Astrologia Árabe

El Libro Conplido de los Iudizios de las Estrellas

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El Libro conplido en los iudizios de las estrellas es un tratado enciclopédico de astrología elaborado en la primera mitad del siglo XI por el astrólogo árabe Ali Ben Ragel, más conocido en el mundo latino como Abenragel. Fue traducido al castellano en 1254 por encargo del rey Alfonso X bajo la dirección de Yehudah Moe Ha-Kohen y posteriormente, también en el escritorio alfonsí, vertido al latín por Aegidius de Thebaldis, llegando a adquirir gracias a ello una amplia difusión en el Renacimiento. Concebido como un manual de texto y de consulta, consta de ocho libros: Los tres primeros se ocupan de las interrogaciones; el cuarto y el quinto, de las natividades. El sexto trata de las revoluciones de los años del nativo; el séptimo, de las elecciones, y el octavo, de las revoluciones de los años del mundo.

El Libro conplido de los iudizios de las estrellas / Aly Aben Ragel; traducción hecha en la corte de Alfonso el Sabio; introducción y edición por Gerold Hilty; prólogo de Arnald Steiger.

Sem título

Del Amor, el Sexo y otros Negocios: EL Caso de Baratar en El Libro Conplido en los Iudizios de las Estrellas

Mariano Quirós García

Instituto de Lengua, Literatura y Antropología

Durante siglos el hombre ha mirado al cielo en busca de las más variadas respuestas en torno a su existencia. La convicción de que los cuerpos celestiales mantienen y gobiernan los terrenales, deacuerdocon la máxima aristotélica (Meteorologica 1, 2), cimentó el interés por la Astrología y la Astronomía, términos habitualmente sinónimos en la Edad Media, e impulsó su desarrollo bajo el mecenazgo de reyes y príncipes que, como ya sucedía en la Babilonia de hace cinco mil años, se preocupaban por el futuro de su reinado y por los resultados que alcanzarían en las batallas. También entonces, como ahora, el destino, la fortuna y la desdicha de un individuo –o de un reino, según se mire– podían pronosticarse, con la ayuda de Dios, a través de la elaboración e interpretación de mapas u horóscopos astrológicos, que reflejaban la posición de los astros en un momento y lugar determinados.

Sabemos que Alfonso X no fue una excepción. Que creía en la judiciaria queda patente en las Partidas, donde, a la dañina y engañosa labor ejercida por agoreros, sorteros y hechiceros, «que catan agüeros de aves, o de estornudos, o de palabras a que llaman proverbios, o echan suertes, o catan en agua o en cristal o en espejo o en espada o en otra cosa luziente (…)», se opone la adivinación fundamentada en el arte de la Astronomía, «porque los juyzios e los asmamientos que se dan por esta arte son catados por el curso natural de las planetas e de las otras estrellas, e fueron tomadas de los libros de Ptolemeo e de los otros sabidores que trabajaron de esta sciencia». De igual forma lo corrobora su particular interés por algunas obras árabes, entre las que se encuentra el Kitab al-bari’fi ahkam al-mugum, compuesto por Abu al-Hasan ʻAli Ibn Abi al-Rijal (Aly aben Ragel) a mediados del siglo XI y traducido al castellano en 1254, a petición del sabio monarca, por el médico judío Judah ben Moses bajo el título de El Libro conplido en los iudizios de las estrellas.

