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Phaenomena de Arato

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El Hipotexto Hesiódico en los Phaenomena de Arato
D. Ángel Luis Gallego Real
Tesis Doctoral
1.3. Orígenes de Phaenomena e influencia estoica
Phaenomena, “lo que se ve”, es una obra de 1154 versos, compuesta entre los años 280-260 a.C., que trata de los fenómenos astronómicos y meteorológicos que son perceptibles en el cielo, y única del autor que ha llegado completa hasta nuestros días1. El poema bebe de dos fuentes principales: los Phaenomena de Eudoxo de Cnido, tratado en prosa, y De signis tempestatum, dedicado a los pronósticos y atribuido a Pseudo-Teofrasto. Estamos ante el primer ejemplo constatado de un poema basado en libros, con lo que ello supone.
1 Tenemos conocimiento de otras obras arateas de carácter astronómico, como el Canon o Tabla (que versaba sobre la armonía de los cursos estelares), Ortos, Pronósticos, Ástricas (cinco libros sobre astros del que sólo conservamos un hexámetro); tres poemas médicos: Virtudes de la medicina, Osteología y Compendio de Fármacos, así como una posible Anatomía, lo que induce a B. Effe (“Arat- Ein medizinischer Lehrdichter?” Hermes 100 (1972), pp. 500-503) a pensar en un poeta dedicado a la enseñanza de esta ciencia; una edición de la Odisea; y en el campo poético encontramos un conjunto de poemas menores denominado Catalepton, así como elegías, epigramas (recogidos en la Antología Palatina XI 437 y XII 129), Epicedios a la muerte de su hermano Miris y de sus amigos Teópropo y Cleómbroto, y un Himno a Pan en conmemoración del matrimonio de Antígono Gonatas con Fila, hermanastra de Antíoco I Soter, rey de Siria. Véase BULLOCH, A. W., “Hellenistic Poetry”, p. 599, y BARIGAZZI, A., “Un frammento dell’Inno a Pan di Arato.” RhM 117, (1974), pp.221-246.

M. Pendergraft en Aratus as a poetic craftsman ha estudiado con minuciosidad las relaciones de la obra aratea con sus antecedentes. Sobre la parte “eudoxea”, que viene a ocupar hasta el verso 732, Arato procura realizar la μεταφρασις de prosa a verso dándole una mayor vivacidad a la estática pintura celeste del platónico. Arato hila en el texto alusiones míticas, digresiones, un vocabulario más variado, con símiles y perífrasis más elaboradas. Las ficciones dramáticas y los recursos fonéticos – eufonías, repeticiones, juegos etimológicos – tampoco aparecen en el texto de Eudoxo. Otro de los elementos que lo alejan de una simple paráfrasis es su vocación de poema filosófico-religioso. Como dice Zehnacker, “Aratos, poète et astronome, fait oeuvre de piété en révelant aux hommes la bonté et la προνοια du Dieu stoïcien”. Una mezcla de ciencia utilitaria y sentimiento religioso que este mismo autor califica como grata a los lectores romanos.

La sección meteorológica, conocida como Diosemeiai, posee una peculiar organización, situando primeramente los signos referidos a la Luna, el Sol y el Pesebre para a continuación tratar los de la lluvia, el viento, la tormenta y el buen tiempo. Por su contenido y por una estructura similar parece estar basada en la obra De signis (Περι Σημειων) de Pseudo-Teofrasto. Éste es un catálogo más ameno que el referido a las constelaciones, por lo que la necesidad de digresiones desaparece.

Dudamos que Arato crea en los catasterismos cuando expone científicamente los movimientos de las constelaciones como regulares y mecánicos. Sí juzgamos, en cambio, que Arato ha utilizado su obra como altavoz de las ideas estoicas del momento. Diógenes Laercio indica que Arato era un estudiante de Zenón, y, como comenta Lewis, Phaenomena fue escrita en la corte de Antígono Gonatas, del que sabemos que era un simpatizante estoico. En este sentido, Arato activa la idea de una naturaleza al servicio de Zeus, un dios omnipotente y benévolo que busca la salvación de los hombres, y que al tiempo puede verse reflejado en la figura del rey.
Normalmente se cita como ejemplo de estoicismo el proemio de la obra, en cotejo con el Himno a Zeus de Cleantes, pero las críticas, recogidas por Lewis*, a la supuesta imitación por parte de Arato de este himno son muchas y variadas: ciertas cuestiones de estilo, el fondo común didáctico establecido por Hesíodo, una terminología específicamente estoica, la religiosidad o la cronología de ambas obras.
* LEWIS, A.M., “The Popularity of Phainomena of Aratus: a Re- Evaluation”, en C. Deroux, Studies in Latin and Roman History, VI, Col. Latomus 217, Bruxelles, 1992, pp. 94-118.

Phenomenon of Aratus Zodiac with the Movements of the Planets (Ms. 188 Fol. 30) Manuscripts Bibliotheque Municipale, Boulogne-Sur-Mer, France

La filosofía estoica mantiene que el universo (κόσμος) es orden (κόσμος), y Zeus el motor y eje de las acciones humanas. La regularidad en el movimiento de los cuerpos celestes es un signo de la existencia de Dios. “Lo que se ve” (φαινόμενα) en el firmamento sirve para situar al hombre en el camino del Bien. M. Fantuzzi comenta: “A. nun stellt Zeus in stoischen Begriffen als Personifikation des Himmels dar, dessen Sternzeichen die “Signale” für die Menschen seien, über die Zeus selbst den Bauern eine Anleitung für die Feldarbeit gebe und somit an den βίος erinnere”. Calderón encuentra en la falta de κόσμος la causa del explícito rechazo de Arato de dar una explicación sobre los planetas: “Arato rehúsa tratar in extenso sobre los planetas y sólo se interesa por cuatro círculos: los dos trópicos, el Ecuador y la eclíptica, es decir, aquellos que le permiten determinar el curso anual del sol y de las estaciones. Los meridianos, por tanto, no le interesan, ya que los considera formas puramente teóricas”.

Otro aspecto en el que podemos encontrar una profunda huella de la filosofia estoica es la utilización de la ficción como medio para llegar a la verdad. En efecto, los grandes poetas de la Antigüedad, como Homero o Hesíodo, son considerados como los primeros filósofos, y los estoicos, entre ellos Arato, hacen un extenso uso de alusiones y citas a sus obras como punto de referencia en sus argumentos filosóficos. Un poema es bueno moralmente si de él se puede extraer una enseñanza útil y verdadera, y no es relevante el hecho de que su vehículo de transmisión sea una composición poética; es más, el poeta puede llegar a ser un punto de referencia científico, si se muestra competente a la hora de mostrar su verdad poética2. Tal es el aso de Homero o de Hesíodo, iluminados – y avalados – por las Musas. Arato participa de esta corriente estoica que propugna una labor pedagógica, conciliando las teorías filosóficas con los relatos poéticos.

2 “El convencimiento estoico de que los buenos poemas expresaban necesariamente la verdad otorga a éstos un lugar privilegiado en las discusiones filosóficas (Crisipo, por ejemplo, puso empeño especial en citar pasajes poéticos como prueba de una u otra doctrina filosófica): así, armados con todo el bagaje analítico que aporta la interpretación alegórica de los poetas, especialmente de Homero, los estoicos vieron en la poesía todas y cada una de las verdades por las que ellos abogaban a través de sus enseñanzas; de ahí que raramente se vieran en la necesidad de enmendar los textos de los poetas; de este modo, concluyeron que la filosofía podía ser expresada, y de hecho lo era, a través del verso, un verso que mezcla λόγος  y μύθος, a fin de agradar y asombrar a la audiencia”; DÍAZ LAVADO, J.M., Las citas de Homero en Plutarco, p. 48.

Entiende también la Estoa que la poesía constituye un estímulo para inducir al lector no culto a pensamientos más profundos y situar al culto como soporte efectivo de las verdades filosóficas. Como dice Sale, “Aratus indulges the values placed by the age on scholarship and science and Stoicism, but he puts in his poem and in his vision of universe a powerful sense of regret for what these forces would remove. And this contradictory age, which loved to use the mind but seemed to sense what could be lost when the mind was used and truth revealed, found in this poem, highly intellectual yet filled with the colour that the mind must not allow itself to see, an ideal expression of what he had achieved and what he thought it had betrayed”.
La postura de Arato frente a la obra hesiódica es la de respeto y adhesión hacia un sentimiento religioso genuino y sincero, pero al tiempo se distancia desde la nueva óptica estoica. Traina comenta al efecto: “L’arcaica religiosità contadina di Esiodo è filtrata, e corretta, attraverso il racionalismo stoico, provvidenziale e panteistico”.

