Astrologia na Medicina e Psicologia

Astrología y Chamanismo

Andrea Mantegna (Isola di Carturo, circa 1431- Mantua, 1506) Parnassus

Victoria Zain

 Mercurio: Mundos Cognitivos

“El hombre necesita ahora, más que nunca, que le enseñen nuevas ideas que tengan que ver exclusivamente con su mundo interior; ideas de chamanes, no ideas sociales; ideas relativas al enfrentamiento del hombre con lo desconocido, con su muerte personal. Ahora, más que nunca, necesita que le enseñen los secretos del punto de encaje”.

Carlos Castaneda, La Rueda del Tiempo

Mercurio: Realidad, el Hechizo del Mundo

 “La realidad, o el mundo tal y como lo conocemos, es sólo una descripción, un flujo interminable de interpretaciones perceptuales que quienes pertenecemos a una determinada sociedad hemos aprendido a formular en común”.

Carlos Castaneda

I. La Transmisión Cultural de Descripciones

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Sabemos que a medida que el bebé va saliendo de su estado lunar, pre-consciente, de fusión material con su madre y con el medio ambiente, comienza la etapa mercurial del desarrollo psíquico.

El niño aprende, este es un hecho final para todos los que pertenecemos a nuestro mundo civilizado. En astrología relacionamos este aprendizaje con Mercurio. Normalmente le asignamos el segundo septenio, que va desde los 7 a los 14 años de edad, ya que en este período lo más sustancioso de nuestra vida transcurre en la escuela. No obstante el entrenamiento mercurial comienza mucho antes.

El entrenamiento mercurial puede describirse brevemente como sigue:

Nos separamos del núcleo contenedor materno y emprendemos el camino del concienciamiento. La escisión gradual respecto del estado inicial lunar de fusión indiferenciada con el todo implica un salto evolutivo sin precedentes, pues da lugar a la conciencia de ser y la percepción.

Conseguimos nuestra primera independencia de aquel todo en el que estábamos inmersos con los primeros pasos que damos, cuando podemos movernos dentro de los espacios de aquel todo, cuando gateamos y luego al caminar. También, paralelamente, cuando aprendemos el código de nuestro entorno, y aprendemos el nombre que le corresponde a las cosas que nos rodean, que aprendimos a diferenciar. Incluso a nosotros mismos nos reconocemos con un nombre y respondemos a él, porque también aprendimos a concebirnos como una entidad separada y diferente del resto de los objetos.

Entonces comienzan a emerger las funciones auténticamente mentales o conceptuales. Conforme se desarrolla el lenguaje, nos vemos trasladados hacia el mundo de los símbolos, las ideas y los conceptos, elevándonos gradualmente por encima del simple, instintivo, inmediato e impulsivo ego corporal (lunar). Paralelamente comenzamos a gozar de la conciencia del tiempo porque “entre otras cosas, el lenguaje aporta la capacidad ampliada de imaginar secuencias de cosas y sucesos no inmediatamente accesibles a los sentidos corporales. El lenguaje es el medio de tratar al mundo no presente; a través del lenguaje podemos anticipar el futuro, hacer proyectos y canalizar hacia el mañana las actividades del presente”.

Así es que el yo emerge como un ente mental, verbal o sintáctico. “El pensamiento lineal, conceptual abstracto y consenso-verbal penetra decisivamente en cada uno de los elementos del concienciamiento”.

Y para resumir, el proceso mercurial de escisión está completo cuando cada yo individual se ha convertido en una “unidad auditiva,verbal, dialogante y autoconceptual sintáctica” y puede coordinar o conectar todo lo aprendido a lo largo de esos años a través del uso adecuado de la mente pensante, con la cual cada ego separado se identifica. En realidad, el hombre promedio se identificará con su ego-mental hasta el resto de sus días.

He escrito en cursiva las claves con las que Mercúrio suele reconocerse. Por otra parte, remito a las obras de psicología transpersonal, especialmente de Ken Wilber, para quien desee profundizar sobre el desarrollo de la psiquis humana desde una perspectiva integral y evolutiva.

