Astrologia na Arte

Simbolismo del Zodíaco de Johfra II

Libra

Libra

La Balanza o Libra es un signo de aire. El sol se encuentra en este signo del 23 de septiembre al 23 de octubre. El planeta regente es Venus.

El signo de Libra proviene de la más antigua astrología egipcia. Es el signo de Maat, la personificación del orden cósmico y su irradiación dentro de las experiencias terrestres. Por ello la Justicia de ojos vendados sostiene la balanza en la mano diestra levantada. El derecho juzga sin distinción a las personas, como se dice solemnemente. De ahí también la venda, que excluye la emoción en la Justicia, razón por la cual el derecho legal y el derecho moral a veces no coinciden. Entonces es posible, como ya decían los romanos, que el mayor derecho se convierta también en la mayor injusticia.

En Mesopotamia, Libra era conocida originariamente por otro signo, o incluso más de uno. Las pinzas de un escorpión sujetaban el disco solar. Mas tarde, Libra fue Bur, dios de la luz, también representado por una lámpara, y hacia el año 2000 a. de C. fue aceptada la Balanza de los egipcios, entre los cuales era un signo antiquísimo; dicha Balanza fue adoptada con el nombre de Zibanitu, el medidor de las almas.

En el signo anterior que trataba de Virgo se dijo que el dios egipcio Thot, que manejaba la balanza, desempeñaba también un papel importante. El ponía el dedo índice de la mano izquierda sobre un brazo de la balanza, la diosa Hathor, situada a la derecha, ayudando a mantener dicha balanza en equilibrio. Ya hemos dicho que en el platillo izquierdo está la pluma, Maat, casi siempre representada, en las manos de Thot, por la figura de éste como beduino, a veces también como mujer con una pluma en la cabeza, y asimismo como la hija de Ra. Ella es la personificación del orden cósmico. A la derecha de la balanza encontramos el corazón humano en un canopo (vaso de momificación), al que Johfra ha dado también forma de corazón. El corazón representa en Egipto el concepto de alma. El centro de la balanza está formado por la rosacruz, en la cual se enroscan unos zarcillos. La rosa es la flor de Venus, el símbolo del amor y de Cristo. De la cruz sale una mano, con el dedo índice levantado hacia arriba, señalando hacia la curva lemniscata o lenticular, el ocho acostado, o símbolo de lo eterno, donde se reconcilian las antítesis. Estas antítesis están simbolizadas en el sol y la luna, el día y la noche, como también el espíritu y el alma.

Johfra pintó aquí a Thot en la figura del sagrado Ibis, frecuentemente representado en Egipto como una figura humana con la cabeza de un ibis. Thot aparece con alas, porque tiene relación con el alma y porque ésta, a menudo, se ve representada como un pájaro. Puesto que el egipcio Thot es una manifestación de Mercurio, Johfra lo ha combinado con las dos serpientes del caduceo, como asociación con los misterios griegos. En el mandil volvemos a encontrar estas serpientes en combinación con el signo Ankh o Cruz ansata, símbolo de la vida eterna. En Egipto se conocía, asimismo, el símbolo de la doble serpiente.

Las grandes serpientes están pintadas en rojo y azul, positivo y negativo, guardando equilibrio entre sí. También simbolizan el fuego de Kundalini, conocido por la literatura yóguica. Este fuego se abre camino hacia la nuca, a través de los dos «canales» situados junto a al columna vertebral. En la mano derecha, Thot sostiene también el signo de Ankh.

A la derecha debería hallarse Venus como regente, y en este caso Venus sería Hathor, la diosa egipcia del amor, de la alegría, la música y la danza. En algunas versiones es la esposa de Horus, venerada mucho más allá de Egipto. Una diosa del amor es, naturalmente, un arquetipo, un símbolo primigenio. Entre los babilonios era Isthar o Astarté, dotada más o menos de las mismas cualidades, y entre los griegos, naturalmente, Afrodita; en Roma, Venus. Se la representa en figura de vaca o como una mujer con cuernos y orejas de vaca. Su nombre significa literalmente «casa de Horus», y esto hace de ella una diosa del cielo; algunos la equiparan con Isis, por su cualidad de virgen madre. En la mano depositada sobre el pecho, Hathor tiene el sistro, instrumento de las sacerdotisas. El óvalo abarca cuatro pequeñas serpientes de metal, varitas que producen sonido; los cuatro elementos representan la armónica consonancia de la creación. Entre los cuernos, Hathor tiene una estrella de siete puntas que simboliza la luz perfecta. Debajo aparece de nuevo el signo de Ankh en una forma algo modificada, como una cruz con un símbolo solar encima.

En las cartas del tarot puede encontrarse también la Balanza, en la forma del Carro de Osiris, en el que se halla sentado. El carro es tirado por dos esfinges, una blanca y otra negra, y a veces gobernado por el mismo Osiris, a veces por el Mago de la primera carta. Las esfinges representan el alma, el sentimiento y la emoción para el bien (blanca) y para el mal (negra). El conductor debe encontrar el equilibrio entre los sentimientos inferiores y superiores para gobernar bien el carro o mantener equilibrada la Balanza. Las esfinges pueden encontrarse también en Johfra, una femenina y otra masculina, con un significado también algo diferente. Además de positivo (masculino) y negativo (femenino), representan asimismo en sus cuerpos los elementos y los cuatro evangelistas con su vientre redondo (tierra), garras de león (fuego), alas (aire) y cabeza (agua). Están sentadas sobre un suelo formado por bloques, un símbolo francmasónico del mundo dividido en sí mismo que, sin embargo, forma un todo, la armonía de los signos opuestos. Entre las esfinges hay un cubo de cristal. El cubo simboliza la piedra angular del templo de Salomón, o Cristo en el altar en los templos francmasónicos, aunque el de allí no es transparente. Johfra eligió el cristal, que deja pasar la vista, y dentro de él sitúa una bola de oro, símbolo cósmico y alquímico del germen de la vida. En su interior, el heptágono que rodea el signo de Libra simboliza Venus, porque es la séptima sefira en el cabalístico árbol de la vida, Nézach, tal como

Hermes puede ser considerado como Hod (abajo, en la columna izquierda, frente a Nézach, situado a la derecha). Aquí volvemos a encontrar la razón y la sabiduría frente al sentimiento y la emoción.

