Astrologia Antiga

Capricornio y el Natalicio de Augusto

The Muse Urania by Johann Heinrich Tischbein

Alberto González García*

*Doctorando por la Universidad Complutense de Madrid.

Revista Numismática HÉCATE Nº 1

Resumen

Este artículo pretende demostrar que Augusto nació en el mes de diciembre astronómico, bajo el signo de Capricornio, en una fecha que se correspondía con el septiembre calendárico debido a las viejas discrepancias del calendario tradicional romano con respecto a la realidad astronómica, así como señalar la endeblez de las demás teorías propuestas acerca de esta cuestión.

1. La problemática del natalicio de Augusto

En el presente año 2014 se conmemoran los dos mil años de la muerte del emperador César Augusto. Contrariamente a su fallecimiento, su fecha de nacimiento (y, por consiguiente, su signo zodiacal, un importante tema iconográfico) ha sido uma cuestión debatida a lo largo de siglos, a pesar de la aparente ingenuidad y simplicidad de las noticias a tal respecto.

Según narraba el historiador Cayo Suetonio Tranquilo en su De vita Caesarum, completada hacia el año 120 de nuestra era, cuando Octaviano se encontraba en Apolonia de Iliria (45 a.C.) consultó, junto con Agripa, al astrólogo Teógenes, el cual le predijo su halagüeño porvenir a través de su horóscopo (thema), arrojándose a sus pies en un alarde de adulación. Por ello, el futuro Augusto lo hizo público y acabo acuñando denarios con su signo zodiacal, Capricornio, en el reverso1. La veracidad de lo narrado es atestada tanto por Dión Casio como por la existencia física de las propias monedas.

1 SUETONIO, Aug. 94. La decisión de publicarlo es relevante y evidencia la confianza en sí mismo de Augusto. Los horóscopos imperiales eran un secreto celosamente guardado y su confección y posesión un crimen contra el Estado. Diversos emperadores hicieron ejecutar a gente por ello, como Tiberio (DIÓN CASIO LVII, 19), Domiciano (SUETONIO, Dom. 10) o Adriano (HA Adri. 23, 3), cf. CRANMER 1954.

La más antigua que conservamos es una acuñación realizada por el praefectus classis Quinto Oppio en Cirene, hacia 41-40 a.C., pero hay numerosas piezas con este motivo procedentes tanto de la pars occidentalis (e.g. fig. 1) como de la orientalis, muy especialmente de Pérgamo y Éfeso (fig. 2).

figura 1

Figura 1. Denario de 16 a.C., posiblemente emeritense.4

4 Busto de Augusto a derecha. REV / Capricornio a derecha con orbe, timón y cuerno de la abundancia.

figura 2

Figura 2. Cistóforo efesiota, c. 28 a.C.5

5 Busto de Augusto a derecha REV/ AVGVSTVS Capricornio a derecha con la cabeza vuelta a izquierda, con una cornucopia superpuesta, circundado por una corona de laurel.

Es de destacar la aparición del Capricornio en algunas de las emisiones conmemorativas de la conquista de Egipto (figs. 3 y 4) y de la recuperación de las águilas de Craso (fig. 5).

figura 3

Figura 3. Denario asiático de 28 a.C.6

6 Busto de Augusto a derecha y un pequeño capricornio bajo el mismo. REV/ AEGYPTO CAPTA. Cocodrilo a derecha.

figura 4

Figura 4. Cuaternión del Museo Arqueológico Nacional (1921/9).7

7 Busto de Augusto a derecha sobre Capricornio. REV/ AEGYPTO CAPTA Hipopótamo estante a derecha. Se trata de una pieza única de discutida autenticidad.

figura 5

Figura 5. Áureo pergameno, c. 19-18 a.C.8

8 Busto de Augusto a derecha. REV/ SIGNIS RECEPTIS. Capricornio a derecha.

Además, un cobre local de Chipre, provincia senatorial desde 22 a.C. (fig. 6), muestra los signos zodiacales de Augusto (Capricornio), y Tiberio (Escorpio; nació el 16 de noviembre de 42 a.C.) bajo sendas estrellas (¿el Sidus Iulium?). Tiberio no fue sucesor oficial hasta la muerte del princeps iuventutis Cayo César en 4 d.C., lo que sitúa esta moneda entre los años 4 y 14 d.C. El diseño del Capricornio es distinto, sin la cornucopia, el orbe y el timón característicos de las acuñaciones occidentales, lo que apunta a una producción autónoma, al margen de la autoridad romana.

