del siglo XIV a.C.), a finales del reinado de Seti I o inicios del de Ramsés II.

 «El Príncipe predestinado» es posiblemente una de las creaciones egipcias que presenta más paralelismos con otras obras literarias de culturas diferentes, y más concretamente del medievo, motivo por el que «da la impresión de que desde muy temprano ciertos elementos del folclore popular se universalizan».Es la historia de un rey que no puede tener hijos y pide a la divinidad que le otorgue uno. A éste, en el momento de nacer, se le vaticina un destino funesto. Para intentar eludirlo el niño es condenado a permanecer aislado del mundo, hasta que diversas circunstancias hacen que se imponga o evite el final predeterminado. Debido a la popularidad de que hubo de gozar a través de los siglos, este cuento erigió su breve esquema argumental en tipo folclórico y literario sobre el que se fundamentan varios relatos muy posteriores y propios de culturas distintas. Así, en la literatura castellana medieval aparece como núcleo que vertebra una narración más o menos extensa, en el Barlaam e Josafat y en el Sendebar, tal y como mostramos en el esquema:

El Prínrípe Predestinado (cuento mágico egipcio)

1. Un rey de Egipto suplica el nacimiento de un hijo a los dioses de su entorno.

2. Como consecuencia nace un hijo varón.

3. Convoca a las hathorianas, quienes le predicen um futuro funesto: morirá por un cocodrilo, o por un perro o por una serpiente.

4. El Rey ordena construir para su hijo una casa de piedra en el desierto, equipada con gente y con todo lo necesario de palacio, para que el niño no salga fuera y se cumpla la profecía.

5. El niño se hace adulto y se enfrenta a su destino: ocurren los tres encuentros hasta que el cocodrilo acaba con él.

Barlaam e Josafat

1. Avenir es un «mañero»: sufre porque no puede tener hijos.

2. Con su oración a los dioses, recibe un hijo varón.

3. Avenir llama a los astrólogos. Uno de ellos, a través de la lectura de los astros, profetiza que el recién nacido se hará grande en otro reino y que se hará cristiano.

4. Avenir encierra a su hijo en un palacio, bajo la tutela de un maestro, para que no descubra las desdichas de los hombres ni tenga noticia alguna acerca de la religión cristiana.

5. Josafat crece en inteligencia y se plantea las cuestiones vitales del hombre. Sale de palacio y tiene tres encuentros (con un leproso, un ciego y un viejo). Com o consecuencia de ello vuelve a su palacio para replantearse su existencia. Sin embargo, ante la incapacidad de su maestro para darle una respuesta a sus preocupaciones, deposita su confianza en un asceta, Barlaam, que lo convierte al cristianismo.

Sendebar

1. Un rey carece de heredero.

2. Con su oración consigue um hijo varón.

3. Convoca a los astrólogos para conocer el futuro del Infante. Éstos le predicen prosperidad y desgracia que le sobrevendrá a los veinte años.

4. Encierro del Príncipe y de su maestro, Çendubete, en un palacio, donde culmina el proceso de aprendizaje del Infante.

5. Una vez el Príncipe ha crecido en sabiduría, una nueva consulta a los astros le trae, de nuevo, el advenimiento de la muerte: morirá si habla antes de siete días. El Infante, con el fin de conjurar la profecía, decide guardar silencio. Mientras tanto, una de sus madrastras lo acusa al verse rechazada, por lo que convence al Rey de que debe condenarlo a muerte. Así sucede. Sin embargo, al octavo día, el Príncipe decide hablar relatando cuatro cuentos a favor y en contra de su condenación (el primero de ellos sobre la providencia divina), consiguiendo que se descubra la verdad y que, consecuentemente, el Rey modifique la sentencia. De esta forma perdura el linaje del Rey Alcos, su padre.

Las tres obras empiezan con una situación bastante común y en sintonía con la ideología de los antiguos egipcios. Un padre que no puede tener descendencia y ruega a Dios o a los dioses que le otorguen un hijo varón.

