Astrologia na Ciência e na Filosofia

Helena Petrovna Blavatsky y la Astrología

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Jutta K. Lehmann

 Publicado en “Sophia” Julio-Agosto 1997

Trataremos este tema centrándonos en cuatro aspectos importantes:

1. Los Orígenes de la Astrología.
2. La Astrología como Ciencia.
3. La Condición del Astrólogo.
4. Las respuestas de H.P.B. al criticismo general

(DS significa La Doctrina Secreta y CW Collected Writings)

1. Los orígenes de la Astrología

            La creencia en la astrología está profundamente anclada en e] sistema filosófico de H.P.B. basado en su conocimiento y sus convicciones sobre los orígenes del zodíaco. En los vol. I y II de su obra principal, La Doctrina Secreta, establece que los orígenes zodiacales se remontan a la época atlante. La Atlántida (que ella acepta como un hecho histórico) es también la cuna de] más renombrado de todos los astrólogos, conocido con el nombre sánscrito de Asuramaya, quien, incidentalmente, fue también el más importante de los astrónomos y magos. “La cronología y cómputos de los iniciados  brahmines se basan en los registros zodiacales de la India y en las obras de…Asuramaya” (DS, II, 49).

            Ya en el vol. I DS, H.P.B. entra en cálculos elaborados para demostrar que los descubrimientos de los astrónomos hindúes (que en esa época eran también astrólogos) fueron los precursores de los de Grecia. Ataca a los científicos de su tiempo por ser incompetentes a la hora de juzgar los verdaderos orígenes y antiguedad del zodíaco. Esto requería mucho valor en los días álgidos de los misioneros cristianos en la India, que consideraban a los hindúes como bárbaros necesitados de la luz de Jesús. No nos sorprenderá el hecho de que su afirmación de que los hindúes realmente sabían mucho más de nuestro cosmos y eran mucho mejores astrónomos que los de occidente, y de que incluso influyeron nuestro pensamiento en estos temas, no fuera muy bien recibida.

            La India y Egipto eran considerados por H.P.B. como santuarios de esta antigua sabiduría sobre las estrellas y el universo. Restos de estos principios, señala, son reconocibles en los días de nuestra semana. Estos llevan el nombre de los dioses planetarios de los caldeos, que, según afirma, los tradujeron de los de los arios. H.P .B. sugiere en sus escritos que hemos perdido el conocimiento de los verdaderos orígenes de la astrología con sus raíces esotéricas. Dice: “La clave del ceremonial o astrología ritualista, con el terafim y el urim y el thumim de la Magia, se ha perdido para Europa. Por esto nuestro siglo de Materialismo se encoge de hombros y ve en la astrología algo falso” (CW, XIV, 352).

            También hemos perdido la conexión (que ella veía) entre la astrología y la Kabala judía, y que ella, por falta de tiempo, no pudo explorar en su totalidad. Además, sostiene que los astrólogos modernos, distintos a los que son también estudiantes de lo oculto, han perdido la comprensión original del lazo que hay entre los ciclos planetarios y los antiguos ciclos cósmicos de la filosofía hindú, como los yugas, manvantaras etc. (CW III, 194)

2. La Astrología como Ciencia

            Blavatsky considera el ocultismo, que incluye la astrología, como altamente científico, porque conoce y aplica las leyes de la Naturaleza, no sólo las que ya son conocidas por los científicos del siglo diecinueve sino también aquellas leyes secretas ocultas con las que los científicos están todavía lidiando hoy en día. Su noción de la ciencia, enraizada como estaba en la tradición hermética, es así radicalmente distinta a la de los descubrimientos posteriores de la ciencia en el mundo moderno. La “nueva ciencia” del Renacimiento tuvo que romper con sus raíces ocultas espirituales ante la feroz oposición de la iglesia católica y gradualmente adoptó una existencia materialista puramente abstracta. Por contraste, Blavatsky defiende su caso desde una antigua tradición oculta que siempre incluía la astrología. Además, afirma que la astrología cumple todos los requisitos para llamarse ciencia. Escribe, por ejemplo:

            “Sin embargo, ya sea antigua o moderna, las dos pueden llamarse ciencias exactas; porque si el astrónomo de hoy en día saca sus observaciones de cálculos matemáticos, el astrólogo de la antigüedad también basaba sus pronósticos en observaciones no menos agudas y matemáticamente correctas de los ciclos recurrentes. Y, como ahora el secreto de esta ciencia se ha perdido, ¿es eso una garantía para decir que no existió nunca?” (CW, 11,419)

            La astrología y la alquimia son el corazón y el alma de las ciencias modernas de la astronomía y la química, y “mientras no se reconozca esta verdad, la astronomía y la química seguirán girando en un círculo vicioso y no producirán nada más allá de la materialidad” (CW, VIII, 79). Así, para ella, la astrología no sólo incorpora los principios matemáticos de la astronomía sino que va más allá de los cálculos matemáticos abstractos sobre la naturaleza material de las estrellas, sus distancias respecto a nosotros, etc, para dar un significado espiritual. Por esto ella siente que la astrología complementa a la astronomía, de la misma manera que la psicología complementa a la fisiología. A través de su uso científico de cálculos matemáticos, la astrología puede explicar qué causa producirá una combinación específica determinada de efectos, y puede ayudarnos, por ejemplo, en nuestra elección de una encarnación futura (otro principio de creencia).

            Según H.P.B., la carta astral de una persona, con las posiciones planetarias de su nacimiento, es así “el resultado agregado de las causas ya producidas” (CW, VI, 229). En otras palabras, muestra la suma total de k arma acumulado durante las encarnaciones pasadas. Para el astrólogo oculto iniciado, esta información es la clave para predecir el futuro. Blavatsky también nos dice que ella piensa que la influencia planetaria funciona, específicamente, a través de las afinidades y atracciones magnéticas de los cuerpos planetarios. La persona se sitúa en una relación magnética particular como resultado del karma acumulado (acciones morales positivas y negativas) en el pasado.

            Esto también proporciona la base de la distinción que hace entre la astrología esotérica y la exotérica. Esta última es la influencia de los planetas físicos sobre el lado físico y material de la vida, mientras que la astrología esotérica trata de las influencias sobre las facultades mentales, psíquicas y espirituales. Estas facultades no están gobernadas por los planetas físicos sino por sus dirigentes espirituales, por las fuerzas que hay detrás del funcionamiento de los planetas.

            También menciona diferencias entre los dos tipos de astrología con respeto a la dirección sobre las partes del cuerpo.

            Estas y otras distinciones también conducen, naturalmente, a distintas interpretaciones, por ejemplo, con respeto a las deducciones sobre el karma pasado. Considera que la astrología practicada durante su vida es una mezcla de la esotérica y la exotérica. (CW, XII, 537)

            Para Blavatsky, una carta astral natal puede solamente indicar tendencias individuales; las influencias no hacen más que predisponer al individuo a adoptar un curso de acción particular que se corresponda con sus efectos kármicos. Escribe:

“Los astros no causan nuestra buena o mala suerte, sino que simplemente indican lo mismo” (CW, III, 192). Los astros no determinan nuestro destino, sino que más bien indican el futuro más probable. El fatalismo, por otra parte, implica el curso ciego de algún poder todavía más ciego y el hombre es un agente libre durante su permanencia en la tierra. No puede escapar a su Destino dirigente, pero tiene la elección de dos caminos que le llevan en esa dirección y puede alcanzar el objetivo de la desgracia…Los que creen en el Karma tienen que creer en el destino que, desde el nacimiento a la muerte, cada hombre se va tejiendo…Cuanto se ha tejido la última hebra y el hombre aparentemente queda atrapado en la red de su propia fabricación, entonces se encuentra completamente bajo el imperio de su destino autocreado. (DS, 1,639)

Para que la astrología pueda equipararse de una manera verdaderamente científica a la astronomía, Blavatsky pone la condición “de que sus intérpretes tienen que ser igualmente infalibles; y es esta condición, sine qua non, tan difícil de cumplir, ¡la que ha sido siempre el problema de las dos!”. El que los astrólogos no sean todos infalibles no convierte a la astrología en sí en algo defectuoso. La medicina no se juzga a través de las numerosas imperfecciones de sus doctores.