Debajo del altar se halla el lirio, la flor de la serenidad, que es consecuencia de la obra armonizadora de Venus; una flor de Venus es pues, igualmente, la rosa sobre el altar, el símbolo del corazón, del amor y de Cristo. Encima se ve el símbolo del ying y yang como centro de una nube que se despliega como un abanico que abraza al cosmos. De esta nube surgen un par de manos con una llama que llega hasta la cruz, la base de la Balanza. Johfra adoptó esto a partir de la doctrina hindú. En la India el signo de Libra es un altar, en el cual arde el fuego que jamás podrá ser apagado.

Los sellos y signos planetarios aquí no están pintados, porque los de Venus ya han aparecido en el signo de Tauro. Cada planeta es regente de dos signos, por lo menos los llamados planetas «antiguos». Los más modernos, descubiertos en el pasado siglo, no han sido dotados de ningún signo porque la magia ritual en la que se utilizaban signos planetarios se hallaba entonces en su punto culminante.

Escorpio 

Escorpião

El Escorpión o Escorpio es un signo de agua. El sol se encuentra en él del 23 de octubre al 22 de noviembre. Su planeta regente es Plutón (dios de los infiernos entre los griegos); antiguamente el regente era Marte. Plutón fue descubierto en 1930 por Clyde William Tombaugh. Dentro de su simbolismo, Johfra se atiene a la versión antigua.

Los astrólogos llaman al Águila el «Escorpión elevado», lo que simboliza el ave que tenemos en el alma, un alma que se libera del cuerpo y de las preocupaciones terrestres. Pero no cabe olvidar que el Águila es algo muy opuesto al Escorpión que se arrastra por el suelo de un lado a otro, ocultándose debajo de una piedra. Sin embargo, facetas opuestas de la vida de un Escorpio debe originarse la irreprimible tendencia a la conciliación y a experimentar la unidad, y con ello se le puede abrir la puerta del misticismo.

En el antiguo Egipcio Escorpio tuvo también otro signo: Typhon y Seth, un ser de dos colas de serpiente por piernas y rayos en las manos levantadas. Era el diablo egipcio, relacionado con la serpiente. En la antigua India, el signo de Escorpio era llamado la Serpiente Tenebrosa. En todas las religiones la serpiente desempeña un papel, siendo identificada a menudo con el dragón. Este Typhon pasa más tarde a una forma derivada, el mismo ser pero con una cabeza de gallo, armado con una maza y un escudo, desempeñando un importante papel en el gnosticismo helenístico, procedente originariamente de Persia, donde representa a Ahriman o el diablo. En el gnosticismo se le llama Abraxas, y bajo este nombre lo encontramos, en talismanes y en la magia ritual, hasta nuestra Edad Media, en la cual su nombre era considerado como una palabra mágica para conjuros. Todo ello se remonta todavía más lejos, a la serpiente del relato bíblico del paraíso.

Entre los egipcios, Typhon fue sustituido por el escorpión que nosotros conocemos, adoptado luego en Mesopotamia y más tarde por los griegos.

En oposición a los colores naturales de un escorpión, que es negro, pardo oscuro o blanco, Johfra lo ha pintado de rojo, un color de fuego que recuerda al regente Marte, el dios de la guerra. Recuerda también a las piedras rojas que corresponden a los nativos de Escorpio, la hematites, el coral rojo y el granate, las cuales cualifican a la persona luchadora, a veces un malvado, a veces un místico. Marte – y por consiguiente Escorpio – corresponde a la quinta sefira del cabalístico árbol de la vida. Cinco es también el signo del hombre con sus cinco sentidos y las cinco líneas del pentagrama, como sucedía entre los cataros, hacia el siglo XII, en el sur de Francia. Piernas, brazos y cabeza se encuentran en el relieve de tamaño natural de una estrella de cinco puntas o pentagrama. Por esto el pentágono corresponde también al ser humano, y Johfra profundiza todo ello mucho más. Las pinzas de su Escorpión tratan de coger el dodecaedro, uno de los «cuerpos pitagóricos», un cuerpo que consta de doce pentágonos regulares, que representa el paso del ser humano a través de los doce signos del zodíaco, algo para lo que un Escorpio tiene gran interés. El es, incluso, esa persona que quiere escrutar el curso de la vida. El Escorpión desea levantar el dodecaedro del agua, el elemento oceánico del que ha brotado toda vida, la matéria primigenia. El Escorpión hace que se forme una pequeña ondulación en el agua, como la vida en la materia primigenia, que lleva consigo una dualidad, porque la vida produce la muerte y viceversa. El Escorpión ya no puede ver esa unidad, porque la dualidad le ciega. La pequeña ondulación del agua deforma en su vista su propia imagen. El dodecaedro aparece deformado en el espejo del agua. El hombre ve aquello que contempla como verdad en un espejo roto y nunca ve la verdad misma. Mediante las propias emociones perturbamos la imagen de la verdad y así, también, las conexiones con nuestra relación respecto al zodíaco.