 Aratus and the Astronomical Tradition

Aratus and the Astronomical Tradition

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La Función de los Mitos en el Zodíaco de Germánico
Francisca Moya del Baño
Universidad de Murcia
Resumen
Germánico difiere de Arato en la adición de los mitos cuando menciona los signos del zodíaco. Ser poeta doctus, él aspira a la originalidad. Él sabe cómo elegir las versiones del mito que necesita con el fin de reflejar el espíritu romano y exalatar la divinidad de Augusto.
Ω
El Zodíaco, o más concretamente la mención de los signos, tal como aparece en Germánico, representa e ilustra muy claramente, a mi parecer, las condiciones, cualidades e intenciones de su autor.
Cuando Germánico decide verter al latín los Phaenomena de Arato, estos ya habían sido traducidos por Cicerón en un trabajo encomiable, en el que el de Arpino, muy joven todavía, y dentro de la estética de los poetae novi, se impone – y sale victorioso en la prueba – trasladar casi verso a verso, hexámetro griego en hexámetro latino, la obra de Arato1.
1 Arati Phaenomena, poema científico que consta de 1154 hexámetros, escrito por el poeta helenístico Arato, que lleva al verso, conciliándolas con el estoicismo, las teorías astronómicas que Eudoxo de Cnido (408-355 a.c.) expuso en su obra Phaenomena. Puede verse la edición de J. MARTIN, Arati Phaenomena, con introducción, texto crítico, comentario y traducción, publicada en Florencia en 1956.
Es evidente que un escritor escribe con una finalidad. ¿Qué finalidad, qué intenciones movían a Germánico a traducir una obra técnica, escrita en verso, pero, al fin y al cabo, una obra científica, que ya había sido traducida?
No parece lógico afirmar que quería divulgar unos conocimientos, puesto que la obra de Cicerón había conseguido esa divulgación, y a la traducción conviene la calificación de «correcta» y «exacta»; ni que quisiese superar en belleza la obra de su antecesor; la de Cicerón era hermosa y la de Ovidio, de existir», también lo sería.
Por ello parece defendible deducir que las aspiraciones de Germánico eran otras.
La relación inexorable entre la obra y el autor que la lleva a cabo suele iluminar el conjunto de la obra, o aspectos de ella.
Germánico, hijo adoptivo de Tiberio, nieto por tanto de Augusto, es un príncipe romano, de la casa «imperial». Si todos los latinos al adaptar, imitar o seguir más o menos de cerca la literatura griega, han introducido siempre elementos romanos, él incluirá «lo romano» cuando le sea posible, sometido como estaba a la «tiranía» de una traducción.
Por otra parte, los temas astronómico-astrológicos, que siempre interesaron, estaban de moda en la época y Germánico los había estudiado; su educación esmerada, como correspondía a su condición social, propiciaba que intereses personales, acordes con intereses de actualidad, le hubieran llevado a conocer teorías que corregían y mejoraban el texto de Arato2.
2 Sobre todo la de Hiparco de Nicea (160-126 a. C.) que, unos cien años después de la muerte de Arato, comenta los Phaenomena de Eudoxo de Cnido, discutiendo la parte propiamente astronómica de la obra de Arato; sus correcciones son introducidas por Germánico, como han puesto de relieve algunos estudiosos de estas obras. En las notas de LE BOEUFFLE, Germanicus, están destacadas.
Así pues, este tema, al igual que la literatura científica en general, estaba de moda. Germánico, como hijo de su tiempo, aborda un trabajo, cuya materia le interesa y en cuya elaboración pretendía seguir, en la medida de la posible, caminos no trillados.
Sus conocimientos científicos le llevan a corregir aquello que en Arato estaba equivocado, no olvidándose de la necesaria adecuación «forma/contenido». Por eso, su lengua, cuyas virtudes han sido ponderadas, está libre de algunos poeticismos presentes en la de Cicerón; es más sobria, pero más apropiada a la materia.
Las traducciones pueden ser obras de arte y la experiencia muestra que algunas lo han sido y también que una traducción no frena la posibilidad de otra, mucho más cuando entre ambas hay un siglo de distancia.
La calidad de gran poeta, que hoy casi nadie duda en asignar a Germánico, tenía que manifestarse en su traducción; ésta transluce cómo la incorporación de ideas presentadas en lengua ajena, y tras haber sido asimiladas por una mente para ello dispuesta, logra que se devuelvan iguales y a la vez distintas. Así pues, hechas carne en el traductor, pueden surgir a la vida «romana» en otro código, el de la poesía latina.
Pero este poeta va más allá, cuando apartándose un poco del camino a seguir, intenta andar por senderos no hollados y descubrir él solo paisajes ocultos, o cuando reconduce la materia por otras rutas de acuerdo con la meta fijada.
Esta es otra diferencia con respecto a Cicerón; éste no introducía «novedades». Germánico proclama con la práctica que el arte de traducir permite la recreación de la materia, la adición de otras materias, es decir, permite buscar y lograr la originalidad a partir de la propia estética, sobre todo si se tiene un motivo3.
 3 Germánico tiene varios: mejorar el texto científico, ponerlo en la lengua de su época y, lo que es más importante, eliminar el componente religioso, introducir la astrología, romanizar en la medida de lo posible, exaltar a su familia, todo lo cual está influído por una ideología distinta, y la buscada y conseguida aemulatio.
El Zodíaco, tal y como lo interpretamos, ilustra que su originalidad está ligada a sus convicciones.
Aparte de diferencias concretas en relación a la obra de Arato, su gran novedad, que da origen a otras, se hace patente ya desde el mismo Proemio. Frente a Arato que, por ser su obra un poema filosófico y religioso de inspiración estoica, comienza invocando a Zeus, con un acto de fe en Zeus – Zeus seguirá siendo el principio y fin de su obra, porque, afirma Arato, todo está lleno de él, caminos, mares y puertos, y en su bondad paternal envía a los hombres signos infalibles, anima a los pueblos al trabajo, les indica cuándo la tierra está presta para la azada o para la siembra etc. -, en Germánico el lugar de Zeus lo ocupa su genitor y desde él comienza la obra:
ab Iove principium magno deduxit Aratus
carminis; at nobis, genitor, tu maximus aucton,
 De nada valdría, dice Germánico, todo lo que afirma Arato si su pater no hubiese logrado esa quies que permite el trabajo agrícola o la navegación. Germánico tiene fe en un dios distinto, o sea, en el hombre, que se llama Augusto, que adopta el papel de socio colaborador del padre de los dioses; ese papel podría convenir también a los sucesores de Augusto; y Germánico, si los hados lo hubiesen permitido, lo hubiera sido. En fin, el príncipe inicia la obra con el sello romano que correspondía a su condición social.
 Entre los medios existentes para lograr que un poeta en esa larga cadena de transmisión sea eslabón que recoge y transfiere, pero a la vez sea él mismo, parecido y distinto a los otros, el mito, con su rica funcionalidad, ocupa un lugar muy destacado.
 Se ha visto y puesto de relieve que, en el tratamiento del mito, Germánico se diferencia de Arato por una presencia mayor en el latino y funciones diferentes, por la intención literaria que se descubre en los câmbios que introduce, en la aemulatio de que hace gala, en el sello romano que aporta. Un caso de excepción lo constituyen los mitos que acompañan a los nombres de los signos del Zodíaco.
La duración del año, según la concepción geocéntrica de los antiguos, se entendía como el tiempo que necesita el Sol para hacer su recorrido alrededor de la tierra, pasando por los signos del Zodíaco; los antiguos habían distinguido, por las constelaciones que en ella están situadas, uma zona particular de la esfera celeste -eclíptica – recorrida también por la Luna en su revolución mensual, círculo que llegó a ser más importante que el ecuador, debido precisamente a los eclipses que en esta zona se producen.

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Arato había dedicado a decir cuáles eran los signos del Zodíaco cinco versos (545-549); Cicerón doce, un verso a cada signo (320-331), y Germánico treinta y dos en total (532-564). Manilio, por su parte, en su Astronomicon libri V, cuya obra pudo conocer Germánico4, también incluía su «Zodíaco» dedicándole once hexámetros (I 263-274).
 4 Las relaciones entre ambas obras son notorias y se discute quién imita a quién. La obra de Germánico, que saldría a la luz el 16 o 17 d.C., parece anterior a la de Manilio. De ser así Manilio es el que imita; así lo defendía, entre otros, H. WEMPE, «Die literarischen Beziehungen und das chronologische Verháltnis zwischen Germanicus und Manilios» RhM, 1935 pp. 89-96. De todos modos hay que tener muy presente que Germánico y Manilio, que dedica su obra a Tiberio, padre adoptivo de Germánico, debieron mantener contactos, conocer la marcha de sus respectivos trabajos e influirse mutuamente, lo que no es inhabitual en la historia de la literatura latina.
Las diferencias, que el distinto número de versos hace esperar, no se limitan a la inclusión de los mitos, que están ausentes en los autores citados, sino que radican en la peculiar presencia del mito y las distintas y complementarias funciones que asumen en cada caso, destinadas, sin duda, a un fin.
Ciertamente si un poeta lo es bueno, nada en su obra es sin razón.
La primera diferencia que se observa deriva de «dónde» sitúa el comienzo del año. Frente a Arato y Cicerón que lo hacen comenzar com el signo de Cáncer, Germánico lo hace con el de Aries.
Se ha intentado explicar de diversas maneras este cambio, y no son contradictorias necesariamente. Por mi parte prefiero interpretarlo sobre todo como una nota «romana»; el traductor se aparta del texto traducido para ser fiel a la antigua tradición, al antiguo ario romano, tal como está presente o recordado en importantes textos. Su intención de «romanizar», en la medida de lo posible una materia ajena, se justifica, además, porque un antepasado suyo, César, fue responsable del nuevo calendario.
Como el David de Donatello, anterior y menos perfecto, explica el de Miguel Angel, el Zodíaco de Cicerón, que tampoco alude a mito alguno que subyazga bajo la forma y nombre de los distintos signos, pudo estimular la mayor libertad de Germánico. Frente a la mera enumeración de Arato: «allí se encuentra Cáncer, después el León etc….», en la que solamente «los Peces» merecen una sencilla perífrasis, Cicerón amplifica un poco al dedicar un verso a cada signo zodiacal y así, por ejemplo, de Cáncer dice «que abre la estación estival» o habla de «la brillante y torva fuerza del León» o especifica que el Saetero «tiene en su mano derecha el arco tensado» etc. Cicerón, por tanto, pudo aportar a Germánico la idea de elaborar, con la ayuda del mito5, algo distinto.
5 Ovidio pudo hacerlo en sus Fenómenos, pero, no conservada la obra, la duda es lícita y la originalidad de Germánico defendible.
Otra importante diferencia está propiciada por el número mismo de constelaciones que aparecen en el círculo zodiacal. No todos los signos del Zodíaco poseen un brillo semejante, lo que explica que en un principio sólo se distinguiesen nueve, añadiéndose más tarde, cuando los descubrieron los astrónomos, Aries y Sagittarius, que brillan menos; once, pues: Cancer, Leo, Virgo, Scorpio, Sagittarius, Capricornus, Aquarius, Pisces, Aries, Taurus y Gemini. La importancia atribuida a la Luna y el deseo de relacionar mes y constelación propició el paso a doce signos, dividiendo Scorpio en dos, «las pinzas», Chelae, y el cuerpo propiamente dicho. Estos doce signos, conocidos muy pronto por los caldeos6, también lo eran a finales del siglo VI en Grecia por obra de Anaximandro. En Eudoxo, al que Arato sigue, también hay doce. Sin embargo, de la antigua existencia de once signos hablan, entre otros, Manilio, Higino o Plinio. En Roma el signo de las Chelae fue substituido por el de Libra desde la época de Augusto.
6 Como es lógico, los nombres de las estrellas, al igual que las leyendas que están detrás de los nombres, varían según las culturas. Cf a este respecto E.J. WEBB, Los nombres de las estrellas, México 1957 (traducción de The Names of the Stars, Londres 1952).

