Astrologia na História e na Mitologia

La Evolución de la Historia a través del Zodiaco

José Enrique Viola Nevado

El Mosaico de los Dioses de la Semana (Itálica)

Llamado “mosaico del planetario” en realidad plasma a las deidades que rigen los días de la semana: Apolo o el Sol (domingo), Diana o la Luna (lunes), Marte (martes), Mercurio (miércoles), Júpiter (jueves), Venus (viernes) y Saturno (sábado).

La secuencia septenaria no está presidida por el Sol o Júpiter, sino por la diosa del viernes. Ataviada con una corona parece más Juno, Cibeles o cualquier otra diosa del tipo Magna Mater que Venus. Recordemos que Ishtar era asimilada a Hera por algunos escritores griegos mejor que a Afrodita. O tal vez sea la Venus Urania, la única advocación clásica próxima a las diosas Reinas del Cielo comunes en el Medio Oriente. El bajorrelieve de Argos -que reproducimos- plantea preguntas análogas, aunque aquí la deidad principal no puede asimilarse a la Luna.

El mosaico evidencia la propagación del culto a las potencias planetarias en el Imperio Romano. En esta ocasión tal vez reactivase algún culto indígena. En cualquier caso su excepcional calidad, su excelente conservación (que pide a gritos que se cobije bajo un techo) y la inusual situación de la deidad del viernes la convierte en una obra de arte excepcional.

Siempre se ha visto como una muestra de arte decorativo, pero los significados religiosos no deben descartarse. Incluso es posible que convirtiese la estancia o la casa entera en lugar de culto. Debe relacionarse con el mosaico cosmogónico del mitraeo emeritense o con el mosaico del calendario de Écija.

La imagen es un relieve romano que se exhibe en la Galleria Estense (Módena. Italia)

Fanes, el Dios Primordial

En la mitología griega Fanes (en griego antiguo Φανης Phanês, ‘luz’) es un dios nacido del huevo cósmico que dividieron Chronos y Ananké (la necesidad). Con frecuencia se le equipara al más antiguo Eros, que servía la misma función en la Teogonía de Hesíodo. También recibía los nombres de Ericapeo, Metis y Protogono.

Fanes era el gobernante de los dioses, y cedió el cetro de su reinado a Nix (la noche), su única hija (según la tradición órfica), quien a su vez lo dio a su hijo Urano. El cetro le fue arrebatado por la fuerza por su hijo Crono, quien a su vez lo perdió a favor de Zeus, el gobernante final del universo. Se dice que Zeus devoró a Fanes para apoderarse de su poder primigenio sobre toda la creación y repartirlo entre una nueva generación de dioses: los Olímpicos.

Fanes aparecía como una hermosa deidad de alas doradas pero era incorpórea por naturaleza e invisible incluso entre los dioses. Se le representa como un personaje hermafrodita surgiendo de un huevo cósmico. Una serpiente se enrosca alrededor de su cuerpo y hay una luna creciente con puntas saliendo desde detrás de sus hombros y un sol sobre su cabeza. Tres cabezas de animales cruzan su cuerpo en su pecho: león, cabra y toro. Alrededor de todo esto está el círculo de los signos zodiacales. En las esquinas se sitúan los cuatros dioses griegos de los vientos. En otras representaciones se muestra con cuatro cabezas (carnero, toro, león y serpiente) simbolizando las cuatro estaciones.

Se ha equiparado a Fanes con el nacimiento de la luz cósmica, y a veces con la propia consciencia primordial surgiendo del amanecer de los tiempos. También se equipara con Mitras.

Fanes ocupó un importantísimo papel en los mitos órficos. En la Roma Imperial se le asimiló con Eón o Aión (Αίών, ‘tiempo eterno’) y aparece relacionado con el culto mitraico, aunque no sabemos si se le veneraba como Fanes, Eón o algún otro nombre.

Procedencia de la imagen: Astrology, The Peppin Press Agile Rabbit Editions, Amsterdam & Singapore, 2008.