El Vaticinio

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En el texto egipcio son las hathorianas,15 seres sobrehumanos que se congregan al lado de la cuna del recién nacido para anunciarle su futuro trágico, quienes predicen el fatum del Príncipe: perecerá por causa de una serpiente, un cocodrilo o un perro, los cuales encarnan la idea abstracta del destino:

Dicen que hubo un rey de Egipto al que no le había nacido hijo varón … suplicó un hijo a los dioses de su entorno y ellos ordenaron que a él le fuera nacido. Cuando estaba durmiendo con su mujer esa noche … se quedó embarazada. Ella completó los meses de gestación y, entonces, nació un hijo varón.

Vinieron las hathorianas a determinarle el destino: «Él morirá por un cocodrilo, o por una serpiente, o por un perro».

15. Diosa un poco contradictoria, se asocia tanto a la vida como al mundo subterráneo (esto es, a la muerte); acompaña, además, a las madres durante el tiempo de embarazo. Tiene varias representaciones. J.M. Galán, Cuatro viajes en la literatura del Antiguo Egipto, p. 151, nos ofrece una brillante descripción cuando nos dice que «las siete hathorianas componen una figura mitológica que aparece en la literatura egipcia anunciando a los recién nacidos su destino, es decir, el momento y/o fortuna de la muerte».

En cambio, en el Barlaam, la predicción se efectúa mediante la astrología:

Mientras el rey se hallaba en este terrible error y engaño, le nació un hijo muy hermoso cuyo floreciente encanto era premonitorio de su futuro. Durante las celebraciones por el nacimiento de su hijo se llegó al rey una selecta comisión de unos cincuenta y cinco expertos en la sabiduría astrológica caldea. El rey los llamó a su lado y les pidió que cada uno le explicara qué le habría de ocurrir a su hijo recién nacido.

Son los astrólogos, concretamente el más sabio de ellos, según especifica el texto, quien a partir de la lectura de los astros, profetizan que el recién nacido se hará grande en otro reino y que se hará cristiano:

Éstos, tras una larga deliberación, dijeron que habría de ser grande por su riqueza y poder y que sobrepasaría a todos cuantos habían reinado antes que él. Pero uno de los astrólogos, el más importante de todos que había allí, dijo:

— Por lo que me enseñan los caminos de las estrellas, oh rey, el éxito del niño que te acaba de nacer no tendrá lugar en tu reino, sino en otro mejor e incomparablemente más excelso. Me parece además que abrazará la religión de los cristianos que tú persigues y yo, por mi parte, no creo que vayan a ser defraudados sus objetivos y esperanzas.

Pero, ¿por qu é estos cambios? ¿Por qué razón ahora son los astrólogos, y no la dios a Hathor, quienes predicen un destino «funesto» (entendiendo ahora «funesto » en el sentido que el rey Avenir persiguió y castigó duramente a los cristianos) diferente al del cuento mágico egipcio? Creemos que se debe a que durante la difusión literaria del motivo, éste apenas se alteraba, en cuanto a su estructura central (esto es, la predicción), lo que podríamos llamar el hipomotivo,20 mientras que los elementos subordinados a éste fueron contaminados o substituidos por otros, generalmente procedentes de Occidente. Así pues, la explicación viene dada por el mero hecho de que en el contexto religioso y cultural del Antiguo Egipto es la divinidad la que desempeña el papel que con el paso de los años, y después de que los diferentes pueblos y culturas adapten el motivo a su mentalidad, cultura y religión, ejercerán los astrólogos,21 tal y como hemos notado en los fragmentos anteriormente citados y en el que sigue a continuación del Sendebar.

Avía un rey en Judea que avía nonbre Alcos. E este rey avía noventa mugeres. Estando [con] todas, según era ley, non podía aver ninguna dellas fijo. E do jazía una noche en su cama con una dellas, comentó de cuidar que quién heredaría su regno después de su muerte. E desi cuidó en esto e fue muy triste e començó de rebolverse en la cama con muy mal cuidado que avía.

E a esto llegó una de sus mugeres e díxol —…¿Por qué te veo tan triste e cuidado?… En tonçe dixo el rey a su muger: — Yo querría dexar para quando muriese heredero para que heredase el regno; por eso estó triste.