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La antigua realidad de los once signos facilitaba la posibilidad, literaria y «político/religiosa» de añadir un nuevo signo, es decir un nuevo dios, el dios número doce7, partiendo de la creencia en la subida al cielo convertidos en astros – catasterización – de los seres divinizados. Virgilio, en el Proemio de Geórgicas, sabe bien que Augusto es sin duda un dios, aunque ignora qué papel le va a corresponder en su nueva morada o si preferirá ser novum sidus en la más importante ruta del cielo, es decir en el Zodíaco; pero sabe que se le está preparando un lugar; Escorpión está encogiendo sus pinzas para dejar sitio, un gran espacio, al nuevo dios, a Augusto. En Virgilio aparece patente que el signo de Augusto era Libra.
7 Cf A. RUIZ DE ELVIRA, «Los problemas del Proemio de las Geórgicas», Emerita 37, 1967, pp. 46-54.
Esta posibilidad de agregar un nuevo signo la explota eficazmente Germánico. En Arato y en la traducción ciceroniana encontramos doce constelaciones; por el contrario, en Germánico sólo once, hecho que descubre la intención de incorporar un nuevo signo y asignarle un puesto en el Zodíaco. La introducción de los mitos en este lugar tiene como función propiciar que Augusto aparezca como divinidad, de manera semejante y diferente a Virgilio.
Las variantes de un mito o las diversas historias que se hallan detrás de las estrellas permiten una elección «personal» en cada caso. Germánico actúa, sin desviarse de su propósito, con la vista puesta en su objetivo, honrar a Augusto.
Hay leyendas en que recoge versiones comunes, aunque suele aderezarlas con alguna nota peculiar; en otras, con el respaldo de los poetas augústeos que, a manera de los alejandrinos, ofrecen las versiones más raras o menos documentadas en las fuentes literarias, se separa de lo usual8.
8 Las distintas versiones eran conocidas por las personas cultas. Las aludidas en Germánico las recogía HYGINUS en su obra Astronómica, II 20-30.
De Leo y Virgo apenas hace una mención9; de Pisces se limita a decir que son Syriae numina.
9 V. 547: Hinc Nemeaeus erit iuxta Leo; tum pia Virgo; de Hércules acababa de hacer mención y Virgo había merecido un extenso y hermosísimo pasaje (vv. 96-132).
Presenta la versión generalizada de los mitos que explican los signos de Ariescatasterismo del animal que transportó a Frixo y Helle a la Cólquide, sin omitir alusiones al viaje de los Argonautas y a la actuación de Medea; de Taurus, figura de Zeus/Júpiter que raptó a Europa, Gemini, Cástor y Pólux, hermanos de Helena e hijos de Leda, Cancer, el cangrejo que mordió a Hércules cuando luchaba con la hidra; pero incluso en estos mitos introduce alguna nota peculiar.
Así, en el signo de Taurus, al referirse a Europa, decepta, «engañada o/y cautivada» por Júpiter, afirma que se casó con un marido cretense. Germánico indica que Zeus casó a Europa con Asterión, rey de Creta, versión que según el escolio a Riada XII 292 era la de Hesíodo fr. 140 y Baquílides, sin que se conozcan otros testimonios.
En el signo de Gemini hace una afirmación tajante, de la mano quizá de la ciencia astronómica: jamás vieron el Tártaro. La historia refería que al corresponder sólo a Cástor, por ser hijo de Júpiter, el cielo y a Pólux, que era hijo de un mortal, Tindareo, el infierno, Cástor suplicó a su padre compartir su honor con el hermano, por lo que la mitad del año le corresponde a cada uno estar en el cielo y la otra en el infierno, version que es común en los poetas, Píndaro, Ovidio, Valerio Flaco etc. El sincretismo «signo zodiacal/ fuegos de San Telmo» es una constante en poesía y Germánico ofrece materia común.
Estas «variantes» van preparando versiones más raras y que juegan un papel fundamental.
Así, Scorpio aparece como un signo grande, que ocupa el doble de cielo que las demás estrellas, pero un signo único10; no aparece el tan romano signo de Libra, que ocupaba el lugar de las Chelae; las menciona al decir que el escorpión brilla geminato lumine precisamente per Chelas, pero aquí no están como constelación. Libra, pese a haber sido nombrada en el v. 8 como signo del equinocio, es ahora silenciada. Omite un signo zodiacal – vuelve a los once signos – y está ausente el nombre de Augusto que se esperaba en este lugar. Arato hablaba de los dos signos, Pinzas y Escorpión; Cicerón y Manilio, de Escorpión y Libra. Una novedad de Germánico no sin causa.
10 Scorpios hinc duplex quam cerera possidet orbis/ sidera, per Chelas geminato lumine fidgens,/ quem miti diva canet dicto prius Orione. (vv 547-549).
El «Saetero», Sagittiferus no responde tampoco en Germánico a la versión más generalizada de que se trata del centauro Quirón. En Germánico es Croto, hijo de la nodriza de las Musas, arquero que solía aplaudir el canto de las Musas, honrarlas con sus aplausos, por lo que fue recibido en el cielo, brillando en medio de las armas de Febo.
Con esta elección se demuestra que un mito es algo más que un adorno; poner detrás del «Saetero» a Croto es preferir la versión más rara y erudita de los poetas alejandrinos, que estaba en Sositeo; la más «científica», si se quiere, puesto que no se sabe que los centauros usasen flechas, pero no sólo eso; las Musas, a las que aplaude el hijo de su nodriza, están siempre en íntima conexión con Apolo y este dios es el preferido de Augusto, al que honra, cuyo templo restaura y cuyo culto Augusto desea revitalizar. Germánico implícitamente elogia a su pater Augusto y continúa con sus «novedades» andando el camino con la mirada puesta en una meta.
Por fin, la novedad más significativa viene de la mano del signo de Capricornio. Todo lo anterior prepara estos siete versos dedicados, indirecta o directamente, a Augusto.
Germánico no identifica a Capricornus con Pan, sino con un ser híbrido, mitad cabra, mitad pez, Egipán, hermano de leche de Júpiter, descubridor de la caracola, instrumento musical que se puede utilizar como proyectil; en la lucha de los dioses contra los gigantes su sonido atemorizó tanto como los golpes. Por eso recibió el premio del cielo. En los cuatro primeros versos dedicados a este signo se descubre al poeta doctus, que ha elegido la leyenda atribuida a Epiménides y descrito al personaje sin donar susu nombre. Germánico destaca sobre todo que Capricornio recibió el honor de su piedad, dedicando tres versos a esa pietas, concretada en la ayuda que ofreció al dios Júpiter, con la intención no sólo de poner de relieve los combates, sino sobre todo con la de localizar en el tiempo el suceso, la diuorum laetior aetas, que enfatiza, al servir de sujeto de commisit, queriendo sugerir que fueron todos, la aetas, los que ayudaron a Júpiter – comitata louem -. En todo ello parece percibirse un sentimiento religioso, que proclama la recompensa de las buenas acciones.
Todo este alarde poético y mitológico no está en función de Egipán, sino del otro personaje que también ha recibido el honor de la piedad, Augusto, omitido juntamente con el signo de Libra en el lugar esperado. Germánico sitúa el numen11 de Augusto en Capricornio.
11 Numen, que en época de Germánico ya puede significar «dios», «divinidad», parece conservar su antigua significación de «fuerza o poder en movimiento», como se percibe claramente en Varrón De lingua latina VII 85, cuando explica numen (de nuere) con el imperium que Júpiter tiene en Homero. Cf H. J. ROSE, «La religión mitológica romana» en Historia de las religiones, dirigida por E. O. JAMES, 211 ed. española, Barcelona 1955, v. I, pp. 435-565, en especial pp. 458 ss. En Gérmanico, Augusto es un dios que actúa en beneficio de su pueblo, un poder benéfico y un dios.
Es sabido que Augusto a partir del año 29 decidió poner su thema, su horóscopo, bajo el signo de Capricornio y que, incluso, acuñó monedas con esa efigie12. Dos causas pudieron sumarse, la creencia de que el signo que influye en la vida de una persona es el de su concepción13, no el de su nacimiento, y otra, que considero más importante, la creencia de que en Capricornio, que estaba al principio del mundo en Occidente, se encontraba la puerta de los dioses, por la que ascendían al cielo las almas de los bienaventurados.
12 Cf. SUET. Aug. 94, J. BAYET, «L’inmortalité astrale d’Auguste» R.E.L. 17, 1939 pp. 141-171, en especial 152s. y nota a. l. de LE BOEUFFLE, Germanicus, o.c., p. 69.
13 Cf. CENSORINO, De die natali.
Por allí, afirma Germánico, entró Augusto llevado por Capricornio. Y no sólo eso; reddidit manifiesta a las claras que estaba antes allí, era un dios que descendió a la tierra y luego fue reintegrado al cielo, su anterior morada.
Germánico culmina aquí su elogio a Augusto. Ha situado a su pater en el signo de Capricornio.
En los hexámetros dedicados a Aquarius ofrece igualmente la versión menos usual; no es Ganimedes escanciando el néctar a los dioses en el Olimpo, sino Deucalión, como en Hegesianacte; la urna – en verdad, pequeña – que porta recuerda las aguas del diluvio.
Termina, brevemente, con los «Peces» ya mencionados.
A la vista de lo que antecede es lícito sostener que en Germánico, autor de este Zodíaco, vemos la conjunción del romano culto, que conoce la literatura y la mitología, del príncipe romano, que conoce y encumbra su historia, y del poeta astrónomo o, mejor, estudioso de la astronomía, que sabe la importancia que se da a los mitos en esa mezcla de astronomía/astrología. Y sobre todo vemos cómo los mitos le han ayudado a lograr una originalidad desde su propia estética; al introducirlos se separa de Arato y, seguidor del alejandrinismo propugnado por los poetae novi y los augústeos, presenta versiones menos conocidas. Los mitos le han servido sobre todo para dar la impronta romana, reafirmar sus postulados, sus ideas, su fe en el hombre, el dios, Augusto, al que ha puesto en el cielo del que había descendido, situándolo en el puesto que él quería, no en Libra, como antes, sino en Capricornio, signo doble que como Escorpión ofrecía sitio para otro astro. Para eso sirven en esta ocasión los mitos.
Todo su arte de poeta que busca la originalidad ha sido puesto al servicio de la exaltación de Augusto, que quiso ser protector de los poetas y hacer suyo al dios de los poetas, y que con la pax, de la que habla Germánico, hizo posible que las ciencias, la de los astros entre ellas, pudieran conocerse y ser de utilidad. Esta es la función que aquí tienen los mitos.