figura 6

Figura 6. Moneda de cobre chipriota (AE18) de época augústea.10

10 Capricornio a derecha bajo una estrella de seis puntas. REV/ Escorpio a izquierda bajo uma estrella de seis puntas.

Capricornio también figura de forma destacada en tres camafeos coetáneos, objetos cortesanos de gran valor y belleza. En primer lugar, el camafeo de Actio, donde dos capricornios sostienen el afamado Clipeus Virtutis que le concedió el Senado (fig. 7). En segundo, en la celebérrima Gemma Augustea, donde el signo zodiacal aparece inscrito en un orbe (presumiblemente solar) sobre el propio Augusto, representado como Júpiter (fig. 8). Por último, Camafeo de sardónice del Museo Metropolitano de Nueva York, con dos capricornios y un busto de Augusto circundado por una corona de laurel (fig. 9).

figura 7 e 8

Figuras 7 y 8. Detalles del camafeo de Actio (Kunsthistorisches Museum, IX a 56) y la Gemma Augustea (Kunsthistorisches Museum, IX a 79).

figura 9

Figura 9. Camafeo del Museo Metropolitano de Nueva York (29.175.4)

Finalmente, el historiador austrohúngaro Alfred von Domaszewski (1856-1927) llamó la atención ya en el siglo XIX sobre el hecho de que en muchos estandartes legionarios figuraba el signo zodiacal del Emperador: Capricornio, en el caso de Augusto (por ejemplo la II Augusta, la IIII Macedonica o la XXI Rapax) y Escorpio en el de Tiberio (en las cohortes pretorianas).14

14 DOMASZEWSKI 1892. RITTERLING 1925 señalaba que no sabemos cómo se elegían los emblemas legionarios y qué significaban. Pero, aunque no fuera el único motivo, está claro que Tauro, Capricornio y Escorpio son signos zodiacales.

Sin embargo, un simple vistazo a la biografía de Augusto comporta la inmediata aparición de datos que, en apariencia, contradicen estos hechos. El signo zodiacal de Capricornio se corresponde con los días que median entre el 22 de diciembre y el 19 de enero del calendario astronómico. Pero el propio Suetonio afirma unos capítulos antes que Augusto nació el 23 de septiembre de 63 a.C. (“Natus est Augustus M. Tullio Cicerone C. Antonio conss. VIIII. Kal. Octob., paulo ante solis exortum”), fecha que, en teoría, se halla bajo el signo de Libra (23 de septiembre a 22 de octubre).

El mismísimo Augusto confirmaba que celebró su sexagésimo tercer cumpleaños el 23 de septiembre del año 1, en una carta a su sobrino y heredero el princeps iuventutis Cayo César. En esa fecha se celebraban sus ludi Natalicii, que fueron decretados en 30 a.C., y desde 8 a.C. se realizaron anualmente. En 13 a.C., con asistencia del rey Herodes el Grande, quien le regaló 300 talentos. Los Juegos Isactios, instituidos en conmemoración la Batalla de Actio, también se celebraban el 23 de septiembre, en vez del 2, para hacerlos coincidir con su cumpleaños. El Feriale cumanum (c. 4-14 a.C.), los Fasti Vallenses (c. 7 d.C.) una inscripción de Narbona (12 ó 13 d.C.) y un papiro del templo de Artemisa Azzanathkona en Dura-Europos (223–7) indican la misma fecha de nacimiento. También sabemos de siete templos de Roma restaurados por Augusto que fueron consagrados de nuevo, y no por casualidad, en 23 de septiembre: los Aedes Apollinis y Neptuni in circo, Jovis Statoris y Junonis Reginae in portico Octaviae, Martis in circo, y Felicitatis y Apollinis in Campo Martio. De igual modo que el teatro de Marcelo también fue inaugurado en esa fecha. En el año 9, el koinon de la provincia de Asia, a propuesta del procónsul Paulo Fabio Máximo, amigo personal del princeps, decretó que a partir de entonces el calendario comenzaría el 23 de septiembre, declarando explícitamente que lo hacía porque ese día nació César Augusto. Lo mismo ocurrió en Siria, posiblemente en conexión con el culto imperial. Parece pues, fuera de toda duda, que Augusto no es que celebrara su cumpleaños, sino que nació en 23 de septiembre.

Esta aparente incongruencia ha generado un amplio y encendido debate historiográfico, así como numerosos y rebuscados intentos de resolverla, que se há dilatado a lo largo de más de cuatro siglos.

En líneas generales, hay tres grandes corrientes interpretativas que han conquistado los corazones y las mentes del grueso de los historiadores, las cuales detallamos a continuación.

2. Explicaciones basadas en la concepción

Ya el famoso astrónomo Johannes Kepler (1571-1630), a quien el emperador Rodolfo II de Habsburgo (1576-1612) había pedido que trazara el horóscopo del princeps, se encontró con este problema en apariencia irresoluble: ¿cómo podía ser Augusto Capricornio si había nacido en septiembre? Incluso Albert Rubens (1614-1657), hijo del célebre pintor, escribió toda una Dissertatio de Natali Die Caesaris Augusti. El erudito francés Joseph Scaliger (1540-1609) propuso por primera vez en 1579 la teoría de que, aunque su signo solar fue Libra, el signo de la concepción fue Capricornio ya que, según Demófilo, el signo con una determinada relación angular con el Sol en el horóscopo natal era el signo de concepción, situando el nacimiento en el 21-22 de julio.