Johfra ha reproducido la lucha interna del Escorpión, el buscador de las últimas verdades, en la famosa lucha de San Jorge con el dragón, sabiendo que el dragón también representa al escorpión, como antes dijimos. San Jorge es un mártir legendario, uno de los santos más venerados de la Edad Media. Padeció el martirio en Capadocia, durante las persecuciones de cristianos bajo el emperador Diocleciano. Hasta el siglo XI no fue leyenda su lucha con el dragón. Esta lucha es un hecho arquetípico que aparece a menudo en todas las religiones. En el caso de San Jorge, éste tiene que salvar a una princesa que había sido ofrecida al dragón. Era la hija del tribuno de Capadocia de Libia. Naturalmente, él cumple su tarea. Una leyenda afirma que San Jorge mató al dragón; otra dice que volvió tan inofensivo al dragón que éste pudo ser llevado en una procesión. En algunos países de Europa hubieron hasta después de la Edad Media procesiones en las que se conducía al dragón vivo, pero vuelto inofensivo. Simbólicamente, esto se relaciona con el hecho de que el dragón o la serpiente es también el fuego de kundalini de los yoguis, la energía chakral que hay en nosotros, que ciertamente podemos dominar, pero no podemos impedir que muera. Esta energía se relaciona con la sexualidad y considerada arquetípicamente corresponde a la imagen de una princesa, una figura de «ánima», que debe ser salvada como símbolo de la transformación de la sexualidad «animalesca» en un erotismo que también es beneficioso para el espíritu. San Jorge es, pues, el Escorpio que vence al dragón para con ello rendir honor a la princesa, o sea, a lo femenino que hay en él mismo, para alcanzar el equilibrio.

Johfra no ha pintado a la princesa, porque en él la victoria en la lucha interior ya está expresada simbólicamente en el águila que asciende, el otro signo de Escorpio, cuyo carácter ya hemos descrito anteriormente. Vuela hacia el sol y su figura equivale a Kether, la primera sefira del árbol de la vida cabalístico, porque de hecho representa el autosacrificio de Escorpio, ya que San Jorge, a pesar de su heroica proeza, sufrió la muerte por martirio. Por estas razones Johfra pinta a al derecha de la cola del escorpión, en el desierto, un yogui, símbolo del hombre que a través de la renuncia y la mortificación avanza en la transformación de su espíritu y en la liberación de su ego de los impedimentos terrestres.

Arriba y a la derecha, vemos a la serpiente del paraíso, indicada antes como símbolo, ilustrada por Johfra con una calavera en la boca. Mediante el encuentro con la serpiente, explica el relato del paraíso, el hombre tuvo acceso al conocimiento, pero también a la diferencia entre el bien y el mal. Se convirtió en un ser dualista, material y mortal, expulsado del paraíso del pensamiento inconsciente, en el que el árbol del paraíso pervive, manifestado de vez en cuando.

A la izquierda y abajo aparece un niño, también con un cráneo, símbolo de la muerte y de la vida que se renueva. Este símbolo es usado a menudo por los pintores holandeses de cuadros que tratan acerca de la vanidad de las cosas humanas, los cuales bosquejaron pinturas simbólicas en las que también aparecen cálices. Johfra pinta dos cálices; uno de ellos está derribado. Es la antigua idea gnóstica de la muerte del viejo ego, acontecida para que el segundo cáliz pueda llenarse con la luz sagrada, un nuevo pensamiento espiritualizado, lo que en antiguos textos se cita como «la luz que brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron». A esa luz bien comprendida es a la que aspira el Escorpio.

Arriba, a la izquierda, encontramos el sello planetario de Phalegh, perteneciente a Marte, y a la derecha la signatura de la inteligencia Graphiel, de nuevo dos figuras angélicas, que en el gnosticismo y la magia ritual desempeñan un claro papel en los conjuros. Marte no está representado, porque ya aparece en la pintura de Aries. Pero sí lo están las agresivas maneras de obrar de Marte, simbolizadas en el borde ornamental, lleno de pinchos que rodean al cuadro.

Sagitario 

Sagitário

El Arquero o Sagitario es un signo de fuego. El sol se encuentra en este signo del 22 de noviembre al 22 de diciembre. El planeta regente es Júpiter.

Si en el capítulo anterior vimos que Escorpio buscaba la síntesis, la unidad de los contrarios y la antítesis como vida y muerte, al Sagitario le ha sido deparada la visión de esta unidad.

Incluso puede volverse filosófico, pero se trata de una filosofía en la que se concede predominio a la naturaleza. Le interesa más la «planta primigenia» de Goethe que las náuseas de Sartre, porque se siente más atraído por la filosofía de la naturaleza. La causa de ello reside en su afán de libertad. Le preocupa la reputación del cónyuge infiel, pero en esencia no se trata de una verdadera infidelidad. Es fidelidad a sí mismo el hecho de que se vea obligado a considerar algo más elevado que la fidelidad a otra persona.

El signo de Sagitario es la flecha dirigida hacia arriba. Es un signo antiquísimo, usado desde que el hombre utiliza flecha y arco; ello ocurre desde la Prehistoria, cuando el hombre era todavía un cazador. Con flechas se indican el camino los cazadores unos a otros; con flecha y arco debían procurarse carne a diario, en circunstancias con frecuencia peligrosas, que exigían actuar de manera consciente acerca del objeto que se perseguía. Por tanto, tampoco es extraño que esta flecha pueda encontrarse como signo zodiacal en Egipto, y también a lo largo del Eufrates en Mesopotamia, donde más tarde aparecerá un arquero arrodillado, que paulatinamente evoluciona hasta nuestro conocido Sagitario, para el cual sirvió de modelo el centauro griego Quirón.