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Revisión del Texto, Léxico, Traducción y Comentario de “Los Fenómenos de Arato” de Germánico
María Bernardo Nicás Montoto
Tesis Doctoral
Fenómenos de Arato
Proemio
(1) Arato comenzó por el grandioso Júpiter. Pero, por lo que a nosotros respecta, el más grande, tú, padre, servirás de modelo a mi poema: a ti rindo acatamiento y a ti ofrezco las primicias de mi erudita labor. El propio soberano y padre de los dioses lo aprueba. (5) Porque ¿de qué servirían los segurísimos signos del año, a través de los que el abrasador Sol circunda el ardiente Cáncer y deseca los extremos opuestos del helado Capricornio, o aquellos por los que Aries y Libra alcanzan los límites de la luz, si una paz tan grande, bajo tu patrocinio, no entregara el mar a las naves y las tierras al agricultor, y no callasen las armas a lo lejos?
(11) Ahora se pueden levantar con osadía los rostros al cielo y conocer las estrellas y los variados movimientos del mundo, de qué se guarda el navegante, qué evita el labrador experimentado, cuando el uno confía su nave a los vientos o el otro su simiente a la tierra. Mientras yo me veo en la obligación de plasmar esto en versos latinos, ¡que tú y tu paz amparéis a vuestro hijo y lo secundes con tu majestad divina!
El Trópico de Cáncer
El círculo más elevado, que está inclinado hacia el Bóreas (460) y recorre las regiones más elevadas, no lejos de la vecindad de las Osas, pasa por medio de los Gemelos, toca las huellas del Auriga y rozo la pierna izquierda de Perseo; su movimiento corta los dos costados de Andrómeda, que se encuentra situada oblicuamente, y toda su mano derecha, desde el hombro. Lo más alto de la pezuña (465) del fogoso Caballo golpea en su impulso el trayecto del círculo. Entonces el radiante Cisne tiene cerca su rostro, la figura que se apoya en el codo brilla encima de su misma rodilla, así como los primeros fuegos de la Serpiente. La Virgen, en cambio, huye de esto; pero todo el León, así como todo el Cangrejo, se encuentran en su interior. (470). Corta por completo al León desde sus ancas traseras y termina en las crines de su erizado pecho. En cuanto al Cangrejo, sus ojos refulgentes, tan separados como si una regla los atravesara por la mitad, tocan ambos extremos de este círculo. Si alguien dividiera este círculo en ocho partes, siempre vería brillar cinco sobre la tierra y tres (475) esconderse bajo las olas y mantenerse ocultas tras las sombras, por poco tiempo. Cuando Titán haya alcanzado al Cangrejo en este círculo, temed el abrasador verano y las enfermedades que consumen los cuerpos. Entonces alcanza el punto más alto de su eterna carrera y no apoya nunca muy cerca del elevado polo (480) sus carros de fuego. Se apoya en el círculo de enfrente, con tal de alcanzar su meta; desde allí se precipita hacia su ocaso.
El Trópico de Capricornio
Capricornio alcanza sus metas con los glaciales astros del invierno, Cáncer con la radiante estrella del verano: éste se encuentra más cercano al Bóreas; su contrario, orientado hacia los Austros. (485) Un círculo más inclinado corta por el medio a esta estrella y encierra las rodillas del que derrama el agua; la retorcida cola de la Ballena lo sujeta; alcanza las veloces piernas de la Liebre, corta la parte más profunda del vientre del Perro. Corta también tanto el vistoso espolón de la sagrada Popa (490) como los hombros del Centauro y al Escorpión, que retuerce en su cola los extremos del aguijón; el gran Arco brilla en él. En consecuencia, el Sol está más cerca del Austro que del abandonado Aquilón y trae los inviernos con su empañada luz. Verás levantarse en el cielo tres partes de él, (495) pero cinco permanecen ocultas bajo las olas y son arrastradas en una larga noche.
El Ecuador
En medio de éstos, se encuentra un círculo no menor que ninguno, con el cual ebo, cuando produce sus radiantes fuegos, divide en un espacio igual la noche y el día. Esta configuración. que equilibra las estrellas del orbe, acaece dos veces: (500) cuando llega la fecunda primavera y cuando se acaba el verano. Este círculo toca igualmente los signos de Aries y Tauro, pero Aries relucirá plenamente en él de un modo especial, penetra las espaldas del Toro y las dos estrellas de su pierna abatida. En cambio, corta por la mitad a Orión y la primera espira (505) de la Hidra y, seguidamente, la ligera Crátera y las partes extremas del horadador Cuervo, pero faltan las estrellas de su negra cola. Allí también buscarás las Pinzas, de luz oblicua, así como a la parte central de la gran Serpiente y desde la mitad del Serpentario, y, no lejos de allí, al Águila; el fogoso Pegaso reposa completamente sobre su cabeza (510) y permanece unido por el espacio de su largo cuello.
El Zodíaco
Estos círculos, cuyos movimientos y constelaciones hemos señalado, los atraviesa el eje, recorriéndolos por la mitad en línea recta. Tres giran sin fin a iguales intervalos y no pueden cambiar su camino ni unir sus estelas. (515) Un cuarto ensambla oblicuamente los tres círculos y envuelve a los que son opuestos entre sí por sus partes exteriores; el que está separado de él parte a uno y otro por su mitad. Ni si un hombre instruido en el arte de Palas les diera forma, habría unido mejor en uno sólo los distantes círculos. (520) Pero los tres nacen en un mismo orto desde toda la eternidad y se mantienen las mismas señalas segurísimas de su ocaso.
El cuarto aparta tanto sus pasos del Océano cuanto Capricornio dista del caluroso Cáncer, y lo que por un lado se levanta hacia las brisas celestiales, tanto se sumerge en las sagradas ondas. (525) Si alguien dividiera el círculo portador de los signos en seis partes iguales, la recta inferior caería debajo de dos signos y tendría solamente de extensión a sus lados lo que se aleja de la tierra, (530) sin que, no obstante, el último círculo desaparezca de la vista de los hombres.
Éste será el brillante camino del Sol a través de los doce signos.
Aquí se encuentra el noble Carnero de dorado vellón, que antaño llevó a Frixo a los tauros, que abandonó a Hele, por cuya causa se fabricó un barco, y al que la pérfida cólquida, (535) tras dormir a su guardián, entregó a cambio de un amor deshonesto. Aquí se encuentra el astado Toro, por cuyo aspecto engañada, Europa, tras abandonar su morada y su virginidad, descubrió el engaño al ser llevada en lo alto de sus lomos a través de mares y costas, esforzándose en parir para su marido cretense. (540) Están los Gemelos, que no pasaron ningún día en las profundidades del Tártaro, sino que el propio padre de los dioses estableció que los jóvenes hijos de Leda estuviesen siempre en el cielo, como señal siempre segura para los marineros. También a ti, Cangrejo, que te atreviste a alcanzar con tu mordisco a Alcides, cuando cara a cara segaba a la prolífica Hidra, te premió por tu ataque con una constelación Juno, la hija de Saturno, (545) que nunca se olvida de sí misma, madrastra nunca segura. Cerca de aquí se encuentra el León nemeo; después la piadosa Virgen; seguidamente, el Escorpión posee el doble de superficie que las demás constelaciones, refulgiendo a través de sus Pinzas con una luz doble. (550) La diosa me entonará un canto sobre él, tras hablarme de Orión. Seguidamente, se curvará el flexible Arco de Sagitario, que, acostumbrado a venerar a las Musas con un aplauso a manera de súplica, arde entre las armas de Febo, tras ser recibido en el cielo. El inventor de la concha, a cuyo son una generación más feliz de dioses (555), que acompañó a Júpiter en su lucha, entabló la batalla contra los Titanes, alcanzó tal honor por su piedad, que, como había sido doble en su figura, así lo fue
también como constelación. Éste, Augusto, en medio de la consternación de la gente y ante una patria temblorosa (560) te llevó a los cielos y devolvió a los astros maternos tu majestad divina, a ti, cuyo cuerpo fue engendrado bajo ese signo. Su vecino, Deucalión, derramando las hostiles ondas, de las que antaño había huido, señala una pequeña urna. Los Peces, dos deidades sirias, cierran los períodos anuales. Seguidamente, se inicia de nuevo la ya citada serie (565) de Aries y de Tauro, de los Gemelos, después, de Cáncer, luego Virgo, luego Escorpión y Sagitario, y el helado Capricornio, y Acuario, y los dos Peces. La extensión de su círculo que brilla en los límpidos aires es igual a la que se sumerge en las profundas aguas del Océano. (570) Tampoco ninguna noche arrastra por el cielo menos de seis signos, ni ninguna será mayor que el tiempo en que medio arco de un círculo completo se levanta a los cielos.

