Astrologia Antiga

Los Signos del Zodiaco en Roma

esfera

Gregorio Rodríguex Herrera

 Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Resumen

En el presente trabajo ofrecemos información, bibliografía y material para el estúdio y la enseñanza de los signos del zodiaco desde la perspectiva de la mitologia clásica y de la astrología latina. No presentamos aquí nuevas aportaciones para el estúdio del zodiaco sino una síntesis de diferentes trabajos que, a nuestro juicio, conforman una imprescindible base teórica. Nuestra particular contribución en este campo será, pues, la selección de los textos y la propuesta de actividades.

1. Orígenes de los signos del zodiaco

Planisferio asirio (siglo VII a.C.) con diversas constelaciones

 El zodiaco occidental tiene su origen en Babilonia de donde es adaptado por los griegos1. Efectivamente, los asiriólogos han atestiguado una serie de constelaciones que responden a una organización del año en doce divisiones y anteriores a la existencia del zodiaco griego, por lo que se puede afirmar que el origen de los signos del zodiaco es caldeo.

Estas constelaciones que se han reconocido como el círculo zodiacal caldeo y sus equivalentes grecolatinos son:

lú hun.ga = Aries / zi-ha-ni-tu= Libra

mul = Pleiades / gír-tab = Scorpio

mas = Gemini / gír-tab = Scorpio

KUSÚ = Praesepe / suhur = Capricornus

ur.a = Leo / GU = Aquarius

ab.sin = Spica / zih = Pisces

1 Aunque durante algún tiempo se sostuvo que el origen del zodiaco estaba en Egipto, sin embargo, hoy parece incuestionablc quc el zodiaco egipcio que se utilizó para mantener esta teoría -la piedra de Dendera- es de época romana, por lo que se ha desechado esta teoría. Cf. BOUCHÉ-LECLERCQ, A. pp. 52-62; B.L. VAN DER WAERDEN.

En este listado las constelaciones Pleiades, Praesepe y Spica se corresponden con estrellas que conforman los signos de Taurus, Cancer y Virgo respectivamente, por lo que se encuentran en la elíptica del sol y son el precedentede los signos de nuestro zodiaco.

 Junto con el movimiento del sol, de la luna y de la constelaciones, los caldeos identificaron cinco planetas que asimilaron a otras tantas divinidades: Isthar, diosa del amor, Marduk, la estrella blanca, el creador, dios protector de Babilonia, su hijo Nabíit, dios de las ciencias y las tablillas del destino, Nergal, dios de los infiernos y las armas de brillo rojo, y Ninurtu, sol fatigado, astro de la justicia y el orden2.

También entre los caldeos comenzó a desarrollarse la idea de que el signo zodiacal de una persona no era más que un elemento de su mapa celeste en el que hay que tener en cuenta también el sol, la luna y los planetas.

2 De igual forma se conservan diferentes figuras babilónicas que representan las constelaciones de su zodiaco, de evidente similitud con las figuras de la piedra zodiacal de Dendera (egipcia) y las representaciones grecolatinas, hechos todos que rednndan en la idea de que el origen del zodiaco es caldeo. Cf. B.L. VAN DER WAERDEN.

Así pues, podemos concluir que los caldeos habían establecido un método de observación celeste y de horóscopos en los que, aunque de manera rudimentaria, reconocemos los temas e inquietudes de la astrología grecolatina y concretamente el zodiaco.

 2. El zodiaco en el mundo griego

Tablette_

Petosiris

Favorecidos por el sincretismo religioso que se impone en época helenística, los griegos asimilan el zodiaco caldeo y conforman un zodiaco cuyas características más relevantes son: a) el establecimiento de un círculo zodiacal de carácter anual, trazado geométricamente a través de las estrellas y de duración regulada; b) la insistencia, sobre todo en época helenística, en la horoscopia individual y c) la mitificación del cielo.

Varios factores favorecen la asimilación del zodiaco caldeo en Grecia:

a) Los poetas y mitógrafos relacionaron los signos zodiacales com catasterismos de la mitología nacional para así reducir los aspectos más exóticos y menos reconocibles para su cultura que se encontraban en los originales caldeos. Sirva de ejemplo cómo Sagitario es asimilado a los centauros y las leyendas de Tesalia. A esta definitiva mitificación contribuye Eratóstenes con sus Catasterismos, recogidos por Higino en sus Astronomica, y Arato com sus Fenómenos, que será la obra que fije definitivamente para la cultura occidental los nombres míticos de las estrellas, a través de la influencia ejercida por las traducciones latinas de Cicerón, Germánico y Avieno.

b) Por otro lado, la creencia en dioses astrales es antigua entre los griegos, que reconocieron como tales el Sol, la Luna, las Estrellas y el Cielo. Por ello, las divinidades astrales de los caldeos son fácilmente asimiladas por los griegos del siglo III y IV a. C., que al Sol, la Luna y Venus -único planeta conocido por ellos- traducen la tutela de los otros planetas. Así Afrodita se asimila a Isthar, Zeus sustituye a Marduk, Hermes a Nabút, Ares a Nergal y, por último, Cronos a Ninurtu.