De acuerdo con este epígrafe, el de Aben Ragel es, efectivamente, uno de los tratados de astrología más completos, dado que, además de los pronósticos relativos a cuestiones de gobierno, se ocupa también de los atinentes a la meteorología –relaciónese la predicción del tiempo con las cosechas y el precio de los alimentos, por ejemplo–, así como de los genetlíacos o individuales, más conocidos entre nosotros como cartas astrales, y de los horarios, es decir, los que intentan responder a preguntas puntuales realizadas en un momento concreto. En estos dos últimos ámbitos, aunque no de una manera exclusiva, es donde encuentran cabida las cuestiones relativas a las relaciones afectivas, que tantas dudas y temores han provocado siempre, dado que en buena parte son consideradas como fundamento vital del ser humano, junto a la salud y el dinero. De modo que, salvando las distancias temporales y, sobre todo, culturales, en El Libro conplido encontramos referencias a temas como el enamoramiento, la virginidad de la mujer, el matrimonio, la traición conyugal o, por poner sólo un caso más, las constantes que determinarán la vida amorosa y sexual de una persona. Una pequeña muestra que evidencia el tipo de interrogaciones a las que, en torno a esta temática, debía responder un estrellero, normalmente relacionadas con problemas de fidelidad e infortunios amorosos: «El día que nací yo, / ¿qué planeta reinaría? / Por donde quiera que voy, / ¿qué mala estrella me guía?», que decía aquella copla inmortalizada por Imperio Argentina.

En este contexto, El Libro conplido presenta una peculiaridad de tipo léxico: el uso del verbo baratar con el significado de ‘copular, mantener relaciones sexuales’; acepción que lo singulariza, ya que sólo encuentro un caso más en el Fuero de Zorita de los Canes (1218-ca.1250), donde, bajo la rúbrica «Del esposo que carnal mientre connosçiere su esposa et se repintiere», se afirma: «Et si por auentura, el esposo ouiere que baratatar con el esposa, et despues se repintiere, peche C marauedis, et salga enemigo». Frente a este único testimonio, en el que nos encontramos ante una clara errata por baratar, resultan verdaderamente extraordinarias las sesenta y dos –sesenta y cuatro si tenemos en cuenta los índices del libro– ocurrencias que se documentan en la traducción de Mošé, según el cómputo que he realizado.1

1 He considerado tanto la edición de los cinco primeros libros (Aly aben Ragel, 1954), como la de las partes 6 a 8 (Aly aben Ragel, 2005), llevadas a cabo por Hilty. Para evitar repeticiones innecesarias, y si no indico lo contrario, todas las citas referidas a El Libro conplido remiten a estos dos volúmenes, por lo que a partir de aquí sólo indicaré el año de su publicación.

Dada la variedad de contextos en los que aparece y la aparente falta de connotaciones, puede asegurarse que se comporta como un auténtico sinónimo de yacer y yogar, formas con las que alterna a lo largo de la obra. Así, a la pregunta formulada acerca de la posibilidad de tener trato carnal o no con mujer, y en dependencia directa con la posición de los astros, se ofrecen las siguientes posibilidades: «non baratara aquella noche con mugier o que non barato», «baratara con mugier sierua o uil», «baratara con mugieres buenas de sus cuerpos», «baratara con mugieres de altos omnes o de rey», «baratara con mugier alta limpia, de buena odor», «baratara o que barato con mugier de su padre o com mugier de su fijo», «baratara con manceba uirgen», «nin barato nin baratara». Por otra parte, como ya ha podido apreciarse en los testimonios anteriores, se hace referencia a todo tipo de comportamientos sexuales, tanto por lo que se refiere a su legalidad como en lo concerniente a su naturalidad. De esta forma, ante la cuestión de «si barate con mugier esta noche o non, o ssi baratare a la noche o non», se ofrece toda una gama de posibilidades que abarca las relaciones consentidas por la ley («aquel omne baratara con su misma mugier»), el fornicio («di que barato en aquella noche o que baratara con otra mugier e non con la suya e que iogo o iazra en aiena casa e non en la suya»), la sodomía («di queaquel omne baratara con varones por sodomitico. (…) di que aquel omne barata con las mugieres por el logar uedado»), la zoofilia («di queaquel omne barata con bestias con quatro pies segund asna o vaca o lo que-l semeia»), o la necrofilia («barata con mugier muerta o que iogo en logar suzio e fediente»). Testimonios éstos que, si bien pertenecen a dos únicos capítulos, pueden ser completados con otras referencias que se encuentran a lo largo de los ocho libros que componen el volumen en cuestión.2