La idea que pretendo subrayar en el contexto de esta indagación es, en primer lugar, que dicho aprendizaje que se da en los primeros años de nuestra vida tiene una importancia descomunal, porque nos dejará una impronta definitiva y final. No obstante, por definitiva que nos parezca, el tipo de conciencia de ser que desarrollamos no lo es tanto, como iremos viendo. Y es que de la mano de Mercurio aprendemos a conocer y a manejarnos dentro de los confines de un mundo muy singular: el que nos ha visto nacer.

La stella di Hermes Mercury

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Naturalmente, siendo niños, no nos enseñamos el mundo solitos. Muy al contrario, somos guiados y asistidos en este aprendizaje, que es intensivo y compulsivo, sostenido y sin recreos. “Algo de gran importancia en esta etapa es el hecho de que el niño desarrolla la sintaxis a partir de los que le rodean; empieza a reconstruir el mundo percibido por la gente de su entorno. A través del lenguaje, la gramática y la sintaxis, aprende una descripción determinada del mundo, a la que le enseñan a llamar realidad”.

Nuestros padres, la escuela primaria, secundaria, los medios de comunicación… todo el mundo circundante, tiene a su cargo la transmisión de las descripciones acerca de cómo la realidad es, y cómo nuestro mundo funciona.

El brujo yaqui Don Juan Matus le enseñaba a Carlos Castaneda que todo aquel que entra en contacto con un niño es un maestro que le describe incesantemente el mundo hasta el momento en que el niño es capaz de percibir el mundo tal como se le ha descrito.

El proceso mercurial de aprendizaje es el que nos lleva a incorporar y reproducir descripciones que han sido establecidas mucho antes de nuestro nacimiento. Con Mercurio aprendemos a conocer las reglas del juego de la realidad del mundo cotidiano, y cómo relacionarnos con ella.

 A cada nuevo nacido, Mercurio, usando la voz de cada miembro de su entorno inmediato, le describe las reglas preestablecidas que caracterizan a nuestro mundo, y cada nuevo nacido se amolda a esas reglas y se aprende esas descripciones de memoria hasta que las hace propias, y es entonces que quedan arraigadas en su conciencia.

Es otra forma de decir que desde muy temprana edad nos vamos alineando con los parámetros del mundo cognitivo vigente que nos condiciona para percibir la realidad, dando lugar a una conciencia de ser determinada, esto es: una forma específica de relacionarnos con la realidad, incluida la realidad de nosotros mismos. Mercurio es el arquetipo planetario que gobierna este alineamiento.

 II. La Necesidad de un Alineamiento Cognitivo

Practica cum duodecim clavibus in Musaeum

Lo que en astrología llamamos “Mercurio” es, pues, la función responsable de nuestra cognición.

 La cognición es parte integrante del modo en el que un sistema vivo (orgánico o inorgánico) interactúa con su entorno. A medida que aumenta el grado de complejidad de un sistema vivo, se incrementa su territorio cognitivo. A un cierto nivel de complejidad, un organismo vivo se acopla estructuralmente no sólo a su entorno, sino consigo mismo. En los seres humanos, la cognición está íntimamente vinculada al lenguaje, el pensamiento y la conciencia.

Para los brujos del linaje de don Juan, el acto de estar vivo es definitivamente una cuestión de cognición. Entendamos pues por cognición“los procesos responsables de la conciencia de la vida cotidiana, procesos que incluyen la memoria, la experiencia, la percepción, y el uso experto en cualquier sintaxis dada”, según la definición de Carlos Castaneda.

Por supuesto, la pedagogía mercurial es absolutamente necesaria para la sociabilización, es algo que no puede ser evitado, es lo que, entre otras cosas, nos asegura de que cuando hablamos de algo nos estamos refiriendo al mismo fenómeno.

La palabra “comunicación”, que atribuimos a Mercurio, deriva del latin commune y del sufijo ie similar a fie que significa “hacer”. Uno de los significados del término “comunicar” es pues el de “hacer común”, es decir: la transmisión de información o de conocimiento entre una persona y otra del modo más exacto posible. Ahora bien, para que exista la posibilidad de la comunicación entre los individuos, estos deben compartir cierta semántica lingüística, una visión parecida del mundo, y para ello sus percepciones deben estar alineadas…en suma, deben compartir una realidad.