Así pues, los rasgos de los antiguos dioses, héroes y nionstruos de la mitologia pasan a convertirse en peculiares influjos de las estrellas sobre el hombre, dando lugar a la melothesia, que asigna las distintas partes del cuerpo a los distintos planetas según los dioses que los representan o a los mismos signos, y a la genethlialogia u horóscopo, práctica de pronosticar la fortuna a partir del día de su nacimiento, según la posición de los signos de zodiaco y los planetas; el infujo de las estrellas sobre los pueblos, surgiendo así la etnografía astrológica, esto es, la intervención del zodiaco y los planetas en la geografia terrestre según la idiosincrasia de los dioses correspondientes a cada uno; y, por último, la influencia sobre diferentes lugares de la tierra que desembocan en la corografía, es decir, en la preponderancia del zodiaco y los planetas en la geografía terrestre según la geografía mítica de los personajes y animales representados.

La doctrina estoica será la que ofrezca a la astrología el fundamento teórico y el prestigio filosófico necesarios. Para ello, se parte de la creencia babilônica de que la historia del hombre reproduce la de un ciclo anterior, que es recogida por los estoicos dado que se adapta al sistema de causas y efectos característico de su filosofía y a la justificación racional de los acontecimientos. A esto se añadía, además, la empatía con el universo y la creencia en la providencia divina. Así pues, al asimilar esta idea, los astrólogos dotan a su ciência de prestigio filosófico.

3. El zodiaco en Roma

A part of a stellar map from the book by Stanislai de Lubiebietski Theatrum cometicum, 1681.

3.1. Asimilación

 El zodiaco, en particular, y la astrología, en general, llegan a Roma de la mano de la asimilación de la cultura helenística. En los niveles populares el sincretismo religioso -dioses romanos, dioses egipcios, sectas orientales- y la poca creencia en los sistemas de adivinación tradicionales de Roma hicieron que el pueblo confiara más en la turba de astrólogos que invade Roma que en las tradiciones nacionales. No obstante, a los romanos siempre les preocupo la desordenada irrupción de la cultura helenística en Roma, por lo que la astrología también encontró detractores que no admitían el fatalismo implícito de estas doctrinas “, entre ellos se encontraban Catón, Lucrecio o Cicerón, que manifiesta en De divinatione, 2.89:

Argumentan de este modo los que defienden estas predicciones de los caldeos a partir del día de nacimiento: dicen que en el círculo de signos, que en griego se llama zodiaco, hay una fuerza tal que cada una sola parte de este círculo ella sola puede mover a las demás en un sentido y puede cambiar el cielo… En efecto, como con el avance y retroceso de las estrellas se producen grandes cambios y variaciones de estaciones y temperaturas, … ellos piensan que de la misma manera los niños al nacer son influidos y configurados por las estrellas y a partir de esto se moldean su ingenio, sus costumbres, su espíritu, su cuerpo, su actividad vital, su suerte y su destino. iQué locura más increíble!

Estas opiniones contrarias a la astrología, el carácter supersticioso del romano y la exagerada afición de los romanos por los horóscopos dan lugar a una de las más significativas aportaciones de Roma a la historia del zodiaco y a la astrología: la prohibición de la actividad de los astrólogos. El primer senatus consultum que prohibe esta actividad es promovido por Cornelio Escipión Hispano y decretado en el 139 a.C. Aun así, la actividad de los astrólogos continuó a juzgar por las renovadas prohibiciones y las sucesivas expulsiones decretadas, como la que recoge Tácito en Annales, 2.32.3, referido al 19 d.C.:

Se hicieron también decretos del Senado sobre la expulsión de Italia de los astrólogos y magos; de entre ellos, Lucio Pituano, fue arrojado desde la roca (Tarpeya); a Publio Marcio lo hicieron ejecutar los cónsules a la manera antigua fuera de la puerta Esquilina, después de ordenar que sonara la trompeta militar.

A pesar de esto, en las capas aristocráticas la creciente influencia de las doctrinas estoicas, que como dijimos constituyeron el fundamento teórico de la astrología, impulsa esta ciencia entre los padres de la patria que reciben visitas tan importantes como la de Diógenes de Babilonia, como embajador en el 156 a.C. Por todo ello, no debe resultar extraño que Cicerón incluya la observación de las estrellas como un sistema adivinatorio aceptado con matices por los estoicos incluso manifieste su utilidad en circunstancias precisas, según se desprende de De divinatione, 2.90:

En efecto no todo error ha de llamarse estupidez. El estoico Diógenes concedió una cosa al zodiaco: que podía predecir únicamente con qué carácter o para qué cosas habría de ser especialmente apto cada uno, las demás cosas que declaran sobre los signos, niega que puedan saberse de algún modo.