 3. La Condición del Astrólogo

            El astrólogo medio de su época distaba mucho del ideal de Blavatsky. Ella quería que el astrólogo tuviera una base firme en ocultismo, porque esto le daba acceso a los significados más profundos.

            El astrólogo debería, por consiguiente, ser un maestro de la astrología esotérica como la misma Blavatsky. Ella lamenta el hecho de que, en su mayoría, los astrólogos hayan perdido este conocimiento, no tengan una buena preparación y, corrientemente, sean unos charlatanes. (CW, IV, 302)

            Hay otras condiciones ligadas a los que desean llegar a ese nivel. “Un hombre tiene que ser un psicólogo y un filósofo antes de poder convertirse en un perfecto astrólogo y comprender correctamente la gran Ley de la Compasión Universal. No sólo la astrología sino el magnetismo, la teosofía y todas las ciencias ocultas, especialmente la de la atracción y repulsión”, de otro modo le considera superficial (CW, III, 192). El astrólogo ideal de Blavatsky se parece, así, al hombre sabio de la antigüedad que ha penetrado en los misterios más profundos de la humanidad y del universo, y su modelo era Asuramaya. Este listón tan alto no era para disuadir a la gente de dedicarse a esta ingente tarea, sino más bien para hacerles más humildes en su práctica. Sin embargo, mientras que muchos astrólogos modernos pueden haber perdido de vista este conocimiento esotérico, H.P .B. sigue considerándolo como una disciplina digna de ponerla en práctica.

4. Respuestas de H.P.B. a las críticas habituales

            Una objeción corriente en su época era la de que la astrología no tiene base, porque sus orígenes son desconocidos.

            H.P.B. contradice estas críticas remontándose a la Atlántida. Sin embargo, aunque sus orígenes no puedan documentarse plenamente, afirma que las predicciones pueden seguir haciéndose sobre la base de los acontecimientos cíclicos, que pueden calcularse mediante principios matemáticos básicos. La interpretación de estos datos está basada en antiguas observaciones que “registraban la recurrencia de estos hechos en su hora y día, durante un período que abarcaba cientos de miles de años, y las conjunciones de las mismas constelaciones tienen que producir necesariamente, si no exactamente, los mismos efectos, o en cualquier caso, efectos similares”. (DS, I, 646)

            Otra crítica habitual es la de que es fatalista. Blavatsky aduce: “Es solamente porque esa humanidad ha cerrado siempre sus ojos a la gran verdad de que el hombre mismo es tanto su propio salvador como su propio destructor, y que no necesita acusar al Cielo ni a los dioses, Hados y Providencia, de la injusticia aparente que reina en medio de la humanidad” (DS, I, 644). Entiende que nuestras condiciones físicas y espirituales en esta vida son los efectos de nuestras propias acciones pasadas que se extienden a encarnaciones previas. Así, no deberíamos culpar a los planetas de nuestra carta astral natal, sino más bien aceptar la responsabilidad de una vida que hemos creado a través de nuestra propia acción.

            Contradice las objeciones de los astrónomos, afirmando que la astronomía no es más que la hermana pequeña de la astrología, y que trata de ignorar sus raíces reduciendo la astrología “a la posición de la Cenicienta en la morada de la Ciencia”. (CW, VI, 347).

            La astrología ha sido apartada a un lado y ridiculizada por la ciencia moderna durante los últimos siglos. Sin embargo, Blavatsky prevé el tiempo en el que esta verdadera ciencia vuelva a recibir la atención que merece, permitiéndole así triunfar sobre estos distintos alegatos.