Celestrial Map Circa 1684

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El De imaginibus caelestibus de Ibn al-Hatim

Postado em Updated on

Mount Nemrut, Turkey

Marc Oliveras
Universidad de Barcelona
En 1987 K. Lippincott y D. Pingree publicaron una primera edición latina junto a uma traducción inglesa del tratado bilingüe árabo-latino del siglo XV De imaginibus caelestibus, escrito originariamente por el andalusí Ibn al-Hatim en el siglo X. El trabajo que se presenta aquí pretende completar al precedente con una edición del texto árabe, su traducción al español y añadir algunas interpretaciones a las posibles fuentes de la imaginería talismánica. En este breve tratado de astromagia, Ibn al-Hatim se dedica principalmente a describir veintiocho talismanes, relacionados con las mansiones lunares, y sus propiedades mágicas.
Presentación
El trabajo de Ibn al-Hatim que presentamos es um buen ejemplo de la astrología andalusí de su tiempo. Al igual que otros textos astrológicos de la época, este tratado reúne elementos de diferente procedência y establece uma relación entre astrología y magia muy aleja do todo ello de la ortodoxia predominante del Islam. En lo que respecta al contexto social, el De imaginibus nació em um ambiente donde las diferentes corrientes emanadas del pensamiento de Ibn Masarra (m. 931) se encontraban en pleno auge y donde la influencia oriental no sólo afectó a la administración omeya andalusí sino probablemente también a la introducción de doctrinas provenientes de Harran y de todas aquellas ciências que los árabes atribuyeron a Hermes.
1. El texto
1.1. El manuscrito

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Presentamos la edición del texto árabe del De imaginibus caelestibus, manuscrito bilingüe árabe-latín de la Biblioteca Vaticana, Urb. lat., 1384, fol. 1-19 y 21-28, acompañado de su traducción al español.
Una primera traducción inglesa y edición únicamente del texto latino, fueron hechas por Kristen Lippincott y David Pingree en 1987.1 Un año después, Lippincott publicó una breve descripción de una segunda copia encontrada también en la Biblioteca Vaticana, lat. 4085, fol. 82v-84v, dentro de un códice misceláneo sobre astrología del siglo XV con el título Imagine mansionum lunae secundum Ali ibnil haytin. La comparación de los dos textos facilito la traducció de los folios perdidos en el manuscrito Urb. lat. 1384.
1 Lippincott, K. y Pingree, D., “Ibn al-Hatim on the Talismans of the Lunar Mansions”, Journal of the Warburg and Courtauld Institutes, 50 (1987), 57-81.
Nuestro manuscrito constituye la primera parte del códice Urb.lat. 1384, Pls. 14, 15, 16a, que a su vez se encuentra dentro de la colección de códices misceláneos reunida por el duque de Urbino Federico da Montefeltro (m.1482). Dicho códice contiene tres tratados dedicados  al duque por su traductor Guglielmo Raimondo de Moncada. El primer manuscrito, objeto de esta edición, consiste en un texto bilíngue árabe-latín sobre las veintiocho mansiones lunares y sus correspondientes talismanes, el segundo (fol. 31-62v., numerados 30-61v.) trata sobre los eclipses y, finalmente, el tercero (fol. 63v.-89, numera dos 62-88) reúne el texto árabe y la traducción latina de las azoras 21 y 22 del Corán acompañada de un breve glosario de términos árabes.
El manuscrito Urb. lat. 1384 consta de varios capítulos. La introducción contiene una dedicatoria y una breve disertación sobre las virtudes de la astrología, citando a Aristóteles, fragmentos del Talmud relativos a Moisés y José, así como la transmisión de la astrología a partir de Hermes. El primer capítulo describe los siete planetas y las cuatro esferas elementales sublunares siguiendo el orden ptolemaico. El segundo capítulo expone los aspectos planetarios y describe las veintiocho mansiones lunares. El tercer capítulo, muy breve, trata sobre la función de cada planeta. El capítulo cuarto pasa a describir cada una de las mansiones lunares, sus propiedades, número de estrellas y operatividad mágica. Finalmente, el epílogo hace una breve mención sobre la función del humo durante las fumigaciones propias de cada mansión y termina con un pequeño glosario de términos árabes.
Se han visto paralelos del Urb.lat.1384 con el Benedictum nomen domini, llamado así por las palabras con las que se inicia.El Benedictum ha sido incorporado en diferentes códices y también presenta parecidos, tanto en el tema como en los métodos de cálculo, con el resto de tratados incluidos dentro de la llamada colección Alchandreana, compilada en Cataluña a finales del siglo X y que refleja las influencias árabes más antiguas dentro de las compilaciones astrológicas latinas. Tanto en el Benedictum como, por otra parte, en el resto de las Alchandreana, no se describe la técnica para realizar talismanes pero si la duración de las revoluciones planetárias ,la relación de cada mansión lunar con el signo zodiacal, el número de estrellas en cada mansión y se asigna una función particular a cada planeta. Al Urb. lat. 1384 también se le ha encontrado parecido con un tratado italiano de carácter astrológico-mágico del siglo XV: el BNF lat. 7337, que contiene a su vez una copia de la Glosa super ymagines duodecim signorum Hermetis de Antonio da Montolmo (finales del siglo XIV) sobre doce talismanes o imágenes herméticas.2 Seguidamente hablaré del autor del De imaginibus y mencionaré otra posible relación com su contemporâneo  Gayat al-Hakim, y, más adelante, a propósito de las imágenes astrológicas, también mencionaré su parecido con otras obras salidas del escritorio alfonsí.
2 Weill-Parot, N., Les images astrologiques au Moyen Âge et à la Renaissance, París, 2002, 602-605.
En lo que se refiere al propio texto, la traducción latina del Urb. lat.1384 no siempre es fiel al texto árabe y se permite traducciones libres, como por ejemplo: la traducción directa de los signos Aries Libram (fol. 5r.lat.1.8) en lugar de traducir la expresión árabe del original yunzar li-l-Mizan (fol. 5r.a.1.6), o bien se traduce el nombre árabe qadin por la explicación gratias concedentis et interficientis (fol. 6r.lat.1.12). También se pueden encontrar varios ejemplos de préstamo lingüístico, como el uso de hilal en lugar de novilunio (fol. 4v.lat.1.12). Por otra parte, la caligrafía del texto árabe parece relajarse a lo largo del manuscrito y el autor no siempre es sistemático ni con la terminología astronómica ni con la ortografía.
1.2. El autor

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Según el mismo Urb. lat. 1384, su autor fue el andalusí Abu ‘Ali ibn al-Hasan ibn al-Hatim, del que solo se conoce esta obra. En el tratado sobre los eclipses (fol. 31-62v., numerados 30-61v.), se menciona la observación del eclipse solar visto por Ibn al-Hatim a mediados de julio del 939 (28 de Ramadan del 327 h.):
Sciendum tamen est quod quandoque contingit Solem deficere in una urbe et non deficiet in alia illa eadem hora, ut ab Ali ibn il Haytim ponitur Solem defecisse in Andolos post duas horas diei quinti ebdomade mense Ramdan anno vigésimo septimo Agarenorum. Et hec eadem defectio visa est in Mecha eadem die eiusdem mensis paulo ante occasum Solis. Et huius veritas scientibus et non scientibus patuit.
Urb. lat. 1384, fol. 43v
No obstante, la información sobre el eclipse que aparece en el Urb. lat. no es del todo exacta. Muy probablemente, el eclipse se produjo el viernes 19 de Julio del 939, y no el jueves 18 (diei quinti ebdomade) tal como menciona el texto, a las 07:30 de la mañana, lo que coincide con la hora del texto (post duas horas) si se tiene en cuenta que el Sol salió a las 05:53 (GMT). En cambio, resulta raro que diga que fue visible en La Meca paulo ante occasum Solis, pues la diferencia horaria es de aproximadamente tres horas, lo que implica que fue visible en La Meca hacia las 10:30 de la mañana (GMT).
Ibn Hayyan (m. 1076) cita el mismo eclipse a propósito de la expedición del califa ‘Abd al-Rahman III contra Ramiro II (m. 951), rey de León, observado en los alrededores de Toledo poco antes de la batalla de Simancas. Las fuentes cristianas también mencionan el mismo eclipse y algunas de ellas hablan incluso, haciéndose eco de su singularidad, de la aparición de San Millán y Santiago.
Aún podríamos encontrar otra prueba más del origen andalusí del De imaginibus, como el uso de términos frecuentes em la astronomía y astrología andalusí para referirse a ciertos planetas y signos zodiacales. Así, Ibn al-Hatim llama a Mercurio al-Katib (el escriba), a Marte al-Ahmar (el rojo) y a Saturno al-Muqatil (el asesino); los dos primeros se encuentran también en Masa’allah (inicios del siglo IX) y probablemente también en fuentes siríacas. En lo que se refiere a los signos zodiacales, en la astrología andalusí también era frecuente utilizar el término al-Kabs para Aries o al-Taw’aman para Géminis, aunque este último también se encuentra en otros autores orientales, como por ejemplo en al-Sufi.
Si bien el mismo Guglielmo escribe al final de su traducción unas breves líneas que intentan aclarar quién fue ‘Ali b. al-Hatim, enumerando a cinco celebridades con el mismo nombre de ‘Ali, nada sabemos de él. Hasta donde he podido informarme, en ningún texto de la época omeya andalusí aparece el nombre de ‘Ali b. al-Hatim. No obstante, el contenido del De imaginibus caelestibus tiene mucho en común con el mencionado Gayat al-Hakim, más conocido como Picatrix, principalmente por el uso mágico de las mansiones lunares y la descripción de los elementos que forman parte de la operación mágica, como pueden ser los nombres de los ángeles, los metales utilizados para grabar las imágenes o el uso de fumigaciones. Esta relación es todavía más interesante si se acepta que el autor del Picatrix fue muy probablemente Abu l-Qasim Maslama b. al-Qasim (m. 964) y no el astrónomo y matemático Abu l-Qasim Maslama b. Ahmad b. Qasim al-Mayriti (m. c. 1007). No tenemos suficientes datos para establecer qué tipo de relación pudo haber entre Maslama b. Qasim e Ibn al-Hatim, aunque sabemos que el primero estuvo fuera de al-Andalus antes del 932 y que regresó después del 936, fecha en la que todavía se encontraba en Basra. En todo caso, se identifiquen o no, nada se opone a que consideremos el De imaginibus y ciertas partes del Picatrix como dos textos gemelos.
1.3. El traductor
El traductor de los tres tratados que forman el códice Urb. lat. 1384 fue Judas b. Nissim Abu al-Faray, nacido en Agrigento alrededor del 1450. De origen judío, se convirtió al cristianismo como Guglielmo Raimondo de Moncada, también conocido como Guillermo de Sicilia o por el pseudónimo Flavius Mithridates. Estudió en Roma (1477-1484) bajo la protección del cardenal de Melfi y futuro papa InocencioVIII, y colaboro en la catalogación de manuscritos árabes y hebreos de la biblioteca del Vaticano. Se conocen sus viajes por Alemania (1484-1486) y su estancia en Florencia (1486-1489), pero no se sabe ni el lugar ni la fecha de su muerte.
En el segundo tratado, Guglielmo cita a varios autores que dan una idea de las obras a las que tuvo acceso: Aristóteles, Ptolomeo, Raban Gamaliesis (Rabbi Gamaliel), il Bactani (al-Battani), Ibn il Chimadi (Ibn al-Kammad) o Ibn il Raccam (Ibn al-Raqqam). Por su colaboración con Pico de la Mirándola (m. 1494) como traductor de varios textos sobre cábala y como profesor de hebreo, suele colocarse a Guglielmo de Moncada dentro del movimiento cristiano de estudios y traducciones sobre cábala que tuvo lugar en Europa entre los siglos XIV y XVII.
Como también han aclarado Lippincott y Pingree, sólo el texto árabe, bastante corrupto en su ortografía, parece ser de la mano de Guglielmo de Moncada. Por otro lado, el texto en latín probablemente fue escrito por Pietro Ursuleo de Capua.
2. El contexto del De imaginibus caelestibus