Estado del Cielo en el Momento del Nacimiento de Jesús

Este grabado francés del siglo XVIII muestra los paralelismos del nacimiento de Cristo y el del dios Mitra.

No debería extrañarnos que la figura Cristo se revistiera de una lectura astrológica. Para algunos fieles del paganismo Jesús era un héroe al estilo de Orfeo y recibió su culto de héroe correspondiente. Desde esta óptica y al igual que Hércules o Jasón, su vida y hazañas pasaron a tener correspondencias con los signos del zodiaco. Como además la Iglesia adaptó los Evangelios para crear un ciclo anual que se repetía incesantemente -el año litúrgico-, la relación entre la vida de Jesús y la sucesión de los signos y de las estaciones parecía justificada.

Hay que señalar que estas interpretaciones se realizaron a posteriori sobre los Evangelios, cuyo plan no tiene nada que ver con constelaciones ni influencias astrales. Por otra parte esta búsqueda del supuesto reflejo de la vida de Cristo en el Cielo suponía una confirmación más de la trascedencia de Jesús, una especie de eterna profecía. Evidentemente también está la postura de los que piensan -como el autor de esta ilustración – que se aprovecharon mitos astrales para crear la figura de Cristo. Pero ya indicamos que los Evangelios no aportan un apoyo a esta tesis, antes al contrario.

La vinculación de Jesús con los signos del zodiaco podía quedar así:

Capricornio: Signo del emperador Augusto, nacimiento de Jesús.
Acuario: Jesús es bautizado por Juan “El Bautista”.
Piscis: La abstinencia de carne de la cuaresma. Jesús busca discípulo entre los pescadores.
Aries: La Pascua. El sacrificio de Jesús (y del cordero pascual).
Tauro: El buey es el animal preferido para el sacrificio. Jesús habla “de su yugo suave”.
Géminis: Jesús y Juan Bautista (cuya fiesta es el 24 de junio).
Cáncer: El mar de Galilea, escenario de la predicación de Jesús.
Leo: Jesús, rey de Israel por ser descendiente de Judá.
Virgo: María, madre de Jesús y garante de su ascedencia regia.
Libra: Jesús sube a Jerusalén se enfrenta a los cambistas en Jerusalén y es juzgado.
Escorpio: Jesús es condenado a muerte. Este animal era el emblema del emperador de Tiberio.
Sagitario: Las dos naturalezas de Cristo.

Existen otras correspondencia y ninguna es concluyente. Por otra parte la tesis de que Jesús nació en el período cuaresmal (febrero o marzo) y por eso su nacimiento se cambió de fecha debe ser tenida en cuenta. Los peces fueron un símbolo importante en el cristianismo primitivo ¿El signo zodiacal de Jesús?. En fin allá por el siglo primero el equinoccio vernal pasó del signo de aries al de piscis, hecho que complica aun más las interpretacionas astrales de la figura de Jesús.

(Miniatura procedente del Norte de Italia datada en el siglo XI. Biblioteca Nacional de París.)

Cristo, Señor del Zodiaco

En el siglo XI aún encontramos a Jesús vestido con ropajes paganos, repitiendo iconografías de épocas pasadas, con los signos en torno suyo y con las estaciones ofreciéndoles sus frutos. Pero los cultos con los que competía han sido olvidados. El zodiaco ya no es es el tiempo del eterno retorno sino la sucesión de trabajos y días que se mueve sólo hacia adelante, con la intención de alcanzar el fin de los tiempos y la segunda venida del Salvador del Mundo.

Procedencia de la imagen: Astrology, The Peppin Press Agile Rabbit Editions, Amsterdam & Singapore, 2008.

Zodiaco Arábigo

Esta placa de latón testimonia como la iconografía del dios señor de los planetas y del zodiaco también paso al islam, bien que no se empleó con fines religiosos.