2 Sólo por dejar constancia de ellos, cito: «di que a uaron que la demando pora iazer con ella, e a ella que-l plaze e a sabor d’ello, mas non barataron aun» (1954: 77); «baratara con mugieres de mal linage e uiles e sera acusado de malos fechos» (1954: 226); «el nacido baratara con sus tias hermanas de su madre o con mugier que terna en uez de madre» (1954: 233); «quiça baratara con mugieres ricas, mas non aura pro d’ello nin gozo» (1954: 269), «baratara con mugieres e con uaronese aura pocos fijos» (1954: 272); «baratara con muger de gran linage o quiça casara con ella» (2005: 34); «baratara con mugeres malas e quiça naçer-l’a fijo» (2005: 43).

Una vez identificada y certificada esta significación, incluída ya en algunos diccionarios que contemplan la prosa castellana de Alfonso X, es necesario establecer su origen y su relación con alguna de las muchas acepciones y subacepciones que tuvo baratar desde el siglo XI hasta el XVII, momento en el que, como ya señalaba Corominas, la forma verbal cayó en desuso, si bien muchos de sus derivados han logrado sobrevivir hasta hoy. En este sentido, dada su extrañeza semántica y su escasa difusión fuera de los límites de El Libro conplido, lo más lógico es imaginar que se trata de un arabismo léxico y/o semántico, y, por lo tanto, su origen estaría en el texto a cuya traslación se enfrentaron Mošé y sus ayudantes. No obstante, y muy a mi pesar, para esta ocasión no he tenido la oportunidad de consultar el manuscrito árabe que se conserva en la Bibliothèque National de France, por lo que tendré que valerme de otros medios para confirmar o desestimar tal hipótesis.

A pesar de las etimologías que algunos estudiosos han ofrecido desde hace ya tiempo y de los esfuerzos realizados personalmente, no he sido capaz de encontrar un vocablo árabe que pueda relacionarse con baratar sin tener que realizar ningún quiebro o malabarismo lingüístico. Barcia (1880-1883), contraviniendo las RFP que afectan a los deverbales, consideraba que el infinitivo era un derivado de barato, para el que ofrecía hasta seis etimologías posibles diferentes, entre las que se incluía un ár. bartala ‘corrupción de un juez, cohecho’, que representaría un baratala, cuyo apócope condujo hasta barata, –to. La misma idea parece ser la defendida por Américo Castro, quien ofreció a Corominas la teoría de que baratar ‘trocar’ podría ser expresión de la situación en ár. bará’tuh ‘quedemos quietos, en paz’. A ellos puede unirse la tesis de Ureña, quien pensaba que la forma evidenciada por el Fuero de Zorita de los Canes procedía, bien de una adaptación vulgar del ár. bada ‘yacer, copular’ –no explico la posible evolución fonética de esa >d.< enfática–, bien de uma forma, de nuevo vulgar, derivada del heb. baraa– ár. bara ‘crear, producir’.

Aunque sin referirse al verbo, Eguílaz Yanguas deriva el esp. barata ‘falsedad, engaño’ del ár. batal, que sería forma vulgar por batil, voz esta última de donde procederían el cast. y port. barato. Asimismo, el port. áureo barata ‘contrato, letra de cambio’ ha sido explicado por Corriente como derivado del ár. bara’ah ‘exención’, aunque para explicar la presencia de la “t” en la voz romance se ve obligado a acudir a un neopersa barat. Etimologías todas ellas que, por mi parte, he intentado completar sin éxito con otras como baddala ‘dar en lugar de, trocarle en/por’, rabata ‘vincular, unir’, rabita ‘cópula’, o incluso bazar ‘clítoris’.3 No encuentro, pues, manera de relacionar ninguna de estas formas y significados con el baratar presente en El Libro conplido, por lo que habría que pensar que procede de otro étimo árabe que no encuentro, o bien, que su origen haya que buscarlo en otro idioma, lo que nos obligaría a admitir que no fue el castellano la lengua desde la que se irradió a buena parte de los romances occidentales (port. ant. baratar, gall. ant. baratar, cat. baratar, oc. baratar, fr. ant. barater, it. barattare), como han sugerido algunos estudiosos.