En fechas más modernas, el historiador francés Auguste Bouché-Leclercq (1842-1923) arguyó que el signo podría tratarse del chronocrator del mes de su concepción, algo que no pasaba de mera conjetura.

Esta suposición aventurada ha encontrado numerosos seguidores, hasta convertirse en mainstream historiográfico en su planteamiento más simple: que su signo solar fue Libra, y que el horóscopo mencionado por Suetonio calculó su concepción para diciembre de 64 a.C., nueve meses antes de su nacimiento, cuando el sol estaba en Capricornio.

Pierre Brind’Amour (1941-1995), partícipe de esta teoría, se basó en una serie de complicados cálculos hipotéticos para intentar de demostrar que Augusto nació el 22 de septiembre, porque este mes tenía 29 días antes de la reforma juliana, y que esa fecha se correspondía astronómicamente de forma exacta con su equivalente en el calendário juliano. Con posterioridad su cumpleaños se cambió al 23 de septiembre, pero el autor no aduce ningún motivo para ello; suponemos que, simplemente, mantener el “a.d. VIIII. Kal. Octob.”, en vez de cambiarlo a “X”. Aunque parecen correctas sus suposiciones de intercalación en los años 62, 58, 55 y 52 a.C., diversas noticias e inscripciones muestran la falsedad de su reconstrucción entre 67 y 63 a.C., en concreto; así por ejemplo, la ILLRP 589 afirmaba que el 11 de octubre de 67 a.C. la luna estaba en su tercer día de fase, lo cual no concuerda con su cálculos.

Cabe señalar que, según Dion Casio, Augusto vivió 75 años, 10 meses y 26 días, el período que media entre el 23 de septiembre de 63 a.C. y el 19 de agosto de 14 d.C. en el Calendario Juliano. Pero, como escribía hacia el año 230, probablemente se limitara a restar sin tener en cuenta los cambios calendáricos, ya que el tradicional calendario romano vigente hasta 45 a.C. tenía sólo 354 días, y no 365. El cálculo, pasado a días, no puede ser correcto, porque el año 46 a.C. tuvo 445 días.

El problema común a todas estas hipótesis es la asunción acrítica de un hecho bastante discutible: que Capricornio se trataba del signo de la concepción, no el solar. Y como no nos cuadran las cuentas, era Suetonio, quien se equivocaba, estimando que debió confundir el horóscopo natal con la concepción. Él, que fue casi coetáneo a los hechos, y no nosotros, que estudiamos el asunto a veinte siglos de distancia. Si bien es cierto que Suetonio escribía casi cien años después de la época de Augusto, los aristócratas romanos eran, en general, apasionados de la astrología, y él mismo era secretario de un experto en esta disciplina, el emperador Adriano ¿Podemos pensar que cometiera semejante error de bulto? ¿A pesar de disponer de todas las fuentes que precisaba en los archivos imperiales, incluyendo el propio horóscopo de Augusto, que, para colmo fue hecho público? ¿Hemos de creer realmente que se equivocó sólo porque el dato contradice a la teoría preestablecida? Parece muy poco plausible.

En realidad, la importancia del signo de la concepción no aparece por ningún sitio al consultar el tratado astrológico más célebre y completo de la Antigüedad, el de Fírmico Materno (s. IV), que se refiere siempre al natalicio. Tampoco figura en la obra de astrología más antigua y cercana a los hechos que se conserva, la de Gémino de Rodas (c. 50 a.C.). De hecho, y por lo que nos consta, los únicos astrólogos de la Antigüedad que estimaron importante el momento de la concepción a la hora de elaborar un horóscopo fueron Ptolomeo de Alejandría y su discípulo Vetio Valente, a mediados del siglo II d.C., pero añadían que si no se conocía, como era habitual, debía emplearse el de nacimiento.

La única fuente clásica que se cita en apoyo de la hipótesis de Capricornio como signo de concepción es el hecho circunstancial de que Lucio Tarutio de Firmo (s. I a.C.) calculara tanto la fecha de nacimiento como la de concepción del fundador de Roma, Rómulo, a petición de Marco Terencio Varrón, sin mencionarse en absoluto cuál era su signo del zodiaco y empleando, para colmo, el calendario egipcio.