(Ilustración de la Harmonia Macrocosmica de Andrea Cellarius, Amsterdam, 1660)

Representación planisférica del sistema ptolemaico

En el centro figura la Tierra en una proyección cenital con el Polo Norte en el centro. Las masas de continentes (América incluida) y oceános están rodeados por una masa nubosa que es el aire; después ocupa su lugar la corona del fuego, última capa del mundo sublunar. Rodeando la tierra se colocan los planetas representados como dioses en sus carros: la Luna, Mercurio, Venus. el Sol, Júpiter y Saturno. Los astrónomos que aparecen figuran como viejos y cansados, tal vez simbolizando la decadencia de una teoría cada vez más controvertida.

(Ilustración de la Harmonia Macrocosmica de Andrea Cellarius, Amsterdam, 1660)

Representación planisférica del sistema ticónico

Hoy se encuentra completamente olvidado, pero el sistema de Tycho Brahe gozó de dos siglos de plena vigencia. Contribuyó a su éxito la permanencia de la tierra en el centro del universo, pero también el que incorporaba satélites, cometas y un pesado aparato de cálculos y observaciones del que carecía la teoría copernicana.

Según Tycho Brahe en torno a la Tierra giran la Luna y el Sol. Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturrno se mueven concéntricamente alrededor del sol en una órbita excéntrica a nuestro planeta.

(Ilustración de la Harmonia Macrocosmica de Andrea Cellarius, Amsterdam, 1660)

Representación planisférica del sistema copernicano

En su tiempo el sistema de Copérnico también tuvo sus lecturas ‘mágicas’ y ‘místicas’ a la que no escaparon ni Galileo ni Kepler. En sus primeros tiempos reclutó más partidarios por este tipo de interpretaciones que por sus excelencias científicas. El propio Copérnico señala lo siguiente:

“En el centro de todas las cosas, reside el sol. ¿Podría imaginarse un lugar mejor en este templo, el más bello de todos, que aquél desde el que puede alumbrar al mismo tiempo todas las cosas? Se le llama con razón luminaria, espíritu, señor del universo. Para Hermes Trismegisto es el dios invisible; para la electra de Sófocles, nadie escapa a su mirada. Sentado en lo alto de su trono, el sol guía a los hijos que lo circundan.”

Astrology, The Peppin Press Agile Rabbit Editions, Amsterdam & Singapore, 2008.

Guerra en el Cielo

En este complicado grabado del tránsito del siglo XVIII al XIX aparece el sistema solar (hasta Júpiter) con el zodiaco. En las esquinas se muestran el sistema tolemeico, el ticónico, el semi-ticónico (una versión de a teoría de Tycho Brahe en el que Júpiter y Saturno gravitan en torno a la Tierra) y la comparación de tamaños de los planetas con el sol. Nubes, escalas, esferas armilares pueblan una composición que a la vez resulta científica y decorativa.

Frontispicio del ‘Philippus Prudens’ de Juan de Caramuel y Lobkowitz, 1639.

Calificado como Tema Cosmológico esta portada de Erasmus Quellin resume en complicada alegoría la conquista de Portugal por Felipe II en 1580.

El León coronado y armado con una espada representa a Castilla porque éste es el timbre o cimera de su escudo, al igual que el dragón coronaba las armas portuguesas. Los círculos que se entrecruzan representan la órbita de la luna y la eclíptica. El lugar donde se encuentran se conoce como “caput draconis” o como “cauda draconis” y es el punto en el que se producen los eclipses. Como se comprueba, se situa sobre la cabeza del dragón. El león ocupa la zona del círculo zodiacal reservada a Virgo, pues la precesión equinoccial había acabado con la correspondencia entre signos y constelaciones.

El monstruo se asienta sobre unas esferas que representan el sistema de orbes de la Luna según la tesis de Ptolomeo. Las quinas portuguesas aparecen no en escudetes, sino en lúnulas, simbolizando a los reyes moros derrotados en la batalla de Ourique.