 Más tarde Tácito en Annales, 6.22.1-2, insistirá en la opinión que sobre los horóscopos mantienen los epicúreos, que no aceptan la predestinación, y los estoicos, que admiten cierta vinculación de las estrellas con las aptitudes naturales de un individuo, aunque sin coartar su libertad para elegir su próprio destino:

Pero yo, al oír estas y otras historias parecidas, tengo la duda de si las cosas de los mortales se rigen según el hado y una necesidad inmutable o según el azar. Desde luego, a los más sabios de los antiguos y a sus seguidores los encontrarás divididos: muchos (los epicúreos) tienen la idea de que ni nuestros principios ni nuestro fin ni, en definitiva, los hombres preocupan a los dioses y que por eso con mucha frecuencia les suceden desgracias a los buenos y venturas a los malos. En cambio otros (los estoicos) creen que hay un destino ligado a la historia, pero no derivado de las estrellas errantes, sino establecido a partir de los principios y vínculos de las causas naturales; y que, sin embargo, nos dejan la elección de la vida, que una vez que se há elegido, el orden de los acontecimientos es fijo; que no es bueno ni malo lo que el populacho así considera, que muchos que parecen abrumados por la

adversidad son felices, y que muchos otros, aunque tienen grandes riquezas, sin embargo, son muy desgraciados17.

3.2. El zodiaco en la vida cotidiana

Frontispiece from Ebenezar Sibly Celestial Science, London, 1790

Lo cierto es que, a pesar de las prohibiciones y expulsiones de los astrólogos, a finales de la República y durante el Imperio, la práctica del horóscopo, en particular, y de la astrología, en general, es habitual en Roma, según se desprende de su presencia en la literatura latina.

Las actividades privadas más elementales se ven mediatizadas por estas prácticas, de ahí que no extrañe la mordaz crítica de Juvenal en su Sátira 6.572-581:

Recuerda que también debes evitar relaciones con aquella mujer en cuyas manos veas, como si fuese una grasienta bola de ámbar, un calendário astrológico muy estropeado. Ésta no se atreve a nada y, sin embargo, se Le consulta. Ésta cuando su marido va al campamento o cuando vuelve a casa, no irá con él disuadida por las predicciones del astrólogo Trásilo. Cuando le apetece que la lleven de paseo hasta el primer miliario, la hora la toma del libro de horóscopos, si el rabillo del ojo le escuece pues se lo frotó, solo pide colirios tras consultar el libro. Aunque esté postrada, ninguna hora le parece más adecuada para alimentarse que la que el astrólogo Petosiris haya determinado.

Del mismo modo los nacimientos y la muerte aparecen vinculados a las prácticas astrológicas y al horóscopo concretamente. Del primero de los acontecimientos veamos la invectiva de Ovidio en Ibis 209-221:

Has nacido con mal agüero, así lo quisieron los dioses y ninguna estrella te fue favorable o dulce al nacer. No brilló Venus ni tampoco Júpiter em aquella hora, ni la Luna ni el Sol estaban en sitio adecuado. Ni te brindo una luz bien situada el que parió la luminosa Maya del gran Júpiter. A ti te oprimieron los fieros astros de Marte y del anciano portador de la hoz, que nada agradable prometen. También el día de tu nacimiento, para que no vieses nada que no fuese triste, fue feo, negro y cubierto de nubes. Ese día es el mismo al que da su nombre el terrible Alia en el calendario, cualquier dia que trajo a Ibis, trajo desastres públicos.

Sobre la muerte y los astros queremos destacar los textos de Horacio carm.1.11 y carm., 2.17.17-32:

Tú n o me preguntes -¡Pecado saberlo!- qué final a mí, cuál a ti nos han dado los dioses, Leucónoe, y no consultes los horóscopos babilonios. ¡Cuánto mejor soportar lo que venga, tanto si muchos inviernos nos ha concedido Júpiter como si el último es el que ahora debilita el mar Tirreno batiéndolo contra escollos enfrentados! Sé sabia, filtra vino y, siendo breve la vida recorta una esperanza larga. Mientras hablamos, huyó envidioso el tiempo: aprovecha el día, fiándote lo menos posible en el de mañana:

Ya me mire Libra o el espantoso Escorpión, el aspecto más violento de mi hora natal, o Capricornio, señor de las olas de Hesperia, nuestras estrellas concuerdan fabulosamente; a ti, la tutela resplandeciente de Júpiter te arrancó del impío Saturno y retrasó las alas del volátil Hado, cuando el pueblo en gran número te aplaudió con alegría por tres veces en el teatro; a mí me habría aplastado un tronco caído sobre mi cabeza, si Fauno, guardián de los protegidos de Mercurio, no hubiera evitado el golpe con su diestra. Acuérdate de ofrecer las víctimas y el templo prometido; yo ofrendaré una humilde cordera.

Incluso la sexualidad se ve afectada por la creencia en la astrología como vemos en Juvenal, Satira 9.32-34:

Los hados rigen a los hombres, también a los miembros que se esconden bajo un traje. Pues si las estrellas te abandonan, de nada te servirá el extraordinario tamaño de tu larga verga.