3 Forma que me sugirió el hecho de encontrar incluida la voz albatara ~ albatar en algunos diccionarios españoles, como Autoridades, donde se documenta lexicográficamente por primera vez, o los de Terreros, Salvá, Castro y Rossi, Gaspar y Roig, Domínguez y Zerolo, que la definen como una ‘especie de enfermedad asquerosa y peligrosa que da a las mujeres en la boca de la madre o útero’.

El problema, a mi entender, es la enorme riqueza semántica que siempre mostraron baratar y los miembros de su familia léxica; acepciones que, por lo general, han recibido sendas etimologías, lo que ha ayudado a enmarañar aún más la red de relaciones que entre ellas cabría establecer. De modo que, si nos remitimos a la significación fundamental de baratar en las lenguas citadas al final del párrafo anterior, parece que ésta fue la de ‘negociar, tratar, traficar’ en el sentido que se le daba en la jerga de los mercaderes, de donde parecen derivarse buena parte los significados que podemos documentar a lo largo de la Edad Media y el Renacimiento. Corominas, en este caso, desconoce el origen del verbo, aunque señala que su uso en el ámbito mercantil es el más antiguo y más general, lo que parece corroborar la documentación que poseemos al respecto. Por lo que no me parece nada descabellado pensar que baratar ‘copular, mantener relaciones sexuales’ no es más que una extensión del empleo comercial: del negocio, de la transacción que vincula a dos personas –dos individuos que truecan algo entre sí, un comprador y un vendedor–, puede pasarse a señalar una relación de tipo personal y, de ahí, aplicarse a una unión de tipo sexual. De hecho, una evolución idéntica es la que puede observarse en tratar, que del comercio (‘comerciar con géneros y mercaderías, comprando, vendiendo y trocando’) pasó al terreno afectivo (‘comunicar o hablar o comerciar com una persona’), para penetrar finalmente en la esfera de las relaciones carnales (‘tener relaciones amorosas’).4

4 Dicho significado apareció recogido por primera vez en el DRAE 1843, donde se definía como ‘tener trato ilícito con alguna persona’, aunque en su correspondência latina se equiparaba a «Inhonestam comunicationem cum faemina habere». En la edición de 1925 ya se modificó por la redacción actual.

En vista de esta situación, no creo que sea necesario recurrir a ningún otro idioma para explicar el uso que de este verbo se hace en El Libro conplido, aunque todo apunta a que no encontró demasiado eco más allá de esta obra. Acaso por la existência de otros sinónimos y otros eufemismos más arraigados en el acervo léxico de la época, tal vez por tratarse de una voz que paulatinamente quedó relegada al tecnolecto económico. Quizá por que los intereses de la época iban por otros derroteros más científicos y menos voluptuosos5, por más que lo cortés nunca quite lo valiente.

5 Es curioso observar cómo de entre el resto de obras astronómicas auspiciadas por Alfonso X, aceptador de horóscopos y pronósticos, sólo en el Libro de las cruzes volvemos a encontrar un espacio dedicado al argumento del casamiento (cap. XXXVIII: «fabla en saber el hombre quando casara»), si bien las escasas líneas que comprende parecen relegarlo a un plano más que secundario.

htaarabe

Referencias Bibliográficas

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—— (1954): El Libro conplido en los iudizios de las estrellas. Traducción hecha en la Corte de Alfonso el Sabio [1254-ca. 1260, trad. Yehudá b. Mošé], introd. y ed. de G. Hilty, Madrid, Real Academia Española.

—— (2005): El Libro conplido en los iudizios de las estrellas. Partes 6 a 8, introd. y ed. de G. Hilty, Zaragoza, Instituto de Estudios Islámicos y del Oriente Próximo.