La interpretación es la siguiente: Portugal nace en la batalla de Ourique y toma como armas las lunas de los musulmanes vencidos. Es pues, la luna. Pues bien la luna portuguesa es eclipsada por el león castellano, pues el león es la casa del sol. Hay que indicar que las constelaciones de Leo e Hidra se sitúan en la esfera celeste de forma similar a la del grabado, bien que de forma invertida.

Esta extraña alegoría se explica por la coincidencia del eclipse lunar del 31 de Enero de 1580 con la muerte del rey portugués que antecedió a Felipe II, Enrique I el Cardenal.

Como queda dicho el libro se imprimió en 1639. Un año más tarde Portugal se independizaba y más de uno vería la época de los “Filipes” como un eclipse, una interrupción momentánea de la secular soberanía lusa.

‘De Postrema Ezechielis Prophetae Visione’ de Juan Bautista Villalpando, Roma, 1606. Reproducido en “Dios Arquitecto – J. B. Villalpando y el Templo de Salomón” [ed. Juan Antonio Ramírez], Madrid, Siruela, 1994.

La Configuración Astrológica del Templo de Jerusalén (según Juan Bautista Villalpando)

Las equivalencias astrológicas entre tribus de Israel de Prado y Villalpando se basan en las bendiciones o oráculos de Jacob (Gen. XLIX) y en las de Moisés (Deut. XXXIII) . Ni que decir tiene que muchas de estas correspondencias resultan bastante forzadas:

Aries: tribu de Gad (que se defiende del ataque por la retaguardia).
Tauro: tribu de Efraín (novillo o primogénito del toro).
Géminis: tribu de Manasés (dos hijos tuyos: Gen. XLVIII, 5).
Cáncer: tribu de Isacar (echado entre los términos).
Leo: tribu de Judá (cachorro de león).
Virgo: tribu de Neftalí (palabras hermosas).
Libra: tribu de Aser (no hay como el dios justísimo).
Scorpio: tribu de Dan (culebra en el camino).
Sagitario: tribu de Benjamín (lobo rapaz).
Capricornio: tribu de Zabulón (a la ribera del mar habita).
Acuario: tribu de Rubén (te derramarás como agua).
Piscis: tribu de Siméon (divididos por Jacob).

Gad e Isacar quedan poco claros. Gad equivale a Aries porque su territorio se situaba en Transjordania donde se dedicaban al pastoreo y combatía las incursiones de otros pueblos que ambicionaban sus pastos. Isacar habitaba en el valle del Esdrelón, rico en agua.

En La Diosa Blanca Robert Graves vincula las doce tribus con el calendario de los árboles, pero el resultado es incompatible con las equivalencias que registramos.

Fragmento del “Compendio de la segunda parte de los comentarios sobre el propheta Ezechiel” de Jerónimo de Prado, 1593-94. The Houghton Library, Harvard University, USA. Reproducido en “Dios Arquitecto – J. B. Villalpando y el Templo de Salomón” (ed. Juan Antonio Ramírez), Madrid, Siruela, 1994.

La Configuración Astrológica del Templo de Jerusalén (según Jerónimo de Prado)

En la visionaria reconstrucción del templo de Salomón realizada por los jesuitas Jerónimo del Prado y Juan Bautista Villalpando no faltan especulaciones astrológicas destinadas a mostrar que el Templo (y su inmediato prototipo: el campamento de los israelitas en el desierto) tenía un caracter de microcosmo en el que cada baluarte (castella) asignado a cada tribu se corresponde con los signos del zodiaco y en el que los planetas se colocaban cerca de las constelaciones que regían. Así Dios se situa en el centro de los doce signos y resplandece con los siete faros de su gracia septenaria.

Ni que decir tiene que estas ideas guardan escasa relación con las tradiciones astrológicas de los judios, pero testimonian muy bien la influencia que la Iglesia estaba dispuesta a conceder a los astros en el Renacimiento.

Astrology, The Peppin Press Agile Rabbit Editions, Amsterdam & Singapore, 2008.