De hecho, ni uno sólo de los horóscopos grecolatinos que conservamos, recopilados por Otto Neugebauer y Henry Bartlett van Hoesen, antepone la concepción al natalicio. Dentro de este corpus documental, es relevante señalar que los únicos horóscopos imperiales peservados, los de Nerón y Adriano (patrón de Suetonio), se basan en sus fechas de nacimiento, el 15 de diciembre de 37 y el 24 de enero de 76, situándolas en Sagitario y en el octavo grado de Acuario, respectivamente. De igual modo, el muy posterior horóscopo del emperador Constantino VII (905-959) sitúa el sol en Virgo en su natalicio, el 3 de septiembre. Idéntico es el caso del horóscopo que se ha atribuido a Lucio Cornelio Sila y sitúa el Sol en Géminis el 23 de mayo (astronómico, no calendárico) de 138 a.C.

3. Explicaciones basadas en el signo lunar

The constellation Capricornus

Un segundo conjunto de autores defiende la imposibilidad de que su signo solar fuera Capricornio, y que un oscuro pasaje de Manilio podía confirmar que la luna era más importante que el Sol para definir los horóscopos. Así, Capricornio no sería sino el signo lunar de Augusto.

El primero en exponer esta teoría fue Albert Rubens, en el s. XVII, aunque no creía en ella. Sostenida por Housman, desde entonces ha sido apoyada de forma destacada por Riess y Kraft.

Esta teoría pone menos en duda la palabra de Suetonio, pero se basa en la indemostrada teoría de que el signo lunar tenía más importancia que el solar. Lo cual tampoco parece corresponderse en modo alguno con lo que sabemos de la astrología grecolatina a través de los diversos tratados ya mencionados. Yendo a los horóscopos conservados, ninguno de ellos confiere preponderancia alguna a la luna. De hecho, dos de ellos llegan a calificar al Sol de “regente del mundo” y “el más poderoso y gobernante de todos ellos” (los planetas). Por añadidura, las fuentes que nos hablan de los signos zodiacales de los emperadores se refieren siempre al signo solar (Tiberio Escorpio, Nerón Sagitario, Adriano Acuario, etc).

Cabe mencionar, por último, que la teoría del signo lunar tiene un problema adicional que la echa totalmente por tierra: se ha demostrado que, cualquiera que sea el método de cálculo empleado, el hecho es que el 23 de septiembre de 63 a.C. la luna no estaba en Capricornio.

4. Explicaciones que se olvidan del natalício

Las opiniones más recientes, aunque son de gran interés por sus detallados estudios sobre el simbolismo asociado a este signo zodiacal, simplemente evaden la cuestión de intentar determinar la fecha correcta de nacimiento y signo zodiacal de Augusto. Josèphe-Henriette Abry ha defendido que el princeps escogió deliberadamente Capricornio como símbolo de renovación. En la misma línea, Danielle Porte sostiene que cambió de signo porque el de Libra lo compartía con sus fracasados enemigos Bruto, Casio, Mesala y Pompeyo. Si esto fuera cierto, Porte debería tomarse la molestia de explicar cómo es que entonces Augusto decidió asociar tan íntimamente su persona con el dios Apolo, cuando Bruto –más fracasado aún– hizo también lo mismo, incluso en mayor medida que el joven César. Y eso teniendo en cuenta que el Triunviro disponía de otras deidades alternativas en las que centrarse a las que, de hecho, también se asoció en menor medida, como Júpiter o Mars Ultor.

Tasmyn Barton –al que sigue Alfred Schmid– mantiene que todas las teorías acerca de si era Libra o Capricornio han fracasado por intentar encontrar una única respuesta simple: fueron su flexibilidad y polivalencia simbólica las que hicieron de la astrología una herramienta tan útil al servicio de la propaganda augústea, pretendiendo asimilar su reinado con una nueva era. La cuestión de si fue o no de tal o cual signo es, en realidad, algo secundario.

Añade Barton un pasaje que, en su opinión, podría dar la razón tanto los teóricos de la concepción como del signo lunar: “Petosiris dice que donde quiera que se halle la Luna en la concepción, ese será el Ascendente o su opuesto. Donde quiera que se halle la Luna en el natalicio, ese será el Ascendente de la concepción”.

Sin embargo, no vemos qué relevancia puede tener este texto a la hora de defender la superioridad de la concepción sobre el natalicio, y del signo lunar sobre el solar, ninguna de las cuales es avalada por las fuentes. Se trata de un simple comentário técnico sobre un asunto muy oscuro, no una declaración explícita.

Al desistir de intentar buscar una respuesta concreta, conformándose con perderse en prolijos laberintos simbólicos, el resultado es que el problema del natalício de Augusto sigue abierto: ¿se produjo en septiembre o era Capricornio?