Quirón era una figura taumatúrgica, uno de los personajes heroicos griegos. El mito refiere que Quirón, hijo de Phylire y Cronos, en su juventud, fue molestado una vez durante el coito. Echó a correr con un trote tan rápido que se convirtió en galope y entonces se transformó con su famoso cuerpo de caballo. Su madre, Phylire, muy asustada y avergonzada, se transformó en un tilo. Pero Quirón no se desalentó por ello. Regresó al mundo de los hombres y llegó a ser un gran maestro. Enseñó al semidiós Esculapio hijo de Apolo y de Coronis, con tanta perfección la medicina, que era capaz incluso de resucitar muertos. Hades, príncipe de los infiernos, se quejó de ello a Zeus, porque empezaban a faltarle almas de difuntos. Zeus se interpuso con su rayo entre ambos y mató a Esculapio, pero le elevó al mismo tiempo al lugar de los dioses. Y como dios de la medicina, con su vara alrededor de la cual se enrosca una serpiente, fue uno de los dioses más venerados en los hospitales de los templos, en la antigüedad clásica. Quirón había educado a Esculapio desde su tierna infancia en su cueva, a la cual Apolo había llevado a su hijo, tras matar por celos a la madre de éste, Coronis. También el famoso Jasón, el caudillo de los Argonautas, fue educado por Quirón, al igual que Aquiles y Eneas. Simón Vestdijk, en su novela «Aktaion onder de sterren» (Acteón entre las estrellas), presenta también a Quirón como un gran maestro, porque polifacético como era, no podía limitarse a la enseñanza de la medicina, sino también a otras materias, tales como la caza y la filosofía.

Sin embargo, Sagitario, como figura, no siempre fue concebido como medio caballo y medio hombre. En el Próximo Oriente se le encuentra también como medio macho cabrío y hombre y en algunas reproducciones arábigas como medio tigre, con una cola que termina en cabeza de dragón. Probablemente este último, esté influido por la China, donde este signo es un tigre.

Puesto que el ciclo de la luz termina en el signo de Sagitario, es decir, el solsticio de invierno, el sol poniente se considera también como el signo de Sagitario, por lo menos em el zodíaco chino clásico, que precedió a nuestro zodíaco, que en la China sólo conoce animales. Este solsticio de invierno combina el caballo-hombre con otras figuras más. Entre los germanos, Wótan era el gran maestro montado en un caballo, quien, además, hacia el 21 de diciembre venía a distribuir sus dádivas, una razón por la que la primitiva iglesia le cristianizó como San Nicolás y más tarde como San Martín quien – también a caballo – cortó su capa en dos mitades para dar una de ellas a un mendigo. Nuestra noche de San Martín deriva de este hecho. Así es como una figura simbólica adopta nuevas formas, pero la idea fundamental puede tener una antigüedad de siglos. La docencia de Sagitario viene también confirmada por el hecho de que en el tarot aparece representado como el Ermitaño quien, apoyándose en su bastón, recorre con su luz el mundo para llevar a otros la sabiduría. Pero el Sagitario que es de esta manera, debe olvidarse, por así decirlo, de su cuerpo de caballo. Johfra medita sobre esto y pinta debajo del Ermitaño un unicornio, que en realidad es un caballo con un cuerno en la frente, pero en la tradición cristiana era el símbolo de la serenidad y el protector de las doncellas. En la tradición clásica esto debió haber sido diferente, porque cabe también explicarlo como símbolo freudiano.

El «Ermitaño», la novena carta del tarot, representa a un anciano que con una lámpara ilumina su camino hacia la sabiduría suprema. Johfra lo pinta como símbolo en su «Sagitario».

El regente de Sagitario es Júpiter, en griego Zeus, divinidad que en la mayoría de los casos es benéfica, no despegado de la naturaleza terrestre y menos discreto con las doncellas que el unicornio, para gran enojo de Hera, su olímpica esposa. Júpiter es el dios de la exuberante vegetación en la naturaleza. Si no fuese un poco atemperado por Marte, la naturaleza de la tierra resultaría incluso excesiva y sofocante. Si se coloca a Marte en el cabalístico árbol de la vida en la columna izquierda, en la quinta sefira Geburah, que significa la ley de la fuerza, en la parte opuesta, la de la derecha, en la otra columna, podría colocarse a Júpiter en la cuarta sefira (chesed, o amor y gracia).

Júpiter se aviene con Sagitario, que es también un ser de la naturaleza. Johfra há pintado, pues, la naturaleza lo más exuberante posible, sin pasar por alto el hecho de que las almas astrales vegetales pueden materializarse en espíritus femeninos de la naturaleza, elfos o ninfas, que él hace surgir en el verdor, provocando tal vez la envidia de las caras petrificadas en la roca sobre la cual se yergue el Arquero, porque al fin y al cabo la naturaleza también petrifica. Zeus no es exclusivamente benéfico; es menos poderoso que la muerte, a pesar de que ataca con rayos a sus enemigos. Pero «como es arriba, así es abajo»; también en torno a él flotan en el aire figuras angélicas, quizá las almas de caras petrificadas sobre la puerta de la muerte, que también es la naturaleza. Encima de esta puerta encontramos en relieve, en el medio arco coronado por dos columnas a la izquierda, el signo del espíritu planetario Hismael y a la derecha el de la inteligencia planetária Yophiel. A la izquierda, abajo, en la escultura, vemos el sello rojo del espíritu planetário olímpico Bethor, y debajo de él el signo de Zaquiel. En el margen derecho se encuentra el propio sello del planeta Júpiter.