Moneda Zodiacal

Supuestamente la imagen reproduce una pieza clásica, pero habrá que convenir que el calco resulta poco creíble: los dioses deberían ser siete y no ocho; no se identifican con claridad y no se disponen en ningún orden. Ese “L H” parece más que nada la firma del mixtificador y la sustitución del signo acuario por un monstruo marino no se documenta en ningún otro sitio.

Astrology, The Peppin Press Agile Rabbit Editions, Amsterdam & Singapore, 2008.

Júpiter, Señor del Zodiaco

Esta imagen de Júpiter presidiendo a los planetas y a los signos del zodiaco se hicieron populares en el ocaso del mundo clásico y siguieron realizándose cuando ya nadie creía en los dioses olimpicos. En esta imagen aparecen algunos de los animales que caracterizan los carros de los dioses (serpientes o dragones para Saturno, gallos para Mercurio, águilas para Júpiter -que incongruemente aparece entre las deidades subalternas- y palomas para Venus. Faltan los ciervos o bueyes de la Luna y los perros de Marte.

Bajorrelieve de Argos con representación del zodiaco

Representación del zodiaco de época romana en la que destaca el signo de libra como un hombre con las balanzas y cáncer como cangrejo marino. Las figuras no siguen ninguna dirección concreta, como ocurre con el trazado de sus constelaciones en el cielo.

En el centro aparece una figura femenina coronada por la luna y una estrella y rodeada de otros seis astros. Indudablemente es una diosa lunar presidiendo las potencias planetarias. Por la procedencia del bajorrelieve la deidad tiene que ser Hera, protectora de Argos. Tal vez la pieza documenta la supervivencia de un zodiaco o un culto presidido por una Magna Mater a la que se consagraba la luna. Según Robert Graves esta era la situación en la Grecia prehelénica en la que se veneraba una semana en la que los días estaban consagrados a una pareja de titanes.

Astrology, The Peppin Press Agile Rabbit Editions, Amsterdam & Singapore, 2008.

La Astrología entre los Antiguos Egipcios

Contra lo que se afirma repetidas veces, la astrología ni tuvo su origen en Egipto ni fue cultivada especialmente en esta civilización.

Las invasiones procedentes de Asia llevaron el zodiaco y la adivinación por las estrellas al país del Nilo, aunque la fecha del siglo XVI antes de Cristo propuesta por Robert Graves nos parece excesivamente temprana. Aun así, los testimonios que conservamos -los zodiacos de Dendera y Esna, el horóscopo de Artribis y el sarcófago de Héter- pertenecen a la época helenística o incluso al dominio romano.

La ilustración es un grabado francés del siglo XIX.

Astrology, The Peppin Press Agile Rabbit Editions, Amsterdam & Singapore, 2008.

El Planisferio de Denderah (La Imagen nº 8800)

El llamado zodiaco de Dendera o Denderah es un conocido bajorrelieve del Antiguo Egipto esculpido en el techo de la pronaos (o pórtico) de una cámara dedicada a Osiris en el templo de Hathor de Dendera, en Egipto. Está expuesto en el Museo del Louvre de París.

Contiene imágenes que parecen corresponder a las constelaciones de Tauro y Libra. Esta cámara está datada a finales del periodo ptolemaico y su pronaos fue añadida durante el reinado del emperador Tiberio. Esto llevó a Jean-François Champollion a fechar el relieve correctamente en el periodo grecorromano, pero muchos de sus contemporáneos postularon que databa del Imperio Nuevo. La fecha aceptada mayoritariamente en la actualidad es hacia el año 50 a. C., pues muestra estrellas y planetas en las posiciones en que se observarían en esa época. Se ha conjeturado con que el relieve sirviera de base para la confección de sistemas astronómicos posteriores.