Aut.: Real Academia Española (2002): Diccionario de Autoridades [1726-1739], Madrid, Gredos, 3vols. Barcia, Roque (1880-1883): Primer Diccionario general etimológico de la lengua española, Madrid, Establecimiento Tipográfico de Álvarez Hermanos.

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Hilty, Gerold (1954): «Introducción» a Aly aben Ragel (1954), págs. ILXVIII.

—— (1955): «El Libro Conplido en los Iudizios de las Estrellas», AlAndalus, 20, 1, págs. 1-74.

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astrologia árabe

La Importancia del Libro Conplido en los ludizios de las Estrellas en la Astrología Medieval

Reflexiones sobre la selección de obras astrológicas del códice B338 del siglo XV del archivo catedralicio de Segovia

Luis Miguel de Vicente García

Universidad Autónoma de Madrid

El manuscrito que manejamos se halla en el archivo catedralicio de Segovia con la signatura B338. La obra en sí no tiene título; empieza directamente con la parte octava del Libro conplido en los iudizios de las estrellas (folios 7-85v) Beaujouan había informado de la existencia de este códice en un congreso en 1965.

En castellano sólo contábamos hasta ahora con la edición del Libro conplido en los iudizios de las estrellas de Gerold Hilty, basada en el ms. 3065 de la Biblioteca Nacional de Madrid original del siglo XIII. Esa edición de 1954 – extremadamente cuidadosa – contiene sólo las cinco primeras partes de las ocho que formaban la versión original.1

1 Hilty está en estos momentos preparando la edición critica del Libro conplido reuniendo las tres partes que le faltaban a su edición de 1954 en base a los muchos manuscritos que ha podido manejar en estos años, y yo me encargo en esa edición de la transcripción de la octava parte del libro conplido segiin este códice que ya transcribí en 1989 como apêndice de mi tesis doctoral y del que Hilty ofreció también dos capítulos transcritos en 1988, sin que yo conociera esta trascripción parcial del libro octavo cuando inicié la mía.

(…)

Simón de Phares, astrólogo francés del siglo XV que se ocupo de dar una información valiosa sobre la astrologia y los astrólogos según se conocían hasta su época, considera a Aben Ragel como el mayor astrólogo en materia de astrologia judiciária.

(…)