Capricornio 

Capricórnio

La Cabra montes o Capricornio es un signo de tierra, en el cual el sol se encuentra del 22 de diciembre al 20 de enero. Saturno es el regente.

Si Sagitario es un idealista de alto nivel, Capricornio busca también ese alto nivel, siempre sobre una roca, pero de forma realista. Sagitario es espíritu, Capricornio es forma. El primero trata de realizar el fin que persigue en la vida práctica, a veces dando forma a imágenes.

La Cabra montes o Capricornio, como ejemplo de una figura arquetípica que desde la remota Prehistoria hasta nuestro tiempo se ha considerado como un símbolo, incluso como una forma enmascarada de Satán. Se trata de una falsa interpretación fomentada por la Iglesia que siempre calificó de diablos a todos los dioses de religiones ajenas a la suya. En la antigua Mesopotamia, como ya dijimos, se describía a la cabra montes junto al árbol de la vida, un símbolo del paraíso. Más tarde, en Babilonia, se convirtió en el pez-macho cabrío, reproducido en el zodíaco como el macho cabrío con cola de pez, igual que una sirena. Se llamó entonces Kusarikku, representado también como pez-carnero.

Luego fue la divinidad babilónica Ea, el macho cabrío del océano subterráneo. También se le representaba como un macho cabrío dentro de una concha, algo parecido al cangrejo ermitaño.

En el antiguo Egipto este signo era Anubis, el dios de los muertos, con figura de chacal y acompañante de las almas en los infiernos. Los egipcios adoptaron posteriormente la Cabra montes. Entre los griegos puede observarse de nuevo la afinidad, porque ellos relacionaron la Cabra montes con el dios Pan, que tenía cuernos y patas de macho cabrío.

Se creía que Pan nacía cada año el día del solsticio de invierno – indicado por Capricornio – y moría durante el solsticio de verano. Esta figura de Pan se convierte luego en nuestro Satán, posteriormente el dios cabrío de Mendes o el Baphomet de los templarios, una figura adorada durante las misas negras, aquelarres de brujas y en la magia ritual. A través de todo ello cabe relacionarlo con las Saturnales, fiestas de los romanos en el solsticio de invierno, que por el nombre recuerdan tanto a Saturno como a los sátiros. Según el mito, las figuras de Pan participaban también con afán en las desenfrenadas fiestas, en las que era costumbre dar la libertad a esclavos para que pudieran iniciar una nueva vida o se celebraba el símbolo de la vida nueva que llegaba después del solsticio de verano, en la dilatación de los días. Desde antiguo, pues, Saturno se aviene con Capricornio o la Cabra montes, que desde su alta roca contempla mejor que los mortales, la luz del sol, que trepa hacia las cumbres de las montañas.

No obstante, no siempre fue Saturno el protagonista de estas fiestas. Originariamente era el dios primigenio Kronos, que riñó con su padre Urano y con su hoz le cortó los testículos en horrible lucha. Esta hoz no la llevaba después porque hubiera de convertirse en la guadaña del Padre Tiempo, como lo pinta Johfra. Es que él era el dios de la agricultura y del otoño, también llamado «el gran arquitecto», uno de los prototipos, por lo tanto, que se considera que trajeron a la humanidad la civilización. Ahora bien, este Kronos poseía asimismo algunos rasgos muy poco humanos. De la lucha con su padre ya hemos hablado, pero puesto que él creía que sus propios hijos no serían mucho mejores, engulló a los cinco vivos. Por un ardid de su mujer se salvó su sexto hijo, Zeus, y por otro ardid los hubo de vomitar a todos vivos y sanos. Esto le granjeó, naturalmente, el mote del «Tiempo que todo lo engulle», aunque ello se produjo mucho más tarde. El concepto griego que ha trascendido es Chronos y no Kronos; el dios del tiempo propiamente dicho se llamaba Opportunitas. Plutarco, que también equiparó los nombres de los dioses egipcios – según el carácter – con los de los dioses griegos, fue el primero en cometer ese error con respecto a Chronos (el tiempo), pronunciado exactamente igual que Kronos, identificándolos el uno con el otro. De esta «pseudomorfosis» se originó luego la figura de Kronos con una guadaña en vez de una hoz, y más tarde con el famoso reloj de arena y otros atributos más, a veces incluso con alas en los pies. Fue identificado por los romanos con Saturno, el planeta más lejano, más frío y más lento, con lo cual Kronos-Saturno se convirtió cada vez más, en pinturas y mitos en un hombre anciano, y más tarde en la muerte con su clásica guadaña, olvidándose que, en realidad, era originariamente portador de la luz.

Johfra se atuvo al concepto renacentista y vio a Saturno convertido en Padre Tiempo, con guadaña y reloj de arena, y sentado delante de una caverna abierta en la roca. Esta caverna representa el nacimiento de «un nuevo señor», tal como Giselberto de Vondel lo anunciaba cuando, tras la noche de Navidad, sale por la puerta lateral. Otra vez nos encontramos aquí con un concepto muy antiguo. Durante el solsticio de invierno nace el dios persa Mitra en la cueva de una roca, y también Hermes, Zeus, Apolo y Dionisos, e incluso Cristo en un establo, que se muestra como cueva del Nacimiento en Belén. También él es un «héroe solar», nacido en la «noche de Navidad, más bella que los días», citando nuevamente a Giselberto. Las cuevas siempre han sido lugares de iniciación y, por tanto, de milagrosos «renacimientos». Y puesto que Saturno aparece aquí sentado ante una de tales cuevas, puede ello significar el cambio para el Capricornio a veces deprimido, que por primera vez ve la luz del sol, pero que también se halla próximo a la iluminación interior (si pone lo mejor por su parte). Capricornio es calificado también, en la astrología esotérica, como la puerta de la iniciación, la superación de Saturno por la nueva luz, mediante la cual es barrida la noche de la inconsciencia.