 El consenso acerca de una realidad determinada es la condición intrínseca a la sociabilización. Y en este sentido, la función Mercurio incorpora en nosotros las pautas intersubjetivas de la conciencia, por cierto necesarias, que generan en nuestra psiquis un “amplio sustrato inconsciente, de naturaleza fundamentalmente lingüística, de sentimientos, realidades descriptivas y percepciones compartidas, (siendo) el único aglutinante psicológico que puede servir para cohesionar una sociedad”.

El lenguaje es algo colectivo. También el pensamiento individual es el resultado del pensamiento colectivo y de nuestra interacción con los demás. Reparemos por ejemplo en nuestras opiniones, que tendemos a experimentarlas como nuestras propias verdades; en realidad son el resultado del pensamiento pasado, de todas nuestras experiencias y de lo que otras personas -un profesor, la familia, alguna lectura o lo que fuere- han dicho o han dejado de decir. Como el físico David Bohm bien señala, es cierto que individualmente podemos pensar en varias cosas, pero la mayor parte -sino la totalidad- de nuestro pensamiento procede de nuestro sustrato colectivo. Y todo ello se halla inscrito en el programa de nuestra mente.

Podemos decir que cada cultura -es decir, el significado compartido- que subyace a todo tipo de organización social, está cohesionada desde su interior: desde el sustrato mercurial, un gran almacén inconciente de la cognición que opera en todos sus miembros. Cada cultura dispone de sus propios mitos, fantasías colectivas que suelen introducirse en nuestro campo perceptivo como si se tratara de realidades tangibles.

Mercurio instala en nuestro disco duro el mismo software operativo para todo el mundo. Todos lo reproducimos mecánicamente en nuestro cotidiano; todos lo transmitimos sin pensarlo e incluso sin saberlo. Todos contribuimos en la instalación del mismo software en la conciencia de todo nuevo ser que emerge en nuestro mundo.

“El proceso evolutivo de la humanidad ha terminado generando un sustrato de conocimiento tanto manifiesto como tácito -dice Bohm-, en gran medida responsable de nuestra percepción del mundo, del significado que atribuimos a los eventos e incluso de nuestra misma sensación de individualidad. Tal conocimiento, o pensamiento, se mueve independientemente del individuo, o incluso de una determinada cultura, de modo muy parecido a como lo hace un virus”.

Para resumir, toda cultura supone una realidad de consenso y dispone de un imperativo cognitivo instalado como una impronta en cada uno de nosotros, elementos pertenecientes a ese todo social mayor que nos engloba.

Más allá de la realidad personal de cualquier individuo, está fuera de dudas que todos compartimos una realidad, sobre la cual estamos de acuerdo, que antecede nuestra realidad subjetiva. Y esto, gracias a la función Mercurio.

 Lo cierto es que este imperativo cognitivose ha cultivado en nosotros como una necesidad, aunque es igualmente cierto que nadie ha elegido conscientemente comulgar con él. De hecho, fue cultivado en nuestra psiquis antes de que tuviéramos uso de razón. (Además, es precisamente esta cognición la que nos enseñó a relacionarnos con la realidad exclusivamente desde el software de la lingüística y de la lógica de la razón, como veremos más adelante). Dice don Juan Matus: “todos nosotros, los seres humanos, al nacer, somos reclutados en él”.

Y lo fundamental que nos interesa en esta fase de nuestra indagación es que a partir de este sustrato mercurial inconciente percibimos, interpretamos y damos por sentado al mundo que nos rodea, tal cual nos lo contaron.

III. El Túnel de la Realidad Humana

Philosophical Mercury (Mercurius) (c. 1400).

Hasta aquí una faceta del fenómeno que nosostros llamamos Mercurio, Thot para los egipcios. Hermes griego, el joven dios alado y veloz, cuya tarea era hacer circular la información entre los mundos humano, celestial e infernal…desde ya, interponiendo algunas trampitas, porque además era muy travieso. En este trabajo me interesa indagar en lãs “travesuras” que solemos pasar por alto de esta fuerza que en astrología consideramos neutra, andrógina y adaptable.