El libro se empezó a traducir del árabe al castellano por el judio Yehudá b. Mosé ha-Kohén en Toledo, el doce de marzo de 1254, fecha que estableció concluyentcmente Hilty en su edición de 1954. En un artículo aparecido un año después, Hilty ofrecía más datos sobre la persona y la labor del traductor. Su artículo proporciono un cuadro muy valioso sobre las obras traducidas por Yehudá b. Mosé ha-Kohén, incluyendo a los colaboradores con quien trabajó y una cronología de su labor. También demostró Hilty con nuevos datos la misma identidad entre los nombres Yehudá Mosca el menor y Yehudá b. Mosé ha-Kohén; cuestión ya sugerida por Américo Castro, Procter (“The Scientific Works”) y demostrada también, aunque mucho después del trabajo de Hilty, por S. Gil, quien coincide básicamente con Hilty, aunque no da referencias al artículo de éste. Estos críticos afirman la identidad de un mismo traductor bajo las diferentes fluctuaciones de la onomástica medieval, frente a los estudiosos que sostienen la teoría de dos personalidades distintas. Para Hilty, “Mosca” era el apellido del traductor. Entre 1225 y 1231 Yehudá b. Mosé ha-Kohén colabora en una recensión latina del tratado de la Azafea de Azarquiel; es por esa época un principiante todavía pero, para poder hacer esa recensión, nos dice Hilty, debería haber nacido hacia 1205. Su labor la realizaría sobre todo en Todelo, ciudad donde Procter sitúa su nacimiento. En Toledo tenía su padre seguramente el cargo de rabino; cargo que nunca tuvo el hijo, según Hilty, a diferencia de lo que han pensado otros críticos. En 1231 tenía el título de médico. Entre los años 1225 y 1231, Yehudá aparece trabajando al servicio de un inspector; entre 1231 y 1243 no se conocen datos sobre su actividad pero Hilty lo supone continuando su labor como médico y traductor en Toledo, pues en esta ciudad se encuentra en 1243, como alfaquín al servicio del infante Alfonso, que le encarga traducir el Lapidario entre 1243 y 1250. Es en 1254 cuando halla Yehudá b. Mosé el oríginal árabe del Libro conplido y propone al rey traducirlo. En la primera mitad de 1256 termina la traducción del Libro de las estrellas fixas, y en febrero de 1259 acaba las traducciones del Libro del alcora y del Libro de las cruzes. Esto culmina para Hilty una primera etapa en la que la labor de Yehudá b. Mosé es sobre todo de traductor de obras astrológicas y astronómicas. En un segundo período su actividad se concentra no en la traducción sino en la investigación astronómica: colabora en la elaboración de las Tablas alfonsíes, y es “ayimtador” astronómico en la composición definitiva del Libro de las estrellas fixas en 1276. Otras de las obras -de carácter astrológico predominantemente- de cuya traducción se encargó Yehudá b. Mosé, solo o en colabora ción con otro traductor, son: Los IIII Libros de las estrellas de la ochaua espera; Libro de la faiçon de la espera et de sus figuras et de sus huebras que es llamado libro de la alcora; y, al parecer de Sarton y de Muñoz Sendino también sería Yehudá b. Mosé el traductor del Tetrabiblon o Quatripartito de Ptolomeo. Y para David Romano también seria el traductor del Picatrix.

(…)

Sobre el método de la traducción del Libro conplido, propone Hilty, frente a la teoria de la existencia de una fase intermedia entre la labor del traductor del texto árabe y la versión escrita, que la escritura la haría un “cotraductor” y no “un amanuense cualquiera”, lo cual explicaría las diferencias dialectales en las distintas obras a cargo de Yehudá b. Mosé há-Kohén. Hilty propone la existencia de todo un equipo de traductores dentro del cual Yehudá b. Mosé ha-Kohén actuaría de enmendador, encargado de la revisión lingüistica y astronómica del texto.

(…)

El Libro conplido se traduce según Romano en la época en que los judíos son más libres para traducir ya que lo vierten directamente del árabe al castellano y acabarán por crear sus propios textos como las Tablas alfonsies.

(…)

Además de la octava parte del Libro conplido, el códice contiene ocho obras más; la letra en esos casos es de varías clases: gótica, cvirsiva, humanística y cortesana del siglo XV.

Contiene las siguientes obras, además de la octava parte del Libro conplido:

1. Libro de las cruçes en los juyzios de las estrellas.

2. Cánones del almanaque perpetuo.

3. Introductorio del Alcabicii.

4. Los siete climas de la tierra.

5. Sobre çircunferençia.

6. luizios del libro de Aben Regel.

7. Tablas para saber las verdaderas conjunciones de la luna.

8. Capitulo en saber de las lluvias.

(…)

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Las primeras preguntas que debemos hacernos frente a los textos que contiene este códice, es por qué se copian en el siglo XV este tipo de obras, con qué criterio se seleccionan y qué relación guardan con la cultura de este siglo. La transcripción del códice completo, con la identificación de cada obra, ayudará sin duda a aclarar esos interrogantes.