Entre los elementos accesorios de la pintura encontramos a la derecha al joven Apolo desnudo, el dios solar griego, saliendo de las limitadoras rocas saturninas. Con su pie izquierdo aplasta a Apepi, la egipcia «serpiente de las tinieblas», también identificada con el Escorpión. A la izquierda, en primer término, aparece el joven Hércules con una serpiente en cada mano. Refiere el mito que Hércules era uno de los hijos de la unión de Zeus y Alcmenae, sobre lo cual ya hablamos anteriormente. Hera, la esposa de Zeus, no estuvo de acuerdo con ello y envió dos serpientes sumamente venenosas hacia el dormitório de Alcmenae, donde Hércules se hallaba durmiendo en la cuna. Nadie se atrevía a acercarse, pero Hércules se despertó cuando las serpientes se enroscaban a su cuellecito. Rápidamente y como si fuera un juego, se liberó de la estranguladora presión y con cada mano apretó y mató a las dos serpientes. Por consiguiente, he aquí otro héroe solar que, por si fuera poco, Johfra coloca con un pie sobre un cocodrilo, una de las personificaciones egipcias de la «serpiente tenebrosa». Hércules era uno de los hijos más queridos de Zeus, quien, criado en una cueva, escapa al canibalismo de su padre Kronos, criado por la cabra Amalthea. Por ello, algunos ven en esa cabra la figura de la Cabra montes (Capricornio) según la versión griega, y en todo caso queda enriquecida en otro aspecto la predominante relación de Kronos-Saturno con Capricornio. Otra faceta de Saturno es que también puede identificarse con Binah, la tercera sefira que aparece sobre la columna del cabalístico árbol de la vida. Binah, elemento femenino de Yahvé, es la madre primigenia y, por tanto, también del tiempo del cual todo nace y vuelve a perecer, un pensamiento auténticamente saturnino.

A la izquierda, junto al pequeño Hércules, se encuentra grabado en la roca el sello del planeta Saturno, donde se distinguen dos triángulos, ya que el triángulo es el símbolo matemático de Saturno. A la izquierda, junto a la caverna de Saturno, abajo, vemos el signo astrológico de Capricornio; encima de él el signo del espíritu planetario Zazel; sobre la gruta la signatura tripartita del arcángel Casiel; debajo de las patas anteriores de la Cabra montes el sello de Saturno mismo, y a la derecha de él, junto a la entrada de la gruta, el signo de la inteligencia planetaria, Agiel.

Acuario 

Aquário

El Aguador o Acuario es un signo de aire. El sol se encuentra en él del 20 de enero al 19 de febrero. Urano es el regente de Acuario.

Simbólicamente se podría afirmar que en la era de Piscis, que casi ha terminado, las «ideas han sido infundidas en la materia», han determinado los acontecimientos terrestres. El símbolo de Cristo es, desde hace siglos, el pez, y las ideas cristianas trajeron más luchas terrestres que algunas otras religiones; parecía maravilloso adaptarse a la evolutiva y tecnocrática manera de ver las cosas. Acuario quizá significa que ha de surgir un equilíbrio entre idea y experiencia material, que este período significará de nuevo una ascensión em sentido espiritual, simbólicamente una «ascensión del pez a los cielos», que haga del nativo de Acuario una criatura menos materialista.

El signo de Acuario ha conocido más figuras y ha sido relacionado con cierto número de dioses análogos. En el antiguo Egipto Hapi, el dios del Nilo, fue representado con dos toneles de agua de los cuales se originaba el Nilo. Puesto que el Nilo era de tan vital importancia para los egipcios, Hapi era un dios dispensador de vida, afín a Osiris, de cuyo trono también manaban corrientes de agua. Y con ello volvemos a encontrarnos con el concepto de que el agua y el espíritu son manifestaciones simbólicas recíprocas. El océano primigenio es, asimismo, el espíritu universal creador; el agua de Osiris es también espíritu, y la de Hapi es su manifestación material. En el signo de Acuario, esta idea es de la mayor importancia. En Egipto, el signo aparece también simplificado por un sencillo vaso, un canopo. Entre los sumerios de Mesopotamia, el signo consistía en una urna con agua, llamada Gu, posteriormente Gula o La Grande, simboliza en la figura de una mujer, la diosa que salvaba las almas de la muerte y las despertaba a la nueva vida, como también gobernaba sobre los embarazos en la tierra. Más tarde parece que fue identificada con Rea, la madre primigenia babilónica, que del océano primario (el caos) creó la materia. Entre los quechuas, la más antiguas civilización del Perú, Acuario es llamado «El tiempo de las aguas», y tiene, por tanto, el mismo carácter.

Volvemos a encontrar una misma afinidad en las cartas del tarot. Existe un relieve babilónico en el que aparece una diosa que vierte agua de un vaso a otro. En la carta del tarot número 14 vemos exactamente lo mismo, a través de los dos vasos antes mencionados y Gula; esta manifestación guarda, pues, afinidad con el Aguador. Además, la carta del tarot número 17 muestra la Estrella, también una mujer (pero ahora no como ángel o diosa, aunque desnuda) con dos vasos. El uno lo vacía en un estanque, el otro en la tierra. Está rodeada de estrellas. Esta imagen hace pensar, naturalmente, tanto en Hapi con sus dos vasos -de los cuales hace nacer al Nilo- como en el mismo Aguador, que derrama el água del espíritu en la materia y la vierte sobre la tierra. En las esfinges significa la cabeza humana que posee el espíritu, luego también el elemento agua. Ahí está el cráneo como si fuera un cáliz, tal como el cáliz del Grial es un símbolo del despertar espiritual y el beber del cáliz de la misa también debería anunciar el renacer espiritual.