Asimismo se recogen en los textos literarios críticas a los astrólogos que prostituyen su ciencia a cambio de dinero como por ejemplo en Propercio 4.1.77-86:

A mí, Horos, me ha engendrado el babilonio Órope, descendiente de Arquitas y mi familia procede de mi antepasado Conón. Los dioses son testigos de que no he deshonrado a mi familia y de que en mis libros de astrologia nada antepuse a la verdad. Ahora han puesto precio a los dioses –se engaña a Júpiter por oro- y a los signos del círculo zodiacal.

En la vida pública Sulla, Pompeyo o Craso consultaron astrólogos. Las legiones de César luchan bajo un estandarte con el signo de Tauro, la casa del planeta Venus, mater genetrix de la gens Iulia. Augusto hace acuñar monedas con el signo de Capricornio, bajo el que había nacido, tal como recoge Suetonio en Augustus, 94.12.:

Durante su retiro en Apolonia, subió en compañía de Agripa al observatorio del astrólogo Teógenes; como se le había pronosticado a Agripa, que había sido el primero en consultarle, un futuro magnífico y casi increíble; él por temor o por vergüenza de que su horóscopo resultase menos brillante, callaba la hora de su nacimiento y se negaba a darla a conocer. Cuando, después de muchos ruegos, por fin los dio aunque con desgana y dudas, Teógenes se levantó y se postró ante él. A partir de este momento tuvo Augusto tanta fe en su hado que hizo divulgar su horóscopo y acuñar monedas de plata con el signo de Capricornio, bajo el cual había nacido.

También Augusto sitúa su época bajo el signo de Libra, como reflejo de la justicia y el orden que trae a una Roma maltrecha tras las disputas civiles, tal como expresa Virgilio en georg., 1.32-35:

Quizás prefieras añadirte como nuevo astro a los meses largos, por donde se abre un espacio entre Erígone y las Pinzas que la siguen (el ardiente Escorpión encoge ya sus brazos para ti y te ha dejado una parte del cielo más que suficiente).

Tras la muerte de Augusto el zodiaco y los horóscopos mantienen una constante: los emperadores prohíben su actividad pero mantienen un astrólogo a su lado. Así Tiberio mantiene a Trasilo y, primero, Nerón y, después, Vespasiano a Barbilo, hijo de Trasilo. Sobre la afición de Tiberio a los horóscopos leemos en Tácito Annales, 6.20.2-21.3:

No quisiera pasar por alto una predicción de Tiberio sobre Servio Galba, que entonces era cónsul. Habiéndolo tanteado con diversas observaciones, por último le dijo en griego algo parecido a esto: “También tú, Galba, proharás algún día el império”, presagiando, gracias a sus conocimientos de la astrología, su reinado tardío y breve. Tiberio había dedicado a aprenderlas su tiempo libre en Rodas bajo el magisterio de Trasilo, cuyos conocimientos probó del modo siguiente.

Todas las veces que hacía consultas sobre este tema, utilizaba una parte alta de la casa y la ayuda de un solo liberto. Éste, que era analfabeto y muy robusto, por una zona difícil y escarpada -pues la casa está situada sobre rocas- precedía al astrólogo cuya pericia quería probar Tiberio, y de regreso, si había alguna sospecha de mentira o de engaño, lo arrojaba al mar para que no quedara testigo alguno de su secreto. También así fue conducido Trasilo a las mismas rocas, y como al interrogarlo lo impresionó pues le adivinó claramente su reinado y el futuro, Tiberio le preguntó si también había averiguado su propio futuro, y qué le esperaba en aquel año y día. Midió él la posición y los espacios de los astros y primero vaciló, luego se asustó y, cuanto más calculaba, más y más temblaba de admiración y miedo; luego dice que lo amenaza un peligro poco claro pero casi definitivo. Entonces Tiberio, abrazándolo, lo felicita porque había previsto los peligros y porque iba a salir de ellos sano y salvo; y tomando su predicción como un oráculo, lo incluye entre sus amigos íntimos.

3.3. Fuentes latinas para el estudio del zodíaco

18th century engraving_

Otra aportación del mundo romano fue el importante número de obras que se dedicaron a la astrología/astronomía y en las que leemos capítulos dedicados al zodiaco. Además, estas obras, en la medida en que recogen las enseñanzas helenísticas, son las transmisoras de las doctrinas e ideas sobre el zodiaco gestadas en la cultura grecolatina.

Un primer grupo de obras lo forman las que vinculan la astrología con la literatura técnica. Así, la astronomía y la astrología se ligan en Roma a la agronomia en la medida en que el conocimiento de las estrellas puede aportar luz y predecir los ciclos de la naturaleza. En esta línea dedican apartados a estas disciplinas Varrón, Columela y Plinio el Viejo, e incluso Vitrubio en su tratado de arquitectura. En tanto que son disciplinas vinculadas a la física encontramos en Lucrecio y Séneca importantes pasajes.