Entre los escasísimos documentos de astrología editados en castellano hay que destacar la excelente edición del Tratado de astrología atribuido a Enrique de Villena. La redacción de la version que se conoce del Tratado se hizo en Segovia en 1428, según Samsó2, por un tal Andrés Rodriguez. Estamos, por lo tanto, en una época muy cercana a la elaboración del códice segoviano que manejamos, y seguramente en la misma ciudad. Para Samsó la elaboración del tratado es “representativo de la decadencia de este período en el campo de la astronomía española”, ya que se simplifican mucho los conceptos astronómico-astrológicos, y el léxico técnico que se emplea en el Tratado atribuido a Villena varía bastante respecto a los libros de los colaboradores alfonsíes. Esta decadencia, según ha demostrado Samsó, se refiere solamente a la primera parte del siglo XV, ya que hacia la segunda mitad del siglo se produjo un resurgiraiento de los estudios astrológicos, bajo cuyo influjo se copiarian, posiblemente, las obras del códice segoviano, de tradición astrológica marcadamente alfonsí: “La situación cambiará por completo en la segunda mitad del siglo XV, en la que se producirán tres hechos de importancia: la aparición de la gran figura del astrónomo salmantino Abrahan Zacuto; la dotación de una cátedra de Astrología en Salamanca hacia 1460; en tercer lugar, (…) el desarrollo de los estúdios de astronomía náutica en Portugal”. La creación de la cátedra sahnantina logra que la astrología castellana se iguale con la europea al darle una dimensión universitaria. Lo normal había venido siendo que fueran los judíos quienes cultivaran por su cuenta las disciplinas científicas: éstos eran los médicos, los astrólogos y los especialistas en todas las ciencias, más que las universidades: “la production scientifique ibérique des anneés 1320 á 1460 s’inscrit presque entiérement en dehors du cadre universitaire, à moins qu’elle n’émane d’Espagnols résidant hors de leur pays (…) on ne trouve guére, en Espagne, de production scientifíque typiquement universitaire avant 1460”.

2 El prólogo de Julio Samsó es valiosismo para determinar el estado de la astrología en el siglo XV, sobre todo desde el punto de vista de las ideas astronómicas que contiene el Tratado; Samsó es un buen conocedor del funcionamiento interno de la astrología y sus fundamentos científicos. A él remitimos para quien quiera ver un desarrollo de las ideas astronómicas propiamente dichas desde Alfonso hasta la época del Tratado.

A pesar de la fundación temprana de las universidades españolas – Palencia (1208), Huesca (1354), Zaragoza (1474) – la ciencia no tuvo en ellas mucho desarrollo salvo el estudio de la medicina en la universidad de Lérida. La universidad de Salamanca, aunque fundada en 1227 y protegida por Alfonso X, sólo se vigoriza a fines del siglo XIV, y empieza a desempeñar un papel verdaderamente importante en las ciencias a partir de 1460, con la creación de una cátedra de astrologia.

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(…)

El carácter de la astrologia de las obras del códice segoviano refleja bien la actitud tomista hacia la astrologia: casi todas las obras tienen una función práctica en la sociedad. Hay tablas astronómicas y almanaques de gran utilidad para la organización de todo tipo de actividades desde la navegación a los calendarios; hay pequeños tratados para predecir las lluvias; existe, pues, en el criterio de selección de los textos del códice segoviano, una intención dominante de que sean prácticos; se va perfilando la noción de astrologia científica que recuerda lo que San Isidoro, Alcuino o Hugo de San Víctor habían definido por “astrologia natural”. De las nueve obras del códice, siete tratan directamente de cuestiones relacionadas con el dominio de la naturaleza exclusivamente; no afectan a la predicción de lo humano: o son almanaques, o predicción de lluvias, o cuestiones especulativas como el brevísimo Tratado sobre la circunferencia. De las dos obras restantes, la octava parte del Libro conplido tiene que ver también de un modo fundamental con las predicciones de fenómenos metereológicos o con las predicciones anuales, las cuales están de moda en toda Europa durante el siglo XV. Se dejan fuera, en cambio, las partes del Libro conplido que conciemen a las cuestiones de astrología de interrogaciones y elecciones o a la astrología judiciaria. De fondo pesa el critério tomista sobre el tipo de astrología válida tanto como la academización de la astrología que habría de enfocarla hacia cuestiones científicas o de utilidad y validez práctica y imiversal; enfoque que acabaría desembocando, con el pasar del tiempo, en el estudio exclusivo de la astronomía.