full moon at Harran by keribar

Lo más característico del tipo de astrología que aparece en el De imaginibus es su carácter mágico y, al igual que se ha dicho del Picatrix, su llamativa «idolatría pagana», sobre todo en el caso de este último, donde se descubre em el currículum de su probable autor Maslama b. Qasim no pocas obras conformes a la ortodoxia islámica, acompañadas del tradicional aval de transmisión regular y reconocimiento popular. ¿Cuáles fueron pues las intenciones que le llevaron a escribir el libro de magia que se le atribuye? ¿Hasta donde llegó la influencia de los maestros que Maslama b. Qasim pudo haber contactado en al-Andalus o bien durante sus viajes a Oriente? Pensamos, sobre todo, en Muhammad b. Masarra (m. 931) y sus discípulos, o bien en contactos con discípulos de Sahl al-Tustari (m. 896) o los mismos Ijwan al-Safa’ (siglo X).
Por otra parte, el papel central que ocupan los talismanes en el De imaginibus y em el Picatrix, nos remite a una posible influencia de las creencias sabeas de Harran. Aunque anteriormente haya numerosos indícios de magia talismánica, la influencia harrania no parece deducirse sino posteriormente, como en Ibn Yulyul (m. después del 994) quien, hablando de al-Harrani, médico oriental que trabajó en la corte de ‘Abd al-Rahman II y personaje clave en el proceso de orientalización de la medicina en al-Andalus, menciona a dos de sus nietos, Ahmad y ‘Umar b. Yunus al-Harrani, los cuales estudiaron en Bagdad entre 941 y 962 com Tabit b. Sinan b. Tbit b. Qurra, natural también de Harran. Todo ello há hecho pensar que estos dos últimos personajes pudieron haber contribuido a la entrada en al-Andalus no sólo de la obra matemático astronómica de Tabit b. Qurra (m. 901), sino también de nuevas técnicas de magia talismánica famosas en el contexto harranio.3
3 Samsó, J., Las ciencias de los antiguos en al-Andalus, Madrid, 1992, 48.
En la introducción latina de nuestro manuscrito se menciona el papel fundamental de la figura de Hermes (primus fuit Hermes apud Aegyptios), ejemplo del importante lugar que ocupaba Hermes en el pensamiento medieval y que occidente heredó de los árabes y los persas. Las ciencias astrológicas, al igual que la alquimia, veían su origen en las ciencias heredadas de Hermes, como se puede ver en las obras de los primeros astrólogos musulmanes, como el Kitab al-uluf de Abu Ma‘sar (mediados del siglo IX), los diferentes tratados atribuídos a Masa’allah,4 el corpus atribuído a Yabir b. Hayyan (finales del siglo VIII), las Rasa’il de los Ikhwan al-safa’ (siglo X) o el mismo Picatrix.5
4 Kennedy, E.S. y Pingree, D., The Astrological History of Masha’allah, Cambridge Mass., 1971.
5 Para un estudio de las influencias herméticas en el Picatrix y la tradición alfonsí ver Kahane, H., Kahane, R. y Pietrangeli, A., “Picatrix and the Talismans”, Romance Philology, XIX, 4 (1966), 574-593 e idem, “Hermetism in the Alfonsine Tradition”, en Mélanges offerts à Rita Lejeune, Gembloux, 1969, I, 443-457.
3. El contenido del De imaginibus caelestibus

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En la astrología, el cielo de las estrellas fijas (falak al-kawakib o al-kawakib al-tabita) también recibe el nombre de esfera de las mansiones (falak al-manazil) o el latinizado beibenie (kawakib biyabaniyya), y se encuentra entre el cielo sin estrellas y el cielo de Saturno. Sobre las propiedades astrológicas de las estrellas, Ptolomeo las describió comparándolas con los planetas a partir, según algunas opiniones, del color. El mismo Ptolomeo describió media docena de estrellas rojas, dato que reprodujeron ‘Abd al-Rahman al-Sufi (finales del siglo X) con algunas variaciones, Ibn Qutayba (mediados del siglo IX) y Abu Hanifa al-Dinawari (mediados del siglo IX). En el Urb. lat. 1384 sólo se mencionan tres estrellas rojas: al-Dabaran (fol. 4r.a.), al-Qalb (fol. 18v.a.) y al-Ramih dentro de la mansión de al-Simak (fol. 15v.a.), solo las dos primeras coinciden con la tradición ptolemaica.
Por otra parte, tanto las estrellas fijas como las mansiones se relacionaban directamente con la tradición de los anwa’ (plural de naw’) y, a su vez, con los ciclos agrícolas y estacionales (podas, injertos, siembra, recolección, previsión de tempestades, aparición de alimañas, etc.) que también se encontraban en la tradición clásica de los parapegmata, calendarios agrícolas y almanaques. No obstante, hay que diferenciar que los anwa’ se basan en el ciclo solar y están, por tanto, situados sobre la eclíptica, mientras que las mansiones lunares se basan en el ciclo lunar, por lo que se encuentran en un plano inclinado unos 5º con respecto a la eclíptica; a todo ello habría que añadir que los signos zodiacales de la tradición ptolemaica no siempre coinciden con las figuras estelares de la tradición beduína árabe del mismo nombre, lo que puede llevar a bastantes confusiones. Uno de los tratados de anwa’ andalusí más célebres fue el de Ibn ‘Asim (segunda mitad del siglo X) y dentro de los calendarios destacó el Calendario de Córdoba de ‘Arib b. Sa‘d y Rabi b. Zayd (siglo X), expresiones, todo ello, de un conocimiento popular que no podía haber pasado desapercibido a Ibn al-Hatim. Son cuatro las menciones en nuestro texto que hacen referencia explícita al sistema de los anwa’: la caída de al-Nath que provoca lluvias (fol. 6v.a.), el orto de al-Dira que se pone en relación al período canicular (fol. 10r.a.), el orto de al-Sarfa que se relaciona con el frío (fol. 14r.a.) y el ocaso de al-Zubanà relacionado con el calor (fol. 16v.a.).
Otra manera de clasificar las estrellas se establecía utilizando símbolos tomados de los diferentes reinos naturales: vegetal, animal y mineral. Un ejemplo de estas clasificaciones se puede encontrar expuesta en la teoría hermética de los kyranis, de la que Masa’allah fue una de las principales fuentes de información. La tradición de los lapidarios sería otro ejemplo basado principalmente en el simbolismo mineral donde las piedras se suelen ordenar según los grados del zodíaco o siguiendo el ciclo lunar.
La ciencia de los talismanes suele relacionar al talismán (nirany, tilasm, ta‘wid, hirz, wifq, hiyab, himala, nusja, ujda, jatim, etc.) con un planeta o asterismo dominado por una inteligencia a la que se ofrecen oraciones y sacrificios en un día y hora concretos. En este ritual, también juegan un papel importante los diferentes elementos de la naturaleza (fuego, agua, aire y tierra), las cuatro cualidades naturales (seco, húmedo, cálido y frío), los colores, sabores, perfumes, etc. En esta combinación de elementos, a cada planeta le corresponde un metal, como se ve en la fabricación de sellos o anillos en el Urb. lat. 1384: de plata, plomo, oro, cobre y hierro. A su vez, cada signo zodiacal estaba regido por un planeta, con lo que se observará que en nuestro manuscrito hay una relación bastante arbitraria respecto a la tradicional: la plata se usa en mansiones relacionadas con signos regidos por Venus (Tauro y Libra), el oro en mansiones próximas al signo solar de Leo, el hierro en la mansión que entra de lleno en el signo de Escorpio regido por Marte y, finalmente, el plomo y el cobre que parecen relacionarse con los signos de agua.

4. Las imágenes astrológicas

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La imaginería que aparece en el manuscrito Urb. lat. 1384 se puede comparar a la que aparece en otras obras alfonsíes como el ya mencionado Picatrix latino, el Lapidario, el Libro de las formas & ymagenes o el tratado de Las ymagenes de los veynt & ocho mansiones de la luna que se diferencia muy poco de las imágenes y metales dados por Ibn al-Hatim. Otro ejemplo, muy posterior, de dichas imágenes y metales podría encontrarse en el De occulta philosophia de Cornelio Agrippa (m. 1535).
El problema de las imágenes astrológicas depende, en mayor parte, del modo en el que se clasifican las estrellas fijas. Además de esto, la inexacta transmisión de los textos, algunas verbum ad verbum, también podría explicar toda una serie de variaciones en la descripción de las figuras. En mi opinión, existen curiosas similitudes entre las descripciones de las imágenes astrológicas de cada mansión lunar aparecidas en el Urb. lat. 1384 y la tradición de los anwa’, de la misma manera que también se pueden encontrar entre las imágenes herméticas y los decanos zodiacales. En cualquier caso, todo ello podría indicar que dichas figuras también pudieron ser usadas en sus orígenes para algo más que simple magia y haber actuado como cronômetros o bien como recurso mnemotécnico para recordar, por ejemplo, las propiedades de cada período del calendario.
 Dentro de las imágenes astrológicas también habría que incluirlos cuadrados mágicos (awfaq). Estos cuadrados se pueden encontrar en diferentes tradiciones, pero es en el Islam donde han recibido un mayor desarrollo. El cuadrado mágico que aparece en el prólogo latino de nuestro manuscrito contiene nueve letras hebreas escogidas por su valor alfanumérico. En árabe se le ha dado el nombre de buduh por las letras que lo delimitan en las esquinas (b, d,w y h) y se recomienda especialmente para facilitar el parto, con el que se podría relacionar por los nueve meses de gestación: quod facilem partum mulieribus dedit, collo parientium alligatum.