E la muger le dixo: — Yo te daré consejo bueno a esto. Ruega a Dios, qu’Él que de todos bienes es conplido, ca poderoso es de te fazer e de te dar fijo, si le pluguiere. E después que ovo dicho esto … fiiziéronlo así; e tornáronse a su cama e yazió con ella el Rey. E empreñóse luego. E quando fueron conplidos los nueve meses, encaeçió de un fijo sano.

20. Defino «hipomotivo», por analogía al concepto de «hipotexto», definido por G. Genette (Palimpsestos. La literatura en segundo grado, Taurus, Madrid, 1989) como motivo del que nace la relación de hipertextualidad.

21. Entendiendo por astrología, tal y como la definió Ptolomeo, aquella parte de la doctrina de las estrellas «por la que observamos, gracias a los rasgos naturales de esas mismas figuras los cambios que se van a operar en los seres». Citado por A. Pérez, Astronomía y astrología. De los orígenes al Renacimiento, Ediciones Clásicas, Madrid, 1994, p. 1.

Además, el Sendebar, nos muestra otra variación. En este relato se producen dos predicciones, ambas también hechas por astrólogos. La primera de ellas se refiere a la prosperidad y desgracia que le sobrevendrá al Infante a los veinte años:

Desi enbió el Rey por cuantos sabios avía en todo su regno, que viniesen a él e que catasen la ora e el punto en que nasçiera su fijo … E estudo con ellos una gran pieça, alegrándose e solazándose … E díxoles: — Catad su estrella del mi fijo e vet qué venrá su fazienda.

E ellos catáronle e fiziéronle saber que era de luenga vida e que sería de gran poder, mas a cabo de veinte años que l’avía de conteçer con su padre por que sería el peligro de muerte.

La segunda consulta a los astros, una vez el Príncipe ha crecido en sabiduría durante su estancia en palacio junto a su maestro, Çendubete, le anuncia, de nuevo, el advenimiento de la muerte al cabo de siete días si no guarda silencio. El Infante, con el fin de conjurar la profecía, decide no hablar. Mientras tanto, una de sus madrastras lo acusa falsamente al verse rechazada, por lo que convence al rey Alcos de que debe condenarlo a muerte. Así sucede. Ahora bien, al llegar el octavo el día, el Príncipe decide hablar relatando cuatro cuentos a favor y en contra de su condenación (el primero de ellos sobre la providencia divina), consiguiendo así que se descubra la verdad y que, por consiguiente, el rey modifique su sentencia. De esta forma perdura el linaje del citado monarca.

Este hecho permite constatar que los temas y las formas literarias cambian en función de los intereses que inspiran al productor del texto, sin olvidar los condicionantes que imperan en el receptor o lector, sobre todo al tratarse de literatura popular, ya que su papel como co-realizador del texto literario es especialmente importante.

El Aislamiento

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 Es sabido por todos que la unidad argumental es una constante de la narrativa tradicional y que «la adaptación de un cuento folclórico por un autor culto es siempre una forma de salvación, pero conlleva también su transformación», puesto que «no es posible encontrar tradiciones orales puras». En este sentido ya hemos advertido que los vaticinios son distintos en las tres obras. A pesar de ello, el interés del padre por aislar a su hijo de cualquier experiencia de dolor o pena nos trae a la memoria la vida de Buda de la literatura védica, siglos VI-V a.C., (con mayor probabilidad el Lalita-Vistara, el Jataka o el Buda-Carita), y, de nuevo, permite remitirnos a la citada Barlaam e Josafat, tradicionalmente atribuida a san Juan Damasceno (siglo VII),  y a las otras dos obras motivo de análisis.

Aunque en las tres obras se produce el encierro del príncipe para evitar el hado infausto que le ha sido proferido, si rastreamos con detenimiento el argumento nos percatamos de que hay variaciones entre ellos. Así, en «El Príncipe predestinado», el rey ordena construir para su hijo una casa de piedra en el desierto, equipada con gente y con todo lo necesario de palacio, para que el niño no salga fuera y se cumpla la profecía. En este primer ejemplo nos encontramos con una brevísima y poco descriptiva relación del palacio:

Su Majestad … hizo que se construyeran para él una casa de piedra en el desierto, equipada con gente y todo lo necesario, (para que) el niño no saliera fuera.