Así, la idea del Aguador parece haber ocupado a los espíritus místicos durante siglos y de esta idea se han originado muchos simbolismos. Johfra entronca con esta idea de un modo claro. En él la antigua versión del «hombre con el jarrón» es una figura que vierte agua como un velo de nubes, simbolizando la mezcla de agua y aire, porque el Aguador simboliza el elemento aire. Este velo desciende sobre siete flores de loto que representan los siete chakras del aura humana, equiparables a los siete centros nerviosos más importantes, que son influidos por ellos. A través de estos «órganos de luz», que casi siempre se representan en forma de rayos giratorios, el hombre aspira, por así decirlo, la atmósfera espiritual del Acuario. Esto debería invitar al hombre a una reacción, sobre todo a una iniciación en sentido espiritual. Los movimientos que fluyen de los velos están captados por Johfra de la imagen de remolinos de aire y humedad como la que se origina cuando corrientes rápidas encuentran obstáculos en túneles de viento aerodinámicos y aparatos semejantes. Johfra ve en ello una comparación con el lenguaje de formas del período del estilo modernista, que se considera como una primera reacción a la era de Acuario.

A la izquierda de los remolinos se origina un camino y en él vemos un peregrino que se dirige hacia un cráneo en forma de puerta. A través de esta puerta llegará al Mont Salvat, la «montaña de la salvación» en la cual se encuentra el castillo del Grial, con la iglesia del mismo. El cráneo o puerta de Saturno significa la muerte simbólica del hombre de mentalidad materialista y el despliegue de formas de consciencia superiores, o sea, un renacimiento espiritual.

Johfra recuerda con este cráneo el hecho de que Saturno era antes el regente de Acuario, algo comprensible, porque la idea de muerte y la irrupción de una nueva vida espiritual se corresponden en cierto modo. No obstante, el carácter inaugural y sobre todo renovador del Acuario no llegaba a expresarse de manera satisfactoria, debido también a que la idea de Saturno ya domina al anterior signo de Capricornio. Así, los astrólogos se libraron de este compromiso cuando Wiliam Herschel descubrió Urano en 1781. El símbolo de Urano posee una «H» (arriba y a la izquierda en la pintura); con ello los astrólogos quisieron honrar a Herschel. El tardío descubrimiento tuvo fascinados a una generación de astrólogos. Los más jóvenes, sobre todo, se atuvieron cada vez más a Urano, mientras que las generaciones anteriores al principio de aferraban a Saturno y más tarde a una doble influencia. A base de analogías con lo que sucedía en la tierra, Urano obtuvo su importancia. Si suponemos que las influencias de los planetas sobre la tierra son perceptibles y pueden leerse en los acontecimientos, entonces podemos hacer responsable de ello a Urano, con un ulterior desarrollo por Neptuno y por Plutón, descubiertos en 1846 y em 1930, respectivamente. Puesto que se trata de planetas lejanos y de movimiento generalmente lento, los astrólogos que se ocupan de ellos sostienen que se trata de vastas predicciones políticas y que, por consiguiente, pueden abarcar continentes y largos períodos de tiempo.

Johfra consigue que Acuario y la puerta de Saturno estén iluminados por Urano como un sol espiritual, una máscara con rasgos joviales y esperanzados que irradia luz, uma estrella en medio de un aura con los colores del iris en la que los colores de todo el cuadro parecen amortiguados; una gama de colores con el lila como matiz más importante, que lo eleva a un experimento espiritualizado y a un cautivador motivo de meditación.

Puesto que Urano era desconocido en la Edad Media, junto a este planeta no hay signos, sellos y signaturas de índole mágica asignados a los espíritus planetarios, arcángeles, ángeles e inteligencias subordinados al mismo. Por consiguiente la pintura tampoco los contiene, salvo el signo, bosquejado posteriormente, para Urano, antes mencionado, y en la parte superior derecha el sello de Saturno.

Piscis 

Peixes

Peces o Piscis es un signo de agua. El sol se encuentra en este signo del 19 de febrero al 20 de marzo. Neptuno es el regente.

Las aguas tranquilas tienen fondos profundos. Silencioso nada el pez entre los fondos y la superficie del agua, que es su firmamento. Lo que él ve del cielo es una imagen imprecisa y ondulante. Pero también es un íntimo mundo verde, una parte propia de la tierra, un elemento propio.

¿Puede parecer extraño que alguien que haya nacido bajo el signo de Piscis cause a veces la impresión de vivir ajeno a la realidad de este mundo? Exteriormente, el Piscis es una persona modesta, servicial y sobre todo sensible. No es ajena al nativo de Piscis la tendencia a soñar despierto, hasta que se siente atrapado y vuelve a su trabajo, casi siempre en beneficio de otra persona. El Piscis puede arreglárselas bien en una vida ordenada, pero prefiere ser descuidado, seguro en casa, en su pequeño mundo. Sus contactos: con otros son, también a menudo, contactos aparentes que Piscis mantiene para hallarse completamente fuera del mundo y de sus exigencias. También lo hace porque es una persona emocional y no quiere manifestarlo a todo el mundo. En un ambiente duro, Piscis ha aprendido que las emociones no deben exhibirse. En el mejor de los casos escogerá una profesión en la que pueda encontrar la forma de expresar sus emociones más o menos libremente. Los Peces tienen una inclinación natural a hundirse en sí mismos, hasta descender a las profundidades del subconsciente.