Mercurio gobierna la transmisión y la incorporación en la conciencia de cada individuo, de las descripciones del mundo que se cultivan en toda civilización humana, haciendo posible una realidad compartida según lós condicionamientos de una cognición específica, que se identifica con nuestro proceso de vida, configurando la concienciade ser y la percepción de la realidad.

Un hecho fundamental según el linaje de chamanes que extensamente documenta Carlos Castaneda, es que nuestra manera específica de percibir se convierte en un sistema para la interpretación de datos sensoriales:

“La condición general de la energía animada -afirma Castaneda- es convertir la energía del universo en general en datos sensoriales. En el caso de (los seres humanos), estos datos sensoriales son a su vez transformados en un sistema de interpretación, en el cual se clasifica la energía en general y se asigna una respuesta dada a cada clasificación, cualquiera que ésta sea. Y el sistema para intepretar los datos sensoriales es su cognición”.

Mercurio, determinante de nuestra cognición, consiste en un “sistema de taxonomía, en el que las respuestas han sido clasificadas junto con la interpretación de datos sensoriales”. Mercurio, que en el cuerpo humano rige los órganos sensoriales, es responsable de lo que vamos a percibir y del sistema de taxonomía que vamos a usar para interpretar.

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Nosotros, en nuestro particular proceso de cognición, convertimos la energía del universo en datos sensoriales. Según los chamanes este es un hecho energético que exploraremos más adelante.

En el hombre, el cerebro parece ser la estructura específica a través de la cual este proceso opera para crear experiencias sensoriales, tales como imágenes visuales, olores, sonidos, texturas, sabores, etc. -es decir, para crear una percepción del mundo que nos rodea.

Explayémonos en torno a esta función mercurial como un fenómeno biológico, según nos lo cuenta la ciência cognitiva:

Según la teoría de Santiago propuesta por Humberto Maturana y Franciso Varela, un organismo alumbra -construye, produce- un mundo en su proceso de cognición, de acuerdo a su propia estructura.

Puesto que los organismos individuales dentro de una misma especie tienen estructuras parecidas, alumbran mundos similares. De este modo, cada sistema construye su propio y distinto mundo, de acuerdo con su propia y distinta estructura, y a través del acoplamiento estructural mutuo los sistemas vivos individuales son parte de cada uno de los mundos de los demás; es decir: se comunican y coordinan su comportamiento. “Hay una ecología de mundos alumbrados por actos de cognición mutuamente coherentes”, dicen.

Ahora bien, lo que un organismo particular alumbra en el proceso de cognición, no es el mundo sino unmundo determinado y siempre dependiente de la estructura del organismo.

Por consecuente, los organismos vivos responden sólo a una fracción de los estímulos que les atañen. Nosotros, por ejemplo, podemos ver u oir fenómenos únicamente dentro de un determinado campo de frecuencias; no nos percatamos de cosas y sucesos de nuestro entorno que no nos conciernen y que nos son “extraños”.

Y a propósito de la cognición de la especie humana, ésta tiene sus características particulares. Nosotros emergemos del proceso cognitivo común a todos los organismos vivos, diferenciándonos en un aspecto fundamental: la capacidad de abstracción.

Ya he mencionado que la cognición humana comprende el lenguaje y el pensamiento abstracto; y por lo tanto los símbolos y las representaciones. Desde la perspectiva de la teoría de Santiago, los seres humanos alumbramosjuntos nuestro propio mundo desde nuestro mundo abstracto de lenguaje y pensamiento. Lo que percibimos está ampliamente condicionado por el marco conceptual y el contexto cultural en el que estamos inmersos desde nuestro nacimiento. Es decir, la percepción se vuelve un fenómeno social.

Nosotros mediante el lenguaje coordinamos nuestro comportamiento y juntos mediante el lenguaje alumbramos nuestro mundo, cada uno de los objetos que lo componen, y a nosotros mismos, creando así la experiencia de una realidad particular.

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Entonces ahora nos toca proseguir con la explicación de Carlos Castaneda: la cognición –Mercurio, consiste en un “sistema de taxonomía, en el que las respuestas han sido clasificadas junto con la interpretación de datos sensoriales”.