En este sentido, es muy parecida a la que leemos en el Barlaam:

El hijo del rey llegó a la pubertad recluido en el palacio que le había sido preparado. Recibió toda la educación de los etíopes y persas. Con frecuencia su padre iba a visitar al muchacho y, entonces, un día, su hijo le dijo:

— ¿Cuál es el motivo de mi reclusión aquí? ¿Por qué me has encerrado tras de estos muros y puertas impidiéndome por completo que salga y que nadie me vea?

Y el padre respondió:

— No quiero, hijo mío, que veas nada que pueda amargarte el corazón y ser obstáculo para tu felicidade.

Ambas descripciones, sin embargo, contrastan con la descripción del palacio que aparece en el Sendebar, en el que se alude directamente al saber astrológico:

Çendubete tomó este día el niño por la mano e fuese con él para su posada e fiz’ fazer un gran palacio fermoso de muy gran guisa e escrivió por las paredes todos los saberes que l’avía de mostrar e de aprender: todas las estrellas e todas las feguras e todas las cosas.

La causa de la referencia a la astrología es la misma que hemos aportado con anterioridad. Es decir, que al tratarse de una obra tan antigua, y por su compleja y extensa difusión, estaría llena de grandes transformaciones; esto sí, siempre por lo que concierne a los elementos subordinados de la estructura argumental (vaticinio, consecuencia de éste y enfrentamiento del personaje con su fatum). Por este motivo, en los tres relatos el príncipe es encerrado junto a un maestro, con el fin de aprender y para no descubrir las desdichas de los hombres, ni tener conocimiento sobre la religión cristiana (es el caso de Josafat), o, en definitiva, para que no se cumpla el final trágico. Sin embargo, en las tres obras el palacio es visto como una tumba. Y, ¿para qué vivir sin gozar de la vida? Por esta razón, el hijo, al convertirse en un hombre, siente curiosidad y, por consiguiente, decide salir de palacio y enfrentarse a su destino, porque esta es la idea principal que subyace al argumento de las historias; es decir, el enfrentamiento del hombre contra su destino. Pero ¿podrá cambiarlo?

El Enfrentamiento o Desenlace

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Por lo que concierne al desenlace argumental, no nos ha llegado el final del relato egipcio. Algunos autores, como Honti o el célebre egiptólogo francés Gastón Maspero, se han inclinado por un final trágico que estaría en consonancia con otras obras orientales. Otros destacados estudiosos, tales como Ebers, Pieper, Lefebvre y Parra, por citar tan sólo algunos, pensaron en una conclusión feliz que, quizá, podría haber sido de carácter mágico. Sea como sea, la obra nos trae a la mente los desenlaces del Barlaam y del Sendebar, obras en las que aparece el destino humano, y su carácter supuestamente inexorable. Sin embargo, hay entre éstas una pequeña diferencia; en el Barlaam, a diferencia de los otros dos relatos, la predicción no es funesta en el sentido de que el Príncipe no tiene que morir, aunque podría considerarse «funesta» desde el punto de vista de un rey, como Avenir, que tiene como una de sus preocupaciones principales la persecución de los cristianos. A pesar de ello, en los tres casos se cumple la predicción. Así, en «El Príncipe predestinado», el protagonista muere devorado por un cocodrilo:

[Días después], el muchacho salió a pasear por su finca, sin que saliera. Su perro iba tras él, y comenzó a hablar:

 — [Y o soy tu destino]. Corrió delante de él. Llegó al lago y descendió al [agua…] perro. El cocodrilo le [atrapó] y se lo llevó a donde estaba el jefe. El cocodrilo le dijo al muchacho:

— Y o soy tu destino, el que ha venido tras de ti.