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La Doctrina Secreta por Max Heindel

La doctrina secreta es una de los libros más sobresalientes en el mundo. Me doy cuenta cuán superiores a mis débiles poderes es la tarea de llevar a cabo una adecuada Idea de las enseñanzas contenidas en sus cubiertas. Contiene una historia, sin embargo, uma historia peculiarmente interesante para el estudiante quien de su tienda busca desgranar la sabiduría en la cual, como el apóstol dijo, es como alimento adecuado solo para el fuerte. Cómo llegó esto a ser escrito, y bajo qué circunstancias fue escrito, es el tema de este libro. Debo esforzarme por utilizar un lenguaje simple y comprensible tanto como sea posible, realizando un esquema del plan sobre el cual el trabajo fue construido y las enseñanzas que revela. La naturaleza de la tarea es tal que estoy forzado a citar libremente la literatura Teosófica, especialmente “Hojas de un antiguo diario” del Coronel Olcott, “Reminiscencias” de la Condesa Wachmeister, “La Doctrina Secreta” en sí misma, y otros trabajos.

 Primeramente es necesario para nosotros hacer notar que Madame Blavatsky, o como a ella le gustaba ser llamada, H.P.B., fue, como ella misma lo expresaba a menudo, solo la compiladora del trabajo. Detrás de ella estaban los verdaderos Maestros, los Guardianes de la Sabiduría Secreta de las eras, quienes le enseñaron todo el gran cúmulo de conocimiento oculto que ella transmitió en sus escritos. Ella tenía una habilidad tripartita que eminentemente la calificó para el trabajo. Primero, ella era capaz de asimilar el conocimiento trascendental que venía a ella. Segundo, ella era un mensajero que se merecia el respeto. Tercero, ella tenía una aptitud maravillosa para traducir pensamientos metafísicos del Este abstractos en una forma inteligible para las mentes del Oeste, y para verificar y comparar la Sabiduría del Este con la ciencia del Oeste. Ella también merecía el gran crédito por su alto coraje moral para presentar al mundo pensamientos y teorias completos en diferencia con la ciencia materialista. Muchas de estas enseñanzas han sido verificadas por la ciencia desde entonces.

Curso de Astrología – Fraternidad Rosacruz Max Heindel del Uruguay

 La Doctrina Secreta

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 La Luna, Deus Lunus, Phcebe

 Este símbolo arcaico es el más poético de todos los símbolos, así como también el más filosófico. Los antiguos griegos lo hicieron notorio, y los poetas modernos lo han usado hasta la saciedad. La Reina de la Noche, cabalgando en la majestad de su luz sin par en el Cielo, dejando a todo, hasta a Héspero, en la sombra, y extendiendo su plateado manto sobre el Mundo Sideral desde Milton y Shakespeare, hasta el último de los versificadores. Pero la refulgente lámpara de la noche, con su séquito de estrellas innumerables, ha hablado tan sólo a la imaginación del profano. Hasta últimamente, la Religión y la Ciencia no han intervenido en este hermoso mito. Sin embargo, la fría y casta Luna, aquella que según las palabras de Shelley:

…hace hermoso todo aquello sobre lo que sonríe,
Aquel santuario vagabundo de llama suave y helada
Que siempre se transforma, mas es siempre la misma,
Y no calienta, pero ilumina.

