Astrologia Medieval

Cíngar y el Saber Fisiognómico y Astrológico Renacentista

It is finished when Seven are One

Folke Gernert

Universität Trier

Historias Fingidas

Resumen

En 1542 se publica un curioso libro de caballerías intitulado El cuarto libro del esforzado caballero Reinaldos de Montalbán que trata de los grandes hechos del invencible caballero Baldo y de las graciosas burlas de Cíngar que textualiza una serie de saberes ocultos. Tras una evaluación histórica de estas prácticas en el sistema científico del Renacimiento, se cotejan algunos pasajes de la obra con el hipotexto, el Baldus de Folengo, y con los manuales al alcance del autor anónimo. El monje benedictino incorpora estas teorías en su universo lúdico mientras que el autor del Baldo restablece la seriedad del referente científico parodiado luciendo su familiaridad con el discurso ortodoxo.

§

[…] Leonardo estava mirando a Cíngar cómo hablava tan astutamente y cuán sagaz era y sus facciones porque le veía los ojos pequeños y muy penetrantes, la color del rostro algo amarilla tocante en blanco, los ojos hincados en baxo, donde dezía entre sí: «De verdad, este hombre tiene parte diabólica, según las cosas que haze y he oído dezir d’él» (Baldo, I, xix, 62).

A simple vista se percibe que el narrador se detiene en presentar cómo la astucia y la sagacidad del protopícaro Cíngar se reflejan en el aspecto exterior del personaje. Los rasgos físicos que llaman la atención del caballero Leonardo apuntan hacia una persona de gran inteligencia, puesto que en los manuales fisiognómicos los ojos pequeños suelen interpretarse como señal de astucia, sobre todo cuando están hundidos. Lo que me parece más relevante no es tanto el empleo de este material en la descripción del aspecto exterior de los personajes de la ficción caballeresca, sino la capacidad de algunos personajes de interpretar conscientemente los rasgos fisiognómicos de los demás o, dicho de otra manera, el saber fisiognómico y también astrológico del que disponen determinados caracteres como el astuto Cíngar, uno de los protagonistas de El cuarto libro del esforzado caballero Reinaldos de Montalbán que trata de los grandes hechos del invencible caballero Baldo y de las graciosas burlas de Cíngar (1542). Es bien sabido que este curiosísimo libro de caballerías es uma adaptación en prosa de la epopeya macarrónica Baldus de Teófilo Folengo, combinada com reescrituras de la Eneida virgiliana y de la Farsalia de Lucano, ampliadas a su vez con gran número de referencias heterogéneas de la literatura clásica y también de la coetánea a su autor, procedente de varias parcelas del saber. En esta ocasión, me interesa analizar la textualización del pensamiento fisiognómico y astrológico en función del carácter científico del sistema de referencia subyacente.

Frente a lo que sucede en este libro, las marcas de nacimiento empleadas en los libros de caballerías, por ejemplo, no están sustentadas sobre el conocimiento de lo fisiognómico y proceden más bien del acervo popular. Por eso Cervantes se burla de este motivo caballeresco en el decimotercero capítulo de la primera parte, tanto con el tono irónico de la narración como por el hecho de que sea precisamente el escudero quien se erija en portavoz de las teorías fisiognómicas, claros indicios del escepticismo cervantino. A medio camino entre la suspicacia de don Miguel y la fabulación candorosa de los textos de la estirpe amadisiana se ubica la adaptación en prosa del Baldus de Folengo, escrita por un anónimo humanista, familiarizado con el pensamiento aristotélico, que impregna su obra de ideas fisiognómicas. Tal labor la lleva a cabo por medio de un portavoz, el protopícaro Cíngar, que realiza una especie de compilación de este tipo de conocimientos, parodiados en su hipotexto.