Durante la campaña napoleónica en Egipto, Vivant Denon dibujó el zodiaco circular y los rectangulares. En 1802, tras la expedición napoleónica, Denon publicó varios grabados del techo del templo en su Voyage dans la Basse et la Haute Egypte. Éstos suscitaron una gran controversia en torno a la fecha del zodiaco, que iba desde miles de años hasta unos siglos y si era un planisferio o una representación astrológica. Louis Charles Antoine Desaix, también miembro de la expedición, decidió enviar el relieve a Francia y así, en 1820, el distribuidor de antigüedades Sébastien-Louis Saulnier encargó a Jean Baptiste Leloraine, un maestro albañil, extraer el zodiaco circular usando herramientas especialmente diseñadas para esa labor. La pieza finalmente llegó en 1821 a París y al año siguiente fue instalada por Luis XVIII en la Biblioteca Real. En 1964, se trasladó de la Biblioteca nacional al Museo del Louvre.

El zodiaco es un planisferio o mapa de las estrellas en un plano de proyección particular, mostrando las 12 constelaciones zodiacales de la banda, formando que forman 36 «décadas» de diez días cada uno, y los planetas. Estas «décadas» son grupos de estrellas de primera magnitud. Estos se utilizaron en el antiguo calendario egipcio, que se basó en ciclos de 30 días y en el orto helíaco de la estrella Sothis (Sirio).

Su representación del zodiaco en forma circular es único en el arte del Antiguo Egipto, siendo más normales los zodiacos rectangulares, como los que decoran la pronaos del mismo templo o los «techos astronómicos» de las tumbas del Valle de los Reyes.

La bóveda celeste está representada por un círculo sostenido por cuatro pilares del cielo en forma de mujeres, entre las que se insertan seres con cabeza de halcón. En el primer anillo, 36 seres simbolizan los 360 días del año egipcio.

En el círculo interior, se encuentran las constelaciones, mostrando los signos del zodíaco. Algunas de éstas están representadas de la forma habitual, como por ejemplo, Aries, Tauro, Scorpio, Capricornio, aunque en la mayoría en diferente orientación en comparación con las convenciones de la antigua Grecia y la evolución árabe-occidental posterior, mientras que otros se muestran en la forma habitual de Egipto, como Acuario, que está representado como el dios de las inundaciones Hapi, sosteniendo dos vasos de los que brota agua.

La polémica en torno al zodiaco, llamado el «Asunto de Dendera», incluyó a personas como Joseph Fourier (que calculó su composición en el 2500 a. C.), Thomas Young, Jean-François Champollion y Jean-Baptiste Biot, Johann Karl Burckhardt y Jean-Baptiste Coraboeuf mantuvieron, tras analizar la pieza, que los antiguos egipcios conocían la precesión de los equinoccios. Champollion, entre otros, creyeron que se trataba de un zodiaco religioso y descifró los nombres de los emperadores Tiberio, Claudio, Nerón y Domiciano y fechó el relieve en la época de dominación romana.

El Ojo Fascinador

La creencia en el mal de ojo (fascinum en latín) no sólo se encuentra en los pueblos que la sociología ha calificado de salvajes y bárbaros, sino también en los llamados civilizados. Que ciertas personas puedan ejercer -consciente o insconcientemente- una inlfuencia maléfica con su mirada no contradecía a una ciencia que creía que los ojos proyectaban luz.

En la imagen un relieve de época clásica que debía emplearse como amuleto contra el aojamiento. Se interpreta que las sietes figuras simbólicas representan las siete deidades poderosas y bienhechoras que presiden alternativamente los días de la semana, y proporcionan, por tanto, un protector para cada uno de ellos.

Una equivalencia entre los símbolos y los dioses podría ser ésta:

El ciervo – domingo – Apolo (el ciervo es un animal de simbolismo solar).
El escorpión – lunes – Diana (correspondencia dudosa, tal vez haya una confusión con el cangrejo de río que si está relacionado con la luna).
El perro – martes- Marte (El lobo era uno de los animales de este dios).
  El León – miércoles – Mercurio (correspondencia dudosa).
Los rayos – jueves – Júpiter (Dios del Cielo y que se representa con el haz de rayos en la mano).
  Buho – viernes- Venus (Correspondencia dudosa. Este animal es símbolo de otra diosa, Atenea/Minerva).
  Serpiente – sábado – Saturno (El dragón se asocia a veces a este dios).