Quadrado 1

Quadrado 2

5. Traducción

Ibn Al Arabi - Mystical Astrology

[Fol. 3v.] En el nombre de Dios el Misericordioso, el Compasivo. Dijo Abu ‘Ali ibn al-Hasan ibn al-Hatim: has de saber que Dios todopoderoso, bendito sea su nombre, puso el sol entre seis planetas, tres por encima de él y tres por debajo. De los tres superiores tenemos a al-Muqatil (el asesino) llamado Saturno, que atraviesa el signo zodiacal en treinta meses y el cielo en treinta años aproximadamente. Creó debajo de él a Júpiter, que atraviesa el signo zodiacal en un año y la esfera en doce años, también es llamado [Fol. 4r.] al-Biryis. Debajo de Júpiter creó a al-Ahmar (el rojo) llamado Marte, que atraviesa el signo zodiacal em cuarenta y cinco dias y la esfera em dieciocho meses aproximadamente. Debajo (creó) al Sol, que atraviesa el signo zodiacal em un mês y la esfera en un año. Y más allá del Sol (creó a) Venus, llamado también Barhif, que atraviesa el signo zodiacal en veinticinco días y la esfera en diez meses. Más abajo (creó) al-Katib (el escriba) llamado Mercurio, que atraviesa el signo zodiacal en ocho dias y la esfera en tres meses y veintiséis días aproximadamente. Debajo (creó a) la Luna que atraviesa el signo zodiacal en [Fol. 4v.] dos noches y la esfera en veintiocho noches, dando lugar a las veintiocho mansiones; ésta puede aparecer en el trigésimo día o entre el día y la noche del vigésimo noveno, siendo ya visible en el trigésimo primer día. Es el signo zodiacal donde está el Sol el que decide el novilunio. Por debajo de la Luna está el fuego, por debajo del fuego el aire, por debajo del aire el agua, por debajo del agua la tierra y por debajo de la tierra (Dios) Glorificado, no hay otra divinidad sino él, no hay espíritu ni cuerpo sin que él sea el creador.
[Fol. 5r.] Capítulo segundo: sobre los aspectos de los signos zodiacales y las mansiones.
En efecto, los signos zodiacales se oponen mutuamente. Así, cada signo zodiacal se opone al que se encuentra en séptimo lugar. Aries aspecta a Libra, Tauro a Escorpio, Géminis a Sagitario, Cáncer a Capricornio, Leo a Acuario y Virgo a Piscis. Las mansiones también se oponen mutuamente, pues, como te hemos mencionado, la esfera es circular y cada signo zodiacal se opone al que se encuentra en séptimo lugar sea por donde sea que empieces. [Fol. 5v.] Si un signo zodiacal se levanta por el este, desaparece el otro por el oeste; y así también las veintiocho mansiones. La mansión al-Nath se opone a la mansión al-Gafr, al-Butayn a al-Zubanà, al-Turayya a al-Iklil, al-Dabaran a al-Qalb, al-Haq‘a a al-Sawla, al-Han‘a a al-Na‘a’im, al-Dira  a al-Balda, al-Natra a Sa‘d al-dabih, al-Tarf a Sa‘d al-bula‘, al-Yabha a Sa‘d al-su‘ud, al-Jaratan a Sa‘d al-ajbiya, al-Sarfa a Batn al-hut, al-‘Awwa’ a al-Farg al-muqaddam, al-Simak a al-Farg al-mua’jjar. A la vez, cada uno [Fol.6r.] de ellos se opone a (la que es) su decimoquinta mansión.
Capítulo tercero: sobre el significado de los astros que trascurren por los signos zodiacales.
El sol es el emir, Venus es el visir, al-Katib (Mercurio) es el mensajero, la Luna es la bailarina, Júpiter es el juez, al-Muqatil (Saturno) es el carcelero y Marte es policía y verdugo. ¡Que Dios nos libre de ellos! Amén.
Capítulo cuarto: sobre las imágenes que aparecen en cada mansión mencionada, [Fol. 6v.] sus nombres y sus estrellas.
Al-Nath (carnero) se llama (también) al-Saratan (dos signos), son dos estrellas (también) llamadas los cuernos de Aries, luminosas y separadas. Cuando se ponen empieza la lluvia. Su imagen es la de un león negro cubierto con un trapo peludo, con una lanza hostil en la mano para matar al enemigo. Protege de la destrucción y la vergüenza si se le pide esto. Represéntalo como te lo he descrito cuando tenga su orto. Fumígalo con estoraque y cera (kira), se entierra en casa del enemigo. Su nombre es al-Haris.
[Fol.7r.] al-Buyayn (pequeño vientre) es el vientre de Aries, consta de tres estrellas juntas y pequeñas, poco luminosas. Su imagen es la de un rey coronado. Su nombre es Anajil. Represéntalo con una mezcla de cera blanca y almáciga. (Se usa) para el encuentro con el rey y todo lo que desees. Fumígalo con aloe y sándalo.
[Fol. 7v.] al-Turayya (Pléyades) es la cola de Aries. Son seis pequeñas estrellas pegadas y una pequeña al final. Su imagen es uma joven vestida poniéndose la mano derecha sobre la cabeza. Su nombre es Abu Lasit. Represéntalo en un anillo de plata para unir a hombres y mujeres, luego fumígalo con almáciga y uña aromática.
[Fol.8r.] al-Dabaran (el que sigue) es el ojo de Tauro. Es un astro rojo junto a pequeñas estrellas. Su imagen es un hombre con dos cuernos y su nombre es Iswawis. Represéntalo en cera roja para los enemigos y personas odiosas. Fumígalo con estoraque y entiérralo en casa de quien desees.
[Fol. 8v.] al-Haq‘a (crin) es la cabeza de Géminis. Se compone de tres estrellas pequeñas que están juntas. Su imagen es una cabeza sin cuerpo con una magnífica corona. El nombre de su señor es Iqbal. Represéntalo en un anillo de plata y grábale el nombre del ángel en el cuello, luego fumígalo [Fol. 9r.] con sándalo. Llévalo contigo y no entrarás en presencia de reyes y gente importante sin que resuelva tus necesidades y aleje la maldad de tus enemigos. Es de buen augurio y con ella hay dos estrellas, una pequeña y la otra grande.
[Fol. 9v.] al-Han‘a (pliege) lo forman tres estrellas entre los pies de Géminis. Su imagen son dos personas abrazadas. Represéntalo con cera blanca y fumígalos con alcanfor y aloe fresco. Su señor se llama Anar. Envuélvelo en un paño blanco, llévalo contigo, pídele y te traerá amor y curación. El nombre de sus dos estrellas son al-Darr y al-Maysan.

constellation-al-sufi-gemini

[Fol. 10r.] al-Dira’ (pata) es la pata del león. Son dos estrellas: una se llama al-Si‘rà al-‘abur y la otra Mirzam al-dira’. (Otro) nombre de al-dabur es perro de la serpiente porque los perros y bestias empiezan a depredar cuando aparece. Su imagen es la de un hombre de pie extendiendo las manos como si suplicase. Represéntalo en el interior de un anillo de plata y fumígalo con cera, almáciga o perfume. (Se usa) para entrar en presencia del sultán y para atar a los espíritus y a los cuerpos. Grábale [Fol. 10v.] el nombre del ángel en el pecho, el nombre de su señor es Sa’alik. (Se usa también) para obtener prosperidad, demás necesidades y cosas.
[Fol. 11r.] al-Natra (estornudo) es el hocico del león. Es como una nebulosa entre dos estrellas pequeñas. Su imagen es un águila con cara humana. Su característica es hacerte escapar de la batalla y de los enemigos entre la gente. Grábalo en plomo y que lo tome en la batalla quien quiera ser el vencedor. El nombre de su señor es Aqaris.
[Fol. 11v.] al-Tarf (mirada) son los bordes de los párpados del león. Son dos estrellas pequeñas y su imagen es un hombre poniéndose la mano sobre los ojos. Represéntalo con cera negra. Hazte con unclavo pequeño, caliéntalo y clávaselo en uno de sus ojos. Cuélgalo cuando aparezca Marte o Saturno para que le dé el viento en la cabeza. Grábale su nombre en la cabeza junto con el nombre de la persona en quien quieras operar. Su característica consiste en enviar la ceguera, la enfermedad de los ojos y la hemorragia. El nombre de su señor es Rawyal. Si no tienes cera, grábalo en plomo.
[Fol. 12r.] figura de un hombre con la mano derecha sobre la cabeza con el nombre Rawyal encima.
[Fol. 12v.] al-Yabha (frente) y Qalb al-asad (corazón del león) son cuatro estrellas luminosas en las que el corazón del león está al norte. Su imagen es la cabeza de un león sin cuerpo y el nombre de su señor es Aradin. Se usa para entrar en presencia de los reyes, curar las enfermedades y sacar el feto del útero. Graba esta imagen en un sello de oro o cobre rojo, escribe en ella el nombre del ángel, fumígalo con almizcle y nueces cada día y pide en nombre del señor de esta mansión. Quien lo lleve consigo verá maravillas. (Durante el tiempo que dure esta mansión,) que no vista nada nuevo ni viaje.