From the Rosarium Philosophorum, 1578

1. El saber astrológico en el Baldus y en el Baldo

Un aspecto particularmente interesante de la materia se aborda en el capítulo XXI del primer libro, donde «Cíngar, preguntado de Baldo, contó muchas fábulas de la astrología sobre los signos y planetas». Se trata de un largo excurso en la adaptación castellana del Baldus de Folengo que parte de uma disertación lúdica en el poema macarrónico original del monje benedictino. En el Liber XIII del Baldus de Folengo, en la llamada Redazione Toscolanense, el protagonista pregunta a su amigo Cingarus durante un viaje por mar sobre las particularidades de los astros8:

«Cingar, me grandis nunc admiratio brancat,
nec scio qua guisa possunt, quae cernimus, esse.
Ecce vides solem plus largum, plusque ritondum
quando foras exit, quam cum tenet ardua coeli
Praeterea tantum rubeas fert ille masellas,
in tinam vini quod strabuccasse videtur».

8 Olivieri analiza la figura de Cíngar astrólogo quien «offre l’immagine del mago, intellettuale solitario e notturno».

Su curiosidad por cuestiones astrológicas reaparece en la adaptación castellana: «[…] Baldo, que era amigo de saber muchas cosas, preguntó a Cíngar que le dixesse cómo estava compuesta esta gran redondez del cielo y la tierra que desseava mucho saberlo». El protopícaro insiste en ambas obras en la dificultad que plantea satisfacer el deseo de su amigo a quien intenta, no obstante, complacer siempre. El Cingarus de Folengo dice en la Redazione Toscolana:

Cingar ait: «Magnas o res mihi, Balde, rechiedis,
quas nimis astrologi dudum schiarire fadigant,
nam super humanos animos ea facta fuere.
Sed tamen insigni quidam de semine gregus,

cuius (si memini) Piationus nomen habetur,
astrologusque alter Tolomellus, Iona propheta,
Solon, Aristotel, Naxagor, Tala, Pytagor,
talia scripserunt per magnos caricantia libros».

La enumeración de los astrólogos10 (Platón, Claudio Ptolomeo, el profeta veterotestamentario Jonás, el legislador Solón, Aristóteles, los filósofos presocráticos Anaxágoras12 y Tales de Mileto, así como Pitágoras) interesaba particularmente a Folengo, dado que las autoridades enumeradas varían considerablemente en la diferentes redacciones que conservamos por él realizadas: la «Redazione Paganini» de 1517 menciona13, a diferencia de la Toscolanense y de la Vigaso Cocaio, a Aristóteles junto con Ptolomeo («astrologusque alter Tolomellus) mientras que la Vigaso Cocaio de 1552 introduce una referencia burlesca a «Oga Magoga» («astronomusque alius Tolomellus). El Cíngar castellano omite el listado de las autoridades en cuestiones astrológicas a la hora de contestar a su amigo: «Amado Baldo, cosa difícil me preguntas, de la cual no te hablaré tan ciertamente como de otras. Yo no he visto cómo se mueven los cielos ni cómo hazen su operación, pero diré lo que los otros dixeron». Antes de hablar de los planetas con los que arranca la «astrologia Cingaris», el traductor castellano se empeña en hacer una síntesis seria y ordenada, que comienza con la discusión del número de los cielos:

Cuanto a lo primero, sabrás que los cielos unos dizen que son nueve, otros diez, otros onze. Dexo esto y con ello al primer cielo impíreo, el cual no se mueve y más grande, más perfecto y más redondo que ess’otros. Pero, ¿en qué me detengo? Es, en fin, morada divina debaxo d’este sin aver cosa vazía. En medio está el que primeramente se mueve con movimiento velocíssimo que, si parasse, toda la humana máquina se desataría. Tras d’él viene el cielo estrellado, en el cual está un círculo, repartido en tres líneas, y éste se divide en doze partes que se llaman signos que van por la línea del medio.

10 Scalamandrè observa a propósito de las autoridades mencionadas por Cíngar («Astrologusque alter Tolomellus, Iona propheta, / Solon, Aristotel, Naxagor, Tala, Pytagor, / Talia scripserunt magnos magnos caricantia libros»): «E aggiungeva citando vari sapienti, anche se gli accade di storpiare qualche grande nome (non è anche, la sua, una cultura popolare?)»; véase también Scalamandrè: «In realtà Cingar forniva successivamente un’ampia prova della sua scienza astronomica, da lui esposta con molti e particolari riferimenti alla mitologia. Diceva della Luna, di Mercurio, di Venere, del Sole, delle stagioni di Marte, Giove, Saturno, dei segni dello zodiaco».