5. Las fuentes clásicas confirman que Augusto era Capricornio

Roman emperor Augustus

Además de los testimonios ya mencionados, contamos con tres escritores distintos avalando de forma tajante que Augusto nació bajo el signo de Capricornio: el historiador Suetonio (“nummumque argenteum nota sideris Capricorni, quo natus est, percusserit”), el poeta Manilio (“Capricornus in ipsum convertit visus, quid enim mirabitur ille maius, in Augusti felix cum fulserit ortum?”) y el propio Germánico, el hermano del emperador Claudio y sobrino-nieto de Augusto (“hic [Capricornus], Auguste, tuum genitali corpore numen attonitas inter gentis patriamque pauentem in caelum tulit et maternis reddidit astris”). Todos ellos compartían el interés de la aristocracia romana por la astrología. Germánico era, además, miembro de la familia imperial. Pero la cosa no acaba ahí: unas crípticas palabras recogidas por Plinio (“sibi illum natum seque in eo nasci”), relativas a la aparición del Sidus Iulium en la constelación de Capricornio, indican que el mismísimo César Augusto, a quien deberíamos suponer razonablemente bien informado a tal respecto, decía pertenecer a ese signo zodiacal.

Según Francisca Moya del Baño, el testimonio de Germánico formaba parte de la propaganda augústea, ignorando deliberadamente que el princeps era Libra. Hecho patente, según esta autora, en las Geórgicas. Sn embargo, al leer a Virgilio, lo más que señalaba es que el nuevo dios Augusto podría escoger las Chelae (pinzas de Escorpio, es decir, Libra) como su sede celeste. Lo cual, en realidad, tiene otras explicaciones mucho más sencillas, no relacionadas con su signo zodiacal. Por ejemplo, atribuir la Balanza a Augusto como símbolo de la justicia que instauró, tal como indicaba el comentario a ese texto realizado por alguien mucho más cercano a Virgilio que nosotros, Mauro Servio Honorato, en el siglo IV. Además, Libra era el signo de Italia y de Roma, según Manilio55. Este autor también afirma que Roma se fundó bajo Libra, lo cual es incongruente con la tradicional fecha de 21 de abril de 753 a.C. A menos, claro está, que aceptemos que el primitivo calendario romano a menudo tenía poco que ver con el año astronómico.

55 MANILIO IV, 773-777. CICERÓN, De Div. II, 98, afirmaba que su amigo Tarutio de Firmo había calculado que Roma fue fundada cuando la Luna estaba en Libra, lo que podría apoyar la teoría del signo lunar. Pero también podría ser, simplemente, que el Sol y la Luna estuvieran en conjunción.

¿Es realmente posible defender la existencia de una operación propagandística a gran escala, impuesta de forma oficial o aceptada tácitamente por estos escritores? ¿A pesar de lo cual no es mencionada en las fuentes? ¿Hay alguien capaz de argumentar cómo es que esa feroz censura no fue capaz de impedir a esas mismas fuentes, en cambio, criticar a Octavio y registrar sus actos más reprobables en sus peores años de demagogo incendiario, incluyendo sacrificios humanos? A nuestro juicio, la respuesta a todas estas cuestiones es un rotundo “no”.

Siempre podemos optar por negar la mayor, claro está. El eminente numismático Michael Crawford se limitaba a señalar que Augusto era Libra (“of course”), y que, por tanto el Capricornio en su moneda no podía tener una motivación zodiacal.

6. Explicaciones basadas en el desfase existente entre el calendario republicano y el año astronômico

Julia Sysoeva - capricórnio

La solución a este espinoso enigma nos parece de una sencillez y evidencia meridianas: Augusto nació en Septiembre y era Carpicornio. Es decir, nació, en efecto, un 23 de septiembre, pero fue Capricornio, y no Libra, debido al desfase que acumulaba el tradicional calendario romano de 355 días con respecto a la traslación de la Tierra en torno al Sol. Esta diferencia, motivada tanto por la negligencia de los pontífices como por el cálculo político, era de unos 90 días en el año de la implantación del Calendario Juliano, 46 a.C., motivo por el cual tuvo 445 días. Así, no hay nada de extraordinario en que el septiembre calendárico se correspondiera con el diciembre solar, y que un nativo de aquel mes pudiera, antes de la reforma juliana, ser Capricornio.

Esta teoría fue propuesta por primera vez por Joseph Scaliger en 1599, suponiendo que Augusto y Teágenes se confundieron al trazar el horóscopo, suposición que se nos antoja absurda: los que vivieron aquellos días conocían su cotidianeidad bastante mejor que nosotros, que pretendemos estudiarla a milenios de distancia. En tiempos más modernos, la teoría no ha tenido demasiada fortuna. Fue resucitada a mediados del XIX por Edward Greswell, que identificaba la fecha astronómica con el 5 de diciembre, en la idea de que los astrólogos romanos adelantaban los signos siete grados en relación a la astrología moderna y que para los antiguos el signo natal no era el signo solar, sino el Ascendente (con lo cual el 5 de diciembre se situaba al inicio del signo de Capriconio).