Por otro lado, las obras del códice de la Catedral de Segovia contienen buena parte de los textos que formaban parte de la educación de un astrólogo en la España y en la Europa del siglo XV.

(…)

Una de las dos obras principales en la formación primaria de un astrólogo, el Introductorio del Alcabicii, se incluye en el códice segoviano.

(…)

El Introductorio se convirtió asimismo en una obra indispensable en la formación de los médicos.

(…)

El astrólogo Alcabicioal-Qabisi – se sitúa en Alepo hacia el siglo X; su obra fue traducida por Juan de Sevilla en 1120 y su uso fue recomendado en París, según nos testimonian unos comentarios de Juan de Sajonia, en 1331, y prescrito luego para los estudiantes de medicina, junto con el Quadripartitum y el pseudo-Centiloquium.

De tanta importancia como el Introductorio fue el Libro conplido de Aben Ragel. Esta obra era algo más que un manual básico en la formación de un astrólogo; era considerado durante el siglo XV, junto con las obras de Ptolomeo, como gran fuente de autoridad en cuestiones de astrología: Simón de Phares era partidario de las teorias de Aben Ragel como otros tantos astrólogos, por ejemplo Jean Marende, autor de un horóscopo de nacimiento del rey Luis XI “et qui était comme Simón de Phares lui-méme un partisan des méthodes de Haly Abenragel”. El libro conplido, traducido del castellano al latín por Egidio de Tebalde en 1256, sería utilizado sobre todo para cubrir los aspectos de los que no daba cuenta el Quatripartitum de Ptolomeo. Se citaba también El libro conplido para la definición de términos astrológicos que no tenían equivalente en la tradición ptolomaica. En las polémicas entre astrólogos, suele aparecer El libro conplido como argumento de autoridad: Máxime Préaud da el ejemplo de una discusión astrológica sobre el efecto de determinadas conjunciones; discusión en la que un astrólogo, Conrad, se apoya en El libro conplido frente a los seguidores de Ptolomeo.

Por otro lado, podemos preguntamos por qué se ha copiado en el códice segoviano solamente la parte octava del libro conplido; parte que concieme a las revoluciones de los años. La respuesta está, de nuevo, en el carácter de la astrología durante el siglo XV: la astrología de las revoluciones de los años fue la que más de moda estuvo durante este siglo: “La plupart des astrologues devaient rédiger réguliérement de telles prédictions (las predicciones anuales), comme le font aujourd’hui nos <voyantes>”. Préaud suministra una serie de ejemplos extraídos de la información que proporciona Simón de Phares. La parte octava del Libro conplido debió servir de manual para estas predicciones anuales y por esa razón fue el objeto de la selección del códice de la catedral de Segovia, en una época en la que el interés por la astrología de elecciones e interrogaciones cedió terreno en favor de las predicciones anuales. Este es un tema difícil de documentar de una manera concluyente en el caso de España, donde carecemos de ediciones de la mayor parte del material astrológico de este siglo.

En suma, la importancia de las obras del códice segoviano, y la relación de algunas de ellas con el escritorio alfonsí, confirman la revitalización de la astrología en la segunda parte del siglo XV; la vuelta a las tradiciones astrológicas del pasado coincide con el interés con que en Europa se mira a España como la cuna tradicional de las ciencias ocultas:

L’animisme universel d’Amaud de Villeneuve, le lullisme et la cabale juive ont, évidemment, en se conjuguant, constitué une ambiance favorable aux sciences occultes (…) Pourtant, du fait de traditions anciennes (…) l’Espagne apparaissait, au XVe siécle, comme la terre d’élection des sciences occultes.

El Pronóstico en Astrología. Edición Crítica y Comentario Astrológico de la Parte VI del “Libro Conplido en los Iudizios de las Estrellas de Abenragel”

El Libro conplido en los iudizios de las estrellas

Libro de la Felicidad

Horsehead and Orion Nebulas

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