Los seres humanos en nuestro proceso de cognición alumbramos unmundo, el nuestro, mediante el lenguaje. Respondemos selectivamente a ciertos estímulos determinados – los que forman parte de nuestra cognición. La percepción como un fenómeno social supone pues uma predisposición cognitiva, ya que respondemos a estímulos que se han repetido, se han nombrado, interpretado y que hemos clasificado con la ayuda del mundo circundante -y no respondemos a otros que no han sido constantes, no hemos categorizado y que son inclasificables para nosotros y nuestros semejantes en nuestra condición actual. “La manera en que nuestros progenitores nos socializaron para funcionar en el mundo cotidiano fue a través de la repetición”, asegura don Juan Matus.

Es así que todo acto perceptivo supone haber categorizado previamente en base a un sistema de taxonomia que incorporamos a fuerza de repetición desde que somos niños. Tal sistema de taxonomía, conceptual y sintáctico, determina la experiencia sensorial. Por consecuente, nuestro universo se concreta por medio de determinados signos (que hemos ido almacenando desde nuestra infancia) que representan hechos, experiencias o entes reales. A través de dichos signos alumbramos el mundo en nuestro cotidiano.

El mundo humano incluye en su centro nuestro mundo interior de pensamiento abstracto, conceptos, símbolos, representaciones mentales y autoconciencia. Como humanos, utilizamos representaciones mentales de las personas y objetos que nos rodean. Gracias a esta capacidad de representación, que desarrollamos durante los dos primeros años de nuestra vida, podemos considerar nuestras percepciones repetidas y especialmente conjuntos de percepciones repetidas como objetos y ubicarlos en un espacio independiente y en un tiempo separado del flujo de nuestras vivencias.

Resulta que los seres humanos lo vemos todo tamizado por una grilla simbólica o semántica, que funciona como un código que ordena, clasifica e impone su propia estructura en la data que describe, definiendo nuestra experiência cotidiana.

Así funciona el proceso perceptivo de Mercurio.

 El novelista, escritor e investigador de la mecánica cuántica aplicada a la psicología, Robert Anton Wilson, enfatiza: “lo que sea que estemos describiendo, la mente humana no puede ser separada de aquello que describe”. Miremos donde miremos, sobre todo debemos poner la atención en el menú de archivos de nuestra mente, en la estructura del softwareque nuestro cerebro o nuestra mente usa para interpretar el mundo.

Mercurio es el proveedor de este software, que en el caso de la humanidad “incluye el lenguaje, nuestros hábitos linguísticos, y la cosmovisión tribal o cultural acerca de todo, nuestras reglas del juego o prejuicios inconcientes, el tácito túnel de realidad que consiste en sí mismo en construcciones linguísticas y otros símbolos”.

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La percepción es pues un fenómeno en principio biológico: cada estructura viva se acopla con su entorno y alumbra un mundo particular. Para los seres humanos es, en gran medida, también un fenómeno social. Por ahora nos interesa el aspecto social de Mercurio: fuimos entrenados desde nuestro nacimiento para interpretar y percibir un mundo específico. Para los chamanes, nosotros percibimos energía, “pero como no podemos percibir energia directamente, procesamos nuestra percepción para ajustarla a un molde”, dice don Juan Matus. Venimos aceptando ese molde como herencia de nuestros antecesores, sin saberlo.

Lo cierto es que no somos en modo alguno receptores pasivos de señales sensoriales de una realidad objetiva que está afuera. Con Mercurio, somos co-creadores de nuestra realidad; convertimos la energía del universo en datos sensoriales, nuestro sistema de socialización empieza entonces a guiarnos a percibir más en términos de nuestro sistema que en términos de nuestros sentidos, y a través de nuestro sistema hacemos que los signos que el cerebro o

la mente (o lo que fuere) crea para identificar las experiencias sensoriales representen la realidad física. Luego creemos que dicho sistema o molde al cual ajustamos nuestra percepción es todo lo que existe. Este molde dicta la certeza de que el mundo de “allá afuera” está compuesto de objetos concretos.

Por ejemplo, percibimos al Sol, es un hecho final para nosotros. Pero nuestra experiencia sensorial visual del Sol físico como un objeto de allá en el cielo no es una realidad indiscutible, sino lo que nosotros percibimos o alumbramos desde nuestro molde y su sistema de taxonomía, que incorporamos desde niños. Y esa interpretación de la realidad, compartida por todos, está determinada por un software: nuestro sistema cognitivo, que Mercurio se ocupó de instalar en la psiquis humana.