William Garrod proponía en 1911 la fecha del 20 de diciembre, asumiendo las ideas de Greswell sobre la astrología romana, y añadiendo –por si fuera poco– dos nuevas y arriesgadas asunciones de cosecha propia: que César sólo intercaló 67 días –y no 90– en 46 a.C. y que hubo un mes intercalar entre 63 y 46.62

62 GARROD 1911: 114-20. Al igual que BRIND’AMOUR 1983, también sostenía que Augusto nació el 22 de septiembre, porque en el calendario tradicional tenía 29 días, y no 30, de modo que el día octavo antes de las calendas de Octubre era el 22 y no el 23.

Tras un largo paréntesis, el más reciente defensor de esta teoría ha sido Gerhard Radke, que sitúa el nacimiento de Augusto el 17 de diciembre, considera que Teógenes no tuvo en cuenta la intercalación y arguye que fue recalculado por el Senado en 30 a.C. a la hora de decretar su celebración oficial. La teoría hace aguas porque, además de lo especulativo de sus cálculos, no hay ninguna prueba de esto último.

Brind’Amour se oponía a estos cálculos indemostrados… esgrimiendo los suyos propios, claro está, en la peregrina idea de que ¡no hubo diferencia astronómica alguna entre el calendario republicano y el juliano en 63 a.C.!Lo cual, como hemos indicado, es un error constatado.

Sin embargo, no es preciso recurrir a tan elaboradas cábalas y arriesgadas suposiciones como hacen estos autores. Basta con leer atentamente las fuentes, pues es el propio Suetonio quien nos indica la fecha: el biógrafo decía haber leído en el Theologoumenon de Asclepíades de Mendes que Atia, madre de Augusto, se quedo dormida tras asistir a una ceremonia nocturna en honor de Apolo y se le apareció una serpiente (el mes consagrado a Marte y Apolo-Helios era marzo, en especial las lunas nueva y llena), que su hijo nació en diciembre (“Augustum natum mense decimo, et ob hoc Apollinis filium existimatum”), añadiendo un detalle significativo: fue el mismo día en que el Senado deliberaba acerca de la Conjuración de Catilina (“Quo natus est die, cum de Catilinae coniuratione ageretur in Curia”). El problema es que ninguna otra fuente da cuenta de la existencia de alguna otra reunión del Senado a este respecto el 23 de septiembre de 63 a.C., siendo la del 21 de octubre la primera sesión documentada donde se habló de la Conjuración.

Suetonio podría referirse a una de las reuniones celebradas el 3, el 4 y el 5 de diciembre (“III Non. Dec.”; “pridie Non. Dec.”; “Nonae illae Decembres”), en las que Cicerón pronunció su Tercera y su Cuarta Catilinarias. Hemos visto que Greswell proponía el 5 de diciembre. Pero ninguna de estas fechas se corresponde con el signo de Capricornio, sino con Sagitario.

Tenemos, no obstante, otra opción posible: la última sesión senatorial del mes y del año, la del 29 de diciembre. Sabemos que, en esta reunión del Senado, Cicerón fue humillado por los tribunos de la plebe, los catilinarios Calpurnio Bestia y Metelo Nepote, que pretendían impedir su discurso de despedida ante el pueblo al finalizar su consulado, ya que había ordenado la muerte de ciudadanos romanos sin juicio prévio (delito que provocaría, finalmente, su exilio en 58 a.C.).

Del 23 de septiembre al 29 de diciembre van 95 días,70 lo que se acerca mucho más a la diferencia de 90 existente en 46 a.C. Los pontífices intentaban corregir el calendario intercalando días y meses adicionales, por lo que una diferencia de cinco dias entre el desfase de 63 a.C. y el desfase de 46 a.C. no tiene nada de extraordinario. Los sucesivos intentos hallar la diferencia exacta de días existente en 63 a partir de cálculos hipotéticos de base astronómica, como hicieron Brind’Amour o Radke, no sólo no coinciden lo más mínimo entre sí, sino que no pasan de constituir meras especulaciones. A nuestro juicio, debemos, ante todo, apoyarnos en las fuentes clásicas.

70 Recordemos que, según el calendario tradicional romano, septiembre y noviembre tenían 29 días, y octubre 31.

Surge, no obstante, una cuestión importante. Estas fechas ciceronianas no eran astronómicas, sino calendáricas, como demuestra el hecho de que el 29 de diciembre fuera el último día del consulado de Cicerón, y, por tanto, también deben adolecer necesariamente del mismo desfase entre el calendario tradicional y el Juliano que la fecha de nacimiento de Augusto. De modo que no nos sirven para calibrar la fecha astronómica.