12 Para la función de Anaxágoras en la evolución de las teorías cosmológicas véase Múñoz Valle (1979).

13 Véase a propósito del discurso astrológico en la redacción de 1517 el estudio de Zaggia (1995).

El discurso de Cíngar sobre el zodíaco añade toda una serie de detalles a las someras menciones originales del texto de Folengo como se puede comprobar a propósito de Aries:

El primero es el que tiene figura de carnero que se atribuye al mes de março, el cual dizen que fue d’esta manera colocado en el cielo porque Júpiter, en aquella temerosa batalla que intentaron los gigantes contra los dioses, donde Apolo se tornó en cuervo, Baco en cabrón, Diana en gata, Juno en vaca, Venus en pece, Mercurio en cigüeña, Júpiter en carnero, el cual fue después honrado en aquella figura de los de África porque, yendo un hijo de Júpiter por la arenosa Libia y aviendo perdido el camino, halló un carnero que le enseñó el camino y, pensando que era de su padre, hizo allí un templo que se llamó de Júpiter Hamón. Y esta figura fue puesta en el cielo. Otros dizen que era por el vellocino dorado del carnero que truxo Frixo, hermano de Heles, a Colcos que después tomó Jassón con ayuda y saber de Medea.

Es llamativo cómo el humanista castellano aprovecha la ocasión para hacer gala de su saber mitológico. A diferencia de Folengo, comenta sólo tres de los doce signos –carnero, toro y géminis– y omite por completo los demás17. Después de ulteriores explicaciones de otras constelaciones y de su trasfondo mitológico sigue una detallada descripción por orden descendente del séptimo al primer cielo con los planetas correspondientes, de acuerdo con el orden más común de tales listados: comienza con Saturno, el planeta más alejado de la tierra, y termina con la luna. Folengo, por su parte, empieza con la luna y cierra con Saturno, e introduce en su discurso diversas digresiones amplificativas. Tanto la inversión del orden de los astros, propuesto por su hipotexto, como la estructuración esquemática indican que se trataba de un tema que interesaba particularmente para el humanista castellano, que se aleja considerablemente de su modelo como se puede apreciar fácilmente a propósito de Saturno:

Dexando todo esto, vengo al sétimo cielo que tiene Saturno, el cual fue fijo de Celo y de la diosa Vesta y casóse con su hermana Opis. Éste tuvo un hermano llamado Titano, el cual, como fuesse mayor, pidió el reino que le venía de justo título, pero, como fuesse muy feo, lo cual sabido por Saturno, pidió el reino y dióselo con condición que todos sus fijos machos matasse. Pero esto no se pudo cumplir porque sus fijos fueron librados. Fue después echado de su reino y huyó a Italia, do lo recibieron el rey Jano. En esto, desaparesciendo Saturno, fue tenido por dios. El cual nasce debaxo d’este planeta es de color baça, lleno de cabellos negros y duros y barvas; es malicioso, airado y triste; tiene dominio sobre la vida, edificios y dotrinas y mudanças de tiempos.

17 La «incorporación de una imaginería zodiacal en español» se debe a Francisco Imperial como estudia Vicente García (véase particularmente el capítulo «La huella de la astrología en la literatura humanista castellana»).

Folengo exagera la representación tradicional de Saturno como un viejo decrépito aquejado de todo tipo de enfermedades con hiperbólico lujo de detalles20:

Uxorem quamvis habeat, tamen ipse fiolos
non generare potest, causam nunc queritis inquam.
Non solum quoniam mancant sua corpora caldo,
Iuppiter a patri Saturno membra taiavit.
Hic macer est vultu, calva cum fronte rapatus
sbavazzat totam naso scolante bocazzam.
Nec retinet solumdentem sua quaeque ganassa.
omnes cum flatu putrido, quum parlat, amorbat.
Hispida barba riget, numquam pro pectine lenis,
Cum bastone suas vadit numerando pedattas,
de passu in passu tussi, spudatque macagnos.
Fert sgarbellatos oculos, nec sbercia mancat.
Pellizzonus eum usque ad calcanea coprit,
attamen ille facit tremolantos frigore plenus
Eius bassa domus plena est humore nocivo,
flent muri, guastat rumatica muffa solarum.
numque splendigeros fundit Apollo lusores
Praticat hic semper spissis nox plena tenebris,
Hic barbagianni strident, hic pippaquestrelli
hic quoque noctivaghae «gnao gnao» faciendo civettae.
Tristitia hic habitat, macies, genus omne maloram
maxima sunt isti, capitis dolor, hydropisia,
angonaia, malum costae, quartanaque febris,
mazzuccus, lancum, carbones, morbida pestis,
flegma, tumor ventris, vermes, colicique dolores,
petra vesigarum, cancar, giandussa, bognones,
franzosus, fersae, cagasanguis, rogna, varolae,
defectus cerebri, rabiesque frenetica, chiodus,
stizza canina, dolor dentorum, scroffa, puvidae,
phistula, galtones, tumor velle lergna vocata
testiculi, brofolae, tegnosaque codega, lepra,
schelentia, gulae sicitas, et pectoris asma,
sancti Antonii morbum morena, podagra
tisica febris, mugancae, tardaeque pedanae
infirmitates non totas dicere possum.
Ista fameia senem Saturnum semper honorat,
sed male fida quidem, nam bursa vodatur ad ipsa.
Hanc medici preciant, sed in altro corpore ficcam.
Ergo Saturnus supremo praesidet orbi,
de qua cascatus possit sibi rompere collum.

(Baldus, XIV, Redazione Toscolanense, 149v-150v: «De Saturno»)

20 Puede que Folengo se haya inspirado en el capítulo De Saturno domino geniture de Indagine donde se lee: «[…] morbos omnes in vnum exaggerat: videlicet peripneumoniam, hydropisum, podagram, morbum regium diue caducum, vlcera, alopeciam, caecitatem et quem es vitiosis humoribus sunt malorum omnium mare».

Esta parodia mitológica macarrónica se ve transformada en el libro castellano en una seria exégesis del mito a la que se añade un elenco de los rasgos fisiognômicos que se atribuyen a las personas nacidas debajo de cada planeta así como las actividades relacionadas con cada astro. Me interesa particularmente analizar estas descripciones de los llamados «hijos de los planetas» en relación con el sistema científico contemporáneo y las teorías fisiognómicas. Antes de comentar el texto em detalle, me parece necesario trazar un breve panorama de la historia de la fisiognomía y de su vinculación con cuestiones astrológicas.

Alchemical Portraits

2. Los hijos de los planetas y la fisiognomía

La disciplina que solemos asociar hoy en día con el nombre de Johann Caspar Lavater, notorio gracias a su El arte de conocer a los hombres por la fisionomía (1775-1778), es una techné cuyos orígenes se remontan a la Mesopotamia de la primera mitad del segundo milenio antes de Cristo y que fue practicada por los antiguos griegos y romanos21. Recuérdense tanto los escritos seudoaristotélicos (los Physiognomonica22 y los Secreta secretorum23), como la obra fisiognómica de Antonius Polemo o los tratados de Adamantius, del llamado anónimo latino y del médico Loxus. La Edad Media produjo toda una serie de estudios fisiognómicos originales que acompañaban a las traducciones de los textos clásicos y obras árabes. La caracterología estuvo vinculada desde muy temprano con la astrología, como demuestran los manuscritos que transmiten obras de astrólogos como Ptolomeo (100-170) y otros29. En lo que concierne a la influencia planetaria sobre los seres humanos, descrita en el Baldo, es pertinente tomar en cuenta una serie de obras medievales, tales como un tratado fisiognómico anónimo que se suele citar con el título Elegans est nature cognicio, la Compilatio Physionomiae de Pietro d’Abano (ca. 1295) –impresa a partir de 1474 en repetidas ocasiones–, así como el Speculum physionomie de Michele Savonarola ( ca. 1440-1450). A ellos se suman, desde comienzos del siglo XVI, una serie de nuevos manuales y tratados especializados sobre fisiognomía, de entre los que me interesa destacar, por su relación con los hijos de los planetas, la Chyromantie ac physionomie anastasis de Bartolomeo della Rocca llamado Cocles (1467-1504), publicado en Bologna en 1504. El tercer libro sobre fisiognomía se intitula De physionomia planetarum y se dedica a la caracterización de los hijos de los planetas para terminar con unas breves reflexiones acerca de las líneas planetarias en el cuerpo humano. Se trata de un manual científico por su mise en page, redactado en latín, voluminoso e impreso in formato in-folio y con muy pocas ilustraciones en la parte quiromántica. En las Introductiones Apotelesmatica e elegantes in Chiromantiam, Physionomiam, Astrologiam naturalem, Complexiones hominum, Naturas Planetarum de Ioannes ab Indagine (1467-1537), publicadas en 1522 en Estrasburgo, igualmente en latín e impreso también en gran formato, se relacionan los ascendentes planetarios con los temperamentos. Por otra parte, encontramos un gran número de publicaciones astrológicas que se dedican a la caracterología de estos ascendentes planetarios como, entre otros muchos, el Astrolabium del alemán Johann Engel, impreso en 1494, o bien el Trattato d’astrologia iudiciaria que Luca Gaurico publicó en Roma en 1539. Como observa acertadamente Eugenio Garin en su estudio fundamental sobre la astrología, nunca se produjo una ruptura claramente perceptible entre la astrología medieval y moderna:

In other words, while it is necessary to eliminate the idea that a complete rupture took place between modern astronomy and medieval astrology during the Renaissance, it is most important to be aware of the wide dissemination of astrological, magical and hermetic themes at the beginning of modern culture and their persistence everywhere in the most varied forms, not only in the images of art but also in the new science itself.

21 Véase la antología de tratados de fisiognomía griegos y latinos de Förster (1893), así como para el imperio romano el estudio de Barton (1994).

22 Los Physiognomonica del Pseudo-Aristoteles fueron traducidos al latín por Bartolomeo di Messina, léase el texto en la antología de Förster (1893, I, 69-71). Véase también la reciente edición de la Fisiognomica de Aristóteles de Ferrini (2007), que resume concisamente la historia de esta ciencia, así como Porter (2005, 23).

23 Véase Paschetto (1985, 98): «[…] il Secretum non era solo un trattato di fisiognomica ma, dopo aver parlato dell’arte di governare e di questioni mediche, dedicava ampio spazio alla magia, all’astrologia ed alle scienze occulte, ivi comprese l’onomatomanzia e gli incantesimi». Para el Secretum secretorum consúltense además los estudios reunidos en Ryan y Schmitt (1982).

29 Véase al respecto Pack (1970, 115): «In the west, astrology was of course wedded to physiognomy at an early time: the idea that the planets shape or mould the physical and mental qualities of mankind is abundantly evidenced from the second century of our era by the works of Ptolemy, Vettius Valens, and Firmicus Maternus». Consúltese también el estudio desde la perspectiva de la historia del arte de Blume (2000), con gran número de ilustraciones. A la vista de lo expuesto, acertó también el erudito italiano al subrayar tanto la gran difusión del saber astrológico cuanto su fusión con las ciencias ocultas, como es el caso de la fisiognomía que me ocupa.

Mercure tente d'arrêter le cours du temps, représenté par Saturne Nicolas Flamel (1330-1418) (2)

3. Los hijos de los planetas en el Baldo

Algunas de las obras reseñadas, tanto de las medievales como de las renacentistas, estaban seguramente en la mesa de trabajo de nuestro humanista castellano, aunque no pueda decir con certeza cuáles exactamente. Prescindiendo de la descripción mitológica en el discurso de Cíngar, ausente en los manuales que estudiamos, nos las habemos con el aspecto exterior del hijo de cada planeta, su carácter y los aspectos de la vida humana que se relacionan con cada planeta:

En las primeras dos columnas se sigue un procedimiento típico de la fisiognomía: relacionar el aspecto exterior de una persona con su carácter. Cotejando esta caracterología con algunos de los manuales que estaban al alcance de nuestro autor, vemos toda una serie de paralelismos, tales como la caracterización fundamentalmente negativa de los hijos de Saturno, aunque sin mención de la palabra clave «melancólico»38. La mayoría de los manuales concuerdan en pintar sus hijos como personas con poca barba (desde Alichandrus pasando por la Elegans est nature cognicio hasta Cocles). La descripción divergente por parte de Cíngar– «lleno de cabellos negros y duros y barvas» podría explicarse quizá como una corrupción en el texto, lleno de erratas por las erróneas lecturas de la transmisión o los tipógrafos. Mucho más interesante e informativa es la descripción de los hijos de Júpiter por ser mucho más precisa y más detallada. En otra tabla reúno de forma sinóptica los atributos físicos –la forma de la cara, los ojos, la barba, los dientes, la tez y el pelo– que en el Baldo son presentados como típicos de los hijos de Júpiter comparándolos con las descripciones de los manuales reseñados:

38 Sólo la mencionada ‘tristeza’ de los hijos de Saturno es alusión a la tradicional asociación del planeta con la melancolía según estudian a fondo Klibansky, Panofsky y Saxl (1991).

figura 2

Podemos ver fácilmente que la «cara hermosa» y los «ojos claros» se hallan únicamente en Luca Gaurico que describe el hijo de Júpiter como una persona con un «bel volto» y con «belli occhij bianchi». Asimismo la curiosa descripción de los dientes –«dos dientes más grandes igualmente que los otros»– recuerda la del astrólogo italiano: «li doi denti di sovra maggiori». Sin embargo, también el estudio fisiognómico de Pietro d’Abano y de autores que se inspiran en él como son Michele Savonarola y Bartolomeo della Rocca proporcionan una descripción de la dentadura parecida: «dentium superiores magni duo parum per diuisi» según Pietro d’Abano. Con estos tres manuales fisiognómicos coinciden también los «cabellos luengos» mientras que Gaurico insiste en los «capelli piani e mediocri» de los hijos de Júpiter. Gaurico tampoco habla del color de la piel ni de la barba. Pietro d’Abano y sus seguidores en cambio describen el color de la epidermis como una mezcla de sonrosado y blanco –«albus rubeo comixtus»– que puede haber inspirado el «blanco y colorado» del Baldo. Quizás también la «barba cum quadam bifurca pulchra» haya inspirado la «barba redonda» del humanista castellano. Parece, por tanto, que podemos excluir como modelos tanto el tratado titulado Elegans naturae cognitio como a la obra de Indagine; el primero no se divulgó de forma impresa y el segundo, obra de un autor alemán, seguramente tenía menos difusión en el mundo mediterráneo que los demás manuales. Por falta de coincidencias podemos excluir también al Astrolabium de Engel. Igual deberíamos descartar asimismo la obra de Savonarola, ya que no habla de la barba y que se podía leer sólo de forma manuscrita. Tras este primer cotejo quedarían los estudios de Pietro d’Abano, Cocles y Luca Gaurico.

figura 3

En el carácter de los hijos de Júpiter me llama poderosamente la atención que su descripción como personas alegres coincida sólo con dos obras que acabamos de descartar, el Elegans naturae cognitio y el Astrolabium. Este último coincide al igual que Gaurico en describir a estas personas como honestas. El ser «amador de ley» encaja con Pietro d’Abano, Savonarola, Cocles e Indagine quienes lo caracterizan además, con la excepción de Cocles, también como hombre misericordioso.

En cuanto a los aspectos de la vida en los que el ascendente imprime carácter parece que hay una referencia a la tradición pictórica de los hijos de los planetas.

Fíjense que se repite la fórmula «tiene debajo de sí» o «están debajo de» que probablemente se explica por el típico esquema iconográfico de tales representaciones, que muestran a una personificación del planeta en un carro situado en la parte superior de la imagen y debajo de él sus hijos como representantes de profesiones y oficios. En el caso del hijo de Saturno leemos en el Baldo que «tiene dominio sobre la vida, edificios y dotrinas y mudanças de tiempos». Esta correlación, ausente en los manuales analizados, está muy presente en la tradición medieval, por ejemplo en el capítulo «De coelo et mundo» de la enciclopedia de Arnoldo Sajón, en la que leemos con referencia a Ptolomeo: «Sub eo [i. est. Saturnus] continetur vita, edifficium, doctrina et locus»42.