 Está en relaciones más estrechas con la Tierra que ningún otro globo sideral. El Sol es la Fuente de Vida de todo el Sistema Planetario; la Luna es el Dador de Vida a nuestro Globo; y las primeras razas lo comprendían y sabían, aun en su infancia. Ella es la Reina y es el Rey. Era el Rey Soma antes de transformarse en Febo y em la casta Diana. Es, en modo preeminente, la Deidad de los cristianos por conducto de los judíos mosaicos y kabalísticos; y aun cuando el mundo civilizado haya permanecido por largas edades ignorante del hecho, es em realidad así, desde que murió el último Padre de la Iglesia iniciado, llevando consigo a la tumba los secretos de los Templos paganos. Para Padres tales como Orígenes y Clemente de Alejandría, la Luna era símbolo viviente de Jehovah; el Dador de la Vida y el Dador de la Muerte, el que dispone de la Existencia (en nuestro Mundo). Pues si Artemisa fue la Luna en el Cielo, y para los griegos, Diana en la Tierra, que presidía sobre el nacimiento y vida del niño; entre los egipcios fue Hekat (Hécate) en el Infierno, la Diosa de la Muerte, que mandaba sobre la magia y los encantamientos. Más aún: lo mismo que la Luna, cuyos fenómenos son triples, Diana-Hécate-Luna, es el tres en uno. Pues es Diva triformis, tergemina, triceps, tres cabezas en un cuello (1), como Brahmâ-Vishnu-Shiva. Por tanto, es el prototipo de nuestra Trinidad, la cual no ha sido siempre completamente masculina. El número siete, tan notorio en la Biblia y tan sagrado en el séptimo día o Sábado, vino a los judíos de la antigüedad, derivándose su origen del cuádruple número 7 contenido en los 28 días del mes lunar, cada uno de cuyos septenarios está representado por un cuarto de Luna.

 Vale la pena presentar en esta obra una relación a vista de pájaro del origen y desarrollo del mito y culto lunar, en la antigüedad histórica de nuestro lado del globo. Su origen primitivo no puede la Ciencia exacta averiguarlo, puesto que rechaza la tradición; a la vez que su historia arcaica es un libro cerrado para la Teología, que, bajo la dirección de los Papas astutos, ha impreso un estigma sobre todo fragmento de literatura que no lleve el imprimatur de la Iglesia de Roma. Poca importancia tiene en este particular que sea la filosofía religiosa egipcia o la inda aria, la más antigua -la Doctrina Secreta dice que es la última-, toda vez que los “cultos” Lunar y Solar son los más antiguos del mundo. Ambos han sobrevivido y prevalecen hasta el presente en toda la tierra; para algunos, abiertamente; para otros de un modo secreto, como por ejemplo, en la simbología cristiana. El gato, símbolo lunar, estaba consagrado a Isis, que en cierto sentido era la Luna, lo mismo que Osiris era el Sol, como se ve frecuentemente en la parte superior del Sistro que tiene la Diosa en la mano. Aquel animal era muy venerado en la ciudad de Bubaste, que vestía luto a la muerte de los gatos sagrados; pues a Isis, lo mismo que a la Luna, se le rendía culto especial en aquella ciudad de los misterios. Del simbolismo astronómico que con él se relaciona, ya se ha hablado en la Sección I, y nadie lo ha descrito mejor que Mr. Gerald Massey en sus Lectures y en The Natural Genesis. Se dice que los ojos del gato parecen seguir las fases lunares en su desarrollo y decrecimiento, y que sus órbitas brillan como dos estrellas en la oscuridad de la noche. De aquí se origina la alegoría mitológica que muestra a Diana ocultándose en la Luna, bajo la forma de gato, cuando trataba de escapar, en compañía de otras Deidades, a la persecución de Tifón, según se refiere en la Metamorfosis de Ovidio. En Egipto, la Luna era a la vez el “Ojo de Horus” y el “Ojo de Osiris”, el Sol.

 Lo mismo sucedía con el Cinocéfalo. El mono de cabeza de perro era un signo que simnbolizaba, por turno, el Sol y la Luna, aun cuando el Cinocéfalo es, en realidad, un símbolo hermético más que religioso. Éste es el jeroglífico del planeta Mercurio, y del Mercurio de los filósofos alquimistas, quienes decían que:

 Mercurio tiene que estar siempre cerca de Isis, como su ministro; pues sin Mercurio, ni Isis ni Osiris pueden llevar a cabo cosa alguna en la Gran Obra.