Habría que señalar que resulta aventurado clasificar de bienhechoras a algunas de las bestias representadas (como el buho o el escorpión). De hecho todas -exceptuando quizás el ciervo- simbolizan peligros y malas influencias. Es difícil decidirse por una u otra lectura, pues lo apotropaico por un lado espanta al mal, pero por el otro lo atesora. Entramos en la dialéctica de lo sagrado y lo impuro, en la que resulta fácil deslizarse de una categoría a la otra. Así un animal no se caza ni sirve de alimento porque alberga un dios o, por el contrario, por que está maldito. El chivo expiatorio es, a un tiempo, redentor y consagrado al diablo. En esta línea no debiera sorprenderno que en el listado de animales impuros del Levítico se encuentren las aves que ejemplifican virtudes (el águila, el pelícano, la cigüeña, el cisne…), que los sacerdote de los judios tuviesen que purificarse tras realizar un sacrificio (pues se habían contaminado de santidad y no podía volver a la vida cotidiana así como así) y muchísimos otros ejemplos en todas las religiones.

Rastro de Estrellas

Este esquema nos muestra como es la Tierra, y no el Sol, el astro que se desplaza por la franja del zodiaco. Igualmente señala que cuando el sol aparentemente está en la constelación de acuario, en realidad se halla en el signo de capricornio o de sagitario. No importa, la ilustración nos fascina y persistimos en la tentación de creer que nuestro destino está escrito en las estrellas.

Astrology, The Peppin Press Agile Rabbit Editions, Amsterdam & Singapore, 2008.

Planisferio astro-cabalístico con los signos y las constelaciones del zodiaco

En la antigüedad eran frecuentes las confederaciones o anfictonías de doce tribus o de doces ciudades. La asimilación de los miembros con los signos del zodiaco solía producirse en la misma fundación de la liga.

La confederación israelita de doce tribus no escapó a esta práctica. José el Patriarca vestido con una túnica multicolor (los siete planetas) y adorado por once estrellas, el sol y la luna es una transparente imagen de estas implicaciones astrológicas. Con todo, la adoración de los astros desempeñó un papel secundario en las creencias hebreas.

En este grabado de tan pomposo nombre no se explican las correspondencia de las tribus israelitas con los signos. Por lo demás existen varias series de estas equivalencias, todas irreconciliables.

El cuadro pertenece a la colección de la Alte Pinakothek de Munich (R. F. A.).

Adam Elsheimer: La Huida a Egipto (1609)

Mientras que en La Huida a Egipto las constelaciones que vemos brillar, por lo demás débilmente, por encima de los bosques y ciénagas por donde se aventura la Sagrada Familia hacen de ese lugar el mundo tal cual es y de ese hombre y de esa mujer, con su hijo y sus escasos bienes a lomos del asno, la evocación fiel de la humanidad, tal como es también de verdad en su vacilante avance inquieto a través de la historia. Sin embargo, no es por oposición a un naturalismo lírico por lo que el arte nuevo de Elsheimer tiene más que decir, sino como crítico del manierismo. Ya que, por una parte, esas escenas en donde el mundo aparece al desnudo -inseguro, oscuro, peligroso- equivalen a lo que en Caravaggio es el desgarramiento de ese velo de forma sin sustancias que el manierismo había arrojado sobre las cosas.

El fragmento procede del artículo “Una Ceres de la Noche” de Ives Bonnefoy. Aparece recogido en en el número 77 (Abril / Mayo 2004) de la edición española del FMR.

El Sol entra en Acuario

Esta noche a las 23:40 el astro rey entra en el signo del aguador y abre la temporada alta de la amistad, altruismo, la vanguardia, el progreso, la aventura…