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Todos hablan alrededor de lo mismo. Jung dice: “el mundo es simbólico”. Korzybski: “el mapa no es el territorio”. Y también Castaneda nos alerta: “mi mundo cotidiano no está regido por mi percepción sino por la interpretación de mi percepción”. A lo que Maturana y Varela responderían: “no existe un territorio predeterminado del que podamos levantar un mapa: es el propio acto de cartografiar el mundo quien lo crea”.

En síntesis: “El mundo que todos vemos -exponen Maturana y Varela – no es el mundo, sino un mundo alumbrado por todos nosotros”. Nosotros a través de nuestra cognición lo creamos activamente. Aunque no nos enteramos de ello.

“Nunca diré mentiras, pero no puedo prometer que diré siempre la verdad”, dijo el niño Hermes cuando el rey del Olimpo le asignó su cargo de “mensajero de los dioses”… creamos abstracciones de objetos separados, incluidos nosotros mismos, y luego creemos que eso es la realidad objetiva y final, dotada de existencia autárquica. Pero el mundo no es algo externo, objetivo, predeterminado y con existencia independiente, como el sentido común nos lleva a creer.

Así pues, damos por sentada una realidad objetiva compuesta de objetos, sin dudar al respecto. Verdaderamente, nos hemos convencido de que estamos en un mundo de objetos sólidos, y eso se ha convertido en una realidad, nuestra realidad de consenso.

A partir de nuestras abstracciones concebimos la vida; estas creaciones determinan, en todo sentido, nuestra relación con el mundo, con los demás, con nosotros mismos; vemos el mundo de acuerdo a una cognición homogénea, el mundo de objetos que nos transmitieron nuestros antepasados y que nosotros transmitiremos -sin darnos cuenta, como algo natural- a nuestra progenie.

La descripción del mundo está arraigada en nuestra psiquis. Ni se nos ocurriría estar al margen del consenso general sobre la certeza de lo que la realidad “es”. Todos solemos tomar el hecho de que todo el mundo está de acuerdo con respecto a algo como una prueba de su validez. Ese es el sentido común de Mercurio. Los seres humanos hemos alineado nuestras percepciones y sus interpretaciones desde el mismo molde cognitivo.

No nos imaginamos que con la repetición cotidiana y sostenida de las abstracciones archivadas como una impronta en nuestra mente nosotros en el transcurso de cada instante de nuestra vida construimos nuestra realidad.

Hé aquí un dilema de nuestra condición: lo que pensamos que es “la realidad objetiva”, en realidad no lo es.

Esto no quiere decir que hay un vacío ahí afuera del que creamos material. Para Maturana y Varela existe un mundo material, aunque carece de características predeterminadas. No afirman que “nada existe”, sino que “no existen cosas” independientes del proceso de cognición. Me recuerda la vieja idea de Pitágoras: somos seres de luz, con nuestra mirada alumbramos el mundo y así es como éste existe.

Para don Juan: “Por supuesto que es un mundo de objetos, no estamos discutiendo eso. Lo que estoy discutiendo es que, primero, este es un mundo de energía, y después, un mundo de objetos”.

Para concluir, Mercurio es la función que instala en la psiquis humana un sistema cognitivo homogéneo, que tiene sus propios principios y leyes que son aplicables a todo acto perceptivo, a cualquier persona y en cualquier situación. El sistema de taxonomía que usamos para describir la realidad de la vida cotidiana, es específico. Profundizaremos en ello más adelante.

IV. El Inventario de lo Posible

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Mercurio rige el código de la realidad que todos los integrantes de nuestra civilización aprendimos a formular en conjunto, una realidad que no es La Realidad, sino un mundo específico que alumbramos, percibimos, interpretamos, y permanentemente nos describimos.

En el estado actual del desarrollo de la conciencia humana, usamos signos y representaciones mentales determinados para percibir algo que aprendimos a llamar “Realidad Objetiva”, y que nos determinan.