Esta aparente incongruencia no tiene una solución aceptable, aunque puedan ocurrirse explicaciones ad hoc. Es bien sabido que Cicerón rescribió sus discursos, de modo que no sería que extraño que corrigiera las fechas, acomodándolas al nuevo calendario en algún momento entre su instauración y antes de su muerte en 43 a.C., para congraciarse, quizá, con los cesarianos (ya que fue abolido por los Libertadores y reimplantado por los Triunviros). Sabemos por Plutarco que el orador fue siempre alabado por Augusto, el cual se resistió a proscribirlo durante dos días, antes de ceder a las presiones de Marco Antonio. Cicerón era muy consciente de los câmbios calendáricos y sus implicaciones políticas: llamó a César, “segundo Metón” (célebre astrólogo ateniense) y, cuando en una ocasión alguien señaló que la constelación de la Lira saldría al día siguiente (las Nonas de enero), el orador respondió: “Sin duda, se há promulgado que así sea”, indicando su conocimiento exacto de que el nuevo Calendario tenía errores, pues en realidad ese fenómeno se produjo el anterior noviembre. También parece haber indicios de similares inconsistencias de fechas en la obra de Cicerón, así como en la de otros autores, por ejemplo Flavio Josefo.

Sin embargo, son argumentos poco convincentes y requerirían ulteriores investigaciones para ser demostrados. Motivo por el cual, y al menos de momento, debemos decantarnos por concluir que ese 23 de septiembre calendárico, correspondiente al diciembre astronómico, hubo una reunión en el Senado sobre la Conjuración de Catilina que no es mencionada en ninguna otra fuente, pero que debió aproximarse a la elección consular de aquel año, 63 a.C., como sostenía Thomas Rice Holmes, aunque este autor creyera que el 23 de septiembre del calendario republicano se correspondía a la misma fecha en el Juliano. Sabemos que en esas fechas los catilinarios reunían tropas en Etruria y ya se estaban produciendo disturbios por toda Italia.

Parece lógico suponer que, una vez se produjo la corrección del calendario, Augusto se limitó a seguir celebrando su cumpleaños en la misma fecha calendárica, aunque la astrológica fuera diferente, en vez de optar por corregirla, lo que sólo hubiera provocado confusiones. De igual modo que, cuando en 1582 se implantó el Calendario Gregoriano, no se corrigieron las conmemoraciones a pesar de la inexistencia de diez días enteros, del 4 al 15 de octubre. No había necesidad de aclarar públicamente la aparente incongruencia, porque todo el mundo era consciente del cambio calendárico.

La existencia de un desfase de unos tres meses hacia esos años parece estar confirmada por algunos textos.

Según Salustio, el plan original de los catilinarios consistía en asesinar a los nuevos cónsules el día de Año Nuevo de 64 a.C. y enviar un ejército a ocupar Hispania, un plan que se postergó a las nonas de febrero. Difícilmente hubieran podido enviar un ejército a Hispania en pleno invierno. Pero no si ese invierno calendárico se correspondiera con la primavera astronómica.

La Segunda Catilinaria, pronunciada el 9 de noviembre de 63 a.C., habla de la huida a la Galia Cisalpina de Catilina y sus partidarios, y de los rigores del invierno y largas noches que debían soportar; las nevadas en la región son habituales entre los meses astronómicos de diciembre y febrero.

De igual modo, en enero de 62, Catilina intentó cruzar los Apeninos, tarea bastante dificultosa en pleno invierno, cuando se suspendían las operaciones militares, pero algo menos al comienzo de la primavera. Desde luego, su avance no fue interrumpido por la nieve, según las fuentes, sino por un ejército lealista. Los rebeldes plantaron batalla a los defensores de la República en Pistoya, al carecer de trigo y provisiones para continuar resistiendo, según la arenga de Catilina. El momento de mayor carencia de alimentos siempre es el final del invierno y el comienzo de la primavera. De igual modo, Cicerón indicaba que Catilina dejó atrás las heladas y la nieve de los Apeninos, y tenía todo el verano por delante (“neque umquam Catilina, cum e pruina Appennini atque e nivibus illis emersisset atque aestatem integram nanctus”).

A finales de marzo de 58 a.C. (año en que la descoordinación del calendario llevó a una nueva intercalación), César se enfrentó a los helvecios, reunidos a orillas del Ródano el día 24 (“Is dies erat a.d. V Kal. Apr., L. Pisone, A. Gabinio consulibus”), encontrándose con un serio problema logístico: no sólo el cereal de los campos locales estaba sin madurar, sino que ni siquiera había abundancia de forraje (“non modo frumenta in agris matura non erant, sed ne pabuli quidem satis magna copia suppetebat”). En las sociedades preindustriales, el trigo se plantaba a comienzos de la primavera y se cosechaba entre julio y agosto, y la carencia de forraje se empezaba a notar desde finales del mes de junio y era más acusada en agosto y septiembre. Es decir, César se encontró con la escasez de forraje propia del verano, y una cosecha de trigo que aún no estaba lista. De haber sido marzo, el trigo no hubiera estado sin madurar, como dice el texto, sino recién plantado, sin germinar siquiera. Y no hubiera habido escasez, sino la falta absoluta de forraje propia del final del invierno y el inicio de la primavera. De igual modo, parece muy poco razonable que los helvecios decidieran congregarse al inicio de la primavera, justo cuando más escaseaban los alimentos.