En un segundo grupo encontramos las obras estrictamente astronómicas/astrológicas y, por tanto, con interesante material sobre los signos de zodiaco. Las dividimos en dos grupos: las traducciones de los Fenómenos de Arato y las obras estrictamente de astronomía, esto es, Nigidio Fígulo, citado por Varrón, Manilio, Higino, que completa a Arato, y Fírmico Materno que realiza una síntesis de las doctrinas babilónicas, egipcias y griegas.

Un tercer grupo son las obras clásicas que incluyen opiniones o datos sobre la astrología -obras filosóficas-, aspectos de la vinculación de la astrologia con la vida cotidiana y ejemplos de mitificación de las estrellas. Estas clasificación puede apreciarse en el siguiente cuadro:

Astrología vinculada a obras técnicas: I a.C. Lucrecio, De rerum natura, 5. (Varrón) Vitrubio, Arch., 9 I d.C. Séneca, Naturales Quaestiones, 7 Columela R.r., 9,2 Plinio, Naturalis Historia, 2 y 18.

Traducciones de Arato: I a.C. Cicerón I d.C. Germánico IV d.C. Avieno.

Tratados de astronomia: I a.C. (Nigido Fígulo) I d.C. Manilio, Astronomica Higino, De astronomia II. d.C. Vecio Valente IV d.C. Fírmico Materno Mathesis.

Otras obras: I a.C. Cicerón, De natura deorum, De diuinatione. Ovidio, Fasti, Metamorphoseon. I d.C. Suetonio, Petronio, Juvenal, Tácito, Annales.

3.4. El zodiaco en la lengua latina

Aratea

Otra importante aportación del mundo latino al zodiaco occidental fue darle a los signos y a las estrellas que lo componen los nombres con los que han sido denominados hasta nuestros días.

El carnero se denomina en griego κρίος y en latin Aries, agnus, laniger. F. Materno lo traslada tal cual del griego y leemos Crios y en Manilio se le da el epíteto corniger, habitual para taurus.

El toro se denomina en griego Ταύρος y en latin Taurus. Otros nombres pero poco frecuentes son bos o semibos.

Los gemelos se denominan en griego Δίδυμοι y en latin gemini. También se les nombra mediante perífrasis como geminum astrum o sidus geminum.

El cangrejo se denomina en griego Καρκίνος y en latin cancer. También encontramos la transcripción carcinus y la palabra africana nepa.

 El león se denomina en griego Λέων y en latin Leo.

La doncella se denomina en griego Παρθένος y en latin uirgo. También con la perífrasis uirginis artus.

La balanza. Este signo era en un principio las pinzas del escorpión de ahí que en griego χηλαί y en latin se trancriba en Chelae e incluso los poetas la denominen brachia. Cuando las pinzas de escorpión se asimilan a los platos de una balanza su denominación es en griego ζυγοί y en latin libra. También en latin encontramos iugum para referirse al brazo de la balanza. En otros casos encontramos nombres que amalgama las pinzas y la balanza: iuga Chelarum, Chelarum fides, librantesChelae.

El escorpión es nombrado en grigo Σκορπίος y en latin scorpios, scorpius o scorpio. Los poetas prefieren las dos primeras y las prosistas la tercera.

El arquero se llama en griego Τοξότης, Τοξευτήρ, Τοξευτης o la perífrasis ρύωρτ τόξου y en latin Sagittarius, que debido a su difícil encaje en el hexámetro presenta variedad de nomenclaturas: Sagittipotens, Sagittiger, Sagittfer, Arcitenens, Arquitenens, Belliger y Cornipes. Alguna vez se le nombra por alguno de SUS elementos característicos: Arcus, Sagitta. Frecuentemente Manilio lo llama también Centaurus, lo que conduce a equívoco con la constelación austral del mismo nombre. También se recurre en algunos casos a perífrasis como mixtus equo o iunctus equo. Inspirado en la perífrasis griega ρύωρτ τόξου encontramos tendens arcum o spicula torquens.

La cabra la encontramos en griego Αίογκερεύς como y en latin como Capricornus. Se translitera como Aegoceros y también se le nombra como caper, capra o capella. En referencia a su imagen como híbrido de cabra y pez encontramos términos como piscinus caper, caper aequoris, neptunia capra o pelagi capella.

El aguador es en griego Υδροχόος o Υδροχοεύς y en latin Aquarius y raramente la transliteración Hydrochoos. Por alusión a Ganímedes se le denomina iuuenis, iuuenale astrum. Algunas perífrasis utilizadas para referirse a este signo son gestator aquae, urnam qui tenet o fusor aquae. En Manilio encontramos urna en referencia al recipiente que porta el joven.

Por último los peces se denominan en griego Ιχθύες o Ιχθύες άμϕότεροι y en latin pisces o las perífrasis aequora astra y fluitantia signa. Para indicar que son una pareja se utilizan: duo, gemini, utrique, ambo, duplices, gemelli y para indicar su orden boreal o austral: boreus, septentrionalis, aquilonalis, aquilonius, por una parte, y notius, austrinus, australis, inferior, por otra.