Por supuesto, Mercurio no hace todo el trabajo a solas, ya que dispone de la ayuda de todo el sistema planetario, y en especial de la Luna astrológica.

El sistema de taxonomía transmitido desde nuestra tierna infancia por Mercurio queda archivado en la psiquis pre-consciente, y es la Luna que, a través de la memoria, nos permite evocar aquellas descripciones y los signos de las experiencias -con las cuales nos hemos familiarizadoautomáticamente. Identificamos nuestro molde cognitivo con la realidad gracias a la memoria, y ésta cuenta con la ayuda del lenguaje, ya que las descripciones nos llegan a través del pensamiento y su sistema de palabras, y volvemos a ver a Mercurio en acción.

Por otro lado, la Luna simboliza lo que en términos de Wilber es el “estado pleromático de fusión o identificación primaria con el entorno material” y por extensión, cubre nuestra necesidad muy humana de identificarnos con algo familiar, que nos proteja, en este caso: el mundo conocido, la realidad visible por todos compartida, “nuestra realidad de consenso”, la atención cotidiana.

Mercurio y Luna, pues, operan juntos. Gracias al diálogo interno que activa la Luna por la mañana, al despertar, podemos recordar quién somos, cómo es nuestra vida, quién duerme a nuestro lado, qué desayunamos, a dónde vamos, etc…; y desde luego, también durante el tiempo de conciencia vigílica se activa toda la serie de guiones e imágenes que nos ponen en marcha en el mundo olvidándonos del misterio.

Verdaderamente, lo que denominamos “Mercurio” es capaz de determinar nuestra propia experiencia de la realidad. La realidad es que nuestra cognición determina qué es lo que vamos a percibir y experimentar.

En términos de los brujos del linaje de don Juan y Castaneda, Mercurio simboliza todo el proceso de construir el inventario. El inventario es precisamente la cognición, es decir, la selección de un fragmento predeterminado dentro de las infinitas posibilidades de ser, selección que modela nuestra vida y todas las alternativas humanas.

Tomemos la explicación del inventarioque recibe de su tutora una de las “guerreras” del grupo de Castaneda, Taisha Abelar:

“Trata de imaginarte a tí misma como un gigantesco almacén de recuerdos. En este almacén, otros y no tú han depositado sentimientos, ideas, diálogos mentales y patrones de comportamiento. Puesto que es tu almacén puedes entrar, hurgar por ahí a la hora que quieras y usar lo que encuentres. El problema es que no tienes ningún control sobre el inventario, puesto que fue establecido antes de que te posesionaras del almacén. Por eso te ves drásticamente limitada en tu selección de objetos”.

Mercurio representa la función encargada de construir nuestro inventario de lo que es la realidad, que dio un nombre a todo lo que es posible ser y experimentar.

 Mercurio vendió los ítems disponibles en aquel almacén de la cognición, antes de que llegáramos al mundo. La Luna los compró, e hizo del almacén nuestro hogar. Además, nos identificó con cada objeto, al punto de que creemos que nuestra vida consiste en esos objetos.

La limitación en la selección de lo posible es la limitación del espectro de posibilidades humanas, que son mucho más vastas que lo que comúnmente creemos.

El problema es que nos identificamos con nuestro mundo cognitivo, y ello nos hace defender hasta las últimas consecuencias la descripción de nuestra realidad conocida, como si nuestra seguridad y nuestra integridad psíquica estuvieran en juego…

…Y de hecho, lo está.

El consenso que sostenemos acerca de una descripción es en verdad un escudo que nos protege ante los embates del misterio.

V. El Hechizo de Mercurio

Mercury and his children

En el Tarot, Mercurio es elMago, Arcano I. En la carta vemos al Mago en plena acción; está a punto de operar sobre los cuatro elementos (fuego, agua, aire y tierra que configuran el mundo sensorial “objetivo”). Tal como nuestra cognición, promete un verdadero acto de magia.

El Mago está creando una realidad, haciendo uso de la voluntad humana.

La noción de alumbrar un mundo -de Pitágoras y luego la teoría de Santiago– y la de construir un inventariode la gente de Castaneda- refiere a este fenómeno de la cognición también descripto por el Tarot. En términos de Gurdjieff, crea la conciencia ficticia. Y según la mitología hindú, el sueño de Maya.