Tal vez, su muerte viene inducida por su curiosidad. Porque en la filosofía moral del Antiguo Egipto, que se nos manifiesta por uno de sus libros sagrados, el Ritual funerario, se prohibe, entre otras cosas, la curiosidad indiscreta, de lo que ha pecado el Príncipe, quien, al hacerse mayor, reclama su independencia y su deseo de salir de palacio para conocer mundo. En este mismo sentido, Josafat, al hacerse adulto, se plantea las cuestiones vitales del hombre, sale de palacio y tiene sus tres” encuentros; a saber: con un ciego, con un leproso y con un viejo, con lo cual, después de haber depositado toda su confianza en el asceta Barlaam, quien, recién llegado a su palacio, se convierte en su maestro, es convertido al cristianismo.

Ahora bien, en el Sendebar, el Príncipe, después de conocer la segunda profecía (morirá si habla antes de siete días), explica cuatro cuentos como pretexto, al igual que sucede en Las mil y una noches, cuando ha pasado el tiempo previsto (siete días), demostrando así que ya es adulto, al igual que pasa en el cuento egipcio y en el Barlaam, que ha alcanzado cierto grado de saber y que ha entendido su destino.

Pese a estas pequeñas variaciones, la finalidad es la misma en los tres textos. Se trata de adoctrinar al pueblo mediante la realización de las predicciones divinas o de las estrellas: el Príncipe egipcio perece a causa de un cocodrilo, Josafat se convierte al cristianismo y el protagonista del Sendebar, por su parte, se salva de la muerte porque ha sabido guardar los siete días de silencio preceptivos, tal y como mandaban los astros. Con todo, uno se puede preguntar el porqué del cumplimiento de tales predicciones. La explicación que damos a todo ello es que, tal y como citábamos al principio de este trabajo, desde el poder quería dejarse claro que quien gobierna el destino del hombre es dios, tal y como leemos en el siguiente pasaje del Corpus hermeticum:

Egipto es la copia del cielo, o mejor dicho, el lugar a donde se transfieren y se proyectan aquí abajo todas las operaciones regidas y puestas en obra por las fuerzas celestes.41

41. El Corpus hermeticum es una traducción latina de un original griego, texto que ha sido objeto de innumerables trabajos entre los que cabe destacar el de P. Festugière, y más recientemente el de G. Fowden.

O en este otro del Sendebar, cuando el rey Alcos, al conocer el destino funesto de su hijo, proclama que «¡Todo es un poder de Dios! ¡Que faga lo qu’Él toviere por bien!».

Conclusiones

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Por esta circunstancia, y ante la evidente suma de motivos comunes así como un idéntico desarrollo argumental, es evidente que las tres obras son paralelas en un mismo sentido. Por esta razón, cabe plantearnse si el origen del motivo del príncipe predestinado, que encontramos en los textos castellanos, procede de Egipto, o bien es anterior y llegaría a la región africana por vía oral. Efectivamente, en la historia de cualquier civilización o cultura ha existido siempre una literatura oral, cuyo objetivo es expresar y satisfacer las necesidades y capacidades que son propias del ser humano. Así lo afirmó, aunque es sabido por todos, Roland Barthes cuando dijo que «el relato está presente en todos los tiempos, en todos los lugares, en todas las sociedades. El relato comienza con la historia misma de la humanidad. No hay ni ha habido jamás en parte alguna un pueblo sin relatos: todas las clases, todos los grupos humanos tienen sus relatos y muy a menudo estos relatos son saboreados en común por hombres de cultura diversa e incluso opuesta», tal y como hemos intentado demostrar en nuestras anteriores argumentaciones. Ahora bien, a diferencia de numerosísimas obras en las que su transmisión textual está perfectamente delimitada, no podemos decir lo mismo, por desgracia, del tipo que estamos estudiando.

Otra opción posible es la que plantea César Vidal Manzanares al decir que «los cuentos de todas las culturas -también algunas de las teologías más elaboradas- han discurrido sobre esta cuestión en repetidas ocasiones». El mencionado historiador apunta, pues, la posibilidad de que este motivo sea universal, haciendo así referencia implícita a la teoría poligenética, basándose en el principio de lo esencial del pensamiento y del sentimiento humanos, de forma que «los paralelismos con relatos griegos, europeos o árabes son repetidos y obligan a pensar en la universalidad de ciertas temáticas y también en la enorme capacidad de la fantasía para alcanzar a los pueblos más distanciados entre sí». Sin embargo, a pesar de estas rotundas afirmaciones, así como de los magníficos y exhaustivos estudios de Vladimir Propp (recuérdese su Morfología del cuento y Las raíces históricas del cuento) y de Tzvetan Todorov con su Introduction à la littérature fantastique, no podemos dejar de lado la teoría monogenética, que postula un origen común y un posterior proceso de difusión y préstamo.