42 Véanse la ed. Stange (1905, 18) y al respecto también Klibansky, Panofsky y Saxl (1991, 191): «Para autores del siglo XIII como Arnaldo Sajón, Vicente de Beauvais o Bartholomeus Anglicus, que citaban a Ptolomeo y no intentaban ir más allá por la vía de la interpretación moral o cosmológica, ya no era arriesgado decir que la vida, la arquitectura y la doctrina eran propias de Saturno, o que él significaba la tribulación, la pena, la humildad y el mal».

figura 4

Menos llamativos son los parecidos con las descripciones planetarias de otras enciclopedias medievales como p. ej. el Speculum Maius de Vicente de Beauvais43 o el Liber de proprietatibus rerum de Bartholomeus Anglicus44. Esta tradición enciclopédica medieval tiene una continuidad pictórica en la que puede haberse inspirado el autor del Baldo, según propongo a propósito del hijo de Júpiter que tiene dominio sobre las vestiduras. Como podemos apreciar en una ilustración de un manuscrito de comienzos del siglo XV, conservado en Tubinga (Md2: 267v) y analizado por Hauber, los hijos de Júpiter se representan dedicados a las labores de fabricación de vestidos. Asimismo, la asociación de los hijos de Júpiter con la ley y con la jurisprudencia es un tópico iconográfico. En la misma ilustración encontramos un juez con su aguacil que aparentemente está encausando al hombre que tienen delante.

43 Véase el capítulo De propriis effectibus caeterorum planetarum donde leemos a propósito de Saturno: «Est igitur Saturnus essentialiter frigidus & siccus, accidentaliter tamen humidus & terreus, melancholicus, plumbeus, obscurus, amans vestes nigras, tenax, religiosus, agricultor» (Speculum Maius, XVI, 1532).

44 Véase a modo de ejemplo el capítulo «De Saturno» en la traducción castellana de Vicente de Burgos: «[…] So el son contenidos via y edificio, dotrina y lugar frío y seco a los juicios de las estrellas Saturno significa dolor y tristeza […]» (Liber de proprietatibus rerum, VIII, xxiii, sin páginas). A propósito de la recepción y particularmente de la traducción española de la enciclopedia véase Meyer.

La larga digresión de Cíngar sobre cuestiones astrológicas termina con unas reflexiones acerca de la caracterología humoral relacionada con los cuatro elementos que se corresponden con las estaciones del año y con los cuatro temperamentos:

Par de este cielo está la redondez del fuego qu’es caliente y seco; es sobre una parte del año el estío, debaxo del cual están los coléricos, hombres airados, ferozes, maldizientes. Luego está el aire que es húmido y caliente. Tiene debaxo de sí al verano en el cual están los sanguínos que son aficionado a mugeres, amigos de deleites. Par del aire está la agua que es fría y húmida. Tiene la cualidad d’este el invierno. Están aquí los flemáticos que son perezosos, descuidados, soñolientos, tardíos a toda obra. Luego viene la tierra que es fría y seca. Síguela el otoño y con él los melancólicos, malcontentadizos, imaginativos, ingeniosos, muy sospechosos. Pues, como estos cuatro elementos estén juntos y se apriete el uno al otro por donde son semejantes, assí juntos engendran y corrompen en este mundo. Assí está la vida compuesta que, naciendo uno, se muera outro.

(Baldo, I, XXI, 81-82)

Para concluir, téngase presente que esta mezcla de conceptos médicos (la teoría de los humores y de las complexiones del hombre) y astrológicos se explica por la organización del curriculum académico, siendo la astrología –como recuerda Henry– un «mainstream subject in the universities, particularly in Medical Faculties»47. El pensamiento científico que se difundía en un gran número de publicaciones llegó a los textos literarios de formas variadas. Como hemos podido comprobar, Folengo incorpora estas teorías sobre los astros en su universo lúdico mientras que el autor anónimo del Baldo restablece la seriedad del referente científico parodiado por el monje benedictino italiano reorientándolo merced a su familiaridad con el discurso científico.

Mercury, the messenger god

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