leo

[Fol.13r.] al-Jaratan son dos estrellas luminosas incrustadas en el vientre de lleón. Su imagen es la de un hombre montado en un león, con un látigo en su mano derecha y con la izquierda agarrando la oreja del león. Su nombre es Aqlul liqabul. Fumígalo con pelo de león y represéntalo en un sello de oro y sella en su cabeza el nombre de su señor. Invócalo, verás a través de él lo que quieras y [Fol. 13v.] escuchará tus necesidades delante de la gente y de toda criatura.
[Fol. 14r.] al-Sarfa es la cola del león. Consta de una estrella llamada Sarfa porque se aleja (insiraf) el calor en su orto y se aleja el frío en su ocaso. Su imagen es una serpiente luchando con un hombre. Represéntala con cera o en una lámina de plomo. Fumígala con asafétida, graba el nombre de su señor sobre la cabeza de la serpiente y entiérrala en la casa de aquella gente que desees o (em la de tus) enemigos y así se separarán naciendo entre ellos [Fol.14v.] la enemistad, el ódio y quedará devastado el lugar. El nombre de su señor es Adbis.
[Fol. 15r.] al-‘Awwa’ (aullador) son cinco estrellas con la forma de la letra alif con la cola curvada. Forman parte de la constelación de Virgo. Su imagen es la de un hombre ordinario al encuentro de una mujer: represéntalo en cera roja y a la mujer en cera blanca. El nombre de su señor es Asarub. Fumígalo con aloe y ámbar, luego envuélvelos en un trapo rojo. Se usa para el amor y para incitar al coito. Una de las estrellas se inclina hacia el oeste mientras que las otras cuatro permanecen separadas.
[Fol. 15v.] al-Simak son dos estrellas, una de ellas es al-A‘zal (el desarmado) y la otra al-Ramih (el armado). Su imagen es un perro mordiéndose el extremo de su pata. Se llama Anah. Se ha de grabar en una lámina de cobre rojo. Fumígalo con pelos de perro. Se usa para cortar relaciones e incitar el odio. Al-Ramih es rojo.
[Fol. 16r.] al-Gafr (el oculto) son tres estrellas pequeñas y poco luminosas. Su imagen es la de un hombre sentado y leyendo. Su nombre es Aqalid. Fumígalo con perfume e incienso, luego grábalo en un sello de acero (qil‘). Su característica es hacer desaparecer la enemistad y el odio.
[Fol.16v.] al-Zubanà (pinzas del escorpión) son las dos pinzas de Escorpio y son dos estrellas que se ponen cuando hace calor. Su imagen es la de un hombre sentado en una silla con una balanza en la mano. Su señor se llama Asarut. Grábalo en un sello de plata. Su característica es la compraventa y el buen comercio.
[Fol. 17r. ] figura de un hombre sentado con una balanza en la mano derecha y el nombre Asarut encima.
[Fol. 17v.] al-Iklil (corona o diadema de Escorpio) son tres estrellas luminosas cuya imagen son dos monos. Uno de ellos tiene la mano izquierda sobre la cabeza y la derecha en la cara, el nombre de su señor es Aryat. El otro se pone las dos palmas sobre los hombros y su nombre es Adniyab. Grábalo en una lámina de hierro o de cera roja, envuélvelo en piel de mono y fumígalo con pelos de mono y una tira de víbora. Luego entiérralo en el sitio que quieras. Invoca en su nombre en contra de la gente [Fol. 18r.] del lugar. Su característica es repeler los ladrones.
[Fol. 18v.] Qalb al-‘Aqrab (corazón de Escorpio) es una estrella roja entre dos estrellas pequeñas y luminosas. Su imagen son dos escorpiones, uno de ellos con la cola levantada y el otro se llama Ahbiyal, con espinas clavadas en los ojos. Grábalo en una lámina de cobre, fumígalo con cuerno de ciervo y exponlo a la intemperie durante siete noches. A quien lo ponga en su casa no entrarán alimañas en ella y si lo lleva com él le desaparecerá el dolor y si se imprime con él a favor de aquel al que ha atacado una alimaña, comiendo incienso se restablecerá. El segundo escorpión se llama Agiyal.

constelação de Escorpião

[Fol. 19r.] al-Sawla (aguijón levantado del escorpión) es la cola de Escorpio, son dos estrellas y otra que brilla, debajo de ellas hay otras tres. Su imagen son dos mujeres, una de ellas se pone la mano sobre el sexo y se llama Adniyal. La outra está estirada en un riachuelo de agua. Represéntala [Fol.19v.] em cera blanca o grábala en plomo. Fumígala con estoraque líquido, envuélvela en un trapo de algodón, cuélgala encima de una corriente de agua o pégala a su sexo y luego invoca en nombre de sus dos señores. Su característica es provocar el flujo menstrual en las mujeres hasta matarlas. El nombre de la segunda es Abarbiyal.
[Fol.20r.] al-Na’a’im (avestruces) y al-Balda (espacio vacío). Perdidos en el Urb. lat. 1384 pero accesibles en su versión latina en Biblioteca Vaticana lat. 4085 fol. 84r-85r. que reproducimos aquí:
structiones vocantur il nahayun. Sunt octo stellae, quatuor descendentes et quatuor ascendentes. Earum imago est animal cuius pars superior a zona scilicet de supra sit forma hominis, alia vero inferior in forma equi. In cuius manu sit arcus arabicus. Vadit ad venandum. Sculpes eam in gemma rubea et fumiges eam cum pilo vulpis. Valet ad amorem et iusticiam et obtinendas gratias et velocitatem venationis. Et sculpendo eam nomina nomen virtutis eius quod est chachyur chadur. Praevalebit tibi ad venationem et dominandum animalibus silvestribus. Imberbes vocatur il bilida et est menda in coello resarcita ad formam intercelii. Cuius imago est homo cum quatuor faciebus et ponas ac si essent quatuor homines humeris coniunctis in simul. Sculpes eam in aere rubeo, et scribe nomen virtutis eius in quatuor illis faciebus, et ponas].
[Fol. 21r.] ponlo en un agujero en el tejado, fumígalo con azufre, ámbar y cabello humano durante tres noches, luego entiérralo en el lugar donde te plazca crear división entre sus gentes. Invoca en nombre de suseñor y te responderá. Su nombre es Kawyakifa y su característica es la intensidad, la protección y la escapatoria.
[Fol. 21v.] Sa‘d al-dabih (felicidad del matarife) tiene la imagen de un león con un zorro entre sus garras, colocado con el rabo hacia su cabeza y la cabeza hacia su rabo. Fumígalo con pelo de león después de grabarlo en cera y entiérralo en nombre del visir que quieras. Invoca en nombre de su señor y acaecerán sobre el visir la destrucción y la desgracia. Su nombre es Ufit Aranit y se usa para crear división entre los reyes y su visir. Son dos estrellas poco luminosas separadas, a simple vista, por la medida de un brazo.
[Fol. 22r.] Sa‘dal-bula‘ (felicidad del tragón) son dos estrellas pequeñas e iguales. Se llama Bula‘ como cuando la tierra es tragada (ibtala‘at) por el diluvio. Su imagen es una bestia por su parte delantera, su cabeza es de perro y su cuerpo de mono. Represéntalo con arcilla negra y fumígalo con pelo de perro [Fol. 22v.] o de lobo. Invoca en nombre de su señor cuando lo fumigues y entiérralo en las casas del oponente y así destruirás las casas de los enemigos. El nombre de su señor es Sani Sinhin y su característica es sentenciar a muerte y someter a quien quieras.
[Fol. 23r.] Sa‘d al-su‘ud (felicidad de felicidades) tiene por imagen una mujer amamantando a su hijo. Represéntalo con grasa y harina. Grábalo en el cuerno de un carnero o toro, luego fumígalo con cuerno de carnero. Rememora el nombre, entiérralo en la casa y no se dañará al ganado ni a la gente de esa casa por la voluntad de Dios. El nombre de su señor es Afratim Abriyas y su característica consiste en hacer prosperar el ganado, ahuyentar las alimañas de la casa, las pestes y demás enfermedades. Son dos estrellas.
[Fol. 23v.] Sa‘d al-ajbiya (felicidad de las tiendas) tiene por imagen dos hombres, uno de ellos curando y el otro esforzándose en sembrar plantas delante de él. Represéntalo en un pedazo de madera de higuera blanca. Su característica es asegurar buenos frutos [Fol. 23r.] y siembra. Cuando se entierra previene las plagas y las tempestades del cielo, después de ser fumigado con flores de frutos. El nombre de su señor es Asyal, son cuatro estrellas con la forma de triángulo y con una cuarta estrella en el centro.
[Fol. 24v.] al-Farg al-muqaddam (agujero anterior) tienen por imagen una mujer de pelo suelto con varias ropas de colores; entre las manos lleva una jarra de perfume con el que se perfuma. Represéntala con el nombre de la mujer que quieras con cera blanca y almáciga, fumígala con diferentes perfumes, escríbele en el pecho el nombre del hombre que ganará su amor, pon la imagen en la casa y no se podrá contener de ir hacia él, si Dios quiere. El nombre de su señor es Nafsiyal Tagriyal. Su característica es [Fol. 24r.] el amor entre mujeres y hombres, además de asombrar y fomentar la libido. Son cuatro estrellas parecidas al cubo.
[Fol. 25v.] al-Farg al-mu’ajjar (agujero posterior) tiene por imagen un hombre con dos alas, en sus manos lleva un recipiente derramándose que se lleva a la boca. Represéntalo con arcilla roja y que quede hueco. Cuando lo cuezas, ponle en su boca asafétida y estoraque. Fumígalo con cera y nafta, graba el nombre en la cabeza de la imagen y nadie pasará por esa zona. El nombre de su señor es Amriyal Lamiyal, su característica es destruir cualquier baño que quieras y arruinar todo lo que está en él hasta que no se pueda aprovechar nada. Son dos estrellas.
[Fol. 26r.] figura de un hombre con alas llevándose las manos a la boca y con el nombre Amriyal Lamiyal encima.
[Fol. 26v.] Batn al-hut (vientre del pez) tiene por imagen un pez con rayas de colores en el dorso y en su boca tiene un pez pequeño. Represéntalo en plata con el tipo de forma que desees y fumígalo con piel de cabra o erizo. Átalo con un hilo grueso en el lugar donde quieras que aumente la pesca. Así darán la vuelta y aumentarán hasta que los cojas con las manos. El nombre de su señor es Anus y su característica está en aumentar los peces en el lugar que quieras y en el más próximo.
[Fol. 27r.] Capítulo quinto: Dijo el ya mencionado Abu ‘Ali: el motivo del humo es que fluya con el aire y actúe con él sobre los espíritus por medio del movimiento del alma excitada. El regente del humo se mueve y realiza la acción cautivando los espíritus invocados en nombre de Dios señor de los mundos. Amén. Alabado sea Dios.

constelação de Órion com as Três Marias ao centro

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