En este sentido, en la Edad Media tuvieron un gran influjo las colecciones de fábulas procedentes del mundo árabe, que había recibido de la India, de Persia y de Egipto multitud de narraciones, generalmente breves, ya que son sobradamente conocidas las relaciones entre estos pueblos en la antigüedad, así como las aportaciones del mundo egipcio a todas estas culturas. Así lo demuestra el ya clásico libro de la Universidad de Oxford editado bajo la dirección de S.R.K. Glanville titulado El legado de Egipto, que desde su aparición en 1944 viene siendo uno de los manuales de referencia obligatorios para todo egiptólogo. Cabe añadir, además, la reciente ponencia del académico de la lengua Francisco Rodríguez Adrados intitulada «El cómo y el cuándo de las más antiguas influencias orientales en Grecia», que ha sido presentada recientemente en el I Congreso Español del Antiguo Oriente Próximo, su Historia de la fábula greco-latina o bien los excelentes trabajos sobre la fábula oriental realizados por L. Hervieux.

Por todo lo señalado, nos limitaremos a advertir, una vez más, que el cuento de «El Príncipe predestinado» egipcio de época ramesida, así como otras narraciones del Próximo Oriente Antiguo, ofrece claros paralelismos con las obras castellanas estudiadas con lo que podemos suponer que después de adaptarlas a su mentalidad, religión y costumbres, los árabes (recuérdese, verbigracia, la colección de fábulas intitulada Calila e Dimna) lo transmitieron al mundo europeo, que, a su vez, lo acomodó a su propio ámbito cultural y al marco de sus ideales y preocupaciones, con la finalidad de poder usarlas en sus adoctrinamientos, tal y como ya hicieran en sus lejanos días los antiguos egipcios.

En resumen, y para terminar, pensamos que el motivo del príncipe predestinado es monogenético y que tiene su origen en el Antiguo Egipto, desde donde se transmite por la India, la Roma y Grecia clássicas, Persia y el mundo árabe, pasando por la reelaboración fabulística medieval o «desfiguración medieval», empleando la terminología del profesor Rodríguez Adrados, hasta llegar a las modernas literaturas occidentales. Buena muestra de ello la tenemos, por ejemplo, en La vida es sueño de Pedro Calderón de la Barca, La bella durmiente del bosque de Charles Perrault, Horace de Walpole y sus Hieroglyphic Tales, etc., o en esta bella canción tradicional compuesta a propósito de la predestinación de los astros sobre las personas:

Parióme mi madre
una noche escura,
cubrióme de luto,
faltóme ventura.

Cuando yo nací
era hora menguada,
ni perro se oya
ni gallo cantaba
ni gallo cantaba
ni perro se oya,
sino mi ventura
que me maldezía.

Apartaos de mí,
bien afortunados,
que de sólo verme
seréys desdichados.
Dixeron mis hados
cuando fuy nacido,
si damas amasse
fuese aborrescido.

Fuy engendrado
en signo nocturno,
reynaba Saturno
en curso menguado.
Mi lecho y la cuna
es la dura tierra,
crióme una perra,
mujer no ninguna.

Muriendo mi madre,
con voz de tristura,
púsome por nombre
hijo sin ventura.
Cupido enojado
con sus sufragâneos
el arco en las manos
me tiene encarado.

Sobróme l’amor
de vuestra hermosura,
sobróme’l dolor,
faltóme ventura.48

48. La canción tradicional de la Edad de Oro, ed. V. Beltrán, Planeta, Barcelona, 1990, pp. 91-92. Cabe advertir que esta canción, como los otros textos citados como tradición literaria, sigue el tipo, pero no llega a desarrollar el motivo.

Jake Baddeley – Gemini

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