 El significado original de maya es el “poder mágico creativo” por el que el mundo es creado en la obra divina de Brahman. La miríada de formas que percibimos están en su totalidad alumbradas por el divino actor y mago, siendo karma, que significa literalmente “acción”, la fuerza dinámica de la obra, accionada y sostenida por Mercurio. Con el paso de los siglos, la palabra maya cambió de significado. De representar el poder creativo de Brahman, pasó a sigificar el estado psicológico de todo aquel que se halla bajo el hechizo de maya de la obra. Esto es, si confundimos las formas materiales de la obra con la realidad objetiva sin percibir la unidad de Brahman subyacente en todas ellas, estamos bajo el hechizo de maya. Curiosamente, Hermes es hijo de una diosa que los griegos llamaron Maya.

Nos advierte don Juan: “la primera verdad dice que el mundo es tal como parece y sin embargo no lo es. No es tan sólido y real como nuestra percepción nos ha llevado a creer, pero tampoco es un espejismo. El mundo no es una ilusión, como se ha dicho que es; es real, por una parte, e irreal por la otra. Nosotros percibimos. Éste es un hecho innegable. Pero lo que percibimos no es un hecho del mismo tipo, porque aprendimos qué percibir”.

Mercurio el Mago está ubicado significativamente entre el Arcano XXII el Loco y el Arcano II la Sacerdotisa. También llamado Arcano 0, el Loco es la libido del Tarot, simbolizando el universo en su estado de caos primordial, el universo en sus infinitas posibilidades de manifestación. Mercurio el Mago selecciona una de tantas posibilidades y crea el hechizo a partir del cual nuestro mundo será contado. Y la Sacerdotisa, asociada a nuestra Luna astrológica, simboliza la primera fuerza contenedora de la psiquis humana, que nos identifica con esa selección.

Seleccionamos una posibilidad y aprendimos a percibir una realidad específica, según los dictámenes cognitivos de Mercurio. Desde un sustrato psíquico inconsciente común a todo ser humano, hemos dado por sentado que la realidad es objetiva y está compuesta de objetos sólidos separados por un espacio vacío.

Es un hecho energético que todos en conjunto nos alineamos para vivir de acuerdo a una posibilidad; pero dar por sentada una descripción y descartar lo que no incluye esa descripción consituye una magia social. De niños percibíamos cosas que gracias a la socialización, hoy ni siquiera recordamos.

Como señala Robert Anton Wilson, “la mayoría de los animales, incluidos los primates más sofisticados (humanos), muestran una habilidad para ignorar cierto tipo de información -la que no “encaja” en su tunel de la realidad impresa y condicionada”. Nuestro peculiar proceso social de percepción y descripción de la realidad, por su propia naturaleza, tiende a excluir percepciones y experiencias que no se ajustan a sus parámetros limitadores.

Al respecto Ken Wilber diría que la represión es normal, necesaria y sana, ya que constituye la base de los “mecanismos de defensa necesarios y normales” para impedir que el autosistema se vea inundado por lo que le rodea, interna o externamente. Esta “desatención”, por lo tanto, es normal para mantener un equilibrio psíquico normal.

Visto astrológicamente, esta dinámica la mantienen conjuntamente Mercurio y la Luna, y es la secuencia que describen los tres primeros arcanos del Tarot.

¿Qué pasa con lo que el Mago Mercurio no seleccionó para nosotros y la Luna no incorporó? ¿Dónde se deposita? Podemos seguir a Quirón, desprogramar nuestras creencias, traspasar los tabús y preguntarle a Lilith, la Luna Negra, pero no en esta indagación.

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“Nosotros percibimos, éste es un hecho innegable. Pero lo que percibimos no es un hecho del mismo tipo, porque aprendemos qué percibir”.

Carlos Castaneda

“Lo que nos rodea afecta nuestros sentidos. Esa es la parte que es real. La parte irreal es lo que nuestros sentidos perciben como lo que nos rodea”.

Carlos Castaneda

“Nunca podemos hablar de la naturaleza sin, al mismo tiempo, hablar de nosotros mismos”.

Werner Heisenberg

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