Con esto terminamos las denominaciones de los signos del zodiaco como constelación unitaria; sin embargo, dentro de cada signo las estrellas más brillantes tienen su propio nombre y/o los astrónomos han adoptado la convención de referirse a estas estrellas de cada signo con las letras griegas que les asignó el alemán J. Bayer en 1603. Así la estrella más brillante recibe la letra α, la segunda β y así sucesivamente, siendo ésta una oportunidad de introducir a los alumnos en el alfabeto griego. Estas estrellas son:

En Gemini a la estrella α se le llama Cástor y a β Pollux.

En Leo el corazón del león, que se denomina en griego Βασιλίσκος y en latin regulus.

 En Virgo la espiga y la vendimiadora. La espiga se denomina en griego Στάχυς y en latin spica. La vendimiadora se expresa en griego Προτρυγηρήτ y en latin los autores de astronomía la citan textualmente, mientras que Ovidio la denomina uindemitor.

En Scorpio Antares del griego Αντάρης y en latin se recurre a las perífrasis stella clara Scorpionis o Scorpionis limpida stella.

En Pisces el nudo de los peces, que se denomina en griego δεόμά, λίνος, άρπεδόναι y en latin uincla, catenae, cingula, lineola, linus.

Como se puede observar el estudio del zodiaco desde la vertiente léxica ofrece muchas posibilidades de introducción a la lengua griega y, sobre todo, a la latina.

4. Aspectos relevantes en el tratamiento del zodiaco en los textos latinos

virgo

En este apartado tratamos una serie de aspectos relativos al zodiaco que podemos encontrar en diferentes obras y, especialmente, en los tratados latinos sobre astronomía. Estos aspectos son: los mitos y catasterismos vinculados a los signos, las tutelas de los dioses, la horoscopia y, finalmente, la melothesia.

4.1. Mitos y catasterismos

 Dentro de los diferentes signos del zodiaco encontramos que mientras algunos corresponden a un solo episodio mitológico, otros atañen a varios o bien presentan diferentes variantes de una misma historia.

Al primer grupo, los que corresponden a una sola historia, pertenecen los signos de Cancer que es el catasterismo de la Hidra de Lerna; Leo, del León de Nemea; Libra y Scorpio, del escorpión que mató a Orión y Piscis, que es el catasterismo de los peces en los que se metamorfosearon Venus y Cupido para así escapar de Tifón.

Entre los que pueden corresponder a varias historias tenemos a Taurus, del que dice Higino:

El toro. Se dice que éste ha sido incluido entre las estrellas porque transporto desde Creta a Europa sana y salva, según dice Eurípides. Algunos dicen que, ya que Io había sido convertida en vaca, fue colocada entre las estrellas, para que pareciese que Júpiter le pagaba una deuda, puesto que la parte anterior aparece como un toro, pero el resto del cuerpo parece más oscuro.

Higino, Astr. 2.21.1

Dentro de este mismo grupo encontramos signos en los que, aunque hay varios episodios míticos posibles, parece predominar una versión sobre las otras. Es el caso de Aries, en el que sobresalen Frixo y Heles, Gemini, em el que se imponen Cástor y Polux, o Acuarius, en el que destaca Ganímedes:

Acuario. Muchos dijeron que éste era Ganímedes, al que se creía que Júpiter, por su bello cuerpo, raptado de sus padres, lo había convertido en copero de los dioses y así (el signo) aparece como vertiendo agua hacia alguna parte. En cambio Hegesianacte dice que es Deucalión, ya que en su reinado cayó del cielo tan grande fuerza de agua, que, según se dice, se produjo un cataclismo. Eubulo, por su parte, señala que es Cécrope, recordando y mostrando la antigüedad de su raza y que, antes de que el vino se hubiese transmitido a los hombres, se había hecho uso del agua en los sacrificios a los dioses y que había reinado Cécrope antes de que el vino fuese inventado.

Higino, Astr. 2.29.1

En otros signos como en el caso de Virgo y Sagittarius según el autor al que nos acerquemos el origen mitológico del signo varía, llevando incluso a errores como es el caso de confundir Sagittarius con Centaurus.

En el caso de Virgo, Higino la destaca como la Justicia, aunque también enumera su identificación con la Fortuna o con Ceres.

Hesíodo dice que ésta es la hija de Júpiter y Temis; sin embargo, Arato considera que es la hija de Astreo y la Aurora, que existió al mismo tiempo que la edad de oro de los hombres y muestra que fue la más notable. A causa de su diligencia y equidad fue llamada Justicia, y en aquella época los hombres no combatían a las naciones extranjeras, ni ninguno había hecho uso de la navegación, sino que acostumbraban a vivir del cultivo de los campos. Pero los que nacieron tras la muerte de estos, empezaron a hacerse menos cumplidores y más avaros, por eso Justicia residía menos entre los hombres. Finalmente la situación llegó hasta tal punto que, según se dice, nació la estirpe de bronce de los hombres. Así pues, (Justicia) ya no lo pudo soportar más y voló hasta las estrellas. Pero unos dijeron que ésta es Fortuna y otros Ceres.