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…(…) Los cristianos pretenden considerar esto como idolatría, y sin embargo, su religión está por completo basada en el culto Solar y Lunar. Inútil es que los protestantes clamen contra los católicos romanos por su “Mariolatría”, basada en el antiguo culto de las Diosas lunares, puesto que ellos mismos adoran a Jehovah, que es sobre todo un Dios lunar; y cuando ambas Iglesias han aceptado en sus teologías el Cristo Solar y la Trinidad Lunar.

Lo que se conoce del culto lunar caldeo, del Dios Babilónico, Sin, llamado Deus Lunus por los griegos, es muy poco; y este poco se presta a extraviar al estudiante profano que no puede asir el significado esotérico de los símbolos. Entre los filósofos y escritores profanos antiguos era popularmente conocido -pues los que estaban iniciados habían jurado guardar silencio- que los caldeos rendían culto a la Luna bajo sus diferentes nombres femeninos y masculinos, habiendo hecho lo mismo los judíos, que vinieron después de ellos…(…)

 …(…) La idea fundamental que estaba en la raíz de la filosofía religiosa de los hebreos, era que Dios contenía todas las cosas en sí mismo, y que el hombre era su imagen; el hombre incluyendo a la mujer… El lugar del hombre y de la mujer entre los hebreos era ocupado entre los egipcios por el toro y la vaca, consagrados a Osiris e Isis, que estaban representados respectivamente por un hombre con cabeza de toro, y por uma mujer con cabeza de vaca, a cuyos símbolos rendían culto. Osiris era de un modo notorio el Sol y el río Nilo, el año tropical de 365 días, cuyo número es el valor de la palabra Neilos y el toro, así como también era el principio del fuego y de la fuerza productora de la vida; mientras que Isis era la Luna, el lecho del río Nilo, o la Madre Tierra, para cuyas energías parturientas era el agua una necesidad; el año lunar, de 354-364 días, era el determinante del tiempo de los períodos de gestación, así como la vaca designada por, o con, la creciente luna nueva…

 Pero el uso de la vaca de los egipcios, en lugar de la mujer de los hebreos, no determinaba una diferencia radical de significación, sino una concurrencia en la enseñanza que tenía por objeto tan sólo la substitución de un símbolo de importancia común, que era el siguiente: el período de preñez en la vaca y en la mujer, se creia ser el mismo, o sea 280 días ó 10 meses lunares de 4 semanas. Y en este período consistía el valor esencial de este símbolo animal, cuyo signo era el de la luna creciente. Estos períodos parturientos y naturales, se ha visto que son objeto de simbolismos en todo el mundo. Así eran usados por los indos, y se ha visto que fueron claramente expuestos por los antiguos americanos en las planchas de Richardson y de Gest, en la Cruz de Palenque y en otras partes, hallándose de un modo manifiesto en la base de la construcción de las formas del calendario de los Mayas del Yucatán, en las de los indos, en las de los asirios y en las de los antiguos babilonios, lo mismo que en las de los egipcios y antiguos hebreos. Los símbolos naturales eran siempre el falo o el falo y el yoni lo masculino y femenino. En efecto, las palabras traducidas por los términos generales varón y hembra, en el versículo 27 del primer capítulo del Génesis, son: sacr y n’cabvah, o, literalmente, falo y yoni. La representación de los emblemas fálicos, por sí sola, únicamente indicaría los miembros genitales del cuerpo humano, mientras que si se tienen en cuenta sus funciones y el desarrollo de las semillas que aquéllos producen, se llegaría a la determinación de un método de medidas de tiempo lunar, y, por medio de éstas, se tendrían las de tiempo solar…(…)

 …(…) Si a estos órganos (falo y yoni), considerados como símbolos de agencias creadoras cósmicas, se les puede atribuir la idea de… períodos de tiempo, entonces, verdaderamente, en la construcción de los templos, como Moradas de la Deidad, o de Jehovah, aquella parte designada como Sanctasantórum, o el Lugar Más Santo, debería tomar su título de la reconocida santidad de los órganos generadores considerados como símbolos de medidas lo mismo que de la causa creadora.

A Doutrina Secreta – Vol. I

La Doctrina Secreta – Vol. II

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