7. Augusto y Apolo

Eros Riding the Goat-Fish Aegipan. Mosaic, end of 2nd century AD

Como hemos visto, según Suetonio, el natalicio de Augusto le relacionaba con el dios Apolo. Un nacimiento a finales de diciembre astronómico, es decir, bajo el signo de Capricornio, se aproxima a una fecha tan simbólica como es el Solsticio de Invierno. Augusto nació justo al amanecer, motivo por el cual Nigidio Fígulo, erudito en astrología y adivinación, declaró que había nacido el señor del mundo (“nota ac vulgata res est P. Nigidium, comperta morae causa, ut horam quoque partus acceperit, affirmasse dominum terrarum orbi natum”), una idea ésta, la del cosmocrator, que nos remite a aquellas monedas donde el capricornio sostiene el orbe entre sus patas, junto con el cuerno de la abundancia y el timón de la nave de República. Octavio, padre de Augusto, también había soñado que su esposa alumbraba un rayo de sol (“Somniavit et pater Octavius utero Atiae iubar solis exortum”), el hijo de Apolo/Helios. Este nacimiento divino es confirmado por uno de los Epigrammata Bobiensia, el número 39, escrito por Domicio Marso, el cual se carteó con Apolodoro, el tutor de Octaviano durante su estancia en Apolonia. El poema ha sido datado entre la dictadura de César y 31 a.C., es decir, mucho antes de que Octaviano fuera proclamado Augusto (27 a.C.):

Ante omnes alias felix tamen hoc ego dicor,
Sive hominem peperi femina sive deum.

De igual modo, la Legio XV, llamada precisamente Apollinaris, fue creada en 41-40 a.C., o incluso antes. “Apolo” fue el santo y seña de los cesarianos en la batalla de Filipos. Por la misma época comenzó a llevar el sello con la talla de la Esfinge, símbolo del regnum Apollinis profetizado por la Sibila. Lo cual apunta a que ya mantenía una conexión con ese dios desde el Triunvirato, mucho antes de la formación ideológica de la monarquía imperial, de convertirse en Augusto y ser loado por los poetas como un nuevo Apolo. Apolo era, de hecho, venerado por los Julios muchos años antes; su padre adoptivo, César, nació durante los ludi Apollinaris del año 100 a.C. y financió de su bolsillo los celebrados en 45 a.C. De hecho, se avino adoptarlo al escuchar a Atia la ya mencionada historia de la aparición de Apolo y la concepción de Octaviano.

Hay otros testimonios ligeramente posteriores, como el banquete que ofreció en mitad de una hambruna (c. 39-37 a.C.), en el cual los convidados se disfrazaron de los Dioses Olímpicos, y el propio Octavio de su patrón, Apolo, la compra de la casa de Quinto Hortensio en el Palatino, junto al Templo de Apolo, consagrado en 36 a.C., o la celebración de la victoria de Actio con advocaciones a Apolo. Y, como hemos visto, en el camafeo conmemorativo de esta victoria aparecía el Capricornio.

8. Conclusiones

La explicación del desfase entre el calendario tradicional romano y el Juliano confiere veracidad y coherencia a todo cuanto afirman las fuentes sobre el natalicio del primer princeps, a pesar de su aparente contradicción. Algo de lo que no pueden jactarse el resto de teorías sobre el nacimiento de Augusto y su signo zodiacal, basadas en el signo de la concepción, en el signo lunar, o en no responder a la cuestión. Todas ellas son frágiles en el mejor de los casos, y rebuscadas sin excepción alguna, constituyendo verdaderos alardes de voluntarismo. Para colmo, optan por el expeditivo método de ignorar o intentar negar aquellas afirmaciones de las fuentes que no cuadran con su discurso, adaptando los hechos para que coincidan con la hipótesis.

De tal modo, creemos poder afirmar, con pocas dudas, que Augusto nació un 23 de septiembre, que se correspondía astronómicamente con finales de diciembre, y que por este motivo su signo zodiacal fue Capricornio. La emisión de moneda y todo el simbolismo asociado vino después, y como consecuencia de ello, contra lo pretendido por diversos autores.

capricorn augusto

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capricornio signo de augusto

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