 Higino, Astr. 2.25.1

También Manilio la identifica con la Justicia pero en este caso a través de Erígone, hija de Temis.

Cuando aparezca en el cielo, Erígone, que gobernó con justicia épocas antiguas y luego huyó de aquellas épocas decadentes y preparó las altas cumbres del mayor imperio, dará un guía para la ley y el derecho sagrado que cuidará los templos de los dioses con sagrado respeto.

Manilio, 4.542-456

En el caso de Sagittarius, como ya dijimos, se identifica por algunos autores erróneamente con Centaurus. Sumados cuatro grados más, Centauro esparce sus estrellas y proporcio na sus costumbres a los que nacen bajo su signo.

Manilio, 5.348-349

Muchos lo consideraron un Centauro; otros, sin embargo, lo niegan, porque ningún Centauro utiliza flechas. Se cuestiona por qué ha sido desfigurado con patas de caballo y tiene cola como los sátiros. Ciertamente algunos dicen que se llamaba Crotón, hijo de una nodriza de las Musas, Eufeme. Según dijo el escritor de tragedias, Sosídeo, él había tenido su domicilio en el monte Helicón y acostumbraba a complacerse con las Musas, también alguna vez se ejercitaba en la caza. Así pues por su provechosa diligencia se granjeó una gran admiración; pues se había hecho muy rápido en los bosques y muy agudo en las artes. Por este interés suyo las Musas pidieron a Júpiter que fuese incluido entre las estrellas. Y así lo hizo Júpiter. Sin embargo como quisiera mostrar todas sus capacidades en una sola figura, hizo sus patas de caballo, ya que se había usado mucho el caballo, y le añadió flechas para que simbolizaran su agudeza y su celeridad. Le colocó una cola propia de los sátiros en su cuerpo porque las Musas habían encontrado en éste no menos satisfacción que Líber en los sátiros.

Higino, Astr. 2.27.1

Un caso curioso es el Capricornus, dados los diferentes intentos por encajar la figura caldea dentro de la tradición mitológica grecolatina. Así se afirma que es el hijo de la cabra Amaltea y de Pan. Júpiter, ya que se crió con él, quiso que estuviese entre las estrellas, como la cabra nodriza, de la que antes hablamos. También, se dice que, al combatir Júpiter a los Titanes, él, el primero, inspiró en los enemigos, el temor que se llama pánico, según dice Eratóstenes. Por esta causa y porque atacó a los enemigos con múrices en vez de con piedras, sus extremidades tienen forma de pez.

Higino, Astr. 2.28.1

O simplemente se afirma que es el dios Pan:

En ese mismo tiempo se dice que Pan se arrojó al río y que la parte posterior de su cuerpo tomó la forma de u n pez; además, la otra se convirtió en chivo y así huyó de Tifón. Júpiter, admirado de su inteligencia, colocó su figura entre las estrellas.

Higino, Astr. 2.28.2

 4.2. Tutela de los dioses sobre los signos del zodíaco

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Ya desde su origen los signos del zodiaco estuvieron bajo la influencia de los planetas, que a su vez representaban diferentes divinidades del panteón. En los siguientes textos se puede apreciar este aspecto:

Una vez estudiadas estas cosas, icuál será nuestra próxima preocupación? Conocer las tutelas y los dioses añadidos a los signos y qué cosas consagro la naturaleza a cada dios, cuando ofreció semblantes divinos a las grandes virtudes y estableció bajo sagrado nombre diversos poderes para que una persona pudiese imponer autoridad a estas cosas.

Palas protege a los Aries, Citerea a Tauro, Febo a los hermosos gemelos, Cilenio a Cáncer, tú mismo, Júpiter, junto con la madre de los dioses riges a Leo, la fértil Virgo es de Ceres y la artística Libra de Vulcano; el belicoso Escorpio está unido a Marte; Diana protege al hombre cazador, mitad caballo, y Vesta las unidas estrellas de Capricornio; Acuario, situado enfrente del de Júpiter, es el astro de Juno y Neptuno reconoce sus peces en el cielo.

Manilio, 2.433-447

Sobre las costumbres añaden esto: si Saturno los hace cautos, serios, lentos, avaros y callados, Júpiter los hace maduros, bondadosos, benignos y modestos, Marte crueles, pérfidos y fieros, el Sol religiosos, nobles y espléndidos. Venus lujuriosos, simpáticos y resplandecientes con el honroso brillo del encanto. Mercurio, astutos, fogosos, turbulentos por los cambios de su rápido espíritu. La Luna, agudos, brillantes, elegantes y populares, destacados por su brillo.