Pero existe también otro tipo de Piscis. Es el Piscis que no nada sin rumbo, el que ha encontrado una dirección. Puede comparársele con el salmón, que a través del océano de sus obligaciones cotidianas nada hacia el lugar de su origen. Allí nació y allí engendrará la nueva generación, un símbolo, por lo tanto, del ideal de una fuente primaria. Ofrecerá su vida para volver a encontrar este camino. Se le puede comparar, pues, con el Orobouros, la serpiente con la cola en la boca, el tiempo sin comienzo y sin fin. Puede llegar en este caso a convertirse en una persona con un mensaje místico, y por ello habrá que agradecer probablemente el que a Cristo se le haya atribuido el signo de los Peces.

Con el signo de Piscis concluye el ciclo del zodíaco. La persona que en el signo anterior ha franqueado la puerta de Saturno, se ha apartado de lo terrestre y se ha reunido con el océano primigenio que produjo la vida. Simbólicamente ha alcanzado la eternidad, y el nativo de Piscis ha dado en su actividad vital, hoy por hoy, un paso adelante, al tomar como modelo el camino del salmón. Durante su vida terrestre conocerá momentos mediúmnicos en los que se sentirá separado del tiempo y en que la suerte que le haya correspondido es lo intemporal. Entonces se habrá convertido en un «soñador ascendente», un soñador positivo que comprende intuitivamente el simbolismo de su sueño, que vive a dos niveles (él es un signo doble), pero que a través de la correa de siete estrellas que le une al otro yo seguirá percibiendo, sin embargo, la unidad interna. Piscis es uno de los signos más antiguos. Entre los indios quechuas este signo se llama también Pez. Es uno solo, como también lo era en la antigua Mesopotamia, donde, no obstante, también se conocía la Correa como signo, el cordel o cuerda que pasó a unir los dos peces, cuando se convirtió en un signo doble. En Babilonia fue también Ea, mitad humano, mitad pez. A veces se le representa con un hombrecillo en una mano y una escuadra en la otra. Por el historiador Berosio es llamado Joannes, conocido como Jonás por la Biblia.

Aquí el mito se desdibuja. Ea fue uno de los dioses que trajeron la cultura; surgió del océano para enseñar a los primeros hombres cómo debían vivir. En el relato bíblico, Jonás fue engullido por un gran pez cuando al principio se negaba a ir a predicar a Nínive la manera como debía vivir el pueblo. Cuando se hallaba cerca de la ciudad, fue vomitado por el pez para que cumpliera con su deber. Joannes desempeñó un maravilloso papel. De Juan el Evangelista se piensa que fue a predicar el evangelio al este de Jerusalén y allí fundó una iglesia, la iglesia nestoriana, que se aparta algo de la fe cristiana occidental. Algunos piensan que la población le veía como un Joannes que retornaba, un recuerdo de su dios Pez, que había traído la cultura. La cristiandad occidental conservó también un recuerdo de Juan, y este recuerdo fue más vivo cuando uno de los patriarcas orientales, llamado sacerdote Juan (Preste Juan), durante el tiempo de las cruzadas fue conocido por el rumor de que había peleado con los cristianos contra los musulmanes. En la Edad Media perduro la leyenda de Preste Juan, que llegó a tener olor de santidad. En el Renacimiento se conocía todavía el vínculo existente entre Johannes, Juan y el pez. En la Santa Cena de Leonardo da Vinci, Juan está representado como un Pez. Como es sabido, la predicación cae bajo el signo de Piscis y a los predicadores se les llama, a veces, «pescadores de almas».

Johfra encontró una hábil solución para el hecho de que Piscis es un doble signo dentro de una unidad. Los pintó azul y rosa en la forma del símbolo yin y yang de los chinos, el signo de la dualidad resuelta. El símbolo viene representado, por así decirlo, por Poseidón, llamado Neptuno entre los romanos. Antes este signo fue asignado a Júpiter. Después del descubrimiento de Neptuno en 1846 por John Cough Adams y U. J. J. Leverier, los astrólogos reconsideraron sus posiciones. Y lo hicieron a base de asociaciones. Júpiter es el bienhechor en la tierra, y en ella cuida de una exuberante vegetación. Neptuno hace lo mismo bajo el agua. Es un dios paternal y además un Hermano de Júpiter. Otras consideraciones llegaron tras varios acontecimientos acaecidos después de 1846, que no coincidían con Júpiter, y con ello pudo crearse una caracterología para Neptuno. La pintura de Johfra puede, por tanto, mostrar el signo de Piscis, arriba a la izquierda el de Neptuno, y arriba a la derecha el de Júpiter, pero sin signos, sellos y signatura mágicas.

El Lenguaje del Alma

 El simbolismo es el lenguaje del alma y aparece en todas las manifestaciones culturales de la humanidad. Una de las más antiguas, es la astrología, cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos. Los primeros pobladores de la tierra no solo observaban las estrellas, les profesaban un verdadero culto y conocían unos símbolos que el hombre nuevo ha olvidado. El presente libro trata de estos símbolos. No ha sido escrito tanto sobre la obra pictórica de Johfra, como sobre el apasionante simbolismo del Zodíaco, tal como ha sido visto y representado por este genial artista en las ilustraciones a todo color que han dado la vuelta al mundo en forma de posters.

Simbolismo Del Zodiaco De Johfra – Steehouwer Hein

Astrologia hermética

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