Fírmico Materno, Mathesis 2.2

4.3. Influencia de los signos del zodiaco sobre los hombres

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Un aspecto destacado de la astrología es sin duda la genetlíaca u horoscopia, esto es la influencia de los signos bajos los que ha nacido un individuo. De este rasgo son buena muestra los siguientes textos de Manilio:

Sobre Cancer dice:

Tenaz de espíritu, sin atarse a ninguna actividad, concede diversidad de beneficios y la habilidad en los negocios: probar fortuna por las ciudades con mercancía extranjera y, especulando con las carestías del trigo, confiar las riquezas a los vientos y ser capaz de vender los productos del mundo al mundo y establecer rutas comerciales por tierras desconocidas y buscar nuevas ganancias bajo otro sol y con el precio de las mercancías amasar repentinas fortunas.

Manílio, 4.165-172

De Leo leemos:

?Quién puede dudar cuál es la naturaleza del monstruoso Leo y qué aptitudes otorga a los que nacen bajo su signo? Siempre prepara nuevas luchas, nuevas batallas de fieras y vive del espolio y las rapiñas de los ganados; a los que nacen bajo este signo los domina este afán: adornar sus imponentes puertas con pieles, colgar en sus casas las presas capturadas, someter los bosques con el miedo y vivir de la rapiña … Su temperamento está igual de dispuesto para los repentinos ataques de ira que para el fácil arrepentimiento y los sentimientos de su honesto corazón son sencillo.

Manílio, 4.176-188

En cuanto a Virgo afirma:

A quienes al nacer Erígone les describió la vida, ella los encaminará hacia el estudio, preparará sus mentes para doctas actividades y no les ofrecerá tanto acumular una fortuna como interesarse por las causas y efectos de las cosas. Ella les dará el encanto de la palabra, el poder de la elocuencia y una mente brillante, para que puedan ver todas las cosas, aun las escondidas por los ocultos secretos de la naturaleza. Será veloz un secretario, que convierte la palabra en letra y cuyas notas sean más veloces que las palabras y toma con sus nuevas abreviaturas las numerosas palabras del que habla deprisa.

Manílio, 4.189-202

De el signo Aquarius dice las siguientes características:

Una estirpe agradable y dulces frutos nacen de este signo y son de noble corazón y proclives a las desgracias; ni les faltan ni les sobran las riquezas. Así fluye la urna.

Manílio, 4.270-272

Estos textos de Manilio están impregandos de la seriedad propia de una obra técnica cuyos fines era mostrar diferentes aspectos de la astrología y la astronomía antiguas. Sin embargo, no todos los textos son así y buena muestra de ello es el pasaje sobre la horoscopia que presenta Petronio, 1.39.5-15, la cena de Trimalción.

A mí nada original se me puede traer, por ejemplo, esa bandeja también tiene su explicación. Este cielo, en que habitan los doce dioses, se transforma entre otras tantas figuras, y al punto se hace Aries. Así todo el que nace en este signo tiene muchos rebaños, mucha lana, además la cabeza dura, la frente desvergonzada, el cuerno puntiagudo. La mayor parte de los eruditos y sus borreguillos nacen bajo este signo.

Alabamos las buenas maneras de nuestro astrólogo; y prosiguió:

Después, todo el cielo se hace Tauro: entonces nacen los coceadores, los boyeros y los buscavidas. En Géminis nacen las yuntas, los bueyes y los cojones y los que enlucen dos paredes a la vez. En Cáncer nací yo: por eso me mantengo con muchos pies y poseo muchos bienes tanto en el mar como en la tierra, pues el cangrejo se adapta bien a una y otra. Y por eso antes no puse nada sobre ese signo, para no ocultar mi estrella. En Leo nacen los glotones y los mandones. En Virgo los afeminados, los fugitivos y los encadenados. En Libra los carniceros, los perfumistas, y los que venden algo. En Escorpio, los envenenadores y los asesinos. En Sagitario los bizcos, que miran las verduras y cogen el tocino. En Capricornio los desgraciados, a quienes por sus males les nacen cuernos. En Acuario los taberneros y los batatas. En Piscis los proveedores y los rétores. Así el círculo gira como una muela de molino y siempre hace algún mal, para que los hombres mueran o nazcan. En cuanto a la hierba que veis en el centro y el panal que está encima, los pongo con intención. La madre tierra está en el centro de todo, redonda como un huevo, y en ella están todas las cosas buenas como el panal.

4.4 La Melothesia

La asignación de un signo del zodiaco a las diferentes partes del cuerpo se consolida en el mundo griego y de ahí se traslada a Roma en donde también encontramos textos en este mismo sentido:

Aprende las partes del hombre protegidas por las estrellas y cómo cada una obedece a una autoridad concreta, en las que los signos ejercen especial influencia. Aries, el primero, escogió la cabeza y Tauro el hermosísimo cuello, a Géminis, con igual dedicación, se adscriben los brazos unidos por los hombros y el pecho se ha colocado bajo la protección de Cáncer y los costados y la espalda son de Leo, el bajo vientre tiene la particular protección de Virgo, Libra rige las nalgas y Escorpio se alegra con las ingles, Centauro coge los muslos, Capricornio gobierna una y otra rodilla, el señorío de las piernas es del escanciador Acuario y Piscis pide para sí el derecho sobre los pies.

Manílio, 2.453-465

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Bibliografía

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